El cuerpo habla mediante la danza

El can’t del cos, de Amaury Lebrun
Teatro Rialto
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Hasta el domingo 16 de octubre de 2016

El Ballet de la Generalitat presenta en el Teatro Rialto su último espectáculo ‘El cant del cos’, que estará en cartel hasta el domingo 16 de octubre con funciones vespertinas y matinales para escolares.

‘El cant del cos’ es un espectáculo de danza que habla del cuerpo como vehículo de expresión de sentimientos y valores positivos que tenemos arraigados en nuestro interior, y que tal vez desconocemos. Tiene una clara vocación didáctica por su temática: la necesidad que tiene el cuerpo de expresarse en la etapa adolescente.

Escena de 'El cant del cos', de Amaury Lebrun. Imagen cortesía de Teatres de la Generalitat.

Escena de ‘El cant del cos’, de Amaury Lebrun. Imagen cortesía de Teatres de la Generalitat.

“Ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios están silenciosos, habla con la punta de sus dedos” (Sigmund Freud). Esta cita es el punto de partida de la obra. ¿Qué secretos nos revela el cuerpo? ¿Qué podemos transmitir y adivinar con un simple centelleo de ojos? El cuerpo baila y canta, según su coreógrafo Amaury Lebrun, que ha creado esta pieza para el  Ballet de la Generalitat.

Amaury Lebrun es un coreógrafo francés afincado en España, que tras una larga carrera como intérprete en compañías de prestigio como la Compañía Nacional de Danza bajo la dirección de Nacho Duato, desarrolla su labor creativa en el terreno de la danza contemporánea.

Escena de El cant del cos. Imagen cortesía de Teatres de la Generalitat.

Escena de ‘El cant del cos’, de Amary Lebrun.. Imagen cortesía de Teatres de la Generalitat.

El deseo femenino y sus controversias

Mustang, de Deniz Gamze Ergüven
Teatre Serrano
Passeig de les Germanies, 29. Gandia (Valencia)
Martes 12 de abril, 2016, a las 17.30 y 20.00h. 3€

Mustang, la película de la directora de origen turco Deniz Gamze, es una obra llena de humor y ternura, que indaga en el secreto de la feminidad, el deseo y la muerte. Una película sobre esa belleza indisociable del dolor que es uno de los misterios más hondos de la existencia humana.

Mustang habla de esa eterna disociación entre la realidad y el deseo que no ha dejado de torturar a los seres humanos, y que es sin duda el descubrimiento más doloroso a que se tienen que enfrentar los adolescentes en su tránsito hacia la edad adulta. Desde luego un descubrimiento doloroso, ya que la realidad se sustenta en unos pilares culturales que la elevan de los deseos individuales.

Fotograma de Mustang, de Denis Gamze.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

Freud, en su ensayo ‘El malestar en la cultura’, se hacía una modesta pregunta: ¿cuál es uno de los deseos a los que aspira el ser humano, como fin y propósito de la vida? Y con la clarividencia que le caracterizaba  respondía: llegar a ser felices. Una felicidad que, para el autor, sólo se alcanza experimentando intensas sensaciones placenteras, ausentes de dolor y displacer. Experiencias placenteras que la cultura parece más restringir que estimular, al alejarnos de nuestras pasiones más instintivas. Por ello, la cultura, afirma Freud, produce un malestar en el sujeto, a pesar de que la suma de instituciones y producciones que la conforman sirvan para proteger al ser humano de la naturaleza y regular las relaciones humanas.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

El malestar

En Mustang, la vida infantil, lúdica, risueña e inocente de cinco guapas hermanas, cuyas edades rondan entre los 12 y 16 años, desaparece en apenas unos meses bajo el yugo de la tradición cultural y religiosa. Nos cuenta su historia la hermana pequeña, que se resiste a aceptar el destino de esa tradición que les coarta la libertad para alcanzar la anhelada felicidad. Cinco hermanas enfrentadas a una tradición cultural religiosa que intenta domar la fervorosa sexualidad que fluye de sus juveniles cuerpos.

Fotograma de Mustang.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

Begoña Siles

Albañil de día, diva de noche

La Margot. Serio de día, coqueta de noche
Espai Rambleta
Bulevar sur, esquina Pío IX. Valencia
Miércoles 27 de enero, 2016, a las 19.30h

Día y noche, sexo y muerte, hombre y mujer, represión y escándalo. El concierto de la vida es un recital de dualidades que a veces se encarna de forma fortuita en personas que, simplemente, estaban allí en el momento oportuno, proclives a hacerse notar. Como Antonio Campos, el hombre de las dos caras, con una doble faceta vital; señor de pueblo y sofisticada diva. Durante años se transformó en una Sara Montiel tan espléndida y rumbosa como la auténtica despertando pasiones.

Fotograma de La Margot. Serio de día, coqueta de noche. Espai Rambleta. Imagen cortesía de los autores.

Fotograma de ‘La Margot. Serio de día, coqueta de noche’. Espai Rambleta. Imagen cortesía de los autores.

Nacido en Bétera, en 1948, Campos es paradigma de esas dualidades de la existencia. En su adolescencia y primera juventud trabajó como repartidor de barras de hielo y albañil, pero soñaba con deslumbrar al público proyectando el encanto de  su voz y su imagen. En 1977, en la vorágine política y social que trajo la Transición, hizo realidad su sueño, subió a un escenario y enamoró a los espectadores imitando a Sara Montiel con perfección gestual y una socarronería muy mediterránea. Antonio Campos Ramos, con el nombre artístico de Margot, se convirtió rápidamente en una gran estrella de la noche valenciana.

Fotograma de 'La Margot. Serio de día, coqueta de noche'. Imagen cortesía de los autores.

Fotograma de ‘La Margot. Serio de día, coqueta de noche’. Imagen cortesía de los autores.

Cuatro décadas más tarde este entrañable personaje revive ante las cámaras en un documental de setenta minutos que cuenta su vida y milagros, La Margot. Serio de día, coqueta de noche, dirigido por un veterano de la escena, Enrique Belloch. El filme se estrena en Espai Rambleta el día 27 de enero, con la idea de animar a exhibidores y distribuidores a difundir este peculiar biopic.

En Rambleta fue precisamente donde hace un año se gestó el proyecto, a raíz de una actuación de Margot, con sus espléndidos 67 años, en un número de cabaret dirigido por Tonino Guitián.

Enrique Belloch, director de 'La Margot. Serio de día, coqueta de noche'. Imagen cortesía del autor.

Enrique Belloch, director de ‘La Margot. Serio de día, coqueta de noche’. Imagen cortesía del autor.

“La película se ha hecho a golpe de pasión, porque las subvenciones nunca han sido mi fuerte”, dice Belloch. “Un proyecto en el que intervienen mis amigos de toda la vida, el periodista Rafa Marí y el escultor Miquel Navarro. El primero ha participado en la escritura del guión y producido el documental junto a Malvados. Miquel es el director artístico, autor del cartel, y es entrevistado a fondo con otros protagonistas de la Transición valenciana como el diseñador Francis Montesinos y la senadora del PSOE Carmen Alborch”.

El rodaje de exteriores tuvo lugar en la ciudad de Valencia, la Malvarrosa, Pinedo, La Albufera, Picassent y Bétera, población natal de Antonio Campos. Los interiores, en su casa, el  estudio del escultor Miquel Navarro, la ermita del Calvario en Bétera, Espai Rambleta y casa Román.

Además del protagonista, intervienen: Tonino Guitián, Maribel Casany, Carmen Alborch, Francis Montesinos, Miquel Navarro y Rafael Marí Sancho.

“Tras su estreno esperamos que el documental circule en la programación comercial por todos los cines del mundo”, bromea Belloch. “También trataremos de comercializarla vendiéndola a algunas televisiones y explotándola en DVD”.

Fotograma de 'Margot. Serio de día, coqueta de noche'. Imagen cortesía del autor.

Fotograma de ‘La Margot. Serio de día, coqueta de noche’. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Adolescencias difíciles en La Cabina

Cocoons, de Joasia Goldyn, y Lobos solitarios en modo pasivo, de Joanna Grudzinska
Sección oficial de La Cabina
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Del 5 al 15 de noviembre de 2015

En Cocoons, de Joasia Goldyn, la niña Stella se enfrenta sola al problema que supone recuperar a su perra Frida, vendida sin que se entere. Lo hace sola porque mientras su madre se dedica al placer solitario, no exento de melancolía, su padre es prácticamente un guiñapo casi todas horas tumbado. Y en Lobos solitarios en modo pasivo, de Joanna Grudzinska, la joven Elisa también irá descubriendo por su parte la sexualidad sin que medie madre alguna (inexistente), mientras el padrastro apenas comparece una sola vez imbuido en sus pensamientos.

Fotograma de Cocoons, de Joasia Goldyn. La Cabina.

Fotograma de Cocoons, de Joasia Goldyn. La Cabina.

Esos son los marcos familiares de ambas protagonistas. El Festival La Cabina recoge el guante de esos ambientes nada propicios, para proyectar un ramillete de mediometrajes con similar trasfondo. De manera que los jóvenes que se asoman en varias de las tramas de la sección oficial, tendrán que lidiar con esa desestructuración familiar recogida a modo de eje que las atraviesa a todas. Goldyn lo hace como si fuera un cuento maravilloso que tras arrancar lúgubre va dejando pasar cierta luz.

La niña Stella comienza lamentando la imposibilidad de elegir a la familia, como se eligen los amigos. Aunque será precisamente la posibilidad de convertirse en Alice, en el marco primero misterioso y después lúdico de otra familia, la que desencadenará ciertos cambios. Joasia Goldyn pone la cámara al servicio de tan cruda realidad, desvelando progresivamente la ternura que se hallaba apresada por una insondable tristeza. Su amigo Fixer, al proponerle cierto trabajo en casa de su melancolizado padre, prenderá sin querer la chispa de una vida hasta entonces sepultada en sombras. El modo en que concluye Cocoons da fe de esa necesidad del vínculo familiar a duras penas recuperado.

Lobos solitarios en modo pasivo, de Joanna Grudzinska. Cortesía de La Cabina.

Lobos solitarios en modo pasivo, de Joanna Grudzinska. Cortesía de La Cabina.

Los lobos solitarios a los que alude Grudzinska tienen su prolongación con esa apostilla igualmente evocadora de cierta soledad. “Soy un lobo solitario en modo pasivo”, dice Basile a su amigo Sangara. “¿En modo pasivo?”, responde aturdido éste. La respuesta no se hará esperar cuando Mathilde, novia de Basile, le desvela a Elisa que no hacen el amor, que se limitan a “alguna paja y hacer un dedo”. Esa sexualidad incompleta, que Elisa no acaba de comprender, se verá sacudida cuando descubra, tras la Santa Teresa de Bernini de la habitación de su padrastro, el libro ‘Diario de baile de una cortesana’, de Grisélidis Réal.

Los pasajes del libro de la activista y prostituta defensora del oficio más viejo del mundo, marcarán la traviesa de la adolescente Elisa en el descubrimiento de la sexualidad. Una sexualidad ligada precisamente al acto de prostituirse, dadas las dificultades de estos jóvenes para relacionarse más allá de la música y los dispositivos móviles. Abusando de los planos cortos de larga duración, a modo de subrayado de esa indolencia juvenil, Lobos solitarios en modo pasivo refleja lo que el título delata: la abulia adolescente derivada del alicaído universo familiar.

Fotograma de Cocoons. La Cabina.

Fotograma de Cocoons, de Joasia Goldyn. La Cabina.

Salva Torres

La juventud lúbrica de Sandra Ferrer

Escaleras húmedas, de Sandra Ferrer
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Hasta el 12 de junio, 2015

Un recurso dramático muy presente en el séptimo arte es el humedecimiento, sea a través del vaho de una ducha, de la niebla o la lluvia, la humedad sobre el cuerpo de los actores genera una atmósfera íntima y tensa a la vez, cargada de sensualidad. Somos, en un elevado porcentaje, agua y por eso eliminamos líquidos con nuestra saliva, nuestros flujos, sudores o incluso el vapor de aliento que sale de nuestras bocas cuando hablamos.

La adolescencia es la etapa en que queda más acentuada nuestra condición líquida pues experimentamos constantemente intercambio de fluidos, con los besos, con el roce de los sexos, con el llanto… Nos derramamos en el primer amor, ese que sucede entre adolescentes sin espacio propio donde desatar los impulsos básicos de experimentación, sometidos al azar de los rincones oscuros, intransitados, los portales de vuelta a casa, los escalones de patios conocidos o desconocidos terminan por recoger la humedad del deseo idealizado, torpe y pegajoso pero inolvidable.

Obra de Sandra Ferrer en la exposición 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Sandra Ferrer en la exposición ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

‘Escaleras húmedas’ es la primera exposición individual de la artista multidisciplinar Sandra Ferrer (Gandía, 1989) que reúne obra fotográfica, escultura, vídeo e instalación en torno a un tema tan sugerente como cercano, a saber, el amor adolescente, utilizando de hilo conductor la humedad divididad en tres estadios; el llanto, la transpiración y el flujo sexual, siempre evocando un mismo escenario que es el del portal.

Para trasladarnos a tal localización genérica se sirve del mármol blanco típico presente en muchas de las escaleras que recorren los edificios de nuestra ciudad, de estanterías en forma de escalera y de un podium de madera con escalones reales. Tres historias de amor juvenil inundan la sala de la galería Mr. Pink divididas en tres zonas y protagonizadas cada una por una modelo adolescente.

Obra de Sandra Ferrer en 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Sandra Ferrer en ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Maquillaje fucsia, labios carnosos, mechones de pelo sobre la cara, faldas ajustadas, prendas deportivas combinadas con tejidos plateados que remiten a la noche. Tras una noche de fiesta, roces y flirteos no es difícil volver acompañada a casa pero en casa no hay intimidad, hay padres, hermanos, familia, así que la intimidad se queda a las puertas del hogar, entre las escaleras del patio donde todos hemos vivido algún retazo de historia de amor en nuestra juventud. Amores y desamores, encuentros y desencuentros, malentendidos que acaban en llanto o florecen en la primera masturbación.

La obra de Sandra Ferrer está repleta de esas primeras veces, primeros besos, tocamientos, desengaños, como una oda a aquello que amamos en los otros cuando todavía no los conocemos. No es baladí la mezcla de timidez y sensualidad que encontramos en los tres vídeos mostrados en un loop monocanal, donde cada modelo lee a tientas lo que alcanza a ver en una hoja en la que la tinta solapa tres historias de amor acaecidas en un portal, impresas unas tapando parte de las palabras de las otras, escritas casi como un poemario por la propia artista.

En ellas está la esencia, desafiante, perdurable en nuestra memoria cual punzada de dolor: todas terminan pronunciando “aunque sigo enamorada de aquellas cosas que inventé sobre él”. Porque todos reescribimos encima de las historias de amor pasadas, Escaleras húmedas nos convierte en voyeurs melancólicos a los que hace mucho que solo somos el pálido reflejo de una nínfula.

Detalle de una de las obra de Sandra Ferrer en la exposición 'Escaleras húmedas'. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Detalle de una de las obras de Sandra Ferrer en la exposición ‘Escaleras húmedas’. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Marisol Salanova

“La vejez es un retorno de la adolescencia”

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Alberto Feijóo: Something we used to Know

Alberto Feijóo: Something we used to Know

Tras su exposición en el Centro 14 (Alicante), Alberto Feijóo (Alicante, 1985) nos explica su trabajo Something we used to know: “Los lugares frecuentados, los acontecimientos presenciados, las relaciones interrumpidas, todos esos fragmentos de recuerdos que, como los objetos que antes atesorábamos, ocupan un espacio en un almacén que es nuestra memoria.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (tabla de madera 100 x 80 cm combinada con fotografías enmarcadas de medidas variables). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (tabla de madera 100 x 80 cm combinada con fotografías enmarcadas de medidas variables). Imagen cortesía del artista.

“Something we used to know” que se podría traducir como: “algo que solíamos conocer”, es un trabajo que gira en torno a la Juventud y a sus recuerdos.
El foco se centra en la etapa de la vida comprendida entre la adolescencia y la vida adulta, de límites difusos y abierta a miles de interpretaciones y enfoques.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (tabla invertida apoyada sobre dos pomelos 80 x 60 cm). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (tabla invertida apoyada sobre dos pomelos 80 x 60 cm). Imagen cortesía del artista.

Todos estamos configurados de nuestras experiencias pasadas y somos un producto de las mismas. La manera de expresión física y mental de un determinado tramo vital en un individuo deja un remanente que lo acompaña para siempre.
De esta manera, se pretende que dos momentos en el tiempo se pongan en relación, pasado y presente se entrelazan formando así superposiciones de capas que, en distintiva, son recuerdos.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (Bodegón  de fruta: lo componen frutas naturales y frutas pintadas con pintura acrílica en spray en varios colores. Esta pieza es efímera y se degrada conforme avanza la exposición). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (Bodegón de fruta: lo componen frutas naturales y frutas pintadas con pintura acrílica en spray en varios colores. Esta pieza es efímera y se degrada conforme avanza la exposición). Imagen cortesía del artista.

Uno de los elementos catalizadores es la Música, mediante la cual canalizamos nuestra energía.
Dicha disciplina, es una forma más de encuentro social y de expresión artística. Un elemento diferenciador que agrupa y a la vez disgrega grupos de personas con los que nos sentimos identificados e incluso formamos parte.

Alberto Feijóo "Something we used to know". Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know”. Imagen cortesía del artista.

“Something we used to know” se configura de fotografías en su mayoría, pero también de objetos y de documentos de épocas pasadas, cosas que se desentierran para la ocasión y que forman parte de un imaginario personal. Este trabajo consta de dos formatos, por un lado una publicación y por otro una exposición. Ambos tienen cosas comunes y lugares de encuentro aunque están concebidos de manera independiente.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (fotografía). Imagen cortesía del artista.

En resumen,” este proyecto es un intento de analizar la identidad, el anhelo de recordar lo que fuimos y de recuperar lo perdido”.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo "Something we used to know" (Fotografía). Imagen cortesía del artista.

Alberto Feijóo “Something we used to know” (Fotografía). Imagen cortesía del artista.

Obietnica, una palabra tuya bastará…

Obietnica, de Anna Kazejak
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Aquella creencia bíblica en la palabra, una sola bastará para sanar, se torna en la película Obietnica (The Word), de la directora polaca Anna Kazejak, palabra maldita. Porque será la palabra a la que alude el título del film, pronunciada por la joven Lila (Eliza Rycembel), la que desencadenará la pulsión asesina de Janek (Mateusz Weiclawek). La perversa nínfula, que recuerda en esto la retorcida representación de la infancia en La cinta blanca, de Michael Haneke, pedirá a su novio infiel que si quiere volver a tener su amor mate a quien ha osado robarle el cariño: la atractiva Angelika (Luxuria Astaroth).

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Esa transformación de la palabra sanadora, que hasta hace bien poco servía igualmente para sellar acuerdos sin necesidad de papeles, aparece rebajada en Obietnica a palabra deudora de muerte. Habrá otras, pero serán de rango policial, sin duda necesarias para descubrir a los autores del crimen, pero incapaces de detener el mal de amores de los jóvenes adolescentes. Como sucede en la gran mayoría de películas a concurso en Cinema Jove (lo cual daría para un análisis más profundo), las familias apenas sirven de marco impotente a tamaña crispación juvenil.

Los padres, tanto en Obietnica como en Ártico, Nagima o Violet, por citar algunas de las ya presentadas a concurso, aparecen como meros comparsas de la desnortada vida de sus hijos, los cuales vagan como almas en pena en contextos, no por diferentes, igualmente vacíos de sentido. Anna Kazejak narra la desolación de Lila, tras descubrir la infidelidad de su novio, y su posterior sed de venganza, con la cámara pegada a los rostros de sus protagonistas. Resulta claustrofóbico ese seguimiento y, al hilo de las últimas tendencias, repetitiva esa manera de colocarse a sus espaldas, pero aunque plásticamente no haya aportaciones dignas de encomio, la narración crece en intensidad a medida que se va desvelando la autoría criminal.

Fotograma de la película 'Obietnica', de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Obietnica’, de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Lila lo fiará todo a la palabra con la que Janek ha sido abducido: jamás revelará que fue ella quien le indujo a cometer el vil asesinato. Lila se sabe fuerte, a pesar del llanto que sigue a su particular versión de los hechos, porque Janek la tiene por diosa de un amor eterno. Diosa que impone cierto sacrificio de muerte, que su novio cumplirá como fiel devoto; devoción imaginaria a la que sucumbe vía internet mostrándole Lila su desnudo cuerpo. La masturbación será el lógico desencadenante de su frustrada relación con aquella que le demanda muerte en lugar de encuentro amoroso.

Aceptado el lugar residual de los padres, patéticos adultos reflejo de la inmadurez de sus propios vástagos, sólo queda la red social como alternativa del sufrido amor esquivo o la crispación derivada de su imposible consumación. Obietnica es un ejemplo más, sin duda clarividente, del malestar juvenil en tiempos de indolencia paterna. Tachada la institución familiar de conservadora, por ese marchamo de rancio autoritarismo, el cine se llena de jóvenes perdidos que optan por la violencia o el crispado desencanto. Lo muestra la directora polaca Anna Kazejak, pero es el síntoma reflejado en otro buen puñado de películas y cortometrajes de Cinema Jove, sin duda magnífico escaparate para un posterior análisis sociológico.

Eliza Rycembel en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

Nagima: ¡Madre mía!

Nagima, de Zhanna Issabayeva
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

La palabra machismo sirve para describir la violencia del hombre contra la mujer, ya sea por manifiesta agresión o simple imposición a la fuerza del ordeno y mando. Su opuesta, esto es, el feminismo, no refleja un exceso parecido por parte de la mujer, sino la más noble expresión de su lucha por la igualdad. De manera que no tenemos una definición que contemple la violencia de la mujer, en un plano similar al contemplado con el machismo. Y haberla hayla. ¿Quieren un ejemplo? La película Nagima, de la directora kazaja Zhanna Issabayeva, presentada en la sección oficial de largometrajes de Cinema Jove.

Dina Tukubayeva en un fotograma de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Dina Tukubayeva en un fotograma de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Conviene aclarar que, en el caso que nos ocupa, no se trata de una violencia contra el sexo opuesto, sino la ejercida por una madre contra su hija, abandonada desde muy pequeña en un orfanato. Del padre de esa vilipendiada hija, como de otras parejas masculinas, nada sabremos, porque el film de Issabayeva sólo se ocupa del triste destino de las mujeres que protagonizan la áspera narración. Nagima es la joven destinada a deambular por el mundo, debido a la doble expulsión del universo familiar por parte de su cruel madre: de niña, abandonándola en un orfanato y, ya de adolescente, negándole la posibilidad de integrarse en la familia reencontrada.

Esa violencia de la madre con su hija, sin duda determinante en el lento pero agónico discurrir de los acontecimientos, Issabayeva la muestra descarnada en mitad de un seco paisaje. Cuando la vuelva a abandonar, tras achacar a la hija la ruina que supuso su alumbramiento (Ártico, de Gabriel Velázquez, también alude a este hecho), esa madre dará definitivamente la espalda a Nagima, separando a ambas mujeres una chirriante y cruel barrera en medio de un campo yermo.

Fotograma de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Fotograma de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

La orfandad es el tema principal de la película; la orfandad y la búsqueda desesperada de amor por parte de Nagima, a raíz sobre todo de la muerte de su amiga y “hermana” de orfanato Anya. Como en ‘Johnny Guitar’, de Nicholas Ray, también aquí solicitará Nagima a un amigo que la mienta: “¡Dime que me quieres!”. Y se lo dirá, pero hará que se lo repita: “¡Dímelo de verdad!”. Abrazado a él, siquiera por un instante, sentirá un amor pero sin cuajo, porque en la vida de Nagima no cabe el amor una vez que la madre lo ha aniquilado con su doble expulsión del universo familiar.

Aún así, Nagima lo seguirá intentando, con toda la torpeza del mundo. A rebufo de esa intolerable crueldad materna, la joven se hará cargo del bebé que tuvo su amiga al fallecer desangrada, repitiendo así el ciclo de orfandad que se sucede en la película como un torrente baldío. Zhanna Issabayeva reconoció al concluir la película que dudó entre dos finales, para quedarse con el que más sentido tenía: aquél que refleja, al igual que lo hace la fotografía, el “tono plomizo y desesperanzado” de la narración.

Fotogframa de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Fotogframa de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Casas a modo de barracones infames, carreteras polvorientas y lugares inhóspitos acogen las vidas monótonas de Nagima, la enferma Anya y la prostituta Ninka: tres mujeres sin futuro, que se aferran a la más triste de las supervivencias. En ese Kazajistán que parece desmoronarse (“no estoy segura de la dictadura, pero sí de su corrupción”, explica Issabayeva), Nagima camina como alma en pena; sin familia, sin papeles, sin nada.

Fotograma de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Fotograma de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

Luis Adelantado y su cantera del arte

Taller para niños, a cargo de la historiadora del arte Isabel Puig
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Viernes 13 de junio, a las 18.00h

Nos quejamos del escaso calado que tiene la cultura en nuestro país. Y cuando lo tiene decimos que se debe al carácter gratuito de una actividad que se entiende bajo los parámetros del más burdo entretenimiento. Como si el entretenimiento estuviera, por otro lado, reñido con la reflexión. La cultura se consume cuando es gratis total y promueve colas de advenedizos en busca de simple escapismo. Lo decimos, pero apenas reaccionamos con propuestas tendentes a cambiar ese panorama. La galería Luis Adelantado ha decidido poner en marcha dos actividades que vienen a paliar esa tendencia conformista: visitas guiadas y talleres para niños, ambas a cargo de la historia del arte Isabel Puig.

Isabel Puig en un momento del taller para niños en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig en un momento del taller para niños en la galería Luis Adelantado.

Olga Adelantado, responsable de la sala valenciana, pretende abrir sus puertas para que el arte se aproxime a la gente; que no sea ese espacio aislado del común de los mortales que ha venido caracterizando la actividad galerística. Además, promueve con sus talleres el interés de los más pequeños por el arte, ejerciendo de cantera artística para que en el futuro esos niños aprecien la cultura y puedan llenar los recintos donde ésta se ofrezca. En suma, que la valoren y, al apreciarla, tenga precisamente ésta el precio y valor que se merece.

Isabel Puig, con la sapiencia y paciencia propia de quien comprende la actividad a largo plazo emprendida en Luis Adelantado, guía a los 12 niños, de edades comprendidas entre los cinco y diez años, en su aproximación al arte contemporáneo. La tarde que dio pie a este reportaje se hallaban ante dos artistas, Folkert de Jong y Delphine Courtillot, cuyas obras Isabel Puig trataba de hacerles comprender.

Olga Adelantado, rodeada de niños, ante la atenta mirada de Isabel Puig en el taller para pequeños de la galería Luis Adelantado.

Olga Adelantado, rodeada de niños, ante la atenta mirada de Isabel Puig en el taller para pequeños de la galería Luis Adelantado.

“Son artistas conceptuales, ¿qué entendéis por concepto?”, preguntaba Puig. Y una niña levanta la mano: “Es una idea”. “Ese señor tenía muchas ideas”, dice otra al verse rodeada de tantas cabezas escultóricas. “Todas las caras están hechas de piedra”, abunda otro niño. Isabel Puig realiza una serie de matizaciones y deja que el grupo siga adentrándose con su imaginación en las obras de De Jong y Courtillot, cuyas exposiciones permanecen abiertas al público hasta el 7 de julio.

“Parece un bosque”, aprecia otro pequeño ante la acumulación de esos rostros “extraños” que los niños no dejan de observar. “Ahora vamos como si fuéramos por ese bosque”, y los niños se levantan siguiendo a Isabel Puig, que les aproxima hacia las obras para que ellos anoten en cartulinas las emociones que les suscita. Y con esas cartulinas y esas emociones suben al piso superior donde se hallan las piezas de Delphine Courtillot. “¿Se llama ‘Delfín’?”, y el niño aprende que también se trata de un nombre propio femenino en Francia.

Niños del taller de la galería Luis Adelantado rodeando las esculturas de Folkert de Jong.

Niños del taller de la galería Luis Adelantado rodeando las esculturas de Folkert de Jong.

“Son camisetas pintadas”, se arranca enseguida una niña al ver la obra de Courtillot. “No son precisamente camisetas, sino obras de arte porque están colgadas en un lugar poco convencional”. Isabel Puig va poco a poco haciéndoles comprender, a partir de las propias intuiciones de los pequeños, la importancia del arte, en tanto prolongación de sus propias vivencias, sensaciones y recuerdos. “Los dibujos son abstractos y extraños”, sugiere una niña, a lo que otra responde: “Son dibujos de tu imaginación”. “Entonces”, interviene otro, “no pueden salir personas normales, sino raras”. Y ante el bosque de rostros, que todavía colea en sus mentes, y las diversas formas y colores de las “camisetas” que tienen a su alrededor, alguien dice: “Es como una misma familia que cuenta lo que cada uno siente”.

Isabel Puig les ofrece la oportunidad de expresar lo que ellos sienten, mediante una serie de camisetas de papel en las que pueden intervenir libremente con colores y pegatinas. Luego rematarán el taller en otro piso superior con más propuestas imaginativas que, en el fondo, no hacen más que dotar de sentido a la propia necesidad de los pequeños por comprender el mundo que les rodea. Que es, también, lo que persiguen Folkert de Jong y Delphine Courtillot con sus exposiciones. Bienvenida sea una actividad que acerca la imaginación de unos y otros, tendiendo puentes entre el arte contemporáneo y sus futuros espectadores o, quién sabe, futuros artistas.

Niños en el taller organizado por la galería Luis Adelantado, bajo dirección de Olga Adelantado y comisariado de Isabel Puig.

Niños en el taller organizado por la galería Luis Adelantado, bajo dirección de Olga Adelantado y comisariado de Isabel Puig.

Salva Torres