Asesinato y adolescencia. Naves del Español

#MAKMAEscena
‘Asesinato y adolescencia’, de Alberto San Juan
Dirección: Andrés Lima
Con Jesús Barranco y Lucía Juárez
Una producción de Checkin Producciones y Teatro Español
Sala Max Aub (Nave 10)
Naves del Español en Matadero
P.º de la Chopera 14, Madrid
Hasta el 5 de noviembre de 2023

Tierna adolescencia. Los mejores años de tu vida, dicen. La memoria es una mentirosa compulsiva. Cada adolescencia es distinta y tiene sus peculiaridades, pero, por lo general, es un momento complicado, efervescente, límite. Y hay situaciones que adolecen más que otras. En una sociedad tan asentada en la tradición católica de la culpa y el castigo, cuesta visualizar otra manera de abordar la violencia juvenil que no sea con la criminalización de los mismos. Violencia institucional y escarnio público se suman para alimentar al monstruo creyendo que se está haciendo algún tipo de justicia.

Asesinato y adolescencia’, escrita por Alberto San Juan y dirigida por Andrés Lima, pone el foco sobre la violencia juvenil. La joven actriz Lucía Juárez interpreta a una chica con problemas de ira y de drogadicción. A su lado, Jesús Barranco, interpreta a un hombre maduro, como sacado del cine noir de los 50, que sospechosamente le ronda.

De fondo, proyectados sobre un muro móvil que transforma el espacio, los testimonios de más adolescentes que cuentan su experiencia: “Yo solo quería dejar de pensar y de sentir”, “Quien no tiene ansiedad, tiene problemas alimenticios, y quien no tiene problemas alimenticios, tiene complejos”, “Se me va la puta olla y me pongo a dar patadas a todo porque sí, porque esa rabia está interiorizada, está ahí y a la mínima que algo no te sale bien o que no es como esperabas, te sale”.

Realidad y ficción se entremezclan en el montaje de Lima. Detrás de esta representación, de 75 minutos, hay un extenso trabajo de investigación a partir de talleres y entrevistas en los que participaron jóvenes, psiquiatras, antiguos miembros de bandas, abogadas de menores y otros agentes relacionados. Aun así, la pieza no llega a encajar dentro del género del teatro documental. No pretende ser un retrato realista ni una revelación. Se trata de una evocación a este conflicto desde una poética visual y gestual, que lanza preguntas más que respuestas.

La historia de ‘Asesinato y adolescencia’ está inspirada en la película ‘M, el vampiro de Düsseldorf’ (1931), de Fritz Lang. El asesino de niños del filme se convierte en un asesino de chicas adolescentes, pero esa estética oscura y expresionista se mantiene encarnada en el papel de Barranco. El mayor acto de violencia, el asesinato, agravado por la condición de las víctimas, choca frontalmente con el aspecto frágil e ingenuo del criminal. En las calles se habla de un monstruo, pero en él vemos un animal asustado y sorprendido por sus propios impulsos.

En un intento por no caer en clichés, ‘Asesinato y adolescencia’ se queda pobre en cuanto a contexto. De ella sabemos que estudia en el Liceo Francés, lo cual la ubica, en principio, en una clase social más alta de lo que esperaríamos por el retrato. Aunque no se mencione explícitamente, la situación económica y cultural del grupo de jóvenes, su forma de hablar y las dinámicas de grupo que se muestran nos llevan a la lectura de un barrio humilde.

Este dato del Liceo Francés, que se da como una pincelada al aire, no termina de calar en nuestra percepción del personaje. El vacío de detalles lleva al espectador al propio prejuicio del que se pretende huir. Vemos niños violentos, que se drogan y que humillan a la autoridad, y no sabemos nada más. La única manera de empatizar con ellos es por el sufrimiento explícito de Lucía. Ante su dolor y su vulnerabilidad, el espectador no puede quedarse impasible.

En cuanto al personaje del asesino, por muy poética que sea la propuesta, hay un vacío que resulta en una incoherencia y el crimen se vuelve demasiado súbito. No obstante, la interpretación por parte de Jesús Barranco y de Lucía Juárez es brillante. Ambos, en un equilibrio perfecto de sutileza y brutalidad: Barranco llevando la gestualidad al límite plástico de la carne y Juárez rompiéndose en cada escena, clavando sus ojos azules en nuestros ojos atónitos.

Donde sí que incide la obra es en la instrumentalización de esta problemática por parte de los medios de comunicación y de los partidos políticos. El discurso mediático conforma la opinión pública y decide quién es el enemigo y por qué. El Monstruo, por un lado, los MENA o los Latin Kings por el otro. No deja de ser una deshumanización para poder rellenar programas electorales basados en la demagogia. Esta mecánica de desviar el foco del problema a los culpables es una estrategia infalible para la desactivación política. Porque en las tertulias se siembra la rabia, pero no se realizan los cambios.

Destaca en ‘Asesinato y adolescencia’ el papel pictórico de la luz y la integración del audiovisual. El diseño de iluminación de Valentín Álvarez nos regala a la vista unos cuadros preciosos que acentúan el dramatismo de las escenas. Un juego de sombras que bailan junto a los personajes. El audiovisual, por parte de Miquel Àngel Raió, tiene, por un lado, ese carácter documental con los testimonios, pero también se integra como un elemento ficcional dentro del relato. Vemos proyectadas las quedadas en grupo de los jóvenes o la pausa para el almuerzo de los compañeros de trabajo del protagonista.

Estas escenas apelan al público con la mirada a cámara de los personajes. Nos hacen también y cómplices de la violencia. En cuanto a la escenografía, Beatriz San Juan ha colocado un muro móvil, que se transforma como todo se transforma en esta pieza, y que permite, desde ese minimalismo, evocar cualquier escenario posible.