“El argentino es de mis acentos favoritos”

Entrevista a Clara Lago
Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove
Del 17 al 24 de junio de 2016

En medio de un encuentro en el Hotel Astoria recibo una llamada, es Marta, la encargada de prensa, me llama para saber si me interesan las entrevistas con Clara Lago y con Leonardo Sbaraglia. ¿Cómo no va a apetecerle a uno entrevistar a dos grandes actores como ellos? Me decido por Clara Lago, todo esto sin haber visionado la película que venían a estrenar a Valencia, Al Final del Túnel, de Rodrigo Grande. Un film argentino de suspense que pasaría el festival para prensa la mañana siguiente.

A las diez de la mañana se comenzaba a proyectar en la Sala Berlanga (qué pena que no le den a Piquer Simón el nombre de una sala…) la película, y la verdad es que no desagradó demasiado. Es cierto que sufre de ciertas incoherencias de guión, tiene personajes poco creíbles, casi esbozados, y un final demasiado simple para la trama que se va gestando. Eso sí, Clara Lago consigue que nos creamos que es de la misma Buenos Aires cuando aparece su personaje en el quicio de la puerta.

Esta vez estamos en el piso ocho del Hotel, en una mesita del pasillo hay una caja de una pizza, después de un largo viaje estarían más que muertos los pobres. Debido a que tenían que realizar las fotos del festival con ellos, nos preguntan si podemos hacer la entrevista desde la terraza.

Subimos hasta una sala acristalada llena de luz desde donde se podía ver la ciudad. Leonardo y Clara se hacen las fotos y en cuanto Sbaraglia puede asomarse a la terraza busca la forma de abrir la mampara, al final entre todos encontramos un balcón por donde podemos admirar la ciudad sin barreras. Leonardo es curioso y nos pregunta sobre las murallas, nosotros le contamos algo de la historia de la ciudad, todo lo que se puede contar en cinco minutos. Por fin, Clara Lago acaba con la sesión de fotos y podemos hacer la entrevista. Como verás, Clara es la que nos da la claqueta en la entrevista.

Clara lago. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Clara lago. Imagen cortesía de Cinema Jove.


Javier Caro

Retrato íntimo de una reina

Sofía, de Ignacio García May
Teatro Español de Madrid
Estreno: miércoles 1 de junio de 2016

Es habitual que una actriz se enfunde en regios ropajes para interpretar a una reina histórica o imaginaria. Encarnar a una  soberana viva que, tras reinar durante décadas en España, mantiene incólume su prestigio y ha sabido granjearse el respeto de la gente, la Reina emérita Sofía, es harina de otro costal. Ese es el desafío al que se enfrenta la actriz valenciana Victoria Salvador, protagonista absoluta de Sofía que se estrena el 1 de junio en el Teatro Español de Madrid. Escrita y dirigida por Ignacio García May a partir de un encargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente, la obra es un retrato íntimo de la enigmática personalidad de la Reina emérita en el que no se eluden temas escabrosos, como los líos de faldas de su marido Juan Carlos,  la cacería en Botswana o el caso Nóos. A lo largo de la función Salvador realiza una auténtico tour de force desdoblándose en varios personajes: la Reina emérita, su enérgica madre Federica o una cronista de sociedad.

Lola Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

“Un reto así sólo puede plantearse desde una palabra que es sacrosanta para nosotros los actores: la concentración”,  dice Salvador. “Hay que estar absolutamente concentrado para recorrer el itinerario de palabras, emociones, acciones que constituyen el texto teatral. Es como un viaje: lo emprendes con la decisión y la energía necesarias para que los espectadores te sigan en ese recorrido vital que vas a compartir con ellos en esa hora larga. Y me preparo adquiriendo seguridad y soltura en cada ensayo, pasando cada día el texto en mi cabeza, animándome con el estímulo que supone contar a los demás una hermosa historia. Está siendo un trabajo muy enriquecedor para mí. Desde el primer momento, May ha ido dándome claves para entender el tipo de interpretación que desea, y también me ofrece un tipo de acciones escénicas y de músicas que me ayudan mucho a entrar en la acción del texto. Es una relación muy fluida en la que los dos estamos muy abiertos a lo que propone el otro”.

Desde niña a María Victoria o Mavi, como la llamaban entonces, le encantaba disfrazarse y sorprender a su familia y amigos. Un traje de marciano, confeccionado por ella misma y otro de oveja hecho con ayuda de su abuela Pepa, fueron sus primeros atuendos teatrales. En esta ocasión la diseñadora de vestuario Almudena Rodríguez Huertas se encarga de darle un look apropiado a base de joyas y complementos, aunque no existe una deliberada intención de que se parezca a Sofía, al contrario. Fue elegida por este papel porque no guarda ninguna semejanza fisonómica con ella, además de ser una excelente actriz con potencial necesario para llevar adelante el exigente proyecto. Que no sea una cara famosa (todavía) también jugó a su favor.

“El papel llegó a mí a través del ayudante de dirección de Ignacio García May que es Javier Sahuquillo,  mi director, junto a Gonzalo Azcona en una obra llamada Nagg i Nell que estrenamos en Valencia el noviembre pasado. Javier le habló al director de mí como posible candidata al papel; él vio el vídeo de la función, le pareció que me ajustaba al perfil de la actriz que estaba buscando y contó conmigo. Mi primera impresión que se mantiene todavía es la de un regalo caído del cielo pues supone una gran oportunidad presentarme en Madrid con un papel de este calibre”.

Lola Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Salvador confiesa que nunca ha tenido una visión demasiado hecha sobre Sofía por lo que no ha interferido en su trabajo. “No soy gran lectora del ¡Hola!, sólo leo esta revista de vez en cuando en la peluquería, y voy muy poco. A la peluquería, digo. Pero bueno, siempre me ha parecido una mujer muy elegante, muy correcta, muy discreta. Algunas cosas que he sabido de ella, como que es vegetariana, me han hecho gracia pues yo misma lo he sido durante mucho tiempo. Es verdad que he leído algún libro sobre su vida para conocerla más antes de interpretar su vida. Pero el trabajo de esta función no es exactamente interpretar a la persona real en sus dos acepciones, de realidad y de realeza, sino más bien encarnar unas palabras que hablan de ella”.

La lectura de El teatro y su doble de Antonin Artaud en un viaje a Formentera catalizó su vocación dramática y decidió presentarse a las pruebas para entrar a la Escuela de Arte Dramático de Valencia. “Quería que el teatro me ayudara a conocerme más a mí misma, a expresar la auténtica persona que habitaba en mí y que el miedo, la inseguridad y mi congénita timidez no me permitían mostrar”, confiesa. “Entré en el teatro por la vena mística, como si a través de aquel ritual fuera a revelárseme el conocimiento de mí misma, mi auténtica esencia”.

Lola Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Como si se tratara de una premonición del futuro que le esperaba, siendo una entusiasta veinteañera  siguió en el Teatro Español un taller de teatro clásico impartido por José Luis Gómez en el que participaron actores de gran prestigio como Joaquín Hinojosa, Isabel Ordaz y Antonio Banderas, “que tuvo que irse a rodar una película”, recuerda.  Con 23 años debutó en el Escalante interpretando a Toneta en El malat imaginari, una versión de la pieza de Molière dirigida por Carles Alfaro con quien colaboró en Moma Teatre y otros proyectos. “Durante los tres primeros minutos en escena tenía la boca seca como el esparto, no sé cómo conseguía articular palabra”, comenta.

“Pero poco a poco fui cogiendo confianza y empecé a salivar. Es algo que aún ahora en determinados momentos me ocurre. El exceso de tensión bloquea las glándulas salivares y hasta que la cosa no se relaja, hablar se convierte en una proeza. Aquella mi primera aparición en escena fue reveladora: me impregné de la presencia del público, sentí que el teatro es un maravilloso acto de comunicación donde se une la energía del actor y la del espectador y se alimentan mutuamente. Yo sentía la energía de ese público y me cargaba de ella para devolverla crecida con mi propia energía. Tanto era así que incluso el final de la función, que apenas estaba ensayado, supe cómo hacerlo y mis últimas intervenciones salieron redondas, contundentes”.

En busca de nuevos horizontes y de una didáctica teatral más completa  siguió unos cursos en Milán  con el gran maestro Strehler. Su trayectoria ha estado unida a la compañía Pavana de Rafa Calatayud cuyo último montaje fue Hora y media de retraso de Gerald Syblerias. También ha trabajó recientemente con Lola Moltó en una comedia de Vicente Marco dirigida por Manuel Maestro, Si yo fuera rica montada con una compañía formada  para la ocasión, Guanchuzrí. Esta año hizo  bolos con La Hostalera de Goldoni, dirigida por Vicente Genovés, producción de Culturarts, y con Nagg i Nell, de Laura Sanchis, dirigida por Gonzalo Azcona y Javier Sahuquillo, de Perros Daneses por la que  estuvo nominada al premio de  la Asociación de Actores Valencianos (AAPV). Esta vez lo ganó Juli Mira, pero ella lo obtuvo hace unos años.

Lola Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

“El artista debería estar protegido”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Mariángeles y Enrique Fayos, responsables del Teatro Olympia que celebra sus 100 años
Entrevistados por Jose Ramón Alarcón, Merche Medina y Salva Torres, del equipo de redacción de MAKMA

Mariángeles y Enrique Fayos dicen llevar el teatro en la sangre: “Forma parte de nuestro ADN”. Son, más que obligados deudores del legado paterno, fieles y apasionados continuadores del Teatro Olympia que ahora cumple 100 años. “El peaje que pagas por lo que tanto te gusta es alto porque desatiendes a la familia”. Pero la familia lo entiende, porque una pasión como esa no es cualquier pasión. Y se nota. Ambos defienden el teatro y el cine (porque el Olympia fue durante muchos años cine) como si estuviera en juego su propia vida. Al igual que defienden la cultura, recogida como un derecho en el artículo 44.1 de la Constitución.

Mariángeles Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Mariángeles Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Las inversiones en cultura se multiplican luego por siete”

“Todas las inversiones en cultura se multiplican por siete, algo que no ocurre por ejemplo en el sector del automóvil”, dice Mariángeles Fayos, presidenta a su vez de AVETID, la Asociación Valenciana de Empresas de Teatro y Circo que el pasado lunes entregó sus premios, entre los cuales, por sorpresa, se coló uno de reconocimiento a su propia labor en el Olympia. Por eso no entienden que sea el sector de la cultura “el que menos ayudas públicas reciba”, contrariando “la fama que tiene de vivir de las subvenciones”. Lo cual, zanjan, “es falso”. Además, el tan criticado IVA cultural del 21%, “gestado con improvisación por un ministro [José Ignacio Wert] que era un mediano”, está “destrozando las salas pequeñas y medianas”. De ahí su proclama: “La cultura debería tener un IVA super reducido”.

Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“La cultura es el oxígeno de la sociedad”

Tienen la certeza de que el teatro es o debería ser “catalizador de la sociedad”. Y ponen como ejemplo el Sócrates de José María Pou que recientemente ha visitado el Olympia, para reflexionar en torno a la democracia en tiempos en que esa democracia se ve actualmente amenazada por diversos flancos. También comparten la necesidad de preservar el talento: “El artista debería estar protegido”. Al igual que los teatros y la cultura: “Somos el oxígeno y el motor de la sociedad”.

Mariángeles Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Mariángeles Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Recientemente han recibido también la Medalla del Consell Valenciá de Cultura por esos 100 años del Teatro Olympia, “bien cultural vivo de la ciudad”, destacó en la entrega del galardón su presidente Santiago Grisolía. “No hay tradición en el Consell de darle ese premio al teatro”, lo cual añade brillo a la distinción, subraya Enrique Fayos. Recuerda, al hilo de esa medalla, que Valencia fue en los años 50 una “potencia teatral”, con salas “como el Alcázar, Novedades, Eslava y otras muchas”. Y que el Olympia llegó a tener seis meses en cartel la película El expreso de medianoche, cuando era cine donde se proyectaban películas de Tarzán o de los hermanos Marx, o vendidas con meses de antelación las entradas para ver a Moncho Borrajo.

La recuperación de Valencia como potencia teatral pasa, dicen, por una “política cultural a largo plazo”, por una “transparencia y equidad en las ayudas”, por una “colaboración y no competencia entre lo público y lo privado” y por una “orden de ayuda a las salas que impulse la industria cultural”. Ven signos “esperanzadores” en el nuevo gobierno de la Comunidad Valenciana, aunque reconocen ciertas prisas porque “el sector teatral está en urgencia”. Y eso que, como precisan, “con poco dinero se arreglaría el problema del teatro en Valencia”.

Enrique Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Entiendo que se paralizara el concurso del Teatro Musical”

Aunque no todo depende del dinero. “Entiendo que el Ayuntamiento de Valencia paralizara el concurso público para la gestión del Teatro Musical”. Lo entiende porque, según Enrique Fayos, “no puede ser que lo más importante fuera lo económico en lugar de primar la calidad de la oferta presentada”. Y destaca, como ejemplo de buena gestión privada, que “se puede hacer más con menos”.

Ahora ven nuevas amenazadas a la siempre frágil existencia del teatro, donde “el margen de rentabilidad es muy ajustado”. “Hoy la competencia no proviene del fútbol, sino de Internet y del móvil”, dicen, por aquello de la ingente oferta cultural a través de otros medios. Y no sólo para ellos como responsables de un teatro, sino para el propio actor desde otro punto de vista: “Que durante un espectáculo se enciendan 50 luces de móvil, genera un problema emocional al actor que piensa que no está atrapando la atención del espectador”.

De izquierda a derecha, Jose Ramón Alarcón, Merche Medina, Salva Torres, Mariángeles Fayos y Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Jose Ramón Alarcón, Merche Medina, Salva Torres, Mariángeles Fayos y Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Para celebrar los 100 años del Olympia tienen pensado, entre otras cosas, realizar tertulias del público con los actores, actuaciones en la entrada del teatro y una exposición con fotografías que reflejen ese siglo de la escena en Valencia. Un siglo que empezó el 10 de noviembre de 1915 con la ópera El Barbero de Sevilla y ha tenido su prolongación exitosa con la reciente Escenas de la vida conyugal de Ricardo Darín. “Es un actor con un enorme tirón; un mito”. Como lo es ya el Teatro Olympia.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Enrique y Mariangeles Fayos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique y Mariangeles Fayos, tras los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Salva Torres

Weegee: El temible burlón del fotoperiodismo

Weegee The Famous
Festival Valencia Negra
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10 y Guillem de Castro, 8. Valencia
Hasta el 31 de agosto

Ningún criminal lo era, “por muy Al Capone que sea”, hasta que llegaba Weegee y lo retrataba. Así lo recordó Silvia Oviaño, comisaria de la exposición que el MuVIM, en el marco del festival Valencia Negra, le dedica a toda una auténtica leyenda del fotoperiodismo. Llegó a contar con una emisora de radio portátil de onda corta conectada a la de la comisaría, lo que le permitía llegar a los sucesos antes que la propia policía. Eso, más el cuarto oscuro que tenía en el maletero del coche, le convertía en el reportero gráfico más rápido del Nueva York de los años 30 y 40. Su leyenda ha ido creciendo con los años, no así la fama que alcanzó desde el principio.

Summer, The Lower East Side, 1937. Fotografía de Weegee en la exposición 'Weegee The Famous' en el MuVIM.

Summer, The Lower East Side, 1937. Fotografía de Weegee en la exposición ‘Weegee The Famous’ en el MuVIM. ©Weegee-Caravan.

De hecho, la exposición del MuVIM se llama así: ‘Weegee The Famous’. Adjetivo que se ganó a pulso, tras otorgárselo él mismo, convencido de la calidad de su trabajo. Tanto es así que optó por convertirse en freelance para que sus fotografías aparecieran firmadas con esa rúbrica: The Famous. “Cronista de fotografía negra”, subrayó Oviaño, Weegee se hizo famoso por esos disparos rápidos y certeros (“retocaba la escena del crimen, para desesperación de la policía”), pero también por la manera que tenía de radiografiar las calles de la ciudad y sus gentes.

“Era un fotógrafo de calle”, destacó la comisaria. Calles que pateó como nadie, al tiempo que dignificaba la profesión del fotoperiodista con imágenes tomadas al vuelo y reveladas con su temible espíritu burlón. “Poseía un gran sentido del humor”, señaló Oviaño. Espíritu que tal vez le venía de su afición por la güija, de cuya pronunciación fonética se supone que le viene el sobrenombre de Weegee, ya que el suyo verdadero era Arthur H. Fellig (1899-1968). Arthur, una vez llegó a Estados Unidos, porque de su natal Ucrania salió con el nombre de Usher.

Simply Add Boiling Water. Fotografía de Weegee en la exposición 'Weegee The Famous' en el MuVIM.

Simply Add Boiling Water. Fotografía de Weegee en la exposición ‘Weegee The Famous’ en el MuVIM. ©Weegee-Caravan.

Sea como fuere, Weegee sintetizó las cualidades del fotoperiodista: rapidez de gatillo en situaciones límite de tiempo, agudeza para encuadrar lo relevante y el aderezo de un talento innato para congelar en un instante la fluyente vida. Algo que hizo igualmente con los retratos de damas de la alta sociedad, de personajes famosos como Marilyn Monroe, Andy Warhol, Peter Sellers o la pin-up Betty Page, y hasta cualquiera de los mendigos o gente de mal vivir que se encontraba por esas calles que tan a menudo frecuentaba.

Fue tal su talento, que hasta el MoMA de Nueva York abrió las puertas de su museo, algo inaudito, al fotoperiodismo de Weegee. En España, tan sólo la Fundación Telefónica y ahora el MuVIM se han hecho eco de sus hallazgos fotográficos. “El fotoperiodismo no era considerado hasta que apareció él”, insistió Oviaño, a la que secundó Bernardo Carrión, como portavoz de Valencia Negra. “La fotografía, y sobre todo la Weegee, es fundamental dentro del territorio negro; es una exposición que ya teníamos pensada desde la pasada edición”.

Two Offenders in the Paddy Wagon. Fotografía de Weegee en la exposición 'Weegee The Famous' en el MuVIM.

Two Offenders in the Paddy Wagon. Fotografía de Weegee en la exposición ‘Weegee The Famous’ en el MuVIM.

El casi centenar de piezas exhibidas en el hall del MuVIM abarca desde lo sórdido y la carnaza (asesinatos y sucesos), a la crónica de la ciudad, siempre bajo ese toque divertido que tanto Oviaño como Carrión recordaron a modo de sello de su trabajo.

También el cine se nutrió de su talento, haciéndose eco de sus imágenes películas como The Naked City (‘La ciudad desnuda’), de Jules Dassin, o ‘The Public Eye’ (El ojo público), de Howard Franklin, protagonizada por Joe Pesci en una imagen calcada a la que el propio Weegee tomó como autorretrato y que sirve para abrir la exposición. Carrión concluyó advirtiendo de lo difícil que lo tendría ahora Weegee con los medios digitales y la velocidad de la red social. ¡Quién sabe!

Lovers with 3-D glasses at the Palace Theater (Infra-red), 1943. Fotografía de Weegee en el MuVIM.

Lovers with 3-D glasses at the Palace Theater (Infra-red), 1943. Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©Weegee-Caravan.

Salva Torres

‘Desconocido’ gana el Festival La Cabina

Desconocido, Premio al Mejor Mediometraje
VII Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina
Del 6 al 16 noviembre de 2014

‘Desconocido’, del iraní Salah Salehi, se lleva el Premio al Mejor Mediometraje del Festival La Cabina, en pugna con ‘Tierra quemada’, del francés Julien Meynet. La película vencedora narra la historia de un sargento de policía y un soldado obcecados en enterrar el cuerpo sin identificar de un suicida en la frontera entre Irán y Kurdistán. Para llevar a cabo su tarea deberán, sin duda, obcecarse, dada la oposición de los habitantes de las aldeas cercanas. De manera que lo que parecía sencillo, se convertirá en una lucha heroica por sostener contra viento y marea el ritual del enterramiento que nos diferencia de los animales.

Fotograma de Taram Tarambola, de María Castillejo, Premio del Público. Imagen cortesía de La Cabina.

Fotograma de Taram Tarambola, de María Castillejo, Premio del Público. Imagen cortesía de La Cabina.

‘Desconocido’, según el jurado, “aborda dos temas difíciles con delicadeza, como son la muerte y la dignidad humana, que van más allá de cualquier frontera”. También se tuvo en cuenta la sutileza con que se narra la historia, la calidad de la fotografía, la magnífica utilización de los encuadres y el trasfondo del relato. Que dos personas, en medio de un contexto tan hostil, lleven a cabo su tarea de forma casi heroica, resulta edificante en tiempos de desencanto por la crisis económica y de valores que padecemos en las sociedades desarrolladas.

La actriz Julia Kijowska ganó el Premio a la Mejor Actriz por la película Juegos, de Maciej Marczewski, que se llevó el Premio a la Mejor Dirección.

La actriz Julia Kijowska ganó el Premio a la Mejor Actriz por la película Juegos, de Maciej Marczewski, que se llevó el Premio a la Mejor Dirección ex aequo con ‘Por Casualidad’.

Como bien apuntan los responsables de La Cabina en su blog sobre las películas a concurso, refiriéndose a ‘Desconocido’: “Enterrar a los muertos es un ritual que nace con la civilización, un simulacro para dar un lugar a un sujeto que ya no existe, pero al que todavía pensamos como semejante. Desconocido (Namo), además, plantea una interesante cuestión: ¿Qué hacer con la excepción? Si el cadáver de un semejante debe recibir sepultura, ¿qué ocurre con el cadáver de un suicida bajo el dogma de una religión que establece como impuro el suicidio? ¿Qué hacer con el cuerpo? ¿Dónde se encuentra ese pequeño trozo de tierra o ese no lugar en el que habitan las excepciones?”

Vincent Kruger ganó el Premio al Mejor Actor por la película Sunny, de Barbara Ott. Imagen cortesía de La Cabina.

Vincent Kruger ganó el Premio al Mejor Actor por la película Sunny, de Barbara Ott. Imagen cortesía de La Cabina.

El Premio a la Mejor Dirección fue compartido entre Tanja Golic (‘Por Casualidad’) y Maciej Marczewski por su mediometraje ‘Juegos’, película polaca que se llevó igualmente el Premio a la Mejor Actriz, Julia Kijowska, que ya deslumbró por su papel en ‘Loving’, ganadora del Cinema Jove de 2013. El Premio al Mejor Actor fue para Vincent Kruger, que encarna a un joven pandillero que se debate entre tener que cuidar a su hijo recién nacido y buscar un empleo en la película alemana ‘Sunny’, de Barbara Ott.

Por casualidad, de Tanja Golic, logró el Premio al Mejor Guión. Imagen cortesía de La Cabina.

Por casualidad, de Tanja Golic, logró el Premio al Mejor Guión. Imagen cortesía de La Cabina.

El Premio al Mejor Guión fue para el mediometraje croata ‘Por casualidad’, de Tanja Golic, cuya pareja protagonista, Lana Baric y Kresimir Mikic, rivalizó por los galardones interpretativos. El Premio a la Mejor Música se lo llevó la película francesa ‘Los Niños’, de Jean-Sebastien Chauvin, mientras el Premio a la Mejor Fotografía fue para ‘En cierta habitación’, de Pauline Roenneberg. ‘Tierra sobre viento’, del noruego Joern Utkilen, recibió a su vez el Premio a la Mejor Dirección Artística, novedad este año en los premios del jurado.

Los Niños, de Jean-Sebastien Chauvin, fue la ganadora del Premio a la Mejor Música. Imagen cortesía de La Cabina.

Los Niños, de Jean-Sebastien Chauvin, fue la ganadora del Premio a la Mejor Música. Imagen cortesía de La Cabina.

Los 24 mediometrajes presentados a concurso rayaron a un alto nivel, según apreciación de los miembros del jurado, lo que dificultó la selección de premiados. Películas como la mencionada ‘Tierra quemada’, ‘Taram Tarambola’, de María Castillejo, ‘Magma’, de Pawel Maslona o ‘Te amo, decepción’, de Héloïse Haddad, también figuraron entre las candidatas a premios.

Tierra sobre viento, de Joern Utkilen, ganó el Premio a la Mejor Dirección Artística. Imagen cortesía de La Cabina.

Tierra sobre viento, de Joern Utkilen, ganó el Premio a la Mejor Dirección Artística. Imagen cortesía de La Cabina.

De hecho, ‘Taram Tarambola’ fue la ganadora como Premio del Público. La historia de dos niñas, que sufren las consecuencias de la separación de sus padres, conmovió a los espectadores que siguieron día a día las películas a concurso en la Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia. El mundo imaginario que construyen las dos protagonistas para sobrellevar el pueril comportamiento paterno, de trágicas consecuencias, capturó la atención del público. La VII edición del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina cerró en La Nau de la Universitat de València el certamen que, un año más, se consolida como muestra de referencia para todos aquellos que realizan sus películas en un formato a medio camino entre el corto y el largo.

Fotograma de 'Desconocido', de Salah Salehi, Premio al Mejor Mediometraje de La Cabina. Imagen cortesía del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina.

Fotograma de ‘Desconocido’, de Salah Salehi, Premio al Mejor Mediometraje de La Cabina. Imagen cortesía del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina.

Salva Torres

La ciencia también es cosa de mujeres

Rompiendo barreras. Mujeres y ciencias
Comisariado: María Carmen San Julián y Natalia Torres
Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero
Palau de Cerveró de la Universitat de Valéncia
Plaça de Cisneros, 4. Valencia
Hasta el 9 de enero de 2015

Para que la corrección política no convierta este tipo de exposiciones en un afirmativo cabeceo de incredulidad (¿cómo es posible que tal cosa suceda?), habría que seguirle el rastro a Zygmunt Bauman cuando se puso a analizar el fenómeno del Holocausto. De manera que, como expresó el sociólogo, “el examen de las culpas” no disfrace la “investigación sobre las causas”. Que la sociedad patriarcal sea culpable de buena parte de la discriminación de la mujer resulta, a estas alturas, insuficiente a la hora de abordar tal fenómeno. Salvo que lo que pretendamos sea levantar una venda para poner otra.

Una de las citas recogidas en el 'túnel de tópicos sexistas' de la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró.

Una de las citas recogidas en el ‘túnel de tópicos sexistas’ de la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró.

Valga la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ como recordatorio de un hecho palmario: el silencio en torno a la gran contribución de las mujeres al progreso de las ciencias y la tecnología. Pero se hace ya necesario, cuando proliferan las muestras de desagravio, transformar el victimismo en análisis más profundos acerca de las múltiples causas que lo fundamentan. De no hacerlo así, caeremos en la complaciente empatía. Algo que mujeres como Marie Curie, Hannah Arendt, María Zambrano, Grace Murray Hopper, Barbara McClintock o Mary Wollstonecraft no perdonarían.

Y no digamos nada si hablamos de James Miranda Stuart Barry, cirujano del ejército británico, cuya autopsia reveló que en realidad era Margaret Ann Bulkley (1795-1865), que se hizo pasar por hombre para poder ingresar en la universidad, su gran sueño. Su lucha, como la de otras muchas mujeres que aparecen en la exposición del Palau de Cerveró, perdería fuerza si la rebajamos al complaciente recordatorio en lugar de, como hicieron ellas mismas, reivindicar la pasión por el conocimiento.

Fotografía de Rita Levi-Montalcini, sonriente, en la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró.

Fotografía de Rita Levi-Montalcini, sonriente, en la exposición ‘Trencant barrees. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró.

La exposición ‘Rompiendo barreras. Mujeres y ciencias’, comisariada por Carmen San Julián y Natalia Torres, se hace eco de las numerosas mujeres que dejaron su huella en la ciencia. Y lo hace al modo de un paseo repleto de dificultades, las mismas que las propias mujeres debieron en su día sortear. Así, el espectador avanzará por entre una serie de barreras o instalaciones, para ir abriéndose camino de las oscuras frases pronunciadas contra las mujeres a la rotunda claridad de sus trayectorias profesionales. Fotografías y paneles que revelan el sobresaliente papel de esas mujeres en el terreno de la ciencia.

En el “túnel de tópicos sexistas”, según expresión de las comisarias, se pueden leer frases como ésta: “La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido, aunque agradable y gracioso” (Erasmo de Rotterdam), o el más coloquial “Eso es cosa de mujeres”. Brigitte Bardot, quien sabe si espoleada por esos tópicos, contraatacó en su día de esta manera: “Cuanto más conozco a los hombres, más me gusta mi perro”.

Instalación con prendas y objetos patentados por mujeres, con video al fondo, en la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències', que acoge el Palau de Cerveró.

Instalación con prendas y objetos patentados por mujeres, con video al fondo, en la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’, que acoge el Palau de Cerveró.

Tras el túnel oscuro de los comentarios despreciables, la exposición se abre a un bosque de imágenes que cuelgan como frutos de esa ciencia desarrollada por mujeres. Entre las fotografías, destacan las de Rita Levi-Montalcini, Nobel de Medicina, Hedy Lamarr, reconocida como actriz pero menos conocida por su faceta como ingeniera, Hipathia de Alejandría, una de las primera matemáticas, o las citadas Barbara McClintock, que descubrió el primer mapa genético del maíz, Marie Curie, dos veces Premio Nobel por sus contribuciones en física y matemáticas, Hannah Arendt y Simone Weil, como destacadas filósofas.

En la instalación de objetos colgantes, el espectador descubrirá las sorprendentes patentes del sujetador moderno obra de Mary Phelps, del limpiaparabrisas, inventado por Mary Anderson, del pañal desechable de Marion Donovan o del corrector líquido Liquid Paper que patentó Bette Nesmith, por citar algunos de los hallazgos. ‘Rompiendo barreras’ se completa con un audiovisual y un taller didáctico que sirven para hacer memoria del largo y tortuoso camino recorrido. Una muestra impulsada por la Universitat de Valéncia y el CSIC, en la que supone la última colaboración entre ambas entidades en el Palau de Cerveró.

Hedy Lamarr, que además de actriz fue ingeniera, en la exposición 'Trencant barreres. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró de la Universitat de València.

Fotografía de Hedy Lamarr, que además de actriz fue ingeniera, en la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró de la Universitat de València.

Salva Torres

“Es una comedia feroz sobre el amor y la vida”

El crimen de la hermana Bel, de Frank Marcus
Dirección: Rafael Calatayud
Teatro Rialto
Plaza del Ayuntamiento, 2. Valencia
Hasta el 17 de octubre

En la película ‘Tootsie’ (1982) de Sydney Pollack, la enfermera jefe de la famosa serie televisiva (Dustin Hoffman) llevaba algo colgado entre las piernas. En ‘El crimen de la Hermana Bel’ una dulce monjita televisiva en la vida real es una mujer airada e iracunda, algo dipsómana y lesbiana. Esta historia fuerte y transgresora, coproducción de CulturArts y La Pavana, estará en el teatro Rialto hasta el 17 de octubre.

‘El crimen de la Hermana Bel’ es un texto de Frank Marcus, dirigido por Rafael Calatayud e interpretado por las actrices Teresa Vallicrosa, Anna Casas, Maria José Peris y Amparo Fernández.  El montaje se inspira en ‘The killing of Sister George’, publicada en Reino Unido en 1964, y llevada más tarde al cine por Robert Aldrich.

Una escena de 'El crimen de la hermana Bel', de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Una escena de ‘El crimen de la hermana Bel’, de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

La protagonista, Julia, es una actriz madura que lleva diez años interpretando a la bondadosa Hermana Isabel en una serie televisiva de gran éxito. El personaje se ha convertido en un icono nacional en una sociedad conservadora. A diferencia del personaje que interpreta, Julia es una mujer ruda, iracunda y aficionada al alcohol, que mantiene una turbulenta relación con una mujer bastante más joven.

“Una comedia feroz que nos habla del amor, de la vida, de los difusos límites entre lo real y lo ficticio”. Así define Rafa Calatayud esta pieza con la que supera los 30 años en la profesión. “Se mueve entre el humor y la emoción y nos muestra sin tapujos las perversiones del ejercicio del poder y la manipulación de las vidas ajenas”. La música y las canciones tienen presencia, pero “no es una comedia musical, es un drama con canciones, las canciones están integradas en esa continuidad dramática que cuenta la historia”.

¿Qué más  descubrirán los que vayan a ver la obra? 

Verán  una comedia dramática donde contamos la relación entre dos personajes que viven la vida tal cual es. No les importa lo material. Están refugiadas en el sentimiento, en el sentido, en la emoción, en el querer, en el amor. Conviven tormentosamente, felizmente. Como es la vida. La vida es tormentosa, es feliz, alegre, divertida, tremenda, celosa. La protagonista es Julia Márquez, que interpreta a una monja que hace milagros en una serie convencional, y que en su vida real no tiene nada que ver con el personaje que interpreta. Su vida profesional se ve afectada por causa de su vida personal y a partir de ahí vienen todos los conflictos.

'El crimen de la hermana Bel', de Frank Marcus, dirigida por Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

‘El crimen de la hermana Bel’, de Frank Marcus, dirigida por Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

¿Cómo llegó el texto a sus manos y qué le interesó de él?

Es un texto que me interesó desde que vi la película de Robert Aldrich, ‘El asesinato de la hermana George’. Me informé sobre el autor, Frank Marcus, y conseguí el texto teatral. Me interesó el texto por el mundo, submundo que plantea. El poder, la interpretación, el teatro dentro del teatro, lo que es ficción, lo que es realidad. Ese mundo en el que se confunde que un actor protagonista puede convertirse en un icono porque lleva mucho tiempo interpretando a un personaje. Entonces la gente confunde, incluso no reconoce al actor, sino que reconoce al personaje. También toda la parte emocional, su recorrido a través de los cuatro personajes. Cuatro mujeres llenas de sentimientos, de sensaciones, de dependencia, de amor. Por otra parte, no me apetecía hacer un montaje convencional. Imaginé que todo transcurría en una sala de ensayos, en un plató cinematográfico, lugar de encuentro. Algo que me interesaba mucho. Mezclar ficción y realidad. También en la puesta en escena. En definitiva, el texto me interesó porque habla de sentimientos, de emociones.

¿Cómo se desarrolló el proceso de dirigir a cuatro magníficas actrices? 

Cada una es un mundo. Son personajes muy contrastados. Ir más allá del texto es muy importante. Las actrices no se tienen que quedar con la capa externa del personaje, porque si no estamos contando nada. Toda esa parte visceral que los personajes tienen que encontrar a partir de los ensayos y la dirección. Cuento con cuatro actrices extraordinarias.  Hemos trabajado y disfrutado del trabajo, con nuestros momentos de crisis. Pero siempre con buen hacer, con esfuerzo, vamos encontrando ese camino, ese recorrido emocional, que les pide esta función.

Una escena de 'El crimen de la hermana Bel', de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Una escena de ‘El crimen de la hermana Bel’, de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Después de 30 años, ¿todavía sigue disfrutando de su trabajo?

Sigo disfrutando como el primer día, como el primer montaje. Cuando comienzo un montaje es como si fuera el primero que hago. El descubrirlo, dialogar con los personajes, desentrañar el texto, significar cada momento, que las actrices busquen la mirada, que exista el diálogo, la comprensión por parte del público, que las actrices tengan la capacidad de comunicar y comuniquen. Es lo más bonito. Es el trabajo y disfruto el proceso de ensayos. Las representaciones es como el día a día, ver cómo evoluciona un espectáculo. Buscar su buena evolución. El actor no tiene que quedarse con lo que tiene. Ese punto de estar como al borde del precipicio. En cada representación, después de un estreno, debe sentir que es el primer día que representa esa función. Como yo cuando dirijo siento que es el primer día que dirijo esa función. Con ese nervio, esa inseguridad, ese punto que tiene que tener un actor de no tenerlo claro. Me gusta que el actor tenga ese punto de vértigo. Eso da vida. Da verdad, produce como cierta inquietud en el espectador. Hace que el espectador esté más atento a lo que ocurre en el escenario. Y para eso el actor tiene que sorprenderse cada día.

Una escena de 'El crimen de la hermana Bel', de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Una escena de ‘El crimen de la hermana Bel’, de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Bel Carrasco

‘Cherry Pie’ y ‘Matka’, ganadoras en Cinema Jove

‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz: Premio Luna de Valencia al Mejor Largometraje
‘Matka’, de Lukas Ostalski: Premio Luna de Valencia al Mejor Cortometraje
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

El premio Luna de Valencia de la 29ª Edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove ha recaído en la película suiza Cherry Pie, de Lorenz Merz, según dio a conocer Rafael Maluenda, director del certamen valenciano. Una película “con momentos muy poéticos, con una apuesta formal muy rompedora”, según afirmó Juan Manuel Chumilla-Carbajosa, miembro del Jurado de la Sección Oficial de Largometrajes. Por su parte, la Luna de Valencia al Mejor Cortometraje fue a parar a la película polaca Matka, de Lukas Ostalski, que a juicio del jurado es una historia contundente, muy bien rematada y muy bien interpretada.

Juan Manuel Chumilla-Carbajosa, la suiza Christine Repond y la macedonia Teona Strugar Mitevska, directores de cine y miembros del jurado de la Sección Oficial de Largometrajes, han coincidido en destacar Cherry Pie porque crea una serie de atmósferas y sensaciones que la alejan de lo convencional. “La película juega más con la sugerencia que con la narración y, además, ha conseguido emocionar al jurado y que eso es lo más difícil en películas que también toman ese camino narrativo tan poco ortodoxo”, afirmó Chumilla-Carbajosa.

Lolita Chammah, en un fotograma de 'Cherry Pie', de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Lolita Chammah, en un fotograma de ‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia al Mejor Largometraje. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Cherry Pie, ópera prima del suizo Lorenz Merz, está interpretado por Lolita Chammah, Fionella y Orfeo Campanella, entre otros, y narra la historia de Zoé, una joven que quiere huir de sí misma. En su viaje hacia el norte se sube a un ferry, donde una misteriosa mujer desaparece de repente. Con un estilo austero y prácticamente sin diálogos, una cámara en mano le sigue a través de carreteras, gasolineras o estaciones de servicio. Se trata de un experimento muy arriesgado y totalmente independiente. Según su director Lorenz Merz: “Mi intención era hacer cine con las necesidades más básicas y sin presión. Un hombre, una cámara y una actriz, porque el modo en que miras las cosas es a menudo más importante que lo que estás mirando en sí”. El largo recibirá los 30.000 euros que otorga el premio para su distribución.

Fotograma de 'Matka, de Lukas Ostalski, Premio Luna de Valencia al Mejor Cortometraje. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Matka, de Lukas Ostalski, Premio Luna de Valencia al Mejor Cortometraje. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La directora Laura Pinto, la actriz Malena Alterio y el director Ferenc Cakó, jurados de la Sección Oficial de Cortometrajes, han destacado Matka por contar una historia valiente sobre la familia y las drogas. Una historia con un final contundente que te deja marcado. Matka, de Lucasz Ostalski, narra cómo Malgorzata -una reputada política- se dirige a su casa en el lago porque su hijo –drogadicto- necesita su ayuda. Malgorzata le pide apoyo a su hija. En casa encuentran al hijo semiinconsciente y el cuerpo destrozado de una joven. El cortometraje recibirá un premio valorado en 8.000 euros para el director del mismo.

Palmarés 29ª Edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove:

Luna de Valencia al Mejor Largometraje: ‘Cherry Pie’ (Lorenz Merz, Suiza, 2013).

Luna de Valencia al Mejor Cortometraje: ‘Matka’ (Lukasz Ostalski, Polonia, 2014). Mención Especial del Jurado de Largometrajes: ‘Obietnica’ (Anna Kazejak, Polonia, 2014).

Mención Especial del Jurado al mejor cortometraje documental: ‘La larme du bourreau’, de Layth Abdulamir.

Mención Especial del Jurado al mejor cortometraje de animación: ‘Nashorn im Galopp’, de Erik Schmitt.

Mención Especial del Jurado al mejor cortometraje de ficción: ‘O umbra de nor’, de Radu Jude.

Premio Pecera Estudio al cortometraje español con mejor sonido:

‘Subterráneo/Underground’, de Miguel A. Carmona, España, 2014

Premio Canal+ al mejor cortometraje: “’Boles’, de Spela Cadez.

Premio Grupo Pasarela Audiovisual al mejor director de cortometraje de producción valenciana, consistente en trabajos de iluminación: ‘Bikini’, de Óscar Bernacer.

‘Cherry Pie’: ver crítica en:

https://www.makma.net/cherry-pie-a-la-deriva/

Lolita Chammah, de espaldas, en un fotograma de 'Cherry Pie', de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Lolita Chammah, de espaldas, en un fotograma de ‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz, Premio Luna de Valencia al Mejor Largometraje de Cinema Jove.

 

 

Aura Garrido, Premio Un Futuro de Cine

Aura Garrido, Premio Un Futuro de Cine
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

El Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove, organizado por CuturArts, otorga el Premio Un Futuro de Cine a la actriz Aura Garrido en su vigésimo novena edición, que se celebrará del 20 al 27 de junio. “Desde hace veintidós años, este premio destaca aquellos actores y actrices que dan sus primeros pasos en el mundo del cine con sobradas muestras de una aptitud brillante para la interpretación, y pretendemos así animarles a seguir desarrollando su carrera profesional por esta línea”, aclara Rafael Maluenda, director de Cinema Jove.

El galardón Un Futuro de Cine es, más que un mero reconocimiento, un estímulo para reforzar la carrera emergente de un actor o de una actriz. Este característico premio del festival valenciano vaticina un prometedor recorrido cinematográfico para un intérprete determinado. Al respecto de Aura Garrido, galardonada en esta edición, Maluenda explica: “Aunque la habíamos visto en otros papeles, la experiencia de verla en Stockholm fue determinante. Descubrimos la capacidad de Aura para mostrar el abismo interior del personaje y el manejo de los distintos registros que como actriz, debe dar en la película; y es magnífico.”

Fotograma de la película 'Stockholm', de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Stockholm’, de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Aura es madrileña y tiene 25 años. Su papel en Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen, le ha valido la Bíznaga de Plata a la Mejor Actriz Protagonista en el Festival de Cine Español de Málaga de 2013, y también la nominación a los premios de la Academia de Cine (Goyas) y a los Forqué de 2014, en la categoría de mejor interpretación femenina. A pesar de los pocos años que cumple, Aura Garrido ha trabajado en varios largometrajes y cortometrajes cinematográficos (Inocentes, El Cuerpo, Vulcania…), así como en teatro (Invierno en el Barrio Rojo) y en televisión (La pecera de Eva, Ángel o demonio, Hermanos…).

Hablando con el director que más reconocimiento le ha reportado, Rodrigo Sorogoyen nos comentaba al respecto de Aura: “Además de ser tremendamente inteligente e inquieta, dos características fundamentales para ser una gran actriz, Aura es una persona muy comprometida con el trabajo que hace. Ésta, además, es una cualidad que le caracteriza también en su vida personal”.

De padre compositor y director de orquesta y de madre pintora, la joven creció en un entorno muy artístico. Desde pequeña tuvo interés por ser actriz y recibió formación en danza y piano. Posteriormente estudió interpretación en la Resad y con Lorena García de las Bayonas. Actualmente estudia también Antropología por la UNED.

Aura Garrido. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Aura Garrido. Imagen cortesía de Cinema Jove.