Remedios Varo

#MAKMAArte
Remedios Varo: Science Fictions
Art Institut of Chicago
280 S Columbus Dr 280 Building, Chicago
Del 29 de julio al 27 de noviembre de 2023

La primera vez que oí hablar de Remedios Varo fue en la inauguración de una colectiva de artistas emergentes hará una docena de años. Al parecer lo que le daba para vivir a uno de ellos era su faceta de falsificador, faceta en la que por precaución solo se medía con artistas poco conocidos en nuestro país como era entonces Remedios Varo bajo cuya máscara acaba de vender un dibujo.

Después he sabido que la necesidad económica empujó a la propia Remedios Varo (Anglés, 1908 -México, 1953) a ejercer el oficio de falsaria y que realizó al menos un De Chirico por sugerencia de su amigo el pintor Oscar Domínguez, conocido maestro del arte de la suplantación.  Fue en la época en que la artista vivió en París tras abandonar España en 1937 como consecuencia de la guerra civil y antes de exiliarse definitivamente en México en 1942, una época de gran riqueza en lo artístico y de penurias en lo material.

‘La faim’ (El hambre), 1938, de Remedios Varo.

La artista y su pareja de entonces, el poeta Benjamin Péret, ambos miembros activos y participaron en las iniciativas promovidas por el grupo surrealista capitaneado por André Breton, pasaron verdaderas estrecheces en la capital francesa para llegar a final de mes. Cómo no asociar a esta situación de precariedad el gouache titulado ‘La faim’ (El hambre) pintado por la artista en 1938 y actualmente en la colección del Reina Sofía.

Esta situación viene evocada por la escritora Ara de Haro en su novela ‘La pintora pelirroja vuelve a París’ (Alianza Editorial) a través de las palabras que el poeta le dirige a la artista española todavía abatida por la tragedia de la contienda: “No hay calefacción y el carbón de la chimenea cuesta dinero, lo mejor es vestirse y andar. Andar te hace entrar en calor, y entrar en cafés te devuelve el pulso, el tuyo y el de la ciudad”.

Ara de Haro es el pseudónimo de la historiadora del arte Amparo Serrano de Haro, especialista en la obra de Remedios Varo. En ‘La pintora pelirroja vuelve a París’ la escritora se centra en los años parisinos de la artista y dedica el último capítulo del libro a reconstruir el viaje que la artista realiza a la capital francesa en 1953. La autora ha preferido recurrir en este libro a la ficción, según ha explicado, porque es un género que te permite no circunscribirte a los datos y da libertad para fabular.

Cubierta de ‘La pintora pelirroja vuelve a París’, de Ara de Haro.

Ella quería reconstruir episodios de la etapa parisina de la artista sobre los que se sabe muy poco: su encarcelamiento por la Gestapo, el aborto que sufre y cuyas secuelas le impedirían tener hijos, su huida de París al ser detenido Benjamin Péret por su condición de judío o el alcance de su relación con el pintor surrealista Víctor Brauner con quien compartía la pasión la magia y el esoterismo.

Otra de las razones que Ara de Haro esgrime para optar por la ficción es que se presta especialmente a la indagación psicológica de los personajes y la escritora quería escudriñar en el mundo interior de la mujer “moderna”, según el término utilizado en la época, cuya quintaesencia representa Remedios Varo: una mujer inconformista, que trabaja, se divierte, baila, fuma, viste pantalones, lleva el pelo suelto, se casa varias veces, es capaz de mantener una relación de amistad con sus exmaridos o de simultanear varias relaciones amorosas. Una mujer plenamente libre, en definitiva.

Ara de Haro evoca de manera magistral ambientes y escenas vinculadas a la experiencia parisina de la creadora surrealista, pero el texto se ve lastrado por su supeditación al formato de la novela romántica, con sus ingredientes habituales: amor, sexo, celos, y un final, si no feliz, al menos positivo. El libro frustra las expectativas de quienes, como en mi caso, esperan una biografía novelada, pero seguramente agradará a lectores amantes de este exitoso género literario.  

Cubierta de ‘El tejido de los sueños’, de Remedios Varo.

Unos meses después de aparecer esta novela, la editorial Renacimiento ha publicado la práctica totalidad de los textos escritos por Remedios Varo bajo el título ‘El tejido de los sueños’, un volumen cautivador y entretenido que constituye una puerta excelente para acceder al mundo de la artista surrealista en toda su complejidad. La compilación de los textos, procedentes casi todos ellos del archivo del que fuera la última pareja de la artista, Walter Grauen, ha corrido a cargo la profesora de Literatura española de la Universidad de La Laguna y estudiosa del surrealismo y el exilio republicano español, Isabel Castells, quien también firma una esclarecedora introducción. 

La selección de escritos se abre con una breve entrevista que no sabemos si llegó a publicarse ni quién formuló las preguntas. En ella, la artista, siempre reacia a hablar en público de su obra, ofrece algunas claves sobre proceso creativo. Así, define el surrealismo como un “sentimiento inherente al hombre”, explica que, para ejecutar un cuadro “lo visualizo antes de comenzar a pintar y trato de ajustarlo a la imagen que me he formado” y minimiza la influencia de México en su obra, pues “pintaría de la misma forma en cualquier lugar del mundo, puesto que proviene de una manera particular de sentir”.

A esta suerte de micro autobiografía artística le sigue una sección de cartas en una de las cuales, dirigida a su primer marido, Gerardo Lizárraga, la artista le manifiesta su extrañeza por su manera de concebir su trabajo: “Me cuesta mucho comprender la importancia que parece tener para ti el reconocimiento de tu talento. Yo pensaba que para un creador lo importante es crear y que el devenir de su obra era cosa secundaria (…)”.

Otras cartas ponen de manifiesto el extraordinario sentido del humor de la artista y su afición por prácticas muy del gusto de los surrealistas. Son especialmente tronchantes las que escribe a personas imaginarias o a psiquiatras cuyos nombres toma del listín telefónico, una producción que la propia artista califica de “documentos insensatos” en una de sus misivas.

La imaginación surrealista también está presente en los apartados dedicados a las muestras de escritura automática realizados por la artista, así como en la transcripción de las recetas ‘Para provocar sueños eróticos’ y ‘Para soñar que sois el rey de Inglaterra’ para cuya elaboración se requiere, entre otros ingredientes, 4 kilos de miel en un caso y 40 ladrillos en el otro. 

El volumen también incluye un relato paródico y varios breves, proyectos inacabados como una obra de teatro poblada de fenómenos paranormales en la que su amiga Leonora Carrington interpretaría uno de los personajes, apuntes para futuros proyectos literarios o artísticos o la transcripción de sueños de la artista.

Pero sin duda uno de los pasajes más interesantes de ‘El tejido de los sueños’ es el consagrado a los comentarios que la propia Remedios Varo redactó para acompañar algunas obras que regaló a parientes o personas cercanas y cuyas imágenes la editorial ha tenido el acierto de reproducir.

‘Armonía (Harmony)’, 1956, obra de Remedios Varo.

Acerca del óleo ‘Simpatía’ la artista escribe “El gato de esta señora salta sobre la mesa produciendo los desórdenes que es costumbre tolerar si quieres a los gatos (como me pasa a mí). Al acariciarlo brotan tantas chispas que forman todo este artilugio eléctrico muy complicado, algunas chispas y electricidad van a la cabeza de ella y son aprovechadas para hacer rápidamente una ondulación permanente”.

Es muy citado por la crítica el texto de la artista sobre uno de sus autorretratos más conocidos, ‘Armonía’, en el que brinda una exégesis de su singular poética a través del personaje que aparece en el lienzo, el cual “trata de encontrar el mundo invisible que une todas las cosas”.

Quienes quieran, o puedan, disfrutar del trabajo de esta exploradora de mundos misteriosos y ocultos todavía están a tiempo de visitar la exposición ‘Remedios Varo: Science Fictions’ que le consagra el Art Institut of Chicago. 

Remedios Varo
Remedios Varo, en 1958, por Kati Horna.