#MAKMAEscena
‘Pelo de tormenta. Homenaje a Francisco Nieva’
Comisario: Rafael Garrigós
Producción: Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa
Colabora: Producción Centro Dramático Nacional (CDN) e Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Cultura
Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa
Plaza de Colón 4, Madrid
Hasta el 19 de julio de 2026
Han pasado diez años del fallecimiento del dramaturgo, escenógrafo y artista Francisco Nieva (1924-2016), dejando tras de sí un muy sugestivo cosmos escénico edificado, como buen heterodoxo, a base de altas dosis de barroquismo, exceso y libertad absoluta.
Para conmemorar esta década de ausencia, el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa acoge una exposición que propone un viaje fascinante a las entrañas de uno de sus hitos más memorables: el estreno en 1997 de la obra ‘Pelo de tormenta’, producida entonces por el Centro Dramático Nacional bajo la dirección de Juan Carlos de la Fuente, actual director artístico del FG.CCV.
Al frente de este recorrido arqueológico y emocional por las diferentes disciplinas que convergen en las artes escénicas, se encuentra Rafael Garrigós. Antiguo alumno del propio Nieva en la Escuela de Arte Dramático y colaborador estrecho del maestro figurinista Pedro Moreno, Garrigós asume la curaduría de la muestra con la devoción de quien conoce de primera mano la genialidad de aquellos creadores: José Hernández, el propio Pedro Moreno, Manuel Balboa y el fotógrafo Juan Antonio Díaz Chicho.
De modo que, con la cercanía de quien ha pasado todo su devenir profesional entre bambalinas, nos adentramos por los libérrimos y tormentosos vestigios de Nieva junto a un Garrigós dispuesto a desvestir el testimonio “como un buen guía turístico de su arte y su talento”, incidiendo el verbo y la memoria en el valor de la transgresión, la vigencia del mensaje vital del autor manchego y la urgencia de recuperar el atrevimiento visual en las producciones de hoy.

Francisco Nieva, además de escribir teatro, lo dibujaba, lo pintaba y lo soñaba como un “ritual ibérico”. ¿De qué modo has materializado en la exposición ese tránsito desde el trazo febril sobre el papel hasta la presencia física y casi escultórica del actor, y de qué manera la muestra vivifica esa esencia de teatro total y furioso que Nieva defendía?
La exposición parte de una primera idea de homenaje por el centenario de Nieva que, por circunstancias, no llegó a fructificar; y, entonces, a rebufo de aquella primera iniciativa, pensamos en reenfocarla en una muestra de menor tamaño y pretensiones, en la que la excusa para ese homenaje fuera revisitar la producción que hicimos de su texto ‘Pelo de Tormenta’, en 1997, en el Centro Dramático Nacional.
Esta exposición, finalmente, ha coincidido con los diez años de su muerte y, aunque la figura de Nieva es el eje introductorio y abarcador, realmente utiliza el montaje de ‘Pelo’ como referencia suya y cómo los distintos artistas que participaron –estando él aún en vida y en activo– reinterpretaron de forma subjetiva –pero, al mismo tiempo, muy fiel a su iconografía– su mundo personal, poniendo en pie este montaje, que, en aquel momento, fue verdaderamente un desafío emblemático y monumental.

La exposición rinde un tributo coral a figuras como José Hernández (escenografía), Pedro Moreno (vestuario), Manuel Balboa (música) y Juan Antonio Díaz Chicho (fotografía). ¿Cómo dialogan en la sala estos distintos lenguajes artísticos y de qué manera la exposición cumple una misión didáctica para explicar al público actual la complejidad técnica y artística de aquel equipo humano?
La exposición plantea un itinerario en cinco apartados con una reseña biográfica cada de cada artista, empezando por el propio Francisco Nieva. Hay un segundo apartado que se centra en la escenografía del pintor José Hernández, con su mundo destripado, barroco y un poco momificado. Su escenografía del montaje convirtió tanto el escenario como el patio de butacas en una gran plaza pública, a mitad entre plaza mayor de pueblo y plaza de toros; un lugar de ritualidades populares e imaginarias. Sus dibujos incluyen vistas de los elementos escenográficos y los elementos originales diseñados para utilería.
El tercer apartado es el de vestuario, dedicado al figurinista Pedro Moreno, mi maestro, a través de quien tuve la fortuna de resolver la gestión y realización de sus diseños de vestuario, cuyos originales están expuestos, y, a su vez, diez maniquíes con diez piezas completas del vestuario original. En mi opinión, Pedro Moreno es el mejor transcriptor y traductor del universo personal de Nieva en forma de imágenes y en forma de indumentaria escénica.
Él, realmente, reinterpreta y hace suyo el mundo de Francisco Nieva recreciéndolo y superlativizándolo de una manera absolutamente fiel, y yo diría que incluso mejorada, quizá como tan solo el propio Nieva sería capaz. Por otro lado, Moreno hace una interpretación pasada por su propio filtro, que bebe en las influencias del Barroco y también de la alta costura, reconvirtiéndolo en una creación colorista verdaderamente personal y única.

El cuatro apartado es el dedicado a la colección de fotografías de Juan Antonio Díaz Chicho, que es una figura relevantísima y cronista referencial de la fotografía escénica en los 80 y los 90, fundamentalmente. Es un reportaje de 34 fotografías donde el espectador puede hacer seguimiento de todo el proceso del montaje: desde ensayos en escena, actores en camerinos, pruebas de vestuario y peluquería, y toda una serie correlativa de fotos de la propia obra en escena, donde aparecen los 48 actores del elenco, con figuras recordadas como Pilar Bardem, Paco Maestre o Agata Lys, y otras presentes hoy como Rossy de Palma o Carmen Conesa.
El quinto apartado es el dedicado al compositor Manuel Balboa, que compuso la música original de esta “reópera”, como el propio Nieva la denomina, y exponemos varias de sus partituras originales, que, además, eran interpretadas por una pequeña orquesta en directo y cantadas en vivo por el elenco en la propia función. Junto a esto, el espectador de la exposición puede ver una proyección íntegra de la función cedida por el Centro de Documentación Teatral.
En resumen, pensamos que no habría mejor ejemplo didáctico y de puesta en valor del universo de Nieva que mostrando todo el proceso de la producción y estreno de una de sus obras más complejas, emblemáticas, polémicas y transgresoras, como lo es ‘Pelo de tormenta’. Creemos que es una gran ocasión de dar visibilidad a su mundo y de hacer al público copartícipe y capaz de entender la complejidad que reviste darle forma de montaje teatral, conjugando todas las disciplinas y los talentos que nos acompañaron.

‘Pelo de tormenta’ fue escrita en el exilio parisino y sufrió décadas de censura antes de su histórico estreno en 1997. ¿Cómo refleja la exposición esa dimensión de “auto sacramental a la inversa” y de “exorcismo de nuestra forma de ser españoles”? ¿Por qué crees que su mensaje sobre la tentación, la culpa y la libertad sigue siendo tan perturbador y vigente en el siglo XXI?
En mi opinión, la exposición argumenta visualmente por sí sola este sentido de auto sacramental transgredido y puesto a cuatro patas a través del talento deslumbrante de los artistas que fueron copartícipes del proyecto. Confluyen como una alineación de astros, logrando un espejo acertadísimo de la genialidad de Nieva, de su sentido del barroquismo, de la ritualidad, pero por igual de la farsa esperpéntica y del dar rienda suelta a la pulsión sexual como recurso no solo visual, literario o dramático, sino como celebración teatral.
En Nieva, la transgresión no es solo una propuesta dramática, es todo un manifiesto vital. Nieva abandona La Mancha, donde nace, y se marcha a París, que es su autodescubrimiento; no solo a costa de pasar hambre como artista, sino de vivir plenamente su identidad sexual. Él implementa lo queer en sus dramaturgias muchísimo antes de que este término fuera parte de la conversación social y, lo que es más insólito, en los años 60 y en plena censura franquista. Y lo reviste de un envoltorio de farsa barroca irónica, corrosiva y llena de un humor pleno de riqueza literaria. Ya solo leerlo es un verdadero hallazgo y un disfrute.
Su vigencia es más obvia que nunca en este presente de asquerosa regresión y de pujanza de ideologías fascistas y de odio. En medio de la cochambre, Nieva es un soplo fresco de reivindicación luminosa; un verdadero salvavidas.
Aquel montaje en el Teatro María Guerrero, dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente, se recuerda hoy como un acontecimiento milagroso. Teniendo en cuenta que Nieva era un autor largamente prohibido, ¿qué supuso aquel éxito rotundo para su reconciliación definitiva con las instituciones y cómo habéis rescatado en el Fernán Gómez la memoria de aquel estreno que cambió la percepción del teatro de Nieva?
La producción en el 97 no solo supuso el esfuerzo titánico de ponerla en pie, sino que también hay que tener en cuenta que fue la primera propuesta en el CDN de Juan Carlos Pérez de la Fuente, entonces un joven director puesto por el PP que lo primero que plantea es hacer una obra de Nieva absolutamente provocadora, transgresora e irreverente, lo que generó inquietud y no poca polémica en los dirigentes del Madrid pepero.
Por otro lado, pude escuchar, recientemente, un audio donde el propio Nieva hablaba de aquel estreno como una especie de resurrección propia o redescubrimiento; hablaba con absoluta ternura, dentro de que ya era un dramaturgo completamente encumbrado y reconocido a nivel de instituciones como la Real Academia. Pero, bueno, él mismo tenía la noción de que ese estreno era una vuelta a la visibilidad y a un lugar en los escenarios donde creo que aún debemos devolverle la dignidad y el espacio que merece.
Te has sumergido en los archivos del Centro de Documentación Teatral para realizar una verdadera arqueología estética. ¿Cuáles han sido los mayores retos al recuperar el vestuario y los elementos escénicos originales? ¿Qué secretos del proceso creativo de Nieva han salido a la luz en esta investigación?
Para mí, la verdad, no ha habido grandes secretos redescubiertos porque tenía una estupenda memoria de lo que aquel proceso supuso al haber estado inmerso de lleno yo mismo en él en su momento. Nieva visualiza lo que escribe y escribe lo que visualiza; le conocí siendo discípulo suyo en los 80 y creo, modestamente, que estaría feliz del esmero con que hemos trabajado.
Ha sido una labor minuciosa de restauración y de recomposición de muchos elementos textiles y de los elementos corpóreos que tenían las propias cicatrices del tiempo sobre sí. De hecho, los hemos rescatado después de más de treinta años y los hemos restaurado con amor y minuciosidad, dada la proximidad al espectador. Para ello, he contado con las manos de la sastra Beatriz de la Llave y la coordinación de María Pérez Maestro. Tampoco quiero olvidar el espléndido trabajo gráfico y de museografía de Juan Flores; sin ellos nada hubiera sido posible. Así como agradecer al personal del Centro Fernán Gómez.
Tu relación con Francisco Nieva comenzó en las aulas como alumno suyo y se consolidó profesionalmente en los talleres de aquel montaje de 1997. ¿Cómo ha influido esa doble mirada –la del discípulo del maestro y la del profesional que conoce las costuras del espectáculo– a la hora de seleccionar las piezas y decidir qué historia querías contar en esta exposición?
Efectivamente, como he comentado antes, yo fui discípulo suyo en la Escuela de Arte Dramático, pero, mayormente, he sido colaborador durante años del también inmenso Pedro Moreno. Es inevitable tener la sensación de que les debo a ambos –aunque, especialmente, a Pedro– todo lo que sé y todo lo que he ido acrecentando en mi camino posterior.
Ese recorrido y esa suma de experiencia creo, modestamente, que me ha dado la capacidad de hacer mío su filtro personal; me han hecho capaz, especialmente como colaborador dibujante, de atinar a leer y traducir en imágenes sus criterios de color, texturas y volúmenes; a entender de primera mano sus intuiciones artísticas. No alcanzo a la suela de lo que ellos son dando forma a los conceptos y a los códigos simbólicos. Me considero increíblemente afortunado por ello. En esta exposición –como en el resto de mi camino profesional–, han sido mi iluminación. Solo pretendo ser en esta muestra como un buen guía turístico de su arte y su talento.

Nieva definía esta pieza como una “festosa reópera, género difícil y caro”. Al calor del décimo aniversario de su fallecimiento, y en un panorama teatral tal vez más contenido, ¿crees que hoy sería posible un despliegue tan libre y desbordante como el que ellos propusieron? ¿Qué lección esperas que se lleven los nuevos creadores al salir de la exposición?
Yo creo que es desatinado denostar el estilo visual y dramático que Nieva representa como formas teatrales superadas o antiguas. Nieva tiene vigencia porque tiene voz propia y discurso. Probablemente, Nieva es impensable con las estéticas minimalistas que nos imponen los presupuestos exiguos o con envoltorios de fast fashion de Amancio Ortega. Es imposible hacerlo con vaqueros y camisetas para hacerse los modernos y los guais.
Nieva demanda exceso, y eso, hoy por hoy, implica echarle recursos, talento y audacia; facultades de las que son más que capaces las nuevas generaciones de creadores que llegan. La visión de los maestros Nieva y Pedro Moreno ha sido y sigue siendo para todos nosotros, pero en especial para ellas y ellos, una puerta abierta al imaginario; ellos nos recuerdan que aún hay magia posible.
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