Museo de la Ciudad

#MAKMAArte
‘Valencia Queer. Identidades artísticas contemporáneas’
Comisario: Óscar Segrelles
Palacio del Marqués de Campo
Museo de la Ciudad
Plaça de l’Arquebisbe 3, València
Del 19 de junio al 30 de agosto de 2026

“Estimado yo: creciste sintiendo que había alguna cosa en ti que el mundo quiso corregir. Aprendiste a vigilar tus gestos, tu forma de hablar, tu forma de caminar… Sé que te miras al espejo deseando ser más normal”.

Con esta carta recibe ‘Valencia Queer. Identidades artísticas contemporáneas’ al visitante. Un texto que funciona como declaración de intenciones y como invitación a recorrer nueve salas donde el arte se convierte en un espacio para cuestionar los relatos heredados, revisitar la tradición y abrir nuevas formas de representación.

La muestra, organizada con motivo de los ‘Gay Games XII Valencia 2026’, encuentra en el Museo de la Ciudad un lugar especialmente significativo. La institución incorpora así una reflexión sobre las identidades queer desde el arte contemporáneo, reuniendo a ocho artistas —Miquel Navarro, Antonio Ovejero, Carlos Corredera, Eva Máñez, Anna Maria Staiano, Antonio Portillo, Martin Kámen y La Nena Wapa— cuyas prácticas dialogan entre sí desde disciplinas muy diferentes.

Dentro de la programación de ‘La Nit de Juliol’, el museo acogió una visita guiada conducida por la artista multidisciplinar Liz Dust, junto al comisario Óscar Segrelles, la directora del museo, Marta López Ricarte, y varios de los artistas participantes.

El Museo de la Ciudad también acogió una mesa redonda que amplió el recorrido expositivo hacia una conversación sobre cuestiones como la necesidad de generar espacios queer en las instituciones culturales, la construcción de la memoria LGTBIQ+, el papel del arte como herramienta de visibilidad y reparación o los retos que todavía afronta el colectivo frente a los discursos de retroceso.

La primera parada reúne abanicos intervenidos por los artistas, que responden a una misma pregunta: ¿qué significa ser queer? Elegir uno de los símbolos más reconocibles de la cultura valenciana para abrir la exposición no es casual. Asociado históricamente al gesto, al cortejo y a la tradición popular, el abanico deja de ser un objeto decorativo para convertirse en un espacio de reflexión desde el que cada artista propone una respuesta propia.

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Durante la presentación, Liz Dust explicó que la intención de la exposición era precisamente mostrar esa pluralidad de miradas: “Cada uno tiene su lenguaje. Vais a notar que incluso reconoceréis la identidad de cada artista”. Una idea que atraviesa todo el recorrido y que convierte la diversidad de técnicas y discursos en el verdadero hilo conductor de la muestra.

Igualmente, bajo el título ‘El cuerpo como batalla’, Miquel Navarro, Premio Nacional de Artes Plásticas y una de las figuras fundamentales de la escultura española contemporánea internacional, muestra sus ciudades, esculturas y pinturas que convierten el cuerpo y el espacio urbano en metáforas de la identidad y del deseo. 

Durante la visita, Liz Dust definía esta obra como una reflexión sobre “el cuerpo del ser humano en relación con la ciudad”, señalando cómo esa tensión aparece en las pinturas de guerreros, donde “la violencia tiene una lectura erótica”.

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La exposición incorpora también la obra de Antonio Ovejero, centrada en el color y el ornamento como centro del discurso. Reivindica una identidad que encuentra en el color, el brillo y la exuberancia visual una forma de expresión. Sus óleos dialogan con la arquitectura barroca del museo mientras exploran una estética donde lo ‘kitsch’ y el exceso dejan de entenderse como meros recursos decorativos para convertirse en una manera de cuestionar los límites de lo normativo.

Liz Dust invitaba precisamente a repensar el concepto de kitsch: “Lo hemos asumido como una forma de consumir, de mirar y de vivir”. Una lectura que encuentra en la pintura de Ovejero una reivindicación del artificio como lenguaje artístico y político.

Las piezas de Carlos Corredera revisan la tradición festiva valenciana desde una mirada que incorpora cuestiones sobre quiénes han ocupado históricamente el centro del relato y quiénes han quedado fuera de él como Margarita Borrás, mujer transexual en el siglo XV y que fue ahorcada por su identidad.

“Cuando vieron dos mujeres besándose, parecía que toda la obra pasaba automáticamente a ser queer”, señalaba Corredera. Para el artista, el objetivo no es producir un “arte queer” entendido como una categoría cerrada, sino incorporar esas narrativas de forma natural en el relato artístico.

‘Valencia Queer. Identidades artísticas contemporáneas’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Las fotografías monumentales de Eva Máñez documentan manifestaciones y momentos de reivindicación colectiva, trasladando al museo imágenes que habitualmente circulan en el espacio público o en los medios de comunicación. Su instalación convierte esas escenas visuales del activismo y reivindica la fotografía documental como archivo de una historia todavía en construcción.

La propuesta de Anna Maria Staiano, quien combina instalación, vídeo y tejido para reflexionar sobre los roles de género y la identidad desde una experiencia autobiográfica. “Es muy importante que sea un espacio brindado por el Ayuntamiento, porque acerca estas realidades a personas que quizá nunca se acercarían a ellas” defendió Staiano. Para la artista, la visibilidad no consiste únicamente en mostrar obras, sino en generar lugares donde puedan compartirse experiencias y abrir nuevas conversaciones.

Los volúmenes textiles de Antonio Portillo abordan la diversidad corporal, los afectos y la vulnerabilidad. Sus esculturas blandas convierten el tejido en metáfora de los vínculos humanos y del cuidado. “Mi arte no lo entiendo sin mi trauma ni sin mi propia experiencia. Para mí es una forma de comunicarme y de invertir tiempo en mí mismo”, afirmaba durante la mesa redonda, reivindicando la creación artística como una forma de reparación y de reconocimiento para quienes no encuentran su reflejo en los modelos normativos.

Martin Kámen rescata códigos visuales y símbolos históricos del colectivo queer para convertirlos en un archivo vivo. Su gran bandera, concebida como un monumento textil, reivindica una conmemoración construida colectivamente. Liz Dust la presentó como un homenaje a quienes, desde el activismo, “han salvado vidas”, recordando que la historia del colectivo “habla de las personas que pudieron ser y no fueron”, una memoria preservada a través de símbolos y redes de apoyo.

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La diversidad de lenguajes que atraviesa la exposición encuentra una de sus expresiones más evidentes en la intervención de La Nena Wapa. Como explicó el comisario Óscar Segrelles, “queríamos que la exposición tuviese diversidad de técnicas; por eso también tenía que estar el arte urbano dentro de una institución”.

Referente del street art valenciano, la artista reivindica la tradición como un espacio abierto a la resignificación, fusionando símbolos de la cultura popular valenciana con referentes del colectivo LGTBIQ+ para desdibujar la supuesta frontera entre folclore y diversidad. Su propuesta plantea una relectura de los imaginarios colectivos y defiende que la identidad y la tradición son construcciones vivas, en constante transformación.

El diálogo entre los artistas amplió las cuestiones planteadas por la exposición y puso el foco en la necesidad de preservar la historia del colectivo. Anna Maria Staiano recordó que muchas historias LGTBIQ+ solo han llegado hasta nuestros días porque quedaron registradas en procesos judiciales o relatos de persecución. “Siempre hemos estado ahí. Lo que ocurre es que esas historias permanecieron invisibles”.

La reflexión encontró eco en las palabras finales de Liz Dust, quien cerró la actividad recordando que las identidades queer forman parte de una historia imposible de borrar. “Somos semillas. Siempre que una desaparece, otra vuelve a crecer”. Quizá esa sea también la respuesta a la carta que recibe al visitante al comenzar el recorrido, la certeza de que aquello que durante tanto tiempo se quiso corregir hoy encuentra, por fin, un lugar desde el que narrarse.