Patti Smith. Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026. Fundación Princesa de Asturias

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Patti Smith, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026
Fundación Princesa de Asturias

“Y, rimando en medio de sombras fantásticas,
Como liras, tensaba los cordones
De mis zapatos rotos, casi al lado de mi corazón”

Arthur Rimbaud, ‘Mi bohemia’
Canciones de experiencia e inocencia

La imagen de un cisne blanco en un lago, ladeando su largo cuello y alzando el vuelo provocó en la niña Patricia Lee Smith el anhelo por encontrar las palabras adecuadas para transmitir las emociones. Le gustaba rezar las oraciones que su madre le enseñaba, pero pronto sintió que necesitaba imaginar las suyas para poder expresarse.

La lectura le abrió las puertas de la fantasía y le dio aliento en una infancia enfermiza como la de Marcel Proust. Le regalaron un ejemplar de ‘Cantos de Inocencia’ y ‘Cantos de Experiencia’, de William Blake, y se quedó prendada de esas “impresiones iluminadas” donde la poesía y la imagen forjan una unión inseparable. Blake le conducirá y acompañará en ese “camino místico” que sigue recorriendo en medio de las “terribles simetrías” de la vida.

A los 16 años, Arthur Rimbaud se convirtió en su “compañero, pariente y amor secreto”. Le atrapó su mirada desde la portada de una edición de ‘Iluminaciones’ en el quiosco de la estación de autobuses de Filadelfia. No tenía los 99 centavos necesarios para comprar el libro y se lo metió en el bolsillo. Patti y Arthur se escaparon juntos a Nueva York y por él “escribí y soñé”.

Son recuerdos que Patti Smith compartió en su libro ‘Just Kids‘, traducido como ‘Éramos unos niños’. Unas memorias que cumplen la promesa que le hizo a Robert Mapplethorpe de contar sus experiencias de juventud en Nueva York.

En una tarde de indian summer (veranillo de San Martín), en la que Patti y Robert paseaban por Washington Square, una pareja mayor se fijó en ellos. La mujer le dijo al hombre que los fotografiase porque creía que eran artistas; él la disuadió diciendo que “solo eran unos niños”. Esa mujer supo ver a dos seres que vivían para el amor, la amistad y el arte.

'Just Kids'. 'Éramos unos niños'. Patti Smith

Patti Smith no nos ofrece una visión idealizada o romantizada de aquel tiempo: sin comida, sin techo, enlazando trabajos precarios. Ella misma reconoce que la literatura de los escritores del siglo XIX podía alimentar el alma, pero “hasta Baudelaire tenía que comer”. Patti y Robert hacían collares, dibujaban, escuchaban una y otra vez los discos que les gustaban, miraban las ilustraciones de William Blake… Robert experimentaba con los objetos y el collage, hasta que, animado por Patti, la fotografía le permitió esculpir la realidad y mostrar lo invisible.

El 10 de febrero de 1971, en una fecha de buenos augurios, Patti Smith dio su primer recital de poesía acompañada por la guitarra de Lenny Kaye. Pero Robert Mapplethorpe insistía en que cantara; ella sintió que debía hacerle caso. Formó una banda de rock and roll y en otoño de 1975 grabó su primer album, ‘Horses’.

Patti quería que Robert se encargase de la portada y él, con solo doce disparos de cámara, creó un retrato icónico. Apoyada contra una pared con una impoluta camisa blanca comprada en la tienda del Ejército de Salvación y la chaqueta negra al hombro, mira a la cámara mostrando fuerza y vulnerabilidad, el homenaje a sus referentes y su absoluta libertad artística. Patti contó que cada vez que mira esa fotografía ve un retrato de los dos. Juntos alcanzaron el sueño de ser artistas porque, como Robert le decía, “nadie ve como nosotros”.

La icónica portada de 'Horses' de Patti Smith, fotografiada por Robert Mapplethorpe en 1975.
La icónica portada de ‘Horses’ de Patti Smith, fotografiada por Robert Mapplethorpe en 1975.
Aires de cambio, rock visceral y sueños de la infancia

El 20 de octubre de 1976, Patti Smith dio su primer concierto en España en el pabellón del club juventud de Badalona ante 5.000 personas. Allí se inició su amistad con Gay Mercader, el promotor del concierto, que la considera un ejemplo de integridad y autenticidad. Ambos compartían gustos musicales y literarios y Patti Smith, que se reconoce supersticiosa, le señaló que la fecha del concierto coincidía con el cumpleaños de su amado Arthur Rimbaud. Un veinteañero Damián García Puig, desde la revista Vibraciones, definió su actuación como “rock’n’roll visceral, iluminado, experimental, ácido, eterno».

Patti Smith recordó en Oviedo que la primera vez en España no fue un concierto perfecto, pero sí emocionante, porque se percibía el entusiasmo y la esperanza de la juventud, la conciencia de estar ante un cambio. Esos mismos aires de libertad que se respiraban en las calles de Nueva York cuando ella llegó a finales de los años 60.

Yo acababa de cumplir 6 años. En la televisión y en la radio se escuchaba una canción sobre la libertad sin ira. Me gustaba la lectura y la música, pero mi fascinación en aquel momento eran las series de dibujos animados japonesas. ‘Heidi’ y ‘Marco, de los Apeninos a los Andes’ se estrenaron en España entre 1975 y 1976. Sus directores, Isao Takahata y Hayao Mizayaki, crearían una década después Studio Ghibli.

El espíritu gigante Totoro, la niña Chihiro, la joven Nausicaa o la princesa Mononoke son algunos de los protagonistas más recordados. Sus historias tratan de crecimiento y evolución personal, con protagonistas femeninas fuertes y valientes. El mundo real y los mundos fantásticos, la belleza y la fealdad se unen de forma poética. Enseñan las consecuencias devastadoras de la guerra y transmiten un mensaje de profundo humanismo.

Ha pasado medio siglo y los Premios Princesa de Asturias concitaron en Oviedo a la primera mujer en dar la vuelta a la Luna, Christine Koch; al escritor que reflexiona sobre la felicidad, Julian Barnes; y al historiador británico que ama a Europa y a la libertad, Timothy Garton Ash.

A los científicos que trabajan juntos para salvar vidas, David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer; a quienes velan por la preservación de las semillas que alimentan al mundo, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard; al deportista que a pesar de las dificultades soñó con el triunfo y lo consiguió, Leo Messi; a quienes humanizan el mundo dibujándolo a mano, Studio Ghibli; y a la niña con “estrella azul” que siempre quiso ser artista, Patti Smith.

Durante una semana, estas personas de diferentes generaciones, que han alcanzado reconocimiento y celebridad, se reunieron con jóvenes y mayores para compartir sus sueños y lanzar un mensaje de esperanza.

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Por una de esas simetrías de fechas, Patti Smith volvió a dar un concierto en España un 20 de octubre y lo repitió al día siguiente en un pabellón de deportes, ante 5.000 personas, como la primera vez. Las entradas se agotaron en pocos minutos y no tuve suerte. Pero el viernes anterior había conseguido inscribirme en una actividad sobre sus canciones: ‘Coro de una noche’.

Llegué pronto a la Fábrica de la Vega, la antigua fábrica de armas de Oviedo, y recorrí las instalaciones artísticas que homenajeaban a los y las premiadas. La fotografía de Robert Mapplethorpe para ‘Horses’ me recibió al pie de la escalera de la antigua Escuela de Artes y Oficios y un lema sobre la puerta: amad y respetad el arte. En el interior, una exposición de dibujos y fotografías de Patti Smith. Entre ellas, me llamó la atención ‘Las zapatillas de Robert’, una delicada imagen de un objeto cotidiano que parecía contener la memoria de sus dos vidas.

Se acercaba la hora del coro y me apresuré a ver el gran hidroavión rojo diseñado por Miyazaki para ‘Porco Rosso’, las instalaciones ‘Gaia y el Museo de la Luna’, de Luke Jerram, y ‘Paisaje en espera’, donde vi crecer el campo de cereales digital ‘Svalbard Seeds’, de Hugo Martínez-Tormo. Cuando llegué a la nave almacén, me esperaba un regalo: nos habían convocado para ensayar la canción ‘People Have the Power’ y, si queríamos, a la semana siguiente podríamos cantarla junto a Patti Smith para darle una sorpresa.

El poder de una canción compartida
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En el autobús hacia Oviedo, me di cuenta de que había otras personas repasando la letra de la canción. Desde la ventanilla se veían decenas de niños y niñas que se dirigirían al palacio de deportes para ver a su ídolo Leo Messi. Y a las puertas de la Fábrica de la Vega se iban concentrando coros de toda Asturias y quienes habíamos ensayado durante aquella noche.

Más de 3.000 personas nos situamos frente a la puerta de la Escuela de Artes y Oficios para esperar a Patti Smith. Había gente de todas las edades, niños y niñas, algunas jóvenes vestidas de blanco y negro como en la portada de ‘Horses’.

Ella llegó puntual, peinada con sus dos trenzas y acompañada por su banda y sus dos hijos. Se llevó las manos a la cara, emocionada y sorprendida, y comenzó a cantar. La seguimos con la dirección del músico asturiano Aaron Zapico y sentimos la armonía de las voces, la comunión espiritual entre desconocidos y el poder de soñar. Al terminar, nos dijo que a Fred “Sonic” Smith le habría encantado estar allí, porque ellos habían compuesto esta canción con la esperanza de que algún día ayudase a la gente a expresarse.

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Tras su estancia en Asturias, en una conversación con Dua Lipa en el London Literature Festival, definió este momento como “el pan de los ángeles”, ese alimento que cae del cielo para nutrir el alma. Pero fue ella quien llegó como un viento cálido y durante “una temporada en el paraíso” lo repartió entre nosotros con su poesía cantada.

Patti se hizo famosa, Robert, aunque ese no era su objetivo. Ella deseaba ser artista y libre. Y con el poder de la palabra hallará la eternidad.