LABoral Centro de Arte y Creación Industrial. La Noche Blanca de Gijón/Xixón 2026

#MAKMAArte
La Noche Blanca de Gijón/Xixón 2026
Organiza: Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón/Xixón
2 de octubre de 2026

«Era una noche maravillosa,
una de esas noches, amable lector,
que quizá sólo existen en nuestros años mozos»

‘Noches Blancas. Novela sentimental (Recuerdos de un soñador)’ (1848), de Fiódor Dostoyevski
La ciudad sale de noche

Durante las noches blancas, el cielo de las regiones polares se ilumina durante toda la madrugada. Este fenómeno coincide con el solsticio de verano y la ciudad de San Petersburgo celebra las belyye nochi de forma intensa con múltiples actividades que incluyen festivales de música, danza o artes visuales.

París se inspiró en estas noches blancas para crear la Nuit Blanch, en 2002, con el objetivo de acercar la creación contemporánea a la ciudadanía. Ya en 1997, Berlín había organizado la Lange Nacht der Museen (Larga Noche de los Museos). Muchas ciudades europeas se unieron a estas iniciativas que se fundamentan en la gratuidad, la vanguardia, la ciudadanía y la sostenibilidad.

Avilés, Gijón y Oviedo, tres ciudades al norte, celebraron de forma conjunta su primera Noche Blanca en octubre de 2009. Años después, ya en solitario, durante cada edición nos proponen vivir una noche especial de cultura en torno a los solsticios de verano y otoño.

La Noche Blanca de Gijón/Xixón 2026

La Noche Blanca es un evento que siempre provoca nuestro FOMO (Fear of Missing Out), el temor a perderse algo. Aunque estudiemos con detenimiento el programa y utilicemos el Bus de la Noche Blanca, es imposible llegar a todo. Es preciso elegir y esperar pacientemente porque los aforos se completan rápido.

El pasado sábado 2 de octubre, Gijón vivió una noche sin luna. Su luz se había escondido en las plazas, museos, centros y galerías de arte. El juego consistía en encontrarla entre la infinidad de actividades propuestas. Yo acepté y la busqué en LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, el Museo Casa Natal de Jovellanos y la Capilla del Palacio de Revillagigedo.

Luces escondidas en la noche de LABoral

LABoral Centro de Arte y Creación Industrial inauguraba esa noche la exposición ‘Interdependencias’, fruto del proyecto LAB Alumni Studi en colaboración con PHotoESPAÑAy el proyecto ‘Obra Invitada’ con la instalación ‘Cambiantes’, de Analivia Cordeiro, procedente de la New Art Foundation de Reus. Nos proponía también un recorrido por la instalación ‘Iconoclast’, de Daniel Canogar. Tres propuestas que reflexionan sobre la construcción de la identidad y la memoria en el mundo contemporáneo a través de las relaciones de los cuerpos con objetos, tradiciones, imágenes o tecnologías.

‘Cambiantes’ (1976/2015) es una videoinstalación fundamental en la historia del videoarte y la videodanza de la artista y bailarina brasileña Analivia Cordeiro. Es la primera obra invitada de un programa que destina un espacio específico a una única pieza emblemática procedente de colecciones públicas o privadas. Su presentación se convirtió en un sentido homenaje a Vicente Matallana, director de New Art Foundation y New Art Centre que dedicó su vida profesional a la promoción, conservación y divulgación del arte digital en España.

La videoinstalación que se presenta es la realizada en 2015 a partir del material audiovisual original. LABoral la muestra con el concepto espacial de un cubo a escala humana, tal y como fue concebida en 1976. La compañía de artes escénicas asturiana Meraki Cía le dio vida con la performance ‘From Body to Code/Revisited (Del cuerpo al código/Revisitado)’. La pareja de bailarines con el código en blanco y negro sobre sus cuerpos escribieron sus movimientos en el espacio, deteniendo el tiempo que compartimos ante ellos.

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A continuación, pudimos acceder al cubo de la proyección y mezclar las sombras de nuestros cuerpos con las imágenes de los bailarines cumpliendo la idea de Analivia Cordeiro: “Para mí, la vida es imposible sin movimiento. Si no te mueves, mueres. Es una idea muy sencilla, pero fundamental; y no solo para mí, sino para todo el mundo. Explorar el movimiento es explorar la vida”.

La Noche Blanca no solo la disfrutan los adultos, los más pequeños también exploraron las posibilidades del movimiento y la imagen en el espacio durante el taller ‘Cuerpos que cambian, imágenes que se mueven’, impartido por Kamante Teatro y organizado por Asociación Amigos/as de LABoral, a través de su programa ‘pequeLAB’. Se iniciaba esa noche una actividad pensada para que las familias vivan experiencias compartidas en el centro de arte y se creen comunidades.

De galerías a museos: memorias e intimidades compartidas

Con la emoción de este inicio de la noche, viajé en el bus con cierta premura para llegar al Museo Casa Natal de Jovellanos. Caminaba con prisa por el Paseo de Begoña, pero me detuve atraída por la luz de las bombillas de una verbena tradicional y la música emocional de MaiteQuiero. Mientras Maite Gallardo desgranaba las canciones de su primer álbum en solitario, ‘Un ángel y yo’, sentí como nos adentrábamos en un lugar de intimidad, de deseo y erotismo, de vulnerabilidad, recuerdos e identidad.

Continué mi itinerario hacia la plazuela de Jovellanos coincidiendo con muchas personas con el programa de La Noche Blanca en mano y otras muchas que disfrutaban del ocio nocturno gijonés. Cuando llegué a las puertas de museo, el aforo estaba completo y tuve que esperar al siguiente pase. Aproveché esta pausa para observar el ambiente de las galerías de arte cercanas.

Un taller de Natalia Suárez, ‘Woodic’, enseñaba en la Galería Bea Villamarín la técnica japonesa kintsugi. La reparación dorada de la cerámica dañada es una metáfora de la fragilidad de la vida, la fortaleza de mostrar nuestras heridas y la belleza de la imperfección. Los objetos, como nosotros, son obras de arte únicas en constante transformación. En Galería Llamazares, ‘Velvet Session’ ponía música a los paisajes de la memoria de las pinturas de invierno de Hugo Fontela.

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Volví hacia la Casa Natal de Jovellanos, donde Dana Raz Dance estaba escribiendo el segundo capítulo de ‘Corpus’, su creación para La Noche Blanca de 2023. La escenografía y el vestuario son diseño de Luis Antonio Suárez, que nos dejó en agosto de 2026. Fue miembro fundador del Laboratorio de Danza, con el apoyo de la Universidad de Oviedo, a finales de los 70 y del pub la Santa Sebe en los 80.

Luis Antonio consideraba que este bar, que llenaron de televisores porque creían en el poder de la imagen, era también una especie de laboratorio donde ensayar la modernidad en Oviedo. Su trabajo, como la danza, se mueve en el territorio de lo efímero, pero deja su impronta en la memoria.

Los cuerpos acompañados de la música en vivo de Sara Muñiz se convirtieron en las cajas de resonancia de las obras de arte del museo proyectando sus historias al aire y envolviendo al público en las escenas. Recorrimos las salas de la pintura del siglo XIX con la danza de las olas del mar, las redes y el trabajo o las tormentas de nuestro interior. Un alma afligida se escapaba de esa oscura hamaca-ataúd del escultor y pintor José María Navascués, o quizás era el piloto del coche de carreras, conductor y conducido.

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Muy cerca, Gaspar Melchor de Jovellanos, con el pensamiento atrapado en los papeles, buscaba la luz de las ideas. Mientras tanto, en otra sala, los bailarines se volvían líneas, materia y forma, los llenos y vacíos de la escultura de Amador. Finalmente, todos se encuentran en el patio del museo frente al lienzo de Luis Pardo ‘Asturias’, de 1934. La alfombra roja de las mariscadoras o el traje rojo de Dana Raz en Amador son el eco del traje popular, de la identidad. Las cabezas están cubiertas por monteras, tan pronto erguidas como lánguidas, que se giran flexibles velando el rostro. Comienza el ritual del baile circular donde los cuerpos se enlazan ante la mirada del tiempo.

Y la fiesta popular continuó en la capilla de otro palacio con el grupo El Nido sorprendido por las sillas preparadas para el público. Sabían que la música se escucha con el cuerpo en movimiento. Desde los primeros compases, nos subyugaron con el poder de la percusión de la sartén y la lata de pimentón y las parejas comenzaron a bailar las jotas en las naves de la capilla. La formación burgalesa reinvindica la cultura en directo, la tradición y el futuro, las raíces y la identidad a través de folklore. Su último álbum se titula ‘La Constancia’, la palabra precisa para quienes persisten en la certeza de la importancia de la cultura.

Una resistencia íntima, nocturna y cultural

La unión del arte, danza y música en el recogimiento de la noche que viví dentro de estas tres arquitecturas singulares creó una atmósfera que era compartida, sabedores de estar viviendo un momento único. La Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón/Xixón nos invitó a mover las fichas en el tablero cultural de la ciudad y creo que conseguimos la alineación.

Dicen que la vida nocturna está en crisis, se habla de la turistificación de la noche. La UNESCO reconoce el patrimonio inmaterial de la noche como expresión cultural. En los años 90, el investigador en política y planificación cultural Franco Bianchini planteaba el valor del ocio nocturno en los procesos de regeneración urbana, inclusión social y construcción comunitaria. Y lanzaba una pregunta: “¿Queremos una ciudad flexible, de mente abierta, ingeniosa y creativa, o queremos una ciudad de horas punta, atascos, centros urbanos peligrosos y desiertos por la noche y estilos de vida suburbanos y reglamentados?”.

La Noche Blanca de Gijón/Xixón es un acto de resistencia íntima cultural que genera nuevos espacios de sociabilización y memoria compartida. Un patrimonio intangible que perdurará en el recuerdo durante las oscuras noches del otoño.