Nacho Segarra

#MAKMALibros
‘Sexbook. Una historia ilustrada de la sexualidad’
Nacho M. Segarra, María Bastarós y Cristina Daura
Editorial Lumen

La sexualidad es un enigma fascinante. Un vasto territorio que por mucho que se explore e investigue no deja de ofrecer sorpresas, maravillas y también horrores. Orientarse por él sólo era posible mediante una brújula concebida a partir de dos puntos cardinales: Hombre y mujer. Mujer y hombre. En los albores del siglo XXI, la revolución LGTBI ha desplegado un amplio abanico, un espectro de mil colores que enriquece esa limitada visión dualista.

‘Sexbook. Una historia ilustrada de la sexualidad’ (Lumen) refleja ese nuevo escenario, obra de un equipo muy bien compenetrado que se dio a conocer con ‘Herstory. Una historia ilustrada de la mujer’: Nacho M. Segarra, María Bastarós y la ilustradora Cristina Daura. En gran formato ofrece un ameno viaje por la sexualidad a través de los siglos, con especial énfasis en los últimos tiempos, desde la Viagra, al sexo durante la pandemia.

“Más que una historia, ‘Sexbook’ es un conjunto de historias, un pastiche o un collage de narraciones mínimas, de grandes hechos, de descubrimientos, de luchas, de cotilleos”, dice María Bastarós, gestora cultural y promotora de la campaña ‘Sentim les llibreries’, que acaba de publicar un libro de relatos.

Portada de ‘Sexbook’.

“Hemos tratado de recurrir a todo tipo de fuentes y enfoques, porque la sexualidad es un tema con millones de ramificaciones que está ahí desde que el ser humano existe. También hemos intentado mantener un tono elevado, positivo, con dosis de humor, pero no faltan capítulos duros sobre temas como la mirada colonialista sobre la sexualidad de las mujeres indígenas, la violencia sexual como herramienta de guerra o el caso de la Manada y el debate sobre el consentimiento. ‘Sexbook’ es una obra caleidoscópica”.

Bastarós y Segarra trabajaron juntos en el recorrido LGBT del Museo Thyssen, en cierto modo germen de ‘Sexbook’, un proyecto que ha exigido ardua documentación. «Hemos descubierto lo absolutamente silenciada que está la historia de la sexualidad protagonizada por minorías y mujeres», apunta Segarra, periodista, licenciado en Historia del Arte y máster en Estudios Feministas.

“Hemos querido respetar esos silencios teniendo en cuenta que muchas de las protagonistas no hablaban por si mismas, sino que lo hacían por ellas los jueces, los policías, los aparatos represivos. Partiendo de ahí, y sabiendo de antemano que iba a ser una historia fragmentaria acudimos a una gran variedad de fuentes, desde historias y enciclopedias de la sexualidad, hasta biografías, películas, historias de la moda, canciones, divulgadores sexuales en redes, etcétera”.

Uno de los datos que más les llamó la atención es que hasta principios del siglo XIX la ciencia aseguraba que sólo existía un sexo, el del varón, cuyo pene y testículos representaban la máxima perfección, mientras la mujer los portaba en su interior. “Según una monografía de Thomas Laqueur, circulaban en la época moderna numerosas historias de mujeres que al saltar una valla o cantar muy fuerte, de repente, mutaban de sexo”.

Algunas de las ilustraciones del libro ‘Sexbook’, por cortesía de sus autores.

Siendo una función biológica natural y fuente de placer, el sexo ha generado infinidad de sufrimientos y conflictos debidos en gran parte al influjo de la religión. «Pronto se descubrió que las restricciones sobre la sexualidad constituyen un modo de control privilegiado sobre la población», señala Segarra.

“Hasta el siglo XII la Iglesia católica no estaba interesada en perseguir la sodomía, pero a partir de ese siglo, cuando se impone el celibato a los curas, se descubre que la acusación de sodomía sirve para denunciar a herejes como los cátaros, homosexuales y personas de otras religiones. En resumen, el control de la sexualidad se convierte en una herramienta privilegiada para atacar la diversidad”. 

Bastarós subraya que el efecto de la religión cristiana en la salud sexual y psicológica de las personas “ha sido absolutamente devastador”. En ‘Sexbook’ se explica cómo se empiezan a considerar pecado determinadas prácticas como la sodomía.

“La religión ha condenado la diversidad sexual, el placer femenino, y ha fomentado una sensación de culpa en torno al sexo y la masturbación que causa neurosis y depresión”, afirma. “Ha encerrado a mujeres en reformatorios o cárceles, como el Patronato Nacional de la Mujer en España durante el franquismo por tener iniciativa en el terreno sexual y hasta por haber sufrido una violación. La obsesión de la religión católica por el sexo es una de las grandes tragedias de nuestra historia”.

Páginas interiores del libro ‘Sexbook’, por cortesía de sus autores.

Además de esta pulsión represiva, la Ciencia ha manipulado la visión de la sexualidad femenina. “Desde la ciencia y la academia se ha hablado sobre las mujeres y su sexualidad sin argumentarios empíricos. Los discursos desde dichos poderes solo han respondido a los intereses de los hombres; dar continuidad al status quo y mantener bajo su control y con plena disponibilidad material y emocional a la otra mitad de la población”.

“La libertad y la iniciativa de las mujeres se ha coartado en todos los planos: laboral, económico, jurídico, político, creativo, sexual… Durante décadas se afirmó que las mujeres no eran capaces de tener orgasmos, luego que estos solo eran posibles si eran vaginales y no clitorianos. Desterrar el placer de la vida de las mujeres es una forma de control, igual que educarlas en el amor romántico y en la docilidad, o prohibirles ir a la escuela, conducir, o tener cuentas bancarias”.

El movimiento LGTBI ha roto muchos prejuicios y tabúes, ¿existe el peligro  de una involución? El futuro no está claro para Segarra. “El sistema sexual y afectivo bajo el que hemos vivido los últimos siglos es el de la heterosexualidad y la familia. Muchas veces este sistema se ha impuesto de manera violenta y otras por consenso, y para mantenerlo se han hecho algunas concesiones como ampliar el matrimonio hasta incluir a la homosexualidad, pero la violencia no se abandona. Un gay residente en una gran ciudad dispone de una red de bares, oferta cultural, tiendas, etcétera, pero al mismo tiempo, tal y como hemos visto, puede acabar muerto de una paliza”, concluye Nacho M. Segarra.

Nacho M. Segarra, Cristina Daura y María Bastarós
De izda a dcha., Nacho M. Segarra, Cristina Daura y María Bastarós. Imagen cortesía del autor.