Álex Gadea. Un viaje sin retorno. Rambleta

#MAKMAEscena
‘Un viaje sin retorno’, de Álex Gadea
Dirección: Ernesto Caballero de las Heras
Intérpretes: Ana Diaz y Álex Gadea
Producción: Rualanga, Fun Fun Comedy, Tablas y Más Tablas, Meditea Teatro, GNPC y Bísilaba
La Rambleta
Bulevar Sur esquina Pío IX, València
8 de mayo de 2026

Años 50. Los españoles sufren los coletazos de la posguerra, pero las heridas comienzan a cicatrizar y una débil luz parpadea al final del túnel. Un joven arrocero valenciano decide trasladarse a las marismas del Guadalquivir en busca de oportunidades y allí conoce a una chica que vende pollos en las ferias.

«Los dos se enamoran, quieren comerse el mundo y su historia es un reflejo de la vida, con sus éxitos, fracasos y regalos de la fortuna que, a veces vienen envenenados», dice Ernesto Caballero acerca de ‘Un viaje sin retorno‘, que también dirige ‘Tras el ensayo’, de Bergman, que se representa en el Teatro Español de Madrid. La obra, que sube a escena en La Rambleta el sábado 8 de mayo, «refleja la memoria emocional de una época, está muy bien contada, porque Gadea tiene muchas tablas, sabe manejar las situaciones y la acción dramática y usa un lenguaje limpio y elocuente».

Mientras el autor valenciano escribía el texto de ‘Un viaje sin retorno‘, fue a ver ‘Esta noche se improvisa una comedia’, de Pirandello, dirigida también por Caballero, y supo, sin duda, que era la batuta que necesitaba. El flechazo fue mutuo. «Esta historia me acompaña desde hace mucho tiempo, porque me fascina la vida de los cómicos intinerantes», afirma Álex Gadea.

«Nace de la necesidad de hablar de cómo vivían hace más de setenta años para no perder la referencia de quienes nos han precedido en este oficio. En todas las épocas ha existido la figura del cómico, bufón, histrión, comediante, intérprete, actor, artista… A veces, en contextos históricos y sociales dramáticos. Y, a pesar de ello, no ha habido guerra, bomba nuclear o pandemia que haya podido exterminar un arte que ha perdurado a través de la historia, ejerciendo una conexión con el público que todavía existe».

Ana Diaz y Álex Gadea en un instante de ‘Un viaje sin retorno’, de Rulanga Teatro. Foto: marcosGpunto, cortesía de La Rambleta.

«Mi abuelo recordaba que en plena posguerra nunca faltó una carreta de cómicos», rememora Gadea. «De pronto, aparecían poniendo una tela pintada en mitad de una plaza, sacaban unos viejos retales de un baúl e intentaban que la gente se olvidara de sus infortunios. Mis protagonistas, Chelito y Federico reflejan ese mundo, pues ambos conocen lo que es hacer una turné por la España rural de los años 50, pero también he querido hablar de otras cosas, como el amor, la ambición, la supervivencia, el éxito y el fracaso».

«Esta función es un alegato sobre la fantasía del éxito y sus consecuencias», refrenda el actor y dramatugro. «Es mi primer texto dramático, aparte del que escribí al salir de la Escuela con José Burgos. El proceso ha sido tan gratificante que pienso repetir».

Es la cuarta vez que Diaz y Gadea comparten escenario tras ‘Cyrano de Bercerac’, ‘Ortega’ y ‘La Regenta’. La compenetración profesional y la complicidad de su relación de pareja les ha proporcionado una base sólida para lanzarse a la aventura de crear un compañía propia, Rualanga.

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«Los actores siempre estamos a la espera de que nos llamen, de un contrato, del personaje que te adjudican, y ha llegado el momento de ser parte activa de nuestros proyectos. Tenemos la ilusión de convertirnos en una compañía de repertorio, con montajes que se adapten tanto a los grandes teatros como a las plazas de los pueblos, como ocurre con ‘Un viaje sin retorno‘, que girará hasta 2027, tal vez un año más».

Para Caballero es una «feliz iniciativa» que los actores creen su propia compañía, «dejen de ser sujeto pasivo y apuesten por un proyecto». El prolífico y prestigioso director se muestra esperanzado por el futuro del teatro.

«Vivimos un momento creativo pujante y la respuesta del público, harto de pantallas, es muy positiva. Pero las artes escénicas se sustentan en una industria muy delicada que requiere un cuidado constante», concluye Caballero de las Heras, cuyo ámbito preferido es la sala de ensayo, el puente entre la palabra escrita y la encarnada.