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Mariona Brines, artista plástica y sobrina del poeta Francisco Brines
Una entrevista de Amparo Lledó Morell y Marisa Giménez Soler
Desde hace casi tres décadas, la pintura y el arte son para Mariona Brines (València, 1962) inspiración y vida. De madre alemana y padre valenciano, nació y pasó su infancia y adolescencia en València. Más tarde, viajó a Alemania, donde se formó académicamente y comenzó a trabajar como diseñadora y editora de moda en varias publicaciones. Pasados los años, sus inquietudes artísticas la llevarían a indagar, a experimentar, en la pintura, la fotografía y el land art.
Cuando se instaló definitivamente en València, en 1999, su camino firme en el mundo de la pintura había comenzado. Desde entonces, su trayectoria ha ido creciendo impulsada por el rigor y la coherencia. Las exposiciones se han ido sucediendo, su técnica ha ido evolucionando, haciendo del collage su territorio particular: un lugar donde retrotraerse al juego, a la libertad de la infancia y a la luz de la memoria.
Con conocimiento del espacio, el ritmo, el dominio del grafismo, del brillo del color como reclamo, articula un lenguaje conciso, directo, que revive paisajes interiorizados, sueños y visiones imaginadas; trampantojos emocionales atravesados por texturas reminiscentes y destellos tamizados. Flores exóticas, cítricos, azahar, pájaros y mar invocan una sugerente e intensa percepción de los sentidos. Imágenes, sonidos, olores de referencia alientan su senda artística.
Sobrina del premio Cervantes Francisco Brines (Oliva, 1932-Gandía, 2021), su vida y su obra han estado siempre ligadas a la poesía y al paisaje de Elca, la finca familiar en Oliva, un lugar inspirador en los versos del poeta y al que Mariona siempre vuelve.
Recientemente, sus últimos collages se han podido contemplar en la exposición ‘Pureza’, en el Espacio Ronda Valencia, acerca de la cual y en torno a su formación, al camino artístico recorrido, a sus recuerdos y a los proyectos que vendrán hablamos en la siguiente entrevista.
De padre valenciano y madre alemana, tu infancia y juventud transcurrió entre dos países.
Sí, mis abuelos tenían huertos de naranjos y enviaban las cajas con la fruta al puerto de Hamburgo. Mi padre se encontraba allí supervisando las naranjas que llegaban, y en esa ciudad conoció a mi madre. Se casaron en Alemania, donde nació mi hermano. Más tarde, vinieron a València, donde se instalaron, y aquí nací yo.
Fui al Colegio Alemán –desde el jardín de infancia hasta el final–, donde hice el bachillerato alemán (Abitur) y la selectividad española; después decidí irme a Alemania a estudiar porque allí se había trasladado a vivir mi madre. Me matriculé en la Facultad de Diseño de Hamburgo (Fachhochschule für Gestaltung) en la especialidad de Diseño de Moda y Artes Gráficas, licenciándome en 1986. Pasé casi veinte años viviendo en Alemania.

Tras acabar la facultad, tus primeros trabajos en Alemania estuvieron centrados en el mundo del diseño y la moda. ¿Qué recuerdas de aquella época?
Trabajé dos años como diseñadora de moda en una empresa textil en Weinheim, a 100 kilómetros al sur de Fráncfort.Luego volví a Hamburgo, donde trabajé durante diez años en dos agencias de publicidad como directora artística en catálogos de moda. Cuando llegaban las colecciones de ropa, yo ideaba las sesiones fotográficas dibujando bocetos y figurines en un Folder (catálogo hecho a mano). Durante esa época, viajaba frecuentemente, sobre todo a Miami, junto con el fotógrafo y los equipos de estilismo y peluquería. Las modelos se encontraban ya allí; Miami era entonces el centro de la fotografía de moda. Una vez hecho el fotoshooting, supervisaba las diapositivas, las presentaba y diseñaba el catálogo para su publicación.
Me encantaba mi trabajo, pero, después de años así, empecé a notar que me faltaba algo, que necesitaba una mayor profundidad; y es ahí cuando comencé a acudir a talleres y cursillos los fines de semana, de pintura, dibujo y otras técnicas artísticas. Recuerdo bien el primero: era de fotografía en blanco y negro y el profesor, acompañado por un filósofo, nos introdujo en el paisaje fotográfico visual y conceptual; ese taller me dejó una huella inolvidable.
Luego, tomé parte cuatro años seguidos en la Academia Internacional de verano Scheersberg,(Flensburgo), al norte de Alemania, junto con estudiantes de arte de Polonia, Lituania, Dinamarca y Alemania. Se impartían talleres interdisciplinares: cine, fotografía, land art, música, danza y pintura. Mi primer taller allí fue de collage con una artista lituana. Fue mi primer encuentro con el collage, una técnica que más tarde sería relevante en mi trabajo.
¿Cuándo tomas conciencia de que el arte se está convirtiendo para ti en una forma de vida?
Paralelamente, yo seguía trabajando en la agencia de publicidad, pero, después de unos años, empecé a dedicar menos horas a mi trabajo. Tenía dos o tres meses al año libres para profundizar en la pintura y descubrir la forma de expresarme artísticamente. Me hice miembro de la Asociación de Artistas Plásticos de Hamburgo (BBK), hasta que ya decidí que seguía por ese camino y, a finales de 1999, me mudé a València definitivamente, donde hasta el día de hoy trabajo como pintora.
La formación y la enseñanza también son importantes para mí. Tanto mientras vivía en Alemania como en el tiempo posterior en España, he estado dirigiendo talleres de pintura y collage en la misma Academia Internacional de Scheersberg, en la Universidad de Bielefeld y también en Egipto, donde me invitaron a El Cairo para dar unas charlas en la Facultad de Artes Aplicadas de Helvan. Los temas que elegí en las conferencias fueron el ‘Lenguaje Gráfico de Neville Brody’ y ‘El Cartel Artístico’, relacionándolos con mi obra y finalizando con un taller de collage dirigido a los estudiantes de Arte.

Quiénes han sido tus referentes. ¿Qué artistas han influido más en tu obra?
He indagado mucho en el impresionismo por el reflejo de la luz; especialmente, me interesan Cézanne y Van Gogh. Pero mis preferidos han sido Wassily Kandinsky y Paul Klee, por su magia en el uso del color y también por sus teorías sobre el arte, pasando por Sonia y Robert Delaunay, Matisse, Egon Schiele, Gustav Klimt y dos artistas que aún estaban vivos en esos años y que me emocionaron. Uno fue el pintor alemán Emil Schumacher y el otro Joaquín Michavila, al que conocí a través de mi tío. Su exposición llamada ‘Contrapunto’, en la Sala Parpalló, me impresionó. A partir de esas influencias, yo ya hice mi propio camino.
¿Qué temas inspiran tu trabajo artístico?
Las pinturas que hago son reflejo de mi mundo interior. Las temáticas suelen ser paisajes, casas, aves, insectos, mundos marinos, figuras imaginarias, signos, la simbiosis entre caos y orden, y el reflejo de la luz, aparte del color, el ritmo y la composición.
En tu larga trayectoria, ¿qué exposiciones destacarías?
Las más importantes en mi carrera han sido cuatro. La primera fue la individual que tuve en el Museo de la Ciudad; luego la del Palau de la Música, ‘Ornamento y Abstracción’; en el Espacio de Arte de Denia La Estación, ‘Imágenes Caleidoscópicas’; y la última hace un año, en la Sala de la Escuela de Arquitectura de la UPV, titulada ‘Elca’. Las cuatro las recordaré siempre con mucho cariño.
En tu última muestra en el Espacio Ronda Valencia, el collage es empleado en todas las obras. ¿Qué te atrae más de esta técnica?
El collage me gusta porque me da mucha libertad. Durante el proceso creativo se toman miles de decisiones sin pensar. Creo que lo soluciono intuitivamente y eso a mí me parece que es un poco como jugar, pero a medida que uno avanza se vuelve más complejo y, cuando ya está prácticamente terminada la obra, a veces ocurre que sigue faltando algo y me tomo mucho tiempo buscando la forma idónea de finalizarlo.
¿Por qué la titulaste ‘Pureza’?
Me vino a la mente mientras los estaba realizando. Ya tenía terminados algunos. Me siento en el estudio y los observo, me gusta verlos juntos, los siento interactuar unos con otros, y esa palabra fue la que me salió primero.
La evocación de las formas puras, la selección de colores, los fondos luminosos. ¿Cómo llegas a plasmar el concepto interior que quieres transmitir? ¿Cómo lo depuras hasta la expresión final?
Esta serie realizada con la técnica del collage se caracteriza por la contención de sus formas, por su minimalismo y abstracción y con la intención de visualizar la naturaleza en sus diferentes fases de crecimiento. La idea era enseñar la esencia de una planta; ser planta. Los fondos de color pastel contrastan bien con las formas de colores más intensos y le dan esa apariencia limpia y pura.

En tu obra anterior, los colores son más sombríos, los tonos sugieren más peso emocional, los formatos también han variado.
Soy una artista que hace series. Ya llevo casi treinta años, y paso por diferentes etapas en donde prefiero unos colores a otros, unas formas a otras, un mensaje a otro. En esta fase, me gustan los tonos claros y los fragmentos más grandes, como en otras épocas fueron los oscuros.
La poesía forma parte de tu entorno familiar: tu padre era el único hermano del poeta Francisco Brines. ¿Qué influjo lírico se percibe en tu obra?
Mi acercamiento a la poesía empezó en Alemania, donde descubrí a Rainer Maria Rilke y mi poeta preferida, Wisława Szymborska. Yo no es que sea una gran lectora de poesía, pero los poemas de estos poetas son como una Biblia para mí. Con la poesía de ellos dos he dado talleres de pintura y collage, y yo misma realicé un mural de nueve metros de largo utilizando su poesía como hilo conductor entre imágenes Ese cuadro se titula ‘Une Lettre de Maman’.
De la obra de mi tío, los poemas que más me gustan son los que tienen que ver con Elca, con su paisaje, y que me parecen muy pictóricos y emotivos. Y, como yo también he vivido allí desde pequeña, me son muy íntimos y familiares y los siento igual que él.
¿Qué significa para ti Elca, un lugar simbólico en el mundo poético?
Elca ha sido mi paraíso, y con la casa y sus alrededores me unía un sincero amor. Desde mis ojos de niña hasta mi mirada de adulta, Elca significó belleza, una belleza sin parangón; y no era solo por su paisaje y su naturaleza, eran los aromas, los reflejos de la luz, la balsa redonda y profunda con agua azul turquesa, el descubrimiento de los sentidos, el ciprés, la casa, sus habitaciones, el camino de las rosas, el atardecer dorado y la luna llena. Por eso Elca ha influido tanto en mi obra, plasmando en ella el sentido de la belleza que fue lo que me enseñó ese lugar.
Cómo fue la relación con Francisco Brines. ¿Conocía a fondo tu pintura?
Al volver de Alemania, tuve una relación muy bonita con Paco. Fue un descubrimiento mutuo y fue ahí cuando nos conocimos más profundamente. Ya antes de venir definitivamente a València, pasaba aquí algunas semanas en invierno, en casa de mi abuela, donde coincidía unas veces con mi padre, otras con él, y cuando estaba él, como sabía que pintaba, me llevaba a todas partes, a exposiciones, me presentaba a gente, entre ellos a Joaquín Michavila. A mi tío le gustaba mi obra y siempre me preguntaba sobre ella cuando nos veíamos.
Muchas veces, cuando venía a València a participar en actos o a ver a los amigos, se pasaba por mi casa e iba directo al estudio. Me acuerdo que me decía: “A ver, Mariona, dónde están los cuadros, los últimos, enséñame”, y entonces se sentaba en una silla y yo se los iba mostrando mientras los colgaba en la pared y le contaba; y él me decía cosas sobre ellos y charlábamos de pintura y de lo que hacía, y a veces me aconsejaba.
Disfruté mucho una obra que firmamos juntos: un libro de artista con el poema ‘Elca’; mis collages acompañaban los versos de su poema. Teníamos una relación muy bonita, ya como adulta, porque cuando era niña no coincidíamos mucho.
Presides el patronato de la Fundación Francisco Brines. ¿En qué proyectos artísticos estáis trabajando?
En la Fundación, tenemos previsto habilitar una sala de exposiciones en un espacio de la casa que antes era parte de la almazara. No es muy grande, no necesita mucha reforma y quedará bonita. Haremos exposiciones de pintura, escultura, fotografía…
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