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Marilyn Monroe (1926-1962)
‘The Lost Photographs, the Last Interview’ (‘Las fotografías perdidas, la última entrevista’), por Weldon Owen
Con motivo del centenario de su nacimiento
El de Marilyn Monroe es un caso absolutamente excepcional. Ninguna otra actriz, o incluso modelo, fue tan fotografiada como ella, y de ninguna otra se han realizado tantas operaciones de rescate de material inédito. Una dinámica que empezó tras su muerte y que llega incluso hasta nuestros días.
Con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento, acaba de publicarse ‘The Lost Photographs, the Last Interview’ (‘Las fotografías perdidas, la última entrevista’) publicado, en inglés, por Weldon Owen. ¿Cómo es posible que sigan apareciendo documentos inéditos de la actriz cuando se han superado las seis décadas de su muerte?
Hay varias claves que intentaremos desentrañar. La primera, y esencial, es eso que ha solido definirse como ‘el idilio de Marilyn con la cámara’. Hay que aclarar que esa expresión se refiere a la cámara fotográfica, frente a la que la actriz se sentía completamente cómoda.
No ocurría lo mismo con la cámara cinematográfica, que la generaba todo tipo de bloqueos e inseguridades. Desde muy joven, Norma Jean se sintió deseada y se acostumbró a gustar. Eso nunca le provocó ningún problema. Por otra parte, su naturalidad era tan desarmante que casi podría decirse que no era posible hacerle fotos malas.

Esto último es esencial. Es habitual que los fotógrafos –ya sean de prensa, de moda, o de fotografía artística– realicen muchas fotos para poder seleccionar un puñado de ellas que son las que ven la luz. Lo normal es que, entre las descartadas, haya algunas buenas también, y muchas inservibles, pero eso no ocurre con Marilyn. Las fotos sobrantes quizás sean repetitivas, similares en cuanto a la composición o en el vestuario, pero en casi todas luce la belleza y la expresividad de la actriz.
Una vez que la muerte de Marilyn la convirtió en un mito inmortal, todo ese material descartado se convirtió en material de interés para los fans. Y no sólo por motivos necrológicos; había un atractivo real en esas fotos, que aparecían como una forma de acceso privilegiado al alma contradictorio de la actriz: deseada y admirada por su belleza, pero insuficientemente apreciada por su talento. Segura en su capacidad de gustar, pero siempre anhelando ser amada.
Un buen ejemplo de estas operaciones de rescate es el caso de la sesión de fotos de Allan Grant, recuperadas ahora en ‘The Los Photographs…’, de las que solo una pequeña parte se publicó en LIFE, pocos días antes del fallecimiento de Marilyn Monroe en 1962.
Ahora, sin embargo, se publican más de 400 imágenes de esa sesión, en ropa informal y desenfadada, la única que se tomó en su propia casa, un mes antes de su muerte. Esa abundancia de material habla también de una generosidad de la actriz que no volverá a repetirse en adelante. Luego volveremos a ello.
Otro ejemplo del valor de los descartes de Marilyn es la célebre sesión de Ben Stern ‘The Last Sitting’, la única en la que la actriz posó desnuda, solo protegida por un velo transparente, y también del año 1962. Concebida inicialmente para la revista Vogue, el material fue rechazado por su atrevimiento, aunque finalmente tuvo vida propia.
En esta ocasión la actriz pactó con el fotógrafo las imágenes que podrían usarse y tachó expresamente en los negativos las que descartaba, quizás por verlas excesivamente explícitas. Muchas de esas imágenes ‘tachadas’, sin embargo, fueron rescatadas tras la muerte de la actriz por Stern en el libro en el que recoge una amplia selección de las más de 2.500 fotografías que le realizó. Hoy esas fotos descartadas tienen para nosotros un extraordinario interés y muestran a una Marilyn sin maquillaje, informal, desenfadada y seductora.
Una de las primeras operaciones de recuperación de inéditos fue la realizada por André de Diennes, que la fotografió al inicio de su carrera como modelo, cuando todavía no había dado el salto al cine. Su sesión en la playa, en blanco y negro, es, sin duda repetitiva, pero del máximo interés para cualquier aficionado, pues muestra la capacidad de seducción que ya tenía esa Norma Jeanne joven, ya absolutamente cómoda ante la cámara.
Marilyn es hija de su tiempo: vivió una fase de transición y de expansión de la cultura de masas. No podía saber las consecuencias de su generosidad frente a los fotógrafos, pero las que vinieron después ya sí fueron conscientes, de modo que no será fácil volver a encontrar sesiones tan extensas.
Falta por ver si ahora que ha fallecido Brigitte Bardot nos encontramos con algún descubrimiento similar, pero es poco probable. Marilyn tuvo que pelear por su estatus como artista, negándose a ser sólo una pieza en la maquinaria de Hollywood, pero no pudo controlar lo que los fotógrafos hicieron con sus retratos.
Otro libro que está a punto de publicarse: ‘Marilyn Monroe: A Portrait. The Official Catalogue’, que recoge el contenido de la exposición que la National Portrait Gallery le está dedicando en Londres, y que, hasta el 6 de septiembre, es una buena ocasión para contemplar el impacto de su figura en la cultura de su tiempo y posterior, así como una selección del plantel de fotógrafos que la retrataron.
En la exposición están presentes Cecil Beaton, Philippe Halsman o Bernard de Hollywood, entre otros. Pero también son claves las sesiones de su amigo y socio Milton H. Greene, Sam Shaw, Eve Arnold (que realizó las fotos del rodaje de ‘Vidas rebeldes’ para la agencia Magnum), Douglas Kirkland o George Barris, que compite también por el título de haber realizado las últimas fotos a la actriz.
Pero en ese historial de fotógrafos hay que incluir a Tom Kelley, que realizó las célebres fotos de desnudo del inicio de su carrera como modelo y que luego publicaría Playboy, cuando Marilyn ya era una actriz célebre, o Lawrence Schiller, que realizó la sesión de fotos del rodaje de su última e inacabada película ‘Something’s Got to Give’, trabajo que recogió en su libro ‘Marilyn y yo’.

Pero también le realizaron retratos ocasionales otros fotógrafos célebres como Richard Avedon. Desde que su fallecimiento la elevara decididamente al olimpo de los mitos trágicos, se han publicado decenas de libros que recogen la mirada particular de fotógrafos concretos sobre Marilyn, posibles por la generosa disposición de la actriz, y muchos más libros generales que seleccionan fotos de distintas procedencias, no todos ellos accesibles actualmente.
Todo ello es posible, claro, por el interés que Marilyn sigue despertando entre nosotros. Pero también porque ese material existe, porque ella lo permitió. A la postre, quizás sean esa legión de fotos, en distintos momentos, situaciones, lugares y con diferentes enfoques, las que mejor permitan acceder al alma contradictoria de la legendaria actriz.
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