Cristina Branco

#MAKMAMúsica
‘Mae’, de Cristina Branco
Noches en San Benito 2026
Patio de la Hospedería de San Benito, Valladolid
11 de julio de 2026

El reto de la tradición es seguir fiel al pasado sin renunciar al presente ni al futuro, de modo que pueda servir de puente entre los distintos tiempos de la historia y de las personas. Eso afecta tanto al fado y al flamenco como a cualquier género con raíces. Pero no siempre es fácil encontrar la fórmula alquímica adecuada para actualizar sin traicionar, para renovar sin adulterar. Para seguir reconociendo el sabor del vino viejo en el odre nuevo.

Cristina Branco, que se acerca a los treinta años de carrera en torno al fado, ha encontrado su propio molde, del que pudimos disfrutar el pasado sábado en las Noches en San Benito de Valladolid, en uno de los dos únicos conciertos españoles de su gira internacional (tras su paso por A Coruña).

Branco canta con la intensidad, la emoción y la fragilidad propias de una fadista eterna, pero envuelve su voz con arreglos de piano, guitarra portuguesa y contrabajo que suenan contemporáneos y nuevos sin dejar de conectar, ellos también, con la tradición fadista.

“Todos los fados que hemos cantado hasta ahora son fados tradicionales con arreglos nuevos”, aseguró a mitad de concierto. “Es mi forma de decir que el fado es algo que camina hacia el futuro”. En una entrevista concedida a MAKMA unos días antes desarrolló esta misma idea.

La fadista Cristina Branco.

“Durante muchos años, el fado fue una música hermética, muy cerrada, que necesitaba un aire nuevo. Y Mísia se lo aportó; ella es la gran renovadora. Yo quise aportar a mi música, a mi fado, elementos procedentes de otros dominios musicales, de otras culturas musicales, como el tango, de otras culturas sociales también”.

“Con ‘Mae’ (‘Madre’, su penúltimo disco) cierro un ciclo. Es como volver a lo materno, al útero del fado. Es como decir que ahora ya comprendo la tradición, y me gusta, pero le hago mi lectura. La mayor parte de los fados de ‘Mae’ son tradicionales con arreglos nuevos. Es música vieja con mirada contemporánea. Así veo yo el fado hoy”, añade.

Durante el recital, la fadista reclamó que la música es lo único que puede salvar a unas sociedades en las que ella detecta cada vez menos compasión. “La música es lo único que puede unirnos en un mundo que ya no siente”, aseguró.

En conversación con MAKMA, desarrolló esa idea: “La música tiene que ayudar a la armonización. La música une a las personas. Debe significar unión y comprensión y ayudar al entendimiento. Es vital para que las cosas cambien, para que las personas se comprendan, que hablen los pueblos, que bajen los puentes… La música tiene un papel fundamental en este momento porque es armonía”.

Cristina Branco cree que el fado “es una música tradicional que representa de alguna forma a Portugal, aunque es cosmopolita. Más que una música, es un estado del espíritu muy portugués”. Pero eso no le impide conectar de forma natural con otras culturas y tradiciones.

La conmovedora versión que la fadista ofreció de ‘Alfonsina y el mar’, la mítica canción de Mercedes Sosa, nos desveló el tango que se escondía en un tema que solemos escuchar con otros mimbres musicales y vocales. Y, sin embargo, ahí estaba la canción original con toda su intensidad. 

O ‘La tonada de la luna llena’, una canción venezolana compuesta por Simón Díaz y versionada por artistas como Caetano Veloso, que se convirtió en la segunda referencia hispana incorporada al repertorio de la cantante portuguesa, con gran riqueza tímbrica.

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“Hay que acercarse a la tradición con respeto”, explica Cristina Branco. “Musicalmente, el fado tiene como ochenta músicas tradicionales que puedes combinar con diferentes textos o letras y sigue siendo fado. Pero ese cancionero sigue creciendo. Carminho hace mucho eso, creando unas músicas que quizás podrían formar parte de la tradición en el futuro. Pero hacen falta muchos años hasta que algo pueda considerarse un fado tradicional”.

“Para que se mantenga vivo ­–continúa diciendo–, el fado tiene que evolucionar con la sociedad en la que está integrado. Mirar la tradición con los ojos puestos en el futuro. Y para mí ese es el fado de hoy. Piazzola lo ha hecho con el tango, Camarón de la Isla con el flamenco… También Amalia Rodrigues ha creado cosas, y siempre hay un momento de separación pensando en el futuro”.

La escucha de los fados produce, inevitablemente, sensaciones relacionadas con la nostalgia o la tristeza. Todavía hoy. Podríamos decir que forma parte de su naturaleza, por mucho que a veces haya sido visto como un lastre.

“Hoy en día, el fado es mucho más que nostalgia. Lo fue, pero ahora es otra cosa”, opina Branco. «Es una música que habla de la sociedad en la que vivimos, de la contemporaneidad. Y es lo que intento: que el fado evolucione en esta dirección. Si es una tristeza que describe el momento social, entonces sí es fado. Pero tiene que poder ser alegre”.

Aunque hay fadistas varones muy destacados, tanto en el pasado como en la actualidad (Carlos do Carmo, Camané, Ricardo Ribero, Alfredo Marceneiro), el fado es una música que se asocia más a las mujeres.

No solo por la presencia central de una figura tan emblemática como Amalia Rodrigues, sino porque, además, hoy son ellas las principales embajadoras de esta música en todo el mundo: además de Misia o Cristina Branco, Mariza, Carminho, Ana Moura, Gisela Joao y Katia Guerrero, entre otras muchas.

“No hay una explicación. Lo mejor que se me ocurre es decir que es una música que viene de las tripas, que tiene una fertilidad, que es algo que viene de la tierra y eso establece una ligazón natural con lo femenino. Pero no sé si es así, porque conozco al menos dos hombres que cantan el fado de una forma increíble”, explica Branco en conversación con MAKMA. “Es una música fuerte, pero delicada al mismo tiempo, con un color tierno”.

“La música es diversa, es universal. Toda la música del mundo tiene una raíz humanista, no es de hombre o mujer”. Con el acompañamiento de tres músicos excepcionales, Branco desplegó ese color tierno del fado en el Patio de San Benito, en un recital organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Valladolid.

Y eso que el concierto empezó de forma accidentada. Estaba la fadista atacando su primer tema, ‘Fría claridad’, a capela, cuando irrumpieron en la sala varios técnicos de la Fundación de Cultura que ascendieron por las escaleras del graderío a toda prisa y provocando un notable estrépito.

Aunque eran las diez de la noche, un asistente había sufrido un golpe de calor que, afortunadamente, quedó en nada. “¿Estás bien?”, preguntó la fadista antes de reiniciar el concierto. “Ojalá sea por la emoción”. A partir de ese momento, la música se impuso a todo, incluso al calor, en una noche mágica, hermosa y seductora.

Cristina Branco
La fadista Cristina Branco. Foto: Augusto Brázio.