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‘Conquistarás la lluvia’, de María Asunción Mateo
Editorial Berenice, 2026
A María Asunción Mateo ya no le interesan las etiquetas ni los peajes que impone el sector cultural. Tras ‘Mi vida con Alberti. Por algo llegaste, Altair’ (Editorial Berenice, 2023), donde relataba sus dos décadas de relación personal y profesional con el célebre poeta de la Generación del 27, la profesora y escritora valenciana regresa a la primera línea de la narrativa con ‘Conquistarás la lluvia‘ (Editorial Berenice, 2026), una novela que funciona como un espejo, pero también como una advertencia.
A través de Amira, su protagonista, Mateo disecciona con una lucidez casi incómoda las miserias de un mundo literario a menudo supeditado al poder político y al ruido mediático. No es un ajuste de cuentas, aunque lo parezca; es una declaración de independencia. En esta entrevista, la autora nos habla de la fragilidad del éxito, de la necesidad de sacudirse las sombras y de esa madurez que solo llega cuando uno comprende que, “cuando la voz es propia y no prestada, tiene siempre quien la escuche”.
Una conversación sobre la literatura como refugio, la amistad como tabla de salvación y la vida como un arrastre inevitable del que, pese a todo, siempre se sale adelante.

En la novela, Amira utiliza su escritura como un espejo para desnudar sus propias emociones. ¿Cuánto hay de María Asunción Mateo en esa crisis de identidad que atraviesa la protagonista?
Cuando das vida a personajes en una novela, apenas sin darte cuenta, vuelcas algo de ti en ellos, sobre todo si eres una mujer como Amira, la protagonista femenina, y, además, como ella escribes. Pero en estos momentos de mi vida tengo ya muy clara mi identidad; la adolescencia hace mucho que quedó atrás, lo cual no quiere decir que todavía no me enfrente a situaciones y personas que me hagan sentir cierta inseguridad y asombro; sobre todo, asombro desmedido.
La obra aborda de forma valiente cómo el reconocimiento externo puede ser efímero y destructivo. ¿Ha sido este libro una herramienta para reconciliarse con tu propia trayectoria o una crítica al a veces despiadado ambiente cultural que rodea a los escritores?
A pesar de los continuos vaivenes que te da la vida, yo estoy reconciliada con la mía porque he pretendido llevarla siempre basándome en principios; no inamovibles, pero sí con un contenido sólido y honesto. Sin duda alguna, es una crítica a determinados sectores de la cultura mediatizados por el poder político y en los que, de manera inmerecida, destacan nombres de discutible calidad que se han encumbrado aprovechando el momento mediático que les ha tocado vivir y al que supeditan o adaptan su ideología –si la tienen– a la que por decreto está vigente como único lazo de supervivencia.
En ese sentido, Amira muestra una clara insatisfacción con el mundo literario. ¿Es también ‘Conquistarás la lluvia’ un pequeño ajuste de cuentas o una declaración de independencia frente a las convenciones y juicios del sector editorial actual?
No tengo ya cuentas pendientes con nadie. Cuando yo he querido defender asuntos personales no los he enmascarado, he utilizado mi propia voz e imagen, como es patente. Aquí, es la protagonista, Amira, la que se rebela –con mi total apoyo– contra el frívolo, mediocre y rencoroso ambiente intelectual que la rodea, que contagia a cualquier manifestación cultural.
Amira se enfrenta al “desafío más temido”: encontrar su propia voz. Después de haber sido durante años una figura clave en la gestión del legado de Alberti, ¿sientes que con esta novela has logrado por fin que el público escuche tu voz individual, libre de sombras y etiquetas?
Llevó ya muchos libros publicados en los que mi propia voz ha sido la única que he utilizado, porque cuando la voz es propia y no prestada tiene siempre quien la escuche. Estar libre de sombras y etiquetas es algo casi imposible cuando tienes visibilidad en los medios porque te han expuesto o te has expuesto a ellos por diversos motivos. Yo sigo escribiendo, como siempre he hecho, porque lo necesito y me apasiona, al margen de lo que cada lector pueda interpretar que me motiva a hacerlo.
En el libro aparecen tres hombres antagónicos que marcan la vida de la protagonista. ¿Representan ellos distintas etapas de tu propia búsqueda de reconocimiento o son arquetipos de las diferentes formas en las que el amor puede transformarnos?
En ese aspecto no he sido autobiográfica en el libro. Además, creo que el reconocimiento, cuando viene de fuera, puede ser engañoso o aprovechado; debe dárselo una a sí misma sin vanidad alguna. Creo que el amor no puede lograrlo. Ahora bien, si te proporciona mucha felicidad, puede reafirmarte a nivel sentimental.
De los personajes masculinos que aparecen podría decir sí, que están basados en la percepción de determinadas características de los hombres con los que he coincidido en la vida, no necesariamente a nivel sentimental y a los que, lógicamente, añado la imaginación, la fantasía, la creatividad que se presupone debe tener el autor que se atreve a darles vida sobre una página en blanco.
El título sugiere una lucha o un intento de dominio sobre algo incontrolable. ¿Qué representa exactamente la lluvia en la vida de Amira y por qué es necesario conquistarla para alcanzar la madurez?
Sí, es eso y muchas cosas más, puede interpretarse de diferentes formas… Es, si me permites la pedantería, un título polisémico. Pero tengo que desvelarte que fue una frase que le escuché a Arthur Miller en una entrevista, y me fascinó. Al pensar en el título de la novela, lo único que tuve que hacer fue cambiar el tiempo verbal –infinitivo– que él utilizó. Me pareció más directo, más impactante…; incluso más misterioso.
Frente al desengaño amoroso y profesional, presentas la amistad como una “presencia luminosa”. ¿Es la amistad el único refugio verdaderamente sólido frente a la fragilidad del éxito que mencionas el libro?
La fragilidad del éxito no es ningún hallazgo mío, sino de las vivencias que en determinados momentos de nuestra vida todos hemos sentido en propia piel. Todos sabemos que la duración del éxito acostumbra a ser limitada y, al perderlo, hay quien pierde también el faro que los guiaba y sostenía. En esos momentos difíciles, la amistad verdadera nos da cobijo, protección, es uno de los grandes e inestimables valores que podemos tener, pero también se encuentra en el amor auténtico y hace que éste se refuerce.
La narrativa da un vuelco inesperado con un suceso que convulsiona la vida de la protagonista. Sin desvelar demasiado, ¿buscabas con este recurso recordarnos que la identidad se forja más en la pérdida y el trauma que en los momentos de calma?
Quizás sea así, pero no me lo planteé al escribir ese suceso tan terrible que vive la protagonista, inspirado en un hecho real que le ocurrió a una amiga mía. Pero, sí, creo que hace que Amira reaccione y salga de la burbuja que la asfixia y que valore la vida de forma distinta, incluso las cosas más insignificantes que antes le causaban insatisfacción.
La crítica destaca que en esta obra se confirma una escritura “profunda y llena de belleza interior”. ¿Ha cambiado tu proceso creativo o tu relación con el lenguaje desde tus trabajos anteriores hasta la actualidad?
Agradezco mucho esas palabras tan generosas que me motivan a seguir escribiendo. No creo que mi estilo haya variado mucho, siempre soy muy exigente –a veces, demasiado– con lo que publico. Lo que, quizás, se haya ido acentuando más ha sido mi amor por el idioma a través de las tres novelas que, además de esta, he escrito. Dos de ellas, todavía inéditas, y otra, ‘Las lunas que se han ido’, por la que me han dado este año el Premio de Narrativa Camilo José Cela, de la Diputación de Guadalajara, que el próximo mes recogeré con mucha alegría y agradecimiento.
Tras cerrar la novela, queda un poso de esperanza y superación. ¿Qué lección de vida te ha dado, como autora, el proceso de acompañar a Amira en este viaje de autodescubrimiento?
Saber que siempre puedes salir adelante por encima de inconvenientes y barreras, aunque estés rodeada de críticas, envidias o tragedias personales, porque “la vida siempre te arrastra”, me dijo un día un ser muy querido. Y, sobre todo, tener la suficiente claridad mental para recordar siempre que tanto las victorias como las derrotas nunca son definitivas.
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