‘Jane par Charlotte’, de Charlotte Gainsbourg
Con Jane Birkin y Charlotte Gainsbourg
90′, documental | Francia, 2021

“¿Por qué aprendemos a vivir sin nuestras madres? Parece que sea uno de nuestros propósitos en la vida. Liberarnos de ellas a toda costa”. Escuchamos como susurro de bienvenida la voz rasgada de Charlotte Gainsbourg, justo antes de inmiscuirnos en el primer filme firmado por ella. Y decimos inmiscuirnos porque la actriz, cantante y ahora directora, ha querido hacernos partícipes, convertirnos en voyeurs, darnos permiso para conocer un relato visual: la carta de amor de una hija a una madre en ‘Jane par Charlotte‘.

No podemos imaginar cómo debe de ser la compleja relación maternofilial entre la icono de los setenta Jane Birkin y su hija Charlotte Gainsbourg, descendiente única de la (tormentosa, duradera, estimulante) relación de doce años con el enfant terrible francés por excelencia, Serge Gainsbourg. Y parece que la directora era consciente de que la única forma de que pudiéramos comprenderla era exponiéndolo ella misma a través de su lente.

En esta producción francesa, estrenada el pasado ocho de julio en el Festival de Cannes, Charlotte nos hace un hueco en un cuarto de hotel en Japón, invadimos el espacio íntimo de ambas, que ríen desde la cama. Escuchamos a una Birkin que admite, arrepentida, su falta de compromiso materno: “Quizás fui demasiado irresponsable. Infantil. Más una amiga que una madre”. Una Birkin que rompe al momento.

Gainsbourg

Después de casi cuarenta años dividiendo su currículum entre la interpretación y la música, lo que ha movido a la ahora directora para debutar como tal no ha sido ni la ambición ni un nervio artístico. Sencillamente, quería pasar más tiempo con su madre, necesitaba una excusa. Parece, además, que lo suyo hacia ella es un amor tan intenso que necesita de preludios de millones de kilómetros para respirar de vez en cuando.

Por eso, quiso deshacer el nudo materno del que habla Jane Lazarre. Ella encontró exilio y auxilio en Nueva York, mientras que la cantante de ‘J’ai t’aime… moi non plus’ reside en la cotidianidad de su casa francesa. Los entresijos que dibujan el lenguaje madre-hija no son tan sencillos de desmontar como el amor romántico. La narrativa extranjera y la española poco a poco va sumando voces a este asentado tabú. Hay casos excepcionales de idilio y, aunque este a primera vista pueda parecérnoslo, es la propia Gainsbourg quien la desmitifica.

El documental además aborda el presunto suicidio de su hermana Kary Berry (hija de Jane Birkin y del compositor John Barry). La franco-británica ha decidido vivir en un autoengaño consciente, como admitía en una entrevista al Sunday Times: su madre colapsó después del trágico suceso que ella prefiere recordar como un accidente. Aunque el rodaje fue suspendido en más de una ocasión por reticencias de Birkin, finalmente, en este documental confesional, acepta todos los disparos de su hija –aun los más dolorosos–.

Muchos se escandalizaron al ver a la hija de Serge Gainsbourg en ‘Charlotte forever’, una película concebida por él donde el incesto o las inclinaciones suicidas sobrevolaban fotograma a fotograma. Unas ideas que el público francés no comprendió. Lo volvieron a hacer cuando, a sus trece años, participa en uno de los mayores tumultos en la carrera de su progenitor, el dúo ‘Lemon Incest’ –Charlotte aparecía en ropa interior cantando sobre “el amor que nunca harían juntos”–.

La censura, la corrección pública, el qué dirán, ni siquiera ha estado en su lista de preocupaciones. “Aunque esas imágenes escandalicen, han sobrevivido, cuentan. Y estoy orgullosa de que mi padre me grabara y no le pesaran las críticas”, contaba en 2017 a la Revista Número. La corrección política de estos tiempos no le interesan. Al contrario, le aburren. Charlotte ha heredado de su padre la costumbre de capturar todo prescindiendo de filtros. La vemos, día sídía no, reflejada Mamilla en mano, en blanco y negro con mucho ruido, despreocupada. Ella como Diane Arbus o Vivan Maier, es de selfies a lo clásico.

Ha sido Palma de Oro por su interpretación en el ‘Anticristo’, de su predilecto Lars von Trier. La hemos visto en ‘Nynphomaniac’ por partida doble, al límite en ‘Lux Æterna’, de Gaspar Noé. Recibir su esperado beneplácito de la crítica musical por el que ha sido último álbum ‘Rest’. Y, a pesar de, la sombra de su linaje todavía se cierne sobre la vida de Charlotte Gainsbourg.

Hija de unos padres que cautivaron y escandalizaron Europa con su turbulenta relación, su familia ha fascinado como una bohemia realeza francesa. Llamar “Papá” al polémico de Serge y “Mamá” a la mujer que inspiró el inmortal bolso de Hermès es algo con los que pocos podemos empatizar. Lleva desde que es consciente desprendiéndose del peso que supone ser quien es. No tiene, según ella, ni el talento de uno ni la belleza de la otra. “Me fui a Nueva York para ser nadie”.

En este proyecto ha primado el egoísmo. Lo ha hecho por su propio placer, admitía a The Hollywood Reporter. Ahora descarga el último peso que le queda.

Charlotte Gainsbourg y Jane Birkin durante un instante del documental.

Raquel Bada

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