‘Inèdits’ La Cabina
Festival Internacional de Mediometrajes de València
Del 10 al 20 de noviembre de 2020
Sábado 21 de noviembre

La Filmoteca ha acogido de nuevo la sección ‘Inèdits’, del festival La Cabina 2020, con Tokio, España y Francia como protagonistas. ‘Tokyo!’ (2008) abrió la tarde del jueves con la proyección de las tres partes del filme que transcurren en la capital japonesa. En primer lugar, Michel Gondry, conocido por películas como, ‘Olvídate de mí’ (2004), ‘La ciencia del sueño’(2006), ‘Rebobine, por favor’(2008), ‘The Green Hornet’(2011) y ‘Human Nature’(2019), destaca por su innovador estilo visual y su manipulación de la puesta en escena.

En esta primera parte del mediometraje, ‘Interior Design’ decide aprovechar ese título, al igual que el hilo narrativo, para sorprender al espectador con un final realmente rompedor, cuya película acaba con la frase: “Jamás me había sentido tan útil’’.

Tokyo!, de Michel Gondry, Leos Carax y Bong Joon-ho, en ‘Inèdits’ de La Cabina.

Leos Carax, en ‘Merde’ (segunda parte), aprovecha mejor las calles y rascacielos de la capital donde los ciudadanos de Tokio son aterrorizados por un hombre engendro que sale de las alcantarillas y que no se siente seguro en el exterior, sólo en el subsuelo de la ciudad. En el lugar donde se esconden las vergüenzas del pasado del país, es donde se siente seguro. Su protagonista es un terrorista que come margaritas y que sirve a Carax para reflejar también esa sociedad de confrontación y de banalización que pueda acabar en un fanatismo irracional. Esta parte es quizás la más crítica de las tres, pero también la que puede ofrecer muchas más lecturas.

Finalmente, en la última parte, ‘Shaking Tokio’ -de Bong Joon-ho-, se intuyeque su protagonista es un hikikomori, ya que se aísla total y voluntariamente de Tokio. La ciudad en este relato refleja el aislamiento social y el individualismo patológico que ésta provoca.

Un compendio, en resumen, de muy buena factura, de los desajustes emocionales y sociales que provoca la vida alienada de las ciudades, y que muestran cómo la sociedad expulsa a los márgenes de ésta a los que no se adaptan. Cabe decir que estos tres ‘minifilmes’ en España sólo se han podido visionar en el Festival de Sitges y en otras ciudades hace unos años.

‘Se vende un tranvía’, de Juan Estelrich, en Inèdits de La Cabina.

Por otro lado, en la tarde del viernes se proyectó la última sesión y, por consiguiente, el último pase de ‘Inèdits’ de la mano de Irene Cubells (gestora cultural y distribuidora audiovisual) que no participó en la competición, pero quizás la parte del festival más interesante, curiosa y desconocida de La Cabina. Para comenzar, ‘Se vende un tranvía’, dirigida por Juan Estelrich, con guion de Berlanga y Azcona, aunque, según dónde se consulte, la dirección fue de Estelrich o bajo la supervisión de Berlanga. Se quiso recuperar esta película, ya que hace escasos días fue el décimo aniversario del fallecimiento de Berlanga, al igual que el centenario del nacimiento del mismo se celebrará el año que viene.

Esta película fue, o iba a ser, el capítulo piloto de una serie de TVE llamada ‘Los pícaros’. El mediometraje nunca llegó a emitirse y el resto de la serie tampoco llegó a rodarse. El Comité que revisó la película seguramente lo censuró por los puntos anticlericales que tiene, por ejemplo, el personaje de una timadora que aparece disfrazada de monja o que todo el grupo de mareantes sean tratados de manera bastante simpática en toda la trama.

Fotograma de ‘Se vende un tranvía’, de Juan Estelrich, en Inèdits de La Cabina.

Existe una película del mismo año, ‘Los tramposos’, donde, sin embargo, los timadores tienen una especie de reinserción. ¿Qué hace diferente, entonces, para la censura, esta película? A pesar de todo lo que pasó con ‘Se vende un tranvía’, fue la primera película que guionizaron Berlanga y Azcona juntos como tándem, además de utilizar por primera vez a José Luis López Vázquez como protagonista de sus películas. A partir de ahí, ya vemos la misma acidez de la crítica social que veríamos en las siguientes, como por ejemplo en ‘El verdugo’ (1963).

De hecho, la película hace una narrativa de la sociedad de postguerra y la foto no sale muy favorecedora. Una época, finales de los cincuenta y principios de los sesenta, en la que asomaba el desarrollismo, pero, como vemos, éste no llega a todo el mundo por igual. Destacamos la frase del principio de la película, que dice: “Cuando uno se dedica a no trabajar, siempre hay que trabajar horrores’’.

La segunda película se titula ‘Un postre para Constance’ (1980), basada en la novela de Daniel Boulanger, dirigida por la francesa de origen africano, Sara Maldoror. Esta directora -hija de inmigrantes de la isla de Guadalupe, cineasta clave en los movimientos de descolonización de las décadas de 1960 y 1970- hace un cine feminista, a la vez que busca con él un futuro a la nueva cultura negra surgida del anticolonialismo y panafricanismo durante los sesenta.

Fotograma de ‘Un postre para Constance’, de Sara Maldoror, en Inèdits de La Cabina.

En esta época, París era un centro de reunión de militantes africanos exiliados, como lo fue su marido Mário Pinto de Andrade, fundador del movimiento de liberación de Angola, además de primer presidente del país en plena Guerra Civil.    Maldoror primero fue actriz, y fue en París donde fundó la primera compañía francesa integrada por actores africanos y afrocaribeños. Después acudió a la Unión Soviética a estudiar cine, donde encontró figuras que, como ella, veían el cine como una herramienta para la revolución.

Su primera película, un cortometraje, fue seleccionada en la quincena de realizadores del Festival de Cannes de 1971. Aunque ella situaba su trabajo más en la línea del documental, ‘Un postre para Constance’ es una de sus películas de ficción perteneciente a su última etapa, donde realizó algunas proyecciones televisivas con los resquicios que le dejaba la industria, donde conjugaba lo popular y el sentido del humor para romper estereotipos identitarios sobre lo francés. Tiene un tono más amable y deja fuera la reivindicación.

Para acabar se debe destacar una frase que dijo en una de sus entrevistas: “Mis ancestros fueron esclavos, ¿quién iba a contar mejor la historia africana que nosotros mismos? Sara Maldoror falleció en abril de este año a causa de la Covid-19, pero vino a España el año pasado por una retrospectiva que le hizo el museo Reina Sofía, donde expusieron toda su obra y, gracias a su hija, se está recuperando toda su filmografía.

Inèdits
Fotograma de ‘Un postre para Constance’, de Sara Maldoror, en Inèdits de La Cabina.

Irene Valdés