El metro de València da la nota


El metro de València da la nota
Espectáculo musical en la parada de metro de L’Albereda
Interior de la entrada a la estación de Alameda
Passeig de L’Albereda
Domingo, 24 de noviembre de 2019

Hace unos días, los usuarios del metro quedaban sorprendidos por el regalo que recibían sus sentidos al encontrarse sin saberlo con un espectáculo en el subsuelo. Se trataba de un regalo tanto visual como sonoro que ponía de manifiesto el culto a las bandas de música, y al arte de acción que se profesa en estos lares. Y es que el Concierto para trenes de metro y banda es una especie de fusión con base de instrumentos clásicos, pero con mucha vocación experimental. El sonido de los andenes con público, el espacio acústico propio del metro subterráneo arqueado, las puertas que abren y cierran y todo combinado bajo la batuta de un músico polifacético como lo es Ferrer-Molina, que como los genios invisibles, firman de varias maneras y con varios nombres dependiendo de la línea de composición que realiza, y para quien los trenes emiten un «Re» sin que los afinen para ello.

Así fue, producido por Troppemedia con el apoyo del Instituto Valenciano de Cultura, la Diputació de València, Mostra Viva del Mediterrani, Metrovalencia y Turismo València, cincuenta músicos de la Banda de Picanya recorrieron la estación y las líneas del metro realizando una exploración acústica de un espacio público, donde el sonido de los trenes forma parte de la composición.

Músicos tocando en el metro de Alameda, Valencia – Fotografía de Consuelo Peris.

La cara de sorpresa, sonrisas y muecas sobre todo de usuarios del metro extranjeros resultaba ser un ingrediente añadido a la combinación de música inédita en espacio público, coreografía, intérpretes del más alto nivel y el arraigo a las bandas de música propias y vecinas, y que ciertamente daba la sensación de participación de la ciudadanía en un proyecto vanguardista, fresco, innovador y muy identificativo. 

Chica tocando su instrumento cara a otros músicos – Fotografía de Nacho Ruiz.

‘Concert per a Trens de Metro i Banda’ es una obra site specific para la estación Alameda de Metrovalencia, que ese día aprovechó las cualidades acústicas y lumínicas de la propia estación, integrando los sonidos cotidianos de los trenes y el sonido ambiente en la partitura que interpretaron los músicos.

Músicos reunidos con sus instrumentos y el público a su alrededor – Fotografía de Consuelo Peris.

La afinación de los trenes en RE fue el punto de partida sobre el que se añadió todo el espectro armónico, escalas pentatónicas, etc. Los glissandi de los trenes se fundieron con los de los instrumentos musicales, y viceversa. 

La pieza musical tuvo una duración de 25 minutos, durante los cuales los músicos se apearon escalonadamente en los andenes de la estación, tocaron su instrumento y desaparecieron para reaparecer más tarde en otro andén.

Los asistentes únicamente necesitaron un billete de metro para entrar en la estación y disfrutar del innovador espectáculo musical.

Parada de metro de Alameda, Valencia – Fotografía cortesía de Consuelo Peris.

Irene Valdés

«En la danza cada uno es una pieza de un gran puzzle»

#MAKMAEntrevistas | Amaya Lubeigt (coreógrafa)

Amaya Lubeigt, asistente donostiarra, trabajó trece años como bailarina en una importante compañía de danza, después de pasar diez años como estudiante de danza profesional en Barcelona y Essen (Alemania), además de haber sido bailarina invitada en las compañías de danza teatro de Essen y Wuppertal.

Amaya Lubeigt y Wilfried van Poppel durante los ensayos de ‘Five Days to Dance’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

A qué te dedicas? ¿Cuál es tu especialidad dentro de la danza?

Soy bailarina profesional de danza contemporánea y llevo muchos años haciendo danza-teatro como espectáculo. En primer lugar, durante varios años en Alemania, en la compañía Bremen Dance Teatro. Estuve allí trece años trabajando, aunque empecé a bailar cuando era pequeñita, y en el conservatorio hacía ballet, pero con doce años lo dejé y hasta los veinte no volví a empezar. 

Cuando digo a los veinte me refiero a que empecé a bailar en serio a partir de esa edad, puesto que primero hice dos años de baile como hobby y luego, a los veintidós, entré en el Instituto de Teatro de Barcelona.

¿Cuándo empezaste a hacer danza?

Hice la carrera profesional de danza contemporánea durante tres años, y antes de acabar me fui a Alemania, a Essen, a continuar los estudios allí, en La Folkwang Schule (Universidad Folkwang), la escuela que está relacionada con Pina Bausch. De hecho, cuando yo estudié allí ella era la directora artística. 

Años después, fue también en Essen donde empecé a trabajar, primero en la compañía de la escuela y luego me fui a Bremen Tanztheater, el teatro donde bailé todos esos años hasta 2007. Posteriormente, cuando acabé el contrato, dejé la compañía y empecé a ayudar a Wilfried van Poppel, a quien conocí en la compañía de danza de Bremen, quien se convirtió en mi marido y con quien tuve dos hijas. Él acabó antes que yo, salió antes de la compañía, y empezó a hacer coreografías y proyectos con jóvenes, sobre todo danza-teatro para niños o, mejor dicho, para todos los públicos. 

Años después yo dejé la compañía y empecé a ayudarle en esos proyectos de baile que hacía, simplemente por apoyarle, pero me gustó tanto que desde entonces (concretamente, desde 2008) trabajo colaborando con él en la compañía de The Loopers Dance Teathre, también llamada The Loopers Dance Together, ya que tiene las dos connotaciones. Primero empezamos a hacer obras más profesionales, que consistían en un grupo de expertos bailando para todos los públicos y, sobre todo, para los niños, pero más adelante los proyectos de ‘Five Days to Dance’ cogieron tanta fuerza que, a día de hoy, llevamos dos años sin poder bailar de manera profesional, ya que estamos haciendo de coreógrafos continuamente, realizando proyectos por todas partes.

¿Qué habéis venido a hacer en València? Háblame del proyecto que lleváis desarrollando durante un tiempo.

Estos días en València hemos hecho un proyecto llamado ‘Five Days to Dance’, que realmente son los trabajos que hacemos habitualmente. La historia u origen de este gran proyecto comienza cuando un amigo nuestro de hace muchos años que es periodista, que trabajaba en el antiguo Canal 9, y que hacía documentales, nos plantea lo siguiente: grabar un documental sobre nuestro trabajo, a lo que nosotros lo llamábamos «proyectos escolares de danza». Primero empezamos a hacer estos ensayos en España, “a ver qué pasaba’’. 

Representación de la coreografía ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Ese documental, que finalmente se llevó a cabo, se llamó ‘Five Days to Dance’. Se grabó en 2013 en Bremen, durante una semana, otra semana en un colegio de San Sebastián y, luego, se estrenó a finales de mayo de 2014. Tuvo mucho éxito en España, ya que estuvo en cartelera durante mucho tiempo en València y también en Barcelona. Precisamente, en la ciudad condal fue el documental del año en junio de 2014. Mucha gente lo vio, sobre todo muchos profesores de escuelas y padres de alumnos; desde entonces nos piden que vayamos a los centros escolares a hacer bailes con estudiantes. 

Por ello, desde ese momento tomó ese nombre, pero no siempre son escolares. Por ejemplo, cuando estuvimos en Galway (Irlanda) eran vacaciones de otoño, nada de trabajo académico. Lo que nunca cambia es el formato, son proyectos de una semana de duración de cinco a seis días; empezamos el lunes con un grupo nuevo de personas –treinta mínimo y ciento ochenta máximo–, aunque los grupos escolares suelen ser entre sesenta y ciento veinte, normalmente.

No obstante, tenemos uno o dos proyectos al año de unas ciento cincuenta personas. También hay escuelas que nos piden participación de alumnos de varios cursos, y no son proyectos optativos, sino que la escuela decide que los niños van a hacer este proyecto; todo nuestro equipo vamos allí y ocupamos todas sus horas escolares, y esa semana no tienen clases de ninguna otra materia. Simplemente, vienen por la mañana hasta que acaban el horario escolar (5-6 horas diarias) y el viernes o sábado, por la tarde o de la mañana, dependiendo de la disponibilidad del lugar donde actuarán los niños.

Ahora, en València hemos estado haciendo este proyecto de ‘Five Days to Dance’ con un grupo de ochenta niños y adolescentes de 3º de la ESO, que han aprendido una obra que toma el nombre de ‘Parade’, inspirada en una exposición que hubo sobre pintura alemana en Bremen hace unos años, cuyo pintor se llama Max Bergman. El Museo de Arte Contemporáneo de Bremen suele hacer colaboraciones con nosotros y es en estas exposiciones donde nos inspiramos para realizar nuestros proyectos, donde participa gente desde siete hasta setenta años. 

Representación de la obra ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

De estas grandes obras sacamos otras más pequeñas de una media hora, cuarenta o cuarenta y cinco minutos de duración, según cómo se vaya a gestionar la obra. Tenemos un repertorio de cinco obras para adolescentes y tres o así para niños, por lo que, según lo que nos pidan las escuelas, hacemos unos proyectos u otros, ya que los propios colegios nos piden que hagamos proyectos diferentes, nunca repetidos. 

En este caso, la obra ‘Parade’ hablaba sobre la identidad de los personajes que nos toca representar en la vida y cómo este cambio de personalidad no lo hacemos nosotros solamente, sino que nos toca representarlo como intérpretes de la propia obra. Pero cuando estos papeles cambian, cuando nos desprendemos de estos personajes, seguimos siendo nosotros mismos.

Volviendo al tema de que trabajamos con los niños, el lema que pusimos cuando hicimos el proyecto de Bremen fue ‘El mundo es un teatro, la vida es un teatro’, y jugamos un poco a representar los papeles. ‘Parade’ es una de las obras más locas, pero los niños lo vivieron con mucha diversión y genial desde el primer día, pensando: «¿Qué nos va a tocar hacer ahora?». Cuando les decimos que van a representar media hora de coreografía no se lo pueden creer, pero al final lo sacan con muchísimo éxito. 

¿De qué trataba la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis?

En la escuela donde trabajamos en Valencia es Juan Comenius, es una cooperativa y tiene un 30% o más de niños con diferentes capacidades, tanto físicas como conjuntivas, intelectuales, ideológicas, socioculturales… Se trata de una escuela muy rica en diversidad. 

En el grupo donde hemos trabajado ahora había dos niñas con sillas de ruedas; una de ellas tenía una fuerte discapacidad, como si dijéramos que le era imposible el movimiento en cualquier parte del cuerpo, incluso la cabeza, pero eso sí, hablaba genial, era capaz de traducir del inglés al español cuando Wilfried hablaba en inglés. La discapacidad no ha significado para nada un problema, ha sido parte de la obra desde el primer segundo hasta el último, y protagonista en todo lo que hiciera falta; la otra niña sí que tenía movilidad en la parte de arriba del cuerpo, y también se impregnó de ideas para la coreografía.

Detalle de una de las niñas en silla de ruedas que también bailan. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Los alumnos y compañeros son parte del grupo, no hay ninguna división, simplemente cada uno coge su sitio y va encontrando su posición, van ayudándose unos a otros. En la obra que hemos hecho hay partes que son fijas y que deben aprender, y hay otras donde ellos tienen que poner de sí mismos unos movimientos o poses que les pedimos, caracteres que han de elegir. Por otro lado, tienen que hacer también pequeñas coreografías en grupos reducidos con diferentes temas que les mandamos, y luego otros fragmentos eran más nuestra coreografía. En total salía una obra de unos treinta y cinco minutos o así, y el lugar donde actuamos era precioso e impresionante. El acto fue en una iglesia que ahora se usa para para actuaciones como este, pero lo nuestro era difícil de adaptar.

La verdad es que ha sido un reto muy grande no solo porque es un reto en sí mismo, sino porque además el hacer la obra de media hora con niños que no saben bailar y que la mayoría ni siquiera quieren hacerlo, es una aventura difícil. El truco está en ir conquistándoles para que llegue el viernes y la actuación vaya sobre ruedas. La semana es agotadora, pero día a día es como subir al Everest. Es impresionante. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius atentos a las explicaciones e indicaciones de los coreógrafos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Además, digo que es un reto porque el sitio en sí no es un teatro, tenía unas tres alturas que podíamos utilizar y lo que era el escenario era demasiado pequeño y ni siquiera tenía una rampa para subir las sillas de ruedas. Con lo cual delante del escenario había una explanada muy grande, pero tampoco era suficientemente grande como para que bailaran todos juntos. Además, si colocábamos al público abajo tampoco lo podían ver, así que tuvimos que hacerlo a tres alturas. La parte de arriba, la de abajo del escenario, y unas escaleras que también utilizamos, además de la parte del altar que tenía espacio como para bailar con un grupo más pequeño. En total, sumándole a todo ello, el pasillo que había entre los bancos, no spudimos arreglar en cuanto a la disposición de todos los alumnos. 

La obra, como he dicho, se titulaba ‘Parade’, quiere decir pasacalle, y es por ello por lo que en un momento las chicas hacen una especie de pasacalle con unos movimientos en fila, pasando entre el público: ha sido una obra muy artística, muy bonita, muy personal y preciosa. Y lo han bailado precioso, han defendido la obra como si fuera realmente suya, y estaban orgullosísimos. Lo han hecho con una entereza y grandeza que incluso a nosotros mismos nos han embelesado, aunque estamos súper acostumbrados a hacer estos proyectos, cada vez nos enamoran más los participantes.

Porque es nuestro trabajo, pero si se lo damos y ellos van haciendo lo suyo, al final brillan en el escenario, y por eso ha sido tan emocionante. Esto fue el viernes 15 de noviembre, y seguimos disfrutando con esto. Este tipo de proyectos los hacemos continuamente, la semana que viene nos vamos a Sardanyola (Barcelona) a hacer otro proyecto con otra obra, llamada ‘Voyage’, en otra escuela formada por noventa chavales de 3º de la ESO. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius en plena coreografía. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Antes de venir a Valencia estuvimos en Galway, donde conocimos a Estíbaliz y, al final, fueron como treinta y tantos niños de diferentes edades, entre doce y dieciocho años, los que interpretaron la obra ‘Home sweet home’.

Con todo ello, en suma, nosotros vamos viajando de Alemania, a España, a Galway, estuvimos en Irlanda, vamos a ir a China, a Bruselas el año que viene, hemos estado en Palestina, en Corea, en Nigeria… Esta es nuestra vida: ir de lugar en lugar haciendo proyectos, disfrutando muchísimo y haciendo disfrutar a los demás, que es una maravilla.

¿Qué sientes al bailar?  

No sé. A ver, yo bailo muchas veces en muchas situaciones diferentes. No es lo mismo bailar cuando estás ensayando o enseñando una coreografía, que bailar libremente; yo bailo en cualquier momento, es algo muy natural e innato. 

La danza es algo muy natural y agradable, además de bonita. Cuando estoy en el escenario es más que eso, porque la sensación que siento mientras lo estoy haciendo me viene muy de dentro, es como si en mi interior creciera algo enorme, como si se hincharan todas las células, y como si al expulsarlo al exterior saliese el movimiento y la energía. Yo siento al público, a veces lo veo y otras no, según la iluminación, pero yo siempre sé que está ahí. Yo cuando hago danza crezco, me hago grande, y desde esa grandeza me empiezo a mover y sale toda esa energía preciosa como una cascada muy bonita que llega hasta el público y que sirve como regalo para ellos.

Además, como ellos se colocan en ese punto tan sensible, tan bonito, tan mágico de revivir eso que tú estás dando, esa relación que se tiene con el público es como si fuera una pared, donde tú tiraras la pelota y te devolvieran. Cuando ellos sienten lo que tú estás dando, automáticamente se ponen en ese punto, un punto muy del corazón, con mucha alegría profunda y bonita que da como resultado algo precioso e imposible de describir.

¿Hay algo que te haga sentir algo parecido a lo que experimentas cuando haces danza?

Lo que me hace sentir lo mismo es que desde muy jovencita aprendí a meditar, a estar conmigo misma, son esos momentos de intimidad y de alegría por dentro, profundos, los que me hacen sentir algo tan cercano a la danza. Cuando medito, estoy quieta y cuando bailo, me muevo. Quizás no es lo mismo, pero sí que viene de la misma fuente. 

Y no, no es la música, no es la música la que me hace bailar, no es el movimiento el que me hace bailar, sino lo que sale de dentro. Puede que haya un impulso ahí fuera, una propuesta, algo que oyes, pero normalmente es algo que sale de ti y que, luego al añadir la música que es maravillosa, se agranda aún más. A mí me gusta que sea el sentimiento profundo, no me gusta que sea la música la que me influya a hacer algo, a bailar una coreografía, sino que sea una idea, una sensación, algo que vaya definiendo.

Niños del colegio Juan Comenius saludando tras la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Como digo, cuando se añade música se hace cada vez más grande, pero si no hay música para mí la danza es igual de preciosa, me encanta también bailar sin música.

Entonces sí, un maestro me enseñó a meditar y a sentirme bien conmigo misma, la misma sensación que tengo al bailar. Tanto cuando medito como cuando hago danza, lo siento y lo quiero regalar a los demás. Es la vida quieta y en movimiento, dejándola fluir, disfrutándola y agradeciéndola con toda mi alma en ambas situaciones.

¿Cuál es la situación de la danza hoy en día? Ya que, aunque sea un gran arte, es la disciplina menos valorada, generalmente.

Esta pregunta me cuesta mucho responderla, porque estamos tan metidos en lo que hacemos y he trabajado tanto con la danza, que siempre me cuesta hablar de ella, en general.

Pienso que vivir de la danza es realmente complicado para los bailarines, aunque hayamos estudiado muchísimos años y nos hayamos formado mucho, e incluso a pesar de que la gente empieza a bailar desde pequeña y después invierte muchas horas, mucha energía, mucho dinero, mucho de todo en hacerse profesional. 

En España las posibilidades de vivir de la danza profesionalmente como he vivido yo en Alemania, creo que son casi inexistentes, o el porcentaje es muy bajo. La gente cuando quiere vivir de la danza quiere hacer otros trabajos o, al menos, dar clases de baile para poder conseguir un buen sueldo al mes. Sin embargo, lo que es vivir de la danza, bailar estando en una compañía, con actuaciones, eventos, y luego un proyecto, una producción, como hemos hecho nosotros en Alemania, es súper difícil que suceda. 

No obstante, al mismo tiempo pienso que la danza en sí es una disciplina de verdad, una herramienta muy impresionante a nivel social, a nivel humano, con grandes posibilidades, porque con cualquier idea y mezcla de artes se puede utilizar. Nosotros por ejemplo en Alemania lo hemos vivido con un placer inmenso; el poder crear obras con todos los elementos que te puedas imaginar que tengas ganas de experimentar y poner juntos me parece que es un arte riquísimo aparte de ser una herramienta social, una pasada. 

Los proyectos que estamos haciendo ahora son tan bienvenidos en tantos aspectos, en tantos ámbitos sociales… Acabamos de venir de la cárcel de Barcelona, donde hemos estado trabajando con los presos de allí y ha sido una auténtica pasada, no solamente por lo bonito que ha sido el proyecto, sino por la aceptación, la apreciación, el cómo lo han sentido y vivido ellos, y todos los demás. Todos juntos, en verdad. Nosotros hicimos este proyecto con cuarenta o cincuenta presos, pero es que los cuatrocientos cincuenta presos restantes que estaban mirando, acogieron la actuación con una franqueza y con una veracidad gigante. En este caso era danza teatro y ellos no están acostumbrados a verlo, pero desde el primer momento no se movían un pelo, se quedaban embelesados, había una concentración increíble, una sensación de sincronización con lo que estaba pasando en el escenario, realmente inconcebible.

Tres de las alumnas del Colegio Juan Comenius durante la representación de danza-teatro ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Era una sensación tan potente y fuerte que pienso que la danza tiene muchísimas posibilidades, lo que pasa es que no está casi apoyada, no sé por qué, quizás porque los bailarines no sabemos comunicarlo tan bien como otras artes o porque no hemos luchado tanto. ¿Puede ser porque en la historia ha sido un arte más y hemos sido simplemente instrumentos de la élite? No lo sé. No sé por qué no está más en la sociedad, por qué no está tan aceptada o apoyada institucionalmente, pero al mismo tiempo también justo por este motivo de que no está tan apoyada, el alma de la danza es muy fuerte, es muy salvaje. Los que todavía queremos vivir del baile y llevarla a muchos lugares lo hacemos muy visceralmente, nos faltan medios, pero no nos falta pasión. 

Y sí, hay muchas disciplinas, hay muchas cosas que por institucionalizarlas a veces pierden esta fuerza que tiene la pasión cuando eres tú quien las mueve. Me parece que la danza tendría que estar muchísimo más apoyada porque de verdad es muy potente, pero con cuidado de no cortarnos las alas; porque la danza es un arte que de verdad necesita volar, no puede estar anclada a unas cadenas, tiene que ser libre. Eso sí, al mismo tiempo apoyada para que tengamos fuerza y no nos caigamos en medio.

¿Cómo definirías la danza en cinco palabras?

Pasión, desnudez, entrega, sensibilidad y magia.

Dentro de las cinco palabras que he elegido, he dicho desnudez, pero porque a mí me parece que nosotros al bailar estamos desnudos. Nada nos protege, no hay un instrumento, no hay algo, somos nosotros mismos tan a pelo que por eso la vergüenza es algo que nos impide sentirnos cómodos, porque realmente la gente te mira como si fuera un acuario, una pecera como si lis demás mirásemos desde fuera al piececito desde fuera, el pececillo solo puede nadar, no puede pensar lo que están pensando todos los que te están mirando, y te sientes como un pececito muy desnudito muy poquita cosa pero al mismo tiempo muy grande porque así somos los eres humanos, por fuera quizás pequeñitos pero por dentro muy grandes.

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, cuando colaboran en los proyectos anteriormente comentados, es la primera vez que toman contacto con la danza moderna y la danza teatro, e incluso con la música y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura.

Varios niños del Colegio Juan Comenius en un altar del Monasterio de Sant Miquel del Reis – Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven cómo se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza y les ayuda a la comunicación entre ellos. Amaya y Wilfried creen firmemente en el hecho de que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

¿Qué pregunta me haría a mí misma?

Esto siempre lo comento porque me impresiona mucho y al mismo tiempo me parece súper importante. Y es que cuando hacemos los proyectos, la implicación que necesitan los participantes cuando se está bailando es total, han de estar tan completamente concentrados en el presente, en lo que está sucediendo, y no con la cabeza en otras mil cosas, que se les exige mucho a los participantes, una intensidad de la que no están acostumbrados. Por lo tanto, lo que más les suele molestar al principio y lo que más miedo les da en realidad es tener vergüenza, que piensan que van a hacer el ridículo, que no les va a salir, se comparan unos con otros… Esas cosas, todos esos miedos capaces de eliminar.

Por este motivo, desde el principio Wilfried les dice que hay que poner la vergüenza en la basura, y se quedan solo con eso, con que la vergüenza se va a la basura. Y este es el primer reto. Este es el primer gran paso que tienen que dar, pero luego ya cuando van sintiéndose más contentos y seguros, el segundo día o incluso el primer día a mediodía, ya están mucho más a gusto.

No obstante, lo que más impide a los niños, sobre todo en las escuelas, es llevar adelante el proyecto. En realidad en cualquier ámbito de la vida, en cualquier cosa que hagan, siempre el problema al que se enfrentan es la falta de concentración, el ponerse en lo que están haciendo, y no estar distrayéndose con seiscientas otras cosas; esos jueguecitos, hacer lo mínimo para que nadie se dé cuenta… “Yo simplemente paso el día así, lo más liviano posible’’, “yo estaba ahí porque tenía que estar, pero bueno hago el mínimo y así no me canso tanto”. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius posando, felices, al final de la actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Este tipo de actitud que es lo que llevan normalmente en la clase, que es sobrellevar el día a día larguísimo, el hecho de que la escuela sea interminable y las asignaturas vayan una detrás de otra, un examen después de otro, es un estado de supervivencia. Esto para un espectáculo que tenemos que montar en cinco días con tantísimas personas no puede ser, necesitan concentrarse, implicarse al cien por cien, estar en lo que están, no sirve ese “me quito y los demás hacen el resto’’. Como dije en una de las preguntas anteriores que me hiciste, por un lado, creo personalmente que el movimiento es lo que tienes dentro de ti, eres tú quien mueves a tu cuerpo, no es que tu cuerpo dirige y tú vas detrás, sino que eres tú el que te implicas, el que mueves.

Por tanto, es obvio que a nivel físico es súper importante en la danza, porque mover el cuerpo es la única herramienta que tenemos, y no solo para bailar, sino para toda la vida, y no la usamos, no lo trabajamos, al final acabamos muy mermados de posibilidades, lo que hace que luego tengamos dolor, tengamos problemas… Eso a nivel físico y emocional, el movimiento es súper importante.

Si estás contigo mismo, las emociones van saliendo con ese movimiento, te vas liberando de congojas, de esas cosas que te pasan.  Eso sí, moverse por moverse tampoco es danza, si te mueves “por hacer algo’’ tampoco sirve, así que la danza hay que hacerla junto a las emociones, hay que poner esa emoción y sentimiento, esa sensación de llegar hasta el final, de sentir nuestro cuerpo y luego el espacio, a la hora de danzar.

No tienen ni idea, “¿para delante?’’ “¿para detrás?” “¿tengo sitio o no tengo sitio?’’ “Si me pongo en línea, luego no podré moverme’’, “bueno pues coge más espacio, ponte más delante, más detrás…’’ Toda la cuestión espacial que es imprescindible para la vida tampoco se trabaja en la escuela, entonces para ellos tantas personas compartiendo un espacio donde encima tienen que moverse, donde no están simplemente sentados en una silla, es muy complicado y muy difícil de vivirlo, la musicalidad ¡imagínate! Los movimientos no son 1,2,3,4, no tienen el mismo acento.

Varias alumnas interpretando la danza-teatro ‘Parade’ en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Nosotros al menos les ponemos retos muy grandes, la música que ponemos no es la que ellos escuchan normalmente, cuando nos piden esas músicas les decimos que las escuchan todo el rato, les decimos que las sigan escuchando en su casa si quieren, pero que nosotros venimos con un proyecto de fuera, un proyecto profesional, con una música específica para el mismo.

En este tipo de proyectos hay una profesionalidad, se utilizan muchos más elementos, hay mucha más variedad, entonces claro, la música que les ponemos no es “pum, pum, pum’’, tienen que aprender a oírla, a escucharla, a coger los acentos, a saber cuándo sube y baja, cuándo esperan…. Es enorme lo que tienen que aprender y para mí, en mi opinión, lo que más les ayuda y nos afecta en la sociedad es que es un proyecto, se trata de montar una coreografía, somos un montón de personas juntas, pero no es competitivo, no vamos a competir contra nadie, ni vamos a competir contra otro grupo, se acabó. 

No va a haber gente que brilla y otros que no, ni unos que ganen y otros que pierden, no, no y no. Lo nuestro es muy de unirnos para, juntos, conseguir un objetivo común, que es lo que necesitamos para el mundo, la vida, la sociedad, para que el día a día funcione, que todos encontremos el gran puzzle de la vida, donde cada uno va encontrando su sitio, se va moviendo en algún momento, va cogiendo diferentes responsabilidades.

Familiares, amigos y profesores de los alumnos del Colegio Juan Comenius que no quisieron perderse la gran actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Cada persona es igual de importante, si en algún momento estás abajo o estás en el medio o estás arriba, si en un puzzle estás en una esquina o estás en el medio o estás en cualquier sitio, eres importante estés donde estés. Si cada uno está en su sitio, todos juntos conseguimos que la imagen sea preciosa y maravillosa, y que cada uno se sienta bien.

Pues con el movimiento ocurre lo mismo: también se puede ejercitar con las clases de gimnasia, pero en estas clases y en el deporte en general, hay mucha competencia y mucha competitividad, al igual que en la escuela, donde, por desgracia, también te enseñan a que hay que ser el mejor, a ser demasiado exigente contigo mismo.

Cartel de la representación realizada por los alumnos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

El hecho de saber el máximo de ti mismo es importantísimo, pero no hace falta que porque yo esté arriba, los otros tengan que estar abajo, sino que cada uno coge su sitio, si alguien tiene que liderar, lo lideras, pero no tienes que ser más importante que los demás. En ese momento tienes esa responsabilidad, es por ello por lo que esto me parece una riqueza impresionante, el hecho de que podamos traer proyectos de danza que se conviertan en mucho más que eso, en algo que se hace conjuntamente. Supongo que con las orquestas y con los coros pasará lo mismo, pero yo lo hablo desde mi persona, desde nuestro trabajo con la danza. 

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, esta será la primera vez que tomen contacto con la danza moderna y la danza teatro e incluso con la música contemporánea y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura. Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven como se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza Y les ayuda a la comunicación entre ellos.Creemos que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

Irene Valdés

‘Hangar 52’, de la mano del mago Yunke


‘Hangar 52’ , de la mano de Mago Yunke
Auditorio Cultural Leopoldo Peñarroja
Polígono la Moleta, 1, 12600 la Vall d’Uixó, Castellón
22 de noviembre 2019

El Auditorio Leopoldo Penarroja de La Vall d’Uxó acoge a uno de los mejores magos del mundo para inaugurar su gira llamada ‘Hangar 52’. Hablamos de Yunke, un ilusionista de origen castellonense que comenzó haciendo trucos de magia en comuniones y eventos “sin importancia” pero que, tras varios años trabajando y estudiando para ser el mejor en lo que hace, lo consigue. 

Yunke cuenta con el máximo reconocimiento en el mundo de la magia, habiendo logrado alzarse con el Premio Mundial de Grandes Ilusiones en el Campeonato de Magia de 2018, que ya logró ganar anteriormente en Lisboa en el 2000.

Yunke haciendo viajar al público al Antiguo Egipto – Imagen realizada por Irene Valdés durante el espectáculo

En este espectáculo, el mago de larga trayectoria mezcla desde grandes secretos nunca desvelados de Leonardo Da Vinci, hasta experimentos de la NASA de teletransportación, pasando por puertas interestelares del antiguo Egipto, rituales de guerreros de la Gran Muralla China y aviones desaparecidos de la Segunda Guerra Mundial, a través de increíbles efectos de luz, fuego, músicas – que transmiten sensaciones tales como tensión, melancolía o alegría- y sonido, resultando una coreografía para el espectador sencillamente memorable. 

Secretos de Leonardo Da Vinci – Imagen realizada por Irene Valdés durante el espectáculo

Cabe añadir, además, que la performance hace uso de una gran cantidad de medios audiovisuales, como son la cámara mediante planos secuencia en directo (con el típico “fallo” del retardo del sonido con la imagen), iluminaciones claras, oscuras, con tonos cálidos y fríos, y la propia voz en directo que capta el micrófono del gran ilusionista. No obstante, aunque sea una demostración hecha para captar la atención del público y su inconsciente, no deja atrás el humor en ningún momento.

Yunke en una de esas ‘ilusiones’ que provoca al espectador – Imagen realizada por Irene Valdés durante el espectáculo

Tras su periplo internacional, vuelve a España estrenando su espectáculo poniendo como condición que sea en su tierra natal. Hangar 52 «vuela» a Madrid, donde permanecerá del 5 de diciembre al 12 de enero. Sin duda, un viaje que vale la pena hacer. 

Saludo grupal de todos los participantes de la performance – Imagen realizada por Irene Valdés durante el espectáculo

Irene Valdés

No son historias “sobre mujeres para mujeres”


‘La revolución de la mujer en el cine egipcio’
34 Mostra de València-Cinema del Mediterrani
Fundació Bancaixa
Plaza de Tetuán 23, València
Sábado 26 de octubre de 2019

La Mostra de València-Cinema del Mediterrani celebró su 34ª edición realizando un repaso del nuevo cine europeo en su Sección Oficial y Sección Informativa. Además, lo hizo con actividades paralelas tales como la mesa redonda ‘La revolución de la mujer en el cine egipcio’, donde se pretendió potenciar la visión de la creación cinematográfica egipcia hecha por mujeres, así como la diversidad de puntos de vista que la generan, con el objetivo de acercar al público a las diferentes realidades políticas, culturales y de género en Egipto.

Directoras y guionistas egipcias durante la mesa redonda. Fotografía: Irene Valdés.

Esta mesa contó con la presencia de las directoras Hala Khalil, Amal Ramsis, Kamla Abu Zekry, Nadine Khan y Mariam Abou Ouf, de la mano de la moderadora Awatef Ketiti, profesora de la Universitat de València especializada en políticas de género.

Asimismo, para dejar patente esta visión tan innovadora del cine, La Mostra proyectó doce películas de diversas directoras egipcias, como ‘Kas wa lask (‘Cut and Paste’, 2006), de Hala Khalil; ‘Bebo Wa Bashir’ (2011), de Mariam Abou Ouf; ‘Harag W’ Marag (‘Chaos, Disorder’, 2012), de Nadine Khan; y ‘Villa 69’ (2013), de Ayten Amin.

Así pues, debemos introducir el encuentro, dividido en dos partes bien diferenciadas, diciendo que todas son herederas de una generación de mujeres pioneras del cine árabe y, muchas de ellas, hijas de grandes intelectuales. Por otro lado, hay que decir que llevan siendo partícipes de la industria cinematográfica desde el movimiento feminista que apareció en el siglo XIX. 

La mesa redonda se dividió en dos apartados, como se ha expuesto anteriormente: la revolución de las mujeres en el cine egipcio y la revolución vista y tratada por estas mujeres.

La moderadora comenzó el debate dejando patente que el público español tiene escasa información acerca del cine egipcio, y que es posible que, simplemente, se conozca esa historia donde las mujeres han sido muy importantes desde principios del siglo XX. Awatef Ketiti tiene entendido que ha habido altibajos desde los años ochenta que han frenado la participación de la mujer en la historia cinematográfica, a pesar de que se haya regularizado después de las revoluciones árabes, en lo que una de ellas no estuvo de acuerdo. 

Así pues, Amal Ramsis refutó: “nuestra generación no tiene que ver con la revolución en Egipto, ya que casi todas nosotras ya habíamos empezado a hacer cine antes de la revolución, es decir, todas formamos parte de ese movimiento político que hubo y sigue habiendo actualmente con los problemas y consecuencias que eso conlleva, pero hemos luchado y seguimos luchando para poder darnos voz en el mundo audiovisual’’.

Collage de las cinco mujeres egipcias que formaron parte de la mesa redonda. Fotografía: Irene Valdés.

Nadine Khan comentó que el gran problema del cine egipcio después de la revolución realmente no existía o, mejor dicho: “sería lo de menos”. “El hecho de enfrentarnos a la revolución lo hacemos porque existe un gran control de nuestras producciones, hay mucha censura que nos prohíbe dar pasos hacia delante, ya que el cine egipcio está pasando por una crisis’’. En el amanecer de este tipo de cine hay muchas caras conocidas, y es por ello por lo que la revolución significará un salto hacia delante, importante para el cine en general. 

¿Cuál es vuestra visión general del cine?

Todas ellas estuvieron de acuerdo en no saber cómo explicar lo que tuvieron que pasar y sufrir durante esa revolución; no podían hablar de ella como algo general porque cada una tiene su historia. Sin embargo, hay algo común sobresaliente en todas ellas: han estado viendo escenas horribles, sucesos inesperados e, incluso, algunos actos que no quieren recordar, por eso hay ciertos hechos que no pueden contar, que no pueden sacar a la luz en sus películas.

Sin embargo, Hala Khalil expuso que no solo había problemas en el cine femenino, sino que todos los cineastas se toparon con consecuencias y dificultades durante la revolución, y es por ello por lo que no pudieron hablar de ella, de la guerra real, de la experiencia que han vivido desde el 25 de enero.

De hecho, Kamla Abu Zekry también dejó patente que hay muchas opiniones, que se ha hablado mucho después de la revolución, y que ella ha podido hacer y producir varias películas después de la revolución, pero no grabarlas o producirlas durante la misma o antes de ella.

¿Cuál es vuestra visión o evaluación del rol de la mujer en la creación de cine árabe?

Mariam Abou Ouf contó que la revolución ha pasado por varias etapas, no solo una en concreto. Expuso que, por ejemplo, en 2011 y 2012 había productoras de cine y muchas directoras cinematográficas, pero que esa fue una etapa que no podían controlar, aunque fuesen mujeres u hombres.

“Es decir, para mí hubo muchos cambios y por eso no podría expresar de forma libre qué nivel de producción cinematográfica se dio. Durante estos dos años la vida estaba un poco más avanzada, pero de todas formas yo no era consciente, no podía ver, me faltaba el aire, necesitaba más tiempo para recuperarme; hablar de la revolución antes de ese tiempo, para mí era imposible. A lo mejor he tardado dos años o así en volver a la vida, y a partir de 2013 y 2014 he podido contar esa experiencia que viví’’.

Hala Khalil manifestó: “yo hice una película sobre la revolución después de la misma y era como un receso donde se pudo hablar de temas tabú, pero luego ya no podíamos hacerlo libremente. Si ahora quisiera proyectar la película que hice después de la revolución, estoy segura de que no podría. El cine depende de cada etapa por la que vamos pasando’’.

La mujer representada en el cine egipcio. Fotografía cortesía de La Mostra.

Kamla Abu Zekry: “Yo quería añadir que, por otro lado, Francia ha tenido mucha importancia en la industria del cine en Egipto y ha ayudado a que tenga valor. El gobierno empezó en 1972 una crisis, luego emigraron a otros países y, posteriormente, en 1980 hubo otra crisis. En los 90 el cine también pasó por muchos problemas y etapas. En resumen, cada etapa quedó afectada por crisis o revoluciones. De hecho, actualmente estamos pasando por una revolución tecnológica’’.

No obstante, ahora los jóvenes pueden hacer sus películas incluso con el móvil; ahora todo es más fácil, hay muchos jóvenes que han entrado en este dominio. Además, al hablar de mujeres o productoras egipcias, a nivel de conciencia tienen mucho que ver las personas intelectuales. “Yo, por ejemplo, he hecho tres películas y las protagonistas han sido mujeres, pero hemos tenido muchos problemas para su producción. Yo sí que pude estrenarlas al pasar un tiempo, pero conozco a productores y productoras que tuvieron que crear una personal para poder sacar a la luz sus películas’’.

Fotograma de la película ‘Cut and Paste’, de Hala Khalil. Fotografía cortesía de La Mostra.

Nadine Khan: “Intentamos luchar entre todas, pero no estamos dentro del núcleo del cine porque, al fin y al cabo, es un negocio y, a veces, es muy complicado seguir ahí; siempre tienes que buscar solución’’.

Amal Ramsis: “Creo que antes lo ha comentado Kamla, cuando hablamos del cine egipcio no hay mucha producción cinematográfica, pero tenemos un escaso lugar en el que nos apoyamos, por ejemplo, en otras empresas europeas de fuera o del oriente. En Marruecos hay ayudas del gobierno, pero en Egipto no. Después de la revolución sí que era algo moderno, había muchos documentales, pero han pasado varios años y podemos decir que, en este momento, las ayudas de los ministerios no existen. Ahora seguimos igual y yo produzco mis propias películas. Por ejemplo, después de la revolución se estrenó mi película, pero poco después ya no se podía proyectar, a la gente no le interesaba estar en estas salas de cine viéndola, porque la producción no es solo sacar adelante una película, es también conseguir proyectarla y explotarla en las salas de cine y eso sí que está limitado. De hecho, en Egipto hay unas salas donde pueden proyectar una vez o dos a la semana, e, incluso, había veces que se podía exhibir solo una vez al año. Pensamos que el cine egipcio es raro».

Mariam Abou Ouf: “Pienso que somos pocas las mujeres en el cine y la única protectora, pero no podemos hablar de que hay rol en la mujer en este punto sin hablar del Festival Internacional de Cine de El Cairo, que se celebra durante 10 días en el mes de noviembre de cada año desde su fundación, en 1976, con la excepción de las ediciones de 2011 y 2013, que fueron canceladas debido a la inestabilidad política que estábamos pasando. También me veo en la obligación de nombrar a Nadine Labaki, cineasta libanesa nominada al Oscar por ‘Cafarnaúm‘, que es una de las autoras más personales y críticas del panorama cinematográfico actual.

Produce, escribe, dirige y protagoniza sus proyectos porque todavía no ha encontrado a nadie mejor que ella para plasmar las ideas y la miseria que ella pretende mostrar al mundo sobre la sociedad en la que se crió. Con esto me refiero a que, como decía al principio, es verdad que somos pocas, pero tenemos un rol muy importante en la producción cinematográfica, es verdad que la cantidad es escasa, pero todos y todas, directores y productoras, somos importantes’’.

¿Tenéis una definición del cine? ¿Tenéis fe en la existencia del cine? ¿La visión del cine en la mujer es distinta del cine del hombre? ¿La productora tiene problemas respecto al productor hombre?

Nadine Khan: “Yo, por ejemplo, estuve en el festival de cine de la mujer en Egipto, y la directora del certamen planteó que no siempre se tiene por qué tratar temas de la mujer, que el cine también nos da una visión a la hora de presentarlo al mundo. Por ejemplo, hace dos años se presentó una película de los trabajadores en Asturias, concretamente la manifestación de los mineros intentando abrir y cerrar las minas. La productora de la película habló sobre ella, contando las penurias que los mineros que estaban en ellas sufrían. Es decir, no es obligatorio tratar el tema de la mujer.

Hala Khalil  comentó que varias de sus películas, como ‘Nowara’,  ‘Día para mujeres’ y, sobre todo, ‘Kas wa lask’ (‘Cut and Paste’, 2006), premiada como mejor película en el Arab Film Festival, muestran la visión de la mujer, pero dejó patente que cuando empezó a hacer películas le molestaba un poco “el cine de mujer”, porque ella quería hablar de todo en general y no de la mujer en particular.

Sin embargo, al pasar el tiempo, casi sin darse cuenta descubrió y sintió que la protagonista de una película siempre debía ser una mujer, o que la historia hablase de esta. Esto no quita su pensamiento de que hay hombres que tratan el tema de la mujer incluso mejor que ellas, porque la apoyan y saben sobre el tema. “Creo que, aunque me proponga hablar sobre otros temas, me sale solo hablar de las mujeres porque la siento dentro de mí; aunque intente buscar escenarios y personajes hombres, siempre acabo acudiendo a los brazos de la mujer’’.

Una de las directoras egipcias en acción. Fotografía cortesía de La Mostra.

Kamla Abu Zekry: “Es verdad que yo veo mujeres cineastas. De hecho, yo lo soy, yo soy productora, pero ¿cuántas mujeres pueden serlo? Una vez hice un cortometraje que contaba la historia de una niña que se va haciendo mayor y va pasando por diferentes etapas durante su vida, enseñando cambios hormonales como la menstruación y cómo le afectaba, sus estudios… Es un corto que se me ocurrió cuando fui a París. Estaba sentada en una cafetería cerca de Notre Damme y escuché un ruido –“tac tac tac’’–, unos golpes en el suelo».

«Al principio pensaba que eran gotas de lluvia, pero no. Salí a ver y observé muchas mujeres parisinas que iban corriendo con tacones al trabajo, y ahí me acordé de la hermosa mujer egipcia yendo al trabajo por la mañana. Me pregunté lo siguiente: ¿por qué la mujer egipcia cuando va al trabajo va siempre encogida, con miedo por si le acosan por la calle? Y ¿por qué la mujer europea es tan orgullosa y refleja tanta confianza en sí misma? ¿Por qué?’’.

“Entonces empecé a pensar que yo era una persona muy conservadora y sin nada de relación con la industria cinematográfica. Una vez empecé en el mundo del cine me convertí en una persona muy revolucionaria, muy dinámica, no me gusta la sumisión. Una vez crecí y cumplí mi mayoría de edad, hubo un cambio a nivel personal. Mi familia siempre me ha dicho que no fuese sola a ningún lugar, que no fuese de esa manera vestida…; ahí creció en mí un miedo a ser mujer, a ser inferior al hombre, dándome cuenta de cómo educaban los conservadores a sus hijas, haciendo una mujer sumisa, sin excepciones, porque ellos educan a las niñas árabes para ser madres, hijas y esposas. Entonces, la directora tiene que ser una revolucionaria que rechaza la realidad egipcia, porque la productora tiene que ser ella. Yo cuando estudié en la universidad participé en teatro y no fui vergonzosa, pude no ser sumisa’’.

Amal Ramsis: “Yo hablaba un día con un grupo de chicas y pensaba que eran de generación antigua, con educación sumisa y conservadora, pero por suerte se está formando una generación después de la revolución que está rompiendo con esas cadenas, ha habido un cambio en el que nacerán muchas directoras’’.

“Esto son indicadores de que la ciudad está cambiando, en El Cairo se pueden hacer más cambios comparado con lo rural, está mejorando la situación, vemos a más chicas fuera de muchas clases sociales, que pueden vestirse de forma más liberal ahora, y eso es muy positivo’’.

¿Hay límites a la hora de producir? ¿Es muy complicado tener un suministro de financiación al ser mujer? Al ser directoras, ¿habéis tenido problemas con vuestros compañeros hombres en cine?

Mariam Abou Ouf: “Yo empecé a trabajar en este ámbito a los 16 años, pero nunca he sufrido discriminación por parte de hombres, nunca me he sentido inferior a pesar de haber trabajado como ayudante, siempre me he sentido bien con ellos. Me sentía la única mujer detrás de la cámara, por lo que sí que es verdad que sentía cierta inseguridad por los actores y productores, ya que al principio no sabía cómo iban a reaccionar. Como era muy joven tenía miedo sobre todo al volver a casa, pero nunca sentí una discriminación por parte de mis compañeros. Sonará raro, pero es ahora cuando estoy notando esa discriminación porque no puedo hacer películas comerciales, de acción o comedia y es verdad que un hombre que tiene la misma visión que yo tiene el mismo problema de financiación, por lo que no es un problema solo para las mujeres en el cine, también lo es para el hombre’’.

“No obstante, no podemos decir que las mujeres producen igual que los hombres, porque hay películas que no se pueden hacer; tenemos hombres productores, pero no podían producir ciertas obras cinematográficas porque existe la prohibición y censura no solo en Egipto. De hecho, las directoras árabes tienen que hacer películas diferentes ya que para hacer películas con temas como el terrorismo, el velo o la ablación tienes que ser un hombre’’. 

Nadine Khan: “Yo, a veces, cuando escribo pienso que si fuese un hombre podría haber añadido más cosas, más detalles o haberlo contado mejor; las películas que hago siempre salen de la motivación o experiencia personal, porque suelo escribir películas de historias o vivencias, y a veces pienso en mi madre, mis amigos, mi hija, etc.’’.

“El cine es un reflejo de la realidad de la sociedad, el cine es un público grande y fuerte con sus clases, pero no podemos hacer muchas cosas; tenemos que volver a la fase de reeducar a la sociedad. Pero es que yo no quiero reeducar a nadie, cada uno que viva su vida, eso existe y está impuesto para la mujer, para el hombre y para la sociedad en general. Siento que no puedo discutir un tema tan importante porque, al final, soy como el hombre ingeniero que trabaja en la construcción o el electricista que arregla los productos rotos, y estamos en la misma situación’’.

Fotograma de una de las películas proyectadas durante el festival. Fotografía cortesía de La Mostra.

Hala Khalil: “Antes de escribir un guion has de enviarlo a edificios de censura para que los despachos digan sí o no, siempre controlan lo que se puede poner o no, grabar o no, proyectar o no. Realmente no hay ninguna norma o criterio en los edificios de censura, no hay guías, pero cuando estás escribiendo, tú como egipcia sabes lo que puedes dejar o no, lo que debes quitar, lo que dejas y te pueden eliminar… Por ejemplo, no podrías hablar ni de relaciones sexuales, ni de religión, ni de política, ni de riqueza… Solo hablamos de nosotros, de nuestro pueblo, es como mostrar una telenovela. Si quieres decir algo debes leer entre líneas y depender de la estupidez de la censura y, sobre todo, que cuando quieras transmitir un mensaje, que no se malinterprete y se entienda perfectamente lo que quieres comunicar’’.

Amal Ramsis: “Ellos lo llaman cine limpio. Un ejemplo de cine limpio fue una anécdota que me gustaría contar. Yo estaba haciendo una película de amor, con una pareja. En una escena había una escena de beso, de los dos enamorados, pero tanto el actor como el productor se negaron a grabarlo. Yo insistí en que el actor debía besar a la chica porque no entendía por qué era un tema tabú, era solo un beso. De hecho, la actriz estaba ahí quieta y esperando. La excusa del actor para no dar el beso era que mucha gente iba a estar mirando, tanto a la hora de rodar como a la hora de ver la película en la sala de cine. El productor insistió en que la quitase, hasta que al final llegamos a un acuerdo, porque él se negaba a sacar esa escena en pantalla y yo quería que se diesen un beso en la película. Al final decidimos que el actor diese un beso a la chica únicamente rozando sus labios, sin llegar a tocarse y, cuando pareciese que iban a besarse, pasar a la siguiente escena, cortar de raíz. Cuando el público vio la película y, en concreto, esa escena, había mucha gente contenta de saber que la película iba a acabar con la escena de un beso, y, de repente… ¡pum!, ¡se cortó!’’.

Un instante de la mesa redonda. Fotografía: Irene Valdés.

Al acabar la mesa redonda, protagonizada por estas mujeres tan revolucionarias y dispuestas a cambiar el mundo, se realizó una ronda de preguntas por parte del público donde las directoras continuaron respondiendo y contando anécdotas con gran ilusión y sin tapujos. 

El acto finalizó con la frase que una de ellas pronunció mientras respondía a una de las preguntas: “Ojalá volviéramos a la mujer faraónica, porque fue ella quien tuvo el poder y gobernó el mundo’’.

Irene Valdés

El cambio de sexo que no marca la diferencia


‘Orlando’, la adaptación a teatro de la obra de Virginia Woolf, escrita por Vanessa Martínez
Sala Russafa
Dènia 55, València
7 de noviembre de 2019

Érase una vez un apuesto joven isabelino, noble y poeta, que a los treinta años se transforma en mujer y vive así durante casi cuatro siglos. Con la suave cadencia de un cuento, Virginia Woolf irrumpe de nuevo en nuestros escenarios de la mano de la directora Vanessa Martínez en la Sala Russafa, aprovechando el 9º Ciclo de Compañías Nacionales, con el estreno de ‘Orlando’. Esta nueva propuesta se presenta como un juego literario, musical y temporal en el que Rebeca Sala, Gustavo Galindo, Pablo Huetos, Pedro Santos y Gemma Solé interpretan a más de treinta personajes.

Rebeca Sala, Gustavo Galindo, Pablo Huetos, Pedro Santos y Gemma Solé – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

Como decimos, la obra nos va llevando de época en época. Conforme se desarrolla la historia se va transformando, nos va ubicando en los distintos espacios y tiempos, desde los sonidos de John Dowland hasta el foxtrot, desde la Corte inglesa a Constantinopla. Otro aspecto que define la puesta en escena es el humor, un tejido capital para seguir la peripecia del protagonista.

Amor, deseo, guerra, erotismo, cambios de género. Todos estos componentes aparecen en ‘Orlando: una biografía’, (1928), la sexta novela de la escritora inglesa Virginia Woolf. Una obra de sorprendente actualidad, que condensa una feroz crítica a la moral victoriana y está inspirada en la amante de Woolf, la aristocrática poetisa Vita Sackville-West.

Y es que hace cien años, Virginia Woolf se cuestionó sobre las diferencias entre hombres y mujeres. Una de las respuestas que ofreció al mundo fue su ‘Orlando’, un personaje andrógino, posiblemente el primer transexual de la historia de la literatura, cuya vida es extrañamente longeva: nace en 1588, en época isabelina, y muere en el periodo de entreguerras, en 1928, fecha que coincide con la publicación de la novela de Woolf, como ya se ha apuntado. A pesar de vivir más de trescientos años, Orlando solo envejece en apariencia hasta los 36.

Pero no hagamos más spoiler. Contemos la historia de una manera diferente, como quiso hacer Vanessa Martínez, concretamente a partir de varios narradores omniscientes con cálamos de largos plumajes blancos.  

Dos narradores interpretando la obra ‘Orlando’ – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

En primer lugar, Orlando conoce a la reina Isabel I, aunque nunca se la menciona directamente, pero cae en desgracia y se aleja de la corte. Cuando regresa, gobierna Jaime I.

Durante lo que se conoció en Inglaterra como ‘La gran helada’, en el invierno de 1683 a 1684, el protagonista se enamora perdidamente de una princesa rusa, llamada Shasha. Según él mismo expone, esa era la primera vez que había amado, la primera vez que había sentido algo tan cercano al amor. Los enamorados patinan juntos durante varios días, pero la historia no acaba del todo bien. Un día, el barco en el que había llegado Shasha deja de estar atrapado en las aguas congeladas del Támesis, cuyo suceso hace que la mentira y el abandono reinen en escena.

Sin embargo, eso solo lo sabe el espectador, esto es, la princesa rusa le prometió a Orlando amor eterno y, de hecho, la pareja queda en un punto para escaparse a vivir juntos, pero Shasha nunca llega a acudir. Orlando se queda en la cama recuperándose durante nada más y nada menos que una semana. Los narradores intentan espabilarle, pero su dolor es tan fuerte que ni con palizas consigue despertar. El fracaso de este romance lleva a Orlando a regresar a un poema –’El roble’– que dejó atrás en su juventud. 

Abramos un paréntesis recordando que la aventura apasionada de Orlando y Sasha representa el romance de Vita SackVille-West con Violet Trefusis, porque esta novela, además de la sátira a la biografía y el discurso feminista, es, ante todo, una carta de amor de Virginia Woolf a su gran amiga Vita, a la que dedica la obra. Cerramos paréntesis.

En este punto de la historia, llegamos a uno de los pasajes más famosos de esta singular novela: el momento en el que Orlando cambia de sexo. La obra, por su argumento, podría considerarse fantástica (de hecho, su protagonista se transforma por arte de magia –no mediante ninguna operación médica que explicara la transformación– y vive, ya lo hemos dicho, una vida anormalmente larga y, encima, no envejece). 

Entran entonces la Pureza, la Castidad y la Modestia (las tres mayores virtudes de una dama en esa época), pero las trompetas retumban cada vez que una de ellas habla: las exhortan a marcharse. El sonido de las trompetas se convierte en el mensajero que anuncia la resurrección, el cambio, que proclama el despertar de la naturaleza, la nueva esencia de Orlando. “Las horribles hermanas se desconsuelan, lloran al unísono, bailan en círculos y agitan sus velos de arriba abajo antes de pronunciar su despedida: «No siempre ha sido así. Pero los hombres ya no nos necesitan; las mujeres nos aborrecen. Nos vamos, nos vamos. Yo (dice la Pureza) a los palos del gallinero. Yo (dice la Modestia) a cualquier discreto rincón donde abunde la hiedra y las cortinas»’’.

Orlando tras su transformación – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

La escena termina cuando Orlando despierta, abandonado por estas virtudes, solo en su cuarto, entre el sonido de las trompetas que siguen preguntando por la verdad. Es ahí cuando el narrador sentencia que era una mujer. Aquí sí que necesitamos recurrir al mayor spoiler: el cambio se había producido, una metamorfosis verdadera y permanente, pero que no había transformado la auténtica esencia de Orlando. Ser hombre es equivalente a ser mujer, no hay diferencias y, si las hay, son incómodas incomprensiones de la sociedad.

De esta manera, se pone a la mujer y al hombre en una balanza donde ninguno de los dos individuos es más que el otro, donde ambos sexos están equilibrados, como si dijéramos, en línea recta. Quizás sea este el motivo por el que Vanessa Martínez escoge a una actriz como protagonista de toda la obra, en lugar de coger en la primera parte a un hombre y en la segunda tras el gran cambio de sexo, a una mujer. 

Es entonces cuando nadie se extraña de su renacer femenino, nadie duda de que sea la misma persona; y esa aceptación permite al lector (en el caso del libro de Virginia Woolf) y, en este caso, al espectador en la representación de esta obra de teatro, percibir el cambio no como una fantasía, sino como la tesis de la autora de que las diferencias entre los dos sexos no afectan a la psique ni al alma de la persona. Uno puede ser hombre y mujer, y esto no lo cambia realmente.

A partir de este momento, los narradores omniscientes cuentan las aventuras de Orlando en femenino: se escapa con una tribu de gitanos con la que llega a la meseta central de Anatolia; pasado un tiempo, la añoranza LA fuerza a embarcarse hacia Inglaterra. A su regreso, se encuentra con que lo han declarado fallecido y que, al ser ahora mujer, no tiene derecho a poseer en propiedad su propio palacio. Pasado un tiempo, cruza el periodo victoriano, época en la que conoce a Shelmerdine, un aventurero con el que se acabará casando (y, por lo tanto, con quien podrá resguardar su herencia).

Nos encontramos ya con el final de la obra, concretamente en el primer tercio del siglo XX donde, mientras Orlando está dando a luz a un hijo carnal, ansía terminar su poema “El roble’’. Y así lo hace, antes de “acabar’’ de parir, escribe la última palabra de su poema, por fin. Podríamos decir que, al traer al mundo a su nuevo hijo, también da a luz al poema que tantísimos años le había costado escribir. Cabe hacer otro paréntesis dejando patente la clara alusión de “El roble’’ al poema narrativo «La tierra» («The land», en el original), de Vita SackVille-West. Cerramos paréntesis.

Saludo grupal del elenco de la obra ‘Orlando’ – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

El asunto de la historia literaria es esencial, pues el desarrollo del poema “El roble” tiene que ver con las ganancias de libertad de las mujeres escritoras y de que no será hasta el siglo XX hasta cuando la autora tendrá “una habitación propia” y podrá escribir de tú a tú con los hombres, contrario a la fracasada “hermana de Shakespeare”, personaje imaginario a quien Woolf dedica uno de sus ensayos feministas más agudos.

Esta obra de la escritora inglesa es rompedora por lo que significó para el feminismo. Y Vanessa Martínez lo ha sabido representar de la misma manera, mediante escenas de pasión, erotismo, tristeza, igualdad y fuerza femenina, copiando ese afán de libertad que le enseñó Woolf, que toda mujer merece.

De hecho, podemos concluir manifestando que, por ejemplo, Borges, no era un gran admirador de la escritora inglesa, pero aún así, consideraba que ‘Orlando’ era una “novela originalísima. Sin duda, la más intensa de Virginia Woolf y una de las más singulares y desesperantes de la época”. Y es que tampoco podríamos evaluar la representación de teatro de la directora Vanessa Martínez con adjetivos diferentes a los del erudito escritor argentino.

Irene Valdés