#MAKMAEscena
‘Il turco in Italia’, de Gioachino Rossini
Dirección musical y fortepiano: Giacomo Sagripanti
Dirección de escena y vestuario: Laurent Pelly
Con Lisette Oropesa, Alex Esposito, Misha Kiria y Edgardo Rocha, entre otros
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Opéra de Lyon y el New National Theatre Tokyo
Teatro Real
Plaza de Isabel II, Madrid
Del 31 de mayo al 12 de junio de 2023

“Bien podría hablarse de una nueva mafia pseudocultural que contrabandea con una droga muy especial por todo el mundo, una droga que un análisis sociológico nos mostraría la educación que la propia sociedad de consumo está impartiendo a sus masas: alienación consumista, erotismo omnipresente, violencia, deformación permanente de la realidad mediante la creación de paraísos e ilusiones artificiales, exaltación del coito, hipervaloración de los atractivos físicos…”, rubricaba un cáustico y epatado Alonso Ibarrola en su artículo ‘Las fotonovelas. Un arte menor para un público masivo’, publicado en la revista Triunfo, en 1968.

El periodista y escritor guipuzcoano paseaba el verbo por la Via Nomentana de Roma para garbear la crónica junto a un relevante productor de fotonovelas italianas y comprender, así, las vicisitudes más prosaicas de un subgénero alumbrado en la región del Lacio a finales de los años 40.

–¿Qué cree usted que han aportado las fotonovelas a la cultura italiana? –inquiere el plumilla.
–La fotonovela ha supuesto algo revolucionario, ya que cambió la mentalidad de las mujeres italianas. Por otra parte, las fotonovelas han enseñado a leer a la gente. Hace veinte años las muchachas de servicio, las modistillas…, no leían nada. Ahora tienen la afición por la lectura… –radiografía su interlocutor.

Una combustión lectora con la que aliviar las cuitas a base de alucinación, deslumbramiento y ensueño, eviscerando toda clase de tedio y de dolor que gobernaba el cosmos plomizo de lo cotidiano.

Il turco in Italia
Lisette Oropesa (Fiorilla), Alex Esposito (Selim) y Misha Kiria (Don Geronio), en un instante de ‘Il turco in Italia’. Fotografía de Javier del Real cortesía del Teatro Real.

Y a tales insospechados recursos acude la Donna Fiorilla de Gioachino Rossini revisitada por Laurent Pelly y Giacomo Sagripanti, director de escena y vestuario y director musical, respectivamente, de ‘Il turco in Italia‘, dramma buffo en dos actos cuyos afeites contemporáneos –que alumbran una nueva dimensión frente a las convenciones de comienzos del XIX– estrena el Teatro Real del 31 mayo al 12 de junio, en coproducción con la Opéra de Lyon y el New National Theatre Tokyo.

Un lúbrico fotoromanzo en el que Fiorilla –encarnada por la soprano Lisette Oropesa, erigida aquí en una maggiorata propia del cine italiano de posguerra– divisa un horizonte henchido de albricias y libidinoso porvenir junto a Selim, un intrépido príncipe turco (no tan distante de nuestras sobremesas catódicas, aunque sí más plúmbeo y acartonado) capaz de satisfacer su apetito, atravesado de inconfesables deseos. Tal vez, “el personaje que ella quisiera ser, pero en hombre”, elucubra Lisette, para quien Fiorilla, ante todo, “sueña con la libertad”.

“De este modo, los personajes de la ópera se convierten en los actores de su imaginación desbocada, desde Zaïda, novia rechazada de Selim, hasta Prosdocimo, poeta miserable en búsqueda de inspiración y testigo voyeur de las extravagancias de Fiorilla, convertida ella también en personaje de fotonovela”, suscribe Laurent Pelly.

Edgardo Rocha (Don Narciso), Misha Kiria, Lisette Oropesa y Alex Esposito. Foto: Javier del Real, cortesía del Teatro Real.

Sugestivas vesanias escenificadas a base de efervescencia kitsch y psicodelia, en tanto que “los códigos de la fotonovela son aquí herramientas de teatro que permiten jugar con la locura de los personajes y la ligereza de las improbables situaciones”, matiza Pelly, quien resulta sobresaliente, junto a Chantal Thomas, en la composición escénica –procurando un dinámico juego de arquitecturas móviles y puntos de fuga que sobrecogen en su dimensión audiovisual (idónea para su venidera proyección, el 9 de junio, en ARTE TV y su incorporación al catálogo de MyOperaPlayer)– y, en cambio, confuso y lábil en la rúbrica de los figurines de tres de sus personajes principales: el poeta Prosdocimo, don Narciso (chevalier servant de Fiorilla) y el príncipie turco Selim Dameclec.

“Un frenético, irresistible, tiovivo rossiniano”, define un siempre ubérrimo Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real. “Esos personajes que llevan puesta la máscara que les corresponde y que, a veces, son más instrumentos musicales que tipos psicológicamente definidos; esos encantos melódicos y rítmicos puramente sensuales; ese gusto por el exceso y la repetición que invita a ver la realidad a través de un espejo deformado que todo lo convierte en grotesco, como si el tema central de la ópera cómica fuera la misma ópera cómica”.

Lisette Oropesa y miembros del Coro Titular del Teatro Real. Foto: Javier del Real, cortesía del Teatro Real.

Inopinadas contingencias, a la postre, que escenifican un desenlace remozado con el que subvertir la impronta aleccionadora del libreto de Felice Romani, aun cuando su diégesis desequilibrara las composturas decimonónicas de La Scala de Milán e ‘Il turco in Italia’ fuera deportada de los repertorios europeos durante casi siglo y medio, hasta que Luchino Visconti y Maria Callas vivificaron su legado operístico a mediados de los años 50.

Si en la pieza original –edificada sobre un texto de Caterino Mazzolà de 1788–, la joven, desahuciada por todos, debe confrontar la carta de divorcio de su marido Geronio y suplicar su perdón, sobre las tablas del Real, “Fiorella no vuelve al orden”, concluye Lisette Oropesa. “No la queremos encerrar en ese escenario final moralizante”.