Fernando Lara

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‘Hijos del 27. Los escritores cinematográficos de la Generación de la República’’
Fernando Lara
Editorial Saco Roto
2026, 550 páginas

Fernando Lara fue el director de la Semana Internacional de Cine (Seminci) de Valladolid durante dos décadas, en una de sus etapas más gloriosas, y luego director general de Cinematografía cuatro años. Pero nunca dejó de ser periodista y escritor, y desde esa doble faceta aborda su último ensayo de investigación ‘Hijos del 27. Los escritores cinematográficos de la Generación de la República’ (Editorial Saco Roto) que ha sido presentado en el festival que fue su casa.

En conversación telefónica con MAKMA, Fernando Lara explica que el libro no surgió al amparo de la próxima celebración del centenario de la Generación del 27, como pudiera pensarse, aunque sí ha sido intencionado publicarlo antes de la efeméride para evitar competir con la acumulación prevista de títulos y actividades. En cambio, su origen está en su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de hace cinco años.

En aquel discurso de ingreso ‘El fuego sagrado. Un itinerario personal’ Lara lamentó que los críticos de su generación no habían encontrado precedentes significativos en la tradición española con los que identificarse.

Los críticos visibles en su época en diarios y revistas de información general “no eran especialmente buenos y, además, muchos habían sido censores, algo que me parece contradictorio con el ejercicio de la crítica”. Pero lo interesante de aquella reflexión era la duda que llevaba aparejada: esos referentes ¿no habían existido, o quizás su generación no se esforzó lo suficiente por encontrarlos?

Presentación del libro ‘Hijos del 27’, de Fernando Lara, en la Seminci de Valladolid. Imagen cortesía del festival.

Dos años después, con el fin de intentar dar respuesta a esa pregunta obtuvo una ayuda de la Academia de Cine y dedicó casi tres años a investigar. “No tenía ninguna certeza al empezar, y no sabía si hallaría un grupo consistente. Perfectamente podría haberme encontrado con que no había nada y verme obligado a abandonar la investigación”.

“Sin embargo, para mi sorpresa, me encontré con un conjunto amplio de autores, y una producción crítica y teórica muy rica, a la altura de la crítica cinematográfica que se estaba realizando en otros países como Italia o Francia”, añade.

De modo que finalmente sí encontró materia para un libro, y no uno breve, sino de 550 páginas. Lara considera este ensayo “como un acto de justicia hacia estos hombres, pero también un acto de contrición, porque nuestra generación no se esforzó lo suficiente por buscar estos referentes, que hubieran sido nuestros referentes naturales”. En su lugar tuvieron que buscarlos en las revistas francesas, británicas e italianas.

El título ‘Hijos del 27’ puede resultar equívoco. El ensayo fija en 1925 los comienzos de una eclosión cultural en el mundo de la escritura cinematográfica que ha tardado mucho en darse a conocer y lleva el periodo hasta el final de la Guerra Civil, en 1939.

Lara llama a este grupo Generación de la República y cree que merecen figurar por derecho propio en el marco cultural de la Edad de Plata de la cultura española, término que ahora se usa más que el de Generación del 27 porque este último parece circunscribirse, sobre todo, a los poetas. Porque la explosión de esos años no afectó sólo a la poesía.

“No es sólo literatura y poesía, sino que está en todas partes: músicos, pintores, arquitectos…” y también escritores de cine, en un momento, además, en el que este arte vivía su transición del mudo al sonoro. La elección del año 1925 no es arbitraria: es el año de ‘La quimera del oro’ y ‘El acorazado Potemkin’, y también la fecha que marca la llegada de la divina Greta Garbo a Hollywood.

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“En aquellas primeras revistas cinematográficas de la época, que estaban muy centradas en el mundo de las estrellas y las starlettes, estos autores iban introduciendo críticas y comentarios que terminaron conformando un cuerpo teórico que merece la pena. Descubrirlo fue una auténtica sorpresa. No me esperaba esta riqueza de contenidos. Y a medida que los iba descubriendo me iba entusiasmando más con la investigación”.

Lo más llamativo del caso es que, pese al aislamiento intelectual de España en esa época, estos escritores seguían de cerca el cine francés, alemán, soviético y estadounidense gracias a la red de corresponsales de las revistas, que les tenían al día. Conocían particularmente bien las teorías francesas, en parte porque el francés era la lengua extranjera que estudiaban.

Admiraban el cine alemán de la UFA y el cine soviético, sobre todo los sectores más próximos al comunismo. Y sufrían la contradicción de declararse con frecuencia contrarios al cine estadounidense, mientras caían rendidos de fascinación por Hollywood, sus películas y estrellas como Greta Garbo, Mae West o Chaplin.

Uno de los nombres más destacados es el del valenciano Juan Piqueras, que fue el fundador de Nuestro Cinema, revista claramente próxima a las ideas del Partido Comunista, y que ejerció también como seleccionador de películas para Filmófono. El final de Piqueras fue trágico pues se cree que fue fusilado en 1936 en el entorno de Venta de Baños, en la provincia de Palencia.

Con todo, fue el primero de estos escritores del que los españoles tuvieron noticia, merced a un artículo en ‘Triunfo’ del año 1971. Cuando se creó la Filmoteca de Valencia, Ricardo Muñoz Suay decidió dedicarle la sala principal. Pero su nombre ya no figura allí porque un gobierno posterior del PP prefirió que el titular fuera Luis García Berlanga. “No es que Berlanga no se lo merezca, pero no debería haber sido a costa de Piqueras”.

No era fácil encontrar información sobre estos autore en la época en la que Lara comenzó a iniciarse en la crítica de cine. Sobre algunos de ellos sólo había referencias parciales o breves menciones en libros. Muchos se exiliaron. Otros fueron asesinados, represaliados o marginados bajo el franquismo.

Cubierta del libro ‘Hijos del 27’, de Fernando Lara.

Además de Piqueras, destacan otros nombres como Antonio del Amo que se inició en el cine como crítico destacado, pero terminó dirigiendo películas de Joselito. Del Amo decidió quedarse en España y la leyenda dice que fue condenado a muerte. Lara aclara que no. Los documentos recogidos en el libro indican una condena de 30 años de prisión, luego conmutada a 12 y después a seis. Esta desinformación era frecuente entonces.

Otro nombre destacado es Florentino Hernández Girbal, natural de Béjar, que también se quedó en España y, según Lara, sufrió una persecución política que se prolongó hasta los años sesenta y que le llevó a dejar de escribir de cine. Hernández Girbal se refugió en Barcelona bajo un nombre falso y escribió novelas del oeste y policiales para sobrevivir. Su mujer, florista de éxito, sostuvo buena parte de la economía familiar con su trabajo.

Cuando la represión disminuyó, la pareja se trasladó a Madrid, pero Hernández Girbal parecía dispuesto a abandonar totalmente su actividad como escritor. Afortunadamente, su mujer lo impidió. Según cuenta en sus memorias, le espetó: “Yo me casé con un escritor y un periodista. Si no vas a ejercer de esto, no quiero saber nada de ti”. Y la amenaza funcionó.

Muy relevante como teórico es Guillermo Díaz Plaja, que en 1930 publicó el primer libro de cine en catalán, y el primer tratado de teoría estética cinematográfica editado en España. Tras la guerra, relata Fernando Lara, Díaz Plaja abandonó el cine y se dedicó principalmente a la literatura.

Fue represaliado. Aspiró a una cátedra universitaria, pero no se le autorizó y quedó como catedrático de instituto. “Sus libros sobre literatura se estudiaban en el bachillerato; yo estudié en ellos”. En el terreno de la teoría cabe destacar también al asturiano Fernando Vela.

En ‘Hijos del 27’ aparece también la figura de Luis Buñuel “que es la figura clave a la hora de hacer películas, pero no en lo teórico, porque escribió poco”, explica el periodista Fernando Lara.

Más allá de la crítica, el cine fascinaba a los poetas del 27. El caso más notable es el de Rafael Alberti, que escribió: “Yo nací, respetadme, con el cine”. Pero también Federico García Lorca, durante su estancia en Nueva York, declaró que hubiera querido ser director de cine, pero que ya era tarde porque había orientado sus pasos hacia la poesía y el teatro.

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Otros escritores del 27 como Benjamín Jarnés, Rosa Chacel y Carranque de Ríos estuvieron muy involucrados con el mundo del cine. “Carranque escribió una novela, Cinematógrafo, que trata sobre las academias de cine que proliferaron en la época, muchas de las cuales eran estafas que atraían a quienes querían entrar en la industria con promesas que luego no cumplían”.

En esta Generación de la República Fernando Lara incluye a dos mujeres destacadas: Silvia Mistral, una excelente periodista y crítica, y Mari Luz Morales, gran figura del periodismo cultural entonces y durante las décadas siguientes, que ha pasado a la historia por ser la primera mujer que dirigió un periódico en España: La Vanguardia, unos meses, durante la Guerra Civil.

“Muchas autoras firmaban con seudónimos masculinos, porque no estaba bien visto que una mujer escribiera sobre cine. Pero también hubo casos inversos, aunque menos frecuentes: un crítico de ‘La Revista del Cine’ firmaba como Laura Brunet”.

Todo este mundo se movía en torno a una serie de revistas que fueron esenciales para la construcción de este corpus crítico sobre el cine. Fernando Lara señala que la más conocida fue ‘Popular Film’, de gran difusión y orientación más próxima al anarquismo. Frente a ella sitúa a ‘Nuestro Cinema’, fundada por Juan Piqueras y cercana al Partido Comunista. Pero tampoco hay que olvidar ‘Cinegramas’, ‘La Pantalla’, o ‘Arte y Cinematografía’, que fue la primera revista de cine. Una publicación que tuvo entre sus fundadores a un abuelo de Lara que no llegó a conocer.

De izda a dcha, Maite Conesa, directora de la Filmoteca de Castilla y León; Valeria Camporesi, direcctora de Filmoteca Española; Raúl García Bravo, editor de Saco Roto, y Mariona Viader, codirectora de Seminci, en la presentación del libro ‘Hijos del 27’, de Fernando Lara. imagen cortesía del festival.

A ellas hay que añadir otras dos revistas que, según el autor de ‘Hijos del 27’, jugaron un papel decisivo. Por un lado, ‘La Gaceta Literaria’, que fue la primera revista cultural europea no especializada que abrió una sección fija de cine allá por los años treinta.

En esta publicación ejerció como periodista Luis Buñuel, que fue corresponsal en París durante una etapa. Pero también aquí publicaron y escribieron muchos autores de esta generación. Como forma de promoción para atraer lectores, ‘La Gaceta Literaria’ fundó el primer cineclub de España.

La historia de ‘La Gaceta Literaria’ es ilustrativa también de la confrontación cada vez mayor que se fue dando en el mundo de la cultura entre los partidarios del fascismo y del comunismo. La publicación fue fundada por Ernesto Giménez Caballero que evolucionó hacia el fascismo. En cambio, autores como Buñuel y César Arconada se orientaron hacia el Partido Comunista.

La otra revista relevante fue ‘Mirador’, que fue el equivalente catalán. Allí escribía Guillermo Díaz Plaja, junto a Sebastián Agustí y Josep Arnau como figuras relevantes del contexto catalán.

“Eran nuestros referentes, pero no sabíamos nada de ellos. Seguramente pudimos hacer más por descubrirlos, pero el contexto tampoco nos lo puso fácil”, sentencia Lara. Su libro ‘Hijos del 27’ los saca del olvido y los coloca en el lugar en el que siempre debieron estar.

Fernando Lara
Fernando Lara, autor del libro ‘Hijos del 27’, en la 66 edición de la Seminci.