El dragón de oro. Teatre Rialto

#MAKMAEscena
‘El dragón de oro’, de Roland Schimmelpfennig
Dramaturgia y dirección: Ánxeles Cuña Bóveda
Traducción: Albert Tola
Intérpretes: Fina Calleja, Fernando Dacosta, Sabela Gago, Fernando González y Fran Lareu
Producción: Sarabela Teatro
Teatre Rialto
Plaza del Ayuntamiento 17, València
25 y 26 de abril de 2026

El texto de Roland Schimmelpfennig fue premiado en 2010 con uno de los galardones más importantes de Alemania (Mülheim Dramatikerpreis) y la compañía Sarabela con el premio más importante de Galicia (Premios de Teatro María Casares, 2025) por este montaje que se ha defendido durante dos días sobre las tablas del Rialto.

Con ‘El dragón de oro’ estamos ante una obra de una complejidad que atrae y atrapa. Esto se percibe en los comentarios del público, que todavía se pregunta qué es exactamente lo que ha visto. Y no es para menos. Al libreto, en el que están presentes todos los rasgos definitorios del autor (fragmentación, rapsodia, metateatralidad y el enigma permanente), se le suma una puesta en escena llena de frescura, de oficio teatral y de recursos que aterrizan la complejidad formal para ofrecérsela bien cocinada al espectador.

En el patio de butacas, veo al propio Roland Schimmelpfennig (1967, Gotinga), que, a pesar de su cercanía, es uno de los escritores dramáticos más importantes a nivel internacional. Desde Alemania ha llevado sus textos por todo el mundo y en su presentación se dice siempre que es el dramaturgo vivo de este país más representado en el planeta.

Desde 2022, tenemos la suerte de que el autor de ‘La noche árabe’ viva en Sagunto y de que esté implicado con el teatro valenciano. Vino para coordinar unas residencias de escritura (Creador.es, de 2021, en las que tuve el honor de participar) y, desde entonces, se ha quedado enamorado de la terreta y de su gente.

El dragón de oro. Sarabela Teatro

En primer lugar, hay que hablar del texto. La propuesta, en su día, fue un encargo de un teatro sueco, como explicaba el dramaturgo en una charla posterior: “Me ofrecieron escribir un texto lo más loco posible para liberarles de su teatro tradicional y psicológico, tipo Strindberg. Por otra parte, un abogado joven, con mucho idealismo, me habló en un semáforo en rojo. Me propuso escribir una obra para defender a los inmigrantes sin papeles que estaban presos, esperando su expulsión en una cárcel”.

Finalmente, el teatro de Estocolmo rechazó el proyecto aludiendo que eso no era una pieza que se pudiera representar. El texto corría el peligro de quedar en un cajón, pero el Wiener Akademietheater apostó por él y decidió que el propio autor fuera su director. El montaje fue un éxito que le valió el ya nombrado Dramatikerpreis de Mülheim, uno de los galardones más importantes en lengua alemana que se le otorga a la mejor obra de teatro contemporáneo. Este premio ayudó a consagrar a este autor como uno de los más importantes de su país.

‘El dragón de oro’ contiene poesía, comedia y tragedia, elementos fantásticos, un ritmo trepidante y toda esa experimentación que se ha convertido en el estilo propio del dramaturgo. Roland dice que “la ficción es el pegamento que lo une todo”. Así sucede en las cuarenta y ocho escenas repletas de saltos temporales, donde se combina la rapsodia con el diálogo, en una forma muy característica de su escritura.

La sinopsis es la siguiente: un edificio de una ciudad indeterminada. En su planta baja hay un restaurante de comida rápida Thai-China-Vietnam llamado ‘El dragón de oro’. Un chino joven e indocumentado tiene un tremendo dolor de muelas mientras está trabajando en la cocina. Puesto que no puede ir al dentista por su condición migratoria, los cocineros deciden arrancársela. Spoiler: acaba en un final funesto.

El resto del edificio se va mostrando a través de sus ventanas y vemos la vida de sus ocupantes (el abuelo, su nieta, el hombre de la camisa de rayas, las dos azafatas…). Las situaciones individuales acaban por resolver la trama principal del hombre de la muela y de su hermana, a la que busca y no encuentra porque está siendo víctima de explotación sexual.

En el texto original se plantea que cinco personas interpreten a diecisiete personajes. El género y las edades de los actores no concuerda con el de los personajes, lo que crea una distancia interesante. También resuelve la cuestión de que, en su origen, actores alemanes pudieran interpretar personajes orientales sin caer en clichés que rozaran el racismo.

El dragón de oro. Sarabela Teatro. IVC
‘El dragón de oro’, de Roland Schimmelpfennig y Sarabela Teatro. Imagen cortesía del IVC.

En la pieza se mezcla la narración en tercera persona con el diálogo directo, lo que crea un efecto bastante curioso. Los personajes funcionan a modo de rapsodas: lo épico se mezcla con lo dramático. Schimmelpfennig es un especialista en buscar esta forma contemporánea en la que la explicación distanciada convive con la primera persona, lo que redunda en una metateatralidad con actor y personaje comunicándose dentro de un mismo parlamento.

La repetición y la variación aparecen en las distintas situaciones: motivos recurrentes, frases que se repiten e imágenes que vuelven. Distintas letanías reverberan como un coro: “Si pudiera pedir un deseo”, el dolor de muelas, las comandas los platos de la carta del restaurante. Se va creando un pulso, a veces vertiginoso, que quiere reproducir lo que sucede en esa cocina vietnamita. Urgencia. Tiene mucho de sinfonía: el ritmo, los ecos y los cánones hacen que, al escucharla con los ojos cerrados, se pueda apreciar la musicalidad.

Aunque fue escrita en 2009, sigue más que vigente diecisiete años después: la inmigración ilegal, la trata de personas y la precariedad laboral son algunos de los temas que trata siguiendo un estilo muy particular; único, podríamos decir.

La propuesta de Sarabela

Sarabela Teatro (granizada en castellano) es una destacada compañía de teatro gallega, con sede en Ourense, fundada en 1980 por Ánxeles Cuña, Begoña Cuña, Fernando Dacosta y Fátima Delgado. A lo largo de sus más de cuatro décadas de trayectoria, se ha consolidado como un referente en el teatro contemporáneo y de compromiso en Galicia. Se definen como un teatro vivo, arriesgado y actual, centrado en emociones intensas y temas sociales, pensamiento crítico y de creación de comunidad.

Bajo la dirección de Ánxeles Cuña Bóveda y con un reparto integrado por Fina Calleja, Fernando Dacosta, Sabela Gago, Fernando González y Fran Lareu, los cinco actores interpretan diecisiete personajes como estipula el texto original. Hay diecisiete espacios distintos: la cocina del restaurante, el balcón del abuelo, el apartamento, la tienda del tendero… Todo un edificio en movimiento.

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Los recursos utilizados para escenificar esta obra tragicómica tiene mucho que ver con lo que Peter Brook llamaba “teatro tosco”: los elementos de vestuario y escenográficos son mínimos; los personajes se construyen a vista del público con una peluca o una camisa; existe comentario del actor sobre su trabajo y el de sus compañeros. Todas esas costuras a la vista redundan en aportar ligereza, a veces humor, buscando un efecto de distanciamiento con el verdadero drama que se cuece de fondo. Las transiciones musicales nos rescatan cada vez del peligro de dejarnos penetrar en exceso por la emoción. Pero el olor a tragedia acaba por escaparse de esos fogones.

Por último, cabe destacar la traducción de Albert Tola, habitual colaborador de Roland Schimmelpfennig. Además de traductor, es dramaturgo y gran amigo, miembro de Nigredo Teatro y muy relacionado con Sala Beckett, por lo que su labor es, sin ninguna duda, una garantía de fidelidad y fuerza dramática.

Tras la función, el coloquio permitió al público conocer un poco más a autor y compañía gracias a la iniciativa de mediación promovida por el IVC. El encuentro cara a cara con los espectadores, que todavía quieren entender más de lo que han recibido y sentido, es de un valor incalculable. Al acabar la jornada, el público sale del Rialto con la sensación de haber estado cerca, casi de haber tocado el teatro con mayúsculas.