Mal Pelo. Dansa València 2026

#MAKMAEscena
‘We. Nosaltres i els temps’, de Mal Pelo
Dirección: María Muñoz y Pep Ramis
Composición sonora: Fanny Thollot
Intérpretes: Arianna Bonacina, Paula Calveras, Enric Fàbregas, Miquel Fiol, Ona Fusté, Milagros García, Martí Ramis, Paula Ramis, Pep Ramis, Sam Ramis, Zoltan Vakulya, Jacob Gregersen y Alec Letcher
Una coproducción de Mal Pelo, Mercat de les Flors, Centro Danza Matadero, El Canal Centre d’Arts Escèniques Salt, Festival Temporada Alta, Scène National du Sud-Aquitain (Baiona, França), Scène Nationale Essone (Évry, França), Le Parvis Scène Nationale Tarbes Pyrénées (França) y ICEC – Generalitat de Catalunya)
Dansa València 2026
Teatre Principal de València
Barcas 15, València
19 de abril de 2026

La compañía catalana Mal Pelo plantea una obra de gran formato con doce bailarines sobre las tablas y su fundador (Pep Ramis) que hace de rapsoda. La palabra poética, la técnica y la precisión coreográfica se aunan en esta pieza que ha servido de broche a la 39 edición de Dansa València. El festival, un año más, no ha defraudado a nadie; muy al contrario, ha dejado al público con el cuerpo repleto de emociones desbordadas.

El Principal está completo para ver a esta compañía fundada en 1989. En las butacas hay profesionales de la danza, periodistas, programadores, seguidores de su trabajo desde siempre. También jóvenes que, por vez primera, se asoman a esta compañía fundamental en la escena de este país. El diálogo generacional está en el escenario y también en los espectadores de los asientos rojos. Aquí no hay diferencias, todos buscamos lo mismo: el último momento de catarsis antes de que el festival se extinga.

Un hombre desnudo, apretando un faisán entre sus mandíbulas, irrumpe en escena. Al poco, los intérpretes caminan de izquierda a derecha por un enorme friso blanco, cada cual a su manera, con prisa y mirando al frente; todos iguales y todos distintos.

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Esto es ‘We. Nosaltres i els temps’, es decir, las generaciones humanas que siempre avanzan vertiginosas y no tienen ninguna intención de detenerse. La idea de puente entre las edades sobrevuela la dramaturgia en la que se imbrican distintos lenguajes. La pregunta subyacente es qué legado le estamos dejando a los que vienen.

Y es que treinta y siete años de carrera dan para muchos espectáculos, para mucha evolución y búsqueda; también para hacer piezas enormes como esta. Pep Ramis y María Muñoz trabajan desde su masía de Celrà (Girona) desde 2001. La cuestión que lanzan a aire de manera retórica tiene una respuesta concreta si miramos el elenco: Martí, Paula y Samuel Ramis (hijos de la pareja) continúan con la labor emprendida por sus padres.

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Los textos son inspirados por Jane Hirshfield, Nick Cave, Michael Ondaatje y principalmente, el poema ‘Separation’, de John Berger:

“Nosotros con nuestro errático lenguaje / nosotros con nuestros acentos incorregibles / y otra palabra para leche / nosotros que llegamos en tren / y nos abrazamos en los andenes”.

Para Berger, amar implica siempre una forma de distancia. Aquí, esa separación se da a veces de forma literal, cuando de esos caminantes en la nieve se desprende alguno de sus individuos. La poesía del inglés, fallecido en 2017, no es la primera vez que aparece en el trabajo de la compañía.

“Empezamos nuestra relación con John a través del espectáculo ‘Atrás los ojos’ (2002) mediante algunas cartas y diferentes textos que nos enviábamos por correo. Pero no es hasta 2004 que nos encontramos por primera vez. A partir de ese momento, hemos colaborado con él en diferentes espectáculos: ‘Testimoni de llops’, ‘He visto caballos’ y ‘Todos los nombres’”.

La palabra poética, la palabra explícita, la palabra escrita (en castellano e inglés), la palabra narrada y gritada me resulta, a veces, innecesaria. Personalmente, quiero escapar del lugar al que te lleva esa palabra, de esa redundancia, de la seguridad de una red a la que no he acudido: prefiero el abismo del cuerpo, prefiero que mi corazón le diga a mi mente lo que está pasando y no a la inversa. Pero parece que, en suma, el equilibrio entre palabra, cuerpo y proyecciones resulta bastante medido y, en su forma dramatúrgica, da un resultado bastante compacto.

La máxima de repetición y variación, homogeneidad salpicada con individualidad, es una fórmula que funciona siempre. No vemos nada nuevo sobre el escenario, pero lo que vemos está bien hecho y es inspirador. Al salir, quieres seguir bailando como los Mal Pelo.

Una frase del poema de Berger nos deja una reflexión: “Transportamos poesía como los trenes de mercancía del mundo trasportan ganado”. Qué mejor deseo que brindarles a las próximas generaciones no guerra, no odio, no destrucción, sino danza, poesía e inspiración. En ese tránsito están compañías como Mal Pelo para recordarnos que somos todos distintos y que a la vez, somos todos lo mismo.