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II Curso de Arte Contemporáneo y Coleccionismo
Artistas, galeristas y coleccionistas
Organiza: Ayuntamiento de Avilés, Instituto Nebrija de Artes y Humanidades Universidad Nebrija, 9915 Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo, IAC Instituto de Arte Contemporáneo
6-8 de julio de 2026
“Avilés guardaba en aquel tiempo más de una semejanza con Atenas.
Porque reinaba la alegría y el decoro y el amor al arte como en la
ciudad de Minerva, y además se vivía en una dulce ociosidad que permitía
consagrarse enteramente a los placeres del espíritu”Armando Palacio Valdés, ‘La novela de un novelista’ (1921)
La situación estratégica de la villa de Avilés la hizo merecedora del favor real en la Edad Media, privilegio que la convirtió en un lugar excepcional para los intercambios comerciales. Se dedicó a la explotación de las salinas e incluso se le concedió un alfolí para el almacenamiento de la sal. La industrialización del siglo XIX y, sobre todo, la instalación de la siderurgia a mediados del siglo XX en las marismas de la ría, provocaron que Avilés dejase de ser “la ciudad blanca”. El humo tiznó palacios y palacetes y la reconversión industrial de finales del siglo la oscureció durante décadas.
Sin embargo, las transformaciones sociales derivadas del proceso industrializador motivaron que Avilés viviese un esplendor cultural que hizo que fuese conocida como la “Atenas de Asturias”. La cultura se convirtió en un bien necesario para la incipiente burguesía y el asociacionismo obrero.
Ya en el siglo XXI, se esfuerza por recuperar su memoria y ese impulso cultural que la distinguía. El verano de 2026 supone un hito en este plan de futuro debido a la celebración de la primera edición de la Bienal Climática, en la que el arte juega un papel decisivo en una reflexión compartida sobre el territorio.
Desde el año 2025, Avilés es la sede del curso de verano sobre coleccionismo de la Universidad Nebrija. La primera edición se dedicó a la reflexión filosófica sobre la construcción del gusto en el arte contemporáneo desde la perspectiva de las galerías, las instituciones y artistas. Este año, el objetivo era el análisis del arte contemporáneo concebido como un ecosistema.
En palabras de José Luis Guijarro, director del Máster en Mercado del Arte y Gestión de Empresas Relacionadas de la Universidad Nebrija, el curso tenía un espíritu etnográfico y antropológico que partía del ensayo del historiador del arte Juan Antonio Ramírez titulado ‘Ecosistema y exposición de las artes’ para intentar conocer a todas las personas que habitan el medio del sistema de las artes y las relaciones que se establecen entre ellas. Artistas, galerías, coleccionistas particulares, corporativos o institucionales concebidos como grupos humanos en sociedad que comparten rituales y hábitos. La única forma de comprender la jungla del arte es escuchar a los diferentes agentes implicados.
Charo López, de 9915, Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo, destacó el interés porque se conozca la labor del coleccionista y su papel como conservadores del patrimonio del futuro, ya que el destino natural de muchas colecciones son los museos públicos. En este sentido, una de las preocupaciones compartidas es el futuro de las colecciones particulares cuando no hay perspectivas de continuidad.
Adrián Piera, presidente del IAC Instituto de Arte Contemporáneo, puso sobre el tablero otras cuestiones acuciantes: la aplicación del código de buenas prácticas en los museos y centros de arte, la necesidad de una ley de mecenazgo, la revisión del porcentaje del IVA, el acercamiento del arte contemporáneo a la sociedad y la internacionalización.
Fueron días intensos y estimulantes, donde se creó una biocenosis temporal en la que convivieron las diferentes especies: el alumnado que está finalizando sus estudios universitarios, profesorado, comisarios y comisarias, artistas, galeristas, directores y directoras de museos y centros de arte públicos y privados, gestores culturales, coleccionistas, prensa especializada, etc. Hasta el fútbol participó de las jornadas dando pie a reflexiones sobre su papel en la sociedad y en la construcción de los imaginarios colectivos.
Uno de los primeros temas tratados fue la creación de una colección de arte, a partir de la experiencia de los coleccionistas Jorge Fernández y Santiago Martínez y de la galerista Diana Llamazares. Coincidieron en que para crear una colección es más importante la voluntad y el deseo que el presupuesto. Las colecciones se convierten en proyectos de vida que van escribiendo autobiografías. Diana Llamazares destacó el papel de las galerías de arte en el acompañamiento durante el proceso y en la búsqueda de sentido a lo que nace como impulso.
Roger Deudeu Pastor, de Fundación Gabeiras, abordó la complejidad de la fiscalidad en el arte señalando que a pesar de su excepcionalidad carece de un estatuto tributario singular. Considera que la reivindicación de la reducción del IVA en las transacciones de obra de arte es legítima y que incentivaría la cultura. Propone un régimen tributario y estatuto fiscal específico para las colecciones, que podría inspirarse en otras leyes europeas. Las colecciones custodian el arte contemporáneo y, como contrapartida a una fiscalidad favorable, tendrían obligaciones de servicio público como garantizar su acceso, estudio o préstamo. Este tratamiento especial también contribuiría a la descentralización cultural.
Nacho Ruiz, como galerista en T20 Murcia y T20 Madrid, manifestó la desatención e incomprensión del sistema. Considera que existe un ecosistema del arte, pero no es una jungla, sino una sabana con leones y cebras que no tienen el agua suficiente o el alimento garantizado. El sistema es precario y condiciona la supervivencia de los artistas. También subrayó que la internacionalización del arte contemporáneo español está lastrada por esa debilidad del mercado. Cree que uno de los problemas es el desconocimiento del trabajo de las galerías cargado de consideraciones ideológicas que equiparan el mercado del arte al mercado del lujo.
El papel de los y las artistas en este ecosistema fue analizado por Semiramis González, directora del LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, y Julio Pérez Manzanares, profesor de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid.
Semiramis González concibe la dirección de un centro de arte como la creación de las condiciones adecuadas para el desarrollo y la unión de quienes conviven en el entorno del arte. Los centros de arte no suelen tener colección, pero deben ser espacios comprometidos de acompañamiento, producción, experimentación que propicie las conexiones. Destacó la responsabilidad pública en la atención a las y los creadores, la profesionalización del arte y el desarrollo de nuevas prácticas artísticas.
Explicó cómo, desde su inicio, LABoral Centro de Arte y Creación Industrial cuenta con un amplio programa de residencias artísticas, donde el ecosistema artístico se entremezcla con el científico y el técnico. Semiramis González señaló que centros como LABoral actúan como laboratorios de experimentación que permiten el desarrollo de proyectos de investigación de largo recorrido sin la presión de una fecha para su materialización. Por otro lado, el apoyo público permite que las exposiciones que se presenten en el centro alimenten el pensamiento crítico.
Mientras Semiramis González hablaba de los cuidados para la supervivencia artística, Julio Pérez Manzanares nos ofreció un relato casi detectivesco sobre las desapariciones y muertes del artista en el arte contemporáneo. Desde las relaciones entre el arte y el terror desde la Revolución francesa que apuntaba el crítico de arte Ángel González, el disparo aleatorio a la multitud del manifiesto surrealista o la muerte de la autoría situacionista a partir de los años 50, se producen múltiples asesinatos del arte contemporáneo.
Julio Pérez nos indica que el revisionismo y la cancelación siempre están presentes a lo largo de la historia del Arte. También morirá la crítica de arte, pero las obras de arte, los artistas y el arte volverán a nacer y morir una y otra vez, porque existe el deseo y la necesidad de hacer cosas como decía André Breton “mientras a uno le dejen”.
Y, en ese afán de proseguir, Celina Quintas, José María Luna y Mikel Chillida contaron sus experiencias en la gestión de los legados de artistas. El Museo de Arte Contemporáneo de Cuenca, Chillida Leku o el Museo Casa Natal de Picasso son ejemplos de preservación de colecciones y de transformación cultural del territorio. Celina Quintas señaló que Fernando Zóbel gestionó su museo hasta que en los años 80 quiso garantizar su continuidad y cedió su gestión a la Fundación Juan March. Zóbel no solo recuperó un espacio arquitectónico para alberga su colección, sino cambió una ciudad.
José María Luna contó el caso de Málaga, que creó una agencia pública para la gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso, el Centre Pompidou y la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo y las dificultades para mantener un legado vivo y proyectarlo desde lo público.
El caso de Chillida Leku es especial, como explicó Mikel Chillida, director del museo y nieto de Eduardo Chillida. Su misión es preservar un legado que es pensamiento y filosofía de vida. Chillida Leku nació como un lugar para albergar su obra. Se trata de un proyecto artístico, una aventura creativa que llevó a la creación de un museo gestionado por una familia. Desde su apertura, en el año 2000, hasta ahora, continúan buscando diferentes fórmulas para su sostenibilidad mientras se mantiene su independencia. Una de las decisiones fundamentales fue que la obra de Eduardo Chillida volviese al mercado del arte, gracias a un acuerdo con la galería Hauser and Wirth.
Durante el curso, la necesidad de impulsar la educación artística fue surgiendo en cada debate. Nacho Ruiz, al mencionar la fragilidad del ecosistema para las galerías de arte encontraba una de las causas en el retraso cultural y educativo español. Los diferentes habitantes de la comunidad del arte también fueron subrayando esta carencia.
Cristina Heredia Alonso, responsable del departamento de Educación y Difusión del Museo de Bellas Artes de Asturias, Enrique Pérez, del Área de Educación del Museo Nacional del Prado, y María Antonia Hervada, directora de CTIF Madrid-Capital, ofrecieron sus reflexiones sobre el papel de la educación y la formación en el arte contemporáneo través de sus experiencias.
Coinciden en sus objetivos: poner las colecciones de los museos al servicio de las personas, atendiendo a la diversidad y la inclusión social. Se trata de ofrecer una educación emocional que permita el autodescubrimiento de los procesos artísticos. La obra se convierte en una herramienta más que un fin, un documento que explica el mundo desde la interdisciplinariedad. Otra cuestión fundamental es el desarrollo de programas específicos para el profesorado. A pesar de la reducción de horas dedicadas al arte en las aulas, desean ofrecer al alumnado una formación especializada e innovadora y estas semillas fructificarán en una mayor sensibilidad social.
Una exploración en el terreno permitió conocer varias de las experiencias expositivas que se están celebrando en la ciudad: la exposición ‘Naturalezas Vivas’, la XVII Bienal de Arquitectura y Urbanismo BEAU en el centro Niemeyer y la I Bienal Climática. Arte, Industria y Territorio, que se desarrolla durante cien días en trece sedes desplegadas por la ciudad. También se presentó Néxodos Candamo 2026. V Encuentro de Creación Contemporánea y Medio Rural, que durante una semana convierte a San Román de Cándamo en un lugar de encuentro y reflexión en comunidad a partir de la creación contemporánea.
La intención de Juan Antonio Ramírez cuando escribió ‘Ecosistema y explosión de las artes’ en 1994 era ofrecer una “reflexión clarificadora” sobre el funcionamiento del sistema de las artes plásticas ante los cambios culturales y sociales que observaba. Han pasado tres décadas y el estudio del “problema de las especies” y sus interacciones continúa siendo pertinente. Juan Antonio Ramírez concluía que “es inevitable ya considerar a la historia del arte (y a sus herederas disciplinares) como una de las atalayas más privilegiadas para dar cuenta del mundo en que vivimos”.
El conocimiento obtenido durante tres días de verano por la convivencia con los factores bióticos (seres vivos) que compartieron sus reflexiones sobre los factores abióticos (suelo, condiciones climáticas, aire…) que condicionan su existencia y supervivencia, es la demostración empírica de que su planteamiento era correcto.
Pablo Álvarez de Toledo Müller, director del Instituto Nebrija de Artes y Humanidades y del Departamento de Artes de la Universidad de Nebrija, cerró el curso agradeciendo la acogida del Ayuntamiento de Avilés, que ofrece una ciudad refugio climático y cultural. Nos invitó a regresar el próximo verano con el convencimiento de “la aportación del arte a la mejora de lo humano”.
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