Dterra y Born to Clay

#MAKMAArte
Dterra
Taller de cerámica y joyería
Roberta Ferreira y Laura Jener
Avinguda de Josep Anselm 9, Sant Cugat del Vallès (Barcelona)
Born to Clay
Taller de cerámica
Leila Ginés y Roberta Ferreira
Esparteria 6, Barcelona

En los últimos años, especialmente desde el fin de la pandemia, hemos vivido un auge en la aparición de espacios dedicados al hacer en nuestras ciudades: cursos de cerámica, sesiones de pintura, bordado o encuadernación. Y es que hay algo meditativo en todo aquello que requiere una concentración absoluta en las manos y en el proceso creativo, momentos en los cuales podemos suspender el flujo acelerado de nuestras rutinas al alejarnos de las pantallas y hacer del presente algo tangible.

Existe en Sant Cugat un lugar que, mucho antes de que esto se transformara en tendencia, entendió ya el taller como un lugar donde pueden emerger experiencias mucho más allá de la propia producción.

Roberta Ferreira, ceramista, y Laura Jener, joyera, se conocieron durante sus años de clases en la Llotja de Barcelona. Tras acabar sus estudios, se reencontraron y empezaron a experimentar conjuntamente a partir de sus respectivas disciplinas, combinando la cerámica y el metal.

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Más tarde, ambas fundaron Dterra, que abrió sus puertas en 2001 con la voluntad de romper algunas de las fronteras que existen en los campos del arte, la artesanía y el diseño y de acercar estos procesos creativos al público.

Desde sus inicios, Dterra ha sido un taller de joyería y cerámica, pero es también lugar de exposición, aprendizaje y cruce de disciplinas. Ahora, más de dos décadas después, su intuición inicial sigue desarrollándose a través de generaciones, técnicas y ciudades, en un proyecto que une Barcelona y Sant Cugat desde sus dos espacios: Born to Clay y Dterra.

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La historia de Dterra es también una historia familiar, ya que ha sido un espacio que se ha ido amoldando a los cambios vitales de sus fundadoras. “Estuvimos las dos aquí embarazadísimas trabajando. Teníamos a los niños por aquí, había una sala de juegos… El taller se fue adaptando a la vida privada”, recuerda Roberta Ferreira.

Ahora, una de las niñas que jugó y creció entre tornos, hornos y sopletes es otra de las piezas fundamentales de esta historia: Leila Ginés. Hija de Roberta, nieta de un arquitecto y con un padre dedicado al diseño de iluminación, Leila ha crecido rodeada de creatividad. Influida por estos entornos, decidió estudiar Arquitectura. Sin embargo, tras acabar la carrera, encontró en la cerámica una potencia creativa que le permite poner cuerpo a muchas de sus inquietudes despertadas durante sus años universitarios.

“Pensaba: ‘Si soy bióloga, me faltará la parte artística y creativa, porque también es parte de mí’. Y acabé escogiendo Arquitectura porque me permitía combinar una vertiente más científica con toda una parte artística, filosófica y de creación”, confiesa Ginés. “La cerámica me dio la posibilidad de diseñar algo y tener un resultado relativamente inmediato. Y mira que la cerámica no es inmediata, pero comparada con la arquitectura sí lo es”.

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La incorporación de Leila al equipo coincidió con la apertura del espacio en el Born, un taller en una primera planta desde cuyos balcones se puede acceder a una vista privilegiada de las calles del barrio y de su vida. Su inauguración respondió a varios factores: primero, cumplía un deseo de Roberta de transformar el antiguo estudio de arquitectura de su padre en un taller; segundo, permitía ampliar los espacios de trabajo para dar cabida a la gran demanda inasumible en Dterra; y tercero, suponía el fin de una etapa regida por los encuentros digitales a los que nos sometió el confinamiento por la COVID-19.

Estas protagonistas, tres mujeres unidas por la vida y por los procesos manuales, nos han abierto las puertas de estos dos talleres para conocer no solamente su historia, sino también sus ideas acerca del arte, la artesanía y la experiencia comunitaria. Las dos fundadoras se unieron para seguir experimentando con una fórmula que Roberta ya había conocido en Sitges, donde participó durante un tiempo en un proyecto impulsado entre la Llotja, la Massana y el Ayuntamiento

“La idea era un centro de arte y artesanía en el que la gente pudiera entrar y vernos trabajar. Teníamos los talleres abajo y, arriba, un pequeño espacio de exposición. La idea era que la gente que pasaba pudiera ver el proceso creativo. Aquello me gustó mucho y, cuando acabé, pensé: ‘Tengo que montar algo así, pero propio’”, afirma Roberta Ferreira.

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Al difuminar esta separación entre público y taller, se reveló cómo, en muchas ocasiones, cuando el público conoce desde dentro un proceso creativo y artesanal, acontece también una transformación en su mirada hacia estas prácticas.

Abrir estos procesos y dejar tocar las piezas, atreverse a romper la distancia entre los cuerpos y el arte, forma parte del ADN de Dterra y de Born to Clay: las manos abren la posibilidad a una nueva relación, que pasa sobre todo por entender el valor de las piezas resultantes. “Mis alumnos son los que más valoran las piezas que hago, porque conocen lo que hay detrás. Conocer bien los procesos hace que después también valoren más las piezas”, compulsa Ferreira.

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Esta voluntad de acercar los procesos a nuevos públicos ha encontrado en Born to Clay una forma de llevar el taller a las calles de Barcelona. Desde Fet al Born, iniciativa de Born Comerç, Leila y Roberta llevan a cabo jornadas abiertas con una fórmula accesible para aquellos que se enfrentan al barro por primera vez. Son experiencias breves que ofrecen a los participantes el espacio suficiente para apropiarse del proceso, tomar decisiones creativas independientes y llevarse una pequeña pieza a casa el mismo día.

Un contexto que permite un primer acercamiento a una práctica artística y artesanal sin que ello signifique simplificar su complejidad. En estos talleres al aire libre en el Born, se establecen primeras conexiones con la materia y una primera comprensión también de lo que implica trabajarla.

“La primera vez no lo teníamos previsto. Recuerdo llegar y ver la cola hasta Santa Maria del Mar y pensar que era para entrar en la iglesia. Y no: era para los talleres de cerámica. Llegamos a hacer talleres gratuitos para unas setecientas personas en un fin de semana”, asegura Leila Ginés.

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En un contexto donde la cultura del DIY (Do It Yourself) ha abierto las puertas a posibilidades infinitas de creación, también se ha caído en una falsa sensación de facilidad e inmediatez. Internet está lleno de vídeos que prometen mucho: recetas imposibles, autopeluquería catastrófica, proyectos de restauración de muebles que terminan en una esquina cogiendo polvo… Y, evidentemente, la cerámica también ha sufrido las consecuencias.

Estos tutoriales no solamente nos prometen resultados rápidos, sino que, además, nos ofrecen la posibilidad de reproducir en apenas unos pasos piezas y procesos que son el resultado de años de aprendizaje y perfeccionamiento técnico. La cerámica requiere y exige sus tiempos, los de secado, pulido y de cocción; y es indispensable respetarlos ya que son absolutamente inseparables del oficio.

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Es aquí cuando entendemos también la proliferación de espacios que nos permiten acceder a este tipo de actividades, pero, sobre todo, la importancia de los profesionales que se encuentran detrás. Al acercarnos a las arcillas, no podemos ignorar que son materiales vivos, que responden a estímulos, tienen sus propias resistencias y precisan de técnica, algo que, de hecho, no es una traba formal.

Es así como, en Dterra y en Born to Clay, los aprendices encuentran un lugar donde son guiados por la complejidad real de los procesos, aprendiendo también la dedicación que exige cada una de las piezas terminadas.

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“Para mí, la técnica es la herramienta que te da la libertad para poder crear y llegar hasta donde quieres”, considera Roberta Ferreria. “La técnica la puedes aprender y, evidentemente, nosotros también la enseñamos: torno, modelado, diferentes procesos… Pero nos gusta movernos en los límites entre diseño, arte y artesanía. No entendemos la artesanía solamente como técnica, sino también como una manera de expresión; tiene que venir acompañada de inspiración y de creación”.

Una lógica de aprendizaje que se refleja también en la organización de los grupos, que no se establecen por niveles. “Fue muy bonito ver que no todo el mundo estaba al mismo nivel ni haciendo la misma pieza. Tú puedes estar empezando, haciendo tu primera tacita, y al lado tener a alguien que lleva tres años viniendo y está haciendo un jarrón. Y esa persona te dice: ‘Yo empecé así, y mira ahora’”, matiza Leila Ginés. “Hay diferentes niveles, diferentes edades, jóvenes mezclados con adultos… Y, de alguna manera, ves que todo es posible”.

Esta firme voluntad de trabajar desde la libertad artística se refleja también en sus creaciones individuales. En el caso de Roberta, durante sus momentos de creatividad, apuesta por compaginar su vocación como docente con una producción arraigada en la experimentación y el diálogo profundo con el material, procesos que define casi como anárquicos. De hecho, separar deliberadamente las fuentes de ingresos de la obra de autor le permite crear al margen de las tendencias del mercado.

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Entre los proyectos personales de Roberta, nos habla del trabajo realizado para el restaurante Les Cols, en Olot: “Mi marido siempre regala cerámica. En una ocasión le regalamos a Fina Puigdevall [chef] unos boles y, al cabo de bastante tiempo, me llamó porque quería hacer un cambio. Tenían una vajilla de porcelana de diseño, pero ya no tenía nada que ver con su proyecto actual. Ellos hablan de la cocina, del paisaje, de la Garrotxa, de las texturas, de la cocina volcánica… Y a mí eso me encanta, porque son retos: pensar cómo encontrar algo que dialogue con todo eso”.

Es precisamente la confianza mutua entre chef y ceramista lo que permitió el desarrollo de una vajilla donde las piezas dialogan a la perfección con el concepto culinario del restaurante, cuyo resultado combina platos de acabados blancos y esmaltados con superficies de texturas rugosas, evocando el paisaje volcánico y frondoso de la Garrotxa. Esta colaboración continúa viva gracias a la relación con Martina Puigvert, hija de Fina y actual jefa de cocina –quien recientemente ha publicado el libro gastronómico ‘Natura viva. Les Cols restaurant’–, cuyos platos son servidos en estas vajillas.

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Los talleres de Born to Clay y Dterra son dos espacios que permiten comprobar cómo la cerámica contemporánea se ha convertido en un territorio poroso entre arte, artesanía y diseño, enriquecido por todas aquellas vivencias que surgen de las prácticas personales, la pedagogía, el negocio y la creación de comunidad.

A día de hoy, Born to Clay cumple ya los 5 años, y a su recorrido a través del barro se suman ahora los Toscana Clay Holidays, viajes organizados por Leila y Roberta a la Toscana que llevan su filosofía y su manera de habitar los procesos creativos más allá de los límites de sus talleres.