#MAKMAArte
‘La clausura del cuerpo’, Mai Endo y Aya Momose
Comisario: Cayetano Limorte
Proyecto Negre
Centro Cultural Cigarreras, Alicante
Hasta el 12 de septiembre de 2022

Bill Viola, considerado como una de las figuras más influyentes en cuanto a nuevos medios se refiere, ya declaraba sobre el videoarte que “el contenido era el medio”. Así fue durante las primeras manifestaciones de videoarte que empezaron a darse en Nueva York alrededor de la década de los 70. Se trataba, en aquel momento, de investigar, de experimentar con el video, de explorar esa zona expandida del arte.

Esta necesidad fue ampliamente aprovechada por el arte feminista, siempre saliéndose de los discursos más asiduos y donde resaltaban nombres que utilizaban el video como Joan Jonas o Lynda Benglis. Y así, a este nuevo medio, se unía el cuerpo, otro medio de expresión que siempre estuvo presente en este artivismo feminista.

Durante las últimas décadas del siglo XX, cuerpo, video y feminismo, se encontraban muy unidos, e incluso, algo más allá: las manifestaciones eran tales que, en 1978, la conocida crítica de arte y profesora Rosalind Krauss escribía ‘Videoarte: la estética del narcicismo’, un texto crítico que analizaba esta tendencia. A partir de los 90 , se produce una reinvención del cuerpo en los discursos feministas y quizá se deja atrás ese narcisismo para dotar al cuerpo de una nueva simbología. 

En ocasiones se han desvelado las diferencias entre Oriente y Occidente, pero ahora nos enfrentamos, a nivel global, a situaciones similares que dan origen a esta exposición. ‘La clausura del cuerpo’ es un diálogo sobre videoarte, historia y teorías feministas de la mano de dos artistas ampliamente conocidas en su país en la escena queer/feminista y que aterrizan en Alicante gracias a esta muestra organizada por NEGRE, producida por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y el Centro Cultural Las Cigarreras, y con el apoyo de la Fundación Japón. Esta muestra se presenta como la primera exposición de videoarte japonés celebrada en la provincia de Alicante.

Mai Endo y Aya Momose son, sin duda, herederas del trinomio videoarte, cuerpo y feminismo; y también su experiencia es fruto del contexto donde el régimen heteronormativo y el capitalismo patriarcal ha marcado costumbres, sociedad e incluso la forma de conocer nuestro pasado. Como bien explica Cayetano Limorte, comisario de la muestra, en las hojas de sala, en la historia oficial de Japón nos habían hecho creer que siempre había existido un sistema patriarcal imperante, pero tras la aparición de los primeros estudios feministas el panorama ha cambiado.

Gracias a investigadores como Isue Takamure o Chizuko Ueno, este modelo donde a la mujer se le aparta y se la degrada, sabemos que no hizo su aparición hasta el siglo VII, cuando se reestructura el país en base al modelo confuciano importado de China. Toda esta tradición, al igual que ocurre con la occidental, ha evolucionado y calado hasta conformar nuestra actualidad. A partir de esta preocupación, tan arraigada, se crea un discurso a raíz de las piezas que podemos disfrutar. La primera, ‘Born to Die’ es creación individual de Aya Momose, y juega con la imagen y el sonido de una manera abrumadora. En la pantalla, un extraño dispositivo con dos agujeros se sitúa frente a un escenario.

Enmarcado por una pesada cortina, los agujeros se van iluminando al son de diferentes jadeos o extraños suspiros. ¿Sufrimiento o placer? Ambos sonidos se entremezclan pues proceden de un paritorio y de una película porno. En esta primera situación ya intuimos la fuerza del discurso que cuestiona el uso de la mujer como un objeto y la sitúa en ese escenario de puro teatro, de las idas y venidas a las que nos vemos sometidas. 

Mai Endo y Aya Momose, ‘Love Condition II’, 2020.

Todavía con esa incómoda sensación, nos adentramos en la Sala 2. Aquí el cuerpo se hace real y tangible, ya no es un objeto sacado de la ciencia ficción, sino que trata de explorar la historia y la simbología tanto de Oriente como de Occidente, y crear así un punto de unión que tiene de fondo un lenguaje compartido entre ambas creadoras. En ‘Resembling Snake 3: River’, encontramos a Mai Endo encarnando a Kiyohime, una figura del folclore japonés en el que una mujer, al ser rechazada por un monje budista, se convierte en una serpiente y acaba matándolo.

Una historia que recuerda a la del pecado original cristiano, una Eva transformada que ya no parece buscar al hombre sino más bien su salvación que aparece en la figura de otra mujer. En algún punto del video, el paisaje idílico se transforma y nos extrae de la historia. Se mira a cámara y un móvil suena. Mientras volvemos a la realidad, recordamos que nuestra naturaleza ahora es más tecnológica, más urbana.

Si hasta ahora la obra de Mai Endo nos había llevado al folclore japonés, también se atreve a exponer incongruencias de referentes del mundo del arte occidental como es Degas. Esta última pieza en solitario, ‘La Toilette’, es una representación teatralizada en la que colores, posiciones y sobre todo esa mirada íntima de los cuadros de Degas se encuentra presente a través de ese espejo que es el video. Observamos los movimientos con cautela y no se nos olvida la confesión del artista al pintor Pierre Georges Jeanniot: “He considerado quizás demasiado a menudo a la mujer como un animal”.

Vista de la muestra ‘La clausura del cuerpo’. Foto: M.R.

Por último, cierran la muestra dos piezas creadas en conjunto por ambas artistas. Llevan el título de ‘Love Condition’ y fueron expuestas en la exposición ‘Feminisms’, celebrada en el 21st Museum of Contemporary Art de Kanazawa. Ahora son mostradas por primera vez fuera de Japón en Cigarreras. ‘Love Condition I’ recoge la acción por la que tratan de “deshacer el género”. Las manos van moldeando, se entrelazan, mientras ellas charlan. La arcilla les sirve de excusa para hablar de relaciones entre personas, del presente y del pasado, de los ídolos, los medios y cómo acaban por igualarse en su ontología…

En ‘Love Condition II’, las artistas pasan a convertirse en dos seres extraños que reptan, casi danzando, por un paisaje inhóspito. Al principio, existe cierta oscuridad que va aclarándose poco a poco, al igual que solo hay un ser. Los planos estáticos se suceden mientras cada criatura trata, no de juntarse, sino más bien relacionarse con el entorno. El cuerpo ahora ha mutado, busca una evolución y, por tanto, cierra, tratando de mantenerse en su contexto. Una nueva contribución a esa tradición que en palabras de Donna Haraway quiere “(…) un mundo sin géneros, que tal vez sea un mundo sin génesis, pero también, quizás, un mundo sin fin”.