Beca Velázquez 2020/21

Convocante: Ajuntament de València
Dotación: 16.000 euros
Modo de presentación: mediante registro electrónico
Plazo de admisión: hasta el 26 de junio de 2020

El Ayuntamiento de València convoca una nueva edición de la Beca Velázquez, destinada a apoyar la formación de jóvenes artistas plásticos de la Comunidad Valenciana con una estancia de formación durante el curso académico 2020-21 en la Casa de Velázquez de Madrid, institución dependiente del Ministerio de cultura francés.
 

BASES

‘CONVOCATORIA DE LA ‘BECA VELÁZQUEZ 2020-2021’

  1. OBJETO Y FINALIDAD DE LA CONVOCATORIA
    1.1. El objeto de la presente convocatoria es establecer las normas que regirán la concesión
    de una beca para realizar un proyecto artístico en la Casa de Velázquez de Madrid durante el
    curso 2020-2021.
    1.2. La finalidad es apoyar económicamente la formación, en la Casa de Velázquez de
    Madrid, de jóvenes artistas plásticos de la Comunitat Valenciana.
  2. NORMATIVA APLICABLE
    2.1. La presente convocatoria se regirá por el previsto en la Ordenanza General de
    Subvenciones del Ayuntamiento de València y de sus Organismos Públicos, aprobada por
    acuerdo de 28 de julio de 2016 (BOP 2 de noviembre de 2016), que se considera base general de
    la convocatoria, la Ley 38/2003, de 17 de noviembre General de Subvenciones, el RD 887/2006,
    de 21 de julio, por el que se aprueba el reglamento de la citada Ley, las bases de ejecución del
    Presupuesto municipal del ejercicio correspondiente y el resto de la normativa de desarrollo
    complementaria.
    También será aplicable el artículo 8 de la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de
    Transparencia, Buen Gobierno y Participación Ciudadana de la Comunitat Valenciana.
  3. CARACTERÍSTICAS DE LA BECA
    3.1. Esta beca tendrá una duración de un curso académico, comprendiendo desde el
    momento de la admisión de la persona becaria en la Casa de Velázquez hasta el día 31 de julio de
    2021, sin posibilidad de prórroga.
    3.2. La Beca Velázquez se dotará con una cuantía de DIECISÉIS MIL EUROS (16.000,00
    €), que se satisfará con cargo a la aplicación presupuestaria MP 250 33600 48100 ‘Premios,
    becas, pensiones de estudio e investigación’ del Presupuesto de 2020 y 2021.
    3.3. El importe de la beca estará sujeto a la normativa fiscal vigente.
    3.4. La concesión de esta beca se efectuará en régimen de concurrencia competitiva.
    3.5. El otorgamiento de esta beca es compatible con otras subvenciones, ayudas, premios,
    ingresos o recursos para la misma finalidad, procedente de cualquier administración o ente
    público o privado, nacional, de la Unión Europea o de organismos internacionales.
  4. REQUISITOS DE LOS PARTICIPANTES
    4.1. Podrán optar a esta beca aquellas personas físicas mayores de edad.
    4.2. Los participantes tienen que acreditar estar empadronados o tener su residencia en la
    Comunitat Valenciana al menos con un año de antigüedad.
    4.3. Los participantes no pueden estar incursos en alguna de las causas de prohibición para
    obtener la condición de personas beneficiarias que establece el artículo 13 de la Ley 38/2003, de
    17 de noviembre, General de Subvenciones. A tal efecto, presentarán si procede, una declaración
    responsable de no encontrarse incurso en ninguna de las prohibiciones previstas en el citado
    artículo, con carácter previo a la aprobación del acto administrativo de concesión de la beca.
  5. CONVOCATORIA
    La convocatoria será publicada en la Base de datos Nacional de Subvenciones, que remitirá
    extracto al Boletín Oficial de la Provincia. Asimismo, será publicada en la página web municipal.
  6. FORMALIZACIÓN DE SOLICITUD
    Las solicitudes se formalizarán por medio de instancia, cuyo contenido se ajustará a lo que
    prevé el art. 66 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre de Procedimiento Administrativo Común de
    las Administraciones Públicas, dirigida al alcalde del Ayuntamiento de València, y se tendrán
    que presentar mediante registro electrónico en los términos previstos en el artículo 16.4.a) de
    dicha Ley, en el plazo de 30 días naturales desde la publicación del extracto en el BOP.
  7. DOCUMENTACIÓN
    A las instancias tendrá que adjuntarse la siguiente documentación:
    Documentación administrativa (de forma telemática según lo establecido por la Ley
    39/2015):
    7.1. Copia del DNI o pasaporte.
    7.2. Certificado municipal de empadronamiento expedido con posterioridad al 1 de marzo
    de 2020 que acredite la residencia durante al menos un año desde la fecha de expedición del
    certificado en un municipio de la Comunitat Valenciana, o autorización para obtener estos datos
    en el caso de los vecinos del término municipal de València.
    En caso de residir en la Comunitat Valenciana al menos durante un año pero no estar
    empadronado, los participantes podrán presentar pruebas que certifiquen fehacientemente su
    residencia durante los doce meses anteriores, que serán valoradas por el servicio de Patrimonio
    Histórico y Artístico para determinar su validez.
    7.3. Certificados en vigor de la Agencia Estatal de Administración Tributaría y la Tesorería
    General de Seguridad Social de encontrarse al corriente en el cumplimiento de sus obligaciones
    tributarias y frente a la Seguridad Social o una autorización para obtener los datos de manera
    telemática.
    7.4. Autorización para obtener informe del Servicio de Gestión de Emisiones y
    Recaudación acreditativo de que el participante no tiene deudas con el Ayuntamiento.
    7.5. Se admitirá la sustitución de la documentación mencionada a los apartados 7.3 y 7.4
    por una declaración responsable del solicitante.
    Si fuera el caso, con anterioridad a la propuesta de resolución de concesión de la beca se
    requerirá la presentación a la persona propuesta, en un plazo no superior a 10 días, de la
    documentación que acredite la realidad de los datos contenidos en la citada declaración.
    Documentación para la valoración: en cualquier caso, se presentará telemáticamente.
    7.6. Un documento PDF con una ‘carta de motivación’, resaltando las razones que incitan a
    la persona candidata a presentarse, expresados en un máximo de 1.200 caracteres.
    7.7. Un documento PDF con una ‘Memoria y proyecto de investigación’, expresando los
    trabajos que pretenden realizarse en el marco de la beca, con un máximo de 5.000 caracteres de
    texto, acompañado de las imágenes que se consideran convenientes, hasta un máximo de 10 Mb
    de tamaño.
    7.8. Un ‘currículum vitae y trayectoria artística’, aportando copia de los documentos que
    justifican los méritos alegados e incluyendo toda clase de documentos (referencia de catálogos,
    dosieres de prensa, etc.) que resaltan la evolución del trabajo de la obra del artista en el tiempo,
    en un documento PDF de un máximo de 10 Mb de tamaño.
  8. PLAZO DE PRESENTACIÓN
    El plazo de presentación de solicitudes será de 30 días naturales desde la publicación del
    extracto en el BOP.
  9. PROCEDIMIENTO DE CONCESIÓN
    Jurado
    A efectos de la concesión de la beca se configurará un jurado que estará integrado por:
  10. La concejala de Patrimonio Histórico y Recursos Culturales del Ayuntamiento de
    València, o persona en quien delegue.
  11. La persona becada elegida el año anterior.
  12. El director/a de la Casa de Velázquez, o persona en quien delegue.
  13. La persona directora de Estudios Artísticos de la Casa de Velázquez o persona en que
    delegue.
  14. Un/a profesional designado por el servicio de Patrimonio Histórico y Artístico del
    Ayuntamiento de València entre artistas, críticos de arte, historiadores/as o investigadores/as de
    arte, no ligado bajo relación especial de sujeción con el Ayuntamiento de València.
    Actuará como secretario, sin voto, el secretario general de la Administración municipal o
    personal funcionario en quien delegue.
  15. CRITERIOS DE CONCESIÓN
    Selección de finalistas
    10.1. Atendiendo al punto 5 del artículo 18 de la Ordenanza General de Subvenciones del
    Ayuntamiento de València y sus Organismos Públicos, los aspectos a valorar respecto de la
    documentación presentada serán los recogidos en los apartados c, d y m del citado artículo, a
    saber:
    a) Coherencia entre la justificación de la acción, los objetivos trazados y las actividades
    propuestas.
    b) Creatividad, grado de elaboración, innovación, originalidad, o interés de la actividad o
    el proyecto.
    c) Calidad artística.
    10.2. Sobre estos criterios el jurado evaluará en primera instancia la documentación
    presentada de los puntos 7.6, 7.7 y 7.8, de la que se extraerá de la baremación total estos
    porcentajes:
    a. Carta de motivación, resaltando las razones que incitan a la persona candidata a
    presentarse. Un 20 % de la baremación.
    b. Memoria y proyecto de investigación, o si procede, los trabajos que pretenden realizarse
    en el marco de la beca. Un 40 % de la baremación.
    c. Currículum vitae, trayectoria artística y evolución del trabajo de la obra del artista en el
    tiempo. Un 40 % de la baremación.
    Al objeto de que la puntuación de cada miembro del jurado tenga el mismo peso
    porcentual en la fase de selección de finalistas, al candidato/a de mayor puntuación de cada
    miembro del jurado se le adjudicarán 100 puntos. El resto de puntuaciones se obtendrá del
    porcentaje que cada candidato/a presente respecto al de mayor puntuación.
    10.3. De entre todas las solicitudes y en virtud de la puntuación obtenida en el punto 10.2
    el jurado preseleccionará 4 trabajos que configurarán los finalistas de la Beca Velázquez
    2020-2021.
    En caso de empate en la puntuación, y a criterio del jurado, este podrá seleccionar hasta un
    máximo de 6 trabajos.
    Selección de la persona ganadora
    10.4. A fin de facilitar al jurado la valoración de los méritos de los finalistas, estos tendrán
    que depositar una obra de su creación en el Museo de la Ciudad (Palacio Marqués de Campo),
    situado en la plaza del Arzobispo nº. 2, en horario de 10:00 a 13:30 horas, excepto sábados,
    domingos y festivos, durante el plazo establecido y previa comunicación a los seleccionados.
    10.5. Así mismo, el jurado convocará a las personas preseleccionadas el día de la decisión
    definitiva, con el fin de realizar una entrevista personalizada y seleccionar definitivamente a
    quién se otorga la beca.
    10.6. Tanto el depósito de la obra en el Museo de la Ciudad como la realización de las
    entrevistas deben llevarse a cabo siguiendo las instrucciones que estén vigentes en su momento
    en relación con las medidas de seguridad o el distanciamiento social debidos al COVID-19, y
    serán trasladadas mediante correo electrónico tanto a los artistas preseleccionados como a los
    miembros del Jurado.
    Para la concesión definitiva del premio, a la valoración a que se refiere el punto 10.2 de
    esta convocatoria, se tendrá que añadir:
  • Las que corresponden a la valoración de la obra presentada.
  • Las que corresponden a la valoración de la entrevista personal el día del fallo.
    10.7. El jurado designará a una única persona como ganadora y a tres personas en orden de
    preferencia, para el caso de renuncia o incumplimiento de la persona designada.
    10.8. El jurado se reserva el derecho a resolver cualquier circunstancia no prevista en la
    convocatoria así como a interpretarlas.
  1. CONCESIÓN
    11.1. Corresponde al jurado informar de la decisión de la beca, que se efectuará antes de
    tres meses naturales después de finalizar el plazo de presentación de candidaturas. La decisión
    del jurado tendrá que constar en acta.
    11.2. Corresponde al Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico del Ayuntamiento de
    València instruir el procedimiento y formular la propuesta de adjudicación de esta beca de
    acuerdo con el acta emitida por el jurado.
    11.3. La propuesta de adjudicación del Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico, con
    carácter de inapelable, será elevada a la Junta de Gobierno Local, por delegación de Alcaldía
    según Resolución nº. 9, de 20 de junio de 2019, que resolverá en el plazo de un mes. Esta
    resolución, que será motivada, será notificada a todos los participantes en el plazo de diez días,
    expresando que contra la resolución, que pondrá fin a la vía administrativa, podrá interponerse
    recurso de reposición ante el órgano que la dictó en el plazo de un mes o recurso
    contencioso-administrativo ante los juzgados de lo Contencioso-Administrativo en el plazo de
    dos meses.
    11.4. Toda la información relativa a este premio exigida por el artículo 20 de la Ley
    38/2003, de 17 de noviembre, General de Subvenciones, será publicada en la Base de datos
    Nacional de Subvenciones.
    11.5. El presente procedimiento de adjudicación de la beca cumplirá lo dispuesto en el
    artículo 8 de la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de Transparencia, Acceso a la Información
    Pública y Buen Gobierno, y el artículo 9 de la Ley 2/2015, de 2 de abril, de Transparencia, Buen
    Gobierno y Participación Ciudadana de la Comunitat Valenciana, publicitando su importe,
    objetivo o finalidad y persona beneficiaria.
    11.6. Así mismo, se utilizarán otros medios que aseguren la publicidad de los beneficiarios,
    como la sede electrónica y la página web municipal. En todo caso, la concesión de la beca se
    publicará en la página web www.valencia.es. (…

Más información y bases completas
Imagen de portada: «Linceul, Vie et Vide sculpture references», de Javier Palacios, artista premiado en el edición 2017/2018

Xavi Font: «Es imposible estancarse con este trabajo»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Xavi Font (Compositor y productor ejecutivo)
Miércoles 27 de mayo de 2020

Su larga experiencia en cortometrajes, TV movies, y spots publicitarios ha llevado al compositor catalán Xavi Font (Bellpuig, Lleida, 1972) a colaborar en diversos largometrajes y series de notable recorrido, como, por ejemplo, ‘Agallas’, ‘El Diario de Carlota’, ‘Tiempo sin Aire’, ‘Hierro’ y ‘O que Arde’, uno de los filmes más relevantes de 2019.

¿Cómo entras a colaborar con el proyecto de ‘O que arde’?

Conocí a Oliver Laxe en 2015; él impartía un taller de haikus, fue muy revelador para mí y aprendí mucho de esa experiencia con él. Unos meses más tarde me llamaron desde Miramemira para comentarme que se empezaba a desarrollar el proyecto de una película que Oliver dirigía (‘O que arde’) y no lo pensé dos veces. Al principio, estuve más en el frente financiero, pero poco a poco fuimos compartiendo el trabajo de producción con mi compañera Andrea Vázquez, con la que hemos crecido mucho juntos durante estos últimos cuatro años, ya que se trata de la primera vez que actuamos de productores.

Parte del equipo de rodaje durante los preparativos de un incendio en ‘O que arde’, de Oliver Laxe.

Imagino que la complejidad técnica ha sido importante en este largometraje ¿Cuál ha sido la parte más difícil para ti? ¿Alguna anécdota que nos puedas contar?

La complejidad de ‘O que arde’ ha residido en cuestiones de valentía que partían del propio concepto de película: filmar con fuegos reales, cuatro períodos de rodaje (algo muy poco frecuente en el cine), rodaje en 16 mm… Esto ha ocasionado un trabajo de ingenio para llegar con la producción hasta donde no llegaba el dinero, incluyendo una colaboración estrecha con la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia. Una curiosidad es que hemos tenido que convertirnos en bomberos y pasar las pruebas de brigadistas para poder filmar los incendios reales junto a los servicios de extinción.

Anteriormente, ya te hubieron premiado por ‘Hierro’. ¿Crees que el hecho de ganar premios ayuda a los artistas en general?

Es cierto que ‘Hierro’ ha tenido mucho reconocimeinto con el Ondas, el Feroz a la mejor serie dramática, etc. Pero, en realidad, el único premio que hemos tenido por la música fue el Mestre Mateo (Academia Galega) que nos dieron el pasado día 7 de Marzo.

Los premios son algo necesario para visibilizar la industria y promocionar los mejores contenidos del año, tienen el componente de ser el reconocimeinto de los compañeros de profesión a los trabajos destacados del año. Son buenos si se permite poner el foco en los nuevos valores y los profesionales que aportan aire fresco e innovación, pero pueden ser peligrosos si se quedan en reconocimiento endogámico o en el vasallaje laboral, por seguir la cadena trófica.

¿Aspiras a conseguir un Óscar o, mejor, un Grammy?

No me quita el sueño, creo que ejercer la libertad de trabajar en proyectos con una buena dosis de compromiso y motivación es mejor que cualquier premio. De hecho, si algún día ocurriera, no lo disfrutaría si no fuera un proyecto con estos componentes.

Xavi Font y Manuel Riveiro recibiendo el premio Mestre Mateo por ‘La sombra de la ley’ (Dani de la Torre, 2018)

¿Cómo valoras las ventajas de haber tenido experiencia en tantos formatos audiovisuales distintos?

Es una suerte, aunque algo buscada. Cuando dejé el trabajo estable que tenía en el sector financiero, busqué precisamente esto: trabajar con equipos diferentes en cada proyecto, profundizando en una temática distinta, asumiendo nuevos retos… Es imposible estancarse a nivel profesional haciendo este trabajo, pero también es sacrificado aprender a vivir con la incerteza de cuál va a ser el siguiente proyecto, si será satisfactorio, si colmará tus necesidades para vivir.

¿Crees que el público nacional es más agradecido que el internacional, o al revés?

Es difícil contestar a esto, pero creo que no generalizaría. Hay perfiles de público por encima del origen de los espectadores y eso se detecta muy bien cuando se acude a festivales como Berlín o San Sebastián. La gente habla de cine en todas partes, es una fiesta multicultural muy contagiosa y eso es lo importante. Sí es cierto que cuando una producción triunfa en los festivales internacionales es más sencillo que tenga impacto en el territorio nacional.

¿Cómo crees que se desarrollarán las artes de nuestro país ahora que estamos muy afectados y con los presupuestos oficiales tan ínfimos para el sector?

España va muy por detrás en la dotación presupuestaria al cine; es algo que el ICAA conoce bien y está intentando mejorar. Curiosamente, el desarrollo de las artes audiovisuales de los países con mayor dotación no responde de una manera proporcional a esa dotación económica. Suele crear mucho músculo industrial, pero poco a nivel creativo, por lo que (además del aumento presupuestario) habría que alentar la innovación, la valentía y el riesgo, entre otros.

Xavi Font en su estudio. Fotografía cortesía del compositor.

¿Hay alguna faceta artística que te gustaría desarrollar y no hayas hecho aún?

Afortunadamente, no tengo anhelos sin cumplir, pero sí me gustaría retomar la vida musical que tenía a los 20. Volver a tener un proyecto musical con el que hacer giras una parte del año, etc. Espero no tardar mucho en hacerlo.

¿Qué consejo le darías a un estudiante, hoy en día, para mejorar su futuro? ¿Hacia dónde evolucionamos?

Es toda una responsabilidad hablar a un estudiante que busca la forma de labrar su futuro, pero se me ocurren dos cosas: creo que lo más importante no es cumplir una ambición personal, sino hacerla sin dejar de ser uno mismo. Como decía mi abuela, lo primero es “ser persona”, la persona que queremos ser. Por otra parte, no creo mucho en los modelos educativos, los especializados tampoco, parecen más modelos de negocio que de formación. Creo más en eso tan arcaico que es la relación entre un maestro y un aprendiz. Alguien que escuche al que quiere aprender y le ayude a llegar a donde quieres.

¿Tienes nuevos proyectos que se hubieran visto afectados por la COVID-19? ¿Puedes contarnos algo de ellos?

Estaba terminando mi segunda película como productor, el largometraje ‘Ons’, del director Alfonso Zarauza. Ha sido una aventura apasionante en la que hemos filmado durante seis semanas en la isla de Ons, en la ría de Pontevedra, en una partida de ajedrez contra la climatología y los elementos. Además, estábamos arrancando la segunda temporada de ‘Hierro’(cuyo rodaje fue suspendido a mediados de marzo), en la que también hago la música junto a Elba Fernández y se presentaba un año con algunas series más para grandes plataformas.

El compositor Xavi Font durante una de las presentaciones de ‘O que arde’. Fotografía de AIGI BOGA Photography cortesía del autor.

Neus Flores

El artista en aislamiento (II): ÓS GAT

#MAKMAEntrevistas | El artista en asilamiento (II)
Ós Gat
Miércoles 27 de mayo de 2020

Un día más es un día menos. Así, aunque cada vez parece estar más cerca la puerta de salida, el aislamiento ha puesto en nuestro interior todo tipo de sensaciones y emociones que hierven con más intensidad a cada día que pasa. Estas sensaciones no son más que respuestas que muchas veces no sabemos o no somos capaces de descodificar. Y no es de extrañar: la fascinación de vivir una hiperrealidad ha hecho olvidarnos de nuestra realidad interior, que muchas veces pide ser escuchada.

Y ¿qué mejor forma de descifrar estos mensajes que el arte, acostumbrado a deambular entre nuestras preocupaciones y tratar de darles forma y sentido? Para ello, desde Makma, nos hemos puesto en contacto con Ós Gat, una joven ilustradora valenciana de 21 años, estudiante de Bellas Artes, que bajo su seudónimo realiza un arte muy personal e intimista que está triunfando en las redes sociales.

Después de la primera entrega de ‘El artista en aislamiento‘ en el que explorábamos el mito del artista que trabaja encerrado en su estudio, nos sentamos a charlar telemáticamente con la joven ilustradora para ver cómo es su actividad creadora y cuáles son sus reflexiones acerca del arte.

‘Tirachinas’, de Ós Gat.

La figura de Ós Gat nació en la calle realizando graffitis por los rincones de Valencia y, aunque hoy se dedique al arte digital, añora sus inicios como artista urbana en los que su estudio no estaba encerrado entre cuatro paredes, ya que, como asegura, es una experiencia totalmente diferente: “tienes otros tiempos, a veces tienes que ser rápida, no es como estar en casa, que te puedes tomar las cosas con calma. Además, hay muchos factores externos que intervienen en el proceso de una forma u otra, como el tiempo, la superficie, la gente, etc. Pero al final eso es lo que lo hace interesante y diferente, no lo tienes todo tan controlado y los resultados son muy diversos.”

A día de hoy acostumbra a trabajar en la intimidad de su habitación, lugar donde se siente más cómoda y a gusto para liberar sus pensamientos y sentimientos, confirmando el mito del artista que se aisla en su estudio refugiándose del mundanal ruído. En este sentido, el confinamiento por el que atravesamos no le ha supuesto ningún obstáculo para continuar con sus ilustraciones.

Sin embargo, sí que ha incidido en ellas, al causar ciertas sensaciones en el interior de la artista: “Al principio me generó un poco de ansiedad, me agobiaba sobretodo la incertidumbre de no saber qué iba a pasar. Luego se fue pasando esa sensación de angustia, pero la incertidumbre sigue ahí. En mis ilustraciones casi siempre se refleja cómo me siento, y de una forma u otra, en las que he ido realizando desde que empezó la cuarentena se puede apreciar esto.”

‘Apretada’, de Ós Gat.

En sus dibujos resaltan los colores pastel sobre un fondo blanco y el uso de metáforas, frases hechas y juegos de palabras, de forma que simpatizan y conectan fácilmente con el público. Así, ha creado todo un universo onírico donde conviven humanos, plantas y animales, que a veces se entremezclan originando criaturas fantásticas, manifestando la relación orgánica entre el ser humano y la naturaleza.

Las cariñosas formas y colores seducen rápidamente al espectador que, al realizar una segunda lectura, se topa con un mensaje crítico, algunas veces directo y conciso, pero otras sutilmente sugerido que, junto con los recursos textuales, impregnan las ilustraciones con tintes poéticos. El feminismo se alza como uno de los pilares fundamentales de su obra, en la que constantemente cuestiona los roles de género y los estereotipos establecidos. Así, muchas veces, encontramos personajes transgénero o andróginos que invitan a un debate sobre el concepto de identidad.

‘Crece’, de Ós Gat.

Pero también reflexiona acerca de la identidad propia: la reivindicación del amor propio como mujer se hace presente en todas las ilustraciones. “Es fundamental incluir el feminismo en el arte, no solo por la visibilización que da, sino también por el hecho de ocupar espacios donde hasta hace relativamente poco no se han podido tratar estos temas y se ha invisibilizado a las mujeres”, asegura. “Hay que reclamar los espacios que se nos han negado durante años.”

‘8M’, de Ós Gat.

El ecologismo, la relación del ser humano y su entorno, es otro de los temas que trata la artista. Considera que “hay que ser críticos con los problemas que sufrimos hoy en día, y el arte es una buena forma de darles voz y visibilidad.” Sin embargo, tammbién esclarece que la protesta en el arte no es una obligación: “no todo el arte debe tener esa función, el arte por el arte, simplemente la función estética y otras temáticas no reivindicativas me parecen perfectamente válidas y las disfruto igual.”

En este sentido, antes que por su reivindicación, las ilustraciones de Ós Gat destacan por la expresividad de sus pensamientos y emociones. Ella misma nos explica: “considero que mi obra sí debe tener el compromiso de ser consecuente con los temas que creo importantes, y por tanto verse reflejados en ella. Pero puede que sea porque las ilustraciones que hago son muy personales y mi manera de pensar va implícita en ellas.”

Sus ilustraciones son un espejo, un espejo del alma en el que la artista cristaliza sus pensamientos y esculpe su ámbito emocional con absoluta sinceridad. “En ellas pretendo representar emociones y sentimientos, reivindicando su expresión de manera pública en una sociedad que nos priva de mostrarnos tal y como somos.”

‘Rapada’, de Ós Gat.

Muchas veces, por miedo al que dirán, tendemos a guardar nuestros sentimientos y emociones en nuestro interior, como si se tratasen de un objeto viejo preciado del que no queremos deshacernos, pero no encontramos un lugar para él, dejándolo arrinconado acumulando polvo. De alguna forma, Ós Gat, a través de sus ilustraciones, les quita el polvo y los ilumina, encontrándoles un sitio donde exponerlos. Y es que el aislamiento emocional, con el paso del tiempo, resulta más violento que el aislamiento físico.

Porque no hay duda que el arte es un lenguaje, incluso uno de los más eficaces a la hora de expresar los sentimientos y emociones y así lo testifica la joven ilustradora: “me permite expresarme de una forma que, de no ser así, a veces no sabría cómo verbalizarlo.”

‘Siempre bien’, de Ós Gat.

A través de sus obras, la ilustradora realiza un profundo ejercicio de introspección. Coloca la oreja en su vientre, corazón y cabeza, y se escucha a sí misma; voltea los ojos hacia dentro y se observa. Y después de un viaje navegando por sus entrañas, vuelve al lápiz para plasmar aquello que ha visto y escuchado.

El arte es casi una excusa para poder expresarse y conocerse, incluso, nos comenta: “No me gusta definir lo que hago como arte, me parece un poco pretencioso. Aún estoy formándome y aprendiendo.” Aunque prácticamente nadie dudaría de su cualidad artística, la obra de Ós Gat destaca por la honestidad y la fidelidad consigo misma que desprende.

‘Discomfort zone’, de Ós Gat.

Probablemente, la búsqueda de sinceridad que transmite ha hecho que su obra goce de gran popularidad en una red social como instagram. Y es que ¿hay algo más auténtico que ser fiel a uno mismo? “Mi intención a la hora de hacer las ilustraciones es expresarme. Son para mí, y luego las comparto. Era así al principio cuando no las veía nadie y lo es también ahora.”

Pau Tronch.

«Parking habla de amor, esperanza y desesperación»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Tudor Giurgiu (cineasta)
‘Parking’
110′
Con Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo
Rumanía-España-República Checa, 2019
Filmin
Martes 26 de mayo de 2020

En el atemperado febrero de 2002 recalaba en la estación de autobuses de Córdoba un joven y anónimo immigrante llamado Marin Malaicu-Hondrari (Rumanía, 1971), quien portando consigo apenas un par de palabras en castellano (“hola” y “trabajo”) conseguiría empleo (y vivienda) en el periférico cinturón sur de la ciudad como vigilante de un desvencijado concesionario al aire libre, atesorando por techumbre una precaria caravana estacionada en el recinto.

Sin embargo, Malaicu-Hondrari pronto se revelaría en un individuo singular, perfilado por unas inquietudes literarias alimentadas durante las cálidas, insomnes y solitarias madrugadas cordobesas –entre lecturas de Bolaño (referencia de oficios y narrativa) y transistores–, que hubieron cimentado tanto su perfil lector en lengua española como sus virtudes poéticas –’El vuelo de la mujer sobre el hombre’ (2004, Premio de Debut por la Unión de Escritores de Rumanía)– y prosísticas –’El libro de todas las intenciones’ (2008), publicado un año después del retorno definitivo a su país–. Dedicaciones que le han granjeado venturoso horizonte profesional como traductor literario del castellano al rumano y, aún más relevante, una inopinada celebridad como escritor de éxito al oeste del delta del Danubio.

Sería en la primavera de 2010 cuando Marin Malicu alumbraría ‘Cercanías’ (editado en España por el sello granadino Traspiés y traducido por Elena Borrás), una novela polifónica que concita buena parte de sus deriva vital en España y con la que procura un ejercicio reflexivo en torno del amor, la inmigración y la literatura; elementos con los que gestar una libérrima y noctívaga adaptación cinematográfica junto a su compatriota, el cineasta Tudor Giurgiu, quien dirige ‘Parking’ –séptimo largometraje del también productor y organizador del Transilvania International Film Festival–, una coproducción rumano-hispano-checha –protagonizada por Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo– que ha sido estrenada directamente en la plataforma Filmin como consecuencia de la COVID-19 y sobre la que MAKMA cuenta con el testimonio de su director en la siguiente entrevista.

¿Qué proceso de incubación ha desarrollado esta película desde la publicación, en 2010, de ‘Closeness’ (‘Cercanías’), de Marin Malaicu-Hondrari? ¿Qué le incita a contactar con el escritor?

El libro me impresionó mucho. Es una historia muy singular contada en un estilo muy particular. Me gusta la forma en que se retrató la inmigración, totalmente diferente a cualquier otro libro que haya leído; me gustó mucho la amistad masculina entre Adrián y Rafa y, sobre todo, su toque romántico y esta mirada muy especial hacia Andalucía. Un rincón muy marginal, pero aún poético, donde pueden suceder cosas mágicas.

¿Contar con la presencia y colaboración de Marin en la escritura del guion le ha permitido ajustarse fielmente a la novela o, en cambio, han introducido variaciones en la composición de personajes, relaciones y sucesos?

Nos vimos obligados a cortar muchos personajes y subtramas del libro. Estoy realmente agradecido con Marin porque aceptó muchas de mis sugerencias. Tenía ganas de comenzar de nuevo todo el proceso de escritura del libro. Todos estos elementos policiales o de suspense que aparecen en la segunda parte de la película no estaban en el libro y todavía me pregunto si fue correcto agregarlos a la trama principal.

Una extremidad fundamental de su película se encuentra en ciertas localizaciones, especialmente el aparcamiento de vehículos que brinda título al filme. ¿Era este un emplazamiento real y fidedigno, presente en el relato autobiográfico de Marin Malaicu?

El estacionamiento es muy real y es el mismo lugar donde Marin solía ser el guardia nocturno en 2002 y durante, aproximadamente, dos años. El lugar me pareció muy especial y no pude encontrar ningún emplazamiento que coincidiera con la poesía del libro. Esperaba que este estacionamiento fuera como un personaje principal de la película; es como un lugar del fin del mundo, un limbo, al que los cuatro personajes llegan y nos cuentan sus historias sobre el amor, la esperanza o la desesperación.

Adrian (Mihai Smarandache) escribiendo en su caravana durante una de las madrugadas de ‘Parking’. Fotografía cortesía de Filmin.

Sin embargo, ‘Parking’ apenas cuenta con referencias que sitúen geográficamente la diégesis de la película (a lo sumo, un gaitero tocando en Candás que rubrica el viaje efímero del protagonista a Asturias). ¿Considera que la historia podría evolucionar del mismo modo en cualquier otro lugar?

No lo creo. Soy un cineasta que cree que el espacio físico alrededor de los personajes está influyendo en ellos o en sus acciones. Siempre estoy buscando lugares y ubicaciones que puedan decir mucho sobre cómo son mis héroes o cómo se comportan. Me resulta difícil imaginar otro lugar perfecto como las afueras de Córdoba o este maravilloso pueblo de Candás, con su promontorio sobre el mar.

¿Es ‘Parking’ una mirada sobre las singularidades y dificultades de la inmigración o, en cambio, para usted este no es más que un subtema a partir del que filmar cuestiones existenciales relacionadas con la transformación individual?

La experiencia de inmigración fue un tema secundario cuando comencé el proceso de adaptación del libro. Pero, más tarde, se volvió bastante importante, ya que he hablado mucho con Marin sobre su experiencia personal, estar solo y aislado en una cultura extranjera. No quería hacer otra película que tratara aspectos sociales de la inmigración, hay muchas buenas. Quería centrarme en las transformaciones de este poeta, que es un tipo muy diferente de inmigrante.

¿Qué papel juega la literatura en el horizonte vital de Adrian?

No puede vivir sin literatura, es su adicción. Le encanta la literatura española y espera poder algún día leer todos los clásicos directamente en español.

Repite con Mihai Smarandache y se estrena con un plantel de actrices y actores españoles. ¿Cómo ha sido su experencia con este singular reparto?

Trabajar con actores tan buenos como Belén (Cuesta), Ariadna (Gil) o Luis (Bermejo) fue un sueño. Después de conocer a Belén y ver sus películas, supe que sería genial para el papel. Incluso me sorprendió que ella no haya tenido muchos papeles dramáticos antes e hiciera muchas comedias o historias ligeras. Tiene una personalidad fuerte y puede hacer papeles muy diferentes, es inteligente, una actriz completa, incluso muy joven (estoy tan feliz por su éxito en los Goya); estoy seguro de que será una de las grandes estrellas del cine europeo en los próximos años.

Conocer a Ariadna fue mágico, nunca hubiera imaginado que trabajaría con una actriz tan genial. Ella leyó el guión completo antes de nuestro primer encuentro y se le ocurrieron puntos muy buenos sobre la narración. Ella no dijo que sí de inmediato, pero quería tenerla en la película, hicimos todo lo posible para adaptar su horario de teatro al nuestro. Seguimos siendo amigos, le escribiría un papel en cada película que haga.

Luis es un actor increíble, una personalidad maravillosa. Filmar las escenas con Luis en el caballo fue lo más destacado de nuestro período de rodaje en Córdoba, ¡fue único!

Estoy tan feliz de haber encontrado un elenco maravilloso; realmente soñé con encontrar cuatro actores (incluido Mihai) que encajen y funcionen como un conjunto. Supongo que ayudó mucho el hecho de que hacen teatro regularmente (creo que la experiencia teatral brinda habilidades maravillosas a los actores).

¿Su inesperado estreno online a través de Filmin ha variado generosamente sus expectativas? ¿Considera que esta eventualidad, fruto de la pandemia, puede beneficiar a su película?

Creo que es un movimiento valiente e inteligente de nuestros coproductores españoles. Esta crisis por la COVID-19 nos obligó a todos a repensar los circuitos de distribución habituales y estoy bastante seguro de que los lanzamientos de VOD pueden convertirse en una fórmula ganadora para proyectos como ‘Parking’, que no apuntan a un lanzamiento comercial amplio. Muchos títulos europeos no son exhibidos en Estados Unidos, por ejemplo, y algunos pueden tener una vida más larga en las plataformas VOD. Espero que haya suficiente curiosidad en España por mi película y espero que tengamos una buena audiencia.

Tudor Giurgiu. Fotografía de Cornel Lazia cortesía de cineuropa.

Jose Ramón Alarcón

¿El IVAM se politiza?

#MAKMAOpinión | Nuevo concurso público para la dirección del IVAM
José Miguel Cortés termina contrato en septiembre
Martes 26 de mayo de 2020

El conseller de Cultura, Vicent Marzà, declaró, tras el anuncio de su Conselleria de impulsar en octubre de 2015 una nueva ley que determinara la estructura orgánica y el funcionamiento del IVAM, con el fin de ajustarse a los criterios éticos del Código de Buenas Prácticas, que la principal consecuencia de esa nueva regulación era la “despolitización de la entidad cultural y la introducción de criterios de calidad, transparencia y exigencia al museo de referencia del arte contemporáneo valenciano”.

Tras la aprobación de esa ley, el IVAM “aumentaría de manera importante su autonomía, siempre evaluada de manera continua por unos órganos en que estarán representados los colectivos culturales y creativos valencianos”, apuntó Marzà, quien fue un poco más lejos al decir que, con la aplicación de los nuevos criterios, “los cargos políticos perderán peso a favor de la sociedad civil y los expertos, puesto que solo podrán constituir un tercio de los órganos representativos”. 

José Miguel Cortés, en la mesa, junto al exsecretario autonómico de Cultura Albert Girona, en la presentación del congreso ‘Más allá del museo’. Imagen cortesía del IVAM.

La forma en que se ha comunicado la no renovación del contrato de José Miguel Cortés como director del IVAM, cuyo mandato finalizaba en septiembre aunque contara con la posibilidad de prorrogarse, pone en entredicho la declaración de intenciones de la Conselleria de Cultura tras el anuncio de aquella ley. Los buenos propósitos, que pueden hacerse extensibles al afamado Código de Buenas Prácticas, han sido desmentidos por la realidad.

La Conselleria aduce que, tras los cambios operados por la nueva ley del IVAM, aprobada en 2018, Cortés no podía reunir en una sola figura los cargos de director artístico y director gerente, tal y como se recogía en su contrato. De manera que había que rescindirlo y convocar un concurso público para adecuar las características de dicho contrato a la nueva ley. Cortés señala que él nunca se ha opuesto a revisarlo, de ahí que instara a la Generalitat a pronunciarse para llevar a cabo dicha revisión, puesto que su mandato estaba ya próximo a expirar.

‘Crucifixion’, de Carlos Saura, en la exposición ‘España. Vanguardia artística y realidad social’. Imagen cortesía del IVAM.

Como no obtenía respuesta a sus requerimientos, fue la Asociación de Directoras y Directores de Arte Contemporáneo de España (ADACE) quien, tras conocer el asunto, ha denunciado el doble incumplimiento por parte de la Conselleria de Cultura del tan referido Código de Buenas Prácticas. “Por un lado no ha procedido a la renovación, tras reconocer públicamente el buen trabajo realizado por su actual director, José Miguel Cortés, tal y como recomienda el citado documento”, se dice en el escrito.

“Por otro”, continúa la ADACE, “no ha respetado la competencia del Consejo Rector del IVAM, que él mismo (Marzà) preside, en esta cuestión imponiendo de antemano sus decisiones al hacer público el cese encubierto y el procedimiento a seguir tras la no renovación, sin ni siquiera haber convocado y escuchado al citado Consejo Rector”. En el escrito enviado al conseller de Cultura, se insiste en el ninguneo al Consejo Rector, al no ser convocado “antes de que se anunciara la voluntad del conseller”.

Fuentes del citado Consejo afirman que Marzà les llamó por teléfono, dado que no podía convocarles físicamente debido al estado de alarma, para dar respuesta a un escrito del propio Consejo en el que se pedía información acerca de la situación de Cortés, cuyo contrato estaba a punto de finalizar. En esa llamada se les comunicaba ya la decisión de no renovarlo y de convocar un concurso público cuyas bases, como subraya la ADACE, también habían sido ya redactadas, al igual que la conformación del posible jurado. “En esta situación el Código de Buenas Prácticas salta por los aires”, destaca el escrito.

Consejo Rector del IVAM. Imagen cortesía del Instituto Valenciano.

El Consejo Rector del IVAM, que fue ampliado a 15 miembros en junio de 2018 y cuya nueva configuración pretendía demostrar esa preponderancia de los profesionales del sector y expertos en arte en detrimento de los cargos políticos, ha quedado, según lo acontecido, como un órgano testimonial o meramente consultivo, con el que la Conselleria de Cultura justifica un Código de Buenas Prácticas que, como resalta la ADACE, ha quedado en mal lugar.

Fuentes del Consejo Rector manifiestan su “sorpresa” por el desarrollo de los acontecimientos, dado el escaso margen de maniobra con el que se han encontrado, y algunos de los términos “vagos” que caracterizan su función, como el que se manifiesta en ese “oído el Consejo Rector” que supuestamente suele ser previo a cualquier decisión que la Generalitat adopte con respecto al IVAM. Ahora le queda al Consejo, eso sí, la labor, de nuevo consultiva, con respecto a esas bases del concurso que la Conselleria de Cultura quiere terminar de redactar, para lanzar la convocatoria pública de la que salga el futuro director del IVAM.

Vista de la exposición ‘Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias’. Foto: MAKMA.

El jurado que deberá seleccionarlo también dice mucho de esa politización del IVAM, que Marzà decía querer reducir. Si en el concurso del que salió elegido el propio Cortés no había ni un solo cargo político en el jurado, en esta ocasión estarán presentes Raquel Tamarit, secretaria autonómica de Cultura, y Carmen Amoraga, directora general de Patrimonio de la Generalitat, junto a Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, Vicent Todolí, director del Área de Arte de la Fundació Per Amor a l’Art, Iwona Blazwick, directora de la Whitechapel Gallery de Londres y Bernard Blisténe, del Centro Pompidou de París, todavía por confirmar.

Al margen de las cuestiones administrativas y legales del contrato de Cortés, objeto de su no renovación, parece clara la decisión de la Conselleria de Cultura de tomar las riendas del IVAM, por encima del buen hacer profesional con el que Marzà ha reconocido el trabajo del actual director. Fuentes de la Conselleria, según recoge Ferrán Bono en El País, consideran a su vez “recomendable un cambio para relanzar el IVAM, tanto en el plano de la programación artística como en el de la implantación popular del museo”. De ser así, el papel del Consejo Rector, en ese hipotético cambio de rumbo, vuelve a quedar en entredicho.

De izda a dcha, Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas en 2015. Imagen cortesía de la Generalitat Valenciana.

Salva Torres

«La incomprensión acabaría con las iniciativas privadas»

Remando en el mismo barco (IV) | Testimonios de parejas dedicadas a la cultura
Con Juan Carlos Garés y Chema Cardeña (Arden Teatro y Sala Russafa)
Martes 26 de mayo de 2020

El Estado de alarma cerró los teatros hace ya más de dos meses y las salas privadas que sobreviven haciendo malabarismos en la cuerda floja se encuentran en un situación límite. Se han celebrado varias reuniones con la Administración autonómica para intentar paliar los destrozos de la crisis, pero en el momento en el que se escriben estas líneas las perspectivas son bastante sombrías.

«En medio de esta situación excepcional, muy dramática y desconocida, profesionalmente hablando una de nuestras mayores inquietudes es la incomprensión: tanto por parte de nuestra Administración, como la que pueda tener parte del resto del sector de las AAEE valencianas». Son palabras de Juan Carlos Garés y Chema Cardeña, pareja referente imprescindible de la escena valenciana. Tanto de forma individual como en equipo han contribuido notablemente al desarrollo de las artes escénicas en una doble faceta, como compañía Arden, fundada por ellos hace 25 años, y como creadores de la Sala Russafa, que lleva una década siendo epicentro de intensa actividad, no solo teatral, sino también cultural en la ciudad de València.

Juan Carlos Garés y Chema Cardeña. Fotografía de Juan Terol.

«Llevar adelante un proyecto de cultura escénica en nuestro país y, concretamente, en nuestra tierra, es una tarea ardua», dicen Garés y Cardeña. «Y que se cuestione constantemente la importancia de mantener estructuras estables que contribuyan a consolidar el tejido profesional es, para nosotros, inconcebible. Cada sector industrial en todos los países obtiene ayudas de sus Gobiernos, pero se suelen cuestionar solamente las de cultura. Las que se destinan a compañías escénicas de teatro, danza o circo se asumen a duras penas, pero las de los teatros siguen poniéndose en tela de juicio, cuando es en ellos donde se genera el 80% del trabajo de nuestros intérpretes. Las únicas ayudas vigentes son para programar a las compañías. Sin embargo, el mantenimiento de infraestructuras, inversiones y mejoras en seguridad, innovación técnica o comunicación, recursos humanos, etcétera, que aportan condiciones básicas a las compañías programadas, a día de hoy no existen. Que se apoye solo a la actividad es un sinsentido que a medio plazo consigue una sobreoferta imposible de gestionar y unas condiciones de exhibición nada competitivas. El desconocimiento de esta realidad conduce a esta incomprensión que nos puede abocar al fin de las iniciativas privadas».

En estos momentos, ellos y su equipo viven inmersos en una total incertidumbre, provisionalidad e indefensión. No saben si podrán continuar su proyecto en la Sala Russafa ni si podrán volver a programar las giras de Arden. «No sabemos si podremos volver a hacer teatro, al menos como siempre lo hemos conocido. Lo nuestro es un arte vivo que necesita la cercanía tanto de los intérpretes como del público. En ese aspecto estamos viviendo un antes y un después».

Juan Carlos Garés (de pie) y Chema Cardeña en ‘La estancia’. Fotografía de Maque Falgás.

Sin embargo, como ellos mismos dicen, el talante de los profesionales de las artes escénicas suele ser optimista. «Lo nuestro es una carrera vocacional, así que tirar la toalla casi nunca está en la mesa, aunque llevamos algún tiempo barajando esa opción. Lo que sí sabemos con certeza es que solos estamos abocados al fracaso. Sin nuestros Gobiernos y sin el público no habrá nada que hacer. Con la boca pequeña y tras muchas presiones, el Gobierno ha considerado a la cultura como un bien esencial en nuestro país, pero hasta hoy no había sido así. A pesar de ser un motor económico (un 3,2 % del PIB nacional), al contrario que en la mayoría de países europeos, no se nos considera como tal. Debemos ser capaces de hacer rentable el esfuerzo para mantener la cultura escénica, que no sólo sea un valor intangible y que, además del beneficio invisible a la sociedad, siga ofreciendo resultados industriales. Solo así caminaremos hacia la autosuficiencia».

Garés y Cardeña estudiaron Arte Dramático en la ESAD de València en cursos diferentes y, después, cada uno inició su carrera profesional en diferentes proyectos. Pero el destino estaba decidido a reunirlos de nuevo. Y eso ocurrió en 1995, hace ya 25 años, en torno a ‘La estancia’, una obra de Cardeña que plantea una hipotética relación entre Shakespeare y Marlowe. Crearon Arden Producciones para montar ese texto y, poco después, comenzó su relación personal. Resistiendo y superando los embates de la vida, ambas han continuado hasta la fecha.

Chema Cardeña y Juan Carlos Garés en ‘Matar al rey’. Fotografía de Juan Terol.

Una de las claves del éxito de la pareja es su perfecta simbiosis. Cada uno tiene un conjunto de funciones delimitadas que se engranan con precisión de reloj suizo. La responsabilidad de Cardeña es escribir y dirigir las obras de Arden, además de actuar en la mayoría de ellas. En Sala Russafa asume la dirección artística y la línea docente del Centre Cultural, donde imparte el Taller profesional de posgrado desde hace nueve años, que se suele centrar en textos de William Shakespeare.

Por su parte, Garés comparte la dualidad de actor y productor desde que inició su  carrera, en 1982, «dos facetas que a mi entender son apasionantes y compatibles». En Arden lleva a cabo los diseños de producción de los montajes (producción ejecutiva) y en Sala Russafa hace funciones de gerente, coordinando la actividad empresarial de ambos proyectos.

Chema Cardeña y Juan Carlos Garés en ‘Sueña Casanova’. Fotografía de Juan Terol.

«Formamos un equipo que materializa las propuestas escénicas, junto a un tercer socio, David Campillos, y el resto de personal que se ha ido incorporando a Arden y a Sala Russafa. Nuestra dinámica es que Chema, como autor, propone un proyecto que continúe o no la línea de producción de la compañía. Conjuntamente, sopesamos su viabilidad, su oportunidad y sus posibilidades de proyección. Y, curiosamente, en estos 25 años jamás hemos discrepado en qué paso iba a ser el siguiente. Con el tiempo hemos logrado una compenetración total que facilita la puesta en marcha y el día a día de los proyectos, que ambos complementamos y enriquecemos, durante su proceso de creación hasta el estreno».

¿Qué es lo que estos curtidos y veteranos artistas de la escena solicitan a los poderes públicos?: «La Administración debería escuchar mejor al sector, sus necesidades, sus carencias, sus posibilidades. Y, juntos, encontrar la forma de coordinar los esfuerzos públicos y privados. Crear una política cultural a largo plazo, que consolide estructuras y no sólo actividades, que favorezca la creación para asentar un tejido sectorial fuerte. Va en ello la supervivencia de más de 700.000 familias en España. En nuestra tierra llevamos tres décadas intentándolo y aún estamos en ello», concluyen Juan Carlos Garés y Chema Cardeña.

Esperemos, por el bien de todos, que puedan seguir en su tarea por muchos años.

Chema Cardeña y Juan Carlos Garés. Fotografía de Juan Terol.

Bel Carrasco

El Rastro de Madrid: entre la memoria y el asombro

MAKMAOpinión | El Rastro de Madrid
Alberto Gómez Font y Carlos Varona Narvión
Lunes 28 de mayo de 2020

EL ZOCO DE MADRID

Es muy difícil hablar del “Rastro”, de nuestro zoco, sin olvidarse de algo, y por mucho que se afine en su descripción, siempre estará incompleta, pues cada domingo habrá algo nuevo o desaparecerá algo de lo que ya era habitual. Pero aunque difícil, es agradable hablar, escribir en este caso, un rato de este gran bazar, de este inmenso mercado, de este zoco a la española.

Me empeño en llamar “zoco” al “Rastro”, no porque sí, sino porque al pasear por estas calles no hago más que recordar los zocos de Marruecos, y no ceso de comparar a nuestro zoco con el de Fez, el de Mequinez, el de Marraquech, el de Tetuán, y todos los que he tenido la suerte de conocer. Si bien las mercaderías son algo diferentes, que no mucho, y las gentes visten algo distinto, que no del todo, el continuo vaivén, los abigarrados colores, las aglomeraciones, los gritos de los vendedores anunciando sus mercancías, el regateo, y muchas otras cosas, son exactamente iguales.

No es raro ver chilabas en el “Rastro”, en venta en los puestos que tienen los marroquíes en la calle de la Ribera de Curtidores, o puestas en los innumerables moros que cada domingo se pasean por nuestro zoco, recordando quizás el de su pueblo en Marruecos y regateando como solo ellos y los gitanos saben hacerlo.

Tampoco es raro notar en el aire del “Rastro” un aroma familiar al de los zocos magrebíes, y si seguimos el rastro de ese olor, llegaremos a la plaza del Campillo del Mundo Nuevo y veremos varios bares improvisados con dos mesas y un fogón, en el que se están asando esos deliciosos “pinchitos morunos” y otras sabrosas, en olor y apariencia, carnes adobadas; olores fuertes y cargados que tan normales son en los zocos del país vecino. Hasta un puesto de frutas y verduras hay ahora en la misma plaza, detalle que hace aún más grande ese paralelismo entre nuestro zoco y los magrebíes, abigarrada mezcla de las más inesperadas mercancías: fruta junto a tornillos, ropa junto a bocadillos, muebles junto a joyas, en fin…, todo junto a todo.

El Rastro en 1979. Fotografía cortesía de Casa Amadeo.

Paseando por el zoco de Fez, en la calle de Tala’a al Kabira, nos encontramos con varios “FUNDUQ” (de ahí nuestras palabras ALHÓNDIGA y FONDA), patios interiores a los que se entra por un zaguán, donde hay por lo general dos pisos, la planta baja y otro arriba rodeando al patio, con puertas y ventanas que dan directamente a este, o a un corredor (en el piso superior) cuya barandilla se asoma a aquel. Son patios dedicados cada uno a una mercancía: en uno se fabrican y venden los típicos bongos o “tam-tam”, en otro se curten y secan las pieles, en otro venden antiguas joyas y tapices, etc. Pues bien, en el zoco de Madrid, en la calle de la Ribera de Curtidores (donde antiguamente se curtían las pieles), también nos encontramos con patios de este tipo, dedicados aquí solo a las antigüedades, pero no por eso sin el mismo encanto y ambiente recogido de los “funduq” marroquíes.

El turista es otro de los personajes que se dan por igual en nuestro zoco madrileño y en los del otro lado del Estrecho. Son los mismos turistas; los ingleses, franceses, alemanes, holandeses y otras gentes de tierras más lejanas, que si vienen a Madrid no dejan de visitar el zoco dominical, y si van a Marruecos, a cualquier ciudad, lo primero que hacen después de dejar las maletas en el hotel es ir a darse un garbeo por el zoco; allí y aquí se comportan de igual modo, hacen sus fotos, sus primeros ejercicios de regateo, compran sus “souvenirs” y prueban las “especialidades-gastronómico-callejeras” del país para así olvidar la comida plástica del avión.

Quizás haciendo un examen más exhaustivo del “Rastro” aún encontraríamos más razones para llamarlo ZOCO, pero quedémonos con lo que se ve, lo que se huele, lo que se oye, y conozcamos algo mejor ese maravilloso mercado popular, ese zoco de Madrid.

Alberto Gómez Font (Plaza de Vara de Rey)
(Publicado en la revista La Voz del Rioba. Madrid, marzo de 1980 – Año I –Número II. Editada por Juan Manuel, Julio y Antonio)

40 AÑOS DESPUÉS

El texto anterior lo escribí por encargo hace ya cuarenta años, y este que escribo hoy es también un encargo, esta vez de mi amigo José Ramón Alarcón San Martino, que sabe de mi amor por ese mercado que visito desde mi juventud todos los domingos que estoy en Madrid y no llueve, y con quien, en compañía de Merche Medina, recorrí algunas veces el zoco de Tánger.

Ambiente dominical en la Ribera de Curtidores (2020).

Si es domingo y no estoy en la capital de España sino en alguna otra ciudad del mundo, siempre pregunto si allí hay algún sitio parecido a mi amado Rastro, y si lo hay busco cómo llegar y me sumerjo en sus colores y sus sonidos. Así lo hice en Nueva York y en Buenos Aires —varias veces—, y también visité los de Bogotá, Ciudad de México, Guadalajara (Jalisco), Barcelona, Miami, Damasco, Roma, París, Valencia, Nueva Delhi, Tánger, Washington, Marraquech, Lima, Zaragoza, Valladolid, Ámsterdam, Utrecht, Quito, Varsovia, Salé… Y siempre, en todos los que tuve la suerte de conocer y disfrutar, adquirí algún o algunos objetos, pequeños tesoros que me recuerdan esos paseos cada vez que los miro.

Me alegro mucho también cuando alguna amiga o amigo me piden que les muestre el Rastro, o cuando llegan a Madrid gentes querida de otras ciudades y de otros países y me ofrezco de cicerone el domingo por la mañana; me gusta compartir ese espacio mágico con las personas a las que quiero, aunque creo que como más gozo del paseo es cuando voy yo solo, a mi aire, a mi ritmo, o cuando mis compañeros de recorrido son mis amigos Carlos Varona y su esposa, Marga Pacheco, pues él está tan enamorado como yo de ese tipo de mercados de cosas viejas y antiguas, y es también un gran maestro del regateo.

No sé si me gusta más el Rastro de hoy o el que dibujaba en el artículo que escribí hace cuarenta años; son muy diferentes y muy parecidos, y muchas de las caras conocidas con las que sigo intercambiando sonrisas son las mismas —algo más avejentadas y con más brillo en los ojos— de entonces, si bien hubo en cierto momento un cambio de rumbo bastante radical: fue cuando la municipalidad de Madrid decidió «ordenar» y «legalizar» ese mercado y organizarlo de forma que cada domingo hubiera los mismos puestos, del mismo tamaño y con el mismo tipo de mercancías, con lo cual se acabó de un plumazo con dos de las características más atractivas que tenía hasta entonces: la espontaneidad y la sorpresa. Y es que en los tiempos en los que no estaba «ordenado», cualquier persona, sin necesidad de ninguna autorización, podía instalar su puesto para vender lo que le diera la gana, y se pagaba una «multa» simbólica al guardia municipal que servía para permanecer allí toda la mañana. Así era como de pronto alguien llegaba un domingo, extendía un trapo en el suelo, o ponía una mesita plegable, y sacaba a la venta los cachivaches que le sobraban en la casa, o lo que había recogido de la vivienda de sus abuelos tras la muerte de estos, o los objetos de artesanía fabricados con sus manos, o los recuerdos de su último viaje por la India. En aquella época —años 70 y 80 del siglo pasado— mi hermana, Pilar Gómez Font, y yo tuvimos un puesto en la plaza Vara de Rey, donde vendíamos juguetes antiguos de papel: recortables de muñecas, de casitas, de coches, de soldaditos, etc., cromos, dioramas, libritos de cuentos, figuras troqueladas de cartón…

Pero por mucho que lo quieran estabular, el Rastro sigue siendo un mercado muy vivo y muy avispado, y sigue dándonos sorpresas y alegrías a los que le somos fieles y no deja de sacarnos las mejores sonrisas, y también algunas carcajadas, como aquel día en el que me mostraron una colección de piernas ortopédicas entre las que había dos auténticas «patas de palo», o aquella vez que vi un confesionario en la tienda de una amiga y bromeamos sobre todo lo que se nos ocurría hacer en y con ese mueble.

Alberto Gómez Font junto a su puesto de juguetes antiguos de papel, a finales de los años 70. Fotografía cortesía del autor.

En ocasiones nos hace regalos inolvidables, como me ocurrió con una coctelera muy especial. Llevaba viéndola mucho tiempo, allá por la década de los años 80 del siglo xx, sobre la barra del antiguo bar —luego lo cambiaron de sitio— del Hotel Palace, en Madrid, cuando oficiaba como barman el maestro Eliseo Ibáñez; era muy distinta a las demás, pues simulaba ser un cañón, recostada sobre una cureña de madera con cuatro ruedas cubiertas de metal. Yo bromeaba diciendo que algún día les encargaría a unos chorizos que la robaran para mí, hasta que una tarde fui a ese bar y la coctelera ya no estaba sobre la barra; le pregunté a don Eliseo y me respondió que se la había sustraído sin que se diera cuenta. Pasados varios años la encontré en el Rastro, y pregunté el precio luchando por contener los nervios y la taquicardia: 20 000 pesetas. No estaba muy cara, sino carísima, pero llegué a un acuerdo con el vendedor para pagársela a plazos, y así fue. Hoy está en mi casa. Llegué a tener una colección de 260 cocteleras, que hace pocos años le vendí a mi amigo barman Diego Cabrera, pero me quedé con varias piezas; una de ellas es la coctelera cañón.

«Al contrario de lo que suele pensar la mayoría de la gente, queremos a las personas por lo que les damos y no por lo que ellas nos dan». Esas palabras del protagonista de la novela tangerina ‘Los muertos de Roni’, escrita por mi amigo Leo Aflalo, judío de Tánger, reflejan perfectamente una de las sensaciones que más me gusta sentir en mis paseos dominicales por el Rastro. Es la que experimento cuando veo algo que sé que le gustará mucho a alguna amiga mía o algún amigo mío, y de inmediato comienzo el proceso de compra —el regateo— para ver si logro conseguirlo a buen precio y guardarlo en mi casa hasta que tenga la oportunidad de regalárselo. Esa tendencia regaladora llega a veces al extremo de hacer colecciones para otros —los coleccionistas hacemos proselitismo—, como la de abridores-destapadores zoomorfos que hace algo más de un año comencé para mi amiga Sara Navarro, diseñadora de zapatos, con la que también saboreé una de esas sorpresas mágicas que el Rastro nos tiene preparadas: un día en el que paseaba yo solo vi en la almoneda de una conocida mía un par de zapatos de mujer bastante antiguos, forrados de tela de color amarillo, con unas hebillas muy historiadas. Un par de semanas después quedé con Sara para pasear por nuestro zoco y la llevé a aquella tienda; los zapatos seguían allí, y los duendecillos que se encargan de asombrarnos y de hacernos sonreír hicieron que cuando Sara agarró los zapatos y les dio la vuelta viera que en las suelas estaba escrito el apellido «Navarro». La siguiente vez que los vi fue sobre un mueble del salón de mi amiga zapatera.

Esos mismos duendecillos son los que lo organizan todo para que, de repente, el Rastro se llene de determinados objetos que son objeto —aquí es inevitable la redundancia— de nuestro deseo, como me ocurrió con las parejas de faisanes de metal plateado. Reparé en ellos por primera vez cuando acudí por primera vez —las redundancias siguen jugando con mi relato— a cenar a la casa de mi tocayo y amigo Alberto Navarro, embajador de España en Marruecos, en el barrio de Suisi, en Rabat; allí estaban adornando la mesa del comedor, y creo que eran de plata. Volví a ver una pareja de faisanes un domingo por la mañana en el Mercado del Perro (Suk al Kalb), en la ciudad de Salé, vecina de Rabat, pero eran de bronce y los que a mí me habían cautivado eran plateados. Terminados mis dos años de director del Instituto Cervantes de Rabat, ya de regreso en Madrid, comencé a verlos en el Rastro; se me aparecían por todas partes y los había de todos los tamaños, y fueron invadiendo mi casa, hasta que llegó el día en que eran tantos —más de veinte parejas— que decidí deshacerme de ellos y que volvieran al sitio de donde salieron. Se los vendí a mi amigo gitano Aquilino Motos Romera, que tiene un par de mesas en las que pone a la venta cosas viejas y antiguas, en la plaza de Vara de Rey, donde bastantes años atrás tuvimos el puesto mi hermana y yo. Y tiene mucha gracia pasar a saludar a mi amigo y ver los faisanes que un día fueron míos y adornaron el vestíbulo y el salón de mi casa. Así es el Rastro.

Así es, y así lo cuento en una serie de videos —pueden verse en YouTube en ‘Érase el Rastro’— que grabaron dos estudiantes de Periodismo para su Trabajo Final de Grado, a las que conocí un domingo por la mañana en el que caminaban mirando un plano y les expliqué que lo que para ellas era una iglesia en realidad era el edificio de la Tenencia de Alcaldía de ese barrio. Con ellas dos —Eva Hernández Martínez y Blanca Ribas— hablé mucho sobre el Rastro, con ellas lo recorrí y les presenté a mis amigos y conocidos que tienen tiendas o puestos en la calle, y con ellas hice el paseo final en el que me filmaron mientras les explicaba detalles e historias de ese mercado al que tanto amo.

Hace cuarenta años hablaba, en mi primer artículo sobre el Rastro, de las diferentes nacionalidades de los turistas con los que me cruzaba entonces, y hoy sigue siendo así, mas mis percepciones se han ido especializando y ahora me doy cuenta de cuál es la lengua dominante cada domingo, Así, de pronto, me llama la atención la cantidad de gente que oigo que hablan en italiano, y puede ocurrir hasta dos o tres semanas seguidas, para de pronto cambiar al francés, al alemán o al catalán, lengua esta última muy presente en Madrid en los lugares que visitan los turistas, pues la gente de mi tierra —Cataluña— siempre fueron muy viajeros.

Pero ir al Rastro no es solamente pasearse entre los puestos y entrar a las tiendas, pues al final del recorrido es de ley tomarse un vermú o un vino o una cerveza en alguno de los muchos bares que hay en ese barrio, y así lo hago yo, y se lo recomiendo a ustedes. Mi última parada es en un pequeñito bar de la calle de Toledo llamado La Paloma, famoso por sus gambas a la plancha y sus boquerones en vinagre, donde siempre remato mi paseo con tres ostras y una copa de vino blanco.

¡A su salud!

Alberto Gómez Font
De la Academia Nortemaricana de la Lengua Española

LA RECUPERACIÓN DEL ASOMBRO

Las mañanas dominicales están desde tiempo lejano llamadas a celebrar un rito. Algunos lo festejan bajo cúpulas bendecidas, otros estirando simplemente las piernas por un parque o dándose un opíparo desayuno entre periódicos. Mi particular ceremonia, cuando me encuentro en Madrid, consiste en ejercitar la mirada con los casi infinitos objetos desperdigados por el Rastro. Como la de un ave de presa, nada tiene que ver con la mirada perdida y difusa del turista, del paseante ocasional, sino una precisa y tensa, casi como un disparo, que da en la diana de un libro antiguo, de una rara porcelana, de un cuadro, de un cristal…, o de cualquier otra pieza juzgada en ese momento como si fuera una gema, algo irremplazable. El valor objetivo, el tamaño o el estado son lo de menos. ¡Lo importante consiste en la asociación de imágenes e ideas que suscita en solo décimas de segundo! Ese es el instante privilegiado no del buscador, pues no soy coleccionista ni persigo nada concreto, sino de quien encuentra.

El Rastro visto por el artista Alfredo González (Premio Nacional de Ilustración 2017).

¡Cada cual posee en la mente su propio Rastro! ¡No hay dos iguales! Los circuitos son allí más que variados, innúmeros, según el acompañamiento, las ganas, el tiempo, las vibraciones cambiantes del día… Se trata de una excursión abierta, de una caminata en cierto sentido «a ciegas», entregada a la admiración tanto adulta como infantil. Nada más distinto a los objetos estandarizados de los grandes almacenes en los que podemos prever cuanto vamos a encontrar. ¡Son aquí la piel y la propia biografía quienes dictan el hallazgo al azar! Tal o cual objeto: un bronce, una figura o un mueble, actúan como una botella a la deriva, varada sobre una acera, o bien mostrada en el anaquel de un anticuario, que como en un paseo por la playa recogemos sin esfuerzo tras discutir el precio con el vendedor. A este en ocasiones lo conocemos, y vemos envejecer domingo tras domingo a lo largo de los años, con el lejano y cómplice afecto de quien también lo hace. No sabemos sus nombres, nada de sus vidas, pero sus caras forman parte ya de ese particular espacio donde lo kitsch se da la mano con elegantes piezas, y bargueños o cornucopias barrocas de muchos miles que comparten dos metros cuadrados con la baratija… ¡Al euro! ¡Al euro! ¡Las fronteras no existen! ¡El vacío es inviable! La sopa primordial de átomos de la Creación está aquí en fusión absoluta…. ¡Y nosotros asistimos a ella!

Todo fluye sin cesar en este espacio de privilegio. Si te gusta algo… ¡Llévatelo! Puede que el domingo próximo —o dentro de tres minutos— ya no esté. O por el contrario, quizá permanezca por lustros en el rincón de una apartada almoneda. Todo es posible en este insólito lugar, encrucijada de estilos, donde se dan las más impredecibles combinaciones: el sobrio despacho de notario se combina con imágenes de una domadora de circo, la beata figurita de iglesia con el flash pornográfico, vestidos de cupletistas y Mata Haris nos lanzan al aire perfumes ya desbrevados pero de estimulantes evocaciones…

El poder del rito dominical consiste precisamente en eso, en que el placer de la sorpresa, como un relámpago difícil de escrutar, como un destello del pasado o tal vez del futuro, no desaparezca, y que aunque decaiga según las jornadas, se renueve de continuo. ¡Ahí estamos nosotros para dar fe de ello! Cierto es que rara vez se encuentra ya una verdadera ganga, pero la excitación del objet trouvé, rancio o vanguardista, nimio o principesco, sigue presente en esos objetos sacados de contexto y de su pretérito esplendor: cristales y maniquíes, bustos y lámparas, relojes y quincallería, motejados por rastrillos de bragas, de zapatillas y gafas. ¡Nada está excluido! … Y un inesperado descubrimiento, tal vez único, nunca se descarta. ¡El Rastro es un museo vivo! ¡Un happening real! Pero nada tiene de artificioso. Sucede todo fruto de un destino trascendente que se nos escapa. Es en verdad un laboratorio, un carnaval de infinitas biografías ofrecidas sin tener que ir a galerías o bibliotecas. ¡Soleadas o de intenso frío las mañanas siempre nos garantizan allí la recuperación del asombro!

Carlos Varona Narvión
Director del Instituto Cervantes de Marraquech

Alberto Gómez Font y su hermana Pilar junto a su puesto en el Rastro, ubicado en la plaza Vara de Rey, circa 1980. Fotografía cortesía del autor.

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Dani Cardona: «Me hubiera encantado nacer optimista»

#MAKMAMúsica #MAKMAEntrevistas | Dani Cardona (músico, productor, escritor y artista plástico)
Lunes 25 de mayo de 2020

Quizás porque en ese cuerpo delgado y ágil no cabe mucho ego, tal vez porque mirar tan azul y reconocerse desde la ironía da pie a que su personalidad asome lúcida entre resquicios de talento, autenticidad y preste más atención a estéticas razones. El nombre de Dani Cardona aparece en muchísimos de los discos que se han editado en nuestra ciudad en las últimas décadas, su trabajo exquisito en el estudio de grabación es siempre valorado por las bandas, pero no lleva bien los halagos. Cuando se habla mucho de él coge su moto y se va.

Dani Cardona durante un concierto de Desguace Café en 16 Toneladas. Fotografía de Susana Sánchez Marfil.

Estudió Bellas Artes, es músico –ha formado parte de grupos ya míticos como Los Flacos, Doctor Divago o Una Sonrisa Terrible–, productor, artista plástico y desde hace unos años escribe relatos en los que cuenta retazos de infancia, andanzas de juventud roquera, pasajes sorprendentes en los que a veces la casualidad o el destino juegan bazas inesperadas en garitos nocturnos, locales de ensayo, estudios de pintura, sótanos y escenarios.

¿Cómo estás llevando este tiempo de confinamiento, Dani?

Pues, en general, es el tiempo el que me ha llevado a mí. Yo he sido obediente y me he quedado quieto, pero a él no le ha dado por ahí. Tiene muy mala idea.

La última vez que la vida te hizo parar y quedarte en casa unos meses escribiste el libro ‘Fractura de tibia y peroné’. ¿Saldrá una nueva publicación de este enclaustramiento?

El libro está en marcha, lo estaba antes del encierro, ahora lo complicado es reunir fuerzas para promocionarlo –una vez más– por un circuito independiente (y angosto). Mi único modo de promoción siempre han sido pequeñas fiestas. Tengo que inventar algo nuevo. Además, no sé en qué fase permitirán sonreír y firmar libros a la vez.

Además de escribir, eres músico, eres artista plástico… Tú lo tienes más fácil para soportar la monotonía de los días.

Pues no creas, primero porque la monotonía no me disgusta. Y no soy un tío muy prolífico; a veces, el sentido de culpa de no estar haciendo nada no me deja hacer nada; no sé cómo lo llevarán otros, pero no ha sido un ambiente favorable para mí. Aun así, lo he peleado.

¿Qué has descubierto de bueno durante estos meses tan distintos?

Durante casi dos meses he estado casi convencido de que el mundo podía cambiar (para bien); que las personas seríamos capaces de sacudirnos la rabia que veníamos arrastrando y empujaríamos, a partir de ahora, en la misma dirección. Pero esta idea se va desintegrando conforme las fases avanzan hacia la normalidad.

También he descubierto libros en mi estantería que no sabía que tenía y que me han encantado. Ah, y he descubierto que tenía vecinos en la puerta de enfrente de mi rellano –¡los descubrí un día por el balcón!–.

¿Qué te da más miedo de lo que nos espera?

Precisamente que tengamos miedo unos de otros. Y tener miedo a la enfermedad. Vivir con miedo.

¿Sacaremos algún aprendizaje o todo seguirá igual?

Me hubiera encantado nacer optimista (son un tipo de personas a las que envidio terriblemente).

Dibujo de Dani Cardona. Fotografía cortesía del autor.

¿Por qué en tus dibujos y en tus cuadros aparecen tantos aviones?

Pues, en primer lugar, tengo que confesar que tengo muchísimo vértigo, y que en las pocas ocasiones en que he subido en avión lo he pasado fatal… Mi hobby es el patinaje artístico sobre ruedas. Lo descubrí gracias a mi hija –tarde…, me hubiera encantado patinar en serio–. En el parque donde practico, observo, casi a diario, enormes atardeceres, como los de los grandes cuadros del Museo del Prado, pero atravesados por líneas de aviones que los convierten en arte pop. Me hacen pensar… Sé que es una extraña relación, pero los aviones tienen que ver con el patinaje artístico.

Y te parecerá una locura, pero después del confinamiento, patinar tiene algo de diferente, y me desconcertaba no saber el qué. Y gracias a tu pregunta lo he descubierto: ¡no hay aviones!

Formas parte de las bandas Desguace Café y Ramonets. Este parón os afecta muchísimo porque aún tardaréis en subiros a un escenario. ¿Cómo lo sobrelleváis?

Antes de la gran movida, con Ramonets, aparte de los ensayos, todas las semanas nos reuníamos al menos una vez para intentar gestar ideas nuevas, proponer acciones o directrices de trabajo. Desde que estamos confinados hemos tenido ¡una reunión diaria! a través de videoconferencia. No puedo más. No los aguanto. Espero que todo vuelva pronto a la antigua normalidad.

Por otro lado, estoy aprovechando el encierro para aprender a tocar la batería –con carácter retroactivo– en el colchón de la cama. No se puede ser más incoherente; ahora entiendo el porqué de mi desordenada carrera artística. En cualquier caso, tengo una idea para que vuelvan los conciertos: aforos a tope, pero con entrada solo permitida a los que ya hayan pasado por la enfermedad (espero que Simón lo vea tan claro como yo). Si no funciona, la cosa está malita.

Desguace Café es mi proyecto más personal. Eso se dice siempre de los proyectos que no dan dinero. En ese sentido es muy muy personal. Y lo cierto es que hace tiempo que no sacamos a pasear las chaquetas, sobre todo porque nuestro otro proyecto, Ramonets, ha tenido mucha actividad (Roberto –el guitarrista– y yo estamos en los dos proyectos). Isa Terrible ha estado también a tope con la carrera de Bellas Artes. Con la nueva normalidad, los espectáculos de poco aforo parece que tendrán más sentido. Una vez vino una sola persona a vernos, o sea que yo creo que lo vamos a petar. No, ahora en serio, quizás sea un buen momento para ese tipo de propuestas, así que…, ¡a ensayar!

Años 80. Dani Cardona en la puerta del mítico Gasolinera. Fotografía cortesía del autor.

Hace un tiempo, después de más de 20 años grabando y produciendo a infinidad de grupos, decidiste cerrar tu estudio. ¿Echas de menos bajar al sótano, pasar horas escuchando y trabajando en las creaciones de otros músicos?

Lo cierto es que tengo sentimientos encontrados. Después de dos décadas en el estudio había muchas cosas que también empezaban a pesarme. Todo negocio que dependa de un alquiler tiene una parte de esclavitud. Ahora lo estaría pasando muy mal. Además, creo que no supe adaptarme, y los nuevos tiempos me pasaron por encima. La tecnología, los nuevos métodos de grabación…, todo eso me viene un poco grande. Para mí, grabar era un trabajo casi artesanal, preciosista y, en ese sentido, no sé si quiero estar al día. Te contaré una anécdota para que entiendas mi postura: cuando era jovencito, en casa de un amigo, este le preguntó a su padre “¿Papá, cuándo vamos a tener video (se refería al moderno VHS)?”, a lo que su padre le respondió “¿Qué te crees, que yo no lo quiero? Estoy esperando a que lo perfeccionen”. Pues el caso es que yo también he decidido esperar a que todo mejore… Aunque me temo que mi amigo se quedó sin video.

Por otro lado, echo muchísimo de menos estar implicado en el proceso de creación de tantas cosas interesantes. La ilusión con la que alguien entra en un estudio de grabación es una energía brutal, adictiva.

A través de las páginas de tus libros llegan vivencias, relatos, anécdotas de la València underground de los ochenta, de los noventa… Pasaban tantas cosas y se cuentan tan poco. Nuestra ciudad vive ajena, muchas veces, a una historia reciente plagada de nombres imprescindibles, de grupos y sonidos interesantes. ¿Crees que otros lugares han reivindicado más o mejor su cultura musical más alternativa?

En todas las épocas ocurren cosas interesantes, pero en esa época tuve la sensación de ser testigo del nacimiento de una independencia musical y artística, con sus nuevas normas estéticas e ingenuas formas de funcionar. Yo la viví con mucha intensidad, al igual que vivo mi presente. Pero el ejercicio de recordar me hace más risa. Soy capaz de reírme de mi yo pasado porque es como reírse de otro. De otro que no sea yo, nunca lo haría.

En cuanto a nuestra ciudad, creo que València ha sido muchas veces víctima de su extrema modernidad. Lo moderno suele existir a costa del rechazo al pasado reciente, y aquí hemos pecado un poco de reivindicar lo supermoderno riéndonos de lo moderno, y lo ultramoderno chafando a lo super… Yo tengo que confesar que soy megaultrasupermoderno. Mmm, espera… Ya no.

Dani Cardona en el balcón de su casa durante el confinamiento. Fotografía cortesía del autor.

Marisa Giménez Soler

Conociendo a Javirroyo

Encuentro con Javier Royo
Video entrevista
Confinados Covid19

Javier Royo, etiquetado como humorista gráfico, nos concede unos momentos en estos tiempos de pandemia para descubrir mejor su obra y a él mismo.

Abierto, sincero y dispuesto a no dejarse abatir por ninguna piedra del camino, Javier Royo consigue causar un gran furor entre el público ¿su secreto? La síntesis; nos confiesa que, en una sociedad capaz de visualizar más de cien imágenes por minuto, aquello que marca es lo directo, los trazos sencillos que él mezcla con textos.

Javirroyo – My Charm School
Ilustración de Javirroyo

Sus primeros pasos se inician en un barrio obrero de Zaragoza, devorando comics infantiles, hasta que llegaron a sus manos las páginas underground de los años 80, donde violencia, sexo y drogas, son los protagonistas. A los 23 años, ya pudo subsistir de sus ideas y proyectos y, a día de hoy, ha conseguido ser editor en El Estafador, dirigir la empresa de vinilos decorativos Chispum, escribir 15 libros y dar forma al vegetal más peligroso de todos los tiempos: La Cebolla Asesina.

La cebolla asesina #3 (Subterfuge Comix)
La cebolla asesina. Cómic nº3. Javier Royo Espallargas

Últimamente, su arma principal reside en las ilustraciones; considera que se trata de un arte emergente y que aún no ha llegado a su pico más álgido, pero que ya empieza a tener mucho peso en el mundo del arte. Dichas ilustraciones se suelen inspirar en la actualidad, destacando por la forma de despertar a la población a través del ingenio; critica aquello que no considera justo con el humor, cuyos límites se encuentran en el contexto, en la ética y en la moral: “el humor reside en el plano cultural, hay que saber cuándo utilizarlo, y la única norma que me autoimpongo es que siempre tiene que ir a por los de arriba, nunca utilizarlo contra las minorías, contra los desfavorecidos y, en ningún momento, atentando contra los derechos humanos”.

Javirroyo: «Los hombres somos víctimas del patrón de macho que nos ...
Ilustración de javirroyo en su libro Homo Machus.

Para él, el universo artístico está plagado de definiciones y atributos que pueden provocar un estancamiento en la trayectoria de un artista. Según Javier “un artista tiene que sentirse feliz con lo que realiza, independientemente que sea por encargo o por cuenta propia, ambos forman parte de su día a día”. Y es que, en esta realidad dinámica, engullida por la tecnología, rebosante de publicidad e imágenes, a un artista ya no se le puede colgar la etiqueta de genio o artesano, ha ido evolucionando hasta lo que podría ser una hibridación. Por otra parte, nos subraya la importancia de una formación teórica en todos aquellos que se van a dedicar a la creación de arte, pues «solo si conoces a los grandes, puedes aprender de ellos y acabar creando tu propio estilo«.

Como pincelada final, nos subraya la importancia de las redes sociales en su trabajo, así como la débil línea entre utilizarlas, y acabar siendo súbditos de ellas. También se dirige a aquellos artistas principiantes para darles un pequeño consejo: se pueden perder muchas cosas con el paso de los años, pero la imaginación y la creatividad son un bien que nunca desaparece; hay que pasear por las ciudades con determinación y autoestima, creyéndonos capaces de todo, aunque los edificios se vayan derrumbando por los lados. Como manifestó Javier Royo antes de finalizar la videoconferencia, al mirarnos al espejo tenemos que pensar: “Encantado de haberme conocido”.

Tamara Pérez

La poética cotidianeidad de Rocío Rojas-Marcos

#MAKMAEntrevistas | Rocío Rojas-Marcos
‘Habitada por palabras’
Huerga & Fierro, 2020
24 de mayo de 2020

“Hay meses que duran años,
días tan tremendamente largos
que pierdo la cuenta de las horas”
(‘Mayo’ | Rocío Rojas-Marcos)

Vivimos un tiempo excepcional, impredecible y confuso, en el que algunas jornadas se nos hacen tan interminables como esos días de mayo de los que nos habla la escritora andaluza –profesora en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y en el International College of Seville– Rocío Rojas-Marcos (Sevilla, 1979) en su poemario ‘Habitada por palabras’ (Huerga & Fierro, 2020); un título con el que inicia una trayectoria poética que viene a sumarse a su itinerario como narradora de Tánger, ciudad que concentra buena parte de sus inquietudes.

Y así lo ha demostrado en ensayos como ‘Tánger: la ciudad Internacional’ (Almed, 2009), ‘Sanz de Soto y Buñuel: «La tercera España transfretana»’ (Khbar Bladna, 2012) o ‘Tánger, segunda patria’ (Almuzara, 2018), y en diversas colecciones de relatos como ‘Los conjurados de Tánger’ (Sures, 2019) –junto a destacados amantes de la ciudad marroquí como Javier Valenzuela, Alberto Gómez Font, Farid Othman-Bentría Ramos o Santiago de Luca, entre otros–.

‘Habitada por palabras’ es, además, una de las novedades de la editorial Huerga & Fierro que se han visto afectadas por las consecuencias de la COVID-19 –tal y como su editora, Charo Fierro, manifestaba en el artículo ‘Editoras en tiempos convulsos‘ (publicado en MAKMA el pasado día 20)–, puesto que el poemario iba a ser presentado durante la 79ª edición de la Feria del Libro de Madrid (pospuesta, finalmente, para el mes de octubre).

Por ello, nada mejor que acercarnos a ese lugar inédito en el que habitan las palabras de Rocío Rojas-Marcos a través de su propio testimonio.

Atendiendo a tu trayectoria, encaminada por otras sendas ajenas a la poesía, ¿cómo has desembocado en este género?

La realidad es que desde la adolescencia he escrito. Tal vez entonces no eran más que intentos, juego de experimentación, por ponerles un nombre. No conservo ninguno de esos poemas, recuerdo que contaba sílabas sin olvidarme de las sinalefas. Luego pasé años en los que leía más que escribía, hasta que ‘Habitada por palabras’ empezó a tomar forma. En 2012, entendí qué quería decir con estos poemas, dónde quería que fuésemos de la mano. Han pasado muchos años, pero creo que le han sentado bien al libro porque al leerlo se revela con una atemporalidad que es fundamental para la literatura. No es una escritura impulsiva ni empujada por acontecimientos, eso hace que no caduque, creo.

Encabezas el poemario con un cita de Henri Miller y concluyes con una referencia a Walter Benjamin. ¿Qué grado de influencia han tenido en la composición del poemario? ¿Tiene algún significado especial o decisivo con el que conducirte?

El motivo de cada una es bien distinto. La visión urbana de Benjamin me interesa mucho. Tal vez, aquí sí está un poco de esa yo de sendas ajenas a la poesía sobre la que me preguntabas. La simbiosis entre espacio –espacio urbano, especialmente– y literatura es lo que vengo estudiando desde hace años en la ciudad de Tánger. Me apasiona entender cómo el hombre construye no solo el espacio en el que vive, sino que también lo escribe. Se produce, por tanto, una doble creación de un mismo espacio. Ahí Benjamin tiene mucho que decirnos.

La cita de ‘Trópico de Cáncer’, de Miller, la metí cuando el libro estaba casi terminado. Un día, al leerla, entendí que eso era lo que yo estaba haciendo: “Lo esencial es querer cantar”, dice Miller, y yo pensé que eso era: que yo quería cantar. Y canto tan terriblemente mal que menos mal que puedo escribir; y ese es mi canto.

Igualmente, acontecen Pessoa, Ángel González, Ángeles Mora, Leopoldo María Panero y Paul Auster.

Sí, yo necesito lecturas. El poema ‘Necesidad’ está dedicado precisamente a eso. Es el reconocimiento de que, para escribir yo, necesitaba deshacerme de las palabras de los demás. También el título responde en cierto modo a lo mismo. Me gusta decir que quise copiarle a Cortázar el título de ‘Casa tomada’, adaptarlo, pues yo estoy habitada por palabras a las que no identifico en muchos casos y con las que me he acostumbrado a vivir. Lo que espero es no acabar como los hermanos del cuento, que no puedan conmigo. Yo no quiero irme y tirar la llave. Por eso me encanta leer a Panero, las palabras se apoderaron de él y de ahí surge su genialidad.

Pessoa creo que no necesita explicación, no hay poesía sin Pessoa. Ángel González es uno de los poetas españoles que más leo y releo, es uno de mis escritores de cabecera, si es que ese tipo de expresiones tan manidas pueden seguir diciéndose. Pero es que es la verdad. Entiendo versos suyos como si me los estuviese dictando.

Leer ‘Ficciones para una autobiografía’, de Ángeles Mora, fue para mí una sorpresa, casi un susto. Estaba leyendo lo que yo quería haber escrito. Tenía la sensación de que teníamos poemas que lidiaban con ideas tan parecidas que tuve que pensar fríamente y calcular que el manuscrito de ‘Habitada por palabras’ hacía ya meses que estaba en manos del editor cuando yo leí, por primera vez, a Mora; por tanto, yo no había parafraseado nada. Era como mirarme a un espejo.

Paul Auster tal vez es el escritor que menos encaja en esta secuencia, pero siempre ha sido uno de los novelistas que me han gustado, He leído todas su novelas y diarios. Me encanta como juega con la magia, el misterio de lo inesperado. Como si escribiese realismo mágico en Nueva York. Cuando publicó su poesía completa (está en edición bilingüe), descubrí a un escritor diferente, más racional; me interesó mucho. Esa línea es la que ha seguido en sus últimas publicaciones y la novela ‘4, 3, 2, 1’ es sublime. Una oda a la fuerza de lo insignificante en el devenir de la vida.

Rocío-Rojas Marcos recita para el Instituto Cervantes de Tánger el poema ‘Bulevar’, perteneciente a su poemario inédito ‘GMMTT’, inspirado en la ciudad de Tánger.

¿A qué responde que hayas estructurado el poemario en dos partes?

A la dicotomía entre interior y exterior. El poemario entero gira en torno a la vida compartida, al amor y el desamor, a la incertidumbre y la soledad. La primera parte es la vida interior, la que lucha la voz de los poemas desde las pareces de su casa, pero en la segunda parte aparece con más fuerza la ciudad, las calles se entremezclan con la vida. Surge un caos que no es tan controlado como el que se mantiene dentro de las pareces de una casa.

Los conceptos de soledad, huida, incomunicación, abandono y vacío están muy presentes a lo largo ‘Habitada por palabras’. ¿Sintetizan, en buena medida, el estado emocional de tu poemario?

Sí, sin duda. Quería reflexionar sobre los vaivenes de la vida, sobre la mentira de la linealidad del tiempo de nuestra vida y la sinuosidad real que compone nuestra existencia, pero creo que pudo conmigo la desazón en muchos de los poemas. Darme cuenta que somos, a pesar de las muescas. La última antología que acaba de publicar Margarit (Joan) la ha titulado ‘Sin el dolor no habríamos amado’; creo que es el verso perfecto que explica mi obra.

En tu poema ‘Diluidos’ se entrevé una cierta metáfora entre casa y cuerpo.

Sí, puede leerse así, sin duda. Esa es la dicotomía a la que antes me refería. La unión entre el yo de los poemas y su encierro en la casa donde existe y está, en cierto modo, protegido a pesar del frío, pues ese frío es interior.

¿Consideras que el tono general de los poemas dibuja una atmósfera austera en la que los escasos objetos mencionados adquieren un extraordinario valor simbólico?

Está también relacionado con lo anterior. Son objetos normales, vulgares. Hay lápices, sillas, horquillas, zapatos planos para andar cómoda. Una lista de objetos cotidianos, porque la vida es cotidianeidad y tiempo.

De volver al pasado / solo puedo decirte una cosa: / ya no me interesa”. El poema ‘Reinventarme’ encierra toda una declaración de intenciones. Sin embargo, ¿cómo gestionas todo lo pretérito?

Bueno, repitiendo lo que acabo de decir: la vida es cotidianeidad y tiempo y el tiempo pasa y no se detiene. Eso lo sabemos, por tanto, si queremos aprender a vivir tranquilos (no me atrevo a decir felices) hay que intentar no mirar mucho hacia atrás. Cualquier pasado no es verdad que fuese mejor, simplemente está pasado. La literatura enseña a vivir así, pero hay veces que cuesta entender en tu vida lo que aceptas en unas páginas. No tienes por qué quererlo.

Desde el marco de mi ventana / encuadrado por la madera, / pin…pon / el cielo es solo un trozo recortado”. ¿Qué mira ahora desde su ventana ‘El niño del cuarto’?

El niño del cuarto es la vida más allá de las pareces de la casa. El Pepito Grillo que nos ayuda a saber que el mundo está al otro lado de la ventana, aunque tengamos poco ángulo de visión. La ciudad, que es la vida en sociedad, sigue ahí. La verdad es que esto, precisamente ahora, parece rozar lo utópico, pero ojalá pronto otro niño en otro piso moleste a todos los vecinos y les recuerde que somos seres sociales y nos necesitamos.

La escritora Rocío Rojas-Marcos. Fotografía cortesía de la autora.

Merche Medina