Contra las muletas, cultura universitaria

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Antonio Ariño (vicerrector de Cultura e Igualdad de la UV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Cuando llegué por primera vez al Vicerrectorado de Cultura se me preguntó, desde un medio de comunicación, que cuál era el proyecto que traía para La Nau y en qué medida iba a suplir las carencias de otras administraciones –estoy hablando del año 2011–. No dudé ni un segundo (creo) en la respuesta: la misión cultural de la Universidad viene regulada en la legislación universitaria, por tanto, no entra en competencia con otras administraciones ni debe adoptar una función supletoria.

¿Cuál es el planteamiento que debe seguir la Universidad en relación con la cultura? Al menos hay que remontarse al último cuarto del siglo XIX cuando, entre otros, Rafael Altamira puso en marcha la extensión universitaria, para encontrar un enfoque certero. Su planteamiento era muy claro. En una universidad elitista, había que sacar el saber a las calles, a los barrios obreros, a las clases populares. Por otro lado, decía que toda persona es siempre “más que su profesión”, el químico también se ha de formar como ser humano (y, añadiríamos hoy, como ciudadano).

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Así pues, la misión cultural de la Universidad se bifurca en dos dimensiones: la democratización del saber que se genera en sus espacios de investigación y se transmite en sus aulas, y la formación integral para quienes forman parte de la comunidad universitaria y, en especial, para el estudiantado.

Esta misión no ha perdido vigencia, aunque en una sociedad digital y del aprendizaje han cambiado (o deben cambiar) los medios, los programas y las formas de llevarlos a cabo. La cultura que debe transmitir y/o crear la Universidad no es cualquier cultura. Hay muchas formas culturales aborrecibles. El sello “cultura” no es garantía de nada. La cultura que compete a la Universidad ha de ser, en primer lugar y sin género de dudas, una cultura científica y crítica, que se basa en el conocimiento más sólido y se orienta a desmontar prejuicios y mitos de toda clase que proliferan y abundan en cualquier sociedad.

Puede resultar sorprendente, pero hay que afirmarlo con rotundidad: nuestra sociedad da pábulo y crédito a toda clase de prejuicios y mitos. Los estamos viendo apoderarse de gobiernos y gobernantes estos días, en la Europa post-ilustrada, como si retornáramos a épocas nefastas. Miles de millones de personas murieron y mataron en las dos guerras mundiales por mitos y prejuicios. Ahora estos pueden sustentarse en un ropaje científico o incluso revestirse con los argumentos de que se actúa por el bien general y el bien público, pero no hay tal y la función de la Universidad debe seguir siendo la de desenmascarar y la de provocar.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Desenmascarar. Cuando se dice que vivimos en la era de la posverdad se da pábulo a un mito. ¿Ha existido alguna era de la verdad? ¿Cuándo no han intentado todos los poderes existentes legitimarse más allá del cimiento democrático? ¿Cómo defender sin sonrojo que la educación nos hace libres? ¿Qué educación? ¿Qué libertad?

Provocar. Porque es muy fácil acomodarse a clichés explicativos y parece tarea ardua cambiarlos por otros más convincentes si alguien no sacude nuestro sopor. Conviene recordar el poema de Brecht sobre el hombre con muletas que fue a visitar al médico. Este le preguntó: ¿por qué llevas muletas? Porque estoy tullido, respondió el paciente. El médico le invitó a caminar, aunque fuera a cuatro patas; le quitó las muletas y se las rompió en la espalda. “Ahora estoy curado. Ando. Me curó una carcajada. Tan sólo a veces, cuando veo palos, camino algo peor por unas horas”.

La cultura que proponemos en exposiciones, seminarios, conferencias, talleres, debería provocar nuestros modos de pensar y quitarnos las muletas. Cultura crítica, pero también cultura inclusiva y democrática.

Claustro y deambulatorio del Centre Cultural La Nau. Fotografía: Miguel Lorenzo.

Antonio Ariño

«Soy del amor al arte de Soledad Lorenzo»

MAKMA ISSUE #01
Entrevista a José Miguel G. Cortés, director del IVAM
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

José Miguel G. Cortés, director del IVAM, habla en todo momento de proyecto, porque según él la mayoría de museos y centros de arte cuentan con programaciones que valen para cualquier sitio. Y su proyecto, con una mirada internacional y cosmopolita, no se olvida de la proximidad y la singularidad del entorno. También critica los tiempos livianos actuales que dan por válido todo, al tiempo que se manifiesta contrario a la dictadura de las audiencias. Sueña con un IVAM del siglo XXI ampliado, porque necesita más espacio para mostrar en condiciones los más de 100 años de arte moderno y contemporáneo que atesora el museo valenciano.

¿Qué tiene el IVAM que no tengan otros museos?

El IVAM fue uno de los primeros museos de arte moderno y contemporáneo que se creó en España y que lo ha hecho de una manera distinta. Incluso antes de inaugurarse ya tenía una colección importante. En otros muchos museos, primero se creó el espacio y luego se ha ido comprando la colección. Yo he intentado recuperar esa actitud de, lo primero de todo, tener un proyecto. De hecho, uno de los grandes problemas que ha tenido precisamente el IVAM durante estos últimos años es que no ha tenido un proyecto. Y el no tener proyecto lo que significa es que todo vale, de manera que no puedes discutir por qué se hace una cosa u otra porque no hay ningún criterio.

¿Y cuál es su proyecto?

El proyecto que yo presenté tiene unas características muy específicas. Por un lado, que tenga una mirada internacional y cosmopolita y, por otro, muy anclado en el entorno. Uno de los problemas que tenemos es que la inmensa mayoría de los museos y los centros de arte da igual que estén en Valencia o en Honolulu. Y me refiero a espacios tanto públicos como privados. Son programaciones que se pueden hacer en cualquier sitio. Un ejemplo (y no es que me parezca mal): la fotografía de calle norteamericana está muy bien pero la puedes hacer en Valencia, en Bilbao, Estrasburgo, Liverpool o donde sea. Entonces, trabajar el entorno es algo fundamental bajo mi punto de vista.

¿Cómo se atrae al público en la coyuntura actual?

Hay que trabajar con una concepción del arte que no se vea como un aspecto de banalización, de vulgarización del pensamiento. Creo que vivimos en unos tiempos livianos, en los cuales cualquier cosa es válida y no tienes que justificar nada, simplemente que está bien, es chulo, o es joven o es viejo, como si eso fuera un valor en sí mismo. Habrá gente joven que tenga discursos muy bien elaborados y gente mayor que no los tenga. El problema, entonces, no es ser joven o viejo, sino qué cuentas, en torno a qué.

Extracto inicial de la entrevista publicada en MAKMA ISSUE #01.

¿Y en qué se centra su proyecto, qué cuenta?

El actual proyecto del IVAM se basa en varios ejes. Y uno de ellos es el Mediterráneo, que es una parcela que nadie estaba reivindicando hasta ese momento. ¿Y por qué el Mediterráneo y no el Atlántico? Bueno, pues porque nuestras raíces históricas, sociales y culturales tienen que ver con el Mediterráneo.

¿Y eso atrae?

El IVAM no está en el ranking del número de visitantes. Esa no es nuestra lucha, no es nuestro planteamiento, no es nuestra liga. Nuestro planteamiento es: o el IVAM sirve para ampliar nuestra mente, para hacernos mejores sensitiva y conceptualmente, o no sirve para nada, por muchos millones de visitantes que tenga. A un museo no se le puede medir por el parámetro del número de visitantes –ese puede ser uno, pero secundario–. Lo fundamental es cómo ayudas a difundir el conocimiento del arte. Por poner un ejemplo, entre muchos: ¿qué es mejor, una película de La 2, que ven 100.000 personas (¡que ya son personas!), u otra de La 1 o de Telecinco, que ven dos millones de personas, que es un blockbuster sin el menor interés, ni fílmicamente ni en ningún otro sentido? Ahí está la cuestión.

También es importante cómo haces las cosas. Tú puedes hacer una exposición y poner los medios para que la gente la entienda. Las exposiciones temáticas son una forma de atraer a un público distinto. No se trata de hacer una programación difícil, críptica, extraña, sino de hacer una programación exigente, pero poniendo los medios para que a la gente le interese. ¿Que es complicado? Sí, es complicado, pero se trata de trabajar para lograrlo.

Esto nos lleva al dilema de ofrecer al público lo que supuestamente se espera de él o arriesgar a la hora de programar.

No se trata de culpabilizar a nadie, pero generalmente hay una conciencia de que todo tiene que ser flojo, débil, banal, superficial, una actitud no hedonista de la vida, sino intrascendente de la existencia, y que lo otro es aburrido. Y claro está que hay cosas sesudas, aburridas y mal planteadas, y cosas banales muy divertidas. No se trata de plantearlo en blanco o negro. Hoy en día ya no hay un público, sino muchos públicos, hay minorías de públicos. Y un centro vivo como el IVAM tiene que ser capaz de llegar a todas esas minorías con actividades diversas, sin importar si a una conferencia vienen diez o vienen cincuenta. Esa carrera alocada por la audiencia no nos lleva a ninguna parte.

¿Atender a lo más próximo significa descuidar lo más alejado y viceversa?

Pues no. Mira, un ejemplo, Josep Renau y Martha Rosler. En esta ciudad, en esta Comunidad, en este País Valenciano /llamémosle como queramos), a Josep Renau se le ha visto miles de veces, por arriba, por abajo, por delante, por detrás, de miles de maneras, pero, qué casualidad, a nadie se le había ocurrido plantear a Renau con otros artistas internacionales. ¡Joder, menudo olvido!

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿El IVAM, como museo público, se enfrenta al auge de la iniciativa privada por dejadez de las instituciones públicas en relación con la cultura?

Que quede claro, si alguien se gasta dinero en comprar arte, muchísimo mejor que si se lo gasta en un yate. Pero, ojito, porque esto es igual que los hospitales privados y las universidades privadas. ¿Quién tiene biblioteca? Los museos públicos. ¿Quién hace exposiciones y trabajos sobre cuestiones que nadie trabaja? El IVAM. Si me muestras siempre Sorolla o Manolo Valdés o un artista norteamericano muy conocido, pues vale, eso es lo mismo que hacen las universidades privadas. ¿Qué es lo que se vende, medicina, arquitectura y derecho? Perfecto, pues para mí y para ti, poesía francesa del XVIII. Yo vengo de la pública y ahí trabajamos sobre aspectos que nadie trabaja.

De manera que yo amor al arte, todo, pero soy del amor al arte de Soledad Lorenzo, que cede su obra al Reina Sofía, de Martínez Guerricabeitia, que cede su obra a la Universidad de Valencia, de los coleccionistas norteamericanos que dan 200 millones de dólares [y lo repite], 200 millones de dólares, para la ampliación del MoMA. Yo soy de esos.

Pero ante la dejadez de lo público –que la ha habido en materia de cultura–, lógico que se hayan volcado muchos en busca de esa iniciativa privada, ¿no?

¿Sabe las dificultades que hay para que un museo público funcione? Son brutales. De personal, de presupuesto, de cuestiones administrativas… La ley de mecenazgo permite que una empresa privada se desgrave por compra de obra y nosotros no. Tú tienes un Picasso, me lo cedes a mí y, hoy por hoy, no te lo puedes desgravar, y se lo cedes a una empresa privada y puedes hacerlo. ¡Si esto no es ir contra la institución pública, que venga dios y lo vea!

¿La colección del IVAM es uno de los puntos fuertes de su proyecto?

Estamos en lo mismo. No se trata de hacer colección por colección. Tenemos más de 11.000 obras. Y estamos en un intento de organizar, de estructurar la colección. Yo me encontré con cosas muy buenas y también con un totum revolutum. Por ejemplo, lo que se hizo con las vanguardias europeas de los años 20 y 30 todavía tiene coherencia. Esto es de lo mejor a nivel estatal. Es que en Valencia no se tiene ni idea de lo que tenemos. El tema también de fotografía, de arte pop español y extranjero, realmente bueno. Hasta los 70 tenemos una colección magnífica y a partir de ahí tenemos obras muy buenas, pero no tenemos colección.

¿Y qué presupuesto de compra tiene?

Cuando yo entré teníamos 80.000 euros y el año pasado ya teníamos 600.000. Hemos dado un salto importante.

Entonces, ¿existe ahora una mayor sensibilidad política?

No toda la que nos hubiera gustado, pero también es verdad que yo pido más.

Tiene contrato hasta 2020, ¿es tiempo suficiente para desarrollar su proyecto?

Para un museo como el IVAM yo pienso que cada cuatro años es poco, has de contar con un mínimo de 10 años. Menos, no te da tiempo a nada, entre que tomas posesión del cargo, conoces donde están las cosas y demás, se te he pasado ya un año.

¿Cómo está posicionado el IVAM con respecto a otros museos?

Pienso que tiene una identidad propia y muy específica. Estamos trabajando mucho en torno al Mediterráneo, o en la presencia de las mujeres en la colección. Y en museos importantes de arte moderno y contemporáneo solo estamos el Reina Sofía y nosotros. Y el IVAM antes.

Pero el IVAM arrastra cierta mala imagen de estos últimos años.

Es un trabajo larguísimo que hay que hacer. Pero lo cierto es que no hay nadie en España que le interese el arte que no valore al IVAM como uno de los mejores museos y con una programación más coherente y más interesante de este país. El MACBA en 2018 tiene seis exposiciones y nosotros tenemos 12.

José Miguel G. Cortés. Fotografía: Biel Aliño.

¿No caemos con eso a la valoración en función de la cantidad?

No, a ver, tampoco se puede obviar que si un museo como el MACBA hace seis exposiciones y de las seis, solamente una corresponde a una mujer, ya no es una cuestión de números, sino de cultura ideológica. Nosotros estamos prestando mucha atención al trabajo realizado por mujeres y por mujeres a las que, pensamos, no se les ha dado la oportunidad que merecen.

¿Qué le gustaría dejar como legado?

Me gustaría, en el 30 aniversario, darle un impulso al IVAM. En dos sentidos: por un lado, consolidar el museo de arte moderno, que sería el centro Julio González –y aquí incidir mucho en la colección–, y, por otro lado, digitalizar la colección para que pudiera estar a disposición de los estudiosos. Y una cosa más: ampliar la labor de la biblioteca, que es magnífica y ahora está muy reducida, y darle mayor importancia a la educación, a la didáctica. Todo eso con relación al centro Julio González.

Y luego, la ampliación del IVAM del siglo XXI, porque el IVAM necesita otros espacios, otras maneras de abordar el arte de los últimos 20 o 30 años y el arte del futuro. Y aquí no tenemos espacio para abordar todo esto. Nosotros tenemos, en cuanto a metros cuadrados y en cuanto a presupuesto, teniendo en cuenta el arco histórico que estamos trabajando, desde inicios del siglo XX hasta mañana, un espacio ridículo. Estamos trabajando un siglo. Hay sitios que tienen menos que nosotros, pero están trabajando con chavales jóvenes.

¿Cómo Luther King, usted también tiene el sueño de un IVAM del siglo XXI ampliado y carente de polémicas?

Bueno, cuando se creó el IVAM ya hubo mucha polémica, porque luego las cosas se mitifican. Yo considero que igual que digo que no se puede comprar o exponer cualquier cosa, sino que todo tiene que ir en función a un programa, también deberíamos tener las líneas muy claras con respecto a la política cultural que nos gustaría tener. Y hay cosas que son fundamentales. El IVAM se creó hace 29 años y medio y fue un acierto completo, a pesar de la polémica y que iban cuatro a las exposiciones, porque repito que aquí las cosas se mitifican. Al Centro del Carmen iban otros cuatro, porque yo estaba allí y la segunda exposición la hice yo. Y ahora parece que todo aquello era maravilloso, cuando resulta que el 80% de los que hablan de eso ni venían. Bueno, pues se trata de hacer una apuesta, y este es el momento de aprovechar el 30 aniversario del IVAM para hacerla.

Esta entrevista fue publicada en MAKMA ISSUE #01, revista especial en papel con motivo del quinto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2018.

José Miguel G. Cortés. Fotografía: José Cuéllar.

Salva Torres

‘Chris the Swiss’ conquista el Atlàntida Film Fest

‘Chris the Swiss’, de Anja Kofmel
90′
Suiza, 2018
Premio de la Crítica de la Asociación de la Crítica y la Escritura Cinematográfica de Catalunya (ACCEC)
Atlàntida Film Fest 2019
Filmin

Difusos vestigios familiares y oníricos sótanos del recuerdo; documentos inconexos y datos inextricables; legado sepulcral de acentos eslavos y periodismo de guerra. De este modo, con la memoria distante e ignota del asesinato (durante el primer período de las guerras yugoslavas de finales del siglo veinte) del reportero suizo Christian Würtenberg en el cruento frente invernal de Osijek (Croacia), la directora lugana Anja Kofmel –prima del periodista abatido– se embarca, un cuarto de siglo después, en la compleja e incierta singladura de acudir tras los pasos de Würtenberg durante su inopinada y decidida incursión en la turbulenta Guerra Croata de Independencia como colaborador de la agencia de noticias suiza ATS-SDA, con el fin tanto de edificar un plausible relato etopéyico del corresponsal como de esclarecer cuantas dubitaciones se hubieron alumbrado en torno de su fallecimiento el 6 de enero de 1992 –supuestamente a manos de los chetniks (guerrilleros serbios)–, tras aparecer “muerto cerca de la aldea de Ernestinovo, con un fuerte golpe en la cabeza y señales de haber sido estrangulado” y vistiendo “uniforme de brigadista”, tal y como refería Hermann Tertsch para El País desde Belgrado (27/02/1992).

Provista de cuadernos de campo de Würtenberg, imágenes de archivo, registros audiovisuales y vívidos testimonios de algunos de sus colegas de contienda –el corresponsal valenciano Julio César Alonso, entre ellos–, Kofmel alimenta su filme con la extremidad de melaníticas e ilustrativas animaciones allá donde no llega el documento, asentando un equilibrio entre la sustantividad del suceso y la lírica reconstrucción del supuesto, elementos que le han granjeado el reciente Premio de la Crítica de la Asociación de la Crítica y la Escritura Cinematográfica de Catalunya (ACCEC) en el marco de la novena edición de Atlàntida Film Fest 2019, organizado por Filmin, tras su fecundo paso por el Trieste Film Festival y los Swiss Film Prize (en ambos galardonado con el premio al Mejor Documental), así como su estreno en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y su proyección en el Festival de Sevilla, entre otros.

‘Chris the Swiss’ se revela, así, en un singularísimo y distinguido documental que, tal y como rubrica el jurado, “combina con acierto memoria personal y colectiva para introducir al espectador en una de las dolorosas heridas de la Europa reciente, el conflicto y la guerra de los Balcanes”.

Sin embargo, más allá de la epidérmica y previsible lista de truculentos episodios y turbios apellidos como Milosevic, Martic, Raznatovic y otros anacarados criminales de guerra, el largometraje procura abrirse paso por una densa y subterránea calima de estremecedores y despiadados personajes terciarios: mercenarios que hubieron alimentado el sucio y hediondo curso de la contienda civil y con los que Christian Würtenberg se integró con la supuesta intención de recabar información de primera mano de la deriva de este grupo paramilitar de extranjeros de extrema derecha, que conformaban el Prvi Internacionalni Vod (PIV) –o Primera Compañía Internacional– y que combatían al ejército serbio con el soporte económico y logístico del Opus Dei y de diversos partidos neofascistas europeos, comandados por el lóbrego y extemporáneo personaje boliviano-húngaro Eduardo Rózsa Flores, alias Chico –periodista, actor, poeta, de ascendencia judía, miembro del Opus Dei y convertido ulteriormente al islamismo, quien fue tiroteado y abatido en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) en 2009, acusado de planificar un atentado contra Evo Morales, presidente del Estado Plurinacional de Bolivia– y el auxilio, como segundo de a bordo, del exmilitar y espía ilicitano Alejandro Hernández Mora, alias Malaria. Personajes cuyos perfiles y deriva biográfica bien parecieran extraídos de una hiperbólica ficción pulp, tan distópica como deficiente.

Y en tanto que no debe ser el ánimo de un servidor ni del presente artículo eviscerar detalles que anuncien desenlace alguno, cabe tan solo, amén de exhortar a su visionado, refrendar las virtudes estilísticas y las razones semánticas esgrimidas por la ACCEC y que la incipiente cineasta suiza ha concentrado en ‘Chris the Swiss’, “un documental que muestra con honestidad su naturaleza subjetiva y lanza varias reflexiones sobre este capítulo de la Historia (sic) de Europa. Lo hace sin obsesionarse con encontrar o imponer una respuesta única a las cuestiones que halla la directora a lo largo de su investigación”.

Fotograma animado de ‘Chris the Swiss’, de Anja Kofmel. Fotografía cortesía e Filmin.

Jose Ramón Alarcón

EDITORIAL | MAKMA ISSUE #01

MAKMA ISSUE #01
Editorial
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Solemos echar la culpa de todo a la falta de cultura. Si tuviéramos cultura muchos de los problemas que asolan el planeta desaparecerían, incluidos, claro está, los que se producen entre las personas. Porque el roce no siempre hace el cariño, sino que también genera chispas que suelen avivar incontrolables fuegos. De manera que necesitamos cultura con la que apagarlos. El asunto es que cultura, como apuntó de forma provocadora el filósofo Gustavo Bueno, también es la silla eléctrica: “Y alta cultura civilizada, por cuanto supone el control de la energía eléctrica”.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Woody Allen, en un tono igualmente sarcástico, alerta de esa faz menos amable de la cultura: “Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”. Y otro tanto dice el protagonista de ‘La naranja mecánica’, del escritor Anthony Burgess: “Se decía que la Gran Música y la Gran Poesía tranquilizarían a la Juventud Moderna y conseguirían Civilizarla. [Sin embargo] La música siempre me excitaba, oh hermanos míos, haciéndome sentir como si fuera el propio y viejo Bogo [Dios] en persona, listo para descargar rayos y centellas”.

De manera que cultura, sí, pero no la cultura per se, como si el solo hecho de enarbolar su prestigio nos protegiera de sus contraindicaciones. Y aquí es donde entra MAKMA, la revista de artes visuales y cultura contemporánea, que celebra sus cinco años de existencia. Un lustro comprometido con esa cultura de la que precisamente conviene precaverse de su tendencia a la confrontación, que suele ser patrimonio del debate ideológico. MAKMA nació, en plena crisis económica, es decir, a contracorriente, para propiciar una cultura en la que prime la interrogación por la vida, en lugar de la respuesta lapidaria.

Es en este sentido que nacimos comprometidos con la cultura. Un compromiso alejado de ese otro ligado, precisamente, a la práctica política. ¿Cuántas veces hemos oído que el arte debe ser comprometido? ¿Con qué y, lo más peligroso, contra qué? Acostumbrados al entretenimiento más ramplón, que circunscribe la cultura al espacio de ocio donde todo se mide por la sola rentabilidad económica, hemos deducido que, para sacarla de ahí, teníamos que agitarla como si fuera un cóctel molotov para despertar tanta conciencia adormecida.

Extracto inicial del editorial de MAKMA ISSUE #01.

Quien así se conduce da por supuesto que él, artista soberano o entidad abanderada, posee la llave de la cultura con la que abrir las mentes cerradas. He ahí su compromiso asociado al combate, a la cultura como ariete que vendría a doblegar al otro, ya sea este otro el capitalismo, la política conservadora o la sociedad del bienestar que da pábulo a ese entretenimiento anestésico. De manera que quien así se conduce, portador de un discurso que se quiere rompedor, utiliza la cultura como acicate o espoleta con la que detonar la carga explosiva contenida en el objeto artístico.

La cultura así entendida se nutre de ideología, en tanto campo de lo político que traza con claridad la raya del adversario, localizando al enemigo para justificar moralmente la lucha. No es esa la cultura que defiende MAKMA, por mucho que den ganas, un día sí y otro también, de gritar contra la injusticia, los desmanes del poder o la estulticia consumista. Y no lo es porque la cultura, tal y como la entendemos en MAKMA, es un espacio de interrogación a salvo del odio, que se pregunta por él y por todo aquello que anida en el interior de un sujeto habitado por cierta pulsión destructiva. Nosotros, como el cineasta Terry Gilliam, solo deseamos que la gente vuelva a pensar: “Hay demasiada furia ahí fuera y eso no me gusta”. En MAKMA, tampoco. Por eso reivindicamos el pensamiento sosegado y la cultura comprometida con él, así pasen otros cinco años.

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #01, revista especial en papel con motivo del quinto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2018.

MAKMA

‘Blade Runner’ en la Filmoteca d’Estiu

Blade Runner, de Ridley Scott
Filmoteca d’Estiu
Jardines del Palau de la Música
Jueves 8 de agosto de 2019, a las 22.30h

La Filmoteca d’Estiu proyecta en los jardines del Palau de la Música, el clásico de ciencia ficción ‘Blade Runner’ (1982), de Ridley Scott. La película podrá verse también el viernes 9 de agosto. Protagonizada por Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos y Daryl Hannah, ‘Blade Runner’ está basada parcialmente en la novela de Philip K. Dick ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ (1968). 

Ambientada en el siglo XXI, la película se centra en las aventuras de un antiguo policía que tiene la misión de retirar a unos replicantes rebeldes. La película es uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción de los años ochenta. 

La celebración de la Filmoteca d’Estiu es posible gracias al Ayuntamiento de València, que cede los jardines del Palau de la Música como espacio para las proyecciones, y a la colaboración de Cerveza Turia. 

La Filmoteca de València mantiene su oferta cinematográfica en la ciudad durante el mes de agosto con la celebración de la Filmoteca d’Estiu y sus proyecciones al aire libre. Los criterios de programación de la Filmoteca d’Estiu son los mismos que se siguen el resto del año en la Sala Berlanga: versión original, calidad en las proyecciones y un precio asequible. 

Las proyecciones de la Filmoteca d’Estiu se celebran de lunes a domingo, excepto los miércoles, que no hay sesión. La proyección se inicia a las 22.30 horas y la taquilla se abre a las 21 horas. El precio de la entrada general es de 3,50 euros y de 25 euros para el abono de diez sesiones.

Harrison Ford, en ‘Blade Runner’. Filmoteca d’Estiu.

Humor común europeo

¿De qué nos reímos en Europa?
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Agosto de 2019

El humor tiene infinidad de rostros y registros. Un sinfín de manifestaciones que dependen del talante y estado de ánimo de cada persona y de multitud de factores de su entorno, territorio, idioma, nivel cultural…Eso lo saben bien los cómicos y humoristas nómadas que actúan en directo ante distintos públicos, pues evalúan las distintas reacciones que provocan sus chistes, monólogos y sketch. ¿Se podría hablar de un humor común europeo en lo que se refiere al séptimo arte? Es la cuestión que plantea el ciclo de cine de comedia ¿De qué nos reímos en Europa?, organizado por el Centre del Carme que, a lo largo del mes de agosto, ofrece 26 títulos producidos en los siglos XX y XXI. 

Clásicos poco conocidos, obras maestras ignotas, y films interesantes que por motivos diversos no llegaron a estrenarse en España comparten cartel con títulos imprescindibles de la comedia europea descatalogados. En palabras de José Luis Pérez Pont, director del Centre, “no es un repositorio de películas sino una propuesta específicamente diseñada para el Centre del Carme, con la ayuda del crítico Daniel Gascó, cuya intención es potenciar y poner en valor la comedia como un género que nos permite  tratar ciertos temas y problemáticas desde otro punto de vista, con el humor como aliado”.

Una de las noches de cine en el Claustro del Centre del Carme. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“En este ciclo abordamos la comedia, un género en ocasiones poco atendido en los circuitos especializados, que nos sirve para construir el relato de la forma de vida de los europeos, en la línea de la exposición European Puzzle, con múltiples miradas a Europa y países como Alemania, Italia, Francia, España además de Rusia, Ucrania, Suecia o Hungría, etcétera”, añade Pérez Pont

Por su parte, Gascó define su propuesta como “un amplio recorrido geográfico y temporal por las diferentes formas de humor que ha dado el viejo continente desde que el cine comenzó su andadura hasta nuestros días».

Fotograma de ‘Solo para hombres’, de Fernando Fernán Gómez.

Dos películas españolas del pasado siglo están incluidas en el menú: ‘Solo para hombres’(1960), de Fernando Fernán Gómez, con él mismo como protagonista junto a una bellísima Analia Gadé, una denuncia en clave satírica de la situación que sufría la mujer en la España franquista sin más posibilidades de realizarse que ser madre, monja o prostituta. También ‘La línea del cielo’ (1984) , de Fernando Colomo, protagonizada por Antonio Resines en la piel de Gustavo, un fotógrafo que viaja a Nueva York, intenta con poco éxito dominar el inglés y se enamora locamente de una española.

Italia es el país más representado, con media docena de títulos, “obras maestras que sirven para poner nuestro énfasis en una comedia modélica que ha influido en todo el mundo”, dice Gascó. Se refiere a ‘Perfetti sconosciutti’ (2016), una siniestra fábula sobre las relaciones de pareja y el influjo en la intimidad de las redes sociales que ha generado hasta nueve remakes, cuya versión original italiana cerrará el ciclo. 

Fotograma de ‘Mafioso’, de Alberto Lattuada.

Se verá también ‘Mafioso’ (1962), un trabajo magistral escrito por Marco Ferreri y Rafael Azcona, y dirigido por Alberto Lattuada, que guarda vínculos con ‘El verdugo’ (1963); una de las comedias más celebradas con Totò, ‘Arrangiatevi’ (1959); un film de culto, ‘Si può fare’ (2008) que seguramente inspiró a Javier Fesser en ‘Campeones’ (2017); el insólito debut de Maurizio Nichetti, ‘Ratataplan’ (1978) y uno de los mejores exponentes de lo que se llamó neorrealismo rosa, ‘Domenica d’agosto’ (1950) que, simbólicamente se proyectará un domingo de agosto.

Alemania es el segundo país con más representación en el ciclo que incluye: ‘Viktor und Viktoria’ (1933), célebre film musical que versionó con mucho éxito Blake Edwards medio siglo después. Tanto ‘La vida en obras’ (1997) comoIm juli’ (2000) derrochan la misma vitalidad que sus jóvenes protagonistas, quienes deben lidiar con un mundo plagado de fronteras o vivir el amor en tiempos de Sida. Dos títulos transgresores representan a las cineastas europeas, con escasa presencia en este género: ‘Hombres, hombres’ (1985) de Doris Dörrie y el filme griego ‘Attennberg ‘(2012) de Athina Rachel.

Fotograma de ‘Hombres, hombres’, de Doris Dörrie.

Que países como Francia o Gran Bretaña, tan fecundos en el género de la comedia estén menos representados en el ciclo se debe, según Gascó, «a que su producción es más conocida y el espíritu que hemos procurado insuflar a esta selección ha sido el del descubrimiento, porque sospechamos que Europa, en toda su extensión, sigue siendo un territorio por (re)descubrir”.

No obstante, hay que celebrar la inclusión de ‘The Rutles’ (1978), la fantástica parodia que Eric Idle, miembro de los Monty Python, hizo a los Beatles; ‘Tandem’ (1987), film que reveló a Patrice Leconte como gran autor y la ópera prima de Cédric Klapisch, inédita también en España, que inaugurará el ciclo: ‘Riens du tout’ (1990).

Excepto los lunes, todas las noches de la semana el Centre del Carme abre sus puertas, a las 22 horas, para ofrecer una película gratuita y en versión original, y disfrutar del cine a la fresca en el corazón de la ciudad y en un entorno cargado de historia.

‘The Rutles’, de Eric Idle, que se proyecta en el Centre del Carme.

Bel Carrasco

Manel será cabeza de cartel del Deleste 2019

Manel
Deleste 2019
Jardines del Turia. Valencia
9 de noviembre de 2019

Manel ya luce rutilante como primer cabeza del Deleste 2019. El festival otoñal y urbano de la ciudad de València ha sido elegido por el grupo barcelonés para presentar su quinto y esperado disco. El cauce del río Turia será la nueva ubicación de esta octava edición que seguirá apostando por la comodidad de los espectadores, el cuidado sonido, el aforo limitado y el no solapamiento entre conciertos.

El nuevo espacio principal del festival (el mismo que se usa estos días para la Filmoteca d’Estiu) permitirá crecer al festival hasta las 3.000 espectadores. «Consideramos que el cauce del río Turia es uno de los mayores atractivos de la ciudad, un pulmón verde, luminoso y maravilloso en el que disfrutar de una experiencia musical inolvidable y después poder volver a casa sin complicaciones, con buenas conexiones. Además, la ubicación no es casualidad pues seguimos estando conectados con el Palau de la Música con el que hay una relación total de colaboración y a cuya filosofía de #UnPalauObert nos seguimos sumando”, apuntan sus responsables. 

Las entradas del Deleste, cuyo cartel aun promete muchas sorpresas que se desvelarán antes del 15 de septiembre, ya están a la venta a través de Wegow a un precio de 55 € (más gastos de comisión). Otorgar la misma relevancia a al día que a la noche y la concentración de todas las actuaciones en un solo día volverán a ser señas de identidad de un festival que se desarrollará íntegramente al aire libre.

Una experiencia musical para disfrutar sin prisa y con los cinco sentidos de la mano de Cervezas Alhambra, de nuevo patrocinador principal del festival. La cervecera sigue demostrando así su apoyo al arte que no sigue ni los convencionalismos ni las reglas, ofreciendo momentos únicos e irrepetibles que combinan la excelencia musical y el espíritu artesanal intrínseco en la marca a través del maridaje con sus principales variedades -Alhambra Especial, Alhambra Reserva 1925 y Alhambra Reserva Roja-.

Patrocinadores como Movistar, Vermut Vermell, el vermut mediterráneo de elaboración artesanal, Zummo Living Culture o Arroz Dacsa volverán a hacer posible una edición de este encuentro sonoro de iniciativa privada.

Manel. Imagen cortesía de Deleste.

 

Contra el olvido

El silencio de los otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar
Filmoteca d’Estiu
Jardines del Palau de la Música
Passeig de l’Albereda, s/n. Valencia
Lunes 5 de agosto de 2019, a las 22.30h

La Filmoteca d’Estiu proyecta en los jardines del Palau de la Música de Valencia, el documental español ‘El silencio de los otros’, de Almudena Carracedo y Robert Bahar. La película podrá verse también el martes 6 de agosto.

‘El silencio de los otros’ revela la lucha silenciada de las víctimas del largo régimen del general Franco que continúan buscando justicia hasta nuestros días. Filmada a lo largo de seis años, la película sigue a las víctimas y los supervivientes del régimen franquista a medida que organizan la denominada ‘querella argentina’ y confrontan un ‘pacto del olvido’ sobre los crímenes que padecieron.

Desde su estreno, ha recibido más de 30 premios y nominaciones en certámenes de cine nacionales e internacionales, entre los que destacan el Premio del Público, en la sección Panorama; el Premio Cine por la Paz, en la Berlinale; los premios Goya, Forqué y Platino al mejor documental, y el Gran Premio del Jurado en el Sheffield Doc/Fest. También fue preseleccionada para los Óscar y nominada a los European Film Awards.

La celebración de la Filmoteca d’Estiu es posible gracias al Ayuntamiento de València, que cede los jardines del Palau de la Música como espacio para las proyecciones, y a la colaboración de Cerveza Turia.

La Filmoteca de València mantiene su oferta cinematográfica en la ciudad durante el mes de agosto con la celebración de la Filmoteca d’Estiu y sus proyecciones al aire libre. Los criterios de programación de la Filmoteca d’Estiu son los mismos que se siguen el resto del año en la Sala Berlanga: versión original, calidad en las proyecciones y un precio asequible. 

Las proyecciones de la Filmoteca d’Estiu se llevan a cabo de lunes a domingo, excepto los miércoles, que no hay sesión. La proyección se inicia a las 22.30 horas y la taquilla se abre a las 21 horas. El precio de la entrada general es de 3,50 euros y de 25 euros para el abono de diez sesiones. 

Fotograma de ‘El silencio de los otros’. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Teatro marca València

Temporada de Teatres de la Generalitat Valenciana 2019/2020
Institut Valencià de Cultura

Apostar por la producción propia y alargar el tiempo de exhibición hasta cinco o seis semanas en la sala del Rialto. Son las líneas maestras de la próxima temporada del teatro público valenciano presentada por el director general del Institut Valencià de Cultura, Abel Guarinos, y el director adjunto de Artes Escénicas, Roberto García a finales de julio.

“En el Rialto se ha dado un salto cualitativo porque la temporada pasada tuvimos unos 19.000 espectadores, casi el doble que la anterior, con una media del 90% de pleno de sala en cada sesión”, señaló Abel Guarinos. “Eso nos permite ampliar el tiempo de exhibición de cada una de las seis producciones propias que hemos programado, que estarán cada una cinco o seis semanas en el caso de los estrenos, gracias a que empezamos a fidelizar público en este espacio”. 

Escena de ‘Tórtola’, de Begoña Tena, dirigida por Rafael Calatayud. Imagen cortesía del IVC.

Por lo que respecta al Teatro Principal, Roberto Garcia destacó que “en esta temporada la nota predominante será la presencia significativa de propuestas valencianas y podemos asegurar que tendremos valencianos por la puerta grande en un amplio abanico de espectáculos de varias disciplinas escénicas, de una calidad destacada”.

Entre las propuestas, destacan en el primer trimestre, el espectáculo de danza Carmen Maquia de la compañía alicantina Titoyaya, coreografiado por Gustavo Ramírez; el estreno absoluto de Requiem de la compañía Cienfuegos Danza; y la obra teatral Susan y el diablo, escrita y dirigía por Chema Cardeña, una primicia en València. Otros montajes de envergadura son el musical Lehman Trilogy dirigido por el valenciano Sergio Peris-Mencheta o Mrs Dalloway, producción del Teatro Español dirigida por la valenciana Carme Portaceli con Blanca Portillo. 

En el Teatro Principal de València destacan la exhibición de What is Love de Wichita Co., escrita y dirigida por Víctor Sánchez Rodríguez, o el espectáculo de circo Yolo, creado por el alicantino Lucas Escobedo. Tanto este espectáculo como Anna i la màquina del temps o Les aventures de T. Sawyer, producciones de gran formato del Teatro Escalante, subirán al escenario del Principal en octubre y diciembre. 

Abel Guarinos (izda) y Roberto García, en la presentación de la temporada de teatro 2019-2020. Imagen cortesía del IVC.

Despiertan gran expectación la reposición en castellano de la producción del IVC Fausto, dirigida por Jaume Policarpo, en el mes de febrero, con Enric Benavent y Empar Canet; o el estreno de la coproducción del IVC con el Teatro Nacional de Cataluña, La casa de les aranyes, de Paco Zarzoso. 

Por el escenario del Teatro Rialto, cuya línea gráfica estará a cargo de María Pradera y Lorena Sayavera, del estudio Yinsen. desfilarán seis producciones propias, cuatro de autoría femenina.  Dinamarca, de Rodolf y Josep Lluís Sirera, dirigida por Carles Alfaro abrirá el telón en octubre cerrando la trilogía Europa en guerra de los hermanos Sirera, uno de los acontecimientos culturales más esperados de la temporada.  Para noviembre está programada Somni, la adaptación de la castellonense Núria Vizcarro del Sueño de una noche de verano de Shakespeare, dirigida por el mexicano Juan Carrillo. 

Durante los meses de diciembre y enero el Rialto acogerá la reposición de dos de las obras referencia de la pasada temporada. Primeramente, se exhibirá Tórtola, de Begoña Tena y dirigida por Rafael Calatayud; y ya con la entrada del nuevo año, los espectadores podrán gozar de Tirant, de Paula Llorens y dirigida por Eva Zapico, una coproducción del IVC con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

El estreno de Godot, una propuesta sorprendente de Juli Disla, dirigida por Jaume Pérez, ocupará los meses de febrero y marzo, mientras que en abril y mayo llegará el espectáculo Perenne la primera producción pública de circo contemporáneo para adultos, escrita y dirigida por Patrícia Pardo. Las dos obras son propuestas surgidas de los buzones de recepción de proyectos que abrió el IVC a creadoras y creadores valencianos.

Escena de ‘Tirant’, de Paula Llorens, dirigida por Eva Zapico. Imagen cortesía del IVC.

Bel Carrasco

¿La felicidad está en los genes?

Presentación del libro ‘La vida en cuatro letras. Claves para entender la diversidad, la enfermedad y la felicidad’, de Carlos López-Otín
Editorial Planeta (España, 2019)
Casa de la Cultura de Llanes (Asturias)
Miércoles 24 de julio de 2019

En abril de 2019 se publicó un libro de divulgación científica titulado ‘La vida en cuatro letras. Claves para entender la diversidad, la enfermedad y la felicidad’. Sería un título más en ese subgénero, ciertamente no muy boyante en el panorama editorial español, si no fuese porque a finales de julio de este mismo año ya va por la tercera reimpresión.

Hay algunas claves para entender este éxito: la primera, que es también un libro de autoayuda, autobiográfico y casi filosófico. Lo escribió uno de los investigadores más relevantes y citados en España, el catedrático de Bioquímica de la Universidad de Oviedo, Carlos López-Otín (Sabiñánigo, 1958), que ha recibido diversos premios tanto nacionales como internacionales por su labor docente e investigadora, entre los que destaca el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal en el área de Biología en 2008. Además, es académico de la Academia Europea y de la Real Academia de Ciencias de España, así como doctor honoris causa por diferentes universidades españolas y extranjeras.

Un momento de la presentación del libro ‘La vida en cuatro letras’, de Carlos López-Otín. Foto: Lorenzo Torres

Segunda clave: López-Otín es un experto mundial en la investigación aplicada a enfermedades como el cáncer, la artritis o las llamadas hereditarias, sobre todo en lo referente al ámbito de los genes. Es decir, que no solo investiga, sino que aplica esta investigación a casos médicos reales, como el de su alumno Sammy Baso, enfermo con síndrome de progeria de Hutchinson-Gilford, un trastorno genético muy raro que produce envejecimiento prematuro. Sammy tiene 23 años, cuando lo normal es que hubiese muerto en la preadolescencia.

Tercera y cuarta clave: la capacidad de comunicación de este investigador -pese a su timidez- así como con el hecho, relacionado con la anterior, de que es capaz de expandir sus intereses más allá de su campo de especialización, con pasión y contagiando de ello a los que quieren escucharle. Lo que provocó, en la presentación del libro en la Casa de la Cultura de Llanes el pasado 24 de julio, que la mitad de los asistentes no pudiesen evitar humedecer sus ojos hacia el final del evento. Emocionar a un lector no especialista explicando qué es el genoma humano (de ahí las cuatro letras del título), no es fácil, pero menos lo es dar un salto mortal tan políticamente incorrecto como vivificante en nuestro tiempo, proponiéndonos, finalmente, una fórmula científica de la felicidad. 

Portada del libro de Carlos López-Otín.

De todo esto pude ser testigo el pasado 24 de julio en Asturias. Sala algo pequeña, mucho público interesado que sostuvo la respiración durante dos horas escuchando los contenidos del libro -junto a la banda sonora en forma de lista de canciones que se anexa al libro- y lágrimas en muchos de los asistentes pues, además de las historias humanas como las de Sammy, el origen de esta magnífica obra es, ciertamente, dramático: se sitúa exactamente en el acoso laboral que López-Otín lleva sufriendo desde hace un par de años en su universidad, cristalizado en denuncias anónimas sobre irregularidades irrelevantes en alguno de sus artículos de investigación, a lo que se une la muerte por infección -pero “inexplicable”- de todos los ratones con los que ha estado testando sus investigaciones durante décadas; ambas adversidades le llevaron a la depresión hasta el borde del suicidio: de todo ello habla también en el libro. Aunque de forma muy elegante, no hizo sangre de ello en público.

Se trata, pues, de un libro muy original en su propuesta que combina la divulgación científica con la autobiografía, e incluso el tan denostado género de la autoayuda, aunque en este caso, pensada más para el autor, ya que parte de su terapia ha sido escribir este libro en el que, precisamente, reflexiona sobre la felicidad a partir de su depresión. Quizá por eso su mente científica se ha dejado llevar por cierta idealización de lo que supone la felicidad en el ser humano, pues ya S. Freud (El malestar de la cultura, 1930), teorizó que la felicidad solo es posible en una cadena dinámica de placer y displacer, es decir, el hombre no está hecho para la felicidad por lo que, efectivamente, como el curioso ejemplo que utiliza repetidamente en el libro, solo nos cabe disfrutar de alguno de esos 14 días de felicidad de Abderramán III -al que, por cierto, el autor homenajea proponiendo fielmente 14 capítulos. Seguramente, con este libro, nos aseguramos unas cuantas horas de esa exigua felicidad.

Una de las imágenes proyectadas durante la presentación del libro de Carlos López-Otín. Foto: Lorenzo Torres.

Quinta y última clave: López-Otín se apunta valientemente a algo que va camino de convertirse en una moda a nivel internacional, como el ‘Homo Deus’ de Yuval Noah Harari (Kiryat Atta, 1976), o como el post-humano del pensamiento transhumanista (vean una maravillosa representación distópica al respecto en el personaje de la hija adolescente de una de las mejores series de televisión de este año ‘Years and Years’ (Russell T. Davies, BBC/HBO, 2019), cuando en uno de los capítulos ésta le pide a sus padres que la dejen operarse para desprenderse de su cuerpo y así poder ‘subir’ su alma, ya inmortal, a la red). El autor nos propone una posible evolución de nuestra especie cuya clave estaría, precisamente, en controlar su capacidad de ser feliz, lo que, augura, supondrá una nueva especie sobre la tierra, “que será el producto de la fusión del Homo sapiens y el Homo sentiens y de su posterior transformación -por obra de la inteligencia artificial- en una entidad distinta, con capacidades y objetivos diferentes que alguien tendrá que empezar a definir. Será el Homo sapiens sentiens 2.0.” (p. 176).

Coda: parecería que hay una necesidad, casi una obligación, en la sociedad contemporánea de ser felices. Las llamadas redes sociales en su vertiente más narcisista son el ejemplo perfecto -y siniestro- de ello. Indirectamente, estar triste o deprimido estaría mal visto, por lo que Sísifo llevaría una doble carga. Para reflexionar sobre ello, les propongo una estrofa sobre la felicidad de una canción que podría añadirse a la citada lista de López-Otín. 

Repeat after me: happiness is only a habit. 
I am listening to the face in the mirror 
but I don’t think I believe what she’s telling me. 
Her words are modern, but her eyes have been weeping 
in gardens and grottoes since the Middle Ages.*
(Prefab Sprout, ‘I Trawl the Megahertz’, del album homónimo, autor: Paddy McAloon; Liberty Records, 2003; Sony, 2019).

En las canciones de Prefab Sprout suele darse esa dialéctica entre la felicidad y su contrario. Siguiendo esta estrofa, tenemos un hábito, el de la felicidad que, desde los tiempos de esas grutas antiguas quizá ha quedado ya impreso en nuestros genes por pura insistencia. Una impresión o reflejo imaginario de un triste -pero unas pocas veces también sublime- mundo.

* Repite después de mí: la felicidad es sólo un hábito.
Estoy escuchando la cara en el espejo
pero no pienso que crea lo que me está diciendo.
Sus palabras son modernas, pero sus ojos han estado llorando
en jardines y grutas desde la Edad Media.
[Consultado en: http://www.ferhiga.com/prefab/letras/ps10_eng.htm y https://www.youtube.com/watch?v=R9982wYPPm0
Traducción del autor]

Un momento de la presentación del libro de Carlos López-Otín. Foto: Lorenzo Torres

Lorenzo Torres