Brigitte Bardot, Peppermint frappé,

Brigitte Bardot: La metáfora siniestra del fantasma femenino

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Begoña Siles | Brigitte Bardot: La metáfora siniestra del fantasma femenino
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Lunes 10 de agosto de 2020

Un pintor, Antonio Saura (1930-1998). Dos directores, Luis García Berlanga (1921-2010) y Carlos Saura (1932). Una obra pictórica, los cuadros de realismo salvaje de Brigitte Bardot, que pintó el artista aragonés. Dos obras cinematográficas, ‘La boutique’ (1967) y ‘Peppermint frappé’ (1967), de Berlanga y de Saura (el cineasta), respectivamente. Y, a modo de nudo borromeo, la exuberante imagen fantasmática de Bardot enlazando la obra del pintor y la obra cinematográfica de los dos directores.

El pintor

‘El retrato imaginario de Brigitte Bardot’ (1962) es el título de una de las obras que el pintor Antonio Saura realizó sobre la actriz, que, al igual que otros iconos eróticos cinematográficos de mediados del siglo XX –como Marilyn Monroe o James Dean–, evoca a ser pintada bajo la explosiva y colorista estética del arte pop. Sin embargo, para Saura, la espectacular belleza de la actriz quedó plasmada bajo su enérgica, gruesa y oscura pincelada.

Saura pinta en el lienzo ‘El retrato imaginario de Brigitte Bardot’, al igual que en los otros de la serie homónima, las palabras del poeta Rainer Maria Rilke, cuando dice que “lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. Refleja, así, lo terrible que el velo de la belleza y del amor ocultan. Y una vez que este velo se desvanece, lo siniestro, por cruel, horroroso, espeluznante, aparece, tal y como el poeta Schelling lo definió: “Aquello que debiendo permanecer oculto, se ha revelado”.

Brigitte Bardot, Antonio Saura
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

Si Saura pintó el verso de Rilke en su serie Brigitte Bardot, Luis García Berlanga en ‘La boutique’ y Carlos Saura en ‘Peppermint frappé’ absorben el espíritu de la obra del pintor aragonés: el amor y la belleza no pueden contener que lo espeluznante aflore en el relato. No es baladí que ‘El retrato imaginario de Brigitte Bardot’ (1962) y ‘Brigitte Bardot’ (1959) estén integrados en el mundo diegético de la ‘La boutique’ y de ‘Peppermint frappé’, respectivamente.

Los cineastas

Luis García Berlanga y Carlos Saura son dos de los directores más influyentes de la historia del cine español. Cada uno –con un estilo, obviamente, único– ha creado un universo cinematográfico bañado por una pátina esperpéntica y de humor negro propia de la más pura tradición cultural española.

‘La boutique’ y ‘Peppermint frappé’, estrenadas ambas en 1967, comparten, con mayor o menor intensidad, ciertos trazos de una mirada esperpéntica. Lo absurdo y lo ridículo describen los rasgos miserables de los personajes de ‘La boutique’ de Berlanga; en cambio, lo grotesco y lo extravagante revelan el mundo austero y fetichista del protagonista Julián, interpretado José Luis López Vázquez, en ‘Peppermint frappé’.

Mirada esperpéntica que desvela, con patética ironía en ‘La boutique” y con frialdad sórdida en “Peppermint frappé”, a unos personajes masculinos tan atraídos por la mujer, como impotentes hacia ella.

Ricardo –protagonista de “La boutique” que interpreta el galán argentino Rodolfo Bebán– disimula su impotencia tras la máscara de una virilidad más interesada en jugar a las carreras de coches y en seducir de manera insustancial y vacua a toda mujer, que en mantener relaciones sexuales con su esposa o cualquier otra mujer. Porque el sexo para Ricardo es, tal y como él mismo expresa, “puro aburrimiento”.

Julián –protagonista de ‘Peppermint frappé’– encubre su incapacidad sublimando a la mujer, en concreto, bajo el ritmo estrepitoso producido por el resonar de los tambores del Viernes Santo de Calanda. Un homenaje explícito al gran director español Luis Buñuel.

En ambas películas, con sus abismos estilísticos, tras la belleza de la mujer late un cierto foco de amenaza. Una amenaza que deja entrever con total sarcasmo el otro título con el que se estrenó en Argentina la película de Berlanga: ‘Las Pirañas’.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Para sofocar el temor ante lo femenino, las protagonistas Carmen (Sonia Bruno) y Elena y Ana (ambas interpretadas por Geraldine Chaplin) –personajes de ‘La Boutique’ y ‘Peppermint frappé’, respectivamente–, son cubiertas por los rasgos fantasmáticos del deseo masculino, evocando en ambas películas el mito de Pigmalión.

En ‘La boutique’ tal evocación se realiza como un perverso juego de muñecas. Carmen es moldeada por su amante Carlos (Lautaro Murúa), decorador y crítico de arte. Para este, Carmen es una muñeca, un objeto más de decoración. Solo hay que oír sus propias palabras: “A las mujeres solo las aguanto cuando no entra lo sexual. Las mujeres me gustan de lejos, como amigas, para vestirlas, cambiarles el peinado; para mirarlas como objetos hermosos”.

En ‘Peppermint frappé’ el mito de Pigmalión está citado en su versión más siniestra, al igual que sucede en la película ‘Vértigo. De entre los muertos’ (1958), de Alfred Hitchcock. Julián queda fascinado por Elena, esposa de su mejor amigo Pablo (Alfredo Mayo), la cual abrasa a Julián, no por su condición de mujer real, sino por representar su imaginario de mujer: el fantasma femenino toma cuerpo en ella. Por tanto, Julián transformará a Ana, su tímida y triste enfermera, en la imagen simulada de Elena, accediendo aquella a representar y someterse a ese fantasma femenino. Una construcción que Carlos Saura muestra con elegante precisión fetichista.

En ‘La boutique’ y en ‘Peppermint frappé’ tan fecunda es la referencia subliminal al mito de Pigmalión –como metáfora de la dificultad para el encuentro sexual entre lo masculino y lo femenino–, como la cita literal a los lienzos ‘El retrato imaginario de Brigitte Bardot’ y ‘Brigitte Bardot’, de Antonio Saura, lo es de esa belleza femenina como antesala de lo siniestro. De manera que lo sublime de la belleza femenina, vivida como experiencia siniestra, impregna, en definitiva, la obra de estos tres grandes artistas.

Brigitte Bardot, Peppermint frappé,
José Luis López Vázquez y Geraldine Chaplin junto a la obra ‘Brigitte Bardot’ (1959), de Antonio Saura, en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Fotograma de ‘Peppermint frappé’ (1967), de Carlos Saura.

Begoña Siles

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