Ana Mariscal

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‘Occidente y sabotaje’, de Ana Mariscal
Semana Internacional de Cine (Seminci) de Valladolid
Del 23 al 31 de octubre de 2026

Ana Mariscal no sólo es la única mujer que logró armar una carrera como directora durante el franquismo, con 13 películas financiadas por su propia productora, sino que, además, es una excelente directora. En aquellas películas personales en las que no está condicionada por las necesidades alimenticias, brillan tanto su pulso narrativo como su brillantez compositiva o la mirada atenta con la que retrata la realidad menos luminosa.

‘Occidente y sabotaje’, una de sus obras menos conocidas, debe ser incluida en la categoría de los filmes mayores de la cineasta junto con ‘Segundo López’, ‘Con la vida hicieron fuego’ o ‘El Camino’, la primera adaptación de una obra de Miguel Delibes. La Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) ha acogido en esta edición el estreno mundial de una copia que no sólo rescata la película del olvido, sino incluso de la desaparición.

Valeria Camporesi, directora de la Filmoteca Española, que es la institución que se ha encargado de la reconstrucción, con el apoyo de la asociación de Mujeres Cineastas CIMA, explicó en el festival que la película había sido vista muy poco en su momento y que, después de eso, prácticamente había desaparecido. De hecho, no se conserva ninguna copia de referencia y el trabajo de reconstrucción ha tenido que apoyarse exclusivamente en el negativo de la película, en un proceso complejo y exigente.

Hay que reconocer que el destino de ‘Occidente y sabotaje’ no es único en la trayectoria de Mariscal, aunque quizás sea uno de los casos más dramáticos. Tuvo que poner Cannes su atención en ‘El Camino’ –la única edición en video doméstico de la película es francesa– para que plataformas como FlixOlé, primero, y ahora Prime, la pusieran a disposición de sus espectadores.

Fotograma de ‘Occidente y sabotaje’, de Ana Mariscal. Imagen cortesía de la Seminci.

Y todavía hoy no existe edición doméstica de ‘Segundo López’ ni de ‘Con la vida hicieron fuego’, ni son accesibles al gran público. De modo que el cine de Ana Mariscal, pese a su extraordinario interés, está marcado por la fatalidad; es un cine ocultado por las sombras.

‘Occidente y sabotaje’ es un trabajo excelente que se reconoce claramente heredero de ‘Rififí’, de Jules Dassin, estrenada siete años antes. Por un lado, estamos ante una película de robos y policías como aquella, a la que sigue en el modo de narrar la operativa del atraco al banco.

Pero la peculiaridad de la trama es que los ladrones de Ana Mariscal tienen motivaciones políticas: pertenecen a una organización aparentemente comunista que busca desestabilizar el país, no tan sólo con atracos, que usan para financiarse, sino también con atentados terroristas. 

Victoria Fonseca, autora del principal (si no el único) ensayo monográfico sobre la obra de Mariscal directora sitúa esta película en un contexto social en el que el país debatía sobre la situación de los exiliados republicanos. Y, junto al afán por cerrar las heridas y trabajar por la reconciliación, persistía el miedo al peligro que su regreso pudiera representar para la estabilidad del país.

“A medida que pasaba el tiempo, y las heridas abiertas seguían tardando en cicatrizar, se hizo evidente que el regreso de los exiliados sólo podía ser presentado bajo la óptica de una rotunda división: o eran buenos republicanos o perversos comunistas”.

En este contexto, la tendencia a retratar como conspiradores a algunos republicanos en el exilio tuvo su colofón en ‘Occidente y sabotaje’. Sin embargo, sería muy equivocado pensar que la película respondía a ningún afán propagandístico.

En primer lugar, porque, como también cuenta Victoria Fonseca en ‘Ana Mariscal. Una cineasta pionera’, el tema de la película no respondía a ninguna fantasiosa invención, sino que reflejaba la realidad del momento. El terrorismo siempre había estado presente en el país desde el fin de la Guerra Civil, por la actividad de maquis o agentes infiltrados del exterior. Y esa actividad “fue en aumento desde finales de la década de los cincuenta”.

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De hecho, a partir de 1959, “las actividades terroristas se incrementaron sobremanera y también ampliaron su capacidad logística”. Ya no sólo eran los maquis, sino “grupos armados con apoyos externos de peso en actividades de enorme envergadura que saltaron a las páginas de la prensa”, explica Fonseca. De modo que el argumento de ‘Occidente y sabotaje’ tomaba como inspiración una realidad muy inmediata de la España de la época.

En segundo lugar, hay que plantearse qué tratamiento dio Ana Mariscal a esa historia. Y es ahí donde la tentación de mirar la película como un ejemplo de propaganda franquista se desvanece. Mariscal se pega a sus personajes –los ladrones y terroristas– los escucha, escudriña con su cámara el miedo que reflejan sus rostros, o la confianza que tienen en que todos esos actos criminales que desarrollan, o planean, contribuirán a construir un mundo mejor. Mariscal no les juzga, ni tampoco les idealiza. Pero son los verdaderos protagonistas de su historia, mucho más que los policías que les persiguen.

El hijo de la realizadora, David García, recordó durante la presentación de la película una anécdota muy reveladora de su madre. En 1969, Ana Mariscal asistió al Festival de Cine de Moscú. Fue por su cuenta, pues no se le invitó a formar parte de la delegación oficial, aunque finalmente, una vez ya allí, se incorporó a ella.

En un momento dado, preguntó al guía ruso que les hacía de traductor cómo podía visitar el monumento a los caídos en la Revolución de Octubre, porque quería depositar un ramo de flores. Ante la sorpresa de su interlocutor, ella replicó: “Siento una gran admiración por quienes mueren por un ideal. Por los que viven de él, ya no tanto”. La anécdota se recoge en unos escritos en los que Mariscal recordaba retazos de su vida.

Esa actitud de respeto se percibe en ‘Occidente y sabotaje’. Mariscal no era próxima en absoluto a las ideas comunistas, pues era más bien conservadora en unos aspectos y liberal en otros, pero tampoco fue una mujer cómoda para el franquismo por su independencia firme y su compromiso con los desfavorecidos, a los que retrataba, al margen de que eso perjudicara al régimen.

Fotograma de ‘Occidente y sabotaje’, de Ana Mariscal. Imagen cortesía de la Seminci.

También en esta película se detecta este interés por mostrar a las clases populares y zonas residenciales no convencionales. “La película tiene muchas de las características del cine de mi madre, su mirada documental y su afán por rodar entornos urbanos que le resultaban atractivos”.

Que el lugar clave del atraco al Banco Internacional de Crédito con el que se inicia la película sea la red de alcantarillado de Madrid evidencia su atracción por los márgenes. Como también es significativo de su mirada católica que la fuga tras el atraco se realice a través de una iglesia.

Pero lo más importante es que ‘Occidente y sabotaje’ –película en la que la realizadora se reserva un papel protagonista, como es habitual en su cine– es una obra con un excelente pulso narrativo que mantiene viva la tensión y la intriga sin desatender la dimensión humana de sus personajes.

La mirada de Mariscal rechaza el comportamiento criminal de sus protagonistas, pero siente simpatía por el mundo popular y de clase obrera en el que se mueven. De hecho, en el contraste entre las dos familias que la película muestra –la del comisario y la de uno de los terroristas–, el espectador se encuentra a unos niños mimados y malcriados por la abundancia en la primera, mientras que la otra presenta a unos críos vivaces, aunque pobres y rodeados de necesidades.

La recuperación de ‘Occidente y sabotaje’ no sólo es una gran noticia para los amantes del cine de Ana Mariscal, sino también para los amantes del cine en general, pues se trata de una película difícilmente clasificable pero llena de atractivo e interés.

Ana Mariscal
La actriz y directora de cine Ana Mariscal.