‘Casa compartida. Investigación y creación en la Casa de Velázquez’. Sala Sant Miquel

#MAKMAArte
‘Casa compartida. Investigación y creación en la Casa de Velázquez’
Comisarios: Claude Bussac y Alfredo Llopico
En colaboración con la Diputación y el Ayuntamiento de Castellón
Sala Sant Miquel
Fundació Caixa Castelló
Enmig 17, Castelló de la Plana
Hasta el 5 de diciembre de 2026

La gestión del espacio artístico como lugar de encuentro

La Sala Sant Miquel opera como un espacio de articulación artística en el territorio bajo el impulso de la Fundació Caixa Castelló. Su propuesta de programación responde a una línea clara definida en los últimos años: convocar proyectos que cuestionen las inercias de la exhibición tradicional y que aporten valor al debate sobre la creación contemporánea.

Con esa premisa se concibe ‘Casa compartida. Investigación y creación en la Casa de Velázquez‘, una exposición comisariada por la dirección artística de la Sala Sant Miquel junto a Claude Bussac, directora artística de la Casa de Velázquez, que reúne en Castellón a 42 artistas –17 de nacionalidad española, 17 de Francia y 8 de otras nacionalidades– vinculados a esta institución centenaria.

El objetivo prioritario de ‘Casa compartida’ ha sido evitar una muestra meramente conmemorativa. Aunque la Casa de Velázquez cumplirá formalmente 100 años en 2028, trasladar su colección a Castellón exigía algo más que una revisión historiográfica. ‘Casa compartida’ presenta en la capital de la Plana una lectura analítica sobre cómo las estructuras institucionales y los espacios de trabajo condicionan la producción artística.

Una institución que combina ciencia y arte

La singularidad de la Casa de Velázquez reside en su propia arquitectura de origen. A finales del siglo XIX, siguiendo el modelo de las escuelas francesas de Atenas y Roma, se planteó establecer una sede de investigación en España. Su primer director, el arqueólogo Pierre Paris –clave en el estudio de la Dama de Elche–, junto al compositor Charles-Marie Widor, diseñó una estructura inédita: hacer convivir bajo el mismo techo a profesionales de la historia y la arqueología con artistas de distintas disciplinas, como la pintura, la escultura, la música y la arquitectura.

Ese proyecto, cuyo edificio principal en la Moncloa madrileña se inauguró en 1928, sufrió una grave interrupción en noviembre de 1936, cuando la contienda civil convirtió la sede en primera línea de combate. La destrucción del inmueble obligó al traslado temporal de la institución a Fez (Marruecos) y a un posterior periplo por distintas sedes madrileñas hasta la reconstrucción del edificio en 1959.

Sin embargo, al articular la exposición, en la Sala Sant Miquel no se plantea este bagaje histórico como un relato nostálgico, sino como el trasfondo material que explica el valor de su colección.

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La articulación del recorrido en sala

‘Casa compartida’ estructura el espacio expositivo al margen del orden cronológico, organizando las 45 piezas seleccionadas en torno a cuatro experiencias ligadas al concepto de residencia: ‘Desplazamiento’, ‘Encuentro’, ‘Investigación’ y ‘Hospitalidad’.

En el ámbito del ‘Desplazamiento’, la sala acoge obras que abordan cómo la salida del entorno habitual altera la mirada sobre el territorio. En esta línea se sitúa la serie ‘Cabo de roca’ (2019), de Clément Verger. Junto a ella, las imágenes de Albert Corbí Llorens (‘Caída de paisaje frágil, Bilbao’, 2011), los ‘Paisajes intermedios II’ (2009) de Eduardo Nave y los trabajos de Sophie Whettnall y Pablo Guidali muestran que el paisaje es, ante todo, una construcción determinada por la experiencia de quien lo observa.

El espacio dedicado al ‘Encuentro’ analiza la convivencia entre artistas de distintas procedencias. La propuesta en sala contrapone lenguajes muy diversos sin buscar una falsa unidad estética. La presencia de Carmen Calvo –con piezas como la intervención sobre negativo ‘Siempre la misma historia’ (2017)– dialoga con la pintura de Bilal Hamdad (‘Sans titre’, 2024), las telas de Sandra Mar (‘Los encuentros’, 2025), la técnica mixta de Ana Sánchez (‘Sense títol’, 2001) y las series fotográficas de Javier Garcerá (‘A cielo abierto’ y ‘De la sombra abrumada’, 1999).

Asimismo, la Sala Sant Miquel hace convivir a figuras históricas de la colección como Jean-Pierre Bruneaux (‘Composition’, 1968) con nombres del contexto actual como Laurent Proux (‘Le double’, 2023) o Carlos Correcher (‘DRAG02’, 2026).

En el bloque de ‘Investigación’, la atención se traslada al proceso matérico y al ensayo técnico. François Réau revisa la figura de Velázquez utilizando mina de plomo, grafito e hilo de lino (‘Portrait de Diego Velazquez – Réparer le regard’, 2026), mientras Justin Weiler trabaja la tinta china sobre doble vidrio (‘Screen’, 2020).

En esta misma sección, el uso de tinta sobre hormigón y yeso en Keke Vilabelda (‘Cracking layers M05m’, 2020), los papeles de Regina Quesada (‘Piedras: Sobre una geología del territorio’), las estampas de Najah Albukai (‘Échelle (1)’), el raspado sobre fotografía de Raphaëlle Peria (‘Cette lueur qui nous attire’) y las construcciones textiles de Adrien Vescovi (‘Sans titre (Demie Lune’), 2025) hacen visible la experimentación física como parte central de la práctica artística.

El último eje, la ‘Hospitalidad,’ actúa como pivote de toda la propuesta. Se centra en la necesidad institucional de ofrecer espacios, tiempo y recursos para la creación. Acompañado por un documental histórico, este bloque exhibe piezas vinculadas a la propia memoria del edificio: el fotograbado de Emma Dusong (‘preguntas de la Casa’, 2021), el dibujo de Amélie Scotta sobre las Torres Blancas de Oíza (2017), el gouache de Jean-Claude Reverdy (‘Verrière atelier gravure’, 1974) y los interiores de Pierre Collin (‘Hall’, 1981) y Jacques Damville (‘La piscine’, 1974).

El compromiso con la programación cultural

Presentar este proyecto en la Sala Sant Miquel responde a una forma clara de entender la gestión cultural pública: mostrar no solo los resultados terminados, sino también los mecanismos e infraestructuras que hacen posible el trabajo artístico. ‘Casa compartida’ confirma que la producción contemporánea requiere tiempo, recursos y estructuras de acompañamiento.

Traer este fondo patrimonial de la Casa de Velázquez a Castellón hasta el 5 de diciembre de 2026 ofrece al público una revisión que trasciende la mera muestra institucional para plantear una reflexión necesaria sobre la importancia de las estructuras de apoyo a la creación en el contexto actual.