‘Del color en el arte (Coloramas)’
. Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA)

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‘Del color en el arte (Coloramas)’

Comisarios: Rosa Mª Castells, María Zozaya y Aníbal Santaella
Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA)
Plaza de Santa María 3, Alicante
Hasta el 10 de enero de 2027

La definición de color no olvida que estamos hablando de luz, de sensación lumínica, que no es una propiedad de los objetos como tal, sino de un proceso por el que nuestro ojo construye y nuestra mente lee. Dándole un giro a esta definición, la presente propuesta del MACA versa sobre el color en su sentido más amplio. Desde una perspectiva interactiva, inmersiva y sobre todo, educativa, el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante vuelve a mostrarnos su colección con una mirada inesperada pero que nos atrapa.

En sus inicios, la exposición que nos atañe ‘Del color en el arte (Coloramas)’, comisariada por Rosa Mª Castells, María Zozaya y Aníbal Santaella, surge de la colaboración con la Fundación Juan March. Esta institución presentó en 2025, en Madrid, la muestra ‘Lo tienes que ver. La autonomía del color en el arte abstracto’. Una clara reflexión se extraía de ella: la importancia del color no solo en nuestro día a día, sino en el arte como reflejo de nuestra cotidianidad.

Ahora, desde las colecciones del MACA, se nos traslada a la misma conclusión, pero viéndola desde las perspectivas de Teresa Lanceta, Juan Carlos Nadal, Jeffrey Gibson, Eusebio Sempere o Juana Francés, entre otros. Los últimos 75 años del arte contemporáneo y las vanguardias representados a través de la mirada del color, de esa simbología que ya Walter Benjamin dijo que iba más allá.

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Benjamin relata en su ‘A Child’s Views of Color’ (1915-1916) que el niño percibe el color como algo espiritual, más que material. Comenta, igualmente, que pueden llegar a percibirlo como algo fluido, observando matices en cómo se funden… ¿Es, quizá, entender el color como lo hace un niño lo que hizo que los artistas de las vanguardias se deshicieran de las reglas del color y empezaran a experimentar? Quizá las obras de Josef Albers, al inicio de la exposición, así quieren demostrarlo.

También al inicio de la muestra, un gabinete de curiosidades nos ayuda a entender la complejidad detrás de tintes, los procesos de mordientes, los diferentes orígenes animal o vegetal en la extracción de esos colores. Y, a la par, otros elementos que rodean la historia del color, por ejemplo, su simbología asociada a la Iglesia o la monarquía, o la curiosa manera en la que se descubrió el color malva, el primer color completamente químico.

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Esta colaboración con la Real Fábrica de Tapices hace que el color sostenga una materialidad que raramente solemos otorgarle. Además, como viene siendo habitual, se completa con una gran muestra de documentación en la que no pueden faltar libros teóricos –o no tan teóricos– como ‘Orange’, de Orhan Pamuk –un ensayo sobre fotografía donde el naranja de la ciudad de Estambul toma protagonismo–, o la pantonera creada por Mercè Soler, donde clasifica por colores varios momentos del día a día.

Así, llegamos a la siguiente sala, donde obras de gran tamaño nos esperan. Destacan algunas de las más actuales –pertenecientes a la colección Jenkins y Romero– y que aportan cierta singularidad al recorrido, como la obra de Arturo Herrera titulada ‘The Hill is Part of Night’ donde ese textil tan oscuro intervenido con tiza nos dirige la mirada. A su lado, la obra de Cristina Lucas ‘D.A.N.C.E’ añade dispositivos electrónicos mediante ensamblaje y nos recuerda que el color también puede ser industrial.

Hablar de identidad es hacerlo de uno de los grandes asuntos de nuestra actualidad, y Jeffrey Gibson y sus pinturas digitales tan coloridas nos hacen fijarnos en las frases que oculta, como por ejemplo ‘I AM A RINBOW TOO’. El color y los patrones característicos nos hablan de su origen indígena, pero también de construir esa identidad. Más adelante, los textiles de Teresa Lanceta, artista que utiliza, del mismo modo, patrones geométricos, nos habla de la capacidad del color para dibujar y cómo sus piezas esconden mucho más de lo que parece.

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Entre la obra en pared encontramos a Miquel Mont, Richard Tuttle o a Toño Barreiro, cuyas propuestas cuestionan los límites del medio pictórico: el soporte se integra con el color, la pintura se diluye y la geometría capta la atención. Este tantear los límites también nos arropa en la escultura central de Pello Irazu y se extiende por el resto de la sala.

Si volvemos la mirada, reconocemos nombres como Richard Serra, cuyo grabado monocromático negro aporta una tensión especial, o Sheila Hicks, donde sus magníficas piezas retoman de nuevo el diálogo entre textil y color. Muchos más (Nico Munera, Jordi Teixidor, Josephine Halvorson, etc.) nos regalan su visión sobre el color y la cantidad de expectativas, de juegos, que la diversa creación actual es capaz de generar en torno a él. Merece la pena quedarse un poco abstraído mientras observamos….

Para acabar, entraremos en ‘Coloramas’, una instalación inmersiva que nos lleva a la historia y la física detrás del color. Pasamos por etapas históricas, al mismo tiempo que el arte nos ayuda a entender su trascendencia social y simbólica a lo largo de la historia. La interacción es continua: “Cierra los ojos, ¿qué colores ves?”, nos interpelan.

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Todos y ninguno en un periodo corto donde pequeñas lucecitas traspasan nuestros párpados cerrados. Al final, nos vamos con la sensación de haber asistido a un auténtico relato sobre el color, que no olvida ninguna dimensión, ya que, como diría el propio Albers, “casi nunca vemos qué es físicamente el color, porque el color es el medio artístico más relativo”.