#MAKMALibros
‘El regreso de Ulises. La travesía de un mito’, de Mirella Romero
La Esfera de los Libros, 2026
La ‘Odisea’, hoy nuevamente de moda a causa de la película de Christopher Nolan, no solo es una obra literaria excepcional, sino “un repertorio de relatos, imágenes y modelos que han servido para pensar la experiencia humana”, explica Mirella Romero en ‘El regreso de Ulises. La travesía de un mito’ (La Esfera de los Libros, 2026), un ensayo en el que realiza un pormenorizado recorrido histórico por el modo como estos relatos y personajes han sido interpretados, y reinterpretados, a lo largo de la historia.
En primer lugar, las narraciones orales que están en la base del texto homérico, y que luego tuvieron su propio desarrollo una vez publicada la obra. Pero, enseguida, sus historias y sus personajes pasaron a formar parte del repertorio de las cerámicas griegas, y luego se incorporaron a la pintura. Más recientes son las nuevas recreaciones que el texto ha encontrado en el cine, la música, los videojuegos (‘Epic’, o ‘Assasins Creed: Odisey’), así como en parques temáticos como Terra Mítica.
Pero también en la psiquiatría, pues los personajes de Homero han dado nombre a todo tipo de padecimientos psicológicos. El síndrome de Ulises, elaborado por el psiquiatra español Joseba Achotegui en este siglo, encuentra una similitud entre los padecimientos de los migrantes y los del héroe homérico, si bien ignora que, en un caso, la causa es el abandono del hogar, y, en el otro, las dificultades para regresar a él.
También Penélope tiene su síndrome, ligado a la incertidumbre de la espera del marido ausente, y también asociado con la experiencia migrante. Incluso Telémaco, el hijo de Ulises y Penélope, da nombre a un complejo que alude a la necesidad de las nuevas generaciones de contar con una figura paterna que les sirva de guía frente al mundo.

Pero la influencia de los relatos homéricos va mucho más allá de estas anécdotas psiquiátricas. En el mundo griego se convirtieron en una referencia absoluta de su identidad, de modo que no es de extrañar su abundante presencia en las representaciones artísticas. Y en todo tipo de soportes, desde la cerámica, al bronce, los relieves y las pinturas.
Sin embargo, durante la Edad Media su protagonismo se diluye, de la mano del desplazamiento de las prioridades culturales. Roma será la nueva referencia cultural y Europa abandonará el estudio del griego.
“El famoso poeta fue, en realidad, muy poco conocido durante la mayor parte de la Edad Media. Los modelos bíblicos sustituyeron a los griegos, y la épica homérica cedió su lugar al Libro de Job –del Antiguo Testamento–, que narraba la historia de un hombre justo sometido a desgracias extremas y enfrentado al problema del mal y del sufrimiento; es decir, el mismo trasfondo que Ulises, pero en un marco cristiano”, explica Mirella Romero.
De hecho, Dante incluye a Ulises en el Infierno de su ‘Divina comedia’ por sus tretas y engaños, entre ellas, la del Caballo de Troya, aunque “dejaba traslucir una admiración evidente por el personaje, por su valentía y su ansia de sabiduría, virtudes de un hombre de su época”.
En cambio, en el siglo XV se iniciará el proceso de recuperación del legado helenístico, movimiento que alcanzará su apogeo en los siglos XVIII y XIX gracias a figuras como la del alemán Heinrich Schliemann, un hombre de acción convencido de que las historias homéricas debían tener un correlato real histórico, teoría que generaba muchas dudas en su época.
Él inició una concienzuda campaña de excavaciones en busca de evidencias y, finalmente, las encontró: en 1873, halló un conjunto de 9.000 piezas que denominó ‘El tesoro de Príamo’. Y, tres años después, anunció haber encontrado la máscara de Agamenón.
La ‘Odisea’ no solo deja sentir su influencia en obras como ‘Los viajes de Gulliver (1726), de Jonathan Swift, o incluso en Robinson Crusoe (1719), sino que, antes, sus historias tuvieron versiones y adaptaciones a cargo de los creadores del Siglo de Oro español.
Solo a modo de muestra, Pedro Calderón de la Barca, en 1635, recrea el encuentro de Ulises y Circe en ‘El mayor encanto, amor’. En 1645, reelaboró el tema en ‘Los encantos de la culpa’, un auto sacramental que universaliza el conflicto.
Asimismo, la pintura se hizo eco de las historias de Odiseo. Angélica Kauffman abordó la obra en varios lienzos, centrando su atención en los personajes femeninos, especialmente Penélope. En sus manos, “’La Odisea’ deja de ser la historia de un héroe viajero y se convierte en el relato de las mujeres que esperan, deciden y resisten, una inversión silenciosa que desplaza con habilidad el centro del relato”, opina Mirella Romero.

Pero otros muchos pintores abordaron el repertorio homérico. William Turner retrata a ‘Ulises burlando a Polifemo’, el mismo tema que abordará a finales del XIX el pintor suizo Arnold Böcklin. El episodio de las sirenas atrajo la atención de artistas del XIX como William Waterhouse o Herbert James Draper. Los ejemplos son solo una muestra de la intensa presencia homérica en la pintura.
Más significativas, y peculiares, son las películas inspiradas en el universo de la ‘Odisea’. Una de las versiones más fieles y populares es la de Mario Camerini (1954), con Kirk Douglas como Odiseo y Silvana Mangano desdoblándose como Penélope y Circe. Pero el primero fue Méliès, con ‘La isla de Calypso: Ulises y el gigante Polifemo’, que en apenas tres minutos condensa algunas de las historias principales.
Poco después, en 1924, Mae Murray protagonizó ‘La encantadora Circe’, con guion de Vicente Blasco Ibáñez, que ya por entonces era muy popular en Hollywood debido al éxito de la primera versión de ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’.

Más contemporáneamente se han abordado aproximaciones personales a la historia como ‘El retorno de Ulises’, de Uberto Pasolini, o ‘La mirada de Ulises’, de Theo Angelopoulos. Incluso se desarrolló una serie de animación, ‘Ulises 31’, que traslada sus andanzas al espacio exterior.
La música se hizo eco también de las historias de la ‘Odisea’. En 1857, se estrenó en París ‘La isla de Calipso’, una opereta bufa que se nutre de las historias paralelas en torno a esta obra. En este caso, Telémaco, en su viaje de búsqueda de su padre, termina en la isla de la ninfa Calipso, que se enamora del hijo de Ulises.
Esta misma historia –ajena al texto original homérico– se recreará en ‘El joven Telémaco’, de Eusebio Blasco y José Rogel, una comedia bufa española que resultó muy popular por uno de sus temas musicales: el coro de las suripantas. Estas coristas, antecedentes de las que luego poblarían el género de la revista, mostraban hombros y pantorrillas en escena, lo que resultaba, al parecer, muy picante en la época.
Ya en el terreno del pop encontramos la influencia de la ‘Odisea’ en el álbum ‘Tapestry’, de Carole King, cuya portada evoca el episodio de Penélope ante el telar donde teje y desteje un sudario para Laertes. Pero también ha inspirado canciones de Suzanne Vega, Cream, Lluis Llach, Javier Krahe o Serrat.
- La odisea histórica de la ‘Odisea’: desde las cerámicas a los videojuegos, pasando por cuadros, cine y música - 21 agosto, 2026
- Contra la dependencia cultural de la política - 16 agosto, 2026
- Marilyn Monroe, la mujer más retratada del mundo - 19 julio, 2026

