‘Odisea’, de Milo Manara

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‘Odisea’, de Milo Manara
Lumen, 2026

El estreno de la superproducción de Christopher Nolan puede, quizá, animar al público a descubrir o revisar otras aproximaciones artísticas al poema de Homero. En torno a la composición épica sobresalen, en el siglo XX, lecturas particulares en forma de película, como la propuesta por Mario Camerini en 1954, con Kirk Douglas representando el papel del héroe –y que todavía hoy permanece, seguramente, como la más feliz entregada por el cine–, o escritos muy personales, con configuraciones novelísticas, tal cual los de James Joyce o Margaret Atwood.

Semanas antes de la presentación en salas del nuevo filme del director, ‘La odisea’ (2026), la editorial Lumen contribuía a la reactivación de un posible suceso homérico –o, en todo caso, a la promoción de plausibles satélites o derivados– con la publicación en España de la personal interpretación de los cantos presentada en octubre del pasado año en Italia por Milo Manara.

El artefacto planteado por el historietista es una sorprendente rara avis, mucho más sofisticada de lo que parece en la superficie. En apariencia, efectivamente, tiene algo de cuaderno de ilustraciones afirmado por un entendimiento del texto abierto y un tanto poético. Aunque, más bien, suena a boceto de un futuro trabajo completo.

Así es. Tanto los dibujos como la redacción suponen, en el total, una imagen factible de una libreta de obras utilizada durante la preparación de un volumen en construcción. Sobre las páginas, los retratos son descripciones esquemáticas y, la redacción, una reunión de caligrafía rápida e irreflexiva.

Cubierta de 'Odisea', de Milo Manara.

De esta manera, el acercamiento actual a Homero deriva, enseguida, en un dispositivo inestable y algo distorsionado, intencionadamente impulsado todo el tiempo por los interrogantes de creación. No es completamente disparatado decir que la ‘Odisea’ de Manara es una apresurada acumulación de pósit.

La representación formal de lo homérico se encuentra, de primera mano, o casi, en el noveno título de la saga de aventuras de Giuseppe Bergman. En ese cómic, publicado en 2004, transformando y perturbando versos y láminas característicos de la mitología y la poesía, ya expresa, sin reservas, su recital a propósito del viaje de regreso a esa Ítaca convertida en una metáfora de la búsqueda desesperada de lo perdido.

¿Tiene entonces un verdadero sentido regresar con un aparato de arte semejante al tema de la circulación de Ulises por las difusas fronteras entre las tierras de los seres humanos y los dioses? No, probablemente. O, al menos, no en un sentido convencional.

En realidad, es interesante vincular las dos obras, puesto que, con su encuentro, surge de inmediato una máquina bicéfala de discusión respecto a la conformación artística desde la evocación de unos mitos argumentales y formales. ‘La odisea de Giuseppe Bergman’, empleando una parte reconocible de los panoramas de Homero, ofrece, en suma, una actuación metaliteraria.

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En otras palabras, da a conocer las intenciones de esa hermana menor con las trazas de un cuaderno de borradores. Por su lado, esta sueña con la forma acabada, aparentemente, exhibida por la mayor, mientras formula nuevas preguntas, volviendo a las cuestiones y los interrogantes de hace más de veinte años. Alrededor de cómo descifrar y reconstruir hoy las líneas del pasado giran, una y otra vez, estos libros.

Pero, lo decía antes, ‘Odisea’ es muy sofisticada. Más, desde luego, que esa hazaña número nueve de Bergman conducida, en líneas generales, por los mecanismos específicos del cómic, y, en particular, por ese pensamiento inconfundible del historietista de la épica y el erotismo.

Quizá porque además idea un ejercicio de imposible restauración de un proyecto abandonado. En el prólogo incluido en la edición, el ensayista Boris Battaglia, en paralelo al establecimiento personal de vistosos juegos semánticos, se refiere justamente al plan suspendido de realización de un filme de animación sobre la ‘Odisea’, en el que Manara intervenía a modo de responsable principal del concepto artístico.

Por lo tanto, el volumen de hoy es el resultado de la recopilación de material previsto y su desarrollo. Se trata, ante todo, de la demostración de los procesos de metamorfosis experimentados por unas impresiones en un periodo de casi tres décadas en un paso orgánico de una escritura a otra.

Páginas interiores de ‘Odisea’, de Milo Manara.

Así, en el libro es más importante la explicación encubierta de unos procedimientos particulares que la definición de una narrativa moderna y mestiza en relación con los cantos homéricos. Esto, desde luego, no interfiere en la concreción de una leída sinóptica de las acciones de reunión con las sensibilidades pretéritas.

El lector no debe pensar en ‘Odisea’ a modo de guía visual de una producción de cine interrumpida. Naturalmente, dicha naturaleza está en el conjunto, pero, de nuevo, representa una de las numerosas capas del proyecto. Sin embargo, su conexión íntima con el audiovisual hace posible identificar los secretos y los hallazgos más valiosos.

Realmente, el lazo del libro con el cine es muy profundo, y está por encima, sin duda, del recuerdo de lo que no fue o de la simple difusión de materiales inéditos. De las cenizas surge una construcción nueva y muy diferente, una materialización singular de las impresiones del regreso de Ulises a casa.

Después de la muerte de los Pretendientes y el reencuentro con Penélope y Telémaco, todo parece volver a su lugar, aunque sabemos-saben que esto es imposible. ‘Odisea’ explora esa diferencia apenas insinuada en las distintas experiencias.

He aquí un experimento esencialmente formalista cautivado por las relaciones de expresiones y sus mutaciones posibles. En definitiva, ‘Odisea’ es libro-cine o cine-libro. Nunca se aclara y eso es importante, ya que, en conjunto, representa un auténtico misterio.

Páginas interiores de ‘Odisea’, de Milo Manara.

La idea del misterio no es casual. Las páginas se suceden entre los sueños y las visiones especiales. De hecho, la historia -textual y meta- va anclada a la fantasía. En esa escena única, Manara sueña otra vez con Ulises y sus aventuras, y también con las alquimias extravagantes del cine.

Convirtiendo, de inmediato, a Telémaco en el primer espectador, en nuestra representación frente a lo excepcional, acaso también en la suya, propone un enfoque extraordinario del hecho de la imagen en movimiento según una estrecha asociación a las artes de las criaturas mágicas.

Entonces, el libro adquiere una entidad maravillosa a propósito de la influencia de las ilusiones primarias. La obra se convierte en una humeante sucesión de cuadros fragmentados tomados por figuras parecidas a Marlon Brando, Renaud Verley, Ornella Muti, Angelina Jolie o tal vez Pier Paolo Pasolini.

Los protagonistas adoptan diferentes personalidades y cuerpos, grabados en ilustraciones apenas esbozadas, y plantean opciones numerosas para una narración resbaladiza. ‘Odisea’ es el intento de recoger y comentar esos sueños desordenados.