Rubens. MuBAV

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‘Rubens. El florecimiento de un genio’
Comisariado: Ana Diéguez-Rodríguez
Museo de Bellas Artes de València (MuBAV)
San Pío V, 9, València
Del 2 de julio al 4 de octubre de 2026

“Pinto sombras para enfatizar la luz”. O lo que viene a ser lo mismo: Peter Paul Rubens (1577-1640) afirma con ello que jugaba con los claroscuros para mostrar, en toda su exuberancia, la vida, que adquirió en el barroco una magnitud descomunal. Tras el puritanismo de la Reforma, el muy católico Rubens decidió encomendarse al Dios cristiano para revelar, a través del drama de la existencia, esa luz oculta bajo las sombras. Diríase que, siguiendo al poeta José Hierro, llegó por el dolora la alegría.

Esa mezcla de dramatismo, que no termina de sucumbir a las tinieblas, y de goce, a modo de energía inquebrantable al desánimo, convierte a Rubens en el genio del barroco aludido en cualquier manual de historia del arte. El Museo de Bellas Artes de València (MuBAV) le dedica ahora una magna exposición que, según Pablo González Tornel, director de la pinacoteca valenciana, es “la gran apuesta de 2026”.

“Es de las más brillantes que se han visto nunca en las salas de este museo”, apostilló, cuyo impacto –resaltó– iba más allá de València, colocándose a la altura de las grandes capitales culturales tanto a nivel nacional como internacional. De ahí que el título de la muestra, ‘Rubens. El florecimiento de un genio’, empape al propio MuBAV, igualmente florecido por dar cabida a esta propuesta comisariada por Ana Diéguez-Rodríguez, directora del Instituto Moll, centro de investigación de pintura flamenca.

En cualquier caso, ‘El florecimiento de un genio’, al que alude el título expositivo, tiene que ver, como explicó su comisaria, con los años primerizos de Rubens, aquellos en los que fue fraguando su personalidad artística trabajando en los talleres de grandes maestros.

'Rubens. El florecimiento de un genio'. MuBAV
Vista de la exposición ‘Rubens. El florecimiento de un genio’. Foto: Miguel Lorenzo, cortesía del MuBAV.

“Me interesaba dar a conocer cómo un artista llega a convertirse en un genio”, señaló Diéguez-Rodríguez, acompañada durante la presentación de la muestra por el propio González Tornel, el embajador de Bélgica en España, Didier Nagant, y la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, quien se maravilló por estar “rodeados de tanta belleza”.

Una belleza que podríamos sintetizar, en palabras de la profesora Teresa Camps, por la “ambición del planteamiento iconográfico”, el “ritmo y movimiento” que imprimía Rubens a sus obras, así como “la potencia de las luces [otra vez el énfasis de la luz] que organizan el desarrollo de los temas sobre la tela”. Y, sin duda, también, por el erotismo que atraviesa buena parte del conjunto expositivo, unas veces mediante la suntuosidad del cuerpo desnudo y otras por la forma de disponer las figuras en el cuadro.

Belleza que, más allá del contexto puesto en valor, convertido en el eje vertebrador de la muestra, lo desborda para que sea esa belleza la que subyugue la mirada del espectador contemporáneo. “Hablamos de la belleza de las emociones”, destacó la comisaria, para explicar la atracción que sigue provocando la obra de Rubens, así pase el tiempo.

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En todo caso, ‘Rubens. El florecimiento de un genio’ pone el foco en sus años primerizos, aquellos en los que mamó tanto de la pintura flamenca de Amberes, como de la que aprendió en Italia, con Tiziano a la cabeza, sin olvidar sus viajes a España. Para observar todo ese desarrollo, la exposición se estructura de forma cronológica, desde 1598 hasta la Tregua de los Doce Años (1609-1621), reuniendo un total de 61 piezas –cedidas por diversas instituciones públicas y privadas a nivel nacional e internacional-– que recogen sus temas épicos y mitológicos, pasando por la serie de retratos de su círculo más íntimo.

Según Teresa Camps, la obra de Rubens se halla atravesada por “los valores positivos que rigen la humanidad”, siendo el principal el que pivota en torno a la idea del amor humano, “a menudo personificado en el cuerpo de la mujer”, o bien ensalzado ese amor “en las grandes composiciones llenas de personajes y símbolos que hacen alusión a este sentimiento”.

Habrá quien diga que ‘Saturno devorando a un hijo” (1636) –pieza no incluida en la muestra por tratarse de su producción más tardía– se alejaría de ese amor sentimental, dada la cruel escena representada. Y dirá bien, porque, en el fondo, Rubens de lo que se hará eco es de ese enfrentamiento entre luces y sombras, amores sensuales y excesivos, violencias contenidas y desatadas, cotidianeidad y sacralidad, tan propias del barroco.

'Rubens. El florecimiento de un genio'. MuBAV
Vista de la exposición ‘Rubens. El florecimiento de un genio’. Foto: Miguel Lorenzo, cortesía del MuBAV.

Del erotismo, uno de cuyos ejemplos más notables se halla en ‘Betsabé en su baño’ (1635), acaparando prácticamente toda la luz esa figura femenina desnuda que parece ajena a los cuidados terrenales de su sirvienta para mirar hacia otro lado más metafísico, de ese erotismo dijo Diéguez-Rodríguez que no era nada “descarnado”, al modo en que nos lo presentan ahora ciertas representaciones fílmicas, sino que prevalecía la desnudez en el marco de aquello que se estaba representando.

De nuevo, Rubens configurando el sentido a través de la representación de escenas bíblicas y mitológicas cuya crudeza, en ocasiones, se halla contenida por el relato que el pintor privilegia para capturar la tensión de la existencia. “Rubens es de todo menos superficial”, concluirá la comisaria, quien destacó asimismo cómo la escenografía –el montaje expositivo– estaba en todo momento al servicio del discurso, que no era otro que mostrar, precisamente, los años de florecimiento del genio.