#MAKMAEscena
Biennale Danza Venezia
20ª edición del Festival Internacional de Danza Contemporánea
‘Time does not exist’
Dirección: Wayne McGregor
Del 17 de julio al 1 de agosto de 2026
Hay aniversarios que se limitan a mirar atrás y otros que usan esa mirada como impulso. La vigésima edición del Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Biennale di Venezia pertenece a la segunda categoría.
Bajo el título ‘Time Does Not Exist’, Wayne McGregor no organiza una conmemoración: propone que el pasado, en danza, nunca termina de suceder, porque cada obra depende de un cuerpo que la repita para seguir existiendo.
Bajo la dirección de McGregor, este aniversario rechaza la nostalgia como forma de celebración. Veinte años no se cuentan aquí como una lista de logros, sino como un organismo que respira, que muda de piel y que arrastra consigo, en cada gesto nuevo, la memoria de los gestos que lo precedieron.
Del 17 de julio al 1 de agosto, Venecia volverá a convertirse en un laboratorio internacional del cuerpo en movimiento. Pero el festival no se conforma con alinear espectáculos uno tras otro: se despliega en instalaciones, encuentros, talleres, publicaciones y proyecciones, hasta transformar la ciudad entera en un espacio de pensamiento sobre la creación y la manera en que el conocimiento se transmite de un cuerpo a otro.

Un mapa afectivo, no una cronología
En la Sala d’Armi E del Arsenale podrá visitarse ‘Life Lines’, una videoinstalación desarrollada junto al Archivo Histórico de la Biennale. No se trata de una cronología institucional ordenada por fechas, sino de un mapa afectivo: veinte festivales reconstruidos a través de las voces y las miradas de quienes, desde finales de los años noventa, han dado forma a la identidad de Biennale Danza.
La pieza recorre las direcciones de Frédéric Flamand, Karole Armitage, Virgilio Sieni y Marie Chouinard, cada una con su propia manera de entender la coreografía, antes de desembocar en la mirada actual de McGregor. El archivo deja así de ser un depósito de documentos y se convierte en un cuerpo vivo, donde cada edición dialoga con las anteriores.
El proceso, no solo el resultado
Esa voluntad de compartir el proceso atraviesa toda la programación. Los talleres, abiertos tanto a profesionales como al público general, dan acceso al interior de la práctica coreográfica de la mano de artistas como Emanuel Gat, Mamela Nyamza, Bangarra Dance Theatre, Andrea Salustri, Omar Rajeh, Kalle Nio, Eiko Otake, Adam Linder o Winndance. El festival insiste en presentar la danza no solo como espectáculo, sino como experiencia, investigación y aprendizaje compartido.
También los encuentros posteriores a las funciones cobran, en esta edición, un peso singular: casi lecciones magistrales de historia viva. Uno reunirá a Molissa Fenley, figura esencial de la danza posmoderna estadounidense; otro estará protagonizado por John Neumeier, uno de los grandes renovadores del ballet contemporáneo europeo, cuya trayectoria dialoga desde hace décadas con las de Jiří Kylián y William Forsythe.
Lo que queda fuera de escena
Un hilo conecta buena parte de estas propuestas: la atención a lo que normalmente permanece invisible. De ahí la pertinencia de la retrospectiva dedicada a Frederick Wiseman, el cineasta fallecido el pasado mes de febrero, cuya obra transformó el documental contemporáneo.
Las proyecciones de La Danse, Ballet y Crazy Horse observan las instituciones culturales más allá del escenario. Wiseman no filmaba solo los espectáculos: filmaba los ensayos, la administración, las reuniones, la financiación, los mecanismos que hacen posible la creación. Sus documentales muestran la danza como un ecosistema donde conviven artistas, técnicos, gestores y trabajadores que no salen a saludar al final.
A este ciclo se suma ‘State of Darkness: Part Four’, centrado en el proceso mediante el cual Molissa Fenley transmite una de sus obras emblemáticas a la bailarina Cassandra Trenary. Más que el retrato de una coreografía, la película registra el momento en que un lenguaje corporal pasa de una generación a otra: la prueba de que ninguna obra está del todo terminada mientras alguien siga interpretándola.
El cuerpo como inteligencia
La dimensión reflexiva del festival culmina con la presentación del libro ‘We are Movement: Unlocking your Physical Intelligence’, donde Wayne McGregor despliega una idea que recorre toda su trayectoria: el cuerpo no es solo el instrumento con el que se baila, sino una forma de inteligencia capaz de transformar nuestra manera de estar en el mundo.
Es una idea coherente con una carrera que ha desdibujado, una y otra vez, las fronteras entre coreografía, ciencia, inteligencia artificial, artes visuales y tecnología. Para McGregor, el movimiento es una herramienta para ampliar la percepción, y esta vigésima edición del festival le ofrece un terreno especialmente fértil para sembrarla.
Veinte años preguntando cómo circula el conocimiento
Más allá de las compañías internacionales y de las producciones del Biennale College Danza, el verdadero protagonista de esta edición es la idea de transmisión. La Biennale no celebra veinte años acumulando memoria: celebra veinte años preguntándose cómo circula el conocimiento entre cuerpos, generaciones y disciplinas.
‘Time Does Not Exist’ no es una consigna vacía. Es, más bien, una constatación de oficio: quien ha visto bailar dos veces la misma pieza sabe que nunca es igual, porque el tiempo no desaparece cuando termina una función. Queda inscrito en el gesto, a la espera de que otro cuerpo lo retome.
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