Arantxa Echevarría. Cada día nace un listo

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‘Cada día nace un listo’, de Arantxa Echevarría
Reparto: Hugo Silva, Susi Sánchez, Dafne Fernández, Jaime Olías, Belén Rueda y Pedro Casablanc, entro otros
Guion: Arantxa Echevarría y Patricia Campo
97′, España, 2026

En cuanto descuelga el teléfono, reconocemos su voz. Es una voz fuerte, poderosa, que te llega y se impone enseguida. Una voz que queda apuntalada por una risa igualmente contundente con la que sostiene, desde su humor, aquello que quiere decir. Una voz y una risa que le dan la autoridad de quien sabe lo que ha hecho y que, como afirma en esta entrevista, lo ha saboreado y, por encima de todo, quiere compartirlo con los demás. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve hacer una película sin un espectador que la disfrute?

A Arantxa Echevarría las cosas le van muy bien. El éxito de su anterior película, ‘La infiltrada’, puso su carrera (Goya incluido) en ese otro nivel en el que un director de cine puede escoger su siguiente proyecto. Pero, lejos de acomodarse, como cabría esperar, Echevarría ha cambiado de registro, pasando del conflicto de ETA a una comedia de enredo.

Y aquí habrá quien podría pensar si acaso la realizadora vasca ha decidido rebajar sus expectativas. Pero eso implica no entender la trayectoria de una directora a la que, por encima de todo, le interesa superarse a sí misma, explorar nuevos confines, afianzar un pulso cada día más sólido, más seguro. Y en eso cuenta lo mismo un drama político que una comedia. ¿O es que acaso hay quien piensa todavía que la comedia es un género sencillo? Pues no.

Cada día nace un listo’ cuenta la historia de Toni Lomas, un buscavidas que, en algún momento, triunfó como cantante en un talent show de la televisión. En realidad, Toni no ganó el concurso, pero él cree que a aquel momento de fama supo sacarle partido, aunque hoy sobrevive como cantante en despedidas de soltera y otros eventos similares. De aquella época conserva, además, la amistad de la familia de un rico empresario que –fatalidad– decide quitarse la vida.

A partir de aquí, la mala situación económica de la familia y la consecuente lucha por sobrevivir hacen que Junior, el único hijo, urda un plan: robar un Caravaggio muy valioso que atesora su madre para venderlo en el mercado negro. Pero, como Junior no puede perpetrar el robo, busca la ayuda de Toni. Y, como Toni tampoco es muy hábil en estas empresas, busca la ayuda de Mari, una estafadora de poca monta, pero con mucha experiencia, quien, a su vez, acude a El Gallego, un falso especialista en antigüedades. Y ya tenemos el lío.

Con esta premisa, Arantxa Echevarría –quien visitará València el lunes 15 de junio para presentar su película en los Cines Lys– ha construido un relato que, como comenta en esta entrevista, nos habla de cosas como las relaciones de poder, la podredumbre del éxito y la necesidad del arte en nuestras vidas. ¿Quién dijo que una comedia no puede ser una cosa muy seria? En el reparto, ¡atención!: Hugo Silva, Susi Sánchez, Dafne Fernández, Jaime Olías, Diego Anido, Belén Rueda, Pedro Casablanc y Gonzalo de Castro.

‘Cada día nace un listo’, de Arantxa Echevarría

Con ‘Cada día nace un listo’, das un salto radical, desde ‘La infiltrada’, aquel drama de ETA, a esta comedia de enredo. Te estás volviendo muy versátil, ¿no?

[Risas] Sí, mucha pintura, ¿no? [risas].

Sí [risas].

Pues sí, yo creo que variar es necesario para el ánimo interior de cada uno. Y cuando vienes de hacer una cosa como ‘La Infiltrada’, un trabajo que fue muy duro, con dos años metida en un mundo lleno de dolor, de heridas, hablando con las víctimas, y de pronto te vienen con esta propuesta, dije: “Con los ojos cerrados”. ¿Una comedia? ¿Y encima gamberra? ¿Y jugar? ¿Y divertirme un rato? Adelante. Yo creo que es sano. Si hiciera muchos proyectos dramáticos del tirón, creo que me haría una persona un poco más triste [risas]. Y soy una persona egoísta y quiero disfrutar un poco más de la vida y hacer que la gente la disfrute.

A la hora de abordar este proyecto, ¿te pesó el éxito de tu película anterior o te lanzaste al vacío sin darle muchas vueltas?

No le di muchas vueltas porque, si le das muchas vueltas, es cuando empieza a pesar. Ya me pasó con ‘Carmen y Lola’. Fue como: “¡Ala, el debut! ¿Y ahora qué hago?”. Después de ‘La infiltrada’, por ejemplo, me mandaban mogollón de propuestas sobre películas de ETA, y yo decía: “Pues si ya la he hecho, quiero hacer otra cosa”. Yo creo que es mejor no pensarlo mucho; no pensar que he ganado un Goya ni en la taquilla ni en todas esas cosas, y decir: “Vamos a disfrutar”. Porque yo creo que, si disfrutas rodando, en el resultado final se nota que hay algo de ese placer.

Te iba a preguntar precisamente por ello. El caso es que no sé por qué, pero te he visto muy suelta en esta película.

Muy disfrutona, ¿no?

Sí.

Sí, es que, como era una comedia bastante gamberra, dije: “Bueno, pues me voy a poner un reto”. Porque también mola retarse a uno mismo. Y ahí me dije que el envoltorio tenía que ser de película americana, incluso con un poco de noir. Me dije: “Voy a jugar con muchísimos encuadres, con un ritmo muy trepidante, con un montaje muy loco, a saltarme el eje, a hacer elipsis y a jugar mucho con la angulación de la cámara”. Quería hacer un ejercicio de dirección. Y creo que ha quedado bien, que la peli tiene ese ritmo, y que juega con cosas muy locas.

Cuando uno, de pronto, tiene posibilidades, medios y un equipo magnífico alrededor y unos actorazos, te puedes permitir el lujo de jugar, y yo creo que ese juego se nota. Sientes que estás llevando al espectador con una zanahoria hacia un sitio en el que parece que se dice. “Pero, esta, ¿a dónde va?”. Pero eres tú la que tienes la sartén en la mano y eso es muy divertido.

Con seis largos a tus espaldas, ¿dirías que te sientes más sólida como directora?

Yo creo que sí. La experiencia es un grado siempre, y saber tratar a equipos, contar las cosas con imágenes; y la edad siempre ayuda, la experiencia de la edad. Cada vez me siento más tranquila en un set. Y si encima haces comedia, además de tranquila, te ríes mucho. Durante el rodaje, hubo algunas tomas en las que tuvimos que parar por mi culpa, porque me reía delante del monitor o con la gente del equipo. Cuando estás tranquila y relajada, las cosas siempre salen mejor que con tensión y con presión.

Cada día nace un listo, solo hay que encontrarlo”, dice uno de los personajes. ¿Con cuántos listos te has encontrado en tu vida?

[Risas] Bueno, creo que yo misma soy una lista, ¿eh? No se trata de buscar la paja en el ojo ajeno. Yo creo que todos tenemos esa tendencia. Todos vemos un billete en el suelo y ponemos el pie encima, a ver si nadie lo ve y podemos cogerlo en vez de preguntar de quién es. Todos hemos hecho alguna cosa de estas. O cuando te dan el cambio mal y no lo dices y te lo quedas. Todos tenemos un punto mezquino: si no me ven, pues lo hago.

También hay listos y listillos. Bueno, hay algunos listos que sí que molestan mucho. Es eso de: “No, me están robando todo lo que he pagado de impuestos al erario público y encima no van la cárcel”. Esos son los listos que nos provocan más dolor, más ira y rabia, y que nos empujan a pensar: “Yo quiero que haya una justicia divina porque la humana parece que no funciona”. Pues sí, yo creo que el mundo está lleno de listos.

La figura del perdedor sigue funcionando como motor de cualquier drama. Podemos actualizarla, como haces en esta película, pero sigue ahí. ¿En quién te inspiraste? ¿Pensaste en alguien en concreto?

[Risas] Yo creo que no pensé en nadie y en mucha gente a la vez. No es un personaje en concreto, un actor, por ejemplo, pero sí representa a ciertos juguetes rotos. Yo siempre pienso: “¿Qué será del cuarto que quedó en el talent show del año 2010? ¿Qué estará haciendo ahora?”. Seguro que ha vuelto a trabajar de electricista de su pueblo. Pero también vivió ese momento de luz, de ser el más famoso de la comunidad. Esos juguetes rotos me llaman mucho la atención.

Ahora, con las redes, tenemos muchísimos juguetes rotos: influencers, gente que tiene sus 10 minutos de gloria, que tiene un millón de followers y se cree que tiene un millón de amigos, cuando en realidad tiene un millón de gente aburrida que le da a un like. Me llama mucho la atención esta sociedad turborápida en la que todo pasa muy rápido y todos queremos la fama, el poder y el dinero sin trabajar. Lo siento, pero eso no es así.

Hugo Silva. ‘Cada día nace un listo’, de Arantxa Echevarría
Hugo Silva encarna a Toni Lomas en ‘Cada día nace un listo’, de Arantxa Echevarría.

¿El público se engaña con esa imagen exterior que da la televisión? ¿Querías mostrar ese otro lado oscuro de la fama?

Sí, sí. A mí me encanta ese momento en el que a Toni Lomas le dice una mujer en el autobús: “¡Tenías que haber ganado el concurso!”. Y él responde: “Una puta mafia, la tele”. [Risas] Me gusta Toni Lomas porque, además de representar todas nuestras pérdidas, todos nuestros deseos no cumplidos, representa el cortoplacismo de esta sociedad. Toni tiene una idea e inmediatamente la lanza para atrás para venir con otra cosa. Ya está deseando pillar un millón de euros, cuando, al momento siguiente, en vez de un Android, lo que quiere es un iPhone y se lía.

Yo creo que eso también es muy nuestro, eso de soñar con la lotería, con echar dinero en los ciegos y ganar, cuando, en realidad, te pones supercontento si, de pronto, descubres 20 euros en un bolsillo que no te esperabas. “Ya me he hecho el día, ya soy feliz”, dices. Creo que, en el fondo, todos tenemos ese punto infantil.

La película confronta, yo creo que de manera bastante evidente, dos mundos: el de las clases muy altas y los que estamos abajo. Diría que la peli nos dice que, aunque las clases sociales siguen existiendo, todos andamos, de alguna manera, bastante tirados.

[Risas] Sí, sí. Yo creo que es obvio que los de abajo estamos tirados, porque nos cuesta llegar a fin de mes, la hipoteca, sabemos que nuestros hijos jamás se podrán comprar una casa o que puedes estudiar una carrera y meterte un máster para luego decir: “Joder, si llego a hacer una FP me habría ido mejor”. Pero los ricos también tienen sus miserias porque, cuanto más tienes, más deseas.

Una vez, leí que Elon Musk, que es el hombre más rico del mundo, se quejaba de los impuestos que pagaba. Y yo decía: “No me lo puedo creer”. Pero si, aunque le quitaras la mitad de su fortuna, ¡seguiría siendo el hombre más rico del mundo! ¿Cómo te puedes quejar? Esto es un poco lo que pasa también en las altas esferas. Si ya tienes suficiente, ¿por qué sigues intentando conseguir más? ¡Si no sabes ni el dinero que tienes en el banco! Es algo que me parecía gracioso. Que, en el fondo, somos todos unos miserables, los que creen que lo tienen todo y los que desean tenerlo todo.

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Quizá, lo que más me ha gustado de la película es encontrarme con un guion muy redondito y con muchos personajes.

Sí, eso era lo más difícil, hacer una película coral. Estaba claro que el personaje de Toni Lomas era como un Titanic; y aunque sabes que se va a dar con el iceberg, es el Titanic, y el resto de personajes son el envoltorio. Pero, si quitas a uno solo, ya no tiene sentido el siguiente. En ese sentido, buscar la justa medida de cada personaje, en cuanto a tempos, que cada uno hablara de una forma diferente, que tuviera una postura y una situación en la vida era muy difícil.

Yo quería hacer una película coral, como las pelis que veíamos de peques. Pensaba en ‘Atraco a las tres’, en la que, aunque no sabes quién es el prota, sin uno de los personajes, la peli se desbarajusta. Esa fue una de las apuestas que hicimos desde el guion y yo creo que funciona, que te lo comes con patatas, como digo yo. Cuando un espectador dice: “Oye, la peli se me ha pasado volando, me he reído mucho y no me ha sobrado nada de los personajes”, es que funciona. Eso fue lo más difícil, cerrar todo este círculo.

Cada día nace un listo’ plantea muchos temas. Uno de ellos es la relación entre sexo y poder, aunque tú le das la vuelta a la ecuación.

Sí, sí. Para mí, el personaje de Malena [la novia de Junior], que es una mujer sexualizada, como medio tonta, es muy importante. A Dafne Fernández le faltaba ser rubia para ser el cliché completo, ¿no? Nosotros queríamos que el espectador sintiera eso para luego demostrarle que no, que la más tonta es la más lista. Es también el personaje de Belén Rueda, que llegó a esa escala de poder a través de casarse con un tío muy rico, pero cuando su marido ya no está es ella la poderosa. Hay otro hombre que quiere, obviamente, estar con ella y cepillársela, pero ella tiene el control.

Una de las cosas que más nos gustaba era abordar estos estereotipos y desmontarlos. Si te das cuenta, tenemos a Sofía Otero, que es una niña de 10 años, está su hermana Marina, que es una adolescente, está Dafne, que tiene 30 y pico, Belén, con sus 50 y 60, y Mari, la abuela, con 70. En la peli hay toda una generación de mujeres, desde las más pequeñas hasta las más grandes, todo un registro que no es muy fácil ver en una película.

Y tampoco está de tal manera que digas: “¡Ostras!, esto es un alegato feminista”. Nosotras lo que queríamos era contar la evolución desde esa peque mangante hasta su abuela mangante, y mostrar cómo tienes que pasar por esa sexualización, por este juego de roles de la sociedad, hasta llegar a ser Susi Sánchez y que todo te de igual.

Sí, está muy bien articulado y, realmente, se agradece. Por esto que comentas, ¿tú dirías que el cine actual es demasiado obvio a la hora de plantear ciertos mensajes y que eso ha podido producir un cierto rechazo en el espectador?

Sí. No sé si hay mucha obviedad, pero sí que hay una cosa clara: que cuando intentas adoctrinar al espectador, este se cierra y dice: “No quiero, no me cuentes tu película”. Yo creo que lo difícil es contar cosas sin meter el punzón a la fuerza, eso es lo más complicado. En ese sentido, la comedia es un género muy bueno. Pienso en ‘La casa en llamas’, en ‘La cena’, películas cómicas que, de fondo, por debajo, tienen muchas cosas que contar. Ahí, a través de la risa, el espectador sale del cine y piensa: “Joder, hay que ver cómo son los ricos”. Pero nunca acabas de decirle: “Quiero que tú reflexiones sobre este tema”, porque entonces es cuando el espectador no se siente interpelado, se siente manipulado, y eso es lo peor que puedes hacer con él.

Al espectador tienes que dejarle pensar. La prueba está en ‘Los domingos’, una película complicadísima, que está en un sitio en el que no se posiciona con nadie y que adora desde gente muy creyente a gente que no cree. Eso es lo complicado, que el espectador sienta que participa de la peli y no lo están adoctrinando.

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Hay un personaje de tu película que dice: “Nada en esta vida es gratis”. ¿Qué significa esa frase para ti?

Mucho. Yo creo que, en esta sociedad de consumo, cuando algo es gratis nos están engañando. Y, cuando algo es gratis, tenemos tendencia a cogerlo. Vas a un hotel y te llevas todo lo que te ponen gratis. Vas a una degustación de algo y te llevas todo lo que puedes. Tenemos una tendencia a creer que, si no pagas, eres un ganador. Tú tienes algo por lo que el de al lado ha tenido que pagar y eso te hace más listo que él. Pero, luego, es una sociedad en la que te engañas si crees que existe la generosidad y la bondad por parte de algunos: es consumo puro y duro. Si te dan algo gratis es porque quieren que vuelvas al día siguiente a comprar otra cosa.

Solemos jugar con el concepto de la bondad del ser humano, pero ¿hasta qué punto es bondad si hay detrás una empresa y un beneficio? Es complejo, muy complejo.

¿Cómo ha sido rodar dentro del estadio de Anoeta?

[Risas] Pues muy divertido. Imagínate, cuando escribimos esta secuencia, pensamos: “Los productores nos van a decir ‘fuera, estáis locas, ¿qué estáis diciendo?’”. Pero cuando te vas a una ciudad como Donosti, una ciudad más pequeña, fuera de las grandes capitales, de pronto la gente tiene muchas ganas de jugar y a la Real les hizo mucha gracia meter un helicóptero en su campo. Dijeron: “¡Ostras!, esto no lo hemos hecho nunca”. Y ahí yo creo que salió el espíritu vasco de “pues, venga, vamos a ser los primeros”.

Fue muy chulo. Imagínate, teníamos que cortar el espacio aéreo de Donosti, con la Guardia Civil, con la Policía, con el ejército del aire… Tuvimos que quitar las spider webcam, estas cámaras que ponen en los estadios para ir de un lado a otro, toda la publicidad y luego aterrizar un helicóptero, con todo el perjuicio que eso tenía sobre el suelo de césped del campo. O sea, una locura. Pero fue muy fácil. Quizá fue uno de los momentos más relajados del rodaje. Yo me decía: “No puede ser”. El avestruz [un personaje que aparece en la película] nos dio más problemas que poner un helicóptero en Anoeta [risas].

Dentro de este relato de personajes tirados que buscan cómo sobrevivir, está ese cuadro de Caravaggio que nos habla de la importancia arte. Incluso el personaje más tirado de todos, el más inculto, El Gallego, dice que el arte le habla. Ahí hay, entiendo, una reivindicación.

Claro. Ahora hay una monetización del arte que a mí me desespera. De repente, el arte tiene un gran valor económico y las grandes familias, los poderosos, compran arte como una forma de inversión (que casi lo prefiero al ladrillo, pero es otra forma de inversión). Este Caravaggio perdido, que está fuera de catálogo, lo quieren solamente por su valor económico o para exhibirlo dentro de casa, sin enseñarlo. Es decir, yo tengo la exclusividad y solo mis ojos pueden verlo. Y luego está este gallego que cree que es un Murillo [risas], pero que siente de pronto su belleza. Es un pequeño alegato a la democratización del arte.

El arte no tiene que estar solo para los entendidos porque el arte es algo bello que te puede conmover. Igual que si pones, de pronto, una ópera en un pueblo, seguramente habrá quien se arrebata. En ese sentido, la película es una reivindicación por el acceso libre a la cultura y a hacer películas como esta, que van un poco más allá. Como hacer un cine de autor o que la gente vaya al ballet. Yo creo que a la gente no le gusta el ballet porque no han ido en su vida, les parece algo exótico y para unos pocos. Creo que es misión del Estado, de los colegios y de la cultura, en general, democratizar el arte.

Cuando ves esta película y la comparas con tus trabajos anteriores, piensas: “Este grupo de actores ya son una familia”?

Sí, es como tirar para casa. Es verdad que yo había trabajado con Pedro Casablanc, con Belén, con Jaime Olías, con Diego Anido… Me gusta repetir porque entre nosotros ya hay una serie de códigos y sabes hasta dónde puedes llegar con ellos a la hora de exigirles, de jugar, de improvisar –a mí me gusta mucho improvisar–. Y, sobre todo, que sabes que son buena gente. Es muy importante trabajar con gente que sea maja en la vida.

Lo hago también con el equipo técnico. Mi dire de foto siempre es Pilar Sánchez Díaz, mi montadora es Victoria Lammers, el primer corto que hice en mi vida, en vestuario, fue con Teresa Mora, la misma de todas mis pelis. Es una sensación de casa, de familia. Haces algo que te une mucho, le pides algo, además, que puede ser muy personal. Pedirle a Susi Sánchez que se destroce su carrera de dama del cine español y que haga una presentación de su personaje tirándose un pedo… [risas]. ¡Hay que confiar mucho en el otro para que se ponga en tus manos! Yo tengo esa tendencia a repetir con gente que sé que son el personaje, pero que también son grandísimos actores. Pero, por encima de todo, son gente con la que luego me puedo ir a tomar una caña. Para mí, esa situación de cercanía y confianza es vital.

Todos los personajes parecen buscar a la desesperada cómo salir de su situación económica y vital, pero, sin desvelar nada, al final cada uno encuentra su sitio. De alguna manera, todos triunfan.

Sí. Todos, salvo Junior. Quería que alguien pagara, que al menos uno de los poderosos pagara. Aunque fuera ciencia ficción, aunque eso no pase en la realidad. En ese sentido, estaba claro que todas las papeletas eran para él. Pero es cierto que, como los de abajo nos conformamos con poco, también ganamos con muy poco. O sea, podríamos haber tenido esos 4 millones de euros que pide Junior en la película, pero de pronto tenemos 35 y, oye, más vale 35 en la mano que 4 millones volando.

Sí, todos ganan en general. Sobre todo, yo creo que los que vivimos con lo puesto tenemos una tendencia a conformarnos rápidamente, a desear mucho y conformarnos con poco. Pero también creo que, si no lo hiciéramos, estaríamos completamente desesperados y amargados. Y, en el fondo, al final de la jornada, siempre queda esa cerve con los colegas, una película con la parienta o una sonrisilla con tu hijo. Algo queda, siempre. Y tenemos que agarrarnos a eso, ya que el Maserati no está aparcado en la puerta de nuestra casa.

Arantxa Echevarría. Cada día nace un listo
Arantxa Echevarría y Hugo Silva durante el rodaje de ‘Cada día nace un listo’. Foto: Mikel Blasco, cortesía de A Contracorriente Films.