Isabel Oliver

#MAKMAArte
‘Cuerpos que huyen. Paisajes de barbarie’
Isabel Oliver
Comisariado: Isabel Tejeda
En colaboración con el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola
Valeriola 13, València
Del 18 de abril al 19 de julio de 2026

Homo homini lupus. He ahí la expresión latina utilizada por el filósofo Thomas Hobbes en su ‘Leviatán’, que significa “el hombre es un lobo para el hombre”. Debido, según Sigmund Freud, a esa primordial hostilidad entre los hombres, “la sociedad civilizada se ve constantemente al borde de la desintegración”. De ahí el malestar en la cultura que describió el psicoanalista vienés, cultura que, a su juicio, “se ve obligada a realizar múltiples esfuerzos para poner barreras a las tendencias agresivas del hombre”.

Isabel Oliver, que expone en la Fundación Chirivella Soriano ‘Cuerpos que huyen. Paisajes de barbarie’, dijo no entender “cómo el ser humano es capaz de desatar tanta barbarie”, refiriéndose a la más actual llevada a cabo en Ucrania y Gaza, de manera que “había que pintar y dejar constancia de lo que es aterrador”. “Pinté como desahogo; me liberaba”, subrayó.

De las 60 obras expuestas, 18 pertenecen a esos ‘Paisajes de la barbarie” que ha realizado ex profeso para la Fundación Chirivella. Paisajes repletos de edificios destruidos, algunos pintados en un gris melancólico y otros con un fondo flamígero, rimando con el intenso rojo de un mar enardecido por tanta sangre. En ‘No abras la puerta’, de la serie ‘Secuencias del mediterráneo’, se puede ver, entre las dos hojas de la puerta que no convenía abrir, el fuego exterior de esa guerra que amenaza con destruirlo todo, incluido, claro está, las vidas de quienes habitan ese interior ya vacío.

Algunos de los ‘Paisajes de la barbarie’ de Isabel Oliver.

Isabel Oliver siente el ahogo de la barbarie bélica y, aunque la refiera a la actualidad, su obra, cuando pase el tiempo, seguirá conteniendo la huella del horror, provenga de donde provenga. Su discurso, anclado al presente, no puede por menos que manifestar la desazón que le provoca tanta destrucción, sin embargo, su obra, por mucho que delate –mediante algunos detalles­– el contexto bélico actual, se nutre del arte para desbordar la moral.

Como dejó dicho Georges Bataille, la esencia de la poesía es la impotencia de la razón. E impotente la razón de Isabel Oliver, que no comprende tamaña violencia destructiva, utiliza la pintura como poesía con el fin de materializar esos paisajes monstruosos fruto de los sueños –mejor, delirios– de esa razón ahora prepotente. “Algo había que decir de todo eso”, resaltó la artista, quien sugiere con su pintura lo que las palabras no alcanzan a expresar.

El título de la exposición comisariada por Isabel Tejeda tiene a esos ‘Cuerpos que huyen’ antecediendo a los ‘Paisajes de barbarie’, como si, leyéndolo de un tirón, los cuerpos huyeran de la barbarie bélica, que también. Sin embargo, Oliver se refiere, más concretamente, a los cuerpos femeninos que, a su juicio, han sido igualmente violentados por la historia del arte, reduciéndolos a objetos.

De nuevo, Isabel Oliver agita su discurso para manifestar su rechazo a esa visión de la mujer que aparece “o desnuda, o violada, o raptada”, a lo largo de la historia del arte. Historia que ella remueve en, por ejemplo, ‘Paseos por el museo’, para dotar de otra vida a las modelos de Tiziano o de Rubens, a las que saca del cuadro original en el que fueron pintadas, con el fin de, o bien duplicar el asedio, o conferirles una cierta libertad.

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En cualquiera de los casos, esas mujeres desnudas del clasicismo pictórico, por mucho que queramos reducirlas a objetos, poseen la carnalidad de lo vivo, tan intensamente vivo, que, basta observar las miradas masculinas a las que supuestamente se dirigen, para contemplar igualmente la angustia de quienes nada quieren saber de la interioridad de esos cuerpos.

La exposición, que, como dijo la comisaria Isabel Tejeda, viene a resumir “parte de la trayectoria de 50 años” de Isabel Oliver, establece un singular diálogo entre los paisajes primeros de su dilatada producción y los más recientes dedicados a la guerra, y esos cuerpos femeninos que huyen, representativos a su vez de la llamada guerra de los sexos, otra guerra sustentada en la aniquilación del adversario, allí donde la cultura falla como dique de contención de la pulsión de muerte.

Vista de la exposición ‘Cuerpos que huyen. Paisajes de la barbarie’, de Isabel Oliver, por cortesía de Fundación Chirivella Soriano y Consorci de Museus. Foto: Juan R Peiró.

Lógico, en este sentido, que la artista afirmara haberse preocupado “por las barbaries contra la mujer y ahora también por estas guerras absurdas”. Y es que el absurdo forma parte del propio trabajo del artista, que se mueve siempre en los límites del desajuste que propicia una sociedad que no termina de entender.

De hecho, Oliver, al igual que la comisaria, insistían en el absurdo bélico y en su incomprensión, después de todo, como el motor que impulsa a la creación, ya sea desde el punto de vista de la investigación o de la propia actividad pictórica. O, dicho de otra forma: a mayor incomprensión, mayor es la necesidad del artista de arrojarse en brazos de la pintura, con el fin de hallar en el acto creativo el sentido que no se encuentra en lo real de la existencia.

‘Cuerpos que huyen. Paisajes de barbarie’ supone un recorrido por la obra de Isabel Oliver ligando dos ámbitos de incomprensión: el relacionado con el cuerpo femenino y el correspondiente a la guerra. Ámbitos donde emerge aquello que, escapando a la comprensión que ofrece el discurso ideológico, nos confrontan con lo real de lo que se resiste al pronto entendimiento. Ámbitos que Oliver muestra mediante una pintura matérica que habla por sí sola.

Isabel Oliver
Isabel Oliver en el marco de su exposición ‘Cuerpos que huyen. Paisajes de la barbarie’, en Fundación Chirivella Soriano. Foto: Juan R Peiró.