Doncellas. Festival de Jerez

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30 Festival de Jerez
Hasta el 7 de marzo de 2026

Con tres décadas de andadura recién cumplidas, el Festival de Jerez es una de las citas ineludibles para la danza flamenca. La ciudad del vino es durante el mes de febrero y principios de marzo lugar de peregrinación para aficionados de todo el mundo, que, además de disfrutar de la amplia oferta formativa y los espectáculos del programa, se zambullen en la atmósfera única que se genera estos días en calles, plazas y tabancos.

En esta pieza espigamos algunas de las citas que han dejado mejor regusto en el paladar del respetable, y que seguirán su camino esta temporada por los escenarios de todo el mundo.

Quizá el estreno más esperado era el Estévez y Paños con ‘Doncellas [juerga permanente]’, una fantasía coreógrafica y escénica para mayor gloria del padre de la guitarra moderna, Ramón Montoya. El título parte de un poema de García Lorca, incluido en su ‘Poema del cante jondo’, donde las “seis doncellas” son las cuerdas de la guitarra.

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“Hay que divertirse. El mundo está muy mal”, comenta Rafael Estévez para explicar el subtítulo ‘Juerga permanente’, quien no obstante destaca que la preparación de este montaje “ha sido un proceso enriquecedor”, en el que baile flamenco “es el lenguaje principal”, pero sin descartar otros estilos como la danza española, contemporánea o el folklore. “Somos una compañía de danza. Nunca nos han gustado las etiquetas”, agrega Valeriano Paños.

Tampoco se ciñe a un solo estilo el bailarín Sergio Bernal en ‘Rodin’, un trabajo inspirado en la figura y la obra del inmortal escultor francés, lleno de clasicismo y delicadeza. El madrileño describe la propuesta como “un espectáculo narrativo” en el que se hace acompañar de la bailarina Ana Badía para recrear tres obras de Rodin con un fondo musical muy variado, que va de Rachmaninov a Jordi Saval, Roque Baños, Maurice Ravel y Max Richter, además de la guitarra de Daniel Jurado. Al final, encarna a la vez al escultor y a sus criaturas, ya que, según afirma, “los bailarines, en cierto modo, esculpimos nuestros cuerpos”.

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Por su parte, la tarraconense Belén López ha estrenado en el marco del Festival de Jerez una nueva obra, ‘Latidos’, en la que pelea con sus demonios interiores –el terror al fracaso, la presión por superarse, el bloqueo creativo– encarnados en tres bailaores llenos de técnica y energía, como son Dani Caballero, Nerea Carrasco y Rapico. En su búsqueda de la calma y la luz, esta creadora que ha sido premio Desplante en La Unión y premio Mario Maya, entre otros reconocimientos, trata de “dar esperanza a todas esas personas sensibles que tienen frustraciones y miedos”.

La jerezana Salomé Ramírez ha querido definir su nuevo espectáculo a la manera flaubertiana: “’Palo cortao’ soy yo”. La bailaora, que también conquistó el prestigioso Premio Desplante de la última edición del Festival Internacional de Cante de Las Minas de La Unión, brilló también en la gala conmemorativa del 30 aniversario del festival, pero también tuvo ocasión de ser protagonista absoluta de ese espectáculo que toma su nombre de un célebre vino de la comarca.

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Esa metáfora inspira este montaje en el que “la vida y el arte se entienden como un viaje de reinvención”, y donde la artista, que cuenta con el cante temperamental y el baile virtuoso de Miguel Ángel Heredia como invitado especial, explora su propia memoria para demostrar que posee un lugar por méritos propios en el panorama del baile flamenco actual.

Por último, la gaditana María Moreno llegaba al Teatro Villamarta con un espectáculo tan bien rodado como ‘Magnificat’, donde lo sagrado y lo profano se abrazan para convertirse en celebración de la vida. La bailaora parte del mito de la Visitación, el encuentro bíblico entre la Virgen María e Isabel, ambas primas y embarazadas, para dar forma a una propuesta en la que hace brillar su baile en solitario arropada por los desbordantes talentos de Roberto Jaén, a las palmas y la percusión, Miguel Lavi, al cante, Raúl Cantizano, a la guitarra, y la actriz y performer Rosa Romero.

Moreno ha trabajado “no por palos, sino por números” para imaginar a María e Isabel “como si hubieran sido flamencas” y transmitir el gozo que se experimenta en una fiesta.