Rafael Canogar. Huellas. Espacio de Cultura Contemporánea de Cádiz (ECCO)

#MAKMAArte
‘Huellas’, de Rafael Canogar
Organiza: Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz con el patrocinio de Fundación Unicaja
Espacio de Cultura Contemporánea de Cádiz (ECCO)
Paseo de Carlos III 5, Cádiz
Hasta el 28 de junio de 2026

El Espacio de Cultura Contemporánea de Cádiz (ECCO) acoge hasta el próximo 28 de junio la exposición ‘Huellas’, de Rafael Canogar, organizada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento gaditano y patrocinada por Fundación Unicaja. La muestra, que realiza una introspección centrada en la sacra conversación entre la luz, el color y la materia, está compuesta por una treintena de obras, una de las cuales, el políptico ‘Tapial’, de dimensiones extraordinarias, sale por primera vez del estudio del pintor.

Rafael Canogar (Toledo, 1935), es uno de los más importantes representantes del arte abstracto español. Discípulo del onubense Daniel Vázquez Díaz (1948-1953), en sus primeras obras encontró la manera de alcanzar las vanguardias y, muy pronto, estudiar profundamente la abstracción.

Canogar usó inicialmente una técnica escultopictórica: con sus manos arañaba o exprimía la pasta que hacía vibrar sobre fondos de colores planos. Era una pintura en la que el gesto inicial sale directamente del corazón. En este punto, el creador toledano encarnó lo mejor de la pintura matérica. En 1957, fundó con otros artistas el grupo El Paso.

“La unidad de esta exposición reside, sobre todo, el amor a la pintura”, explica Canogar. “Yo, desde los años 50, fui un artista de vanguardia. Me interesó muchísimo esa expresión de libertad que permitía esa pintura tan nueva, que rompía todos los conceptos estéticos anteriores. Esa libertad dio también cauce a mis preocupaciones sociopolíticas, a ese deseo de aportar una identidad en la sociedad, no solo en mi obra”.

“Esto duró hasta el 75 –rememora Canogar–, cuando quise hacer una pintura más de denuncia, más política, más cercana al espectador: un encuentro para meditar sobre temas preocupantes en una dictadura como la que he vivido durante la mitad de mi vida”.

“Dejé esa etapa en el 75 para volver de nuevo a la pintura, a la abstracción, pero siempre con ese deseo de cambio y ese amor por la pintura”, prosigue el artista. “Como castellano, siempre he querido mi paisaje: esa tierra elevada que veía cuando viajaba de Madrid a Toledo; esas tierras trabajadas que siempre me interesaron mucho. La impronta del hombre sobre la materia, sobre la tierra, es una metáfora muy importante. Eso es lo que he querido hacer con esta obra, y creo que está presente aquí. Sobre todo, quiero comunicarme a través de la belleza que produce la materia y su manejo para crear formas inéditas”.

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Gran parte de las obras de esta exposición en Cádiz tienen como soporte el metacrilato. El aporte de los nuevos materiales es algo consustancial en la obra de Canogar. Ya en los años 70 experimentó con resinas en esas esculturas que se integraban o, más bien, emergían de sus pinturas. En esta nueva etapa abstracta, probó también con la pintura sobre dibond, pero pronto descubrió el juego artístico del metacrilato, que el aluminio no puede ofrecer.

Canogar convierte la transparencia en materia misma del cuadro. Por otra parte, las ‘Huellas’ a las que alude el título poseen un sentido positivo, porque ahora se habla mucho de la huella negativa del ser humano sobre la tierra y el medioambiente. En este caso, se trata de la plástica y la estética de esa intervención.

“Creo que el ser humano siempre ha realizado objetos culturales”, asevera. “Es una forma de manifestar que somos sensibles e inteligentes, y que nos diferencia de otras especies desde los albores de los tiempos. El arte siempre será un signo importante de nuestra preocupación por algo más que lo material: indagar sobre nosotros mismos, crear belleza, generar formas de relación y comunicación. Para mí, es una forma de vida”.

¿Se puede considerar a sí mismo Canogar ya un clásico, después de tantos años y de una trayectoria tan dilatada? “Uno empieza a estar un poco en ese pabellón”, sonríe con timidez. “La historia del arte desde los años 50 ha tenido transformaciones inmensas; nunca antes había ocurrido algo así. También ha habido posiciones muy radicales, en parte por la presión del mercado, que llevaron a abandonar formas de hacer y quizá a caminos sin salida”.

“Creo que, a veces, hay que repensar la pintura”, concluye. “Queda poco nuevo por hacer, pero siempre quedará hacer una buena pintura, desarrollar un lenguaje propio, una interpretación personal de la realidad. Por eso he vuelto a recuperar el gesto, la materia y la expresión como forma de comunicarme”.