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‘Territorios en tránsito / Solo dúo’
‘Entre el faro y el abismo’
Mar Guerrero y Anna Talens
Comisaria: Alicia Ventura
Coproducida con Es Baluard Museu d’Art Contemporani de Palma
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Del 28 de febrero al 28 de junio de 2026
Alguien dijo que el mar nunca ha sido amigo del hombre, que, a lo sumo, ha resultado cómplice de su inquietud. He ahí el abismo, en tanto aquello que se resiste a nuestra comprensiva amistad de las cosas, y el faro, como luz que acude en nuestra ayuda cuando la oscuridad nos invade, propiciando la inquietud a que da lugar, precisamente, el carácter abisal, ignoto, de la inmensidad marina.
Faro y abismo que la comisaria Alicia Ventura utiliza como sustantivos de la exposición que relaciona los trabajos de Mar Guerrero y Anna Talens, ambas atraídas sobremanera por el Mediterráneo que une las costas de Valencia y Palma, explorando las profundidades de un mar que, como sentenció Borges, contiene un idioma antiguo difícil de descifrar.
Esa dificultad es la que encaran Guerrero y Talens en sus respectivos trabajos, puestos en común en la exposición que abre la propuesta ´Territorios en tránsito / Solo dúo’ que Blanca de la Torre, directora del IVAM, presentó como una forma de desplazarse por esos territorios no únicamente desde lo físico, “sino como un concepto expandido que articula el cuerpo, la memoria, los afectos”. En suma, una manera de “pensar cómo habitamos, recorremos, imaginamos y disputamos los lugares que ocupamos”.

Mar Guerrero y Anna Talens lo hacen cada una desde su singular punto de vista, aunque diríase que hermanadas por una misma inquietud: la de devolver a los objetos que pueblan el mar “una nueva vida”, porque hablamos de objetos “que no son inertes, sino contenedores de vidas humanas”, apuntó Talens, al tiempo que Guerrero dijo trabajar residuos como si fueran, efectivamente, “materiales que han acabado su vida” y que ella, cual ave fénix, se la devuelve.
Basta pasearse por ‘Entre el faro y el abismo’ para sentir esa dualidad entre la luz y la oscuridad reflejada en sus obras. Aunque convendría precisar que, más que “entre”, lo que hay es un esfuerzo por parte de ambas artistas de dar forma al abismo alumbrando un conjunto de piezas (instalaciones, telas, esculturas y serigrafías) fruto de una tenaz y sutil labor creativa.
O, dicho con otras palabras: el abismo deja de serlo, es decir, dejamos de abismarnos en él, precisamente porque hay artistas que, como Guerrero y Talens, se acercan a ese abismo, devolviéndonos el riesgo que ello supone transformado en una serie de obras en cuya belleza se inscribe, a un tiempo, cierta inquietud remota; aquello que el escritor Julio Cortázar denominó “la antigua fascinación que perdura siempre”.
La exposición, señaló Alicia Ventura, “se puede empezar por la luz o por la zona de oscuridad, de muerte, pero ambas confluyen”, porque, aun siendo “dos espacios enfrentados”, son espacios “contenedores de muchos recuerdos”. Recuerdos, por seguir a Eugenio Trías -quien a su vez alude a Freud–, bellos y siniestros; una belleza inquietante, por cuanto el abismo siempre está presente en las diversas piezas de diferentes formas y maneras.
Por poner un ejemplo palmario, estaría la obra de Anna Talens ‘Acariciar un campo peligroso’, campo de un azul que invita a sumergirse en él, si no fuera porque la mitad de dicha obra está plagada de cientos de agujas que, de lejos, parece una suave cortina gris metalizada, pero que, de cerca, conjuga la sutileza de un brillante acabado con su dolorosa variante táctil.
Lo mismo podría decirse de las criaturas que conforman la ‘Materia abisal’ de Mar Guerrero, donde lo orgánico y lo artificial se mezclan a modo de aliens submarinos, o ‘Donde nada lleva a nada’, video en el que cierto elemento extraño que flota en el agua “activa un juego de percepciones e incertidumbres a través de la luz y el color”, tal y como se recoge en el vinilo de sala.

Se habló, durante la presentación de la muestra, de la ambigüedad que recorre el conjunto: ambigüedad entre la ya citada relación de lo orgánico y lo artificial; de la luz y la oscuridad; del mismo faro y su correspondiente abismo. Ambigüedad que sin duda tiene que ver con la esencia misma del arte, del buen arte, a través del cual podemos confrontarnos con aquello que nos atemoriza: la constatación de sabernos habitados por una pulsión que, requiriendo ser frenada, atrae por la misma fuerza que nos liga a su naturaleza abisal.
De ahí que tanto Mar Guerrero como Anna Talens se esfuercen por ceñir esa potencia marina, mediante lo que Blanca de la Torre denominó “una especie de coreografía o de danza” entre elementos opuestos: el texto y lo real; esto es, el faro que arroja luz allí donde empieza, por seguir a Rilke, lo terrible que todavía podemos soportar.
Fue, en este sentido, muy oportuna la introducción que Talens hizo del horizonte en su obra, sintetizado en la línea: “Horizontalidad y verticalidad del tejido”, a modo de “urdimbre” o entrecruzamiento de líneas tan propia del bordado que forma parte de su biografía familiar. De hecho, ¿no es eso lo que hacemos al crear, elaborar una trama que permita contener el peligro que supone acceder a lo real del mundo, a su parte más ininteligible?
Por eso los objetos, que adquieren nueva vida en los trabajos de ambas artistas, remiten a un pasado anterior a la conciencia que tenemos de ellos y, por tanto, inconsciente, y con los que Mar Guerrero y Anna Talens se ponen a la escucha tratando de mostrar, a través de las huellas depositadas en ellos, ese pasado remoto vinculado con las fuerzas telúricas de la naturaleza. Fuerzas inquietantes que ellas trabajan, dejándose arrebatar por el misterioso legado que contienen.
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