«Vivimos en una nueva ola de oscurantismo religioso»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Jayro Bustamante: «Vivimos en una nueva ola de oscurantismo religioso»
‘Temblores’, de Jayro Bustamante
Con Juan Pablo Olyslager, Diane Bathem y Mauricio Armas, entre otros
107′, Coproducción Guatemala-Francia-Luxemburgo | arte France Cinéma, Iris Productions, La Casa de Producción, Tu Vas Voir Production, 2019
Distribuidora en España: Atera Films
Lunes 21 de septiembre de 2020

Con el fin de “orientar la interpretación y aplicación de la normas del Derecho Internacional de los Derechos Humanos”, la ciudad de Yogyakarta (Indonesia) concitó, en noviembre de 2006, a dieciséis expertos en derecho internacional con el objetivo de rubricar un documento que acogiese “una serie de principios relativos a la orientación sexual e identidad de género” –popularmente conocidos como ‘Principios de Yogyakarta’–, refrendando y protegiendo los derechos humanos de las personas LGTB.

Sin embargo, y aún cuando ulteriormente el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó, en 2011, una determinante resolución histórica que reconoce, igualmente, los derechos referidos, tan solo veintinueve países (principalmente occidentales) han implementados medidas legislativas que recojan y reconozcan tales principios, como el matrimonio entre personas del mismo sexo, verbigracia, la derogación de leyes discriminatorias o la prohibición, entre otras ignominiosas prácticas existentes, de las terapias reparadoras o de conversión –una serie de túrbidos tratamientos pseudocientíficos encaminados a cambiar la orientación sexual de las personas LGTBIQ+–.

Y a la lóbrega naturaleza de tales terapias desciende el cineasta guatemalteco Jayro Bustamante en ‘Temblores‘, largometraje que conforma una singularísima trilogía a través de la que radiografiar los hediondos sótanos, sociales y consuetudinarios, de su país, junto a ‘Ixcanul’ (2015) – que aborda la discriminación sufrida por las indígenas guatemaltecas– y ‘La llorona’ (2019) –relato cinematográfico focalizado en el genocidio guatemalteco de civiles mayas durante la Guerra Civil de Guatemala entre los años 60 y 90 del pasado siglo–.

‘Temblores’ –estrenado en salas comerciales el pasado 4 de septiembre, tras inaugurar el Festival de Cine LGTBI Centro Niemeyer a finales de junio en Filmin– evoluciona su diégesis a partir de la figura de Pablo (Juan Pablo Olyslager), un ejecutivo perteneciente a una acomodada familia evangélica que mantiene una relación amorosa con Francisco (Mauricio Armas). Un idilio secreto cuya revelación implosiona sísmicamente en el seno de su matrimonio y de su entorno laboral, siendo abjurado a un eventual ostracismo social tan solo restituible mediante la participación de Pablo en las «terapias de deshomosexualización» llevadas a cabo por la comunidad religiosa guatemalteca.

Un perturbador y prominente filme acerca del que deliberar en compañía de su director, Jayro Bustamante, en la siguente entrevista para MAKMA.

¿Cuáles son los orígenes de ‘Temblores’ como proyecto cinematográfico?

‘Temblores’ hace parte de un tríptico en el que quería hablar de los tres insultos que, desde mi punto de vista, amplían la brecha de la discriminación en Guatemala. ‘Hueco’ es el segundo insulto en la lista y es utilizado para agredir a los hombres gays. Este era el concepto, pero la historia no estaba definida.

Al finalizar la filmación de ‘Ixcanul’ conocí al primer ‘Pablo’ de los 22 que investigué. Cada uno de ellos compartió su vida conmigo para este proyecto. El primer ‘Pablo’ me contó la opresión que él había vivido; lo más importante es que los tratos más agresivos los había recibido de las personas que supuestamente debían amarlo y protegerlo, su familia y su iglesia. Otra de los factores que me intrigó es que había en él cierta tendencia a culpar a su mujer de lo que le pasó.

Cuando le hice ver que él se casó engañando a un ser humano, se molestó mucho conmigo. Después entendí que tanto la familia, la iglesia y los psicólogos, el primer consejo que le dan a un hombre que expresa su verdadera orientación sexual es: encuentra una mujer y cásate. La felicidad de la mujer importa poco frente a mantener las apariencias del hombre.

Así comencé a buscar a los otros ‘Pablos’, todos con las mismas características. Mi tesis era demostrar que el trato que sufren los gays en mi país está dictado más con la misoginia y el machismo que con la homofobia pura.

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Un instante de la terapia de conversión sufrida por Pablo (Juan Pablo Olyslager). Fotografía cortesía de Atera Films.

¿De qué modo se documentó para perfilar el personaje de Pablo y radiografiar la atmósfera de las denominadas “terapias de conversión LGTBI”?

Estos 22 ‘Pablos’ fueron claves para la documentación. Con ellos tuve también acceso a sus historias familiares, pude ir descubriendo cómo esas tribus funcionan, ya que una mancha en la reputación de uno de los integrantes puede manchar a los demás. Claro está, solo las manchas que hablan sobre el honor de las mujeres o la poca hombría de los varones interesan. Un hombre mujeriego no será castigado por su comportamiento, eso es considerado normal. Dios creó así al hombre, débil. Es responsabilidad de la mujer entenderlo y cuidarlo para que no cometa errores.

Las terapias son muy comunes y todas tienen dos movimientos: las que dicen que la homosexualidad es pecado y aberración y, por ende, ofende a Dios, y la segunda, que dice que es la cruz que Dios le da a algunos para demostrarle el amor que se le tiene no cayendo en la tentación. El mejor ejemplo de esto es el apóstol Pablo.

Yo mismo fui por un tiempo a una terapia, pero me descubrieron antes de entrar a la parte más sufrida. Lo que los ‘Pablos’ me contaron de sus terapias iba desde lo horroroso hasta lo gracioso; lo más difícil fue escoger las partes que no sonaran demasiado irreales o ridículas. Aún así, la gente sigue pagando para eso. Los precios son elevados y no conllevan solo eso, también se hacen muchas promesas de fe, que consisten en darle dinero a la Iglesia para que Dios le conceda favores.

El filme se edifica y evoluciona a partir de conceptos como ‘mentira’ y ‘redención’, ‘culpabilidad” y ‘manipulación’. ¿Es la semántica de estos términos una síntesis de la idiosincrasia guatemalteca frente a la homosexualidad?

Creo que es la semántica que expresan de manera generalizada las sociedades que viven con doble moral. Nosotros todavía vivimos en una nueva ola de oscurantismo religioso. El ejemplo claro de esto es que no se puede hablar de religión, ni de Iglesia, sin que la gente piense que se está hablando de su propia fe o, peor aún, de Dios.

Cualquier comentario que venga de una conciencia analítica o de un pensamiento crítico es considerado un insulto a nuestro Señor. A veces siento que el incumplimiento de las reglas de la Iglesia, que poco tienen que ver con los buenos actos, son más graves que los pecados en sí.

Pablo (Juan Pablo Olyslager) y Francisco (Mauricio Armas) en una secuencia de ‘Temblores’, de Jayro Bustamente. Fotografía cortesía de Atera Films

‘Temblores’ propicia, a la par, un retrato de los abismos que median entre las clases acomodadas y las populares. Sin embargo, los individuos que las conforman parecen compartir una actitud homófoba semejante. ¿Son la ignorancia y el odio los únicos factores que las igualan?

Existe en sociedades cerradas como la mía un alto grado de conservacionismo duro y puro. El progreso es considerado malo. A Sodoma y Gomorra les pasó lo que les pasó por seguir los pasos del progreso. En estas sociedades, el único progreso aceptado es el económico. Y las clases altas son quienes más defienden estos términos. Ellos también son los miembros de la Iglesia más preciados. Si una iglesia tiene un rico en sus filas, tendrá, por ende, un diezmo más interesante.

Como en estas sociedades la jerarquía es tan fuerte, la clase media casi inexistente copia lo que los ricos hacen. Las apariencias juegan, de nuevo, un rol importante; quieren parecer ricos e irán incluso a discriminar la pobreza para lograrlo, sin considerar sus intereses comunitarios, lucharán por intereses individuales. Esto también se replica en la clase pobre, casi el 80 %, que no tiene tiempo para otra cosa más que para sobrevivir y solo copiará los comportamientos dictados por los de arriba.

Estos comportamientos son generalizados en todos lo comportamientos, no solo en la homofobia.

¿Cómo ha reaccionado a su película la sociedad guatemalteca?

Generalmente, podría decir que no han defendido la película (y es lo que me esperaba). Voy a explicarlo mejor: los comentarios que he tenido sobre la película son positivos o más que positivos, sin embargo, estos comentarios vienen de una minoría del país, de aquellos que son sedientos y curiosos del arte y del pensamiento crítico.

La mayoría de las personas no la vieron e incitaron a los otros a no verla. Una excandidata a la vicepresidencia incluso hizo una campaña negra en contra del filme, diciendo que la comunidad europea me había pagado medio millón de euros para destruir a la familia guatemalteca e imponer una agenda LGBTIQ+.

Durante su exhibición en la Berlinale, ‘Temblores’ recibió inopinadas críticas de algunos sectores LGBTIQ+ europeos a causa del retrato de padecimiento sufrido por los personajes homosexuales del filme. ¿Predomina en el horizonte de lucha social de la comunidad LGTBIQ+ un discurso eurocéntrico y occidentalizante?

En general, me he dado cuenta que la comunidad LGBTIQ+ europea está en búsqueda de películas en donde se presentan a los personajes gays como héroes que triunfan frente a los obstáculos de la sociedad o que, simplemente, celebran un estilo de vida queer. Ese es un pensamiento válido, necesitamos ver miembros de la comunidad LGBTIQ+ triunfantes. Sin embargo, esas películas, en la mayor parte de los casos, vienen de ciudades en donde esa realidad existe.

En los países menos afortunados nuestras luchas siguen siendo por la libertad y no creo que sea sano abandonar esos discursos tan necesarios en búsqueda de una moda, de gustarle a un festival, a un crítico o a un activista que ya se cansó del sufrimiento. No se puede dictaminar cuáles son las historias que se deben contar sobre las problemáticas, todas continúan siendo válidas hasta que la problemática en sí no se haya resuelto.

Su incipiente filmografía se ha instituido en un manifiesto frente a la opresión y la desigualdad. ¿Es el cine el más influyente de los medios para propiciar una transformación de la sociedad, más allá de la denuncia?

No creo que el cine sea “el más…” en nada. En mi caso, es simplemente mi instrumento y quiero usarlo para intentar crear un impacto social. Creo que es difícil desde Europa entender una sociedad que se niega a ver o elimina la empatía por completo de su vida.

La crisis sanitaria por la COVID-19 afecta, gravemente, a Guatemala en estos momentos. ¿Teme que sus consecuencias políticas y económicas acentúen las problemáticas sociales que describe en su trilogía?

Sin lugar a dudas esta crisis está acentuando las diferencias entre los ciudadanos. Nosotros, todos los seres humanos, somos reyes del clasismo, así que una vez que los pobres sean más pobres sabremos cómo discriminar con mayor fuerza.

El cineasta Jayro Bustamante. Fotografía cortesía de Atera Films.

Jose Ramón Alarcón

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