Vito Russo y el activismo LGTBI tras Stonewall

‘Vito’, de Jeffrey Schwarz
93 minutos
Estados Unidos, 2011
Filmin

El próximo viernes 28 de junio la comunidad internacional LGTBI atesora una decisiva y relevantísima efeméride, en tanto que en el presente 2019 se conmemora el quincuagésimo aniversario de los ‘Disturbios de Stonewall’, manifestaciones inopinadas y enérgicas llevadas a cabo en protesta contra la redada que el Escuadrón de Moral Pública del Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York había procurado, durante aquella incipiente madrugada sabatina, en el eximio, desde entonces, Stonewall Inn, un popular bar ubicado en Christopher Street, del Greenwich Village, propiedad de los Genovese –una de las cinco familias mafiosas del crimen organizado neoyorkino–, frecuentado por transexuales, travestis y transgénero, quienes se negaron a entregar su documentación y someterse a los dictados de la brigada, lo que provocó una escalada de confrontaciones con los agentes de policía que acabaría concitando a cientos de gais, lesbianas y transexuales a las puertas del pub.

Fachada de Stonewall Inn y manifestantes del Gay Liberation Front en Nueva York.

Conducidos por un espontáneo fervor, durante la tarde-noche siguiente miles de personas se concentraron frente al local y ocuparon, a la par, las calles adyacentes, con la consecuente presencia de cientos de policías antidisturbios y el desarrollo de enfrentamientos y persecuciones. Un acontecimiento inédito y capital del que era testigo una de las figuras determinantes, a la postre, del movimiento de liberación LGTB norteamericano: Vito Russo (Nueva York, 1946-1990).

Vito Russo, “historiador de películas, crítico y defensor de los derechos de los homosexuales” –tal y como fue perfilado por The New York Times en su obituario del 9 de noviembre de 1990–, ha pasado a la posteridad internacional LGTBI gracias a su publicación ‘El Celuloide Oculto’ (‘The Celluloid Closet’, 1981), un proyecto literario-cinematográfico iniciado a comienzos de los años setenta por el autor –ampliado y revisado durante el resto de la década ulterior–, que analizaba la presencia y el tratamiento de los personajes LGTB en la historia del cine producido en Hollywood, con el que Vito se prodigó por todo el país impartiendo conferencias durante una década, granjeándose una insospechada y bienvenida popularidad, éxito de ventas incluido.

De este modo, en ‘The Celluloid Closet’ se refieren y analizan, verbigracia, títulos como ‘La novia de Frankenstein’ (James Whale, 1935), ‘Gilda’ (Charles Vidor, 1946), ‘Río Rojo’ (1948), ‘Los caballeros las prefieren rubias’ (Howard Hawks, 1953), ‘Johnny Guitar’ (Nicholas Ray, 1954), ‘Rebelde sin causa’ (Nicholas Ray, 1955), ‘La gata sobre el tejado de zinc’ (Richard Brooks, 1958), ‘Ben-Hur’ (William Wyler, 1959), ‘Espartaco’ (Stanley Kubrick, 1960), ‘Cowboy de medianoche’ (John Schlesinger, 1969), ‘Los chicos de la banda’ (William Friedkin, 1970), ‘Cabaret’ (Bob Fosse, 1972), ‘El expreso de medianoche’ (Alan Parker, 1978) ‘A la caza’ (William Friedkin,1980), entre otros y conspicuos filmes. Películas en su mayoría sometidas al denominado ‘Código Hays’ –redactado por William H. Hays, uno de los principales adalides del Partido Republicano durante los años treinta del pasado siglo–, implementado por la Motion Picture Association of America (MPAA) entre 1934 y 1967 y que, mediante su código de producción, reglaba qué tipo de contenidos podían verse en pantalla.

La actriz Bette Midler y Vito Russo en el Gay Pride de 1973, celebrado en el Washington Square Park de Nueva York. Fotografía cortesía de Filmin.

Cabe mencionar al respecto que, en 1995, el oscarizado cineasta y productor Rob P. Epstein –doblemente galardonado con la estatuilla al mejor largometraje documental por ‘Los tiempos de Harvey Milk’ (1984) y ‘Common Threads: Stories From The Quilt’ (1989)–, adaptó y dirigió, junto a Jeffrey Friedman, el documental homónimo ‘The Celluloid Closet’ –considerado por la crítica más laxo y con menor carga política que la obra de Russo–, ampliando la nómina de cintas incluidas por Vito, en tanto que producidas durante el lustro posterior a su fallecimiento: desde ‘El silencio de los corderos’ (Jonathan Demme, 1991) o ‘Las aventuras de Priscilla, reina del desierto’ (Stephan Elliott, 1994), por citar un par de célebres ejemplos, hasta ‘Sólo ellas… Los chicos a un lado’ (Herbert Ross, 1995), completando, así, un siglo de cine, cuya investigación incoaban, Vito y Epstein, con el brevísimo cortometraje de diecisiete segundos ‘The Dickson Experimental Sound Film’ (William Dickson, 1895).

Igualmente, en base a los criterios manejados en la publicación e inspirándose, a la par, en el Test de Bechdel –incluido por la ilustradora estadounidense Alison Bechdel en su cómic ‘Unas lesbianas de cuidado’ (1985), en el que se evalúan las producciones cinematográficas desde el punto de vista feminista–, la Alianza Gay Lésbica Contra la Difamación, o GLAAD (Gay and Lesbian Alliance Against Defamation) –de la que Vito fue uno de sus cofundadores, en 1985, siendo gestada “como reacción directa a la cobertura inexacta, difamatoria y sensacionalista de la epidemia del sida” publicada desde el New York Post–, postula con radical vigencia el Test de Vito (en honor a la figura que nos ocupa), formulado en base a tres puntos fundamentales para que la representación del colectivo LGTBI sea plausible (y cuyos resultados anuales suelen arrojar, según los análisis publicados, guarismos inferiores al 15% de filmes que superen el estudio) :

1) La película o la serie debe incluir, como mínimo, un personaje LGTBI.
2) Este personaje debe tener una importancia más allá de su identidad u orientación sexual, es decir, su diferenciación con los demás personajes no debe basarse en su pertenencia al colectivo LGTBI.
3) El personaje debe tener relevancia en la historia.

Sin embargo, más allá de la celebridad periférica proveniente del mencionado largometraje y del bautismo honorífico indicado, Vito Russo permanece, inexorablemente, en los sótanos de la memoria de la comunidad y del movimiento LGTBI norteamericano (no digamos ya por estos predios). Por ello uno celebra reencontrarse y rescatar del lacónico olvido a Vito Russo gracias al documental ‘Vito’, del director neoyorkino Jeffrey Schwarz, escasamente difundido desde su estreno en 2011 y que la plataforma de video bajo demanda Filmin atesora, como un aljófar, en su catálogo.

A través del testimonio de familiares, amigos, compañeros y camaradas coetáneos, ‘Vito’ reconstruye la deriva biográfica de Russo y cobra morfología extraordinaria mediante la inclusión de un valiosísimo material audiovisual –en algunos casos inédito– que revela los principales hitos de su activismo político LGTB desde principios de los setenta hasta su fallecimiento, a causa del sida, en otoño de 1990.

Miembro incipiente de la Alianza de Activistas Gay (Gay Activists Alliance, GAA); figura preeminente en la organización y parlamentos de los Gay Pride de la costa este norteamericana; productor, guionista y presentador, desde 1983, de la serie de programas para la comunidad gay ‘Our time’, emitido por la televisión pública WNYC-TV –cuyos trece episodios se encuentran íntegros y disponibles en Youtube–; luchador infatigable, a través de la Alianza Gay Lésbica Contra la Difamación, frente a los estigmas sociales provenientes de las consecuencias visibles e intangibles del VIH y del vergonzante inmovilismo al respecto de la administración Reagan, padeció la muerte de su última pareja a causa del sida–cuyo caso fue incluido en el documental ‘Common Threads: Stories From The Quilt’, dirigido en 1989 por Rop Epstein– y narró, infatigable y frente a las cámaras, la deriva de su propia enfermedad, sin un ápice de dubitación y sustentado por el aplomo de una existencia ética y políticamente intachable.

Vito Russo en pleno discurso, a mediados de los ochenta, contra la administración Reagan por su inacción y negación de la pandemia del sida. Fotografía cortesía de Filmin.

Jose Ramón Alarcón

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