Un mundo frágil y maravilloso

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‘Un mundo frágil y maravilloso’, de Cyril Aris
Reparto: Mounia Akl, Hassan Akil, Julia Kassa y Camille Salameh
Música: Anthony Sahyoun
Fotografía: Joe Saade
110′, Líbano, 2025

El paso del tiempo –la relación con el pasado, propio o histórico– parece ser uno de los temas preferidos de, al menos, una parte del cine contemporáneo. Una mirada hacia atrás para tratar de entender el presente, lo que somos, lo que fuimos; o lo que somos por culpa de lo que fuimos.

El pasado es el tema central de títulos recientes como ‘Valor sentimental’, de Joaquim Trier, o ‘El sonido de la caída’, de Mascha Schilinski. También el cine español ha dedicado parte de su producción a mirar a ese pasado y su influencia en el devenir de la historia de nuestro país y, sobre todo, de ese relato de lo pequeño, de lo íntimo, de la historia de todos nosotros. Recordemos, por ejemplo, la no tan lejana ‘8’, del director vasco Julio Medem, cinta con la que el debut en el formato largo del libanés Cyril Aris tiene bastante que ver.

Cuenta ‘Un mundo frágil y maravilloso’ la historia de Nino y Yasmina, un hombre y una mujer unidos por una particular coincidencia. Ambos nacieron el mismo día, prácticamente a la misma hora y en la misma ciudad: Beirut. Pasado el tiempo, un día, Nino, cocinero de profesión, estrella su coche accidentalmente contra el escaparate de un negocio. Dispuesto a resarcir a los propietarios por los daños cometidos, Nino decide invitarlos a una cena en su restaurante.

Es entonces cuando descubre que la hija de la dueña del negocio es Yasmina, una mujer de la que se enamoró en su niñez y de la que ha estado separado durante muchos años. Reencontrados el uno con el otro, la pareja inicia una nueva relación, pero es obvio que ya no son aquellos niños que fueron en su momento.

Un mundo frágil y maravillos. Cyril Aris

Pasado el tiempo, ni siquiera tienen ya las mismas aspiraciones. Ella, directiva de una empresa multinacional, aspira a construir una vida en el extranjero. Él se aferra a su apego por su ciudad. De fondo encontramos, además, un país desgarrado por una guerra que no parece tener fin.

Entre lo más interesante que podemos encontrar en esta película se encuentra la intención de Cyril Aris de realizar un filme con una fuerte vocación vitalista. Frente a otras propuestas de corte realista o dramático, Aris sostiene un mensaje muy claro: como dice el título, el mundo puede ser un lugar muy frágil, pero, sobre todo, es un lugar maravilloso. Y a esa idea o impresión dirige el director todos sus esfuerzos.

Un mundo frágil y maravilloso
Fotograma de ‘Un mundo frágil y maravilloso’, de Cyril Aris.

Entre los recursos que cuenta Aris para lograr su propósito se encuentra la construcción de personajes. Desde el primer momento, comprendemos que Nino y Yasmina son dos personas muy diferentes. Él es de naturaleza optimista. Ante cualquier problema, Nino no se dejará amilanar, anteponiendo su amor incondicional por todo lo que le rodea: su trabajo, sus amigos, su familia, la propia Yasmina…

Ella, en cambio, responde al estereotipo de la mujer cosmopolita contemporánea. Empleada de una empresa con sucursales en todo el mundo, Yasmina está radicalmente entregada a su trabajo. Una imagen transmite de manera diáfana esta doble impresión. Tras el accidente de coche, ya en el hospital donde serán atendidos, Nino trata de convencer a Yasmina para cenar en su restaurante, tratando de saldar así una deuda que no puede afrontar.

Ella, sin embargo, apenas le escucha, más pendiente de sus negocios y de la parte legal del asunto (¿tiene Nino un seguro con el que cubrir los destrozos que ha causado?). De aquí en adelante, reiniciada posteriormente la relación, la lucha de Nino consistirá en atraer a Yasmina a su universo.

Pues bien, es de esta tensión entre esos dos polos de donde surge lo más sugerente de esta película. Según avanza la cinta, iremos descubriendo que tanto a uno como a otro personaje les pesa la herida de una falta. En el caso de Nino, será la pérdida de sus padres a consecuencia de la guerra. En el de Yasmina, será también la ausencia de su padre, resultado de una separación.

Ante este vacío, Nino tratará de reponer los elementos que le faltan a través de su relación con Yasmina. A ella, sin embargo, parece que le atrae una irremediable pulsión a cometer los mismos errores que sus progenitores. Entre estas dos líneas de fuerza se debate su relación amorosa.

En el fondo, ninguno quiere separarse del otro, pero sus dos concepciones del mundo devienen en un fuerte obstáculo que no pueden sortear. Pero, como dijimos, Cyril Aris (como Nino) es un vitalista irredento y no dejará pasar la ocasión para que, en ese choque de trenes, surja un destello de luz.

Fotograma de ‘Un mundo frágil y maravilloso’, de Cyril Aris.

Aris rueda a sus personajes de manera frontal y sencilla, sin grandes alardes técnicos ni florituras narrativas. Confía en lo que cuenta y se limita a mostrarlo. Y es cierto que, por momentos, logra introducirnos en la intimidad de esta relación. Justo es, en este aspecto, reconocer el trabajo de Mounia Akl y Hassan Akil en su encarnación de Nino y Yasmina, quienes, con unos pocos elementos, logran de sus personajes una carnalidad y una humanidad que son lo mejor de esta propuesta. Sin embargo, hay otros elementos que Aris no ha conseguido hilvanar.

De un lado, como sucedía en ‘Hamnet’, de Chloé Zhao, Asir no se preocupa o no acaba de trazar bien los fundamentos de esta relación. Tras el accidente, Nino logra convencer a la madre de Yasmina de que acuda con su familia a cenar en su restaurante. La cena acaba, a causa de un torpe malentendido, en una batalla campal (bastante absurda, por cierto).

En medio del caos, ella se retira el pelo dejando entrever tres lunares de su cuello, una marca por la que él la reconoce como aquel amor de su infancia. A partir de aquí, el enamoramiento resulta casi inmediato. Asir nos quiere trasladar a una relación puramente pasional, pero la falta de sostén de esa pretendida pasión –si bien, como decimos, logra reflejarse en algún momento– sufre de algunas lagunas que arrastran su desarrollo.

Fotograma de ‘Un mundo frágil y maravilloso’, de Cyril Aris.

¿Por qué se enamoran? ¿Basta un mero recuerdo de infancia para establecer esa especie de hilo conductor que les perseguirá toda su vida? Aris no traza las líneas que unen una supuesta pasión que da por asumida, lo que resta peso, dinamismo y envergadura al relato.

Algo parecido sucede en el desarrollo posterior. En este sentido, el relato de Aris cae en flagrantes contradicciones. Todo será según la intención con la que miremos la pantalla. Para aquellos que conecten con ese optimismo de Nino, la historia quizá funcione al nivel que nos propone el director libanés.

Pero para aquellos que la miren con una mirada más pegada al suelo, las cosas quizá no estén tan claras. Para estos, ese optimismo de Nino se tuerza, probablemente, hacia una empalagosa ingenuidad que acabe por agotar el relato. En ese sentido, uno siente que ese carácter tan cándido sería apreciable en uno de esos cuentos ilustrados para niños. No queremos ponernos escrupulosos. Al fin y al cabo, si se hace bien, la mezcla de géneros puede devenir en una estrategia dramática muy efectiva.

Pero el caso es que estamos ante una cinta que, formalmente, salvo por algunos aspectos que comentaremos, se ciñe a un tono realista, lo que nos fuerza a otras digresiones. En ese sentido, cuando surgen los problemas, la solución de Nino parece, más que optimista, una reacción infantil, lo que inclina nuestra atención hacia el lado de Yasmina, opacando parte de esa luz que Aris trata de insuflar a su obra.

Y lo mismo sucede con la relación con el resto de personajes secundarios. Elaboradas sus psicologías con algo menos de cuidado que los personajes principales, se mueven por el relato como meros estereotipos, dando lugar a situaciones y giros de guion muy poco elaborados. Esta relación, mal atendida por Aris, coautor del libreto de la película, pesa sobre un conjunto que queda finalmente muy desequilibrado.

Fotograma de ‘Un mundo frágil y maravilloso’, de Cyril Aris.

Esta falta de conexión entre el relato principal y algunos elementos de la historia afecta a otros aspectos de la propuesta, como es la relación con el pasado y, sobre todo, con esa ciudad de Beirut que la película quiere retratar.

Algo parecido sucedía en ‘8’. Si bien en la película del director vasco la circunstancia de que sus dos personajes nacieran el mismo día y, sobre todo, en bandos contrarios de la República aportaba un elemento simbólico al conflicto, en la cinta de Aris este hecho no parece condicionar de ninguna manera su relación futura, más allá de una mera coincidencia que va a marcar su edad, pero sin consecuencias dramáticas.

Esa mirada al pasado de los personajes, trascendiendo el mero juego generacional, no parece sustentar una relación cuyo tejido, dijimos, no acaba de sustentarse. Más allá de una curiosidad, ¿era necesario?

Y, como paisaje de fondo, una ciudad de Beirut acosada por las bombas del enemigo (Israel); un drama que marca de manera indirecta a los personajes, pero cuya presencia se siente algo difusa. Frente a este conflicto irresoluble, se plantean dos soluciones.

En el caso de Yasmina, aparece el deseo o necesidad de abandonar del país. Para Nino, en cambio, esa decisión supone dejar lo que más ama: su casa, un paisaje, unas raíces, una identidad. Pero, aunque el planteamiento de Asir parece decantarse hacia uno de los lados en pugna (no diremos cual), su solución aparece dramáticamente poco creíble, algo idealizada.

Y es quizá en este punto cuando tropezamos con el mayor escollo al que nos enfrenta esta película. Abrumado por las bombas y la propia descomposición de su familia, un Nino todavía niño se encomienda al consejo de su abuelo, que le propone que, para apartar el dolor, construya un refugio interior, una imagen dentro de su cabeza: la imagen de una isla.

De este modo, Nino siempre contará con un lugar seguro desde el que combatir las pesadumbres de la vida. Cyril Aris juega con esa imagen a lo largo de la película en un sentido poético y metafórico. Y, como dijimos más arriba, quizá haya quien encuentre en esa imagen su propio escondite existencial.

Otros tal vez lo entiendan como una manera de huir de la realidad, de las angustias de la vida. Aris juega con este elemento fantástico para reforzar esa mirada vitalista que parece defender, pero el desarrollo de su propuesta deja esa imagen y a su personaje en un limbo.

Una película, por momentos, cálida y amable, a ratos fría y distante, fruto de un guion que contiene una idea principal muy apreciable (que no original), pero que se pierde en un desarrollo que olvida que el todo es la suma de unas partes que deben estar muy bien atadas.