Todo a la vez en todas partes

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‘Todo a la vez en todas partes’, de Dan Kwan y Daniel Scheinert
Con Michelle Yeoh, Ke Huy Quan y Jamie Lee Curtis, entre otros
139′, Estados Unidos | A24, AGBO, Hotdog Hands, Ley Line Entertainment, Year of The Rat y IAC Films, 2023
7 Premios Óscar, incluyendo mejor película y dirección
Cines Lys
Paseo de Russafa 3, València

Todo a la vez en todas partes‘ desconcierta. Y no por sus dedos salchicha, piedras con ojos, mapaches y multiversos. La sensación de desbarajuste nace de su guion repleto de sensiblerías baratas en una historia no mal contada que acierta y engancha por momentos. Frases escuchadas hasta el hastío, sin profundidad, sin sentimiento real. Un proyecto con un envoltorio atractivo e interesante, pero relleno de tópicos y simpleza, pese a su aparente complejidad. Un pantalón de Adidas con cuatro rayas.

Dan Kwan y Daniel Scheinert (‘Swiss Army Man’) arriesgan con un filme de ciencia ficción sin límites –con mucho humor y acción estrambótica–, cimentado en dramas familiares con un foco permanente en la redención y las segundas oportunidades, propias y ajenas. La imaginación de sus directores y el tono jovial, fresco y fulgurante, del largometraje acercan la historia, pero acto seguido se origina una conexión intermitente que acaba sacándote del filme. Sugerente y con buenas ideas, se echa la zancadilla a sí misma con sus melodramas sencillos y autocomplacientes propios de sobremesa televisiva.

Evelyn (Michelle Yeoh) es una inmigrante china en Estados Unidos que vive con desidia y sin motivaciones mientras lidia con un marido (Ke Huy Quan), con el que no conecta, y con una hija (Stephanie Hsu) que la repudia. Una brecha en el universo arrastra a Evelyn a una aventura interdimensional con infinidad de realidades donde todo está en peligro. Ella es la única que puede salvar el mundo, pero primero ha de aprender sus nuevos poderes y arreglar su familia.

El pasado domingo 12 de marzo, la creación de los Daniels arrasó en la ceremonia de los Óscar. Diversas coronas son de fácil discusión, con amparo a las discordancias. Ahora, que esta película sea alabada por su guion es un atropello para el cine, sus profesionales y sus aficionados. Blando, redundante y simple dentro de un filme que quiere abarcar la totalidad –y la complejidad– de todos los universos posibles. ‘Almas en pena en Inisherin’, ‘Los Fabelman’ o la mismísima –y olvidada– ‘Babylon’ han sido apartados con desdén en una gala que cada año gana más en show y polémicas y pierde en cine.

Diálogos sacados de tazas de Mr. Wonderfull y frases en sobres de azúcar intentan esclarecer una trama y unos arcos de personajes que podrían embelesar, pero el tono infantilizado utilizado hace sentir al público como si se hallara en una clase de segundo de primaria. “Miraaaaad, chicos y chicas, ahora, como quiero mucho a mi hija, la voy a ayudar, ¿vale? Porque la quiero hasta la Luna… ida y vuelta. Jose, atiende, que luego llega el examen y me vienes con lloros”.

Ilusionante a momentos, el largometraje mantiene un tira y afloja constante con el público que irrita, pero que no se puede dejar de ver hasta la aparición de los créditos. Se frunce el ceño, sin embargo, por el trayecto surgen elementos novedosos y estupendos que revitalizan el visionado y que evitan salir de la sala, aunque se quiera. Una relación tóxica de adolescentes.

La idea de los multiversos es ambiciosa y su pozo rebosa de agua infinita que propicia tazas interesantes, divertidas e incluso terroríficas. No existen límites de creatividad y la más excéntrica de las ideas es coherente y entra de forma suave en la película. Meñiques con fuerza sobrehumana, juguetes eróticos, galletas de Kung Fu o cambios de vestuario y de escenario constantes son bienvenidos y aceptados con regocijo.

‘Todo a la vez en todas partes’ se sostiene gracias a su frenetismo y a sus luces estroboscópicas que intentan impedir la imagen débil y simple que se encuentra detrás. Con rabia se visualiza un elemento con posibilidades y potencial, pero a medio gas permanentemente. No hay universos lo suficientemente grandes ni premios inmerecidos que oculten las flaquezas de esta obra.