Viggo Mortensen: «Me pongo en el lugar del espectador»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Viggo Mortensen
‘Falling’, de Viggo Mortensen
Con Viggo Mortensen, Lance Henriksen, Laura Linney y David Cronenberg, entre otros
112′, Canadá-Reino Unido | Perceval Pictures, Baral Waley Productions, Scythia Films, Zephyr Films, Achille Productions, Ingenious Media, 2020. Distribuida por Caramel
Sábado 17 de octubre de 2020

“Rafael Maluenda… Eres el del Berlanga Film Museum, ¿verdad?”.

Viggo Mortensen abre de este modo nuestra conversación, y me sorprende y me agrada el detalle. Ya de por sí habla de la personalidad y de la elegancia del célebre actor –deberíamos decir artista, pienso, ampliando hacia las demás inquietudes de Mortensen, que abarcan los territorios de varias artes–.

“Cuando dicen que en situaciones de Gobiernos dictatoriales no se puede hacer arte, pongo el ejemplo de Berlanga. No es verdad que sólo se puedan hacer las películas que quieren los dictadores, y Berlanga lo demostró: fue listo y supo burlar la censura franquista. Berlanga no pensó igual que otros cineastas, afortunadamente”.

Queda para otro momento la conversación sobre Berlanga, para centrarnos en la ocasión que nos reúne: Viggo Mortensen está en València, en los céntricos Cines Lys –donde acudo por cordial invitación de su director de programación y servicios generales, Silvino Puig–; llega con la promoción de su primera película como guionista y director, ‘Falling’ –que en España distribuye Caramel–, y de la cual compone también la música; su actitud sencilla aumenta el entusiasmo del público que, respetando la seguridad de las medidas anticovid adoptadas por los responsables de los Lys, llena hasta donde resulta posible dos de las salas más amplias de los cines. En ambas presenta Mortensen su película.

El público le escucha en atento silencio y con una sonrisa permanente en los rostros, fascinado con la posibilidad de admirar tan de cerca a una de las estrellas más populares del cine que, con generalizada amplitud –y quizá, también, con generalizado reduccionismo–, se percibe como “cine americano”. Es verdad que, en los comentarios que cruzan entre sí los espectadores, predomina la mención a Aragorn, el personaje de Mortensen en ‘The Lord of the Rings’ (‘El Señor de los Anillos’, 2002); igualmente, casi de seguido, surge el nombre de Alatriste, el personaje de Pérez-Reverte al que diera vida el actor en la película homónima, dirigida por Agustín Díaz Yanes. Y también, en menor grado, se habla de la reciente ‘Green Book’, ganadora del Oscar en la edición de 2019, por la que Mortensen logró su tercera nominación al premio.

Tras sus palabras para presentar ‘Falling‘, percibe uno que ahora, además de a la estrella, admiran también los espectadores al ser humano. Mortensen resulta de una elegancia exquisita en su modo de abordar los problemas que dejaron en el camino precedentes proyectos como director, e incluso bromea con las circunstancias que le llevan a asumir uno de los papeles protagonistas de ‘Falling’. Creo que nos encontramos ante un actor consciente su responsabilidad como estrella, responsabilidad que gestiona con sencillez.

En efecto, el relato de las dificultades que hubo de superar para poner en marcha el proyecto de ‘Falling’ le muestra humano, le iguala con los presentes en la sala, cualquiera que sea la idea que de una estrella tenga cada uno de los espectadores. Mortensen comparte con el público que han pasado veinticinco años desde que decidió dirigir cine hasta que ha logrado poner en pie esta historia sobre la incomunicación, en la que Willis, un anciano déspota que pierde sus facultades mentales, se ve forzado a compartir tiempo con John, un hijo del que tiene una pobre opinión y al que reprocha constantemente su homosexualidad.

El propio Mortensen interpreta a John; confiesa que no tenía intención de actuar en su primera película como director, pero decidió asumir el papel con vistas a lograr la financiación de la película, consciente del tirón comercial de su nombre. Se deshace en elogios hacia Lance Henriksen, a quien admira como actor desde hace años, y que con el papel de Willis encuentra la ocasión de componer un personaje a la altura de su enorme talento.

Se despide con un “¡Amunt Valencia!, acogido con entusiasmo por los espectadores, que ya quedan con ‘Falling’, dispuestos a compartir en la oscuridad el relato que les brinda Viggo Mortensen.

También yo dejo la sala, si bien poniéndome mentalmente en el lugar de los espectadores, preguntándome por su reacción ante el plano que abre la película –que yo he visto ya, varios días antes. Un plano realmente prometedor, que me estimulaba a querer avanzar en el desarrollo de la película–, por cierto, con la dirección de fotografía del danés Marcel Zyskind, cuya carrera está asociada casi por entero a la del cineasta británico Michael Winterbottom. De este plano inicial hablo a Mortensen en nuestra conversación…

Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafa Maluenda (RM): Abres ‘Falling’ con un plano de gran fuerza visual, en el que un rostro de mujer joven emerge en la parte inferior derecha del encuadre, que se muestra oscuro; percibimos que no estamos viendo a la mujer, sino su reflejo. Y su nombre se oye en una voz masculina: “Gwen… Gwen…”. Y entra, ocupando el lado izquierdo, el hombre; en pie, al otro lado del cristal que refleja a la mujer, y mucho más corpóreo que la etérea imagen de Gwen. Diríamos que este plano, con su potente capacidad de sugerencia, encierra en sí mismo, de algún modo, las claves de la historia que nos vas a contar…

Mortensen escucha con atención, y sigo.

(RM): Hay a continuación una sucesión de planos que llevan hasta los créditos, con las letras de ‘Falling’ cayendo lentamente; y el plano que les sucede es el de un avión que, por contra, inicia su ascenso, si bien en espacio que, de nuevo, está dominado por la penumbra. Existe en toda esta sucesión una musicalidad, una cadencia casi poética, y pienso si tus facetas como compositor y como poeta –que no creo disociables– se traslucen al concebir el montaje de las secuencias…

Viggo Mortensen (VM): Me llama la atención esto que dices, porque está ahí, pero nadie me lo ha mencionado antes. Llevo haciendo entrevistas con ‘Falling’ desde el Festival de Sundance (enero de 2020), y es la primera vez que alguien me dice que lo ha percibido.

Y, sí, es algo que para mí es importante, y que tiene que ver con el modo en que el montaje transmite la historia que cuento. La fase de montaje es decisiva, y quería para las imágenes esa musicalidad. No es que tuvieran que tener música, pero sí eran para mí como música. Tarkovski ha hablado de esto mucho mejor que yo: el plano tiene que tener un peso. Es una cuestión de ritmo.

A veces, en montaje, un plano te sorprende, te pide más; más tiempo del que habías imaginado. A veces es al revés. A veces, incluso después de que hayas montado toda la secuencia, sigues montando toda la película, y cuando vuelves a esa secuencia, cuando lo ves todo junto, te das cuenta: no…, ahí el ritmo está mal. Hay que aguantar el plano un poco más; o menos. Es como cuando hay alguien tocando una pieza musical, y hay una floritura del piano y te das cuenta de que es bonito, pero ves que con menos notas es bonito y tiene más resonancia.

Llevo pensando en todo esto desde que era muy joven. Mi madre me llevaba al cine cuando tenía tres, o cuatro años, y cuando salíamos siempre me hablaba de la historia; nunca en términos de interpretación o de la cámara. Y, desde el principio, a mí me interesaba qué se decía y qué no se decía en esa historia, lo que pasaba y qué espacio quedaba para rellenar huecos y elipsis en la narración. Me gustaba pensar e inventar cosas que encajaban. Y años después, madurando como persona, y también más tarde, como alguien que participa en contar historias cinematográficas, me pongo siempre en el lugar del espectador. Y pienso que los primeros diez –quizá quince– minutos son gratis para el director; es decir, que el espectador le perdona todo: “A ver, qué es esto; ¿me interesa, o no…? No sé todavía”.

En algunos casos tardas más en entrar, pero los primeros minutos son decisivos. No juzgo nada en ellos, como espectador estoy abierto a lo que pasa. Pero no quiero que me digan lo que tengo que entender, lo que tengo que sentir: quiero que, en virtud de lo que se está fotografiando, lo que oigo, lo que veo… que algo en todo ello me despierte las ganas de seguir viendo, escuchando… Y, si eso empieza a pasar, entonces estoy participando en la narración… Entonces, como espectador, estoy sintiendo el ritmo de lo que está pasando, como un músico que se suma a la orquesta.

“A ver, la relación Willis-Gwen, ¿qué está pasando ahí? Quizá al principio de la relación Willis era diferente… ¿Qué ha pasado aquí, en la escena del cumpleaños?” La reacción de Gwen en esta escena da la clave al espectador para que comprenda que lo que acaba de pasar no ocurre por primera vez. Como espectador, estoy rellenando la historia, aportando piezas al puzle. En el montaje, mi objetivo era respetar al… posible (ríe) espectador, y dejarle sitio para que participe, si quiere –nunca se sabe. Pero quería, sobre todo, complacerme a mí mismo como espectador (más risas, por parte de ambos).

Lance Henriksen y Viggo Mortensen durante el rodaje del filme. Fotografía cortesía de Caramel.

De verdad, es lo que hacía. Me gusta actuar en el tipo de películas que quisiera ver cuando voy al cine; lo mismo al dirigir: quería hacer ante todo una película que me gustara a mí. No creo que esto sea egoísta, pienso que es ser sincero como artista. Es importante ser sincero cuando cuentas tu historia: si tú no te mientes a ti mismo, puede que alguien se interese; y, si tienes mucha suerte, tu historia muy particular puede tener una aplicación universal.

Eso lo viví durante el rodaje: el equipo técnico y los actores venían cada día con historias de sus familias, contaban cosas que relacionaban con cuanto ocurre en nuestras escenas. A veces pensaba que sus historias no tenían mucho que ver con lo que estábamos haciendo, pero entendía emocionalmente por qué las relacionaban. En otras ocasiones sí: contaban casos muy parecidos, y les sorprendía que fueran tan parecidos con palabras que decíamos en la película, o con emociones que mostrábamos, que sentíamos todos…

Por ello fue un viaje especial este rodaje. Hicimos muy buen equipo, porque nos sentíamos más seguros como actores, nos sentíamos apoyados, implicaba un interés personal para nosotros; no era un trabajo más. Rodando algunas escenas… digamos que fuertes, miraba al equipo después de la toma y, ¡qué emoción!, algunos estaban llorando. Yo pensaba: qué bueno, lo que estamos haciendo tiene aplicación universal para estas personas, a las que ni siquiera conocía antes del rodaje.

(RM): Es decir, que ya antes de la película montada, durante el rodaje, se pudo palpar esa universalidad de la historia…, sin necesidad de llegar a la sala.

(VM): Sí, era la historia en crudo. Era antes del montaje –que, como sabes, es contar la historia de nuevo: la parte final de la escritura–. Pero la base estaba ahí: si no la estropeábamos (risas) en un momento dado, la gente iba a poder conectar personalmente. No siempre pasa durante el rodaje. Lo he experimentado después en los cines: en Sundance… y ahora también con público español, en Zaragoza, en Barcelona, en Madrid, y también hoy aquí, en València.

Hay gente que se relaciona personalmente con lo que ha visto, y en algunos casos van más allá de lo personal: lo relacionan con los conflictos sociales, con la polarización de la sociedad, de la comunidad… O sea, que parece que he conectado, y eso me gusta: es con lo que uno sueña, ¿no?

(RM): Hay algo que también funciona muy bien en el montaje. El personaje de Willis, por su enfermedad mental, conecta presente y pasado, los confunde, algo que muestras estableciendo continuidad entre tiempos distantes a través del raccord con su mirada. Es decir: Willis mira desde el presente, y el plano que le sigue por corte corresponde a un hecho, a un espacio, que vivió en el pasado. Con este borrado de cualquier delimitación entre presente y pasado ofreces al espectador un montaje alternativo, que es el montaje que hace el propio cerebro de Willis en su deterioro…

(VM): Sí, bueno, todos hemos visto varias películas que muestran inicios de demencia, o una demencia total… Están muy bien hechas, pero en general hemos visto la historia desde el punto de vista del que observa a la persona enferma. El punto de vista desde adentro de las personas enfermas es distinto. Están menos confundidas de lo que piensa el que mira. Están felices, creen en lo que ven y en lo que piensan: para ellos es el presente.

Quería hacer esto en particular con Willis; después hay otros imágenes y sonidos que son memorias más bien de John, y en casos breves de Sara –mi hermana en la ficción–, y después hay otras memorias compartidas, y un poco más objetivas –aunque en realidad nunca hay memorias objetivas, no existe la objetividad en la memoria. Pero en el caso de Willis lo hacemos específicamente con imagen y con sonido; a veces sólo con sonido: oye como que está en un bar en 1952, con los chicos mirando a las chicas y bebiendo los viernes por la noche… Eso sólo lo ve y lo oye él. O ve a su hija, y piensa que es su mujer, hace muchos años, en una situación íntima. Pero él no está confundido: está feliz con ese momento íntimo. Y quería retratar eso a base de imagen y sonido.

Visto desde el otro lado, desde quien observa al enfermo, es complicado. Cuando no tienes mucha experiencia, cometes errores, y le dices: “no, no, no, esa persona a la que quieres llamar ya murió”; o “no hay un alce en el comedor”. Si le corriges y le dices que alguien murió hace ya veinticinco años, para él muere de nuevo, y se siente triste; y, si es capaz de ello, se siente tonto. Entonces, ¿para qué ha servido la corrección? Te ha servido a ti, y a tu ego, y a tu necesidad de estar cómodo. Tú, no él. Pero es cuestión de aprendizaje, ¿no? De experiencia.

John no es un doctor, ni un experto en nada; hace lo que puede: algunas cosas muy bien, porque ha tenido experiencias con su padre. En otros momentos se equivoca y, obviamente, es imposible para él ver y escuchar las cosas que ve y escucha su padre, y todo esto es para él un misterio. No es en absoluto una película autobiográfica, es una ficción, pero me he basado en experiencias de mi propia vida.

Viggo Mortensen y David Cronenberg durante el rodaje de ‘Falling’. Fotografía cortesía de Caramel.

Mortensen sabe de lo que habla: cuidó de su madre cuando padeció los trastornos de la demencia senil. Ha dedicado ‘Falling’ a sus hermanos.

En determinado momento de la película, John lleva a Willis al proctólogo, quien le practica una exploración anal. Es posible que haya espectadores que encuentren en este médico algo extrañamente familiar; y es que lo interpreta nada menos que el cineasta David Cronenberg. Su trayectoria cinematográfica está cosida a la de Mortensen por ‘A History of Violence’ (‘Una historia de violencia’, 2005), ‘Eastern Promises’ (‘Promesas del Este’, 2007) y ‘A Dangerous Method’ (‘Un método peligroso’, 2011).

(RM): Me sorprendió encontrar a Cronenberg interpretando en la película un papel que, además, le es propio. Pienso que esta película podría haberla contado también Cronenberg, naturalmente de manera muy distinta, con otros códigos, porque la base de tu relato comparte aspectos con su universo.

(VM): Ah, sí, lo habría hecho muy diferente. Pero su presencia no es como un chiste; pensé sinceramente que lo haría bien. Le mandé el guion, diciéndole: “es un favor que te pido, te lo ofrezco si te interesa, y si no te interesa no pasa nada”. Por suerte le gustó el guión y quiso hacerlo, y no me sorprendió nada que lo hiciera perfectamente. Quien no lo conoce sólo pensará que funciona muy bien la escena: no dudará de que es un proctólogo, porque es una buena actuación.

Quien lo conoce y sabe quién es tiene otro lado al que le encuentra cierta gracia, o… jejeje, te hace reír, porque piensas: “¡Uy, Cronenberg: la última persona que quiero que me meta un dedo en el cuerpo! (carcajadas irrefrenables por mi parte). Este hombre con tantas obsesiones… Pero igual es que tengo mucho de su cine en el cerebro”. Ahora, después de ver la película terminada, funciona también como un guiño hacia él, un gesto hacia él, y de él hacia nuestra película.

‘Falling’ está ya en los cines españoles, y la conversación con Viggo Mortensen me invita a verla de nuevo. Nos queda pendiente, eso sí, un próximo encuentro para hablar de Berlanga, en vísperas de su centenario.

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen durante la presentación de ‘Falling’ en València. Fotografía cortesía de Cines Lys.

Rafael Maluenda

Desterrando prejuicios al oído con Prostíbulo Poético

#MAKMAEscena | Prostíbulo Poético
I Aniversario en València
La Fábrica de Hielo (viernes 2 de octubre)
Próximas actuaciones
Madrid | Sala X (20.10 y 21.10)
Barcelona | Tinta Roja (17.10 y 14.11)
València | La Fábrica de Hielo (04.10 y 05.02.21)
Sábado 10 de octubre de 2020

“Somos víctimas de una plaga inmunda llamada prejuicio social”. Así da comienzo al Prostíbulo Poético la Madame Taxi, en una sala cerrada dentro de La Fábrica de Hielo, recostada en su sillón y bañada por una luz roja que recrea esa imagen de burdel de principios del siglo XX.

Es su primer aniversario en València, pero Madame Taxi (Sonia Barba de puertas afuera) lleva doce años haciendo vibrar los submundos de la poesía en Barcelona y tres en Madrid. De esta manera, Sonia Barba ha conseguido conformar tres familias de artistas disidentes, desterrados por la sociedad y por esa plaga llamada prejuicio social, que se cobijan y encuentran su libertad en estos pequeños antros de luces rojas y música de piano.

Cada artista nos presenta una pequeña porción de su alter ego. Encontramos a Chhagir y su emocionante solo de viola, El Novio con una crítica social al son de un acordeón, La Anónima con su voz hipnótica, El Maldito con sus delirios existencialistas, La Valiente contándonos lo que nunca dijo y El Caballero Jack revelando los secretos que esconden los conventos. Seguidamente, tras esta enigmática presentación, es el turno del público. Habrán de mantener una conversación con la Madame (para la que no están preparados) y así conseguir un pase íntimo con el poeta que deseen.

Elenco de Prostíbulo Poético en Barcelona. Foto: Jordi Gatell.

Esta es la magia del Prostíbulo Poético. Es una pausa en nuestras vidas aceleradas para escuchar. Disfrutar de la intimidad con una persona anónima que te está ofreciendo su alma. Liberarse de prejuicios y de tabúes, identificarte con ese Novio que huyó de su boda, con esa Valiente que atravesó una casa en llamas o con ese Maldito que mató a Nietzsche.

Ha sido un año complicado para el Prostíbulo Poético, nos explica Sonia Barba, y para la cultura en general. Por eso tiene aún más mérito este primer aniversario. Durante el confinamiento hubieron de reinventarse y abrieron la ‘Hotline Poetry’, un servicio de poesía íntima por teléfono.

Otra de las novedades es el ciclo ‘Desenmascaradas’, una serie de encuentros virtuales a través de la plataforma Zoom que permite conocer a la persona detrás de su alter ego. Aun así, este cabaret poético no ha perdido su ambición por llenar salas. Aplicando las medidas higiénicas necesarias, el Prostíbulo Poético sigue ofreciendo sus encuentros en estos espacios que son pequeños oasis en la ciudad, reivindicando que la cultura es segura, y ahora es cuando más necesita de nuestra ayuda.

“Que estéis aquí pagando por poesía, eso sí que es revolucionario”. En su discurso, Madame Taxi incide en la potencialidad del arte y la cultura para cambiar el mundo. Pero sin un espectador que le acompañe, todo intento queda estancado. Aquel que va a consumir cultura es tan necesario como el que la produce, y también forma parte activa de esa revolución. El Prostíbulo Poético vive en parte por el empeño de Sonia Barba y de su elenco de artistas, pero, principalmente, porque sigue habiendo gente que apoya estas propuestas.

Esto que parece un burdel es, realmente, un espejo en el que se reflejan los mayores secretos de cada uno de sus visitantes. Es también un refugio para aquellos desertores de la sociedad que se camuflan detrás de un alter ego. Pero, sobre todo, es un espacio de lucha, de resistencia y de libertad. En frente del paseo marítimo, en una pequeña sala dentro de La Fábrica de Hielo, envuelta por una luz rojiza y música de piano, se está gestando una revolución liderada por poetas.

Prostíbulo Poético
Un instante de Prostíbulo Poético en La Fábrica de Hielo. Foto: Teresa Lluch Molina.

Elsa Moreno

Ada Diez ilustra el cartel del festival La Cabina

XIII La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de València
Presentación del cartel
Del 10 al 20 de noviembre
Jueves 8 de octubre de 2020

La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de València presentó ayer en La Mina el cartel para su decimotercera edición realizado por la ilustradora valenciana Ada Diez.

La autora del cartel no solo desveló la imagen de La Cabina, sino que habló sobre su camino hasta llegar a ella: “Cuando se me ofreció la posibilidad de ser la autora del cartel sentí una conexión inmediata con el encargo, ya que es un festival que he vivido como espectadora desde sus inicios, compartiendo su filosofía a la hora de querer mostrar la cultura y ponerla en el lugar que le corresponde. Además, apostando no solo por un formato poco habitual, sino por la destreza de los ilustradores como cartelistas”.

Ada Diez añadió, además, que para ella un cartel no solo debe llamar la atención, sino que “debe ser un reflejo de lo que se está viviendo socialmente y establecer conexiones entre el evento y quien participe de él”, porque “los carteles (y el cine) ilustran historias”. A este respecto, Diez confesó que, desde el principio, se sintió interesada en trabajar con la idea de “la ventana”, “la pantalla”, “el espacio” y en “cómo vemos y consumimos cine”, ya que, durante el confinamiento, “estos conceptos, junto al cómo se proyecta y el cómo se comunica, tomaron un mayor significado”.

La Cabina
Cartel de la XIII edición de La Cabina, creado por la ilustradora Ada Diez. Imagen cortesía del festival.

La ilustradora, que reivindica su apellido como Diez –y no Díez–, junto a la directora de La Cabina Sara Mansanet, desmenuzó los elementos que componen la imagen. Explicó que en el cartel rompe la cuarta pared para hacer cómplice al espectador (representado en la figura central), dándole importancia a las miradas que conducen la narración al fondo de la obra “basado en la gran variedad de mediometrajes clásicos y contemporáneos”. Y, como no podía faltar, “los pequeños detalles basados en el tiempo, que son un imprescindible de este festival”.

Con el cartel ya presentado ante público y medios de comunicación, el festival La Cabina calienta motores para una edición atípica por el momento que estamos viviendo, que se celebrará del 10 al 20 de noviembre, en el que el aforo se verá reducido, pero que no dejará de sorprender al público que durante estas 13 ediciones ha mostrado fidelidad y ha disfrutado del mejor cine internacional de 30 a 60 minutos.

La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de València está coorganizado por el Aula de Cine del Vicerrectorado de Cultura y Deporte de la Universitat de València y el Institut Valencià de Cultura, con la colaboración de Conselleria de Cultura a través de la Direcció General de Cultura i Patrimoni, Regidoria d’Acció Cultural de l’Ajuntament de València y Diputació de València y con el patrocinio oficial de Caixa Popular y Cerveza Turia.

MAKMA

#PantallaMAKMA | Alex Gambín

#PantallaMAKMA | Alex Gambín
‘El devenenir de las estructuras’
Premio Adquisición MAKMA Abierto València 2020
Tuesday to Friday
Denia 45, València
Hasta el 6 de noviembre
Miércoles 7 de octubre de 2020

El artista Alex Gambín exhibe en la galería Tuesday to Friday el proyecto ‘El devenir de las estructuras’ (Premio Adquisición MAKMA en Abierto València 2020), una reflexión en torno al logos de la construcción y de la destrucción y del fuego como fuente de ruina y renovación –a partir de los motivos estéticos y proposicionales del filme ‘La cinta blanca’ (2009), de Michael Hanke–, cuyo desarrollo técnico evoluciona a través del dibujo en grafito y la animación en stop motion.

MAKMA

La guitarra entre dos mares de Paco Soto en el Talía

#PantallaMAKMA | Paco Soto
Presentación de su nuevo disco ‘Dos mares’
Teatre Talía de València
Caballeros 31, València
Martes 6 de octubre a las 20:00

Paco Soto «es un reconocido artista que consigue tender puentes entre las tradiciones musicales árabe y occidental a través de su guitarra flamenca, muy ligada por otro lado a las influencias armónicas del jazz«.

Después de publicar su primer disco en febrero de 2017 «Vida», presenta en el Teatre Talía de València su nuevo trabajo discográfico ‘Dos mares‘, inspirado en su infancia en Tánger. «Un disco muy logrado donde el artista encuentra su voz, un disco muy flamenco y a la vez muy novedoso, lleno de referencias a la música árabe donde colaboran artistas de la talla de Duquende, David de Jacoba, Jorge Pardo, Javier Colina, Juan Antonio Salazar, Hesham Essam… y que lo consagran como uno de los nuevos exponentes de este arte».

Paco Soto
El guitarrista Paco Soto. Fotografía cortesía de Teatre Talía de València.

Sergio Moreno

Cultura als barris para la nueva normalidad cultural

‘Cultura als barris’
Diversos barrios de València
Del 25 de septiembre el 29 de noviembre
Jueves 24 de septiembre de 2020

La concejala de Patrimonio y Recursos Culturales, Glòria Tello, ha anunciado que el Ayuntamiento de València dará inicio el 25 de septiembre a las actividades de ‘Cultura als barris‘.

“Partiendo de la situación excepcional provocada por la COVID-19, el contexto actual en que se mueve la actividad cultural es inestable y muy frágil y desde la concejalía queremos que ‘Cultura als barris’ sea la reanudación de esa ‘nueva normalidad’ en el mundo de la cultura, visibilizando de nuevo en las calles y en las plazas de València que la actividad cultural está viva y quiere conectar de nuevo las personas y los espacios”, ha dicho la edila. La programación se extiende hasta el 29 de noviembre en 24 barrios de la ciudad con más de 120 actividades.

“Este año nuestras campañas culturales han sufrido también los vaivenes del confinamiento, de las limitaciones de actos con público, de la crisis sufrida por el sector después de los meses de inactividad; somos conscientes de la necesidad de impulsar con la acción municipal la confianza de las personas para volver a participar de actos culturales y estamos seguros de contar de nuevo con el apoyo de la ciudadanía a través de su asistencia a las actividades”, ha explicado Tello.

Así, se han contemplado todas las medidas de seguridad que se estipulan para la realización de actos al aire libre: distancia de seguridad entre el público asistente, mascarillas obligatorias y uso de gel desinfectante en el acceso al espacio de la actividad. Además, “la idiosincrasia de las campañas que se abordan favorecen la seguridad al realizarse los actos al aire libre”.

“Las más de 120 actividades culturales que conforman la programación de Cultura als Barris ayudarán a muchas empresas del sector cultural que se han visto amenazadas. La materialización de Cultura als barris ha sido un revulsivo para la contratación y dinamización del sector”, ha apuntado Tello.

‘Cultura als barris’ se realizará hasta el 29 de noviembre en 24 barrios de la ciudad de València, con más de 120 actividades culturales que conforman la programación cultural. Los barrios donde se desarrollará la iniciativa son: Nou Moles, Torrefiel, Cabanyal-Canyamelar, Creu Coberta, Campanar, Benicalap, Trinitat, Tendetes, Aiora, La Llum, Patraix, Malilla, Sant Marcel·lí, Natzaret, Orriols, Arrancapins, Vara de Quart-Tres Forques, Soternes, La Creu del Grau, Malva-rosa, Montolivete, Sant Pau, La Carrasca y La Raiosa.

La programación está prevista para desarrollarse en ocho barrios cada semana alternativamente, siempre en viernes, sábados y domingos. Esta organización permitirá que cada grupo de ocho barrios alterne programaciones culturales cada tres semanas para no saturar la programación de actividades en todos los barrios todas las semanas y permitir una alternancia que invite a la movilidad de público entre unos y otros barrios cercanos.

Se mantienen en la programación actuaciones de carácter escénico como teatro y danza, incorporando nombres del panorama actual contemporáneo, como Lola Moltó y Vicente Marco y Circorama Teatro, en teatro, y la Joven Cia Gerard Collins, Enanbar Danza, Takiri Artes y De unatacà, Cristina Cabo, Bárbara Rios y Irene Ballester, en danza, entre otros.

Además, se estrecha la colaboración con entidades organizadoras de festivales y circuitos escénicos en la ciudad de València, tales como Cabanyal Íntim, Circuito Bucles o 10 Sentidos, a fin de generar sinergias de colaboración y rentabilizar el trabajo de las entidades dinamizadoras de la cultura del ámbito asociativo y empresarial privado.

Grupos de circo y teatro infantil como La Finestra Nou Circ, Bambalina Teatre, Teatre de la Caixeta, Titola Teatre o Sala Negra Teatre se incorporan por primera vez a las programaciones de Cultura als barris y, junto a compañías como La Estrella, Cia. Títeres de Cuento, Cisco, Ameba Teatro y Gran Fele, Baraka Circo y Artea Espacio, entre otros, completan la oferta infantil para los más pequeños.

Respecto a la programación de contenidos musicales, cabe destacar la presencia de las bandas de música con 24 conciertos, gracias a la colaboración con la Coordinadora de Bandas de València, que aportan su papel como promotores de la cultura a través de la música.

En el ámbito musical, además de mantener la música clásica, se ha incrementado la presencia de otros contenidos musicales, buscando la inclusión de nuevas propuestas y profesionales (Coral San Yago —música coral familiar—, Steinberds —rock clásico—, Cuarteto Morvedre —música clásica— o Mathieu Saglio).

Se cuenta en esta edición con músicos como Toni Cotolí, y formaciones clásicas con repertorios innovadores, como Sax Travels, Grupo Marchando, Cinco en Swing y Las Reinas Magas, y grupos de música pop internacional y flamenco pop, como los representados por Natali Mc Pears y Yambu.

Hay otras propuestas escénicas vinculadas al humor, como el teatro de improvisación, los monólogos y diálogos cómicos, que se han incorporado de forma estable en las programaciones de Cultura als barris. Además, se cuenta con la participación de Eugeni Alemany, que se estrena en Cultura als barris en Campanar, Óscar Tramoyeres, Piter Pardo, Álex Martínez, y Subit.

La poesía y la narración oral también tienen presencia y protagonismo: desde propuestas que recuerdan a los antiguos trovadores y versadores de antaño, como la que nos presenta David Vidal, a aquellas más innovadoras, como la de Versonautas, pasando por Francesc Anyó y Borja Penalba en su recuerdo poético musical del obra de Estellés.

Una de las actividades infantiles durante la pasada edición de ‘Cultura als barris’. Fotografía cortesía del Ayuntamiento de València.

Para los más pequeños, narradores de cuentos como Almudena Francés, El Gran Jordiet, Vicent Cortés, El tio Vicent, Mario Cerro y Nuria Urioz proponen diversas puestas en escena.

Cabe destacar la incorporación a la programación de ‘Cultura als barris’ 2020 de seis representaciones de la ópera ‘El Tutor Burlat’, de Vicente Martín y Soler, dentro del proyecto Les Arts Volant, una nueva producción del Palau de les Arts, con la colaboración del Ayuntamiento de València.

Las fechas y lugares de las representaciones de ópera son las siguientes:

25/09: BENICALAP. Plaza de la Iglesia (22:00).
26/09: SANT MARCEL·LÍ. Plaza de la Iglesia-Calle del Arquebisbe Olaechea (22:00).
27/09: MALILLA. Parque Central. Plaça de Demetrio Ribes (20:00).
2/10: LA MALVA-ROSA. Parque de la Ermita de Vera-Calle Cristòfol Llorens (22:00).
3/10: PATRAIX. Plaza de Patraix (22:00).
4/10: AIORA. Parque de Aiora (20:00).

“La ópera, que tradicionalmente ha sido considerada un arte minoritario y para las élites, se acerca, a petición del público, a toda la ciudadanía en un claro ejemplo de lo que es la democratización cultural que se ha perseguido como acción de gobierno y que ahora se contempla como un hecho real”, ha dicho Tello.

“La presencia de actividades de carácter participativo siempre ha sido una constante en la programación de ‘Cultura als barris’ y se mantiene con diferentes variantes y versiones”, como talleres de alfarería, papel reciclado, juegos de reciclaje, arquitectura, grabado, serigrafía o juegos populares, que “son un ejemplo de cómo se puede hacer divulgación del arte y las costumbres a través de las actividades culturales”. En este sentido, “hay que decir que el combate de ilustradores es una de las actividades que permite al público no solo participar del proceso creativo, sino también del desarrollo de la actividad, apoyando a unas u otras creaciones de los ilustradores participantes”.

En cuanto al cine y música en directo, “se incorpora una experiencia innovadora en las programaciones de ‘Cultura als barris’”, la proyección de cortos clásicos de cine mudo en blanco y negro, que nos darán la oportunidad de disfrutar de Buster Keaton con música en directo del trío Swingloïde o Charlie Chaplin acompañado de Fernando Herrera jazz-Tango Quartet, tal y como se hacía en las primeras proyecciones de cine.

“Hay que decir que 2020 se sigue trabajando para implicar a los agentes culturales locales que actúan en los barrios, para intentar plasmar en la programación del identidad de cada barrio, dando protagonismo y visibilizando el esfuerzo por el desarrollo comunitario de la cultura en el contexto más cercano a la ciudadanía”, ha destacado la concejala. En este sentido, la participación de grupos como La Carraspera y la Escuela de música Tradicional, así como Orriols Convive, “responden a esta vertebración de propuestas surgidas desde los barrios donde está presente nuestra campaña”.

También se ha mantenido una coordinación con las entidades vecinales, muchas de las cuales participan activamente como interlocutores con el servicio de Recursos Culturales en la confección de la programación, como es el caso de las entidades vecinales de Vara de Quart-Tres Cruces, San Marcelino y Patraix, así como con los programadores de las juntas municipales de distrito, que “como agentes culturales de proximidad en los diferentes barrios, trabajan de forma continuada a lo largo del año la descentralización de la cultura”.

Cultura als barris
Un instante de la pasada edición de ‘Cultura als barris’. Fotografía cortesía del Ayuntamiento de València.

MAKMA

Jürgen Schadeberg, canícula y conflicto

Fallece el fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg a los 89 años
‘Jürgen Schadeberg, canícula y conflicto’
‘Realismo(s) & Playa’ | Revista Canibaal nº10
Octubre de 2018
Domingo 30 de agosto de 2020

Con motivo del fallecimiento del fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg a los 89 años, MAKMA reproduce el reportaje que Jose Ramón Alarcón y Ximo Rochera –junto con Merche Medina– llevaron a cabo para el décimo (y último) número de la revista Canibaal –’Realismo(s) & Playa‘ (octubre de 2018)–.

Bajo la tórrida canícula de Barx –municipio montañoso de la comarca de la Safor, al sureste de la provincia de València– habita junto a su esposa Claudia (desde hace casi un lustro y por estocásticos motivos de amistad y errática búsqueda) una figura ineludible en el horizonte diacrónico de la historia de la fotografía, aquella que discurre bajo el convulso calor de la segunda mitad del siglo xx: Jürgen Schadeberg (Berlín, 1931).

La obra del octogenario fotógrafo alemán se ha ecumenizado como testimonio inmediato de cuantos acontecimientos acaecieron en Sudáfrica a partir de la década de los cincuenta –tras el acceso al poder del Partido Nacionalista de François Malan y la institucionalización del vergonzante sistema de segregación racial internacionalmente conocido como apartheid–, así como la ulterior y contemporánea República parlamentaria del África Austral en tiempos de liderazgo del Congreso Nacional Africano (CNA), abanderado por el eximio abogado y activista Nelson Rolihlahla Mandela.

Imagen de portada del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018. Foto: Merche Medina.

No en vano, su conspicua instantánea de un introspectivo presidente Madiba oteando a través de los barrotes de la que fue su celda en el penal de Robben Island es considerada una de las cincuenta fotografías icónicas del siglo pasado, razón de peso para que este extremo de su vastísima producción suela atraer sobre sí buena parte de los encomios y atenciones conferidos a su trabajo.

Sin embargo, no es únicamente esta veta de su longeva tarea la que, en principio, comanda las inquietudes del presente artículo. Con motivo de la primera edición del Festival del Libro SINDOKMA, organizado en València en noviembre de 2016 por la revista MAKMA, y gracias a la labor de Juan Pedro Font de Mora (director de la Librería Railowsky), Schadeberg tuvo ocasión de compartir con el público algunos de los acentos más significativos de su trayectoria vital y profesional, reportando a quienes suscribimos un motivo de atención que podría consumarse en forma de encuentro con el autor alemán cuando la ocasión y los proyectos respectivos volvieran a aproximarse.

De este modo, la decisión de articular el décimo número de la revista Canibaal en torno a los conceptos ‘realismo(s)’ y ‘playa’ tornaba conveniente y plausible la idea de retomar contacto y visitar la hacienda mediterránea del fotógrafo berlinés –paradigma de cuantas razones y semánticas puedan argüirse sobre el propósito de la revista en su (por el momento) último número– con el fin de transitar por el azaroso territorio de la memoria y descubrir algunos aspectos determinantes de su semblanza profesional.

«La suerte es ser el primero en llegar, el primero en narrar o mostrar»

Un autor como Schadeberg, cuya ilustración infante, en plenos albores de la Segunda Segunda Guerra Mundial, se gesta «a partir de las lecturas de Tolstói (León), Dostoievski (Fiódor), Chéjov (Antón) o Upton Sinclair» mientras es «testigo, cuando era muy pequeño, de la Noche de los Cristales Rotos» y que dispara su primera fotografía –tras la popular lente de una Instamatic– en un húmedo refugio antiaéreo berlinés (en 1942), a la par que, como declara nuestro autor, «tomé mi primera cerveza», parece haber sido nebulosamente destinado a solidificar testimonio, a documentar la existencia de todo lo que envuelve su fascinante y ubicuo horizonte vital, jalonado por acontecimientos que trascienden la mera y personal magnitud biográfica.

Página interior del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018.

«Era como estar sentado encima de una bomba, en el centro de la bomba; un momento de extraordinaria tensión»

Tras la senda del segundo matrimonio de su madre, que en Alemania «era una actriz de reparto y tenía amigos artistas a los que solía escucharles hablar», recala en el país sudafricano en 1950 –«Sudáfrica era terrorífica, una área de conflicto»–, en el que desarrollará su decisiva labor como fotógrafo documental (Leica M o Rolleiflex de formato medio en mano) y director artístico de la revista Drum (denominada en su inicios Africa Drum), icónico magazín de reportajes de investigación, vida urbana y hedonista de Sophia Town –popular suburbio negro de Johannesburgo–, perfumada con los influjos estéticos de la cultura negra norteamericana.

Schadeberg orienta su voluntad de retratar el pulso cotidiano de la excluida periferia y denunciar las insalubres condiciones laborales de buena parte de la mano de obra nativa en el cinturón minero del país sin obtener respaldo: «Fui a los periódicos y nadie quería saber nada. Envíe mis fotografías y nadie las quería publicar».

«Debes salir fuera a buscar la verdad, la historia verdadera»

Estos y otros vínculos e implicaciones del fotógrafo alemán con la comunidad negra determinan su forzosa salida del país y su retorno a un crispado Berlín encorsetado por el «Muro de la vergüenza» (Schandmauer). «En el Oeste había luces, color, entretenimiento… En el Berlín Este todo era gris».

En la Alemania Occidental de los años sesenta se erige en abrumado testigo fotográfico del resurgimiento clandestino de grupos nazis, cuyos overoles y cánticos uniforman una soterrada parte de la RFA que ningún medio alemán quiere mostrar; será la prensa extrajera (New Yorker o Paris Match) la que publique sus instantáneas.

«Tenía mucho que hacer fotografiando la vida cotidiana, la miseria, la tristeza, la alegría, la música»

Schadeberg renuncia a enrolarse como fotógrafo bélico en determinados conflictos como el de Vietnam. Cuestiona los turbios objetivos de determinados periodistas y fotógrafos por rubricar su presencia por encima de los acontecimientos, la inmoral sed de notoriedad a través de la imagen explícita –recuerda, entre otros, el (malinterpretado) caso del Pulitzer Kevin Carter– y sentencia que, amén de determinados casos en los que la implicación emocional debe prevalecer sobre la tarea profesional («no hagas una fotografía, condúcete por el instinto, ayuda a esa persona»), «para ser un buen fotógrafo debes ser neutral, no dejarte conducir por los prejuicios».

Página interior del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018. Fotos: Merche Medina.

«Debes estar envuelto desde la infancia en las artes para evolucionar en la educación visual, musical, pictórica»

Jürgen Schadeberg recala en España a finales de los años sesenta para alimentar diversas facetas de su diletantismo artístico. Procura, de este modo, cursar estudios de pintura, «para investigar la luz, el color, la composición, entender el lenguaje corporal. Quería estudiar y explorar las diferencias respecto de la fotografía».

Igualmente, señala, «intenté estudiar guitarra clásica, pero no podía tocar porque era ya demasiado mayor (25 años). Cuando era pequeño nunca estuve expuesto a la música. Sucede con todas las disciplinas artísticas».

«Las playas son interesantes e importantes, porque la gente va allí a relajarse, a disfrutar»

En esta época toma contacto y orienta su mirada hacia el paisaje vacacional que perfila los estíos de la Costa del Sol. Aupado por un contexto henchido de albricias, la onerosa carga vital del fotógrafo se libera y únicamente porta consigo el denso poso de la experiencia y la naturaleza técnica para fijar la mirada en otras latitudes de la idiosincrasia popular (tal y como ya había demostrado con maestría en sus instantáneas sobre el universo del jazz y los músicos y bailarines negros de los guetos sudafricanos).

En estas descriptivas series caniculares sobre el verano y la playa –territorio en el que confluye buena parte de su acervo profesional– fijamos la atención y solidificamos la bienvenida colaboración de Jürgen Schadeberg con Canibaal.

«Veo la realidad desde el punto de vista técnico de la fotografía, a través de un lenguaje natural ya inherente por el aprendizaje y la práctica»

Una práctica que ha ejercido y sigue desarrollando sobre ideas recurrentes, erigiendo al individuo, al rostro, al lenguaje corporal y a las costumbres como temas centrales de su obra, que gobiernan, definitivamente, la impronta de su estilo.

Algunos títulos recomendados

‘The Way I See It. A Memoir’ (2017).
‘España Then and Now’ (Pagina & J & C Schadeberg, 2015).
‘Jürgen Schadeberg’ (2008).
‘Jürgen Schadeberg: Photographies’ (2006).

Jürgen Schadeberg
El fotógrafo Jürgen Schadeberg en su domicilio de Barx (València). Foto: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón y Ximo Rochera