La ¿apuesta? de Valencia por Cinema Jove

El Festival y la ciudad
Aula Magna de La Nau de la Universitat de València
Jueves 17 de diciembre de 2015

“No entiendo cómo el Ayuntamiento [de Valencia] no apoya a saco Cinema Jove”. Lo dijo Javier Angulo, director del Festival Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), durante el encuentro mantenido con periodistas de diferentes medios de comunicación, en el que también participó José Luis Cienfuegos, director del Festival de Cine Europeo de Sevilla, y el propio director de Cinema Jove, Rafael Maluenda, que ejerció de moderador. “En Valladolid hay paladar de cine”, subrayó. Paladar que, en el caso de Valencia, está por hacer. “La marca Cinema Jove existe”, señaló Cienfuegos. Y agregó: “Tiene muchas posibilidades de crecimiento y desarrollo”.

El encuentro audiovisual ‘El Festival y la ciudad’, que acogió La Nau de la Universitat de València organizado por CulturArts IVAC, sirvió para radiografiar el estado de los festivales de cine en España. También, por contraste, para generar sana envidia con relación a los de Valladolid y Sevilla, cuyas ciudades se vuelcan en dichos certámenes. Y Angulo Insistió: “El Ayuntamiento de Valencia debería apostar decididamente por Cinema Jove”.

José Luis Cienfuegos, Rafael Maluenda y Javier Angulo, en el centro de la mesa, junto a los periodistas que participaron en el encuentro El Festival y la ciudad. Imagen cortesía de CulturArts.

José Luis Cienfuegos, Rafael Maluenda y Javier Angulo, en el centro de la mesa, junto a los periodistas que participaron en el encuentro El Festival y la ciudad. Imagen cortesía de CulturArts.

Para el director de la Seminci, un buen festival de cine se caracteriza por tener “un buen equipo profesional, una buena programación” y, de nuevo, “tener a la ciudad detrás”. También, por qué no, “un poco de glamour”. Y ofreció algunos datos extraídos de una encuesta a 3.000 personas. Por ejemplo, que el 70% de los encuestados opinaba que un festival le venía bien a la economía de la ciudad, y un 82% que los festivales de cine tienen gran impacto. “Es un valor añadido a la ciudad”, resumió Angulo.

Rafael Maluenda afirmó que se abría una “nueva etapa” en Cinema Jove “después de 30 ediciones”. El encuentro audiovisual entre directores de festivales y periodistas culturales de Valencia ya era, en opinión de Maluenda, síntoma de ese cambio. Cienfuegos subrayó que Cinema Jove “nació de las dudas que hubo en el Festival de Gijón”, certamen pensado en su origen para el público infantil y juvenil, y que el ahora director del Festival de Cine Europeo de Sevilla dirigió durante años.

“Un festival no es sólo proyección de películas”. Cienfuegos explicó la importancia de ofrecer un paquete turístico, porque hay gente, de entre 30 y 45 años, “que prepara sus vacaciones para ir a festivales, ver buen cine y disfrutar de la gastronomía local”.

Tanto Angulo como Cienfuegos coincidieron a la hora de señalar lo importante que era que la ciudad se creyera el festival: “Y ahí los medios de comunicación juegan un papel de suma importancia”. Como era de vital importancia situar el festival de cine “con respecto al resto de eventos de la ciudad”, así como “tener el festival abierto todo el año, generando actividades”. Y, por supuesto, ”el festival debe quedar al margen de la bronca política”, concluyó Angulo, que animó a los periodistas a visitar la Seminci.

De izquierda a derecha, José Luis Cienfuegos, Rafael Maluenda y Javier Angulo. Imagen cortesía de CulturArts.

De izquierda a derecha, José Luis Cienfuegos, Rafael Maluenda y Javier Angulo. Imagen cortesía de CulturArts.

Salva Torres

El turismo inquietante de Sergio Belinchón

Grüsse Aus Spanien, de Sergio Belinchón
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Hasta el 23 de diciembre de 2015

“¿No habíamos pasado antes por esta calle? Creo que sí; creo que la cambian de lugar cada tantos años pero regresa siempre… con sus aceras desmoronándose, sus filas de gente recién salidas de un paisaje que desaparece cuando lo abandonan”. (Mark Strand)

Sergio Belinchón ha contribuido a la construcción de un atlas de urbanismo que se nutre de un limbo arquitectónico. Una forma de representar el paisaje con la que ha conseguido captar una suerte de vista metafísica que reproduce una realidad perturbadora revelada como surreal, en la que, bajo una mirada crítica, las construcciones (u otras entidades espaciales) son fotografiadas sin presencia humana, o frente a unos personajes con los que establecen una relación inquietante. Grüsse Aus Spanien es una muestra de fotografía y video, que podemos leer como el análisis del idilio entre el turista y los espacios con los que este participa en el diseño de una iconografía que perpetúa los clichés de nuestro país.

Fotografía de Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografía de Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Las imágenes de lo típicamente español, una miscelánea de tropos que el turista selecciona previamente a su llegada al destino, es producto de la diferenciación y exageración de los estereotipos culturales que llevaron a cabo los pintores del siglo XIX. Un catálogo en muchos casos inalterado y heredado por un turismo que no recuerda a quienes huían de la urbe moderna por culpa de la ansiedad y la saturación que esta les provocaba.

Belinchón elabora una versión del espacio urbano de desorientación encubierta en el que se produce una interpenetración entre el lugar y el no lugar, y por el que deambulan turistas pertenecientes a dos entidades temporales diferentes (los comienzos del siglo XXI y los años setenta del siglo pasado), que en la sala expositiva se vuelven simultáneos.

En las fotografías seleccionadas, con las que el artista indaga en aspectos como el turismo/exotismo español o la ambigüedad arquitectónico-natural de los fenómenos inmobiliarios (esos monumentos a la hiperrealidad), el visitante se regocija en las características de la nueva urbe (cuento, sueño, deseo y simulacro), perdido, ajeno a una lectura menos simplificadora de nuestro país, así como a la cámara que le captura.

Fotografía de Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografía de Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El material fotográfico se acompaña de unas piezas de found footage elaboradas a partir de los rollos de película Super 8 encontrados por Belinchón en rastros y filmados por turistas alemanes durante su estancia vacacional en España. Esta segunda parte continúa la tradición de la búsqueda del objeto encontrado, próxima a la actitud de Breton cuando se topa en un mercado (lugar propicio para hallar lo “maravilloso cotidiano”) con la cuchara-zapato que describe en El amor loco, o al proceder de John Armleder respecto a la búsqueda como paso previo al ensamblaje.

En el caso de Belinchón, tampoco se trata de un encuentro con una finalidad preservacionista, sino de una apropiación organizada durante varios años, guiada por una voluntad manipuladora para ofrecer otra oportunidad a unas imágenes-souvenir, algo que sitúa el segundo montaje fílmico, siguiendo a Didi-Huberman, en “el resultado de nuestros desplazamientos más íntimos, de nuestras derivas pulsionales o conceptuales, visuales o corporales, sentimentales o políticas o de nuestras biografías”.

Fotografía de Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografía de Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

A la vez que esta batería de escenarios-recuerdo (en las que resuena Edward Ruscha o Stan Douglas) funciona como otra posible versión de la estética del post-turismo, se produce un potente e inmediato diálogo entre las formas artísticas presentes en esta muestra. Los paisajes urbanos del capitalismo contemporáneo de las fotografías (en concreto el caos inmobiliario de las costas españolas, el “responsable” de nuestro Aprendiendo de Las Vegas), se completan con los personajes del material fílmico encontrado, es decir, el resultado del ejercicio mental con el que podemos intentar identificar a los “actores” de estas películas con los turistas del material fotográfico, como si creyéramos reconocerlos.

Los “souvenirs” de Sergio Belinchón devienen en nostalgia de ida y vuelta, en un documento del turismo en España y de la desorientación que no se extingue al llegar al destino (la que vive en la sonrisa del turista alemán que se fotografía junto a la escultura del caudillo), y en una metáfora del fenómeno urbano. Un intercambio de instantáneas y de material encontrado que funciona, utilizando las palabras del sociólogo Giandomenico Amendola, como “un juego de superficies reflectantes o de actores que se envían unos a otros sus propias imágenes sin retener prácticamente nada”.

Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografía de Sergio Belinchón. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Francisco Ramallo

Aulas del IVAM

Talleres en el IVAM
La Caixa
Curso 2015- 2016

Un museo alcanza la excelencia no sólo por las colecciones que alberga y las exposiciones que organiza, sino también por aproximar el arte al público con el fin de que puedan interpretarlo y disfrutarlo el mayor número de  personas. Este es el objetivo del área de actividades culturales del IVAM que amplía y enriquece este curso sus ya tradicionales talleres y actividades.

Una aportación de La Caixa de 40.000 euros por curso de contenido pedagógico destinado a niños y adolescentes de entre cinco 18 años, permite  ampliar la oferta hasta ocho líneas diferentes en un intenso programa, “más extenso y organizado que otros años”, comenta Álvaro de los Ángeles, subdirector de Actividades Culturales.

Recorrido didáctico. Imagen cortesía del IVAM.

Recorrido didáctico. Imagen cortesía del IVAM.

Este departamento integra a cuatro especialistas que cuentan con el apoyo de diversos artistas relacionados con el centro, así como de estudiantes de la Universidad, alumnos en prácticas de Bellas Artes, Pedagogía o Turismo, voluntarios entusiastas por amor al arte.

Por otra parte, el museo fortalece las tareas de divulgación artística e investigación teórica y estética gracias a los convenios firmados con las universidades valencianas, la Universitat Politècnica y la Universitat de València.

Escolares y familias

Talleres para escolares y para familias, talleres impartidos por artistas y por profesionales de distinto perfil y un curso de introducción al arte moderno y contemporáneo.  También  visitas didácticas a las exposiciones a cargo de personas relevantes de la cultura son algunas de las actividades educativas y de divulgación artística programadas, con el objetivo de consolidarse como un museo que sea auténticamente un instituto, como lo indica su propio nombre.

Los talleres escolares  dirigidos a alumnos a partir del último curso de Infantil (cinco años) se desarrollan en horario escolar y tratan de desarrollar las aptitudes creativas y destrezas manuales de los niños y jóvenes, además de introducirlos en los conceptos básicos del lenguaje visual y plástico. A lo largo del curso realizarán trabajos sobre el móvil de Calder el fanzine vanguardista y las piezas de Torres-García. Los talleres para escolares se centrarán en dos temas: la ciudad de Valencia y el contexto Mediterráneo.

A un nivel superior el curso ‘Entender el arte’, impartido por seis conservadores del IVAM que abordarán la evolución de las artes plásticas desde las vanguardias a la actualidad.

Charla de Nico Munuera. Imagen cortesía del IVAM.

Charla de Nico Munuera (en el centro de la mesa). Imagen cortesía del IVAM.

Diálogos de artistas

La serie  ‘Conversaciones de artistas’ reunirá  en distintas sesiones a una pareja de creadores que entablarán un diálogo abierto y expondrán ante el público sus técnicas y procesos creativos. En octubre tendrá lugar una conversación entre Toño Barreiro y Sergio Barrera. En noviembre, conversarán Salomé Cuesta y Mª José Martínez Pisón y, en diciembre, Ana Navarrete y Pepe Miralles.

El IVAM organiza también visitas guiadas por comisarios después de la inauguración de cada muestra,  y visitas a cargo de personas relevantes de la cultura y la educación, como Joan Cerveró, Manuel Baixauli, Esther Alba o José Mª de Luelmo.

Por último, se realizarán fichas didácticas de arte moderno que incluyen una veintena de autores, diez de arte moderno y diez de contemporáneo.

Talleres en el IVAM. Cortesía del museo valenciano.

Una de las Aulas del IVAM. Cortesía del museo valenciano.

Bel Carrasco

Los espejismos de Jeff Koons

Jeff Koons: Retrospectiva
Museo Guggenheim Bilbao
Plaza Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 27 de septiembre de 2015

El Museo Guggenheim de Bilbao ha estado vinculado a la obra de Jeff Koons desde su inauguración en 1997. La escultura ‘Puppy’ (1992), ese terrier gigante cubierto de plantas en flor situado a las puertas del museo, y de ‘Tulipanes’ (1995-2004), ese ramo de flores inmenso de acero inoxidable colocado en la terraza del edificio, han iluminado de color las placas de titanio del Guggenheim. Es lógico, por tanto, que la primera muestra retrospectiva de la obra de Jeff Koons en nuestro país sea en el Museo Guggenheim, el mismo año en que éste ha alcanzado la mayoría de edad.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Por fin, la obra de Jeff Koons ha entrado en el interior del museo y las salas han explotado con el color, el brillo y la luz que exhalan sus esculturas y sus pinturas monumentales. Esculturas y pinturas barrocas, kitsch, pastiches, hiperrealistas, ready-mades, collages, palabras todas ellas que definen la obra de Koons, a la vez que oscurecen la mirada para la reflexión.

Una obra desmesurada, de volutas y de grandes movimientos (en el material utilizado: acero inoxidable, madera policromada, cristal de murano, porcelana….). Una obra que parece que le tiene miedo al vacío y, por eso, cuando hay vacío lo llena en seguida con flores y la recubre con espejo para que toda la superficie se llene con el reflejo de los espectadores y los objetos de la sala. Una obra para invadir el vacío y llenarlo con una escritura demasiado floripondia y frondosa, como la sociedad de consumo y mass-mediática que la inspira.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Koons intersección Guggenheim

La obra de Jeff Koons hace que el Guggenheim resuene a celebración, especialmente por las piezas que componen  la serie ‘Celebration’ (1994-2004) expuestas en esta retrospectiva. Esta serie recrea objetos típicos de las fiestas infantiles en pinturas y esculturas, tales como ‘Play-Doh’ (1995-2008), ‘Balloon Dog’ (1995-1998), ‘Cat on Clotheslin’ (1994-2001), ‘Moon’ (1995-2000), etcétera.

Sí, el Guggenheim puede celebrar tan explosivamente como las obras de Koons su mayoría de edad. El Museo Guggenheim del arquitecto Frank O. Gehry, o mejor el “fenómeno Guggenheim”, comparte una de las cualidades que se le otorga al “fenómeno artístico” de Koons: su posmodernidad. Y, en concreto, de ese conjunto de ideas eclécticas y heteróclitas que conforma la posmodernidad, destacar aquella que considera el arte posmoderno como un producto del capitalismo de consumo y ocio.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Si Jeff Koons ha creado su obra con los productos de consumo y ocio propios del mundo hogareño (colección ‘The New’ 1980), deportivo (serie ‘Ball 50/50 Tank’ 1985), y massmediático (colecciones ‘Popeye’ y ‘Hulk Elvis’, 2009-2015), el edificio ideado por Frank O. Gehry ha transformado la ciudad de Bilbao en un espacio para el consumo y el ocio de un turista, en estos momentos, incipiente. Toda huella de su pasado industrial y moderno propio de un capitalismo de producción ha sido borrada.

El turista, al igual que el observador de la obra de Jeff Koons, circula eclipsado tanto por la ciudad como entre la obra expuesta. El primero, el turista, por el titanio que recubre el Museo Guggenheim; el segundo, el observador, por las esculturas de acero inoxidable pulido con acabado de espejo de Jeff Koons. Y tras ese primer y breve deslumbramiento, ambos visitantes verán reflejada su propia imagen, debido a la cualidad reflectante de la superficie del material.

Superficies reflectantes, al igual que las aguas de Narciso. El tiempo dirá si el “fenómeno artístico” de Koons y “el fenómeno Guggenheim” no se hunden tras ese primer reflejo deslumbrante que las aguas del mercado del consumo artístico y turístico ha colocado como imagen digna de admiración, tanto estética como monetaria.

Antiquity 3, en 'Jeff Koons. Retrospectiva'. Museo Guggenheim Bilbao.

Antiquity 3, en ‘Jeff Koons. Retrospectiva’. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

Festival de las Artes Escénicas en Valencia

Festival de las Artes Escénicas
Diversos espacios teatrales y al aire libre de Valencia
Junio de 2016

Ya soplan nuevos aires a rebufo del cambio político. O eso parece. Dos representantes de ese giro en la forma de hacer gobierno, Carmen Amoraga (PSPV) y Consol Castillo (Compromís), se comprometieron a ello en la SGAE. Lo hicieron en apoyo de una iniciativa “larvada durante años” a favor de un Festival de las Artes Escénicas en Valencia. Festival que ya tiene hasta fecha: primera quincena de 2016. Y a tenor de las conclusiones a las que llegaron los representantes del sector, tras unas jornadas celebradas hace un par de meses en la Universitat de València sobre ‘Nuevas fórmulas de gestión’, el certamen es imparable.

“No sólo es necesario, sino que Valencia se merece un festival de estas características”, dijo con rotundidad Amoraga. “Este festival es una llamada de socorro”, completó Castillo. Eso sí, ambas advirtieron de que no sabían con lo que se iban a encontrar cuando tomaran el mando de las instituciones. Aún así, insistieron: “La Administración debe ser facilitadora de este tipo de iniciativas culturales” (Castillo), porque “hay una sensibilidad que no tenía el actual gobierno” (Amoraga).

Mariángeles Fayos, presidenta de AVETID, en el video del estudio sobre Nuevas Fórmulas de Gestión de Festivales. Universitat de València.

Mariángeles Fayos, presidenta de AVETID, en el video del estudio sobre Nuevas Fórmulas de Gestión de Festivales. Universitat de València.

Mariángeles Fayos, presidenta de la Asociación Valenciana de Empresas de Teatro y Circo (AVETID), y Manuel Cuadrado, profesor de la Universitat de Valéncia, tomaron buena nota de la promesa, mientras desvelaban en la SGAE los datos del estudio que ha sentado las bases del festival.

En aquellas jornadas académico-profesionales celebradas en marzo, los participantes valoraron de forma muy positiva la oferta escénica valenciana: creativa, entusiasta y talentosa, fueron algunos de los adjetivos. También “algo localista, conservadora y poco arriesgada”. Pero hubo “unanimidad” en cuanto a la necesidad del festival. Un festival, eso sí, que debía dirigirse a un “público amplio” (local, nacional e internacional), que “enamorara”, con un modelo de gestión “privado (mixto)” y bajo una “dirección profesional”.

Manuel Cuadrado, responsable del estudio sobre Nuevas Fórmulas de Gestión, en el video realizado a su conclusión. Universitat de València.

Manuel Cuadrado, responsable del estudio sobre Nuevas Fórmulas de Gestión, en el video realizado a su conclusión. Universitat de València.

El Festival de las Artes Escénicas, para cuyo nombre y logotipo se convocará un concurso, pretende convertirse en un “referente nacional e internacional” que coloque a Valencia en “el lugar que se merece”. Para ello, cuentan igualmente con el apoyo del sector empresarial, representado en la SGAE por David Izquierdo, gerente de la Federación Empresarial de Hostelería de Valencia, y Carlos Boga, director del Hotel Las Arenas. “Valencia es la ciudad, ahora después de Murcia, con menos gasto por turista y día”, destacó Izquierdo, incluyendo a la cultura en esa escasez de gasto. De ahí que Boga calificara de “fantástica” la noticia de la creación del festival: “Todo lo que sea tener una ciudad dinámica nos viene bien a todos”.

Algunos de los asistentes al acto de presentación del Festival de las Artes Escénicas de Valencia en la SGAE. Imagen de AVETID.

Algunos de los asistentes al acto de presentación del Festival de las Artes Escénicas de Valencia en la SGAE. Imagen de AVETID.

The Kojaks, Juan Salvador (guitarra) y Amparo Ballester (magnífica voz), puso la música, entre las declaraciones de unos y otros, al anuncio del futuro festival que todos los presentes en la SGAE recibió con entusiasmo. “Es un proyecto que se presentó en la Diputación, en CulturArts y en la ciudad de Valencia, que tras una primera etapa ilusionante, luego falló por ese defecto tan habitual de querer cada cual figurar”. Hasta que, por fin, llegaron las jornadas, las consultas, el criterio profesional y, sin duda, la “sensibilidad” del futuro equipo de gobierno. El Valencia Escena Oberta (VEO), desaparecido hace cuatro años junto a la Mostra de Cine, ya tiene su ansiado relevo.

Imagen del video sobre el estudio de los festivales de artes escénicas. Universitat de València.

Imagen con la que arranca el video sobre el estudio de los festivales de artes escénicas. Universitat de València.

Salva Torres

Vicent Marco y la moderna invidencia

INvidenteS, de Vicent Marco
Galería Imprevisual
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta el 26 de enero de 2015

Vicent Marco Puig (l´Alcúdia, 1956) inaugura una nueva exposición individual en la galería Imprevisual con el sugestivo e inquietante título de ‘INvidenteS’. Pero, ¿a quiénes afecta esta nueva forma de ceguera? La pintura de Vicent Marco viene de lejos, de muy lejos. Cuarenta años nos separan ya de su primera exposición individual (galería Amadis, Madrid, 1974) y algunos más de la primera exhibición de sus cuadros en exposiciones colectivas y concursos.

En todo este tiempo, ha sido un pintor a full time. Un artista dedicado en exclusiva a la pintura, a la construcción de su obra y a la meditación sobre el pasado y el presente pictórico. Tanto en sus distintos períodos «españoles» como en su larga estancia en México (más de una década), Vicent Marco ha ido levantando, sin interrupciones significativas, una imponente obra personal, en la que reina la coherencia, la evolución sin rupturas y una continuada reflexión sobre los vínculos entre su obra y el presente. Y es que su obra es un trabajo pictórico que busca insistentemente entablar un diálogo instructivo con la realidad. Eso que está ahí, fuera de nosotros, en interminable devenir, y que va fluyendo e influyendo en nuestra vida, alterando una y otra vez nuestra percepción de las cosas.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Vicent Marco recorre ahora las salas de exposiciones, las galerías y los museos y ¿qué ve? Distraídos con el móvil, en actitud de turistas, absortos en las preocupaciones inacabables de sus grises vidas, figurantes ocasionales en un escenario incómodo, los expectadores deambulan por las salas como si fueran vestíbulos de aeropuertos o galerías comerciales. Los enigmáticos objetos colgados en las paredes no les dicen nada, no les llaman en absoluto, si acaso constituyen un bonito fondo para una selfie momentánea en la que lo único que importa es que uno mismo está allí, en primer plano, con una sonrisa demoledora. El arte ya no es siquiera decoración, es simple fondo, burdo paisaje a lo lejos. Y por supuesto, testimonio social de que «se estuvo allí».  La selfie no engaña.

En esta exposición, un Vicent Marco muy maduro lleva esa reflexión y su trabajo pictórico hasta un cierto límite. Aquel en el que constata un peligro, una amenaza, un riesgo letal para el arte. No se trata de una nueva y reiterada alerta sobre la pretendida «muerte del arte», bien por agotamiento estético o por su brutal sumisión comercial. No hay tampoco un temor ante el supuesto apocalipsis que puedan provocar las nuevas tecnologías al modificar las reglas de la creatividad artística. Su alerta -si por tal podemos tenerla- va en otro sentido. Y de la misma forma que el escritor Philip Roth ha advertido que la literatura puede morir (es decir, convertirse en algo minoritario e insignificante) por falta de lectores, de buenos lectores, Vicent Marco traza un amplio interrogante ante el riesgo de que la pintura -una vez perdida el aura- pierda también su visibilidad misma, sencillamente porque el espectador ya no ve nada. En una sociedad de «invidentes», la pintura no tiene sentido. No porque carezca de belleza y verdad, sino simplemente porque nadie la mira, porque nadie la ve.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Hemos ido muy lejos. El arte, como decía Walter Benjamin, perdió el aura, pero ahora puede perder su razón misma de ser. ¿Qué sentido tiene una exposición en una sociedad de invidentes? La pintura es el arte de la mirada. La mirada escruta la obra como una llave que quiere abrir el cofre y encontrar el tesoro. Inmersa en el goce estético, lanza su anzuelo en busca de lo desconocido. A veces yerra, confundida: piensa que el cuadro es la respuesta, y no la encuentra. Y es que el cuadro no es la respuesta, el cuadro es la pregunta. El cuadro interroga. El cuadro encierra el enigma. Ese enigma reclama toda nuestra atención. Toda nuestra inteligencia. Toda nuestra sabiduría y sensibilidad. Y eso se despierta sólo intensificando la mirada.

Pero toda esa experiencia de la mirada y el arte es humo que se pierde tras la hoguera del presente. En ella arden no sólo el interés o la atención, la curiosidad y el reto, el juego o la magia, sino la capacidad misma de ver e interpretar lo visto. En la pintura cartesiana de Vicent Marco, donde la realidad se escinde siempre entre lo objetivo y lo subjetivo, el adentro y el afuera, el cuerpo y el alma, el caos interior es el correlato de esa total invidencia. La mirada ya no interpreta lo visto, sino que expresa el total sinsentido de la no-visión, de la ceguera emocional, sensible o intelectual. Ya no se mira, si se mira ya no se ve, y si se ve ya no se entiende nada, parecen decirnos -y advertirnos, también- los cuadros de Vicent Marco. Y en esa sociedad de ‘INvidenteS’, el arte podría caminar a su extinción.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Y quizá con esa conciencia de fin, el pintor ha introducido también en esta exposición algunos cuadros de otra serie diferente. Una serie que bien podría llamarse «el museo imaginario», en la que algunas de las figuras canónicas de su gusto y formación se adivinan en los trazos indecisos que se mueven libremente por un cuadro que ahora, por voluntad del artista, rompe su marco y desdibuja sus límites. Como si el pintor anhelara que esas figuras de la historia del arte volaran libres fuera de sus tradicionales ataduras, pero conservando su simplicidad y su armonía, su eterna belleza indestructible.

Hermoso viaje pictórico el que nos invita a realizar Vicent Marco con esta exposición, un viaje lleno de dudas, de interrogantes, de anhelos y de una desasosegada inquietud sin angustia. El artista preserva su coherencia manteniendo el equilibrio necesario entre la armonía reconciliadora y el caos destructor. Y aunque muchos de sus temas puedan adscribirse -sin vergüenza alguna, con toda conciencia- a una cierta «sociología del arte», a la postre lo que domina en esta exposición es la fuerza y el vigor pictóricos que, para grata sorpresa nuestra, Vicent Marco mantiene completamente vivos cuarenta años después.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Manuel Turégano

 

 

Vicent Marco: miramos, pero ¿vemos?

INvidenteS, de Vicent Marco Puig
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 12 de diciembre
Hasta el 26 de enero de 2015

¿Vemos? ¿Qué vemos? Todo el tiempo miramos, pero ¿vemos? Según Aristóteles la vista es el más importante de los cinco sentidos. A través de los ojos captamos la realidad: las formas, las dimensiones, los colores. La mirada es la llave que abre el cofre del mundo. Por ella sabemos de sus insondables misterios, intuimos sus oscuros secretos.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS' de Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’ de Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

La pintura es el arte de la mirada. Mirar es interrogar. Aunque el cuadro no es la respuesta, el cuadro es la pregunta. ¿Pero cómo saberlo, si ya no miramos? Distraídos con el móvil, paseando por la sala como turistas, ensimismados y ajenos… hemos devenido auténticos invidentes.

La pintura de Vicent Marco es una inquisición sobre la no ­mirada de hoy, sobre nuestra actual invidencia. Pintor cartesiano, disocia en el cuadro lo interno y lo externo, el cuerpo y el alma, el mundo y la mente. Afuera seres extraños y ajenos deambulan abstraídos y perdidos. En su mente solo hay un caos indescifrable. No miran, y si miran ya no pueden interpretar lo que ven. En el mundo del arte perdido, Vicent Marco apuesta por romper los límites tradicionales del cuadro, abrir el espacio a la imaginación y golpear nuestra ceguera con esta inquietante pregunta: ¿Vemos?

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS' de Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’ de Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Manuel Turégano

Bernard Plossu, de México a Valencia

‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’
Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 15 de septiembre

El primer viaje que Bernard Plossu (Vietnam, 1945) realizó a México en 1965 fue un golpe para el alma”. Aquí se encontró con una cultura y un entorno cuya “fuerza terrenal” lo impactaron de inmediato. La belleza de los paisajes recorridos a través de serpenteantes carreteras, los contrastes entre escenarios turísticos y barrios urbanos, así como su avidez por apresar cada instante de la travesía lo transformarían en uno de los mejores retratistas del espíritu de un país que describió como sublime.

Procedente de París, Plossu llegó a México a los 20 años, su equipaje incluía una cámara Kodak Retina y un objetivo de 50 mm. Lejos estaba de saber que con esos instrumentos se convertiría en fotógrafo profesional. En la Cinemateca, donde acostumbraba pasar las tardes, había aprendido el gozo de mirar, con películas de Jean-Luc Godard, François Truffaut, Louis Malle y Luis Buñuel. De pronto, se encontraba en un universo distinto, “viviendo la vida real, no la vida a través de las pantallas”, rememora el autor francés de origen vietnamitasobre esa primera travesía en tierras mexicanas.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Deslumbrado, se dedicó a retratar todo lo que ocurría ante sus ojos, más que la fotografía le interesaba la vida. Al final de esa aventura “estaba irreconocible y tenía un oficio: fotógrafo”, recuerda el creador. Plossu regresó en tres ocasiones más al país que le reveló su profesión y cambió para siempre su forma de ver el mundo.

No obstante la profundidad de la obra realizada y la entrañable relación que estableció con México, Bernard Plossu ha sido hasta ahora poco apreciado en el país al que dedicó incontables disparos fotográficos. Para reparar, en cierta medida, esa omisión Fundación Televisa y Ediciones Turner han publicado el espléndido libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’, que reúne 300 imágenes, algunas inéditas, capturadas por el fotógrafo durante sus cuatro viajes por nuestro país en los años 1965-66, 1970, 1974 y 1981.

“Es un fotógrafo muy escondido en la historia de la imagen mexicana a pesar de la amplitud de su trabajo. La idea es dar cuenta de esas imágenes y sacarlo de la sombra, ponerlo en el mapa de la fotografía mexicana”, registra Salvador Albiñana, editor de la publicación.

¡Vámonos! revela también el singular método del fotógrafo viajero por excelencia: “Andar, mirar y luego fotografiar”. Esta obra es también la guía de la exposición conformada por 150 imágenes a inaugurarse el próximo 28 de agosto en el Museo de Arte Moderno. La muestra, con el comisariado de Albiñana, se dividirá en cuatro secciones correspondientes a cada uno de sus viajes.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

ESTÉTICA BEAT/HIP

Bernard Plossu se desplazó a México para vivir con sus abuelos maternos, refugiados de Indochina, e iniciar sus estudios en la Universidad de las Américas. Los planes no llegaron a realizarse: bastaron un par semanas para que el joven parisino dejara la escuela y el acomodo familiar para emprender un viaje que lejos de agotarse en la geografía se transformaría en una odisea interna.

Casi inmediatamente se encontró con un grupo de amigos ávidos, como él, de experiencias. Sobre los lazos que formó, Albiñana apunta que la mayor parte fue con estadunidenses, aunque también había franceses, latinoamericanos y, por supuesto, mexicanos como Guillermo Olguín, quien fue su guía por el país. “Los registros, las experiencias y las inquietudes de esos jóvenes oscilaban entre el ocaso beat y el preludio hippie, unidos todos ellos por su vinculación a los movimientos contra la guerra de Vietnam, por el consumo de mariguana y el desenfado amoroso”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Durante los 15 meses posteriores, se volvió un “trotamontes” que un día deambulaba por la capital y otro transitaba por carreteras con rumbo a Michoacán, Guerrero, Oaxaca o Chiapas. “¡Nos íbamos en cualquier momento, a donde fuera, improvisando siempre, con los coches llenos! Lo mismo a Acapulco, donde dormíamos en la playa, que al magnífico Guanajuato, a San Miguel de Allende, a Uruapan… Lo que menos buscábamos era un destino preciso. Nos íbamos para irnos, para vagar; la aventura tenía que ser total, siguiendo el instinto”, registra Plossu en uno de los textos del libro ¡Vámonos!

México fue para el creador francés el escenario donde todo era posible y en su empeño por eternizar el momento destinó cientos de rollos fotográficos a registrar su travesía. Aquel fue un viaje de iniciación en el que, recuerda, se encontraba “en un estado fotográfico constante”. Las imágenes capturadas durante aquellos recorridos que se antojaban inacabables tienen algo en común, según describe Albiñana, también historiador de la Universidad de Valencia: “Una suerte de mirada interior maravillada ante el esplendor de la propia vida: el descubrimiento de la amistad, de la libertad y la belleza; una extraña luz de serenidad y de confianza, aún no dañada por la frustración de los paraísos perdidos de una generación que se adoraba a sí misma y que creó algo nuevo y glorioso: la juventud”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

La bitácora visual de ese primer viaje se compone en gran medida de imágenes de sus cómplices de aventura: aparece Bill Coleman, quien lo inició en la cultura beat; las largas piernas de su amiga Karina Schimdt, Guillermo Olguín y Mari en la playa de Zipolite, Oaxaca; la boda de Taide, su vecina. Se advierte también en esas instantáneas una mirada sensual hacia los gestos de las mujeres: rostros, cuellos, peinados. Carreteras y automóviles son personajes siemprerecurrentes en sus fotografías.

El creador “escribió” con su cámara un apunte autobiográfico: “La escritura es lo que más se acerca a mi forma de fotografiar. Yo tomo notas sobre todo lo que veo… la fotografía es eso: tomar notas. Soy un autor que hace fotos”, dice quien ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Fotografía en Francia.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

LOS REGRESOS

Ya en 1970, Bernard Plossu vovió a México con un espíritu diferente al de la primera visita. Después de algunos años y de muchas travesías había abandonado el andar beatnik. El creador describió así su mudanza: “La época beat/hip se interrumpió por sí sola, porque ser fotógrafo y descubrir el mundo me interesaba más que quedarme sentado en una bonita playa en la India. Cuando vi que los jóvenes se quedaban en las playas de Goa en lugar de viajar, decidí dejar todo aquello”.

La serie que realizó ese año, la cual tituló “Retorno a México”, muestra a un fotógrafo socialmente comprometido. Como un homenaje a la cinta ‘Los olvidados’, de Luis Buñuel, se trasladó a los suburbios de la Ciudad de México y se enfocó en los barrios marginales. Su cámara capturó, sin concesiones, la crudeza de una realidad implacable vivida por niños y adolescentes de la periferia.

En 1974, en su tercera visita, recorrió las ciudades de Ensenada y Tijuana. Sus imágenes revelan lo que significa “estar de paso”. La temporalidad y acritud de vivir “al límite”. Para Plossu, la frontera, más que una geografía, era “una manera de vagar sin moverse… el instinto de saber estar. La opción callada de vivir perdido”, comenta Osvaldo Sánchez, en el texto publicado en el libro ¡Vámonos!

“Trópico mexicano” es la última serie de fotografías realizadas en México en 1981. Son imágenes de su cita amorosa en el norte de Veracruz, con Françoise, fotógrafa francesa que se convirtió en su esposa.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

MIRADA PROPIA

Si bien es cierto que Bernard Plossu no fue el primer extranjero en retratar con maestría las escenas del México cotidiano, sí puede decirse que fue pionero en eludir las recurrentes imágenes de los fotógrafos europeos y estadunidenses sobre México. El autor francés construyó una mirada propia, alejada de prejuicios. No hay en su fotografía, como bien señala Albiñana, “día de muertos, volcanes, enormes magueyes, miserables casas o teporochos olvidados en una acera”.

El blanco y negro define la mayoría de su obra, pero también ha recurrido al color haciendo uso de la técnica Fresson: un proceso artesanal sobre papel carbón realizado sin transferencias. Sin embargo, ya sea desde los matices del blanco y negro o desde la infinidad cromática, su fotografía logra la intimidad con el objeto atrapado por su lente. “No hay azar para el fotógrafo: le toca el azar que merece”, asegura a sus 69 años, quien no ha perdido su condición fugitiva de viajero.

Si Henri-Cartier-Bresson es el maestro del instante decisivo, el creador viajero es justamente la contrafigura: “El fotógrafo de los instantes no decisivos”. Su mirada logró transformar cada escena, por ordinaria que pareciera, en una imagen relevante, cargada de significado. Su obra es una secuencia de momentos cotidianos convertidos en poesía. Bernard Plossu es, sobre todo, el fotógrafo de todos los instantes.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Laura Cortés

Javier Izquierdo: #passionformagaluf

Javier Izquierdo, #passionformagaluf
Galería La Real
Camí de La Real, 5. Palma de Mallorca

 

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

“Sancionada con entusiasmo como la nueva Bohemia artística, comparada efusivamente con la Rive Gauche de París o con el Soho de Londres, Lower East Side se convirtió en el paradigma de la moda más extremada de Nueva York. Las galerías de arte, los elegantes clubs, las escuelas de danza y los intrépidos bares-caverna fueron la avanzadilla de la reinversión económica. Y también los restaurantes. Un periodista del Wall Street Journal describe así las posibilidades culinarias de este territorio comanche: ‘Para cenar, un restaurante nuevo de la Avenida C, Bernard, ofrece cocina francesa orgánica. Unas ventanas de vidrio traslúcido protegen a los comensales de la vista de los bloque de viviendas quemados del otro lado de la calle, mientras mordisquean sus filetes de ternera a 18 dólares’. Por supuesto, los pobres, los abandonados y los sin techo del barrio resultan casi invisibles, incluso aunque los vidrios no fuesen traslúcidos. El esqueleto del edificio del cual han sido desalojados es lo único que amenaza con entrometerse”.[1]

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Algunas imágenes preferiríamos no verlas, pero eso no evitará que los hechos se sucedan. Nuestros resortes de autodefensa se conectan para evitarnos el mal trago de ver aquello que nos desagrada, las escenas que nos incomodan, las situaciones que se escapan al canon publicitario de una existencia perfecta y ortodoxamente feliz. Pero la realidad es persistente y se sobrepone, una y otra vez, hasta dejar patente su huella en nuestras retinas, queriendo tintar de normalidad su reflejo.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

La creación de la imagen ambiental es un proceso bilateral entre observador y observado. Lo que él ve se basa en la forma exterior, pero la manera como interpreta y organiza esto, y cómo orienta su atención, influye a su vez en lo que ve. “El organismo humano es sumamente adaptable y flexible, y diferentes grupos pueden tener imágenes sumamente diferentes de la misma realidad exterior”.[2]  En ocasiones una campaña publicitaria puede mostrarnos un entorno convertido en paraíso terrenal para legitimarse como destino vacacional, pero quizás lo que el turista encuentre sea el  abismo por el que se precipitan las más básicas normas de convivencia y civismo. Así funciona la doble moral cuando el negocio entra en juego y así lo pone de manifiesto las imágenes de Javier Izquierdo. Nuestra cultura, a diferencia de otras, prefiere esconder el fracaso y disimular el error, por lo que nuestra evolución se convierte en una tarea complicada, pues es por medio de esos reconocimientos que lograríamos subsanar déficits que hace ya mucho que nos acompañan.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Mientras que el fotoperiodismo se mantiene ligado a la inmediatez y la caducidad de la noticia, el reportaje se introduce en un territorio atemporal para narrar y documentar un acontecimiento. La llegada del archivo y el documento gráfico al territorio del arte no es nueva, en este caso se produce en Palma con el trabajo #passionformagaluf de Javier Izquierdo, de la mano de la Galería La Real. Sin embargo, es poco habitual que una galería de arte apueste por mostrar un conflicto que sucede en su propio territorio. Siempre es más cómodo comprometerse con causas lejanas que tomar posición en asuntos que nos quedan cerca, pues el riesgo asumido es mayor. Tanto el autor como la galería ratifican con este proyecto una actitud firme, que dista del buenismo caritativo con el que miramos los males ajenos. El lugar es “aquí” y el tiempo es “ahora”, pues para evitar la impostura que continuamente reverbera deberemos empezar por ponernos delante de un espejo. La incomodidad está servida.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

El trabajo de Javier Izquierdo se enmarca en el documentalismo clásico, captando instantes sobre los que se posa su cámara, pues no sólo en los conflictos armados se libran batallas. Magaluf, una zona de explotación turística intensiva en la isla de Mallorca, ha sido el entorno elegido por el fotógrafo. Desarrolla un trabajo documental que persigue plasmar la cotidianidad de un lugar que se transforma con la llegada masiva de jóvenes británicos en su mayoría, en una inacabable búsqueda de alcohol y sexo. Las imágenes recopiladas no son un signo de lo excepcional, sino que reflejan el paisaje habitual durante ciertos meses del año. El lugar se ha convertido en un parque temático del desfase, en el que los excesos se suceden como parte de una misma representación que cambia de actores cada día sin que varíe el hilo argumental. Ese bucle sin fin, esa masa embrutecida, representa el fracaso de cualquier constructo educativo en una sociedad desarrollada.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Cuando la prioridad es la rentabilidad económica a corto plazo, se aplican políticas que obvian la sostenibilidad ambiental y las consecuencias sociales de promocionar esos modelos de relación. Seguramente los propietarios de las corporaciones hosteleras no quisieran para sus hijos el tipo de holidays en el que han basado su explotación de negocio. Esta es la “cara B” del modelo turístico y económico de la isla, la que no aparece en los folletos, aunque progresivamente ha ido acaparando espacio en la crónica de sucesos de los informativos.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Con este trabajo fotográfico Javier Izquierdo evita los juicios morales, pues lo que persigue es hacer consciente al espectador de su responsabilidad. El ciudadano debe recuperar su autoridad sobre las decisiones administradas desde los órganos del poder político y económico, esa es la gran transformación social que debiera desarrollarse. Lograr el reempoderamiento implica deshacerse de la actitud de indiferencia propiciada por la democracia representativa, carente de fórmulas para la participación, que solo designa a los ciudadanos la función de acudir a las urnas, deseando de inmediato que vuelvan al estado de sopor.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Las bases de esas transformaciones se deben planear en el terreno del sistema educativo, marcando objetivos claros que impulsen resultados lentos pero exponenciales. Es tiempo de desplazar el modelo educativo enraizado en los saberes memorísticos para extender otras formas de aprendizaje y formación integral de las personas, que contemple al individuo en su conjunto y contribuya al estímulo de sus potencialidades. Las tendencias de homologación personal, así como el desprecio de las singularidades humanas, se convierten en obstáculos que empobrece el principal yacimiento de riqueza que posee la sociedad: las capacidades de cada individuo.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

No puede pasarse por alto el nivel de frustración de la juventud. La exacerbación lúdica recogida en las imágenes de Javier Izquierdo da signos de una huída a ninguna parte; seguramente porque no hay un lugar posible. Aplacar el dolor con alcohol y participar en un ritual colectivo de iniciación, puede que sea ese el modo antropológico de dar salida a un estado irretornable que conduce a la edad madura. Entre tanto algunos se quedarán por el camino, literalmente, otros puede que acarreen en sus vidas consecuencias de diferente índole y unos pocos, desde la barrera, comerciarán con esta explosión de júbilo conducida bajo patrones de consumo.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

No anda escaso de razón Neil Postman cuando postula que, si bien hemos logrado obviar un mundo dominado por el fascismo temido por Orwell, estamos sin embargo inmersos en el peligro real de deslizarnos hacia un mundo, entrevisto por Aldous Huxley, en el que predomina el olvido y la irrelevancia. Orwell temía a quienes podían prohibir los libros, privarnos de información y alejarnos de la verdad, secuestrando nuestra cultura[3]. Huxley, sin embargo, temía que no hubiera razón para prohibir  los libros, porque nadie quisiera ya leerlos, temía que tuviéramos tanta aparente libertad, que nos convirtiéramos en seres pasivos y egoístas; temía que la verdad se ahogara en un mar de asuntos irrelevantes; temía que nos convirtiéramos en una cultura trivial.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

Javier Izquierdo. #passionformagaluf. Imagen cortesía de Galería La Real.

José Luis Pérez Pont


[1] SORKIN, Michael. Variaciones sobre un parque temático. La nueva ciudad americana y el fin del espacio público. Gustavo Gili, Barcelona, 2004.
[2] LYNCH, Kevin. La imagen de la ciudad. Gustavo Gili, Barcelona, 1984.
[3] GARCÍA NOBLEJAS, Juan José. Medios de conspiración social. EUNSA, Pamplona, 1997.

Jose Cámara y sus ciudades entreveradas

Viatges prestats, de Jose Cámara
Sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet
C / Guillem de Castro, 73. Valencia
Hasta el 11 de abril

Es una especie de Doctor Frankenstein: coge trozos de imágenes dispares, para construir fotografías cuya vida nace de fragmentos sutilmente ensamblados. Pero un Frankenstein que, lejos de producir un monstruo dejado de la mano del diablo, lo que hace es fabricar una obra repleta de alegres vivencias, ocurridas en diferentes lugares, en tiempos distintos y por personas que, aunque tremendamente allegadas, disfrutaron por separado y a miles de kilómetros de cuanto la existencia viajera les ofrecía. Jose Cámara expone tan virtuosa mezcla de fotografías realizadas a imagen y semejanza del doctor Frankenstein, en la sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

El conjunto lo ha titulado Viatges Prestats, sin duda acertado para explicar esa íntima relación entre las imágenes sacadas del álbum familiar de sus padres y las de su archivo personal. Con la minuciosidad del orfebre que va incrustando piezas armoniosamente, Cámara también construye sus imágenes tomando elementos de acá y de acullá para difuminar las partes a favor de un todo singular, preciso y cuya miscelánea desdibuja los límites fronterizos de los espacios allí representados.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

El espectador, interrogado por la mezcla de elementos, ciudades y viajes, realiza así su propio trayecto en busca de las costuras que Jose Cámara ha hecho desaparecer fruto de su gran pericia en el hilado de imágenes tan dispares. “Es un viaje compartido”, dice el artista. Compartido porque, como apunta el título de la exposición, Cámara ha tomado prestados los viajes de sus padres, para unirlos a los suyos. Pero compartido igualmente con el espectador, que imagina las conexiones entre ciudades tan diversas como Valencia, Orense, Tenerife, Miami, Las Vegas, Chicago, Estambul, Venecia o Berlín, sin solución de continuidad, ofreciéndole la posibilidad de un nuevo viaje a partir de sus propias sensaciones.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Hay muchos trayectos en esos Viatges Prestats de Jose Cámara, pero se pueden reducir a tres. Primero, el recorrido a cierto pasado a través de esas imágenes del álbum familiar, en tanto documento de época. Luego está el viaje, más técnico, por la brillante reproducción de esas fotografías, cuyo perfecto ensamblaje le ha llevado al artista “meses escaneando”. Y, por último, están los propios viajes prestados, cuya combinación de elementos produce esa “invención” de la que habla el propio Cámara. Invención que deriva en esa cualidad artística que terminan destilando muchas de las imágenes, sobre todo las más explícitamente intervenidas, con las huellas del negativo a modo de brochazo plástico.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Y volvemos al doctor Frankenstein, porque en las fotografías de Jose Cámara hay ese punto de extrañeza que revela todo cuerpo sometido a cierta cirugía. Por muy invisibles que sean las costuras de tan sutil zurcido fotográfico, lo cierto es que conmueve pensar en los misteriosos puentes que unen las vidas de unos padres con su hijo, tan alejados generacionalmente como de pronto compartiendo un mismo viaje fruto del trabajo artístico. Y del mismo modo que Woody Allen, manipulando ciertas imágenes, se puso en la piel de ciertos personajes históricos en su película Zelig, también Jose Cámara, en sus Viatges Prestats, se acerca como jamás hubiera sido posible al itinerario existencial de sus padres. Un viaje sin duda compartido fruto de la invención artística.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres