Oralidad y vínculo en la obra de José Bedia

‘José Bedia. Trazos de una canción’
Galería Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Del 29 de marzo al 4 de mayo de 2019
Inauguración: viernes 29 de marzo de 2019 a las 20:00

En voz muy bajita, casi como susurrándonos, el artista cubano-americano José Bedia (La Habana, 1959) se empeña –desde hace años– en rescatar la oralidad, dejar sus huellas urdiendo un mapa a través de su quehacer visual, fundamentado en el lenguaje pictórico y el dibujístico, un mapa simbólico sobre la trasmisión de saberes oralmente; una constante que ha sido y es, desde siempre, una de las premisas utópicas y metodológicas de su trabajo.

Bedia edifica su obra desde una operación de arqueología y restauración de sus estudios antropológicos sobre cómo sobreviven, hoy día, las culturas primalistas, en combinación con cómo también sobreviven al avance civilizatorio del progreso social, como maquinaria homogenizadora, las culturas populares. En ese sentido, el artista es un registrador, un anotador de marcas endémicas que tienden a desaparecer de los estratos que componen nuestras voraces culturas omnívoras. Estas culturas trasatlánticas atravesadas por la africanidad, la españolidad y lo aborigen, en una mezcolanza en perpetua mutación, en un movimiento infinito de autodefinición.

Imagen de la obra 'En el tronco de un árbol una niña...', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘En el tronco de un árbol una niña…’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Quizás por esa urgencia de quien no sabe a cuánto estamos de la inevitable desaparición de estos fragmentos culturales que están siendo solapados, ocultados, silenciados, en su última producción Bedia se esfuerza por ilustrarnos –en el sentido de quien enseña, muestra u ofrece una iniciación gnóstica– cómo se mantienen entre nosotros esas transmisiones orales, como el ronroneo de ciertas nanas (canciones de cuna, muchas ya universales que han trascendido su localismo), boleros, danzones, habaneras, cantes de ida y vuelta, canciones susurradas, cantadas como murmullos al oído del iniciado, del recién nacido, del niño ingenuo que todavía el hombre es, pues Occidente se infantiliza cada día en su narcisismo tardío, que aún resuenan entre nosotros.

En un universo de reclamos de egolatrías, Bedia se desliga y baja la velocidad de sus obras, las hace menos escandalosas, más íntimas, más directas, menos enigmáticas, como si primara en él una necesidad de hacerse entender, incluso haciéndose más descriptivo; apelando a una relación narrativa directa, ni siquiera cargada de su habitual sentido del humor, sino didácticamente análoga, clara… clarividente.

Imagen de la obra 'País en premonición', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘País en premonición’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Puede que esta necesidad late en José Bedia porque está anclada en el conocimiento de que en esa relación de fe hay un vínculo, un nexo que debe salvarse, anotándolo, haciéndolo fabulación visual, cuaderno de anecdotario, crónica simbólica que indica una resistencia invicta aún. Una conexión hombre planta, planta animal, animal mujer, mujer luna, luna tierra, monte mar, mar tierra espíritu… y así. Una recíproca relación ecosistémica donde algo de ese saber ancestral podría indicarnos las reglas del juego de nuestra supervivencia como especie, como sociedad presente que se proyecta hacia el futuro desde el pasado. Un vínculo que es transversal y atemporal, poseedor de un saber que traspasa el tiempo. Un diálogo que Bedia comprende como el don en lo dado, en el intercambio, en la voz de los otros, en su palabra y su musicalidad, su sinfonía mínima.

Aún cuando esa música suene detrás, de fondo, como un murmullo, un cántico divino silencioso, en voz baja, sólo para entendidos e iniciados, estudiosos sabedores de esas lenguas otrora misteriosas, enigmáticas y ocultas ante los saberes actuales, idiomática que conoce perfectamente porque sabe que si él pregunta… sus deidades responden. Como dejó plasmado en aquella obra germinal de título: ‘Si yo te llamo tú me respondes’ (1985). Una graficación del sistema dialógico y vinculante que describe la relación del Iniciado y su Nganga.

A día de hoy, tal vez, todavía alguien de fe.

Imagen de la obra 'Múltiples Perfiles de Un Felino', de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Imagen de la obra ‘Múltiples Perfiles de Un Felino’, de José Bedia. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Omar-Pascual Castillo

Las indagaciones plásticas de Ernesto Valcárcel

‘Ab initio’, de Ernesto Valcárcel
Galería de Arte Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Hasta el 12 de mayo de 2018

A finales de 1973 se inauguró en la Sala Conca de La Laguna una exposición memorable. Su creador, Ernesto Valcárcel Manescau –nacido en Tenerife en 1951 y estudiante de arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Canarias– ya había dado a conocer sus primeros trabajos en varias colectivas y en una exposición individual, realizada el año anterior en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria, bajo el título ‘STUVW’.

Sin embargo, entre esta y aquella un profundo y ambicioso cambio había tenido lugar en la obra de Valcárcel, que en unos pocos meses se había reconstruido sobre sus primeros balbuceos con un lenguaje de una plasticidad potente y turbadora. STUVW’ había sido, en criterio de su autor, un ejercicio de “síntesis y conclusiones del periodo abstracto comenzado en 1967”, una función recapituladora de sus prolegómenos autodidactas que parecía animada por la imperativa búsqueda de un principio, de una actitud propia y, en definitiva, de una identidad artística. Con ‘Materia, rito y alquimia’, la exposición de Conca, los primeros y contundentes pasos de un creador singular resonaron en el panorama plástico archipelágico de los 70.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie 'Materia, ritmo y alquimia', de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie ‘Materia, ritmo y alquimia’, de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

‘Materia, rito y alquimia’ contenía los resultados de la transformación operada en la obra de Valcárcel en un año escaso de radical experimentación con volúmenes y relieves en los lienzos, y con los materiales que incorpora a su trabajo: telas cosidas, colas, asfalto…, y la animaban las consecuencias de sus reflexiones sobre la obra de arte y el acto expositivo como parte indisoluble de ella. Esta simbiosis de obra y actitud convirtía ‘Materia, rito y alquimia’ en una suerte de manifiesto estético, un posicionamiento no pasivo, sino beligerante ante el hecho artístico al postular la “exposición-acontecimiento”, que en palabras de su autor atraería a “un público desconcertado, a veces escandalizado, pero que inevitablemente participa ya con su desconcierto, con su indignación o con su burla”.

‘Materia, rito y alquimia’ estaba integrada por obras de tela encolada y alquitranada con las que el artista se proponía “crear un espectáculo definido por la presencia fuerte de objetos que, amontonados sin orden, llenen y ocupen totalmente un espacio transitable.” La voluntad instalativa que desde sus inicios ha animado el trabajo de Valcárcel se iba a materializar en una obra excesiva y provocadora: lienzos embarnecidos hasta requintar, con tensas adiposidades, vísceras o texturas, que colgará de las paredes; y, rodeándolos, numerosos “objetos” que parecían desgajados de los cuadros, vertidos en la exterioridad a la que estos aspiraban (secreciones escultóricas que figuran entre las más enigmáticas de la escultura contemporánea en las Islas), objetos con los que invade el “espacio transitable”, creando un ámbito de resonancias orgánicas, un envolvente seno que acogía y hasta cierto punto “digería” al espectador.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie 'Los espacios inaccesibles', de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una de las obras perteneciente a la serie ‘Los espacios inaccesibles’, de Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Con ‘Materia, rito y alquimia’ se abre el ciclo fundacional de la obra de Ernesto Valcárcel. Dicho ciclo, al que ahora se homenajea y revisita en la exposición ‘Ab initio’, que en colaboración con el artista ha organizado y presenta Galería Artizar, tendrá su desarrollo y evolución durante la década de los 70 del pasado siglo y estará jalonado por otras dos muestras igualmente relevantes: ‘Los espacios inaccesibles’ (1974, Sala Conca II, Las Palmas de Gran Canaria) y ‘Secuencias de un ámbito onírico’ (1978, Galería Balos, Las Palmas de Gran Canaria y Sala Conca, La Laguna).

A través de ellas, Valcárcel irá desplegando la mayor parte de los rasgos que harán cautivadoras sus indagaciones plásticas durante las décadas siguientes hasta hoy mismo, cuando su fascinante experiencia alcanza el medio siglo y acumula una obra imprescindible y única que enriquece, como en verdad muy pocas lo hacen, la historia del arte contemporáneo en Canarias.

Imagen de una parte de las obras que conforman la exposición 'Ab initio', del artista tinerfeño Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Imagen de una parte de las obras que conforman la exposición ‘Ab initio’, del artista tinerfeño Ernesto Valcárcel. Fotografía cortesía de Galería de Arte Artizar.

Carlos E. Pinto

 

 

La incierta identidad de Martín y Sicilia

Dime quién soy y te diré quién eres, de José Arturo Martin y Javier Sicilia
Galería Kir Royal
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Inauguración: viernes 20 de noviembre, a las 20.00h

José Arturo Martin (Tenerife, 1976) y Javier Sicilia (Tenerife, 1971) son dos artistas que trabajan como equipo desde 1995 y que presentarán su última exposición titulada ‘Dime quién soy y te diré quién eres’, en la Galería Kir Royal en Valencia el próximo día 20 de noviembre.

Martin y Sicilia trabajan indistintamente en pintura, dibujo, fotografía o instalación. Su obra se caracteriza por desarrollar imágenes narrativas o escenográficas, protagonizadas por los propios artistas como actores-iconos, que se exponen en situaciones aparentemente cotidianas, pero cuya lectura en clave irónica pone en debate temas de índole política como la crisis del capitalismo, el postcolonialismo o el miedo como instrumento político; en relación con asuntos como la decadencia de la masculinidad o la crisis de la identidad.

Obra de Martin y Sicilia. Galería Kir Royal.

Obra de Martin y Sicilia. Galería Kir Royal.

Dime quien soy y te diré quien eres reúne una serie de obras que abordan el problema de la identidad en el contexto de la incertidumbre contemporánea, haciendo especial hincapié en la problemática, que les es tan cercana, de la construcción de un ‘Yo doble’.

La caída de Lehman Brothers en 2008, que inició la crisis económica, cogió a Martin y Sicilia retratándose como supervivientes de accidentes de tráfico o de ataques violentos o pequeñas catástrofes domésticas. Desde entonces, el desmantelamiento del estado del bienestar ha eliminado todas las certidumbres (trabajo fijo, una casa propia, un buen coche y una familia estable) que solían acompañar los proyectos de vida de los europeos, así que vivimos ahora un periodo de indeterminación en la que todos los modelos vitales deben volver a reinventarse. Los proyectos colectivos parecen una imposición en un mundo donde una sola persona difícilmente genera ya recursos suficientes para la autorrealización.  Martin y Sicilia reflexionan sobre este proceso dibujando su propio proceso de reinvención.

El desmonte del bienestar, la creciente banalización de los intereses vitales producto de la triunfante civilización del ocio, el descreimiento de las ideologías y de las utopías, son evidencias de un mundo en decadencia,  habitado por individuos desencantados en los que el consumir se convierte en un consumar su existencia.

El capitalismo cultural ofrece sistemáticamente la imagen de una sociedad brillante y atractiva, triunfante en su capacidad tecnológica y en sus alardes estéticos. Martín y Sicilia escenifican su reverso, el cementerio de automóviles como la imagen de la decadencia cuyos habitantes tratan de reinventarse como individuos, de rehacer su identidad mirándose en el espejo del otro, de buscar un camino después del accidente.

Obra de Martín y Sicilia. Imagen cortesía de Kir Royal.

Obra de Martín y Sicilia. Imagen cortesía de Kir Royal.

Ramiro Carrillo

Poliniza 2015, graffitis en 17 muros

Poliniza 2015
X Festival de Arte Urbano
Universitat Politècnica de València (UPV)
Del 11 al 15 de mayo, 2015

La Universitat Politècnica de València (UPV), a través de su Área de Actividades Culturales, acoge Poliniza 2015, X edición de su Festival de Arte Urbano, que tendrá lugar del lunes 11 al viernes 15 de mayo en las instalaciones de su campus de Vera.

Nacido en abril de 2006 con la intención de hacer confluir simbióticamente dos mundos inicialmente alejados como la universidad y el arte urbano, Poliniza se convirtió pronto en un referente debido a su originalidad y realismo: se interviene directamente, sin falsos muros que retirar una vez finalizado el evento, por lo que las obras permanecen hasta la siguiente edición del festival, respetando a su vez el carácter efímero del grafiti.

También sobresale Poliniza por su impacto mediático e internacionalidad: alumnos de ‘Pintura y Entorno’ y el Máster de Producción Artística al margen, 179 artistas de 15 países diferentes – Reino Unido, Italia, Alemania, México, Países Bajos, Francia, Colombia, Cuba, Ucrania, Polonia, Chile, Bélgica, Argentina, Rusia y España – habrán participado en el mismo a la conclusión de la presente edición.

Graffiti de Deih en el Poliniza 2013. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Deih en el Poliniza 2013. Imagen cortesía de la UPV.

45 artistas pictóricos intervendrán sobre 700 m2 divididos en 17 muros

Este año, participarán 45 artistas pictóricos: siete individuales y una crew seleccionados a través del IX Certamen de Intervenciones de Pintura Mural (en la primera edición, la selección se realizó sin concurso), 24 alumnos de la asignatura de ‘Pintura y Entorno’ de la Facultad de Bellas Artes y 12 del Máster de Producción Artística de la UPV.

Los seleccionados a través del certamen son KAWAMO (Oaxaca de Juárez, México), Roberto Cireddu (Muravena, Italia), Juan Sánchez (Murcia), H101 (Badalona), FEOFLIP (La Laguna, Tenerife), SABEK (Madrid), SPOGO (Badalona) y la crew RESKATE (Barcelona).

Serán ellos, junto a los 36 artistas UPV citados, los encargados de intervenir directamente sobre 17 muros del campus (tres del Ágora, 11 de la Facultad de Bellas Artes, uno del Rectorado y dos de la ETS de Gestión de la Edificación). En total, más de 700 metros cuadrados en los que desde el lunes 11 comenzaron a trabajar los artistas hasta el viernes 15 de mayo.

Graffiti de Dulk en el Poliniza de 2014. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Dulk en el Poliniza de 2014. Imagen cortesía de la UPV.

Capoeira, performance, slackline, mercado de fanzines y mucho más

El festival – en el que colaboran Montana, Pinturas José Antonio García, Art i Clar, Suproval y Love Valencia – incluirá el martes 12 y el miércoles 13 (Facultad de Bellas Artes, 11 a 18 h) el mercado ambulante de fanzines ‘El Fansinet’.

Además, el martes 12, en el Ágora (14 h), tendrá lugar la acción escénica ‘Ser o no ser’, realizada por alumnos del Taller de performance teatral de la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia.

El jueves 14, a la misma hora (14 h) y en el mismo lugar – Ágora UPV – todo aquel que lo desee podrá disfrutar en directo del I Encuentro de Capoeira e Interculturalidad, que precederá al taller MenudoPoliniza, creado específicamente para niños de 6 a 11 años y que incluye, entre otros aspectos, la visita guiada a los diversos espacios en los que trabajan los artistas (las 80 plazas están cubiertas desde hace semanas).

Por último, el viernes 15, mientras los artistas acaban sus obras, tendrá lugar de 10 a 16 horas, frente a la pista de atletismo de la UPV, el Slackline Day UPV, que incluirá exhibiciones y talleres gratuitos de slackline y malabares.

Graffiti de Julieta en el Poliniza de 2008. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Julieta en el Poliniza de 2008. Imagen cortesía de la UPV.

La exposición ’10×10 Poliniza’, abierta al público hasta el próximo 9 de junio

Con motivo del décimo aniversario del festival, la UPV inauguró el pasado 26 de marzo la exposición ’10×10 Poliniza’, que incluye más de 900 fotografías realizadas por Kike Sempere de las nueve ediciones precedentes del festival.

La muestra, ubicada en la sala de exposiciones del edificio de Rectorado del campus de Vera (planta baja), puede visitarse libremente hasta el 9 de junio de lunes a viernes laborables, entre las 11 y las 14 h en horario matinal, y de 17 a 20 h en el vespertino.

Graffiti de Stinkfish en el Poliniza de 2012. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Stinkfish en el Poliniza de 2012. Imagen cortesía de la UPV.

La danza, protagonista en Sala Russafa

Alicia, de la compañía Thomas Noone Dance
Reflejos de luz en las grietas de un cristal roto, de Eva Bertomeu
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Sábado 17 y domingo 18 de enero

Relevo de Alicias sobre el escenario de Sala Russafa. Tras el éxito de ‘Alicia en Wonderland’, que volverá en primavera, este fin de semana la danza es la protagonista en la programación de artes escénicas del centro cultural, que incluye un nuevo acercamiento al clásico de Lewis Carroll.

Se trata del que realiza la prestigiosa compañía catalana Thomas Noone Dance, que llega a Valencia tras su paso por escenarios de países como Italia, México, Francia, o Alemania. El coreógrafo británico, afincado en la capital catalana y premiado con el galardón Ciutat de Barcelona en 2011, es el creador de ‘Alicia’, un espectáculo para público familiar que recupera los elementos y personajes icónicos de ‘Alicia en el país de las maravillas’.

Escena de 'Alicia', de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘Alicia’, de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Su protagonista es una niña que viaja con una maleta llena de sorpresas. Apoyados por los cambios de vestuarios y el uso de máscaras, cuatro bailarines ponen en escena, a través del movimiento, las situaciones más absurdas de la novela, demostrando que la imaginación es capaz de ofrecer a los viajes más intensos y maravillosos.

Antes de proseguir su gira por ciudades como Donosti, Leioa, Murcia y Tenerife, el sábado 17 (17h) y el domingo 18 (12:30h) podrá verse esta pieza, llena de emoción, ternura y dinamismo, que acerca la danza a los pequeños para, sin palabras, contarles cientos de historias. (Alicia: http://vimeo.com/108718437)

Eva Bertomeu en una de sus coreografías. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Eva Bertomeu en una de sus coreografías. Imagen cortesía de Sala Russafa.

En la programación para adultos, Eva Bertomeu, una de las bailarinas y coreógrafas valencianas más destacadas, vuelve al teatro de Ruzafa. Galardonada con el Premio de la Generalitat Valenciana a la mejor bailarina 2007 y 2008, al mejor espectáculo de danza en 2008 y a la mejor dirección coreográfica en 2007, Bertomeu se ha convertido en un nombre destacado dentro de nuestra escena.

Esta semana interpreta en Sala Russafa dos funciones (17 y 18 de enero) de su espectáculo ‘Reflejos de luz en las grietas de un cristal roto’, una coreografía que recrea el movimiento, colores y líneas que dibujan los rayos de sol sobre el vidrio, describiendo un nuevo comienzo. Le acompañan sobre el escenario los bailarines Lorena Ortiz, Bárbara Díaz, Fredo Belda y Miguel Ángel Machado.

Escena de 'IUS', de Eva Bertomeu. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘IUS’, de Eva Bertomeu. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El programa se completa con ‘IUS’, reconstrucción de una pieza creada por Bertomeu, que se representó en Dansa Valencia 2010 y que viajó a festivales de Francia y Bélgica. Ahora, la coreógrafa la retoma para expresar a través del baile una idea del derecho (ius) basada en la descripción de Domicio Ulpiano “el Derecho es la técnica de lo bueno y lo justo”. (Reflejos de la luz… : https://www.youtube.com/watch?v=R8jNAOetcAI)

Alicia, de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Alicia, de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Pedro Paricio, rayos y centellas

Pedro Paricio
Galería Muro
C / Corregería, 5. Valencia
Hasta finales de noviembre

A Pedro Paricio lo descubrió Basilio Muro, poco antes de que pasara como un rayo por Halcyon Gallery de Londres. Cuenta el veterano galerista valenciano que Paricio le envió su obra por Internet en 2010. Como quería verla al natural, Paricio se vino desde Tenerife a Valencia y enseguida entró en una colectiva. “Le vendí lo que trajo”, recuerda Muro. Como recuerda que, al año siguiente, lo que valía 1.900€ pasó a venderse por 90.000. Corría, y de qué forma para Pedro Paricio, el año 2011. El año en que vendió en Halcyon Gallery toda la obra expuesta el día de su apertura.

Una de las obras de Pedro Paricio expuesta en la Galería Muro.

Una de las obras de Pedro Paricio expuesta en la Galería Muro.

Desde entonces, la obra de Pedro Paricio no ha hecho más que seguir la trayectoria que deja el rayo y la centella de que se nutre su propio trabajo. Porque rayos hay muchos en sus piezas de apabullante color y geometría. Como centellas golpean contra ese cielo arrebatado en forma de expresivos gestos. Y a base de rayos y centellas, o lo que es lo mismo, a base de chispazos eléctricos y cortocircuitos que parecen tejer insospechadas conexiones neuronales, la obra de Pedro Paricio ha ido tomando un extraño cuerpo.

Cardenal, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Cardenal, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Quizás se deba a la naturaleza propia del artista que siempre ha querido ser. “Cuando eres artista, la sociedad te permite hacer cosas que, de no ser por el arte, harían que te tacharan de loco. Escogí el arte porque quería vivir una vida diferente”. La máquina racional que supuestamente somos, y que en su obra diríase plasmada en esas formas geométricas, enseguida deja paso al deslumbrante color de alucinados gestos. De manera que toda su pintura se arrebata en torno a líneas que se quiebran por la fuerza de un fondo que, como si fuera un cráter, amenaza con destruirlo todo.

Basta fijarse en la pieza del Cardenal, que apunta hacia su admirado Bacon. La cabeza, todo lo geométrica que se quiera, descansa sobre unos hombros que van triturando esa geometría, en torno al pecho incandescente que alberga cierto rostro, cierta criatura. A la altura, pues, del corazón, algo inquietante provoca el desparrame formal de esa cabeza. Una vida, sin duda diferente, alojada en el interior mismo de esa otra vida más cuerda, más colorista, más geométrica.

Helado atómico, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Helado atómico, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Pedro Paricio no deja de trasladar a su obra ese vaivén entre los rayos, o corrientes eléctricas del cerebro, y las centellas que, a modo de fogonazos, vienen a perturbar la conexión lógica entre la causa y su efecto. Las obras expuestas en la Galería Muro, coincidiendo con el ‘Elogio de la pintura’, cuya muestra en el Museo Tenerife Espacio de las Artes (TEA) se inauguró al tiempo que la de la Valencia, reflejan esos dos mundos en conflicto que el artista acoge como revelación del ser. “Cuando estoy contento, voy a ver arte. Cuando estoy triste, voy a ver arte. El arte da sentido a mi vida”.

Una vida que Pedro Paricio, por ser diferente en tanto artista, muestra con toda sus contradicciones. La del ser racional próximo a perder la cabeza, y la del loco que se salva por la campana de un último gesto pletórico de sentido. Las referencias al cine (The Sopranos), la propia pintura (Cardenal) y, sin duda, también el humor (Helado atómico), convierten su pintura en un caleidoscopio de sensaciones tan pronto alegres por el arrebatado color, como alumbrando cierta tristeza al colisionar la geometría contra un fondo matérico.

Una de las obras de Pedro Paricio que se puede ver en la exposición de la Galería Muro.

Una de las obras de Pedro Paricio que se puede ver en la exposición de la Galería Muro.

Salva Torres

Arte en la calle: Henry Moore

Esculturas de Henry Moore
Obra social “La Caixa”, en colaboración con el Ayuntamiento de Bilbao
Parque de Doña Casilda, entorno del Museo de Bellas Artes de Bilbao
Hasta el 17 de julio, 2014

¿Cómo sería la vida en el vientre materno? ¿Cómo fue? Y la desesperada bocanada de aire, el primer grito, ¿qué podrá nunca contener aquel desgarro, cuando un momento antes se estaba entre la vida y la muerte? ¿Y qué relación hubo luego entre la madre y su hijo durante aquellos primeros días y meses? Posiblemente, sólo la sensación de un cuerpo. Sin cambio, sin tiempo, un movimiento sostenido. La mente tiende a regresar de una manera instintiva a ese punto cero.

Lo hace Henry Moore, intentando encontrar una forma, una expresión que lo sintetice, que lo resuma. Intentando dar con la forma que haga resonar ese misterio como la invocación de una palabra mágica. La forma de un estado que como no podrá ser nunca conocido, seguirá siendo eso, un eterno misterio inviolado, y por lo tanto, inconsciente, poderoso y sobrenatural.

'Formas conectadas reclinadas', escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda. Fotografía: Pilar Torres

‘Formas conectadas reclinadas’, escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda. Fotografía: Pilar Torres

Madre e hijo reclinados: el niño está hecho de ondulaciones como bocas abiertas que buscan el palpitante seno; la madre, sin boca, con ojos diminutos como los de una alienígena, muestra el seno que lo atrae y lo completa. El niño, la ondulante figura torneada que lo sugiere, se yergue probándose a sí mismo, su equilibrio; la madre se recuesta un poco cansada, lo deja hacer. El niño y la madre se funden en un solo cuerpo geométrico, porque lo geométrico es el cuerpo de la idea, y lo que aquí se expresa es la idea, el esquema de las cosas, el espectro de lo real.

'Gran figura de pie: filo de cuchillo', escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Fotografía: Pilar Torres

‘Gran figura de pie: filo de cuchillo’, escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Fotografía: Pilar Torres

Es uno de los siete bronces de gran tamaño que la obra social La Caixa, en colaboración con el Ayuntamiento de Bilbao, muestra en el entorno ajardinado del Museo de Bellas Artes. Las otras piezas, creadas entre 1960 y 1982 (como la anterior), forman parte de la apuesta de acercar el arte a la calle: “Formas conectadas reclinadas”, “Gran figura de pie: Filo de cuchillo”, “Pieza de bloqueo”, “Figura reclinada”, “Figura reclinada en dos piezas número 2″ y “Óvalo con puntos”.

Aparte de la relación madre-hijo, todas ellas revelan la fascinación que sobre el artista ejerce el discurso latente entre la figura humana y el paisaje, convirtiendo los hombros, los brazos, los pechos en montañas rocosas, o las piernas y los troncos en pasadizos y grutas calizas sobre el mar…

'Figura reclinada en dos piezas, número 2', escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Foto: Pilar Torres.

‘Figura reclinada en dos piezas, número 2′, escultura de Henry Moore en el Parque de Doña Casilda en Bilbao. Foto: Pilar Torres.

La idea de una exposición itinerante es, no sólo sacar el arte fuera del marco de los museos, sino quizá aún más importante, la de compartir el arte. En los años 70 las sondas Voyager llevaban un disco de oro con una selección de música que provenía de múltiples culturas del mundo, saludos en 55 idiomas y una mezcla de sonidos característicos del planeta, entre otros mensajes e informaciones de la tierra. Los bronces de Moore que ahora pueden verse en Bilbao, ya han estado antes en Las Palmas, Tenerife y Valencia. La idea que las mueve, la de compartir la experiencia cultural, es la misma.

'Madre e hijo reclinados', escultura de Henry Moore expuesta en los aledaños del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

‘Madre e hijo reclinados’, escultura de Henry Moore expuesta en los aledaños del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

Iñaki Torres

Jose Cámara y sus ciudades entreveradas

Viatges prestats, de Jose Cámara
Sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet
C / Guillem de Castro, 73. Valencia
Hasta el 11 de abril

Es una especie de Doctor Frankenstein: coge trozos de imágenes dispares, para construir fotografías cuya vida nace de fragmentos sutilmente ensamblados. Pero un Frankenstein que, lejos de producir un monstruo dejado de la mano del diablo, lo que hace es fabricar una obra repleta de alegres vivencias, ocurridas en diferentes lugares, en tiempos distintos y por personas que, aunque tremendamente allegadas, disfrutaron por separado y a miles de kilómetros de cuanto la existencia viajera les ofrecía. Jose Cámara expone tan virtuosa mezcla de fotografías realizadas a imagen y semejanza del doctor Frankenstein, en la sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

El conjunto lo ha titulado Viatges Prestats, sin duda acertado para explicar esa íntima relación entre las imágenes sacadas del álbum familiar de sus padres y las de su archivo personal. Con la minuciosidad del orfebre que va incrustando piezas armoniosamente, Cámara también construye sus imágenes tomando elementos de acá y de acullá para difuminar las partes a favor de un todo singular, preciso y cuya miscelánea desdibuja los límites fronterizos de los espacios allí representados.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

El espectador, interrogado por la mezcla de elementos, ciudades y viajes, realiza así su propio trayecto en busca de las costuras que Jose Cámara ha hecho desaparecer fruto de su gran pericia en el hilado de imágenes tan dispares. “Es un viaje compartido”, dice el artista. Compartido porque, como apunta el título de la exposición, Cámara ha tomado prestados los viajes de sus padres, para unirlos a los suyos. Pero compartido igualmente con el espectador, que imagina las conexiones entre ciudades tan diversas como Valencia, Orense, Tenerife, Miami, Las Vegas, Chicago, Estambul, Venecia o Berlín, sin solución de continuidad, ofreciéndole la posibilidad de un nuevo viaje a partir de sus propias sensaciones.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Hay muchos trayectos en esos Viatges Prestats de Jose Cámara, pero se pueden reducir a tres. Primero, el recorrido a cierto pasado a través de esas imágenes del álbum familiar, en tanto documento de época. Luego está el viaje, más técnico, por la brillante reproducción de esas fotografías, cuyo perfecto ensamblaje le ha llevado al artista “meses escaneando”. Y, por último, están los propios viajes prestados, cuya combinación de elementos produce esa “invención” de la que habla el propio Cámara. Invención que deriva en esa cualidad artística que terminan destilando muchas de las imágenes, sobre todo las más explícitamente intervenidas, con las huellas del negativo a modo de brochazo plástico.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Y volvemos al doctor Frankenstein, porque en las fotografías de Jose Cámara hay ese punto de extrañeza que revela todo cuerpo sometido a cierta cirugía. Por muy invisibles que sean las costuras de tan sutil zurcido fotográfico, lo cierto es que conmueve pensar en los misteriosos puentes que unen las vidas de unos padres con su hijo, tan alejados generacionalmente como de pronto compartiendo un mismo viaje fruto del trabajo artístico. Y del mismo modo que Woody Allen, manipulando ciertas imágenes, se puso en la piel de ciertos personajes históricos en su película Zelig, también Jose Cámara, en sus Viatges Prestats, se acerca como jamás hubiera sido posible al itinerario existencial de sus padres. Un viaje sin duda compartido fruto de la invención artística.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres