El extravío | Deformaciones

‘Deformaciones’, de Laura Mesa, Carlos Nicanor, Santiago Palenzuela y Amparo Sard
Galería Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Del 13 de diciembre de 2019 al 18 de enero de 2020
Inauguración: viernes 13 de diciembre a las 20:00

“Es fácil reconocer la columna de humo que se eleva,
pero es imposible predecir la forma turbulenta de su disipación”
(Roger Bartra)

Es fácil reconocer la columna de humo que se dispersa de un cigarrillo o una pipa, pero no lo es discernir acerca del movimiento y del lugar que ocuparán todas las partículas de humo en el espacio conforme pasa el tiempo. De la misma manera que, mientras se buscan formas análogas a imágenes que conocemos, no es posible seguir una masa de nubes en su transformación en el cielo hasta su disolución final. Esta incapacidad de predecir lo que pasará con estos gases nos sirve de metáfora sobre las posibilidades de sus variaciones y, también, de las formas que vemos en ese tránsito, que pertenecen al conjunto de capacidades cognoscitivas y culturalmente estructurales del sujeto que mira. En este punto, nos podemos preguntar cuál es el límite de las mismas, pero ya intuimos que pertenecen al ámbito de nuestro propio extravío.

‘Vantablack’, de Carlos Nicanor. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

El extravío es un momento de verdad históricamente limitado, constreñido –como diría Anthony Giddens en su análisis del concepto de constreñimiento estructural de la sociedad–, es casi una percepción ilusoria, pero que es integral e íntima para cada persona. Esa verdad no tiene que ver directamente con la realidad, sino con las condiciones sociales que la engendran; por lo tanto, no hay una única y verdadera sino muchos extravíos de una misma situación cuyas correlaciones se dan de manera dialéctica.

Pero, si nos vamos a un terreno más difuso en relación a la subjetividad, hacia el ámbito de lo artístico, la idea de otro camino extra por el que discurrir toma una potencia simbólica capaz de vivir fuera y dentro de lo constreñido. Esta capacidad –que tiene el mismo nombre de la exposición a la que se refiere este texto, la de deformar– implica el desarrollo de distintas situaciones en las que la transición de la materia conlleva un tiempo de contemplación. Cada forma, originaria –en un sentido reconocible– o deformada, está rodeada de una gruesa capa de interpretación, que es la manera moderna de comprender algo (Susan Sontag, ‘Contra la interpretación’, 1984), y esa capa es la prefiguración de un deseo de reemplace por otra cos; quizá por otro nuevo extravío. En este, una forma voluble resulta problemática desde el principio, como el humo, no nos permite conocer el destino del proceso de deformación, sino que implica múltiples posibilidades de apresar entidades abstractas, potenciales.

‘Columna’, de Laura Mesa. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Las deformaciones son acciones que trabajan con las cualidades de resistencia o fragilidad de un material frente a fuerzas aplicadas desde el exterior, mientras que la naturaleza de cada material es lo que condiciona su comportamiento y el tipo de interacciones que se dan sobre él. Estas características describen una situación nueva, de transición, que adquiere un carácter masivo, integral y, sobre todo, temporal. Así, el grado de desarrollo de un material condiciona el espacio de interpretación, y las fuerzas aplicadas abren paso a una cadena de acontecimientos que termina en expandir la noción kantiana de experiencia, e incorpora la ciencia, la metafísica, la religión (Barta Roger, ‘El duelo de los ángeles. Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno’, 2004) y la política. Es decir, constructos que indican la existencia de una dinámica que se expande y que alimenta el aparato de representación.

La interpretación ya no estaría en la especulación sobre la forma estática, sino sobre las posibilidades de su deformación, sobre la movilidad de su imagen. Cada una de las que se despliegan en esta exposición es independiente en su ejecución y significado, pero juntas comparten algunas características que las sitúan en un punto de correspondencia. Todas parten de la idea de que la forma no contiene un sentido originario, es presencia y, por tanto, contienen algo de verdad, pero, como tales, atienden a los cambios producidos por fuerzas externas que las dilatan, quiebran o disminuyen, incluso hasta un punto de no retorno.

‘Duggi 36’, de Santiago Palenzuela. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

La idea motriz que atraviesa, y trae a este plano expositivo, es el extravío como ejercicio de salida, interpretación y especulación. Cada artista afronta en su práctica una manera de incorporar o superar los condicionantes sociohistóricos de la representación, ya sea desde la autorrepresentación, la descomposición física del espacio, la disolución de la línea o la emancipación y digresión de la materia. Amparo Sard –viscosidad–, Santiago Palenzuela –plasticidad–, Laura Mesa –fricción– y Carlos Nicanor –elasticidad– abren en ‘Deformaciones’ la puerta al libre extravío, hacia otros lugares donde crecer, derramarse o brotar. La evidencia que destaca en esta sucesión de formas de afrontar la materia deformada es que si la forma es la presencia, lo que se da a ver y se da a pensar, ¿qué ocurre cuando la de-forma entra en la descripción del tiempo, del discurrir de un estado a otro?

Detalle de la obra ‘Inteligencia emocional’, de Amparo Sard. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Dalia de la Rosa

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