La realidad sin máscaras de Gillian Wearing

Gillian Wearing
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 24 de enero de 2016

Se negó a que la grabaran o filmaran. “Por timidez”, aclaró José Miguel Cortés, director del IVAM. Timidez que le viene de su más tierna infancia. “Siendo muy niña tenía dificultades para articular palabra alguna”, dijo en un apartado para la prensa. “Creo que es genético, porque mi madre también tiene dificultades con el lenguaje”. De esas dificultades para expresar lo más recóndito, oculto, de la condición humana habla su obra. El IVAM le dedica a Gillian Wearing (Birmingham, 1963) la primera muestra individual en España de los últimos 15 años. Demasiado tiempo para ver el trabajo de una de las artistas más sobresalientes del panorama internacional.

Obras de Gillian Wearing en la muestra individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Obras de Gillian Wearing en la muestra individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Diversas videoinstalaciones, fotografías e incluso alguna escultura sirven para mostrar su áspera, hiriente, descarnada realidad. Y, por paradójico que parezca, utiliza en muchos de sus trabajos máscaras precisamente para desenmascarar emociones ocultas. “Dales una máscara y dirán la verdad”, apuntó Wearing refiriéndose a todas esas personas que ella recoge en su obra. La dicen porque “al sentirse protegidas del juicio de la gente, se sienten libres”. Una libertad semejante a la que se establece entre analizante y analizado en una sesión de psicoanálisis pero sin psicoanalista.

Gillian Wearing interviene lo justo para lograr que la gente de la calle se exprese abiertamente, sin tapujos. A veces utiliza esas máscaras que, como sucede con la videoinstalación Secrets and Lies, se han convertido en marca de su inquietante obra. En otras ocasiones, deja que sean los propios individuos quienes manifiesten libremente lo que piensan en un papel, con el que luego aparecen fotografiados (Signs). O simplemente recoge a una serie de borrachos para grabarles en su estudio, mostrando su comportamiento bajo los efectos del alcohol, en la videoinstalación Drunk.

Video de Gillian Wearing en la exposición del IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Video de Gillian Wearing en la exposición del IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Hay más, mucho más, en la exposición del IVAM. Y todo ello igualmente oscuro, desabrido, punzante; entre sórdido e inquietantemente familiar. Como el álbum en el que la propia artista se pone en la piel de sus abuelos, sus padres o hermanos, recreando sus rostros mediante máscaras que retratan a su familia y a ella misma, que se oculta detrás. Ese bucle entre lo interior y lo exterior, entre lo inconsciente y la conciencia a punto de saltar en pedazos, domina su trabajo. De hecho, como explicó Wearing, “utilizo la máscara como multiplicidad de yoes”.

Rock ‘n’ Roll 70, sin ir más lejos, es una de las piezas, junto a Your Views, que nunca se habían exhibido hasta ahora, y en la que la artista británica explora esa multiplicidad tomándose a ella misma como ejemplo. Mediante un conjunto de fotografías, y tras consultar a científicos que exploran los cambios fisionómicos, se retrata mostrando cómo podrá llegar a ser en años futuros. Y en We are Here, recoge los remordimientos o culpas de familiares de fallecidos que, en pleno cementerio, parecen expiar sus pecados regresando de entre los muertos.

Gillian Wearing, Premio Turner 1997, dijo aprovechar el “fantástico espacio” que le brindó el IVAM, “con techos altos, zonas oscuras y otras con luz natural”, para mostrar las variaciones de lo que reconoció como “trauma”: esa dificultad para articular el lenguaje que la emparenta con las personas reflejadas en su obra. De ahí el “cariño especial hacia esas personas”, del que habló José Miguel Cortés. Personas que hablan todas ellas de sentimientos ocultos, de la soledad que les embarga, de la sumisión, de la violencia. “Hay que escarbar para ver lo que hay detrás de esa capa o capas de su trabajo”, incidió Cortés. Wearing escarba, y de qué manera, para mostrar la verdad oculta tras las máscaras de la realidad. La verdad de lo real, allí donde el lenguaje muestra sus inquietantes fisuras.

Obra de Gillian Wearing en la exposición individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Obra de Gillian Wearing en la exposición individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Salva Torres

Lecturas con aire acondicionado

Lecturas estivales
María Dueñas, Isabel Allende y Paula Hawkins, líderes en ventas
Verano de 2015

Tres damas de distintas generaciones y latitudes, en lo más alto del podio, comparten la gloria de ser las autoras más vendidas a lo largo de este largo y tórrido verano. Si las chicas son las que más leen ficción es justo que sean ellas quienes arrasen. Dos muy nuestras y tan conocidas como María Dueñas e Isabel Allende, y una británica, Paula Hawkins que irrumpe con fuerza y viaja en el primer vagón con La chica del tren, best-seller indiscutible de la temporada. Sus derechos de publicación se han vendido a 30 países, estuvo 18 semanas en el número uno en la lista de The New York Times y Amazon, y ya se prepara una película.

Rachel, una obsesiva y observadora treintañera en paro y crisis personal, se acaba de mudar a las afueras de Londres con una amiga y coge el tren de las 8.04 horas todas las mañanas para simular que todavía trabaja, una situación que recuerda la película española La vida de nadie inspirada en un hecho real. En una de las paradas, observa la casa de su ex, Tom, que acaba de tener un hijo y a una pareja que vive cerca de la estación, un toque a lo Hitchcock de la La ventana indiscreta. Comienza a fantasear con ellos y a indagar compulsivamente en su intimidad. Un día, la mujer desaparece y Rachel inicia por su cuenta y riesgo la investigación. Una lectura adictiva, ejemplo perfecto de lo que los anglosajones llaman un libro pageturner, es decir, pasapáginas.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

En El amante japonés Isabel Allende sitúa en la ciudad de San Francisco la historia de una dama adinerada que abandona su mansión y se refugia en una residencia de ancianos que alberga unos clientes bastante peculiares. Mantiene las distancias con los demás excepto con Irina Bazili, una joven moldava a la que convierte en su colaboradora, y que descubre unas cartas en sobres amarillos que contienen misteriosas historias.

Por su parte María Dueñas da de nuevo en la diana con La Templanza su tercer título ambientado en escenarios de la joven república mexicana, la Habana y Jerez durante la segunda mitad del XIX, cuando el comercio de sus vinos con Inglaterra convirtió la ciudad andaluza en un enclave cosmopolita. Historias bien contadas con un punto de intriga detectivesca, como el caso de La chica del tren, o con un despliegue de dramas humanos en lugares lejanos en el tiempo o en el espacio. Es lo que lectores más piden en todas las estaciones del año, especialmente en un tórrido verano como éste, en el que no conviene calentarse la cabeza, sino optar por lecturas que lleven incorporado un buen sistema de aire acondicionado.

A cierta distancia E.L. James exprime el jugo a un fulano llamado Christian en Grey, que en esta cuarta entrega cuenta en primera persona sus trucos de seductor. Aunque la crítica la ha puesto de vuelta y media, se vende bien en competencia con otros muchos títulos en esa línea, erotismo pseudo-duro para amas de casa.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro. Editorial Planeta.

En cuanto a los autores de la tierra, la castellonense Rosario Raro con Volver a Canfranc y el valenciano Joaquín Camps y su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, encabezan el ránking de los más vendidos.

También esto pasará, un relato íntimo en el que Milena Busquets evoca la relación con su madre, la famosa editora Esther Tusquets; La casa de las miniaturas, una intriga romántica  de Jessie Burton o el polémico libro de Michel Houellebecq, Sumisión son algunos otros títulos que se mantienen en posición destacada.

Historias de ayer

La Segunda Guerra Mundial sigue dando juego, como demuestra La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr, Premio Pulitzer de este año, una emotiva historia de amor entre una francesa invidente y un alemán obsesionado por los aparatos de radio. Con Volver a Canfranc, la castellonense Rosario Raro viaja también al pasado para relatar las vicisitudes de un grupo de héroes que ayudan a los judíos a huir del desastre a través de la estación pirenaica. Un aduanero bretón,  una camarera de Zaragoza, un músico o un contrabandista son algunos de los personajes imaginarios que conviven con otros históricos como Josephine Baker y su marido Jean Lion.  “Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba subrayar el ensalzamiento de las buenas obras, eso tan poético llamado justicia divina”, señala Raro.

La mágica ciudad de Estambul a principios del siglo XVI es el telón de fondo del último libro de Elif Shafak, El arquitecto del universo. El protagonista es Jahan, un muchacho que llega desde la India acompañado de Xota, su elefante blanco que causa gran sensación en la corte y encandila a la hija del sultán.

Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte,  Flor de piel de Javier Moro o La ley de los justos de Chufo Llorens son otras novelas históricas que han gozado de la estima del público.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cosecha ‘negra’

La literatura de intriga policíaca o detectivesca y los thrillers son sin duda el género más en boga con ejemplos tan sonados como la trilogía de Batzán de Dolores Redondo o el brillante  debú del valenciano Joaquín Camps, una sólida apuesta de Planeta por su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza.

En este apartado se puede citar, entre otros muchos títulos y autores, a Pierre Lamaitre con Iréne, Alex y Vestido de novia, Mikel Santiago  (El mal camino) y una de espías, Soy Pilgrim, de Terry Halles.

Como se pudo comprobar en el Festival Valencia Negra, numerosos autores valencianos se adentran por los vericuetos de la criminalidad en todas sus variadas formas. Santiago Álvarez con La ciudad de la memoria, Jordi Llobregat con El secreto de Vesalio, Carlos Aimeur con Destroy. El corazón del hombre es un abismo, Bel Carrasco con Abrir en caso de muerte, y un largo etcétera. ¿Se trata de una moda pasajera más o menos efímera o de un edificio de sólidos cimientos? El tiempo y los lectores tienen la última palabra.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Inmortales

Don Quijote en la versión actualizada de Andrés Trapiello ha mantenido el pulso contra las típicas lecturas banales del verano, así como autores consagrados por premios importantes o por su fallecimiento. Es el caso del valenciano Rafael Chirbes, cuyas magníficas obras sobre la crisis, Crepúsculo y En la orilla,  no son precisamente la típica lectura playera.

Leonardo Padura, el cubano ganador del Premio Princesa de Asturias y Eduardo Galeano, también fallecido este año, destacan en la sección de los grandes maestros llamados a ser inmortales.

Ensayo

La actualidad inmediata interesa. Así lo demuestra el éxito indiscutible de dos obras de tipo periodístico: Final de la Partida, de Ana Romero sobre el declive de Don Juan Carlos, y Mañana será tarde, un análisis profundo de la realidad política y social española de José Antonio Zarzalejos. También un clásico de autoayuda, Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreú y Templarios, nazis y objetos sagrados, de Fernández Bueno. Una nota humorística la pone Laura Norton con el elocuente título, No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas.

Librerías consultadas: El Corte Inglés, París-Valencia y Soriano.

Bel Carrasco

GOSSYPIUM, de BERENA ÁLVAREZ

Espai d’Art Fotogràfic
C/ Torn de l’Hospital, 19. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

El aire que respiramos no solamente está compuesto por oxígeno y nitrógeno, sino también por imágenes, la gran mayoría procedentes de la publicidad, las cuales nos educan, moldean y construyen según los parámetros establecidos desde el punto de vista patriarcal, heterosexual, occidental y blanco. La fotógrafa Berena Álvarez Fernández (León, 1982), consciente de ello, subvierte a lo largo de su serie fotográfica Gossypium, esta considerada verdad absoluta, motivo por el cual nos va a proponer un choque potentemente cruel y provocador que nos enfrente a la iconografía adscrita al cuerpo de las mujeres a lo largo de la historia de las imágenes.

Pero vamos por partes. El título no es casual. Gossypium es el nombre genérico utilizado para designar las plantas herbáceas y los arbustos cultivados para  producir algodón, una fibra sensible a la vez que fuerte, que forma parte de nuestra cotidianeidad, de nuestro día a día. Por otra parte, “estar entre algodones” es una expresión coloquial principalmente vinculada a las mujeres y al deber ser, la cual nos vacía de todo contenido de inteligencia, situándonos en un nimbo en el que permanecemos inmaduras y en la tierna infancia, además de incompletas.

El color del algodón es el blanco, el color de la pureza, pero también el color con el que se simboliza la virginidad, adscrita al cuerpo de las mujeres y a una membrana que no solo nos habla de su supuesto honor, sino también del de su familia. El blanco, contrapuesto al color rojo, son los colores utilizados por Berena Álvarez en su trabajo. El color rojo significa atención y también es un color adscrito al cuerpo de las mujeres, pues es el color de la sangre menstrual, el color de la sangre esparcida tras la rotura del himen y el color de la violencia. Ambos colores serán los apropiados por Berena Álvarez para escenificar en un cuerpo masculino, la manera a través de la cual, hemos sido representadas las mujeres a lo largo de la historia.

Tomando como punto de partida el trabajo de la japonesa Ryoko Suzuki en su serie Blind del año 2001 donde su rostro y su cuerpo son atados con total dureza, Berena Álvarez también procederá a atar para sus fotografías a un modelo masculino. Para la cultura japonesa, las ataduras, también simbolizan placer para la mirada masculina, tal y como nos lo ha transmitido el polémico fotógrafo Nabuyoshi Araki, quien basándose en la técnica tradicional del Kinbaku, el considerado arte de atar con cuerdas, representa a modelos femeninas sometidas y humilladas como fetiches sexuales.

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Por otra parte, las mujeres hemos sido únicamente representadas como contenedoras de belleza para la mirada masculina y deleitarla a través de nuestros cuerpos ha sido la finalidad adscrita. Viejas, no servimos, somos rechazadas y consideradas brujas. Así lo han reflejado pintores como Tiziano, Rubens, Velázquez o Courbet a través de sus Venus de pieles nacaradas, y Goya a través de sus brujas entradas en años preparando el aquelarre. Solamente hemos entrado desnudas a los museos, porque nuestros cuerpos jóvenes han simbolizado lo estético y lo proporcionado, lo bello y también lo sublime. A lo largo de la historia del arte, los hombres han representado la inteligencia, el poder y la valentía, mientras que las canas y las arrugas eran sinónimo de experiencia y sabiduría.

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Dispuesta a deconstruir dichos significados, es un hombre el protagonista de su trabajo. Pero no un hombre cualquiera. Según los cánones de belleza patriarcal actuales, es un hombre joven, delgado, proporcionado y blanco, objetualizado por la fotógrafa con la finalidad de mostrarlo del mismo modo a como hemos sido representadas las mujeres a lo largo de la historia del arte. Para ello, Berena Álvarez se sirve de la fibra del algodón, anteriormente mencionada y  concretamente de un cordel de color rojo, para delimitar las zonas que de su cuerpo, a la artista le interesa mostrar.

¿Acaso los cuerpos femeninos no han sido diseccionados y desmembrados a lo largo de la historia del arte? ¿Qué hizo, por ejemplo Courbet, en El origen del mundo en 1866 o Duchamp al escenificar una violación vista por una mirilla en su obra Étant donnes iniciada en 1946? Al igual que en la obra de ambos artistas, considerados genios dentro de la historia del arte, Berena Álvarez no otorga importancia al rostro del modelo, ¿pues cuando tuvo importancia la individualización de un rostro femenino en escultura o en pintura? Ya que equiparadas a una serie, nos convertimos incluso en la temida mujer, privándonos de nuestra pluralidad y diferencias, mientras los hombres han sido los considerados iguales.

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Berena Álvarez, por tanto, persigue abrir la mente y con ello ser subversiva para que los hombres se den cuenta de la realidad de la escenificación de la violencia en los cuerpos de las mujeres. Con ella, el sometimiento del modelo indica reflexión frente a la realidad que no es otra que la violencia contra las mujeres, invisibilizada y a la vez permitida y tolerada por los medios de comunicación.

Las fotografías de Berena Álvarez levantarán ampollas y diferentes opiniones, pero seguro que muchas más en comparación a las que en estos momentos nos invaden con la intención de publicitar una película vendida a través del marketing editorial como porno para las mujeres amas de casa y para mamás, y que no es otra que Cincuenta sombras de Grey de la británica E. L. James, lo cual ya nos indica que estamos ante un porno convencional donde ellas tienen que ser las dominadas, porque de lo contrario y como nos indica Beatriz Gimeno, no sería propio ni de amas de casa ni de mamás.

Si el erotismo es desterrado del modelo masculino, protagonista de las fotografías de Berena Álvarez, ¿por qué se ve erotismo en la imagen que publicita la película en los cines donde la protagonista femenina decide ser sumisa para curarle a él la perversión? ¿Por qué toleramos unas imágenes y otras no? La cultura patriarcal que nos rodea es sádica con las mujeres y acepta dicho sadismo y dichas fantasías sexuales en el cuerpo de las mujeres con el propósito de excitar. Pero el trabajo de Berena Álvarez va mucho más allá. Su modelo es sumiso como lo ha sido a lo largo de la historia del arte el cuerpo de las mujeres. Pero la diferencia radica en serlo conscientemente o no, con una finalidad claramente política y subversiva.

Por otra parte, su trabajo deconstruye la clásica división de los sujetos y redefine la necesidad política de situar la idea de diferencia a través del género y de la sexualidad. Sus fotografías son disidentes frente a la norma, además de contestatarias frente a la realidad patriarcal que nos rodea y que se reproduce constantemente, y con ellas, la fotógrafa pretende conformar un nuevo léxico a través del cual podamos cobrar conciencia de cómo han estado configurados nuestros cuerpos en base al género como concepción social impuesta.

Irene Ballester Buigues

Cortos por la Igualdad, mujeres empoderadas

VIII Edición de Cortometrajes por la Igualdad
Ella soy yo, de Anneli Ström Villaseca. Documental.
Se dice Poeta, por Sofía Castañón. Documental.
Y en el séptimo día, por Michael Raphan. Ficción.
Un lugar mejor, por Marisa Crespo y Moisés Romera. Mención de Especial Significación Cinematográfica, otorgada por Culturarts-IVAC. Ficción.

Dos  documentales, ‘Ella soy yo’ de la directora Anneli Ström y ‘Se dice Poeta’ de Sofía Castañón, y dos ficciones, ‘Y en el séptimo día, de Michael Raphan y ‘Un lugar mejor’, de Marisa Crespo y Moisés Romera, son las cuatro piezas audiovisuales seleccionadas, de las 490 presentadas, en la VIII Edición del Concurso Cortometrajes por la Igualdad.

Cuatro trabajos que forman parte del DVD ‘Cortos por la Igualdad’ y cuyos temas son, como explica Paqui Méndez directora y coordinadora de esta edición, “la desigualdad de poder en la pareja, vista con mucho humor, el miedo silenciado del acoso sexual y las mujeres poetas olvidadas”.

Fotograma de 'Ella soy yo', de Anneli Ström, en la VIII Edición de Cortometrajes por la Igualdad. Imagen cortesía de Paqui Méndez.

Fotograma de ‘Ella soy yo’, de Anneli Ström, en la VIII Edición de Cortometrajes por la Igualdad. Imagen cortesía de la organización.

Esos son los temas tratados. Temas relacionados con la discriminación y la desigualdad que sufren las mujeres. Y, obviamente, no podrían ser  otros temas, ya que el objetivo de este concurso es concienciar, sensibilizar de la discriminación que sufren las mujeres en todos los ámbitos de nuestra sociedad y, desde esa concienciación, reivindicar derechos para erradicarla.  De ahí la importancia de editar en DVD los cortos ganadores, ya que su visionado, como argumenta Paqui Méndez, puede “propiciar el debate de temas relacionados con la mujer en centros educativos, bibliotecas, asociaciones de vecinos, entidades sociales o para el público interesado”.

Fotograma de 'Se dice poeta', de Sofía Castañón, en la VIII Edición Cortometrajes por la Igualdad. Imagen cortesía de la organización.

Fotograma de ‘Se dice poeta’, de Sofía Castañón, en la VIII Edición Cortometrajes por la Igualdad. Imagen cortesía de la organización.

Así pues, en ‘Ella soy yo’ las mujeres protagonistas nos hablan acerca de su experiencia como víctimas de un acoso sexual. En ‘Se dice poeta’, mujeres poetas reflexionan sobre  la situación de la mujer en el mundo de la poesía. Y en ‘El séptimo día’, la mujer toma la palabra para reivindicar su derecho a decidir sobre su cuerpo -cuándo tener o no tener un hijo-. Protagonistas mujeres, las de estas historias, que cuentan, reflexionan y toman la palabra no como sujetos pasivos de la situación de agresión, de la historia literaria o de la biología femenina. No. Las mujeres de estos cortos no ocupan una posición sumisa.

Las dos directoras, Anneli Ström Villaseca y Sofía Castañón, y el director Michael Raphan construyen sus cortos para que las protagonistas tomen la palabra y miren desde el “empoderamiento femenino”. Sí. Las protagonistas de estas historias no son mujeres víctimas, ni se sienten vulnerables, ni anonadadas. Son mujeres que han dejado de ser objetos de la historia de otros, para ser sujetos de sus propias historias.

Fotograma de 'Y en el séptimo día...', de Michael Raphan, en la VIII Edición de Cortometrajes por la Igualdad. Imagen cortesía de la organización.

Fotograma de ‘Y en el séptimo día…’, de Michael Raphan, en la VIII Edición de Cortometrajes por la Igualdad. Imagen cortesía de la organización.

La mirada de estos directores enfatiza una representación de lo femenino desde la positividad. Las mujeres de estos cortometrajes gritan metafóricamente: “Sí podemos”. Una mirada y un grito muy acorde con el momento histórico actual.

Los trabajos  seleccionados en esta VIII Edición de Cortometrajes por la Igualdad muestran ese podemos de las mujeres para romper con la servidumbre y encontrar su posición como sujeto de la historia. Al igual que en el poema de Arthur Rimbaud, ‘Cartas del vidente’, recitado por una de las protagonistas poetas del documental ‘Se dice poeta’: “Cuando las cadenas de la infinita servidumbre de la mujer sean rotas, cuando la mujer viva por ella y para ella, cuando el hombre –hasta ahora abominable- le haya devuelto lo suyo, ¡también ella será poeta! ¡La mujer encontrará su parte de lo desconocido! ¿Sus mundos de ideas serán diferentes de los nuestros? Ellas encontrarán cosas extrañas, insondables, repugnantes, deliciosas. Nosotros las tomaremos, las comprenderemos”.

Fotograma del cortometraje 'Ella soy yo', de Anneli Ström. Imagen cortesía de Cortometrajes por la Igualdad.

Fotograma de ‘Ella soy yo’, de Anneli Ström, en la VIII Edición de Cortometrajes por la Igualdad. Imagen cortesía de la organización.

Begoña Siles

Sagunto viste la túnica clásica

‘Antígona’, de Sófocles, ‘El Eunuco’, de Terencio y ‘Pluto’, de Aristófanes
Festival d’Estiu Sagunt a Escena
Hasta el 22 de agosto

El Festival d’Estiu Sagunt a Escena llega a su recta final en clave clásica, combinando el drama con la comedia. Piezas que beben en las fuentes del teatro de todos los tiempos, compartiendo cartel con festivales como Mérida, Almagro o Peralada: ‘Antígona’ de Sófocles, ‘El Eunuco’ de Terencio y ‘Pluto’ de Aristófanes.

El 16 de agosto Sennsa Teatro presentó ‘Antígona’ de Sófocles en una versión de José Manuel Mudarra. El montaje recreó un escenario dominado por la destrucción de la guerra y el odio, personajes profundamente humanos regidos por sus ideas y sus pasiones. ‘Antígona’ es un símbolo de libertad y de oposición a la tiranía, que hace de la violencia y el miedo su escudo protector y su fortaleza.

Cartel de 'El eunuco'. Festival d'Estiu Sagunt a Escena.

Cartel de ‘El eunuco’, de Terencio. Festival d’Estiu Sagunt a Escena.

La ‘Antígona’ de Sennsa Teatro se presentó como una propuesta de creación libre, expresiva y poética, una propuesta sensible a la injusta condición de sumisión de la mujer por parte de los poderes. Una propuesta contra la barbarie. La de ahora, la de ayer y  la de siempre.

El crítico George Steiner destaca la persistencia del mito de Antígona en la cultura de Occidente y lo explica por su rico contenido, ya que en él se condensan los cinco conflictos fundamentales que a su juicio dan origen a todas las situaciones dramáticas. El enfrentamiento entre Antígona y Creonte sobre el destino de los restos de Polinices plantea a la vez los conflictos entre hombres y mujeres, entre la vejez y la juventud, entre la sociedad y el individuo, entre los seres humanos y la divinidad, y entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Sandra Pozo, Juanra Real, Javier Martín, Marta Díez, Thais N. Izquierdo, Marina Miranda y Ángela G. Olivencia fueron sus intérpretes, con el coro de Shaula Lasarte, Eva Losada y Amelia Flores.

Rostros muy conocidos de la televisión, como Pepón Nieto, Anabel Segura o Antonio Pagudo estarán en el escenario del Teatro Romano el 20 de agosto. Interpretan ‘El Eunuco’ de Terencio en una divertida versión de Jordi Sánchez y Pep Antonio Gómez dirigida por este último. Nueve personajes enloquecidos por el amor, el dinero, la pasión, el orgullo, los celos y los equívocos. Nueve personajes y otras tantas historias que se entrecruzan en un montaje que transita sin rubor por el teatro clásico grecolatino y el musical, la comedia de situación y el vaudeville. Un ritmo endiablado en lo que pretende ser y será toda una fiesta de principio a fin. Otros intérpretes: Jorge Calvo, Marta Fernández Muro, Alejo Sauras y Eduardo Mayo.

Cartel de 'Pluto', de Aristófanes. Festival d'Estiu Sagunt a Escena.

Cartel de ‘Pluto’, de Aristófanes. Festival d’Estiu Sagunt a Escena.

El tándem Emilio Hernández / Magüi Mira conduce la versión de ‘Pluto’ de Aristófanes sobre el dinero, un tema  a la orden del día, protagonizada por Javier Gurruchaga y Marisol Ayuso. ‘Pluto’, el dios del dinero, canta ciego por las calles. Está triste porque no sabe a quién se da. Quisiera repartirse con justicia entre toda la gente honesta. Los que no lo tienen lo reclaman, y los que ya lo tienen no lo quieren soltar.

Crémilo, un agricultor arruinado, le devuelve la vista y empieza la fiesta. Un sueño para unos, una pesadilla para otros. ‘Pluto’ es la historia de una utopía, del sueño del reparto justo de la riqueza, del dinero. Humor que hace reflexionar. Un humor ácido, satírico, deslenguado, que nos invita a la fiesta de la utopía. Intérpretes: Javier Gurruchaga, Marisol Ayuso, Marcial Álvarez, Jorge Roelas y Ana Labordeta.

El 22 de agosto culmina el festival con ‘Per Sempre Nino Bravo’, un homenaje en el 40 aniversario de la muerte del cantante. Un concierto en vivo con canciones interpretadas conjuntamente por el propio Nino Bravo en pantalla y destacados artistas invitados, todos ellos valencianos. Inhumanos, Javier Agulló, Ximo Tébar, Isabel Julve, David Pastor, entre otros. Canciones de Nino Bravo en clave de jazz, flamenco, lírico, reggae, pop y rock. Dirección artística y musical: Nacho Mañó i Ximo Tébar. Homenatge de la Generalitat Valenciana.

Una escena de 'Antígona', de Sófocles, en versión de José Manuel Murrada. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Una escena de ‘Antígona’, de Sófocles, en versión de José Manuel Mudarra. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Bel Carrasco