No sé qué pasa que lo veo todo negro

Black is Back, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La versión al castellano que muchos grupos han hecho del ‘Paint it black’ de The Rolling Stones, ahora que se cumplen 50 años de su grabación, comienza así: “No sé qué pasa que lo veo todo negro”. Entonces sabíamos que se debía al racismo y la ausencia de ciertos derechos civiles por los que Rosa Parks, una década antes, luchó negándose a ceder su asiento a un blanco en un autobús. ¿Hay razones ahora para verlo todo negro? Sí, pero desde otro punto de vista: el que muestra Luis Rivera en la galería Alba Cabrera mediante la exposición Black is back.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“El machismo y el racismo son dos grandes atrocidades”, exclama Rivera. Y a lomos de esas dos grandes lacras va dando rienda suelta a su imaginación en forma de siluetas, figurativas y abstractas. Siluetas que parecen devolver la vida, a partir de sombras y viceversa, a quienes hicieron del jazz un enorme acto creativo y reivindicativo por su discriminado color. El propio Rivera lo subraya al pie del retrato de James Brown, cuando este canta orgulloso: “Say it loud, I’m black I’m proud” (Dílo alto, soy negro y estoy orgulloso).

Y orgulloso exhibe Luis Rivera el centenar de piezas, 22 más grandes y móviles, 80 pequeñas y 11 compuestas, que conforman su Black is back visual y sonoro. Visual, porque mediante una aplicación de móvil con linterna saltan a la vista esas siluetas como prolongación de sombras ilustres: Billie Holiday, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Miles Davis, Louis Armstrong, B.B. King, Ray Charles, Aretha Franklin o Jimi Hendrix. Y sonoro, porque mediante la aplicación de lector QR se puede escuchar la música incorporada en las piezas.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Así es como Black is back convierte la galería Alba Cabrera en Nueva Orleans o Nueva York, para que Valencia destile autenticidad negra. “Juego a la abstracción desde la figuración y viceversa en un acto reivindicativo de la negritud”. Una negritud que Rivera rescata de su lectura peyorativa en torno a lo oscuro y negativo, para que resalten y brillen los astros del jazz. Desde el “grito de protesta” con el que arranca la exposición con Billie Holiday y su “saxo preferido” Lester Young, al puñetazo con el que cierran el recorrido Malcom X, Martin Luther King o Cassius Clay, del que Rivera recuerda su famoso “vuelo como una mariposa, pico como una abeja”.

“A mí en la facultad me decían que el negro es la ausencia de color. Bueno, pues yo aquí digo que el negro es color”. Dicho y hecho. A partir de numerosas sombras, Rivera ha ido dando forma a esos rostros del jazz, algunos fácilmente reconocibles y otros reducidos a unos cuantos trazos minimalistas.  “Se crea un lenguaje con el espectador que se contagia de la idea de descubrir quién es quién”. Todos esas siluetas poblando la sala como si de una jam session antológica se tratara. Mezcla de pintura, escultura, efectos de luz y sombras y evocaciones sonoras. “Es una proyección, un léxico que va más allá, creando incluso cierto espacio arquitectónico”.

Jimi Hendrix en 'Black is back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Jimi Hendrix en ‘Black is back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Luis Rivera dice en el propio texto de la exposición que en la sala se pueden “escuchar canciones con sus teléfonos móviles, despertar sensaciones, descubrir recuerdos”. No es un ejercicio de nostalgia, sino la condensación de una vitalidad que el artista exhibe como muestra del poder energético que rezuma cierta memoria. “Es una reivindicación de la sombra”. Cómo desde el fondo inconsciente que el arte da forma, ese negro que está detrás, al que alude el título, puede transformarse en el blanco de la mirada. “Investigando sobre el negro, yo voy complicando el ojo”, que salta de una estructura a otra a modo de notas musicales de las primeras big bands a los sonidos más pop, pasando por el be bop, el rhythm and blues, el funk o el rock.

Por si cabía alguna duda, Luis Rivera explica que en Black is back  hay “música negra”, en un viaje que va “desde el origen del jazz con olor a algodón y libertad, hasta la rebeldía y el desafío, todo entre la luz, el color y las sombras, la expresividad, lo abstracto y lo figurativo”. Porque basta un ligero movimiento de la luz de la linterna del móvil para que Chuck Berry, Stevie Wonder, Bob Marley o la andrógina Grace Jones muden su expresión. Ahora ya se sabe por qué Luis Rivera lo ve todo negro.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición 'Black is Back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición ‘Black is Back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

200 rostros frente al espejo de Valencia

Qui És Qui, de Eva Máñez y Vicent Molins
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Inauguración: jueves 19 de noviembre, a las 19.30h

Una ciudad expuesta ante la propia ciudad. Qui És Qui, el proyecto fotográfico de Eva Máñez y Vicent Molins nacido al calor online, toma esta vez formato físico. Para ello el próximo día 19 de noviembre a las 19.30 exponen 200 fotografías, 200 rostros de la Valencia del momento, en una celebración abierta que reunirá en La Rambleta a aquellos que protagonizan las imágenes, junto a pequeñas intervenciones musicales.

Imagen de la exposición Qui  És Qui. Cortesía de Espai Rambleta.

Imagen de la exposición Qui És Qui. Cortesía de Espai Rambleta.

Planteada como una fiesta, la muestra sintetizará un año de trabajo en el que se ha rastreado a personajes sobresalientes, algunos conocidos, otros muchos anónimos, de la urbe. “Una manera de poner a Valencia frente a su espejo”, según los autores de la propuesta, quienes además de capturar visualmente a sus fotografiados les tomaron una declaración con la que “definir la personalidad de cada uno de ellos y a la vez de todos nosotros”. Cada imagen va acompañada de un nombre sin apellido y la localización donde se tomó.

Qui És Qui. Espai Rambleta. Fotografía de Eva Máñez.

Qui És Qui. Espai Rambleta. Fotografía de Eva Máñez.

El viaje por Valencia ha comprendido gran parte de los barrios, “desde San Marcelino a la Malvarrosa pasando por Patraix o Ciutat Vella”, con el objetivo de tomar finalmente una imagen fija del momento y ser, aseguran, “una cápsula en el tiempo de nuestra ciudad”.

En la celebración también se presentará la nueva identidad gráfica del proyecto, obra del Premio Nacional de Diseño Daniel Nebot y que a través de siluetas describe la esencia callejera de Qui És Qui, jugando con el plano, la ubicación y el propio rostro de los personajes. Siluetas mirando a una ciudad… y viceversa.

Qui És Qui. Espai Rambleta. Fotografía de Eva Máñez.

Qui És Qui. Espai Rambleta. Fotografía de Eva Máñez.

Pinceladas colectivas, silencio administrativo

Pinceladas colectivas
Galería Imprevisual
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta el 11 de septiembre de 2015

Que 150 artistas se reúnan para dar forma a un proyecto que nació en 2011 con fecha de caducidad, su presentación en las jornadas de clausura de Russafa Conviu de ese año, ya merece justa consideración. No es fácil aglutinar a tanto artista, con sus egos respectivos y estilos diversos, en torno a una propuesta que arrancó mediante la creación de un cuadro obra de Miguel Ángel Aranda, al que se fueron sumando otros 20 artistas, con sus añadidos a la obra realizada en vivo y en directo durante 15 días en la Galería Imprevisual.

Obra de Miguel Ángel Aranda que dio origen a Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Miguel Ángel Aranda que dio origen a Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Las figuras o siluetas incorporadas a ‘La plaza de las artes’, título del cuadro que sirvió de germen creativo, fueron adquiriendo vida propia una vez concluido el proyecto. Así fue como, poco a poco, Pinceladas colectivas adquirió la dimensión que hoy tiene: centenar y medio de artistas interviniendo libremente esas figuras expuestas hasta el 11 de septiembre en Imprevisual, la galería en la que se gestó tamaño proyecto.

Hablamos de artistas como Gabriel Alonso, Javier Calvo, Calo Carratalá, Pepa Castillo, Javier Chapa, Raúl Dap, Rafa de Corral, Ramón Espacio, Xus Francés, Jarr, Sebastián Nicolau, Concha Ros, Ana Vernia o Vinz, del largo etcétera que nutre con sus aportaciones individuales la propuesta colectiva. Artistas en su mayoría valencianos, a los que se suman autores nacionales e internacionales, ya sean europeos o latinoamericanos. Artistas que reunidos en torno a esa plaza de las artes inicial han terminado por conformar el políptico denominado Avenida de Proyecto, cuyo conjunto se vende al precio de 46.700€.

Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Xus Francés en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Una cantidad estimada a partir de los 300€ en que se valora cada pieza por separado y con la que se pretenden sufragar los costes de producción de las figuras, de los 300 catálogos editados y pagar el trabajo de los 150 artistas que hasta la fecha han intervenido en el proyecto. Porque el proyecto, a tenor de la pasión con la que arrancó de la mano de Miguel Ángel Aranda, al alimón con Arístides Rosell, seguirá creciendo.

De hecho, las 150 figuras expuestas en una de las paredes de Imprevisual, justo enfrente del cuadro mayor que dio origen al conjunto, se dividen según los fondos de color rojo y amarillo que aparecen en los costados de ‘La plaza de las artes’. De manera que ya se piensa en su continuación, tomando ahora como referencia los tonos azul y negro que dominan el cielo y la tierra de la obra de Aranda. Una obra que viene a reflejar, mediante esa cabeza que se multiplica en todas direcciones, el carácter multidisciplinar y abarcador de todos los puntos de vista.

Obra de Vinz en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Vinz en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Pinceladas colectivas, a pesar de la dimensión que ya tiene y del vuelo que va tomando, no ha despertado el más mínimo interés por parte del Ayuntamiento de Valencia. “Lo hemos presentado en Casas de Cultura, en La Rambleta y en diversos ayuntamientos, entre ellos el de Valencia, siempre con resultado adverso”. Y cuando se refiere Arístides Rosell a “resultado adverso”, se refiere a la nula respuesta una vez presentado el proyecto, lo que significa el acostumbrado silencio y falta de sensibilidad hacia propuestas que, como ésta y tantas otras, merecerían al menos una explicación acerca de las razones por las que se desestiman.

En cualquiera de los casos, Pinceladas colectivas sigue su rumbo porque, como señala Miguel Ángel Aranda, hay un motor que mueve el proyecto: “la pasión”. Una pasión compartida por 150 artistas a los que se van sumando otros nuevos en lo que han dado en llamar ‘Anexos’: prolongación lateral de la obra inicial que, pese al silencio administrativo, da mucho de qué hablar. Entre otras cosas, de aquello que todas esas figuras y siluetas contienen como pálpito de la heterogénea visión del mundo.

Vista de algunas de las obras de Pinceladas colectivas en la Galería Imprevisual.

Vista de algunas de las obras de Pinceladas colectivas en la Galería Imprevisual.

Salva Torres

Cohen: Al(gu)ien en tierra de nadie

Lynne Cohen, restrospectiva
Comisaria: Nuria Enguita Mayo
Sala Rekalde*
Alameda de Recalde 30. Bilbao.
Hasta el 25 de enero de 2015

Lynne Cohen (1944–2014) empezó a fotografiar a comienzos de los setenta –provenía de la escultura y el grabado– los salones de sus vecinos y otros espacios íntimos que le parecieron dignos de ser retratados para “plasmar las realidades sociológicas de un mundo cambiante”, según sus palabras. Hay una curiosidad etnográfica en esa intimidad circundante pero sin ánimo científico; no data su fotos, ni revela su exacta ubicación (con la salvedad de unas pocas al comienzo) en un intento de que el relato no se someta a prejuicios geográficos, se someta a clichés culturales, o pruebas de cargo sociológicas. Es su manera de superar la anécdota visual y dotar de entidad a la fotografía al aislarla del intrusismo controlador (que las pequeñas comunidades consideran normal en el intercambio de información local).

En estas primeras fotografías hay un cierto pasmo ante la profusión de objetos, algunos curiosos, bizarros, en ese espacio de exposición que es el salón de la casa. Un espacio teatral por excelencia donde la familia representaba –simulándolas– su buena cuna y sus posibles; un lugar donde lucía la memoria familiar. Pero el moderno living tiene una incoherencia plástica que se impone sobre los objetos cuajados de recuerdos, la limpieza: el rechazo de lo deteriorado, de las manchas, de las cicatrices del tiempo.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Las primeras fotos de Lynne Cohen son casi coetáneas de aquel viejo anuncio del sacabrillos cuyo slogan gritaba “cambie el polvo por brillo natural”. Así frente el deterioro (que sí es lo “natural”), el brillo oculta el paso del tiempo y hace que la memoria familiar sea sometida también a una limpieza, a un expurgo, y a un brillar y deslumbrar en su exhibición.

La fotógrafa también nos muestra salas de clubs masculinos donde la representación se ensimisma y la intimidad grupal se sobredimensiona hasta lo kitsch: hombres tocados de sombreros turcos con inscripciones, sillones con astas de alce, una galería de notables custodiada por un ciervo disecado. Ahí parece nacer lo que será el leit motiv de su fotografía: mostrar interiores que por diferentes razones no son accesibles.

En los comienzos son fotografías de pequeño formato con una invisible —pero perceptible— mano que gira palma arriba para mostrar las salas. Es la única presencia humana, sobreentendida: Lynne fotografía los interiores sin persona alguna (“no sabría dónde ponerlas”) aunque se puede percibir la presencia fuera de cuadro, contemplando –ufanas– su escenario favorito.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Cohen se vale de composiciones equilibradas, una iluminación bien compensada (con una exposición larga) que permita detallar todo el espacio; un punto de vista natural en altura y una acusada simetría compositiva. Así consigue distanciarse y ofrecer una mirada neutra; de modo espontáneo brota la curiosidad objetiva que desea escudriñar. Este ofrecimiento a mirar se troca en “invitación a entrar” cuando sus fotos pasan a formato más grande al inicio de los 80. La ausencia de personas, la desaparición de la autora y el tamaño grande hacen que la retrospectiva de la Sala Rekalde sean más de sesenta ventanas a las que asomarse.

Agotado el tema de los livingroom y los clubs masculinos, Cohen da rienda suelta a esa necesidad de mostrar lugares poco accesibles e incluso lugares que están a dos pasos en un instante inédito. Durante el resto de su producción surgen sus series de fotografías agrupadas bajo colecciones genéricas: aulas (classroom), spas, laboratorios, warehouse, escuelas de vuelo, fábricas, instalaciones militares. Son espacios muy distintos a los salones “de exhibición” anteriores: la mano alegre que mostraba pasa a ser una mano que abre una cortina donde está lo que no se enseña (muchos a regañadientes, según comentó). Queda atrás el espejo que se mira la cara maquillada, el ornamento y la ostentación.

Cohen fotografía los órganos del sistema, donde los procesos ocultos: ahí donde se experimenta, se aprende, se descansa, se ensaya, se fabrica, se relaja, se prueba, se sanea, se almacena, se adiestra… a disparar. Pasa de una fotografía que no estaría lejos del cuché (salones y clubs en modo show), a otra mucho más distante, más cercana a la ecografía de los interiores del sistema (donde el control).

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

En la retrospectiva, la serie de Aulas es notable y se funde con la de otros espacios de entrenamiento y aprendizaje como las galerías de tiro, los simuladores o incluso las salas de baile. Son todas fotografías de gran formato lo que dota al observador de detalles e imperfecciones como abolladuras, muescas, arreglos que enriquecen el genérico título de la foto con el espacio retratado. En algunos casos muy evidente y en bastantes asalta el extrañamiento visual.

La mirada pasmada suele encontrar en el humor una manera rápida de salir de ese estado oleaginoso: buscar una ganzúa en los varios significados que la ambigüedad ofrece con la esperanza de que una de las puertas ofrezca el escape. En algunas fotografías no queda muy claro qué son, qué se hace (ni, por supuesto, quién lo hace). Los objetos no destacan en forma, ni en ubicación. Salas y estancias carentes de un punto central funcional que dé significado y ofrezca líneas de fuga hacia los matices. No, todo conjuntado y cerrado en sí mismo.

Objetos y muebles, suelos y techos, paredes, todo queda a merced de un diseño monótono de motivos geométricos o vegetales como si fuera un tejido de camuflaje (especialmente en blanco y negro). Puede ser un recibidor de un hotel pretencioso, o un espacio mixto frente una oficina industrial, o una antesala donde entregar paquetería. Mediante patrones llamativos y chillones se configura el equívoco, el pasmo, un paréntesis a nuestro mirar etiquetador. Sin buscar la sobreinterpretación que es el peligro de esta obra, ya que cualquiera de sus fotografías con maniquíes se impone casi; en una segunda observación aparece más abstracto que hay engaño, artificio y ese debate entre lo absurdo (de mirar para clasificar) y lo serio.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

De la fotografía de Cohen suele destacarse que causa inquietud por carecer de personas e inspira a percibir presencias, ausencias, incluso ver fantasmas en sus instantáneas. La habitación deshabitada se utiliza contra el que mira: anula el mirar forense, produce apariciones, la fantasía encuentra interrogantes que habitar. La perturbación no nace de ninguno de los objetos que Cohen fotografía, sino de la pérdida de éstos (de escala humana en las primeras fotografías hacia estructuras y aparatos sobrehumanos) y en consecuencia da paso a el aire; un aire vaciado que permite a la imaginación entrar y, claro, obligarla a husmear por marcas, aparatos, reflejos, ventanales y romper los confines de cada imagen.

En algunas fotografías los maniquíes, los muñecos, las siluetas de figura humana invocan la presencia humana abstracta y cosificada de las víctimas del ensayo: estar ahí para ser tiroteadas, golpeadas, vestidas. En otras hay mirillas y troneras, cabinas de observación, barricadas que materializan la presencia no visible de personas que observan y controlan; al igual que al otro lado de micrófonos y tuberías, en el origen de cableados, leyendo indicadores, medidas, ajustando parámetros. Y por último, la simple orfandad del mobiliario vacío, de las salas despobladas de baile o las aguas quietas de las piscinas acaban por imponer una nostalgia de cuerpos. No en vano Lynne Cohen tituló a sus exposiciones más famosas “Camouflage”, “Occupied territory” (Territorio ocupado) y “No Man’s Land” (Tierra de nadie). Quizá dando a entender que si bien ella no sabía dónde poner las personas, los espectadores podrían.

La última imagen de Cohen es la pared lateral de un frontón de la serie llamada classroom (algunas fotografías fueron tomadas en España en los 90). Un frontón sin números, ni los pasa y falta: las rayas pintadas revelan que no es el largo frontón clásico de pelota. Un guiño local, una manera de mirar a uno de esos espacios comunes con otro ángulo, una invitación a reposar la mirada y apreciarlo con la misma luz, sin nadie, con otra velocidad.

¿Y si se revisaran todas estas fotografías como la persona encargada de limpiar y ordenar el lugar? Como si se acabara de evaporar la última marca de agua jabonosa en el suelo y, acodado sobre un carrito de baldes y escobones, se contemplaran los espacios que otros usarán justo antes de volverse para apagar la luz. Espacios donde poder descansar nuestra mirada mientras ellos descansan a su vez de nosotros.

* La retrospectiva de la Sala Rekalde consta de 78 fotografías. Se inició en la Fundación Mapfre en Madrid en febrero de 2014. La autora se ausentó de la inauguración por problemas de salud que no pudo superar y falleció en mayo. Afortunadamente para los lectores de Makma, se puede visitar la exposición madrileña mediante una visita virtual con apoyo gráfico y auditivo en la dirección:

http://www.exposicionesmapfrearte.com/lynnecohen/visita_virtual/visita_virtual.html

Esta retrospectiva también estuvo expuesta en la Sala Vimcorsa en Córdoba. La obra completa en la web de la autora también merece una visita aunque las imágenes son de resolución media-baja: http://www.lynne-cohen.com

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Jorge Laespada

Xisco Mensua: Palabras en la imagen

Palabras en la imagen de Xisco Mensua
Galería Rosa Santos
C/ Bolsería. 21. Valencia.
Inauguración: 28 de marzo a las 20 h.
Hasta el 23 de mayo de 2014

El ilustrado(r) y la fábula del sentido

Divagaciones en torno a la exposición “Palabras en la imagen” de Xisco Mensua

Aunque inicialmente, y dada la abundante presencia de textos dibujados, pudiéramos pensar (y algo de eso hay) que estamos ante un artista paradójico que simplemente desconfía de la imagen (de su capacidad evocadora, de su poder discursivo, de su condición de verdad o semejanza, o de su carácter pánico), y aunque la inquietud de Xisco Mensua nos recuerde al Silvio Lago de Emilia Pardo Bazán que sufría “la penosa incerteza, el titubeo de los desorientados y los deslumbrados, la solicitación de las otras formas artísticas, la ambigüedad ambiciosa que obliga al escultor a buscar efectos pictóricos; al pintor, a introducir poesía lírica o épica, literatura, en fin, en sus cuadros;” en realidad la cuestión es algo más compleja y las dos operaciones que simultáneamente, a mi parecer, lleva a cabo Xisco Mensua son de otro signo. O al menos, otros me parecen sus orígenes y otra su búsqueda; una exploración ligada quizá más a un anhelo, y una perplejidad ante las potencias de la imagen como construcción cultural, o de la visualidad en toda su extensión, que a un desengaño.

Xisxo Mensua "Relámpago" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisxo Mensua “Relámpago” (en “Palabras en la imagen”). Imagen cortesía de la galería.

El cuadro que hace las veces de título de la exposición, si podemos llamarle así, dado que es prácticamente un cartel con la frase “Palabras en la imagen”, pintada en negro sobre blanco con el subtítulo “después de Teoría de la imagen de W. J. Mitchell”, podríamos leerlo (o verlo, aquí empiezan los dilemas) como una declaración de intenciones vinculada a esa voluntad de “mostrar la mirada” expresada en la obra de Mitchell. Así que no estaríamos exclusivamente ante una crítica a la posibilidad de existencia de la pintura como medio absolutamente autónomo, ni frente a un ejercicio de desconfianza hacia el sistema discursivo de la imagen; sino ante un proceso de trabajo en el que se experimenta la dificultad de cercar los límites de la relación entre palabra e imagen, lo irreductible de esta, y la imposibilidad de que no sea a la vez texto, o no provenga de un régimen discursivo exterior y verbal. Y simultáneamente, de que un texto no sea imagen, y no ya solo por su condición, en este caso caligráfica, que nos remite a su pertenencia al dibujo, sino de una manera más esencial porque, en cuanto que es visto y leído, propone o evoca una imagen. De alguna manera, en la búsqueda emprendida parece existir cierta voluntad de acercamiento a las posibilidades de elaboración de una “imagen de la teoría de la imagen”.

Xisco Mensua "Melancolía" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua “Melancolía” (en “Palabras en la imagen”). Imagen cortesía de la galería.

La estrategia que guía esta exploración es casi arqueológica, indaga en los estratos de una forma de relación entre lo visual y lo textual donde las evidencias encontradas, las apariencias de verdad de cada una de las formas discursivas, en su relación, no son estrictamente ni verdaderas ni falsas, ni establecen una relación directa o al menos inmediata. La relación creada a lo largo de la exposición entre imagen y palabra genera una cierta inquietud porque no es absurda, y tampoco inteligible, ni siquiera ininteligible, sino que disloca el orden o la relación de adjetivo y sustantivo que entre imagen y texto tendemos a establecer, borrando lúdicamente, como dice del caligrama Foucault, “las más viejas oposiciones de nuestra civilización alfabética: mostrar y nombrar; figurar y decir; reproducir y articular; imitar y significar; mirar y leer”. Así, al contrario que en una mera ilustración, Xisco Mensua nos hurta un principio de síntesis o de continuidad para, realmente, iluminar o ilustrar (en el extenso sentido de estas palabras) un camino de dos direcciones, en el cual textos e imágenes amplían o multiplican sus relaciones provocando nuevas u otras búsquedas de sentido en una operación que por su carácter alegórico, como dice C. Owens, no es hermenéutica, no restablece “un significado original que pudiera haberse extraviado u oscurecido”; es una “imaginería usurpada” que añade otro significado a la imagen; en la cual el alegorista no inventa sino que confisca, reivindicando su derecho sobre lo culturalmente significante para transformarlo en otra cosa (allos =otro +agoreuein =hablar). Aunque en este caso la sensación que nos da no es tanto de que se sumen o trastoquen significados, sino de que todos ellos se relativizan, se tornan livianos, a veces nos parece más un proceso de disolución que de construcción de sentido.

Xisco Mensua "No lo encontrarás" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua “No lo encontrarás” (en “Palabras en la imagen”). Imagen cortesía de la galería.

Así, la primera de las operaciones llevadas a cabo; el cuestionamiento de que existan dos saberes en conflicto o competencia: el visual y el textual, y uno más veraz que otro, o de que al menos pudiéramos establecer un régimen de continuidad entre ambos, nos desvela la segunda y más delicada y melancólica de las operaciones pretendidas aquí: el cuestionamiento de las capacidades para el desvelamiento de la verdad en los efectos de sentido que elabora cualquier acción o forma de discurso. Como si del palimpsesto de Arquímedes se tratara, imágenes y texto en su resonancia mutua alumbran nuevos significados, pero a la vez nos revelan lo que hay de fábula en la construcción de sentido.

Xisco Mensua "Phrases" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua “Phrases” (en “Palabras en la imagen”). Imagen cortesía de la galería.

A lo largo de la exposición se entrecruzan, entre otros, los textos de Jean-Luc Nancy, Artaud, Derrida, Blanchot, Hölderlin, Machado o Benjamin… con algún cuadro monocromo (en el que se pregunta si el mismo es una imagen) y sombras, reflejos y siluetas… Palabras caligrafiadas, citas de textos que son necesariamente imágenes, y también citas de imágenes, e incluso imágenes citadas en forma de texto –”Melancholia” es un cuadro que es solo la ficha técnica pintada del grabado de Durero–. Y se trasluce un cierto desengaño: “What do you read my lord? Words, words, words” (Hamlet. Shakespeare) o “Hamm: ¿No estamos a punto de… de… significar algo? Clov: ¿Significar? ¿significar nosotros? (risa breve). ¡Esta sí que es buena!”. Y la sensación de que tras esa deriva entre citas de imágenes y palabras, de reflejos e interpretaciones, tras el aliento poético que habita en esa búsqueda de sentido se oculta, tras una duda epistemológica, una voluntad casi científica. A la máxima latina – que es lema de la Royal Society – Nullius in verba (en la palabra de nadie) podríamos añadirle nullius in imagines, ni los discursos ni las apariencias. Pero quizá es porque como decía Juan deMairena sobre el trabajo infinito de la ciencia: “No es porque busque una realidad que huye y se oculta tras una apariencia, sino porque lo real es una apariencia infinita, una constante e inagotable posibilidad de aparecer”.

Ignacio París Bouza

Xisco Mensua "Fin de la partida" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua “Fin de la partida” (en “Palabras en la imagen”). Imagen cortesía de la galería.