¡Qué horror!

Ni cautivos ni desarmados. Arte, memoria y dolor versus política o [violencia] en/desde [la España del] siglo XX
Colecciones de 9915 y Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau
C/ Universitat, 2. Valencia
Hasta el 2 de octubre de 2016

Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, reflexionó en las páginas de la primera etapa de ARTS de El Mundo en torno al coleccionismo de arte apuntando el cambio sufrido en los últimos años a causa del capitalismo salvaje, donde el “todo vale” ha depreciado en muchos casos la labor del coleccionista vocacional. Coleccionistas que han sostenido el patrimonio artístico en momentos de crisis del Estado y que, como apuntó Mercedes Basso, de la Fundación Arte y Mecenazgo de La Caixa, invierten (se refería al auténtico coleccionista, no al arribista de turno) “no para escalar socialmente”.

Algunos de esos coleccionistas vocacionales se dan cita en La Nau de la Universitat de València para ofrecer una muestra de su labor, al tiempo que hacen memoria a través de su valioso patrimonio cultural. José Pedro Martínez Guerricabeitia recordó que las obras que coleccionaron sus padres, reunidas en la Fundación Martínez Guerricabeitia y depositadas en la propia universidad, guardaban un “marcado criterio de índole social y de denuncia de los males de la sociedad”.

Miliciana, de Alberto Korda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Miliciana, de Alberto Korda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

La Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo 9915, con su presidente Jaime Sordo a la cabeza, sigue ese mismo rastro al recordar el por qué de la cifra que justifica al colectivo: “El logo 9915 combina el carácter frío del número, con la historia a medio camino entre la pulsión atávica, incontrolada e irracional y el romanticismo azul de lo imposible, de lo irremediablemente humano, y del compromiso con las formas más elaboradas de la creatividad artística”. Además de ser 9915 el código con el que los organismos internacionales identifican a los coleccionistas en general.

Esa mezcla de pulsión atávica y elaboración de la propia pulsión es la que atraviesa la exposición Ni cautivos ni desarmados, que reúne en La Nau de la Universitat de València 40 obras y un mosaico de 28 fotografías pertenecientes a las colecciones de la 9915 y la Martínez Guerricabeitia. Todas ellas mostrando lo que aglutina el “largo y sonoro”, a modo de “proclama o pasquín”, subtítulo expositivo: “Arte, memoria y dolor versus política o violencia en la España del siglo XX”. Alfonso de la Torre, comisario de tan contundente razón de ser de la muestra, lo explica así: “Habla de la pervivencia de la violencia y el dolor como uno de los asuntos del arte”.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Asunto que el propio comisario localiza en los albores de las vanguardias históricas: “Ni cautivos ni desarmados reflexionan sobre la violencia y el dolor contemporáneos, un tema que persigue o, incluso, atormenta al artista y al mundo del arte, especialmente desde la llegada del surrealismo frente al arte convencional, tradicional, sacro o realista”. Diríase, por tanto, que existe cierta relación entre la quiebra de ese universo simbólico que acoge y da forma al dolor, y ese otro en cuyo interior ya nada sutura la violencia, que campa a sus anchas una vez desgarrado su tejido narrativo.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural LaNau.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural LaNau.

Y es que el siglo XX que sirve de contexto a las obras de ambas colecciones, provenientes de una quincena de coleccionistas, es el siglo donde parece dominar la idea del horror como verdad más palmaria. Da lo mismo que tal cosa suceda en la España del franquismo y, a su rebufo, los años posteriores, porque como explica De la Torre, lo verdaderamente importante es “la reflexión más intensa sobre la violencia y el horror”, más allá “del contexto social y político en el que se movía Martínez Guerricabeitia”. Violencia y horror del que se nutren las 24 pinturas, siete fotografías, siete esculturas y dos obras audiovisuales, además del mosaico de otras 28 imágenes, a modo de reflejo de ese arte contemporáneo atraído por el abismo de la sinrazón.

“Este es el siglo del dolor”, se apunta en una cita de Paul Lafargue extraída de su ‘Diccionario abreviado del surrealismo’. Siglo atravesado por las dos grandes guerras mundiales y otras menores igualmente sacudidas por odios enfrentados. Y si la Olympia, decía el propio Manet (tal y como se recoge en la exposición), “choca, desprende un horror sagrado”, lo mismo cabe decir de las obras que se hacen eco del dolor que caracteriza al “surrealista” siglo XX.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Obras que van del grito de Santiago Ydáñez, con esa boca desmesurada que parece ampliar la boca de ese otro grito famoso lanzado por Edvard  Munch, a la muerte del miliciano de Robert Capa, pasando por las víctimas del bombardeo en Kosovo (Simeón Saiz), el Guantánamo de Joan Fontcuberta o las notas por Guernica de Eduardo Arroyo. Guerras agujereando, pixelando, descoyuntando la trama interior de la obra de arte, encargada de acoger los efectos devastadores de una violencia muchas veces proyección de las propias ansias del artista.

El NO de Santiago Sierra viene a poner límite al horror, al tiempo que concede todo el protagonismo a la negación frente al carácter afirmativo de un siglo sospechosamente entregado a la destrucción. Muchas veces, autodestrucción o autocensura, como en los textos autocensurados de Concha Jerez, la cabeza demente de Darío Villalba o la Mujer de Juana Francés. También aparece el propio arte yacente, con Andy Warhol postrado letalmente en la obra de Kepa Garraza.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

La España del siglo XX comparece nítidamente en los casos de Cristina García Rodero, revelando su cara oculta en lugares inhóspitos de pueblos desabridos, de Alberto García Alix, con el dolor de Elena Mar, de Antonio Sánchez y sus niños de la guerra, o de Juan Roig y sus toreros en la noche. Yoan Capote se sirve de una silla esposada para mostrar cómo hasta los objetos se hallan apresados, atenazados, de ese ambiente claustrofóbico dibujado por los compartimentos estancos de la guerra, en tanto vomitorio al que desemboca fatalmente la política mal digerida.

Ni cautivos ni desarmados, en alusión manida al último parte de guerra del general Franco, pretende darle la vuelta a aquel enunciado victorioso, para que sea el arte contemporáneo quien lo elabore creativamente a su favor. Elaboración, en todo caso, volcada hacia la pulsión atávica de la violencia que nos constituye y a la que conviene poner freno. De lo contrario, como recuerda Nuno Nunes-Ferreira, ahí están las 30 portadas de su ‘Primera Página’ de diversos periódicos, para recordarnos el carácter letal del siglo XX.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

También hay movimientos de resistencia como el expresado por Eugenio Ampudia en su serie ‘Dónde dormir’, invitando el autor a tomar espacios como el Museo del Prado, donde junto a ‘Los fusilamientos del 3 de Mayo’, de Goya, descansa una persona tumbada como los fusilados del famoso cuadro. Las zonas de vigilancia, tratadas por Carlos Garaicoa, ponen el acento igualmente en la más contemporánea fijación por el control y la manipulación en tiempos donde lo bélico adquiere un carácter, no por virtual, menos violento.

Las colecciones Marrtínez Guerricabeitia y 9915, al amparo de La Nau de la Universitat de València, hacen memoria de toda esa violencia y horror del doloroso siglo XX mediante una ingente creatividad. Precisamente la que permite recordar su prevalencia sobre la barbarie. El coleccionista Fernando Saludes, insistiendo en la importancia de la cultura, concluyó entonces: “Quién se acuerda de los ministros de la corte de Felipe IV, pero en cambio todo el mundo conoce a Velázquez. ¡Fíjese si tiene importancia la cultura!” Los coleccionistas de Ni cautivos ni desarmados también lo saben. 

Marifile, de Jorge Rueda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Marifile, de Jorge Rueda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

Obras con mucho vuelo en El Carmen

Colección Aena de Arte Contemporáneo
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 10 de enero de 2016

Son obras de arte contemporáneo habitualmente instaladas en aeropuertos de toda España. Obras que en su día fueron catalogadas por la Fundación Aena, institución cultural ahora dependiente de la entidad pública Enaire, para su gestión, conservación y divulgación. Fruto de ese trabajo necesario, ya que muchas de esas obras se hallaban repartidas sin mucho fuste por diferentes dependencias de la red de aeropuertos, es la colección de más de 1500 piezas ahora en depósito. Un total de 35 de esas obras, todas ellas de gran formato, se exhiben en el Centro del Carmen.

Algunas pertenecen a artistas o grupos valencianos de la talla de Andreu Alfaro, Miquel Navarro y Equipo Realidad. “Es una selección pequeña pero sin duda representativa de la colección de la Fundación Aena”, afirmó Enrique Moral, director de la entidad pública. Pequeña, pero “rotunda”, subrayó Felipe Garín, director del Centro del Carmen. Rotundidad en cuanto al formato y a la cualidad de los artistas representados: Eduardo Arroyo, Miquel Barceló, Juan Barjola, Rafael Canogar, Cristina Iglesias, Paloma Navares, Antoni Tàpies… Y rotundidad en cuanto al contenido plástico.

Obra de Santiago Sierra, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Obra de Santiago Sierra, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

La exposición, cuyo título Evolución se refiere al propio vuelo ascendente en el tiempo de la colección, arranca con la obra de Tàpies Grafismes blaus sobre vellut granat, en la que destaca un igualmente rotundo ‘No’ en el interior del cuadro. Y la cierra una similar y contundente negación de Santiago Sierra en su fotografía en blanco y negro denominada No Global Tour. “Sí, podríamos decir que empieza con una negación a la dictadura por parte de Tápies y concluye con esa otra negación de Sierra contra la globalización”, admitió Ángeles Imaña, comisaria de la muestra.

Y entre ambas negaciones, una severa afirmación: “Estamos probablemente ante una bella desconocida”, refiriéndose Moral al conjunto de obras exhibidas de la colección Aena, que sirve de “impulso al arte español, portugués e iberoamericano”. Porque Evolución, en tanto tal, muestra obras que van de los años 70 a la actualidad, incluyendo artistas como la portuguesa Helena Almeida o el chileno Roberto Matta, dentro de ese “objetivo público de apoyo al arte contemporáneo”. Pinturas murales, esculturas, fotografías y audiovisuales que dejan por unos meses su ubicación en los aeropuertos de Valencia, Barcelona, Madrid, Palma, Santiago, León o Málaga, para que el espectador las vea fuera de su contexto habitual.

Obra de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Obra de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

“El fútbol ayudó mucho al impulso de la colección”. Y Enrique Moral, ante el asombro general, explicó que con motivo del Mundial del 82, “se ampliaron los aeropuertos”, lo cual favoreció esa evolución del arte contemporáneo en relación con los espacios destinados a la navegación aérea. Eso sí, las compras han sido en todo momento “siguiendo el criterio público de gasto en torno a valores seguros”. Como lo son Barceló, Arroyo, Canogar, Tàpies o Barjola, cuya Tauromaquia, según explicó Imaña, pasó “de las cabezas picassianas a esas otras más de Bacon”, característico del quehacer siempre inquieto del artista extremeño.

Felipe Garín advirtió el hecho de que siendo una colección de la Fundación Aena no hubiera prácticamente alusiones a los aviones, lo cual le pareció un acierto. Y cuando tal cosa sucede, como en el caso de la instalación de Tim White-Sobieski Terminal 3, sea para homenajear a las víctimas de las Torres Gemelas mediante imágenes de un misterioso atractivo. Como misteriosa es la obra de Paloma Navares, “artista poco conocida, pero de gran talento” (Imaña), o sobrecogedora la fotografía de Victoria Diehl de una mujer sin pezones en su maltratado cuerpo; esta última, ganadora del Premio de Fotografía que convoca la Fundación Aena.

Obra de Juan Barjola, de la Colección AENA, en el Centro del Carmen.

Obra de Juan Barjola, de la Colección AENA, en el Centro del Carmen.

Salva Torres

La rabia punk en el arte contemporáneo

PUNK. Sus rastros en el arte contemporáneo
Comisariada por David G. Torres
Artium. Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo
Frantzia Kalea, 24. Vitoria
Hasta el 31 de enero de 2016

Artium, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, presenta la exposición PUNK. Sus rastros en el arte contemporáneo  en su Sala Norte hasta el 31 de enero. Comisariada por David G. Torres, la muestra pretende poner de manifiesto cómo en el arte actual, “más allá de divisiones entre artistas y tendencias, hay un ruido rabioso que une a muchos creadores” y que la actitud punk sigue presente en la producción artística contemporánea.

La exposición cuenta con más de 50 artistas internacionales y más de 60 obras de las más diversas técnicas: fotografía, vídeo, pintura, instalación, escultura y documentos, entre otros objetos. La inauguración el pasado 23 de octubre contó con una performance de João Onofre con la colaboración de la banda de death metal Sorgerth, además de un concierto del grupo Piztu Punk!. PUNK. Sus rastros en el arte contemporáneo es una producción de Artium y el Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles, comisariada por David G. Torres y patrocinada en Vitoria-Gasteiz por la Diputación Foral de Álava.

Obra de Jean Michel Basquiat en 'Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo'. Imagen cortesía de Artium.

Obra de Jean Michel Basquiat en ‘Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo’. Imagen cortesía de Artium.

El punk como movimiento musical conoció una breve e intensa explosión en la segunda mitad de los años 70 del pasado siglo. Sin embargo, el punk como “manifestación de de la incomodidad frente al sistema económico, político, social y cultural”, tal y como lo define David G. Torres, es una actitud “hecha de rabia, velocidad, ruido, incorrección, inconformismo, anti, negación, oposición o provocación que recorre el siglo XX, que se estira más allá de los 70, más allá del contexto anglosajón y más allá de la escena musical“.

Los ecos de la actitud punk se pueden rastrear, antes de su eclosión, en movimientos como el dadaísmo o el situacionismo, pero sobre todo, y tal y como muestra la exposición, siguen vivos y son un referente en el arte contemporáneo. “Los motivos que llevan a la insatisfacción, el inconformismo, la pérdida de fe en el progreso o la crítica feroz a los iconos del sistema económico y social siguen vigentes y son intrínsecos a la práctica de muchos artistas”.

Obra de Carlos Aires en 'Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo'. Imagen cortesía de Artium.

Obra de Carlos Aires en ‘Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo’. Imagen cortesía de Artium.

Seis espacios

La exposición PUNK. Sus rastros en el arte contemporáneo ocupa los 1.500 metros cuadrados de la Sala Norte de Artium organizada en seis ámbitos conceptuales distintos. El primero está vinculado a la importancia de la superficie en el movimiento punk: la moda, el diseño y el aspecto exterior como medios para hacer frente al convencionalismo. Esa influencia se ve en la recuperación de eslóganes, canciones y personajes, en el recurso al feísmo y el mal diseño, y en el uso del ruido y la música punk por artistas como João Onofre, Pepo Salazar, Jamie Reid, Carlos Aires o Dan Graham.

Fotografía de Jordi Colomer en 'Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo'. Imagen cortesía de Artium.

Fotografía de Jordi Colomer en ‘Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo’. Imagen cortesía de Artium.

El punk reclama un espacio para la diferencia ante una sociedad que impone límites y que deja escasas salidas. La alienación, el gore, lo psicótico, eran recurrentes en la escena punk y han sido elementos presentes en las obras de Martin Kippenberger, Paul McCarthy, Raymond Pettibon, Santiago Sierra o Jordi Colomer, como se ve en el segundo de los espacios de la exposición.

Obra de Pepo Salazar en 'Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo'. Imagen cortesía de Artium.

Obra de Pepo Salazar en ‘Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo’. Imagen cortesía de Artium.

Por otro lado, el punk como respuesta violenta a un sistema que considera violento encuentra ecos en obras de Jean Michel Basquiat, Jimmie Durham, Nan Goldin, Chris Burden, Claire Fontaine o Pepo Salazar. A continuación, la muestra alude a la vinculación de muchos de los protagonistas de este movimiento con el anarquismo. Su huella es uno de los elementos más identificativos del punk y configura una actitud presente en el arte contemporáneo, como puede comprobarse en piezas de Federico Solmi, Claire Fontaine, Juan Pérez Agirregoikoa, Tere Recarens o Itziar Okariz.

Obra de Chiara Fumai en 'Punk. Rastros en el arte contemporáneo'. Imagen cortesía de Artium.

Obra de Chiara Fumai en ‘Punk. Rastros en el arte contemporáneo’. Imagen cortesía de Artium.

Como recuerda David G. Torres, “elcontexto en el que surge el punk en la década de los setenta está marcado por el terrorismo y las acciones violentas”. El quinto espacio de la muestra revela esta marca en obras de DETEXT, Chiara Fumai, Mabel Palacín, Tony Cokes, Christoph Draeger o Joan Morey.

Obra de Guerrilla Girls en 'Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo'. Imagen cortesía de Artium.

Obra de Guerrilla Girls en ‘Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo’. Imagen cortesía de Artium.

La exposición se cierra con un grupo de obras que hacen referencia al sexo, muy presente en todo el movimiento punk como reivindicación libertaria. La referencia al sexo como denuncia, como reivindicación o como arma para recuperar el sarcasmo se encuentra presente en estas piezas de Guerrilla Girls, Tracey Emin, Raisa Maudit o María Pratts.

Fire And Forget. On Violence

KW Institute for Contemporary Art
KUNST-WERKE BERLIN e.V.
Auguststraße 69. Berlin
Hasta el 30 de agosto de 2015

«Fire and Forget” (dispara y olvida) es un término de uso común de la jerga militar para sistemas de armas que se disparan a una distancia segura del enemigo, y que llegan a su destino de manera independiente. La exposición colectiva FIRE AND FORGET. ON VIOLENCE toma el término militar como un punto de entrada a un discurso sobre las ideas actuales de la guerra y la violencia en el arte contemporáneo. La exposición está dividida en cuatro complejos temáticos: ‘fronteras, afecto, memoria y eventos/acaecimiento.

James Bridle, DRONE SHADOW, proyecto en curso, realización según modelo de la sombra de unavión no tripulado, instalación. Fotografía de Timo Ohler.

James Bridle, DRONE SHADOW, proyecto en curso, realización según modelo de la sombra de un avión no tripulado, instalación. Fotografía de Timo Ohler.

Nuevas tecnologías de armas implican la pérdida del enfrentamiento corporal directo y con ello la pérdida del peligro o riesgo para la propia vida. Por eso se necesitan nuevas maneras de expresión de violencia sufrida, atestiguada o solamente temida. Uno de los lugares donde se busca estas maneras se encuentra en el arte. Aunque las armas en el ámbito artistico muchas veces ya estan connotadas como algo malo en si, sin dar referencia a posibles contextos sistematicos o historicos. La exposición se ve a si misma como el intento de mostrar que la complejidad de la violencia no puede ser justificada por sus cálculos lógicos o económicos ni siquiera simplemente por su afecto emocional y se enfrenta de manera autoreflexiva a las posibilidades y limites de lo que el arte puede ser capaz de contribuir hoy en día a esta discusión.

Julius von Bismarck. "POLIZEI", instalación, 2015.

Julius von Bismarck. «POLIZEI», instalación, 2015. Cortesía del artista.

Se presentan obras de Marina Abramovic y Ulay; Ron Amir; Julius von Bismarck; Roy Marca, Ori Scialom, y Keren Yeala Golán; James Bridle; Luis Camnitzer; Mircea Cantor; Jota Castro; Chto Delat; Marcelo Cidade; Jem Cohen; Martin Dammann; Öyvind Fahlström; Harun Farocki; Daniil Galkin; Rudolf Herz; Damien Hirst; Clara Ianni; Emily Jacir; Hunter Jonakin; Joachim Koester; Korpys / Löffler; Barbara Kruger; Armin Linke; Robert Longo; Jazmín López; Kris Martin; Ana Mendieta; Michael Müller; Timo Nasseri; NEOZOON; Katja Novitskova; Jon Rafman; Pipilotti Rist; Robbert & Frank Frank & Robbert; André Robillard; Julian Röder; Henning Rogge; Martha Rosler; Hrair Sarkissian; Santiago Sierra; Timur Si-Qin; Tal R; Javier Téllez; Sharif Waked; Gillian Wearing; Él Xiangyu; Amir Yatziv; Ala Younis.

Mircea Cantor, SHOOTING, 2005, Cortesia de la artista y Dvir Gallery.

Mircea Cantor, SHOOTING, 2005, Cortesia de la artista y Dvir Gallery.

Además fotografías de la colección de Martin Dammann /Archive of Modern Conflict in London (Archivo de Conflicto Modern de Londres) se extienden por toda la exposición como un motivo que la acompaña. Este elemento documental, junto con los enfoques artísticos, es una invitación a reflexionar sobre lo que imágenes artísticas en comparación a imágenes documentales son capaces de retratar – o no. La publicación que acompaña la exposición, así como su programa público y educativo iluminan el tema desde otras perspectivas: El libro FRIENDLY FIRE & FORGET (Matthes y Seitz Berlin) recoge textos literarios producidos para esta ocasión por autores alemanes e internacionales, entre ellos Schorsch Kamerun, Wladimir Kaminer y Kathrin Passig. En las fechas seleccionadas, algunos invitados que han sido afectados personalmente por la violencia guían a los visitantes por la exposición, o invitan para discutir posibles formas de tratar con el tema desde un punto de vista cinematografico, teatral o musical.

Obras de Kris Martin (en primer plano), Henning Rogge, Hrair Sarkissian y Martha Rosler en una de las salas de exposición. Fotografía de Timo Ohler.

Obras de Kris Martin (en primer plano), Henning Rogge, Hrair Sarkissian y Martha Rosler en una de las salas de exposición. Fotografía de Timo Ohler.

Líneas inesperadas. El futuro quemado

UNA CONVERSACIÓN CON SANTIAGO SIERRA

A veces, las Líneas Inesperadas son solamente eso. Una sorpresa resuelta en muy pocas líneas o en breves minutos. Es el caso de la columna de hoy. Aún así, la intensidad la atraviesa y es difícil haberla pensado sin encuentros anteriores. Algo que te hace estar en un lugares intensos en momentos muy determinados. Pero a ese lugar solo llegas desde muchas otras experiencias.

Perifèries, espacio de interrogación cultural mantenido por el artista Rafa Tormo, contó durante su edición 11/12 con mi colaboración y la de Álvaro de los Ángeles. En esta intervención, sinceramente, ambos seguimos la estela de energía. Fuimos sus facilitadores y acompañantes junto a los vecinos del Cabanyal, el Taller del artista fallero Manolo Martín, el departamento de Escultura de la Facultad de BBAA y la Nau de la UV.

El  día 30 de junio de 2012 fue convocada a través de redes sociales una acción del artista Santiago Sierra en el Cabanyal.

Aquella convocatoria fue una resolución rápida, casi silenciosa. No hubo invitación oficial. No hubo inauguración. No hubo exposición. Solo estaba el proceso y el encuentro en un campo de batalla increíblemente inestable. La razón era que el espacio de sucesos no estaba sometido a los ritos conocidos y esperados de la representación simbólica sino al acontecimiento en el espacio común. Un espacio con las restricciones e injusticias más profundas de toda nuestra ciudad.
Allí decidió intervenir Santiago Sierra.
Un área en la que todas las leyes de convivencia se habían roto y en las que las prohibiciones eran norma.
Un lugar, el Cabanyal, en el que se decide cada instante nuestro presente.

Imagen cortesía Periféries 11/12.

Imagen cortesía Perifèries 11/12.

 

En 2012 vienes a Valencia para desarrollar un proyecto. ¿Podrías explicar como llegaste?¿Con quien colaboraste?

Me invitó Rafael Tormo de Perifèries. Colaboramos con Salvem el Cabanyal, la asociación de vecinos del Cabanyal, con el taller fallero de Manolo Martín.

En conversación con el periodista Guillem Martínez éste comentaba que la forma de construir cultura de Estado era a través de las subvenciones y los premios. Tu carta de renuncia al Premio Nacional fue muy comentada en 2012. Desde entonces, muchos son los que abiertamente rechazan esos premios desde Marías a estudiantes fin de carrera. Tu decisión fue muy controvertida. Visto en la distancia ¿Podrías decirme cuales fueron los argumentos por los que se te criticaba? ¿Crees que el tiempo sigue dando la razón?

Cuando vendo una obra todo está claro, aquí tiene usted su obra aquí viene mi pago. En un premio meten en tu bolsillo 30.000 euros y se supone que eso es todo. No es todo, te han dado un dinero y se espera de ti la sumisión. Saldrás en el telediario haciendo el ridículo dándole la mano a un militar franquista. Tu carrera estará acabada por 30.000 euros. Siempre podemos decir que NO y eso hice. El dinero lo recuperé vendiendo la carta de renuncia y evité el riesgo de formar parte de la muy cutre marca España. Imagino que lo que hice no gustó a todos pero tampoco uno hace esto por darle gusto a la gente. El placer fue mío. Con el tiempo cada vez tiene más sentido. Fue un acto de insumisión.

Cuando realizaste la obra «Palabra Quemada» en Valencia ésta fue muy comentada en las redes sociales por críticos de arte, artistas y gente del mundillo. Pienso que las reacciones fueron contrarias porque les pilló por sorpresa, porque tienen cierto sentimiento «propietario» sobre lo que se puede o no hacer y, sobre todo, porque se realizaba fuera del sistema del arte (no era una galería, no era un museo, etc.) Imagino que estas actitudes estarás acostumbrado a encontrártelas pero ¿Qué opinas?

No he visto esas notas, pero no tiene pinta de tener mucho sentido. Desde Sorolla, el Cabanyal es oficialmente una obra de arte. Es, como dicen los políticos, un marco incomparable. En cualquier caso decir que el arte sólo puede suceder en una sala de arte específicamente destinada a tal fin es una afirmación gratuita. La carpeta de cualquier artista lo demuestra. Nunca antes, que yo sepa, alguien ha criticado que trabaje fuera de sala, se supone que es algo positivo en mi trabajo. Quién sabe hay gustos para todo.

Imagen cortesía Perifèries 11/12.

Imagen cortesía Perifèries 11/12.

Otras muchas críticas vinieron por el entorno en que se realizó la acción, por ser éste un espacio degradado de la ciudad, por no representar suficientemente al Cabanyal, etc. Me gustaría saber cual es tu posición ante esto.

El lugar no sólo me parece representativo de Valencia o del conjunto de esta triste patria nuestra, el Cabanyal es un lugar paradigmático de la cultura sádicocrematística contemporánea. El Cabanyal es escenario de una lucha épica de un pueblo digno contra las bandas de criminales que controlan la vida pública. Pocas veces he trabajado en un lugar tan pertinente.

Para la obra «Palabra Quemada», ¿Tuviste en cuenta la estética de la falla como rito de purificación? ¿Debería, en caso afirmativo, tenerse en cuenta para su lectura este hecho?

Es una obra contra el futuro y a favor del ahora. Ciertamente purificar el futuro es vivir el presente. No me refiero sólo a este futuro invivible que nos vienen preparando desde lo alto. Es el futuro como pilar de esta nueva religión de la que hablaba Agustín García Calvo. El día siguiente a quemar el futuro en el Cabanyal toda Valencia olía a quemado. No se si lo recuerdas. No fuimos nosotros eran los pocos árboles que quedaban a las afueras [1]. La ciudad parecía Bagdad con el cielo oscuro y olor a quemado.

Imagen cortesía Perifèries 11/12.

Imagen cortesía Perifèries 11/12.

Esta obra, ¿Estaba en una línea de investigación y búsqueda tuya en aquel momento? ¿Podrías explicarla?

Me gusta esculturizar la escritura. De este modo hacemos que un concepto pese, ocupe espacio, genere problemas de almacenamiento y transporte. Conceptos como objetos pesados para quemar como SUMISION y FUTURE, para destruir alrededor del mundo letra a letra como KAPITALISM, o para pasear por medio mundo como el NO.

¿Has vuelto a «jugar con fuego»?

Siempre he disfrutado el tacto aterciopelado del tabú. El tacto de lo que no se debe hablar, de lo que no debes tocar a riesgo de quemarte. Eso es siempre lo más apasionante.

¿Como ha influido esta obra en otros desarrollos posteriores?

No lo sé. Eso habría que verlo desde fuera yo estoy demasiado metido en mi mundo como para darme cuenta.

Imagen Cortesía Periféries 11/12.

Imagen Cortesía Periféries 11/12.

Para ver la obra de Santiago Sierra, Palabra Quemada, hacer click aquí.

 

Santiago Sierra inauguró ayer una exposición realizada conjuntamente con Jens Haaning en la Faurschou Foundation de Copenhague. Mañana estará en la Team Gallery de Nueva York presentando “El Rebaño”.

Eva Caro.


[1] Santiago Sierra se refiere al verano 2012. En esos días se quemaron unas 50.000 hectáreas entre Cortes de Pallás y Andilla.

Fragments: ¡No disparéis al fotoperiodista!

La Nau

Fragments: Fotoperiodistes valencians 2012

Valencia

C / Universidad, 2

Hasta el 1 de mayo

La política, como apuntó con extrema lucidez Groucho Marx, es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. No toda, por supuesto, pero sí la política que últimamente venimos padeciendo. Y para demostrarlo ahí está Fragments, la muestra de los fotoperiodistas valencianos que ya va por su décimo año de la mano de la Unió de Periodistes Valencians. Y creciendo. En parte, gracias a la Diputación de Valencia, que censuró la que tenía lugar en el MuVIM en 2009 y, desde entonces, ha catapultado su repercusión pública.

Lo dicho: se buscó un problema donde no lo había, se diagnosticó una enfermedad supuestamente provocada por el sarcasmo de ciertas imágenes, y se aplicó el remedio equivocado de su censura. El resultado ahí lo tienen: Fragments goza cada año de mejor salud. “En el fondo, la Diputación nos hizo un favor y nos lanzó al estrellato”, reconoce Kai Försterling, coordinador de la exposición, junto a los también fotoperiodistas Biel Aliño y Marga Ferrer.

Gozando de magnífica salud, no se puede obviar el contexto de la crisis. Contexto que ha hecho, por ejemplo, que disminuyan los profesionales que participan cada año en Fragments. De ahí esas siete fotos negras, incrustadas entre el resto de imágenes que conforman la muestra, a modo de simbólicas esquelas. “Es un recordatorio de los muchos compañeros periodistas que han perdido su trabajo”, subraya Kai. Fotoperiodistas a los que se ha llevado por delante la crisis, tras la palmadita en la espalda de sus respectivos medios por los servicios prestados. De manera que entre censuras institucionales y despidos laborales parece resonar la exclamación fílmica de Truffaut: Disparad al pianista, en este caso, al fotoperiodista.

No, no disparéis al fotoperiodista, entre otras razones porque matamos la posibilidad de contemplar imágenes como las que hasta el 1 de mayo permanecerán expuestas en La Nau de la Universitat de València. Gustarán más o menos, pero revelan el estado de salud de la sociedad democrática. Sin esas u otras imágenes esclarecedoras del panorama político, cultural, social o deportivo, seguiríamos igual de vivos, pero nos faltaría el soplo de libertad que aportan esas fotografías en el marco del periodismo.

La Nau se ha hecho cargo los tres últimos años de Fragments, tras el desaire de la Diputación. La FNAC, el Museo de la Ciudad, El Tossal, el MuVIM y la galería Tomás March ya fueron antes sedes de la exposición. Una exposición que este año cuenta con obra de los fotoperiodistas Germán Caballero, Aitor Alcalde, José Cuéllar, Eva Máñez, Juan Carlos Cárdenas, Pablo Garrigós, Miguel Ángel Montesinos, Alberto Sáiz, Miguel Lorenzo, Jesús Ciscar, El Flaco, Miguel Ángel Polo, Irene Marsilla, Rober Solsona, y los mencionados Försterling, Aliño y Ferrer. Menos de los que suelen ser habituales, debido a las bajas, el desánimo y las dificultades propias de una selección de imágenes que provoca sus desavenencias. 

En cualquier caso, ahí están los tristes desahucios, el juego de ping-pong entre políticos, las cargas policiales, las alegrías y tristezas deportivas, los incendios forestales o de ese Future en llamas, obra del artista Santiago Sierra. Imágenes para sacarle los colores a más de uno, la sonrisa cómplice o simplemente catártica y la prueba documental de que el periodismo sigue vivo. A pesar de los pesares y de la funesta manía de disparar a los fotoperiodistas, un blanco fácil porque ellos sí que disparan por libre. 

Salva Torres