Los viajes interiores de Chirbes

Territorio Chirbes. Ese hombre tiene un mundo en su cabeza, de Toni Tordera
Teatre Auditori de Dénia
C / Calderón, 4. Denia (Alicante)
Viernes 11 de mayo de 2018

Hay escritores que cultivan una imagen pública y se hacen presentes, a través de los medios de comunicación y participando en todo tipo de eventos culturales. Otros, al margen de su mayor o menor éxito prefieren mantenerse en un discreto segundo plano al resguardo de su intimidad. Rafael Chirbes pertenecía claramente al segundo grupo. Debido a su éxito tardío con Crematorio, novela adaptada a la pequeña pantalla en una serie protagonizada por otro valenciano, Pepe Sancho, y con En la orilla tuvo que soportar las servidumbres de la celebridad. Pero su forma de ser le llevaba a vivir a su aire, aislado del mundanal ruido, aunque fuera capaz de captar a distancia sus vibraciones.

No es fácil saber cómo reaccionaría al saberse foco de atención con motivo del Congreso Internacional, El Universo de Rafael Chirbes  dedicado a su figura y obra, organizado por la Fundación que lleva su nombre, que se celebra esta semana en Dénia, del 9 al 12 de mayo, con un denso programa de más de 40 ponencias.

Juanjo Prats y Enric Juezas en 'Territorio Chirbes'. Imagen cortesía del autor.

Juanjo Prats y Enric Juezas en ‘Territorio Chirbes’. Imagen cortesía del autor.

Como aperitivo a este encuentro dentro del Festival 10 Sentidos los días 5, 6 y 8 de mayo se presentó en el Centre del Carme un montaje singular, Ese hombre tiene un mundo en su cabeza, una fábula sobre los viajes interiores de Chirbes firmada por Toni Tordera, Carmen Calvo, Alfons Cervera y Juanjo Prats. El día 11 se ofrecerá una función en Denia, territorio de los orígenes de Chirbes y el próximo otoño se prevén actuaciones en Castellón y Alicante.

“Podríamos definir la vida de Chirbes como un viaje de viajes”, dice Tordera. “Desde su tierra natal, Tavernes de Valldigna, su experiencia en Marruecos, los años transcurridos en Valverde de Burguillos, pequeño pueblo extremeño, y la multiplicidad de sus crónicas de viajero, hasta volver en sus últimos años a su refugio de Beniarbeig , desde donde contemplar sus orígenes en Denia”.

El proyecto no trata de hacer una biografía documentada del escritor, sino una fabulación sobre su mundo interior. Aunque los hechos más notables han sido respetados, consiste en una propuesta de ficción para indagar sobre los procesos creativos del artista, sus dudas, contradicciones y aciertos.

Juanjo Prats y Enric Juezas en 'Territorio Chirbes'. Imagen cortesía del autor.

Juanjo Prats y Enric Juezas en ‘Territorio Chirbes’. Imagen cortesía del autor.

“Lo que presentamos es un espectáculo basado libremente en los escritos de Chirbes recreados por dos autores, el uno narrativo de proyección internacional, Alfons Cervera, y el otro con gran experiencia en la escritura teatral, Juanjo Prats”.

No es un espectáculo en el sentido estricto del término. “Es una instalación, una exposición en la que nuestra imagen de Chirbes dialoga con la obra  de Carmen Calvo, con una dilatada trayectoria de obra expuesta y conservada en museos internacionales de prestigio”.

La idea surgió hace unos años cuando Tordera descubrió la primera novela de Chirbes, Mimoum, que le pareció un relato fantástico.  “A esa impresión seminal se juntaron dos personas imprescindibles, la experiencia escritora de  Cervera, y las obras sobre la memoria de Calvo. La imagen la hemos construido como una apuesta, sin tergiversar hechos y respetando la intimidad de Chirbes, un escritor que quiso oculto su mundo interior”.

Juanjo Prats y Enric Juezas en 'Territorio Chirbes'. Imagen cortesía del autor.

Juanjo Prats y Enric Juezas en ‘Territorio Chirbes’. Imagen cortesía del autor.

Los textos se inspiran en sus tres primeras novelas  escritas en primera persona: Mimoum, La buena letra y Los disparos del cazador. Los personajes los encarnan los actores Juanjo Prats y Enric Juezas en una especie de juego de espejos en el que se reflejan los dos, con la poética del doble.

Además de la imagen del cartel, se han  seleccionado seis piezas de la obra de Carmen Calvo que están presentes en la representación. La relación de los personajes con ellas guía al espectador en este viaje que explora los mundos invisibles de Chirbes, pero a la vez los que todo ser humano oculta a los demás y a sí mismo. Recorriendo los territorios físicos del novelista, La Valldigna, Fez, Valverde de Burguillos, Dénia, Serra Segària, etcétera, esta propuesta pretende llegar a sus territorios menos visitados, sus viajes interiores.

El escritor y crítico literario Rafael Chirbes falleció en agosto de 2015 dejando una estela de grandes títulos:  Mimoun, Los disparos del cazador, La buena letra. Sus últimas novelas, Crematorio y  En la orilla en torno a la corrupción lo catapultaron hasta convertirlo en un autor de éxito. Pese a este triunfo tardío, al margen de su labor literaria se conocen pocos aspectos de su vida, de su modo de encarar la labor de creador y de su posicionamiento como ciudadano. Este montaje pretende aproximarse a esas intenciones.

Juanjo Prats y Enric Juezas en 'Territorio Chirbes'. Imagen cortesía del autor.

Juanjo Prats y Enric Juezas en ‘Territorio Chirbes’. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Chirbes más allá de la muerte

Fundación Chirbes
Congreso Internacional para la primavera de 2018 con motivo del 30 aniversario de la
novela Mimoun
Septiembre de 2017

Los escritores tras su muerte dejan un legado que va más allá de sus obras publicadas. Textos inéditos, cartas, bibliotecas nutridas y selectas, notas y diarios, recuerdos personales, de viajes, etcétera. Unas veces esa herencia intelectual se pierde en el olvido. Otras cae en buenas manos y otorga al escritor una especie de segunda vida que le hace llegar a un público más amplio. Es el caso de Rafael Chirbes (Tavernes de Valldigna, 1949 / Beniarbeig, 2015), cuya Fundación lleva adelante una serie de proyectos destinados a mantener vivo el aliento de su memoria. La catalogación de su biblioteca de unos 6.000 volúmenes, la edición de un par de libros, uno de ellos en valenciano, la revisión de sus textos inéditos y un Congreso Internacional previsto para la próxima primavera cuando se cumplen 30 años de la publicación de su primera novela, Mimoun, son algunas de sus iniciativas. La cesión por parte de los herederos de los derechos que generan las ediciones del autor permite llevarlas a cabo.

“La Fundación nace por voluntad expresa de mi tío en los últimos días de su vida”, dice Manuel Micó, sobrino de Chirbes y director de la fundación que preside su hermana, María José. “Su deseo era que la casita de campo de Beniarbeig en la que vivió casi dos décadas, conservara sus libros y textos para que sirvieran de consulta y estudio. También que se abriera a los visitantes que desearan conocer el lugar donde concibió sus últimas novelas”.

Fundación Chirbes. Imagen de su cortesía.

Fundación Chirbes. Imagen cortesía de la Fundación.

Álvaro Angosto se dedica a la catalogación de la rica biblioteca y puesta en valor de la selección bibliográfica, integración en programa informático, con indicaciones de notas, subrayados, dedicatorias, etcétera. Chirbes leía, indistintamente, en castellano, francés y catalán. También en alemán, italiano, inglés, incluso en árabe. Destacan las colecciones de sus maestros preferidos: Galdós, Max Aub, Juan Marsé o Baudelaire, entre otros. En cuanto a ensayos, su biblioteca abarca prácticamente todos los temas: Historia, literatura, arte, urbanismo, filosofía, sociología, política,   especialmente, estudios sobre marxismo.

La Fundación está llevando a cabo una recopilación exhaustiva y sistemática de todas las facetas de la obra de Chirbes y de lo que se ha escrito en torno a ella. Exposición de ediciones y traducciones de la obra, recolección de trabajos, ensayos y estudios sobre el autor, colección de audiovisuales de entrevistas, charlas y debates. Y también una colección de sus artículos periodísticos sobre gastronomía y viajes.

El próximo mes de octubre Anagrama publicará su cuento inédito, El año que nevó en Valencia, un texto autobiográfico que hacía tiempo deseaba sacar a la luz, pero que su muerte dejó en el aire. También aparecerá la traducción al valenciano de La buena letra. Traducida por Carles Mulet y con un prólogo de Alfons Cervera, La bona lletra, editada por Lletra Impresa, estará en las librerías a final de año. “Nos parecía absurdo que un escritor valenciano que escribía en castellano y ha sido traducido al alemán, inglés, francés, sueco, griego, incluso al chino, no estuviera presente en la literatura catalana”, comenta Micó. “De esta obra mi tío decía que estaba ‘escrita en una lengua que sus personajes no entenderían’”.

Fundación Chirbes. Imagen cortesía de la Fundación.

Fundación Chirbes. Imagen cortesía de la Fundación.

En cuanto a su obra inédita, la Fundación respeta la voluntad del autor. “Existen un par de novelas de juventud que decidió no publicar, aunque tuvo oportunidad de hacerlo, así que seguirán en el cajón, pues no tenemos derecho a contradecir su voluntad. Por otro lado, hay una colección de borradores de charlas impartidas en público que se pondrán a disposición de lectores interesados en la biblioteca. Lo más importante es una selección de textos agrupados en seis tomos que Rafael denominaba Memos. Es una transcripción de numerosísimos cuadernos que siempre llevaba consigo en sus viajes en los que anotaba vivencias, lecturas, opiniones, sensaciones. En sus últimos tiempos hizo un esfuerzo de criba y redacción, quedando textos que son un gozo del aprendizaje. Imprescindibles para ver cine, leer, escuchar música, entender la sociedad. Están en un proceso de atenta lectura sin prisa. Intentando ser fieles al criterio exigente que tenia con su propia obra, decidiremos si se publican a o si se dejan en la biblioteca para consulta”.

El lunes 7 de noviembre de 1988, Rafael Chirbes quedó finalista del  Premio Herralde de Novela con Mimoun, un título que le dio visibilidad en el panorama literario, aunque su contacto con el periodismo y el mundo del libro venía de lejos. La Fundación Chirbes convoca un Congreso Internacional cuando se cumplen 30 años de la aparición de Mimoun con el fin de profundizar en el universo creativo de un escritor clave de la literatura española contemporánea. En el encuentro se tratarán, entre otros, los siguientes temas:  aspectos biográficos, su obra narrativa, su obra ensayística, la memoria de la España contemporánea, relaciones entre periodismo y literatura, la responsabilidad social del escritor contemporáneo, viajes, gastronomía, etcétera.

Fundación Chirbes. Imagen cortesía de la Fundación.

Fundación Chirbes. Imagen cortesía de la Fundación.

Bel Carrasco

Fascinantes, tristes metrópolis

Perdidos en la ciudad
Institut Valencià d’Art Modern IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2017

“Las ciudades son como los sueños, están construidas de deseos y de miedos”. Al igual que Italo Calvino, muchos otros escritores van subrayando a lo largo de la exposición Perdidos en la ciudad lo que piensan del hecho urbano. José Miguel Cortés, director del IVAM, quiso puntualizar que el término perdidos se refería no tanto a la sensación de abandono como a lo señalado por Walter Benjamin, otro de los autores citados: “Perderse en la ciudad para descubrir nuevas formas de entender y de experimentar esa ciudad”, señaló Cortés.

Fotografía de Gregory Crewdson en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Fotografía de Gregory Crewdson en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

A pesar del matiz, lo cierto es que la muestra que reúne más de 200 obras, entre pinturas, esculturas, fotografías, videos y una instalación con los libros evocados a lo largo del recorrido, termina produciendo cierto desasosiego. El que va de la “fascinación de la metrópoli” con la que arranca en la sala 1 la exposición, a la “ciudad deshumanizada” que va atravesando el conjunto de las diez salas.

El propio Cortés señaló esta circunstancia al final del recorrido: “Son las propias obras las que han impuesto esa visión”. De manera que la lectura “positiva”, derivada de la técnica y el progreso “que supuestamente nos haría libres”, va dejando paso a esa otra más desencantada al haberse “trastocado” todo eso. J. G. Ballard, citado junto a Ricardo Piglia en los ‘Paisajes globales’ de la sala cinco, lo enuncia así: “El fracturado horizonte de la ciudad parecía el encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta”.

Escultura de Julian Opie en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de Julian Opie en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Y es a base de zigzagueos, propios de esa crisis irresuelta, como va dando tumbos esa ciudad mostrada desde diversos ángulos en el IVAM. Comisariada por el propio Cortés, con la ayuda de María Jesús Folch, la exposición se adentra en las fascinadas metrópolis de principios del siglo pasado, para enseguida transitar por espacios banales, paisajes globales, multitudes diversas, ciudades imaginadas, urbes desnudas, mundos extraños y, por último, a modo de concluyente derivada, arquitecturas del miedo; todos ellos, epígrafes de cada una de las salas.

La música y el cine también sirven de guía por ese deambular urbano. “La música de fondo es un elemento a destacar, porque las ciudades no son silenciosas, de ahí la importancia del sonido”, precisó Cortés. Secuencias de películas como Alphaville, de Jean Luc Godard, Smoke, de Wayne Wang o Caché, de Michael Haneke, arropan el conjunto, del que igualmente sobresalen los 458 minutos de Empire, de Andy Warhol: “Pueden verla”, ironizó el comisario, describiendo la película del artista pop como aquella “donde no ocurre nada u ocurre mucho” en ese plano repetitivo del Empire State Building. En esa misma sala, se pasaba de “lo más luminoso” (Valerio Adami) a “lo más alienante” (Warhol).

Escultura de John Chamberlain en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de John Chamberlain en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Perdidos en la ciudad invita a que “la gente se pierda y haga su propio recorrido”, precisó Cortés, mientras iba repasando algunas de las obras expuestas: de artistas valencianos como Javier Goerlich, Equipo Crónica, Gabriel Cualladó, Miquel Navarro, Anzo o Mira Bernabeu, a nacionales e internacionales como Eduardo Arroyo, Antoni Muntadas, Miguel Trillo, Horacio Coppola, Gordon Matta-Clark, John Baldessari o Thomas Ruff. Todos ellos evocando lo que Rafael Chirbes manifiesta en la sala urbes desnudas: “Hay gentes, libros o ciudades que no entendemos, pero que nos atrapan y nos obligan a visitarlas una y otra vez”.

Esa visión se acentúa a medida que se avanza por la exposición, hasta desembocar en esas arquitecturas del miedo que Cortés adjetivó como de “control y vigilancia”, ejemplificadas precisamente en las Torres de Vigilancia de Sigmar Polke. “Tras la caída del muro de Berlín, igual hay ahora más muros que nunca en el mundo”, señaló Cortés. Una cita de Christa Wolf cerraba el recorrido a modo de epitafio: “La ciudad había pasado de ser un lugar a ser un vacío”.

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Vista de una de las salas de 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Vista de una de las salas de ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Salva Torres

Ilustraciones de ilustres valencianos

Il.lustres valencians il.lustrats
Llibres de la Drassana
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia

No son caricaturas ni tampoco retratos tradicionales. El ilustrador Migue Martí ha acuñado una forma personal de representar una galería de personajes ilustres con los mínimos trazos, a base de enfatizar los rasgos más visibles de su fisonomía. El  resultado se plasma en Il.lustres valencians il.lustrats (Llibres de la Drassana), una guía básica de los hombres y mujeres de la Comunidad Valenciana que a lo largo de los siglos XIX y XX dejaron huella en el mundo del arte, la cultura y otros ámbitos. Son en total 95 personajes seleccionados entre 150, cuya vida y obra resume la historiadora Judith Coronado. Parte del proyecto, cinco diseños grandes y diez más pequeños se pueden contemplar a lo largo de este mes de marzo en la galería Pepita Lumier de la calle Segorbe.

Ilustración de Concha Piquer. Il.lustradors valenciana il.lustrats. Llibres de la Drasana. Pepita Lumier.

Ilustración de Concha Piquer. Il.lustradors valencians il.lustrats. Llibres de la Drasana. Pepita Lumier.

“He querido hacer una revisión actualizada de aquellos antiguos retratos de nuestros abuelos que fuera también un homenaje a la memoria de los grandes valencianos”, dice Martí. “Para ello en cada caso enfatizaba los rasgos más acusados de su rostro, a veces algún adorno como el broche en forma de nota musical de Lucrecia Bori. Una nariz grande, un bigote, un lunar me facilitaban la tarea. Uno de los que más me costó plasmar fue mi querido y admirado poeta Vicent Andrés Estellés”.

En este quién es quién ilustrado aparecen lógicamente las grandes celebridades, como  Blasco Ibáñez, Sorolla o Joaquín Rodrigo. Pero también personajes populares hoy casi olvidados, como el ventrílocuo Francisco Sanz, el ingeniero Francisco Mora,o el dibujante y fotógrafo Enrique Pertegás. El más antiguo, el escritor  Wenceslao Ayguals de Izco (Vinaroz, 1801-Madrid, 1875) y el más reciente otro escritor, Rafael Chirbes, fallecido el pasado año en Beniarbeig del que Martí ha logrado un sorprendente parecido con sólo tres trazos.

Ilustración de Joep Segrelles. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Ilustración de Joep Segrelles. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Las mujeres son minoría, un 20%, fiel reflejo del escaso espacio público que ocupaban antaño. Están representadas la escritora romántica Amalia Fenollosa, la soprano Lucrecia Bori, la política María Cambrils, la primera abogada de España, Ascensión Chirivella y la bailarina y coreógrafa Olga Poliakoff.

Con esta galería de personajes ilustres en clave contemporánea los autores pretenden mostrar que, más allá de los casos de corrupción y descrédito político, la Comunidad ha aportado grandes figuras al mundo de la cultura y el arte.

“Hemos invertido un año y medio en este proyecto destinado a lectores de todas las edades”. Efectivamente. La frescura y simplicidad de las ilustraciones  las hace muy adecuadas para introducir a los niños y jóvenes en las glorias del pasado cuyo fulgor no empaña el paso del tiempo.

Algunos de los ilustradores valencianos ilustrados.

Il.lustradors valencians il.lustrats. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Bel Carrasco

‘La buena letra’ de Chirbes, ¿al cine?

Rafael Chirbes. Literatura y cine
Debats del Mediterrani
Mostra Viva del Mediterrani
Aula Magna de La Nau
Miércoles 14 de octubre, 2015

“Me estoy planteando comprar los derechos de La buena letra”. Lo dijo como que no quiere la cosa, en medio de la conversación que el propio Fernando Bovaira mantenía con la novelista Carmen Amoraga y los periodistas Maria Josep Poquet y Carlos Aimeur en torno a Crematorio, la obra de Rafael Chirbes que el mismo Bovaira produjo para la televisión y que protagonizó Pepe Sancho. Lo dijo en el encuentro que servía de pistoletazo de salida a Mostra Viva del Mediterrani, que hasta el 18 de octubre celebra su tercera edición. Y lo dijo como advirtiendo de la necesidad de la literatura, de la buena literatura, como sustento de un cine que ha perdido proteínas.

Pepe Sancho en una imagen de Crematorio, la novela de Rafael Chirbes llevada a la televisión.

Pepe Sancho en una imagen de Crematorio, la novela de Rafael Chirbes llevada a la televisión.

Porque Fernando Bovaira, productor de la mayoría de las películas de Alejandro Amenábar, a quien ya apadrinó en su ópera prima Tesis, piensa que el cine actual carece de chicha. “Es un cine mimético al que le falta sustancia; antes los cineastas venían con un bagaje más literario, más denso”. Densidad y sustancia que tiene precisamente la obra de Rafael Chirbes, cuya figura literaria fue desgranada por los expertos en su obra reunidos en el Aula Magna de La Nau de la Universitat de València.

La buena letra, que la mayoría de los reunidos coincidió en calificar como la mejor novela para adentrarse en el universo de Chirbes, guarda en común con Crematorio esa manera que tenía el escritor valenciano de meter el bisturí a la realidad cotidiana para mostrar sus tripas. No ha sido finalista o premiada como lo han sido Mimoun (su primera novela), La larga marcha, En la orilla o la propia Crematorio, pero La buena letra posee todos los ingredientes del Chirbes que concibe la literatura como un ajuste de cuentas con la vida; con la mala vida.

“Estaba harto de que le dijeran que Crematorio era una novela sobre el boom inmobiliario”, señaló Bovaira. Cabreo difícil de rebajar en unos tiempos tan dados a despejar toda duda y toda reflexión a base de conceptos lapidarios envueltos en grosera ideología. Tiempos, como anunció Poquet con palabras del propio Rafael Chirbes, en que “los viejos dioses han muerto y los nuevos no han llegado”. Tiempos en los que la literatura “ya no es lo mismo desde que apareció el cine”, añadió Poquet, de nuevo con palabras del escritor fallecido hace ahora dos meses en Beniarbeig.

Y esa literatura, no la suya, ha cambiado con el cine porque las 20 páginas que se necesitan por ejemplo para describir San Petersburgo, “con la televisión y el cine se hace innecesario”. Aún así, o precisamente por eso, Rafael Chirbes no dejó de llenar páginas clamando contra ese cielo que parecía desplomarse, ya sea por la avaricia de unos cuantos, las traiciones de muchos o el silencio cómplice de una amplia mayoría. Como señaló Amoraga, Chirbes “ponía el espejo sobre lo que no le gustaba del mundo para devolvernos su reflejo”. La actriz Pilar Almeria cerró el encuentro poniéndole voz poética a uno de esos reflejos.

El escritor Rafael Chirbes. Imagen cortesía de Mostra Viva del Mediterrani.

El escritor Rafael Chirbes. Imagen cortesía de Mostra Viva del Mediterrani.

Salva Torres

“Las oligarquías se diferencian en la forma”

El silencio del pantano, de Juanjo Braulio
Ediciones B

Una novela negra, sí, pero también mucho más. Al igual que hicieron otros autores desde Vázquez Montalbán a Rafael Chirbes, Juanjo Braulio en su brillante debut literario, El silencio del pantano (Ediciones B), utiliza el crimen y la corrupción como escalpelo para abrir en canal nuestra sociedad y exhibir sus impudicias y miserias, y lo hace con una solvencia asombrosa en una primera novela.

Su historia no es un relato lineal con su correspondiente dosis bien medida de intriga, suspense y violencia, que también. Además, construye un artefacto metaliterario con un doble nivel. La voz del narrador, un escritor de novela negra de cierto éxito que tiene una forma peculiar de documentarse, y las andanzas de sus personajes; David Grau, un picoleto gay licenciado en Historia del Arte, y su superior, Manceñido, de carácter bonachón y espontáneo.

A través de una red de narcotráfico y blanqueo de dinero que vincula las altas esferas y los bajos fondos, el escritor y sus personajes navegan por la marisma soterrada bajo montañas de ladrillos y hormigón. Un pantano en el que las cañas forman empalizadas indestructibles y las anguilas compiten por descollar, a sabiendas de que si sacan la cabeza del agua alguien se apresurará a decapitarlas.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Cubierta del libro El silencio del pantano.

Construida sobre los sólidos cimientos de una exhaustiva documentación, la novela recrea una Valencia imaginaria de la poscrisis en la que cualquier parecido con la realidad es deliberado. La histeria futbolera, los falsos ricos de la burbuja, la aniquilación universitaria de la huerta, los cuarentones obsesionados por el running y, sobre todo la casta. Los de Siempre. Esas cañas, algarrobos u olivos,  apropiada metáfora agrícola, que cortan el bacalao y que, gobierne quien gobierne, son los que realmente mandan.

Un retrato hecho desde el amor y el profundo conocimiento de lo nuestro, Semana Marinera del Cabanyal o mascletàs incluidas, que no excluye una crítica demoledora y argumentada. Algo que no abunda por estos pagos y que se  agradece por su efecto tonificante y terapéutico sobre una sociedad que en menos que canta un gallo pasa de la indignación furibunda a la apatía sin enterarse de cómo la manipulan los amos del corral.

La novela se presentó el jueves, 1 de octubre, en la librería Leo, con la presencia del autor, el periodista Ramón Palomar y el cantante de ‘Seguridad Social’ José Manuel Casañ.

Con sólo dos semanas en las librerías El silencio del pantano ha recibido el aplauso de la crítica y los derechos de la historia han sido vendidos para una posible película o serie de televisión. “La verdad es que no me puedo quejar en absoluto, al menos hasta ahora”, dice Braulio. “La acogida de la crítica en blogs y webs especializadas ha sido especialmente buena y cuando desde la editorial me dijeron que la productora de la película Anacleto, agente secreto, que se estrenó el pasado 4 de septiembre quería adquirir los derechos de mi novela para un proyecto audiovisual no me lo podía creer, literalmente. No obstante, ahora, con el libro en la calle, la novela ya no es mía sino de quien la lee, de quien le gusta o de quien le disgusta”.

Da la impresión al leer su novela que los protagonistas han vivido lo suyo. ¿Cuándo y cómo se forjaron y cobraron vida en su mente?

El proceso de creación de personajes, al menos en mi caso, no es ni lineal ni espontáneo. Grau nació de un conocido mío que pertenece a un determinado cuerpo de funcionarios del Estado donde la homosexualidad sigue siendo un tabú. No está prohibida, faltaría más, pero no es tan entendida como en otros sectores de la sociedad. En el caso de Manceñido, su gestación fue por oposición. El culto, sensible e inteligentísimo Grau necesitaba un contrapunto picante. Ese contraste tenía que venir de un personaje forjado en la calle, con los mimbres del hombre común y corriente –alejado de veleidades intelectuales– pero dotado de mucho sentido común y sensatez. Así como David Grau sí nació de una persona real, Manceñido es una criatura literaria al cien por cien, creado por oposición al otro.

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de intercalar sus aventuras con las de “Q”, ex periodista y escritor, en la original estructura de su relato?

Lo más difícil fue dar con el ritmo adecuado para las dos historias. El silencio del pantano se estructura en dos historias que se entrecruzan y se mezclan en dos planos de realidad. Tenía que conseguir que un plano y otro se distinguieran por sí mismo. De hecho, me propusieron usar tipografías diferentes para distinguir un plano del otro pero no quise porque las dos realidades tenían que tener la entidad suficiente por sí mismas como para no necesitar la maquetación para distinguirlas. No obstante, también necesitaba que una y otra caminaran juntas, cogidas de la mano, pero con su propia personalidad. Eso fue lo que más me costó de armonizar, sin duda.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

¿Cree que la casta valenciana tiene algún rasgo distintivo que la diferencia de otras?”

No lo creo. Las diferencias entre las oligarquías son más folclóricas o, si se quiere, de color y de forma, pero no de fondo. Al poder le gusta travestirse de sabor local para hacerse más soportable pero, en esencia, es siempre lo mismo. Con El silencio del pantano he escrito una novela sobre el poder que tiene Valencia como escenario pero que podría ocurrir en cualquier otra parte y con resultados parecidos. Que el teatro de operaciones esté en nuestra ciudad no significa que la historia que cuento sea local o incluso pueblerina sino que, precisamente por eso, es universal porque puede pasar en cualquier lugar del mundo y, si me apuras, en cualquier época.

Este año se han publicado muchas y muy buenas novelas negras escritas por valencianos. ¿Un fenómeno puntual que quedará en nada o un incipiente boom literario?

Quizá sí que estamos viviendo una cierta burbuja “negrocriminal” porque la industria editorial se ha dado cuenta, gracias a determinados éxitos, que ahora hay más público dispuesto a leer novela negra. Todavía quedan rescoldos del boom de la novela erótica que explotó hace un par de años y, sin embargo, el subgénero de novelas de vampiros ya ha desaparecido del todo. No obstante, es posible que ahora estemos viviendo un momento de subida de este tipo de literatura que nunca ha desaparecido. De hecho, El silencio del pantano se publica dentro de la colección La trama de Ediciones B que es la colección más antigua de género negro de la literatura en castellano.

¿La novela negra no enmascara a veces la novela social de toda la vida?

No la enmascara sino que es la novela social, al menos, desde los últimos cincuenta años. La novela social químicamente pura gozó de buena salud en toda Europa hasta la II Guerra Mundial, más o menos, y, a partir de ahí, los miedos y preocupaciones de las sociedades occidentales se plasmaron en el género negro entendido éste en un sentido amplio ya que, dentro de lo ‘negro’ ya caben muchas cosas: desde la novela detectivesca a la policial, pasando por el thriller, la intriga o incluso el terror urbano. Probablemente, los historiadores del futuro, además de los medios de comunicación, tendrán que leer novelas negras para entender mejor cómo era la época que estamos viviendo, aunque sea a través de fábulas.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Juanjo Braulio. Fotografía: Álex Pagán.

Su libro destila mucha rabia y también grandes dosis de amor y odio por Valencia. ¿Tenemos los valencianos suficiente capacidad de autocrítica o pasamos de la indignación furibunda al pasotismo meninfot?

No creo en la autocrítica porque es una palabra tan manoseada que ha terminado por significar justo lo contrario. Si te fijas, casi nadie dice “debo hacer autocrítica” sino que es otro el que dice “debes hacer autocrítica”, o sea, que es una manera de despellejarte sin decírtelo. En todo caso, el meninfotisme es el pecado tradicional de los valencianos y el más común. Las indignaciones furibundas valencianas siempre han sido más tracas que cañonazos. Y así nos ha ido.

El propio narrador reconoce la exigencia de la literatura frente al periodismo. ¿Qué le resultó más difícil en este salto?

Se dice que el diablo vive en los pequeños detalles. El periodismo exige rigor y precisión pero, es evidente, que no necesita de la creación de todo un universo porque el universo donde actúa ya está creado. En la literatura, aunque los escenarios estén basados en la realidad, como es mi caso, es necesario crearlo todo y preverlo todo, aunque después no sea utilizado en la narración. Las buenas novelas son aquellas que, como las casas, tienen buenos cimientos, aunque no se vean desde fuera.

Se nota que ha trabajado mucho  la documentación previa, aunque ello no altere el ritmo de la acción. ¿Dónde ha tenido que hurgar más para dar verosimilitud a su historia?

En cuestiones de informática y redes sociales. Como cualquiera, soy usuario de tecnología y me doy cierta maña en las redes sociales pero, en determinado momento de la novela, fue necesario estudiar de verdad determinados procedimientos para garantizar la verosimilitud. Como es natural conté con la ayuda de expertos a los que agradezco de nuevo su colaboración. También hubo que mirar bien algunos procedimientos fiscales para que la red de blanqueo de dinero que imaginé fuera creíble y que nadie pudiera sacarme los colores.

Bel Carrasco

Lecturas con aire acondicionado

Lecturas estivales
María Dueñas, Isabel Allende y Paula Hawkins, líderes en ventas
Verano de 2015

Tres damas de distintas generaciones y latitudes, en lo más alto del podio, comparten la gloria de ser las autoras más vendidas a lo largo de este largo y tórrido verano. Si las chicas son las que más leen ficción es justo que sean ellas quienes arrasen. Dos muy nuestras y tan conocidas como María Dueñas e Isabel Allende, y una británica, Paula Hawkins que irrumpe con fuerza y viaja en el primer vagón con La chica del tren, best-seller indiscutible de la temporada. Sus derechos de publicación se han vendido a 30 países, estuvo 18 semanas en el número uno en la lista de The New York Times y Amazon, y ya se prepara una película.

Rachel, una obsesiva y observadora treintañera en paro y crisis personal, se acaba de mudar a las afueras de Londres con una amiga y coge el tren de las 8.04 horas todas las mañanas para simular que todavía trabaja, una situación que recuerda la película española La vida de nadie inspirada en un hecho real. En una de las paradas, observa la casa de su ex, Tom, que acaba de tener un hijo y a una pareja que vive cerca de la estación, un toque a lo Hitchcock de la La ventana indiscreta. Comienza a fantasear con ellos y a indagar compulsivamente en su intimidad. Un día, la mujer desaparece y Rachel inicia por su cuenta y riesgo la investigación. Una lectura adictiva, ejemplo perfecto de lo que los anglosajones llaman un libro pageturner, es decir, pasapáginas.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

Portada del libro el amante japonés, de Isabel Allende. Plaza & Janés.

En El amante japonés Isabel Allende sitúa en la ciudad de San Francisco la historia de una dama adinerada que abandona su mansión y se refugia en una residencia de ancianos que alberga unos clientes bastante peculiares. Mantiene las distancias con los demás excepto con Irina Bazili, una joven moldava a la que convierte en su colaboradora, y que descubre unas cartas en sobres amarillos que contienen misteriosas historias.

Por su parte María Dueñas da de nuevo en la diana con La Templanza su tercer título ambientado en escenarios de la joven república mexicana, la Habana y Jerez durante la segunda mitad del XIX, cuando el comercio de sus vinos con Inglaterra convirtió la ciudad andaluza en un enclave cosmopolita. Historias bien contadas con un punto de intriga detectivesca, como el caso de La chica del tren, o con un despliegue de dramas humanos en lugares lejanos en el tiempo o en el espacio. Es lo que lectores más piden en todas las estaciones del año, especialmente en un tórrido verano como éste, en el que no conviene calentarse la cabeza, sino optar por lecturas que lleven incorporado un buen sistema de aire acondicionado.

A cierta distancia E.L. James exprime el jugo a un fulano llamado Christian en Grey, que en esta cuarta entrega cuenta en primera persona sus trucos de seductor. Aunque la crítica la ha puesto de vuelta y media, se vende bien en competencia con otros muchos títulos en esa línea, erotismo pseudo-duro para amas de casa.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro.

Volver a Canfranc, de Rosario Raro. Editorial Planeta.

En cuanto a los autores de la tierra, la castellonense Rosario Raro con Volver a Canfranc y el valenciano Joaquín Camps y su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, encabezan el ránking de los más vendidos.

También esto pasará, un relato íntimo en el que Milena Busquets evoca la relación con su madre, la famosa editora Esther Tusquets; La casa de las miniaturas, una intriga romántica  de Jessie Burton o el polémico libro de Michel Houellebecq, Sumisión son algunos otros títulos que se mantienen en posición destacada.

Historias de ayer

La Segunda Guerra Mundial sigue dando juego, como demuestra La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr, Premio Pulitzer de este año, una emotiva historia de amor entre una francesa invidente y un alemán obsesionado por los aparatos de radio. Con Volver a Canfranc, la castellonense Rosario Raro viaja también al pasado para relatar las vicisitudes de un grupo de héroes que ayudan a los judíos a huir del desastre a través de la estación pirenaica. Un aduanero bretón,  una camarera de Zaragoza, un músico o un contrabandista son algunos de los personajes imaginarios que conviven con otros históricos como Josephine Baker y su marido Jean Lion.  “Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba subrayar el ensalzamiento de las buenas obras, eso tan poético llamado justicia divina”, señala Raro.

La mágica ciudad de Estambul a principios del siglo XVI es el telón de fondo del último libro de Elif Shafak, El arquitecto del universo. El protagonista es Jahan, un muchacho que llega desde la India acompañado de Xota, su elefante blanco que causa gran sensación en la corte y encandila a la hija del sultán.

Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte,  Flor de piel de Javier Moro o La ley de los justos de Chufo Llorens son otras novelas históricas que han gozado de la estima del público.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cubierta del libro La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps.

Cosecha ‘negra’

La literatura de intriga policíaca o detectivesca y los thrillers son sin duda el género más en boga con ejemplos tan sonados como la trilogía de Batzán de Dolores Redondo o el brillante  debú del valenciano Joaquín Camps, una sólida apuesta de Planeta por su primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza.

En este apartado se puede citar, entre otros muchos títulos y autores, a Pierre Lamaitre con Iréne, Alex y Vestido de novia, Mikel Santiago  (El mal camino) y una de espías, Soy Pilgrim, de Terry Halles.

Como se pudo comprobar en el Festival Valencia Negra, numerosos autores valencianos se adentran por los vericuetos de la criminalidad en todas sus variadas formas. Santiago Álvarez con La ciudad de la memoria, Jordi Llobregat con El secreto de Vesalio, Carlos Aimeur con Destroy. El corazón del hombre es un abismo, Bel Carrasco con Abrir en caso de muerte, y un largo etcétera. ¿Se trata de una moda pasajera más o menos efímera o de un edificio de sólidos cimientos? El tiempo y los lectores tienen la última palabra.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Portada del libro En la orilla, del recientemente fallecido Rafael Chirbes. Anagrama.

Inmortales

Don Quijote en la versión actualizada de Andrés Trapiello ha mantenido el pulso contra las típicas lecturas banales del verano, así como autores consagrados por premios importantes o por su fallecimiento. Es el caso del valenciano Rafael Chirbes, cuyas magníficas obras sobre la crisis, Crepúsculo y En la orilla,  no son precisamente la típica lectura playera.

Leonardo Padura, el cubano ganador del Premio Princesa de Asturias y Eduardo Galeano, también fallecido este año, destacan en la sección de los grandes maestros llamados a ser inmortales.

Ensayo

La actualidad inmediata interesa. Así lo demuestra el éxito indiscutible de dos obras de tipo periodístico: Final de la Partida, de Ana Romero sobre el declive de Don Juan Carlos, y Mañana será tarde, un análisis profundo de la realidad política y social española de José Antonio Zarzalejos. También un clásico de autoayuda, Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreú y Templarios, nazis y objetos sagrados, de Fernández Bueno. Una nota humorística la pone Laura Norton con el elocuente título, No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas.

Librerías consultadas: El Corte Inglés, París-Valencia y Soriano.

Bel Carrasco

Morán: “Hoy la censura es económica no política”

El cura y los mandarines, de Gregorio Morán
Editorial Akal

El término intelectual es relativamente moderno. Fue acuñado en Francia a finales del siglo XIX, durante el llamado affaire Dreyfus, e inicialmente se usó despectivamente para designar a quienes apoyaban al capitán judío, representantes del mundo de la cultura y del arte como Émile Zola, Octave Mirbeau o Anatole France. Más tarde adquirió un significado positivo. La figura del intelectual se entiende como la de un hombre sabio, testigo crítico del poder, una mezcla de Pepito Grillo y mosca cojonera que vigila excesos y abusos, y vela por la ética y el bien común. ¿Qué pasa cuando los intelectuales relajan su función crítica y se dedican a jalear y enaltecer a los poderosos?

Es lo que ha ocurrido estas últimas décadas en España denuncia Gregorio Morán en su último trabajo, un ensayo de 800 páginas, ‘El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados’ (Akal), que se presentó recientemente en la UNED de Valencia. Un lúcido y exhaustivo repaso a nuestra reciente historia cultural y política, entre 1962 y 1996, concebido desde “la ironía y el sarcasmo más que desde la ira”, dice Morán.

Este trabajo de Morán fue en principio un proyecto para la editorial Crítica, del grupo Planeta, pero un capítulo sobre la Real Academia Española (RAE) en el que se juzga con dureza al anterior director Víctor García de la Concha, algunos de sus integrantes y las normas de la casa, provocó un desencuentro y, finalmente, lo editó Akal.

Portada de 'El cura y los mandarines', de Gregorio Morán. Editorial Akal.

Portada de ‘El cura y los mandarines’, de Gregorio Morán. Editorial Akal.

¿Qué pasó con todos aquellos intelectuales que en los sesenta fueron progres, en los setenta moderados, en los ochenta conservadores y en los noventa carcas? 

Esa evolución se debe en parte a la edad, pero también a que en los sesenta tenían escasos intereses personales que defender y ahora sí los tienen. Los intelectuales de mi generación son ya mayores, piensan en el retiro y se han hecho institucionales. Quieren ser académicos, ganar premios y se preocupan más de medrar que de su propia obra. Entre los últimos intelectuales beligerantes e independientes sólo se me ocurre mencionar a Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo y, por supuesto a Rafael Chirbes.

¿Le guarda rencor a Planeta?

Ningún rencor. Como dice uno de los personajes de El Padrino, no se trata de nada personal, sólo una cuestión de negocios. También un indicio de que hoy día el problema de la censura es económico no político o ideológico.

¿Por qué eligió a Jesús Aguirre , el cura como hilo conductor?

Aguirre fue quizá el más exitoso de los intelectuales de su generación, aunque no el más el brillante. Un personaje fascinante que superó grandes dificultades como hijo que fue de madre soltera, que llegó a ser duque de Alba consorte y estuvo en todas las salsas políticas y culturales de su época. Todo el mundo hablaba mal de él, pero su trayectoria es alucinante. Estuvo en las huelgas mineras del 62, en el contubernio de Munich, y hasta ofició la única misa por Grimau tras ser ejecutado. Dio un giro radical desde la defensa de la lucha armada a ser duque de Alba. Me fascinaba la animosidad que existía hacia Jesús Aguirre, el desdén que sufría por su propio grupo. No le consideraban un igual y, sin embargo, yo le considero el más representativo.

Cultura y poder. ¿Un amor imposible en este país?

El Franquismo despreció la cultura y la Transición tampoco le dedicó mucho interés. Los socialistas  trataron mejor que la derecha a los intelectuales y artistas, pero se cobraron los favores con el tema de la OTAN, que nadie regala nada y menos el poder. También el PP de Aznar tuvo su mandarinato cultural pero esa época no está incluida en mi libro.

Alguna predicción para las próximas elecciones.

Me he equivocado en muchas ocasiones en este aspecto, pero veo con buenos ojos la irrupción de Podemos. No sé si ganarán o no, pero creo que su existencia es positiva porque traen aires y savias nuevos contra una casta imperfecta, corrupta y agotada, incapaz de regenerarse desde dentro.

Gregorio Morán (Oviedo, 1947) es autor de un puñado de libros fundamentales para interpretar la historia cultural y política de la España contemporánea. Entre ellos: ‘Adolfo Suárez: historia de una ambición’,  ’Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985′, ‘El precio de la transición’, ‘El maestro en el erial: Ortega y Gasset y la cultura del franquismo’, ‘Los españoles que dejaron de serlo’, ‘Adolfo Suárez: Ambición y destino’.

Gregorio Morán. Cortesía del autor.

Gregorio Morán. Cortesía del autor.

Bel Carrasco